Incidente jedi.
Tres meses más tarde...
¡Tres meses! Habían pasado tres meses y las últimas palabras que había intercambiado con su marido habían sido las de aquel día.
Tal como había dicho, aquella misma noche, abordados por los medios de comunicación, habían partido oficialmente hacia su luna de miel. Sólo que no había tardado mucho en descubrir cual era la verdad extraoficialmente.
Una vez a bordo del Executor, un droide personal se le había signado para que la guiara hasta sus habitaciones, donde había permanecido recluida las últimas doce semanas. Por supuesto, disponía de todas las comodidades, pero eso no era nada para ocultar el hecho de que seguía presa, encerrada en base a los deseos de su esposo. Si seguía mucho tiempo más allí, la enérgica Padmé Amidala sabía que se volvería loca.
Por eso, cuando la puerta se abrió dando paso a la imponente figura de su marido, ella sintió como la esperanza la desbordaba. Porque su presencia sólo podía significar una cosa.
- Las vacaciones han terminado – informó, no sin rastro de ironía –. Volvemos a Corussant. Llegaremos en las próximas horas.
Él la contempló un instante más, mientras involuntariamente la sonrisa se apoderaba de su rostro. Pero inmediatamente después ya se había marchado.
En realidad su presencia o la ausencia de ella le era indiferente a Padmé, demasiado feliz por regresar a tierra firme para interesarse en su marido. Es cierto que su vida seguiría con un montón de inconvenientes cuando aterrizaran, pero al menos podría respirar aire puro, hablar con alguien más aparte de un robot, e incluso comunicarse con su familia.
Entusiasmada mientras rellenaba la maleta con todos los vestidos que ni siquiera había tenido ocasión de usar, decidió prender la holotelevisión para distraerse. Después se arrepentiría de dicha decisión.
Noticias de última hora, recitaba el locutor. Nos informan de que tanto Lord Vader como su esposa, la reconocida Senadora de Naboo, han sobrevivido al feroz atentado contra su vida perpetrado por unos exiliados jedi, mientras ambos disfrutaban de su luna de miel. Por suerte para ellos, un amigo de la pareja logró prevenirles a tiempo, y Lord Vader no tuvo más remedio que acabar con la vida de los veintitres jedi para salvar a su esposa. Con este suman ya cinco los intentos de la antigua orden de poner fin a la...
El hombre siguió hablando, pero Padmé no pudo escuchar. Las lagrimas escurrían por las mejillas mientras contemplaba las feroces imágenes de la masacre que su marido había llevado a cabo. Muchos de los muertos eran tan solo padawan, y algunos de los caballeros eran gente que ella había conocido.
- ¡Monstruo! – rugió sin poder contenerse.
Es por esto que la habían forzado en aquel matrimonio, comprendió. Para que la opinión de los jedi en la galaxia cayera todavía más. Para poder tenderles la trampa. Para asesinarlos a todos.
Impotente, en un arrebato, golpeó el espejo que la reflejaba con todas sus fuerzas, odiándose a sí misma. Pero la visión de su propia sangre no logró relajarle. Sólo logró sofocarla aún más. Cayó al suelo de rodillas... Y así la encontró su marido cuando entro en la habitación.
- ¿Qué es lo que ocurre? – urgió percibiendo sus emociones, antes de enfocarla en el suelo.
- ¡Monstruo! – lo acusó sin temor. En esos momentos la idea de morir en sus manos no le parecía tan horrible –. No eres más que un asesino despiadado... ¿Por qué no me matas como hiciste con ellos? Así incluso podrías echarles la culpa... ¡Te odio!
Él la contempló unos instante en silencio, sin actuar o decir nada, pero luego pareció reparar en la herida sangrante de su mano, y se acercó hasta ella.
- Déjame ver eso – ordenó.
Padmé estaba demasiado confundida para resistirse.
- Es solo una herida superficial – decidió al cabo de un rato –. Te traeré algo para que la vendes – dijo; y salió de la habitación, regresando unos instantes después –. Aquí tienes – le tendió. Luego examino el espejo roto, con disgusto –. No debiste romperlo.
- ¿Por qué finges que te importa? – inquirió ella debilitada –. Acabas de terminar con la vida de veintitrés personas. Lo he visto, y se que no es la primera vez. ¿Qué podría importante una simple herida?
- Eran traidores – explicó con condescendencia mientras la vendaba, como si estuviera recitando algo evidente –. Su vida ponía en riesgo la seguridad común del imperio. Su muerte era un mal necesario.
Ella lo miro incrédula. Lo peor era que él mismo parecía creerse sus propias palabras.
