Un pequeño precio.

A la mañana siguiente, Padmé se dirigió a desayunar con una agradable sensación de descanso en el cuerpo y secretamente deseosa de ver a su marido. Apenas habían hablado desde la tarde anterior, cuando él cabezonamente insistió en que su salud era perfecta y, desoyendo todos sus consejos, abandono la cama para ir a trabajar en lo fuera que trabajase. Furiosa, ella le había retirado la palabra. Pero ahora el enfado no eran tan grave. De hecho, sentía una extraña necesidad de buscarlo.

Padmé sabía que el día anterior, por primera vez, él se había quitado la máscara ante ella, y no sólo literalmente. Había tenido la oportunidad de escuchar y tratar con su verdadero ser, uno cuya existencia tal vez él mismo ignorara, sofocado por los horribles castigos de su maestro. Y como constantemente le repetía una alarma en su cerebro, a Padmé le gustaba lo que había encontrado.

No era que hubiese olvidado quien era él y lo que había hecho, por supuesto que no, pero una parte de ella se preguntaba si aquel joven no sería más digno de compasión que de odio, y albergaba la fútil la esperanza de que algún día pudiera alcanzar la redención. Más aun, lo deseaba. Hasta que punto era ese un deseo egoísta, todavía no se lo había planteado.

De algún modo, sintió su presencia antes de entrar en la cocina, y sonrió en consecuencia. Pero la sonrisa se le congelo en la cara al ver que de nuevo llevaba puesta esa horrible máscara.

- Buenos días – saludó no obstante, diplomática.

A diferencia de otros días en que se limitaba a ignorar su presencia, él elevo la vista hacia ella de un nuevo libro, y Padmé casi pudo imaginárselo sonriendo bajo la máscara.

- Buenos días – respondió –. ¿Has dormido bien?

- Bastante, ¿y tú?

- Sin ningún tipo de problema – declaró, satisfecho.

- Ya veo...

Padmé tuvo que contenerse para no fruncir el ceño, demostrando su enfado. Al parecer él quería dejarle muy claro que sus heridas no suponían ningún problema, y que no necesitaba a ninguna niñera para atenderlo, tal como había dicho la tarde anterior. Claro que ella no se había quedado corta.

- ¿Quieres desayunar? – sugirió él, ignorante de sus pensamientos –. Él droide tiene ya lista tu comida.

Ella arqueó las cejas, confusa.

- ¿Cómo sabes siempre cuando voy a despertarme? – inquirió –. ¿O es que les ordenas hacer un plato cada quince minutos?

- Sería un buen plan – admitió él –, pero no. A través de la fuerza percibo las emociones de la gente. Las tuyas yacen muy sosegadas mientras duermes; cuando comienzan a alterarse, se que no tardarás mucho en aparecer.

Así que ese es su secreto, pensó ella. Era mejor que leer los pensamientos, pero todavía le seguía pareciendo inquietante.

- ¿Y no es molesto? – cuestionó –. Tener tantas emociones ajenas enturbiando tu mente.

Él pareció meditarlo un momento.

- En realidad, normalmente necesito concentrarme para percibirlas. Pero contigo es diferente, desde el principio. Te dije que eras fácil de leer – recordó –. Aunque creo que es sólo para mi.

A Padmé no le molestó demasiado esa declaración, sino que pregunto:

- ¿Qué estoy sintiendo ahora?

- Estás enfadada – contestó inmediatamente –. Tus sentimientos eran muy positivos mientras venías, pero decayeron una vez entraste aquí.

La joven abrió los ojos con sorpresa, pero en seguida desvío la mirada.

- Muy útil... – murmuró.

Él suspiro profundamente, con su aliento mecanizado.

- ¿Me dirás por qué estas enfadada? – pidió.

Padmé frunció el entrecejo. Por muchas cosas, se apresuró a responder. Pero se descubrió diciendo:

- Odio ese horrible casco. ¿Por qué ni siguieras puede quitártelo mientras estás en casa? Me da escalofríos.

Él no contesto inmediatamente, y ella creyó que lo había enfadado. Que no hubiera preguntado, se dijo. Más luego la sorprendió, en cambio.

- Pensé que te sería más fácil tratar conmigo de este modo – explicó –. Pero me lo quitare si es lo que quieres.

- ¿Por qué?

Ni siquiera Padmé entendió del todo a cual de las dos respuestas iba dirigido ese por qué, pero él decidió responder la primera.

- No lo se. Es lo que siempre me han enseñado.

- Entiendo... Podrías quitártela, ¿entonces? Por favor – añadió.

Él no dijo nada, pero levanto las manos y se despojó de la máscara, así como de la túnica, revelando nuevamente sus facciones. Padmé suspiró aliviada.