- Por supuesto. Al igual que la vida de los otros decenas de miles que tú y tu señor habéis asesinado – escupió, sin respuesta. Su silencio la enfureció aún más y le hizo todo tipo de prudencia –. Y si te confieso que yo también soy un rebelde. ¿Me matarás entonces? Incluso podría echarle la culpa a los jedi...
Él la miro fijamente durante unos segundos y ella se preguntó si su destino estaba sellado. No sentía miedo.
Al fin Vader dijo:
- Me es diferente donde residan tus convicciones políticas, senadora. No eres peligrosa. Pero asegúrate de que el emperador no las descubra, o me obligará a hacer algo que no deseo. Y te aseguro que hay algo más en juego que tu vida.
A Padmé se le helo la sangre tras sus palabras, mientras él abandonaba la habitación. Se congeló porque no había sonado como una amenaza y eso era lo que más miedo le daba.
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Dos horas más tarde el destructor espacial aterrizaba en Corusant y la pareja de recién casados esperaba en la rampa de salida. Cuando la compuerta comenzó a abrirse, él la tomo del brazo y le susurró:
- Recuerda lo que te he dicho. Sólo serán unos minutos.
Padmé no tuvo que esperar mucho tiempo hasta entender a que refería. Inmediatamente, tras poner un pie fuera de la nave, cientos de reporteros y cámaras de televisión los invadieron.
Lord Vader, ¿qué piensa usted acerca de los atacantes? Senadora Amidala, ¿o debería decir Lady Vader? ¿Esa herida que lleva en el brazo se la provocaron ellos? ¿En algún momento su vida ha corrido verdadero peligro? ¿Van a revelar por el fin el lugar secreto de su paradero? ¿Cómo han sido los primeros días de su matrimonio?
A pesar de ser un figura pública durante tantos años, Padmé siempre había procurado mostrar un perfil bajo, lejos de cualquier tipo de escándalo. Este acoso era nuevo para ella, y después de todo lo que había ocurrido, no se sentía con fuerzas para hacerle frente.
Recordó entonces las palabras de su marido, sólo serán unos minutos, y se obligó a sí misma a resistir hasta entonces. Por suerte, él parecía hacerse cargo de todo.
No, no haremos declaraciones personales. Tampoco expondremos los detalles del atentado. Fue un fuerte trauma para mi esposa y desea olvidarlo lo antes posible. Les ruego que respeten sus deseos. Lo importante es los asesinos ya no son una amenaza. Ahora si nos disculpan...
- Mientes muy bien – reconoció una vez en el speeder, apoyando la cabeza contra el respaldo. Su marido no respondió –. Estoy tan cansada... – suspiró –; sólo quiero llegar a casa.
- Tengo que presentar mi informe al emperador, pero te llevaré a ti primero – concedió él entonces.
- Gracias – asintió; y no pudo resistirse a añadir – ¿Por qué le sirves?
Vader giró el rostro para mirarla un instante, antes de regresar su atención a la vía.
- Él es mi señor – declaró, simplemente.
A Padmé no le basto esa respuesta, pero estaba demasiado agotada para insistir en ello.
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- Desde luego, un completo éxito – concedió el emperador a su siervo, que esperaba arrodillado, mientras examinaba los informes –. Esos jedi ya no serán un problema. Lo has hecho bien, Lord Vader.
- Gracias, mi maestro.
- También he revisado las noticias. Muy oportuna le herida de nuestra querida senadora. ¿Se la hiciste tú? – indagó, en apariencia complacido.
- Ella debía aprender una lección de obediencia – respondió él con cuidado.
- Bien, bien... Por supuesto. ¿Y qué hay de lo que te encomendé hace tres meses? ¿Debo entender que el matrimonio ha sido ya consumado?
- Me temo que todavía no ha habido ocasión para ello – confesó, a sabiendas de que esa respuesta lo enfurecería.
- ¿!No¡? ¿Falta de tiempo, acaso? – cuestionó con sarcasmo.
- Lo solucionaré cuanto antes, mi señor – prometió.
- ¡Oh, si! Estoy seguro de que lo harás...
Cuando el rayo de luz lo golpeó en el pecho, Vader ya estaba preparado para recibirlo. En realidad, llevaba tanto tiempo sufriendo sus efectos, que el agónico dolor del principio se había convertido en algo natural, casi como le perteneciera. También sabía que el emperador no lo mataría, lo necesitaba demasiado.
Palpatine se complacía en el sufrimiento de su aprendiz más que en cualquier otra cosa, al menos desde que los jedi estaban todos extintos. Sabía que el potencial de su joven asesino superaba con mucho el suyo propio, y por ende, que cabía la posibilidad de que un día se rebelara y lograra destruirlo. Era el modo Sith, después de todo.
Pero por ahora, mientras lo mantuviera sujeto y con las inherentes dotes de castigo, seguiría siendo suyo sin cuestionarlo. Incluso con algo de suerte, y si su plan salía bien, podría asegurar su servidumbre para siempre.
Por eso necesitaba a Amidala.
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Los siguientes tres días supusieron una agradable mejoría para Padmé, en comparación con los meses que había pasado en el espacio. Había contactado con su familia, que todavía seguía sin comprender sus motivos para casarse con Darth Vader, pero a quienes ya se les había pasado el enfadado por no haber sido invitados a la boda. Había ido de compras, ampliado la decoración de su dormitorio y otra pequeña parte del palacio, la que más frecuentaba, e incluso había quedado en un café para verse con sus antiguas doncellas, a quienes su marido había despedido, sospechaba que bajo las ordenes de Palpatine.
Con su esposo apenas había compartido nada más allá de un par de conversaciones intrascendentes, pero sí había descubierto algo acerca de su rutina. Mientras su humor lo hacía accesible por la mañana y el medio día, cuando llegaba a casa por las noches era mantenerse a distancia de él. Si dicho comportamiento tenía algo que ver con sus diarias reuniones con el emperador, era algo que todavía comprendía.
En realidad, Padmé se sentía bastante satisfecha con su nuevo estilo de vida. Era lo mejor que podía esperar dentro de las horribles circunstancias.
No había participado en ninguna de las dos reuniones programadas por el senado, y realmente no tenía intención de hacerlo. Sabía que si asistía, Organa y Mothma tratarían de contactar con ella, y eso los pondría en peligro. Claro que no tenía ninguna prueba de que en verdad estuviera siendo vigilada, pero su instinto se lo decía y nunca le había fallado.
Aun así, se resistía a entregar su titulo de senadora, porque de algún modo era todo lo que le quedaba de aquellos gloriosos días regidos por la democracia. Sentía que renunciar a él equivaldría a claudicar, y de ningún modo la decidida Padmé Amidala estaba lista para eso. Incluso si por ahora estaba atada de pies y manos, ella seguiría adelante.
Un ruido la sobresaltó entonces, interrumpiendo sus meditaciones, y Padmé se incorporó de la cama para ver quien era. Sabía por experiencia que su silencioso esposo nunca delataba su presencia de esa manera. Colocándose una bata sobre el camisón, salió de su cuarto.
Pasadas ya varias horas de la madruga todas las habitaciones se encontraban en penumbra. Aun así, tenía la sensación de que alguien la observaba, y cuando dicho alguien la atrapo por la espalda aprisionando una mano contra su boca, estaba preparada para defenderse.
Por suerte, una voz la detuvo a tiempo. Una voz que ella conocía, pero que hacía casi dos años que no había escuchado.
- ¡Obi-Wan! – lo identificó con sorpresa, cuando el aflojó su agarre –. ¿Qué haces aquí? ¡Vader te matara si te encuentra!
Incluso a través de la oscuridad pudo ver a su viejo amigo frunciendo el ceño y, probablemente, pensando que si la muerte era la voluntad de la fuerza él la aceptaría de buena gana. La golpeó una profunda sensación de añoranza. Habían perdido tantas cosas...
- Te he echado de menos – admitió –. Pero no debiste venir. Tu vida es demasiado valiosa.
- Tonterías – refutó él –. Organa me contó acerca de tu matrimonio, y te conozco la suficiente para saber que tu nunca te casarías con ese monstruo voluntariamente, ¿verdad?
- Claro que no, pero...
- Entonces voy a sacarte de aquí. Ya esta todo preparado. Sólo hay que...
- Me temo que ella no irá a ninguna parte, jedi – interrumpió una voz surgiendo de la penumbra –. Y tú tampoco.
Padmé observó espantada como su marido se revelaba, emergiendo de las sombras, con su propio sable de luz en la mano, aun apagado. Pero no pudo intervenir.
- ¡Aléjate! – le ordenó Kenobi, sacando su propia arma –. Es inútil discutir con los Stih. Yo me encargaré de esto.
¡No! Quiso gritar. ¡Márchate! ¡Vete! No quiero que te haga daño... Pero era demasiado tarde y pronto violentos destellos de azul y rojo sacudían la habitación. Era evidente quien llevaba la ventaja.