- Gracias – dijo.

Su esposo sólo se encogió de hombros.

- ¿Puedo preguntarte algo? – inquirió en cambio, al cabo de un rato. Y ella hubiera jurado ver una chispa de timidez entre el insondable amarillo de sus ojos.

- Supongo que es justo – asintió.

- ¿Qué tipo de relación mantienes con Kenobi?

- ¿Con Obi-Wan? – se extrañó.

Él asintió.

- Mi maestro dice que sois amantes – declaró seriamente –. ¿Es cierto?

Para su asombro ella estalló en carcajadas. Frunció el ceño, no muy seguro de lo que significa.

- Lo siento – se excusó Padmé, cuando logró controlarse –. Es sólo que... bueno... Él es un jedi. Sabes que el amor lo tienen prohibido.

- Las normas pueden romperse – refutó él.

Ella se encogió de hombros.

- Obi-Wan nunca lo haría – dijo con confianza –. Además, es demasiado mayor para mi.

- ¿Y a ti te gustan más jóvenes? – bromeó, sintiéndose repentinamente más ligero sin entender la causa.

Padmé le dedico una sonrisa torcida.

- Creo que eso todavía no lo he decidido – contestó, haciéndole desviar la mirada. De otro modo, ella hubiera jurado que se había sonrojado.

Finalmente, se mantuvieron en un relajado silencio, mientras ella desayunaba y él la observaba, sintiendo una extraña fijación. Algo profundo y desconocido; un revoloteo en el estómago. Cuando al fin el droide se llevo los platos, ella pudo mirarlo también, y de repente se puso seria.

- ¿Por qué te hizo esas heridas? – inquirió entonces.

Él frunció el ceño y la miro a disgusto, odiando que lo sacara de su lejana ensoñación para devolverlo a la realidad. Donde nunca estarían juntos.

- Ya te expliqué porque – respondió toscamente.

- No – rechazó ella –. Muchas de las heridas que llevabas tenían más de un día. Es imposible que fuera sólo por eso.

Él gruño, disgustado, maldiciendo su astucia por primera vez.

- No te importa – dijo.

- Si lo hace. ¿Por qué no quieres decírmelo?

A él no le complació que insistiera.

- No te importa – repitió, ahora amenazante –. Así que, por tu propio bien, mantente alejada de esto.

Pero está vez, no logró disuadirla. De algún modo, Padmé ya no sentía miedo de que le hiciese daño. Por suerte o desgracia, un droide irrumpió en la habitación antes de que pudiera replicar.

- Señor, el emperador comunica con usted desde el puerto A5508 – advirtió con el típico tono mecanizado.

Él asintió y tomo de nuevo el casco, incorporándose, sin añadir nada. Una vez en la puerta, se volvió para observar una vez más a su mujer, quien todavía lo miraba, antes de desaparecer. Medio segundo después ya se había ido.

Pero esta vez su esposa no permitiría que las cosas quedaran de tal modo. Ella estaba decidida a averiguar la verdad que él se empeñaba negarle; como fuera.

xXxXxXx

Silenciosamente, oculta tras la pared, Padmé observó como su marido permanecía arrodillado a la espera del emperador. Pero no olvido que debía controlar la ira que le provocaba esta imagen. Controlarla, si no quería arriesgarse a ser descubierta. Finalmente, el holograma de Palpatine emergió en la habitación, y escuchó como él lo recibía.

- Mi maestro – saludó, inclinando la cabeza.

- ¡Ah! Lord Vader... Veo que ya te has recuperado bien de tus heridas – comentó el emperador en tono casual, como si hubiera sido él el convocado, y no a la inversa –. Te felicito.

Pero Vader permaneció en silencio, sabiendo que no era prudente caer en sus juegos. Sin mostrar su decepción, Palpatine continuó.

- Te aviso de que el gobernador Tarkin ha tenido algunos problemas en inspirar a los hombres para nuestro proyecto favorito, por lo que ha solicitado personalmente mi presencia en su barco. No se cuanto tardaré, pero serán al menos una semana. Confió en que cuando vuelva, hallas cumplido al fin con tu trabajo.

- Por supuesto, mi señor – asintió él.

La contestación no lo complació.

- ¡Llevó más de una semana escuchando esa respuesta! – escupió inesperadamente – Y nuestra querida senadora sigue tan casta como al principio. Te lo advierto, Lord Vader. Si mis castigos no son suficientes, tal vez deba ser yo quien hable con ella cuando regrese. Estoy seguro de que tras un tiempo juntos, se mostrará más que receptiva a abrirse de piernas para ti.

Si el comentario lo impresiono, él no lo demostró.

- Se lo agradezco, mi señor – dijo –. Pero no será necesario, lo prometo.

- Bien, bien, Lord Vader... Confiaré en ti. Después de todo nunca me has fallado. Ahora, trataremos...

Pero Padmé no pudo escuchar nada más. Sintiendo como las lagrimas comenzaban a escurrir por sus mejillas, simplemente corrió, tratando de alejarse de allí lo más rápido posible.

Ahora lo comprendía todo. El origen de las heridas de su marido y su reticente evasión a la cuestión. Todo era culpa suya. Todo. El emperador lo castigaba por no haberla violado desde el principio de su matrimonio, como evidentemente le había ordenado. Los motivos por lo que Palpatine actuaba de un modo tan vil e inapropiado no entraban ahora en su mente. Únicamente podía recordar las horribles magulladuras de la espalda de su esposo, y únicamente podía pensar en su conocimiento de culpa.

Cuando lo vio llegar, caminando por el pasillo erguidamente, ni siquiera se fijo en la repentina rigidez de su rostro, o en el amarillo especialmente letal que brillaba en sus ojos. Todo lo que pudo hacer fue levantarse del sofá y correr hacía él, chocando contra su pecho.

- ¿Por qué no me lo dijiste? – acusó –. ¿Por qué no me dijiste que yo tenía la culpa?

Él la miro un segundo confuso, pero luego pareció comprender. De todos modos, sacudió la cabeza, como si eso no fuera importante.

- Eso no importa ahora – dijo –. Tengo que sacarte de aquí.

Ella ni siquiera escuchó la última frase.

- ¿Cómo puedes decir eso? – inquirió dolida –. Todo es tiempo... ¡Tenía el derecho a saber que me estabas protegiendo! Yo... Si lo hubiera sabido, nunca hubiera...

- Lo se – la cortó él.

- ¿Entonces por qué lo permitiste? ¿Por qué has dejado que te hiera de esa manera?

Él la sujeto de los hombros, aspirando aire para ser paciente, y mirándola fijamente, con desbordante intensidad.

- Te dije una vez que las heridas no significaban nada para mi – recordó –. En mi opinión, es un pequeño precio a pagar en comparación con lo que tu habrías perdido. No tienes nada que reprocharte.

Padmé sacudió la cabeza, conmocionada. Apenas podía creer sus palabras, o más exactamente, el sentimiento que se escondía tras ellas. Muy pocos compañeros íntimos harían por ella el sacrifico que él había estado haciendo, y los primeros días, sin siquiera conocerla. ¿Cómo podía pagar un sacrificio así?

- Debería haber sido elección mía – repuso, no obstante.

Él asintió.

- Tal vez. Pero ya esta hecho. Y si como sospecho escuchaste mi conversación con el emperador a escondidas, sabrás que debo sacarte de aquí.

- ¿Sacarme? ¿A dónde?

- Te llevaré a Alderaan – indicó –. Estoy seguro de que Kenobi y el resto de tus amigos rebeldes se complacerán mucho de verte de nuevo. Allí estarás a salvo.

Ella abrió los ojos, sorprendida.

- ¿Cómo...?

Él sonrió, satisfecho de sí mismo.

- No soy tan ingenuo como crees, senadora – dijo, sin abandonar la pose urgente –. Ahora vamos – añadió tomándola de la muñeca y arrastrándola hacia su habitación, para que hiciera el equipaje.

Pero a Padmé no le hizo gracia que la tratara de tal modo, como tampoco se la hacían sus palabras. Se libró de su agarre con un movimiento brusco y se detuvo en seco.

- ¡Para! – exigió, antes de que él volviera a sujetarla –. Yo no voy a ninguna parte. Palpatine sabrá que me has ayudado. ¡Te matara!

Su razonamiento no pareció impresionar a su esposo, que sólo sacudió la cabeza, encogiéndose de hombros.

- Yo me las arreglare con él – declaró –. Tú no debes preocuparte por eso.

- ¡Pues me preocupo! – exclamó ella, enfadada con su condescendencia –. Y no me importa que a ti no te importe. Ya he dicho que no voy a ninguna parte. Me quedó aquí – afirmó, cruzándose de brazos.

Él hinchó sus pulmones, exasperado, y rezó a la Fuerza para que le diera paciencia. Nunca en su vida se había tenido que enfrentar a una mujer tan obstinada e insensata como esta. Ni siquiera él mismo era tan complicado. Se le ocurrió la idea de que callada estaba más guapa; quizá, golpeando los puntos de presión adecuados... Pero ella achicó los ojos, adivinando sus pensamientos.

- Eso no funcionara – advirtió –. Estaré de regreso antes de que aterrices en el planeta.