Obi Wan va morir, pensó con desesperación. Lo peor de todo, era que el fondo, tampoco quería que ganara. No quería que murieran, ninguno de los dos. Pero era un deseo absurdo. Debía ser todo lo contrario, se reprocho.
Hasta que finalmente ocurrió lo inevitable. La hoja azul voló por los aires y el jedi cayó de rodillas frente a su adversario, derrotado. Vader alzó su propia arma, dispuesto a atravesarle el cuello, cuando finalmente Padmé recuperó la voz.
- ¡No! – suplicó – No lo hagas, por favor... Por mi. Haré lo que quieras – añadió desesperada, pero perfectamente consciente de lo que implicaban sus palabras –. Todo. Pero no lo mates.
Él la miró fijamente unos instantes y después regresó su vista al jedi, dudando. Finalmente apagó la hoja. Pero entonces, a través de una poderosa corriente de fuerza, lo envió directo contra la pared. El golpe hizo en la habitación, al igual que la dificultosa respiración del vencido.
- Te dejaré ir ahora – dijo –. Regresa y diles lo que ha sucedido a tus amigos los rebeldes. Pero ten esto cuenta algo, por si se te ocurre regresar: la próxima vez no seré tan generoso.
Obi Wan estaba demasiado confuso para responder. Miro a Padmé derrotado, siendo consciente de que no podría llevarlo con él. Y después se alejó cojeando, sin poder explicarse a sí mismo como es que todavía seguía vivo.
- ¿Cuándo...? – preguntó Padmé a su esposo una voz quedaron a solas.
Él la miro, y a pesar de la mascara, ella podría jurar que estaba enfadado.
- No soy ningún violador, senadora – respondió fríamente –. Pero te sugiero que no vuelvas a probarme de ese modo, o podría olvidar mis principios.
Y eso fue todo. Después se marcho. Dejando a Padmé aún más confusa que los días anteriores.
Bueno, espero que os haya gustado el capitulo. Al fin aparecen dos viejos personajes: Palpatine, el maestro de Vader, y Obi-Wan, el que debiera ser maestro de Anakin. Aunque en esta realidad no se conocen... xD
Muchísimas gracias a MartaQ (no se como agradecerte que seas la más fiel seguidora de mis dos historias, muchísimas gracias! ¿En serio crees que mantengo la esencia de cada personaje? Pues no sabes el alivio que me dan esas palabras! Siempre ando preocupada por hacer demasiado OCC, más aquí, que cada personaje tiene vidas tan distintas...), Ireth (de nuevo, no sabes el alivio que significa para mi que pienses que mantengo intacta la esencia de los personas; y ya eres la segunda persona que lo dice en este capítulo, así que será verdad!! Mil gracias por tus comentarios y no te preocupes... Vader seguirá oculto tras la máscara un par más de capítulos... pero cuando se la quite será el WoW. Por supuesto, Aguante Hayden Christensen!! Es el mejor del mundo! Lo amo!), kimey (me has sacado el sonrojo con tus palabras tomodachi, qué más quisiera yo que ser escritora! Pero me temo que todavía me queda mucho por aprender... Me alegro mucho de que disfrutes leyendo, sobre todo las emociones de los personakes, y espero que no defraudarte en próximos capítulos), e Itari (tomodachi, como siempre, muchas gracias por tu comentario, no sabes cuanto me alegro de que te guste la historia!).
Y ahí van todos mis agradecimientos... por supuesto, gracias también a ti, que estás leyendo esto. Sin ti no sería posible la realización de esta historia.
Bueno, ahora... ¿Qué os ha parecido? A mi me parece un capi muy revelador... Primero, ¿cuál creéis que serán las intenciones ocultas de Palpatine para formar ese matrimonio e insistir en que se consume? ¿Pensáis que Obi-Wan regresará de nuevo para llevarse a Padmé? Sin duda alguna Vader ya debe sentir algo por ella para dejar escapar el jedi de esa manera... ¿Se enterará también su esposa de que Palpatine lo esta castigando por no violarla?
Todas esas respuestas y mucho más en el próximo capítulo. Palabra.
Ahora una pausa general, se que es una tontería pero me hace ilusión decirlo... xD Felicitarme! Ayer mismo gane un concurso de relatos en la comunidad autónoma de mi ciudad. Una mierda premio, la verdad, cien euros y un cheque par libros... pero quede la primera!! Eso me hace sentirme un poco más cerca de mi sueño de ser escritora. ^^
Y ya sí, disculpando ese momento de vanagloria... nos vemos en el próximo cpítulo. ¿Cuándo? Depende de vosotros... Así que...
¿reviews?