- ¡Maldición! – exclamó él, perdiendo el control. Después pareció tomar aire para recuperarlo. Se acercó a su esposa y la sujeto por los hombros, acercando su rostro al de ella–. Escúchame – pidió –. Estas siendo irrazonable. Y yo tengo que llevarte a Alderran a la fuerza o de cualquier otro medio. De lo contrario, el emperador te atrapará, y entonces perderás todo aquello que ahora merece la pena ser salvado. Por favor – añadió, suplicando por primera vez en toda una vida –. Es la única manera.

Por un instante, Padmé no respondió. Sus rostros estaban tan cerca que podía ver su propio reflejo en sus pupilas. Sus iris, aún amarillos, destilaban una preocupación y un miedo insospechados. Miedo a perderla. A que ella sufriera lo que él había sufrido. Pero aun así...

- Hay otro modo... – susurró, sorprendiéndose a sí misma, y sin desviar la mirada –.Podríamos hacer lo que quiere.

Sus palabras lo paralizaron. Ella vio la sorpresa, y después la incredulidad pasar por sus ojos. Incluso pareció meditar la idea. Pero después la rechazó bruscamente.

No – dijo –. Esa no es una opción.

Padmé se acercó a él, de algún modo conmovida. Sabía que hacía unas horas la opción ni se le habría pasado por la cabeza. Sabía que no lo amaba, que no era una forma de entregarse a él enamorada. Pero también sabía que la idea de separarse de él ahora dolía más que cualquier otra cosa.

- Si que lo es – insistió suavemente, alzando una mano para acariciar su mejilla –. Y yo quiero quedarme contigo.

Entonces, antes de que él pudiera mostrar algún impedimento, ella lo estaba besando. Fue un beso suave y tímido, apenas una caricia de labios, pero que basto para despertarlos a ambos. Padmé se apartó tras unos instantes, y se miraron a los ojos. Había algo especial reluciendo en los dos: un instinto, una predicción, una promesa del futuro.

Ella sonrió, calmada, y volvió a aproximarse. Él la abrazo, todavía confuso, envolviéndola por la espalda. No había dudas cuando se besaron de nuevo.

Esta vez fue un beso más largo y profundo, compartido por ambos, pero igualmente especial. Sus labios se acoplaban, uno encima del otro, y sus lenguas entraron en contacto. Y después de ése vino otro, y luego otro, y otro, y otro. Con el corazón acelerado, Padmé lo rodeó por el cuello, y lo arrastró hasta la cama.

Sus piernas se enredaron y sus manos comenzaron a acariciar el cuerpo de su esposo sobre la ropa; caricias compartidas. Las respiraciones agitadas y los besos se fueron sucediendo, mientras él recorría su cuello con la boca y ella mordía el lóbulo de su oreja.

Entonces se calmaron un momento, separándose y mirándose a los ojos, con el pecho subiendo y bajando rápidamente. Pareció en la pausa que ambos abrían la boca, para poder decir algo, pero finalmente volvieron a cerrarla en silencio. Él extendió la mano y le retiró el pelo, permitiendo que cayera en cascada por detrás. Y ella se estremeció al sentir la intensidad que desprendían sus ojos.

- Eres... muy hermosa – susurró enternecido.

Y Padmé sintió como la muralla que aún protegía su corazón se derrumbaba a pedazos, hasta no quedar nada.

- Entonces hazme tuya – fue su única respuesta.

Y sólo la noche fue testigo de cómo volvieron a besarse de nuevo, sin ataduras que los separaran, perteneciéndose por completo.


Tachan!! ¿Qué? ¿Os lo esperabais? Sobra decir que es mi capítulo favorito de los que he escrito hasta ahora... Una especie de transición... se abre el romance, se descubre la máscara, jajajaja!! (Lo siento, es que me reemociona xD)

Muchísimas gracias a las fantásticas cuatro personas que me inspiraron con sus reviews en al capitulo anterior... kuxiki, Ireth (te dije que tenías buena intuición, ¿eh? Jajaja, cuando dijiste que pasaría algo interesante si Padmé lo descubría xD, Espero que hayas disfrutado este capitulo y gracias por tu reviews, como siempre), Rous Black, MartaQ (os course, padmé ya pone sus granitos de arena... a ver si poco a poco annie va captando el mensaje xD Espero que te haya gustado el nuevo capi, tomodachi, nos leemos pronto!!). Mil gracias a las cuatro, de verdad.

Y esto es todo por ahora... Nos leemos en el próximo capítulo que publicaré el próximo viernes o el sábado, a más tardar. (Me temo que mientras continue con examenes tendré que conformarme y publicar una vez a la semana, sorry, espero que podáis comprender... tampoco es tanto tiempo ^^). Así que, tomodachis, una última petición....

¿reviews?