Confesiones en la oscuridad de la noche.
Padmé se sentía cada vez más emocionaba mientras su esposo fijaba las coordenadas hacia Naboo. Había contactado con su familia varias veces en el último día, y todos estaban muy emocionados por su llegada. Aun así, había sido difícil convencerlos de que sólo podían verse dos días, para no levantar sospechas, pues no había podido confesarles los motivos de su secretismo. Sin embargo, al final habían cedido.
- Es una pena que este trasto no permita más que vuelo automático – protestó su marido, volviéndose hacia ella mientras saltaban al hiperespacio.
Para no levantar sospechas sobre su marcha, habían conseguido una nave en uno de los talleres de alquiler del bajo Corusant, después de que él usara la fuerza sobre la mente mecánico impidiéndole recordar el encuentro. Pero era evidente que el vehículo no estaba equipado con todos los avances de los que normalmente disponían.
- ¿Te gusta volar? – se interesó.
Él asintió.
- Creo que si.
Padmé frunció el ceño, confusa.
- ¿Crees?
- Mi maestro nunca me ha permitido hacerlo – explicó –. Me hacía llevar un piloto siempre conmigo. Creo... creo que una vez corrí en una carrera de vainas – recordó entusiasmado.
Ella lo miro asombrada.
- Nunca he oído de un humano que compitiera en ellas.
- Eso es lo que decía mi madre, aunque yo nunca lo creí del todo. Lo que si sé seguro es que fui el más joven en hacerlo – declaró con orgullo –. Tenía sólo cuatro años.
- Increíble...
La información la impactó demasiado para añadir nada más. Padmé observó atentamente a su marido, sintiendo como lentamente se iban descubriendo las piezas que componían su existencia. Y cuanto más averiguaba, más se daba cuenta de que él era especial, un fuera de serie, incluso para los cánones de los jedi o los Stih.
La tensión entre ellos había desaparecido. No habían vuelto a tener ningún acercamiento intimo, y sin embargo... Cada vez era más difícil pensar en él como la amenazante y seca figura del principio. Hasta los ojos habían cambiado. Lentamente, Darth Vader se deshacía ante ella y daba paso a un ser diferente, a un hombre que le gustaba, a... Anakin.
- Tal vez pudiera participar de nuevo en alguna carrera – sugirió, sacudiendo los extraños pensamientos que rondaban en su cabeza.
Él rechazo la idea:
- No. Las carreras de vainas son ilegales ahora. El único sitio donde todavía las celebran es Tattoine, y yo no pienso regresar nunca a ese lugar.
Su tono amargo, casi herido, la sorprendió. E inconscientemente apoyó una mano en su hombro.
- Habrá que encontrar otro medio de poner a prueba tus habilidades, entonces – dijo, haciendo gala de sus habilidades diplomáticas.
Él sonrió fijando la vista en sus ojos de un modo que casi le provocó un sonrojo, incluso antes de escuchar sus palabras:
- No te he preocupes por eso – subrayó –. He descubierto otras actividades mucho más excitantes, últimamente.
Padmé se mordió el labio avergonzada, pero decidió que no le iba a dejar ganar.
- ¿De verdad? Pues tendrás que enseñarme alguna, porque mis últimos días han sido muy, muy aburridos. Casi diría que predecibles.
Él la contempló un instante más, y ella estuvo casi segura de que se iba arrepentir de esas palabras. Sólo que el miedo que le inspiraba ahora era muy diferente al de los primeros días. Afortunadamente, el monitor de la nave empezó a repiquetear en ese momento, salvándola.
- Te la devolveré más tarde – lo oyó murmurar, antes de sumirse en la atención de los controles.
xXxXxXx
Una vez en Naboo, había sido fácil aterrizar en una alejada explanada florar, y Padmé había decidido quedarse en la nave para contactar con sus padres, mientras él iba a conseguir otro transporte. Por desgracia, su padre no salía de trabajar hasta la noche, así que aún tardaría en verlos. Aunque eso supondría más tiempo a solas con Anakin.
Padmé era muy consciente de ese pensamiento mientras contemplaba su reflejo en el espejo de su habitación en la nave. Aquel vestido que había comprado con su hermana hacía tanto tiempo, y que había jurado no ponerse nunca, adornaba ahora su cuerpo.
Con suaves telas superpuestas que variaban en altura desde un suave amarillo hasta el lila, pasando por el rosa, dejaba al descubierto una buena parte de sus hombros y toda su espalda. Si había que definirlo con dos palabras tendría muy claro cuales serían: hermoso y provocador. Y era precisamente la segunda de ellas la que la hacía dudar tanto sobre si quitárselo o no. Por desgracia, Anakin llegó antes de que decidiera.
Él sabía más que nadie de la hermosura de su esposa, pero nunca la había contemplado en tal esplendor. Las palabras que iba a decir murieron en su boca antes de pronunciarlas, tras verla. A Padmé la reacción la complació y asusto a partes iguales. Seguía sin estar segura de si había hecho bien en ponérselo.
- Estás... preciosa – logró articular al fin, tras varios instantes.
Ella asintió, sin responder nada.
- ¿Tienes los trasportes?
Cruzar el lago en la tradicional barcaza no costo demasiado, aunque parecía que la incomodidad del momento anterior se mantenía entre ellos, porque ninguno de los dijo nada mientras duro el viaje. Finalmente, él le tendió la mano para ayudarla a salir y ella no resistió más el silencio, por lo que comenzó a hablar.
- El retiro del colegio se hacía aquí – recordó, mientras caminaban por la galería –. Todos los días nadábamos hasta aquella isla. Me encanta el agua. Tumbadas en la arena dejábamos que el sol nos secara mientras adivinábamos el nombre de los pájaros que cantaban.
- No me gusta la arena – declaró él sin mirarla, apoyándose sobre la barandilla –. Es tosca, áspera, e irritante; y se te mete por doquier. – Después su tono cambio, y se volvió a mirarla fijamente, mientras acariciaba la piel desnuda de su espalda –. Aquí no es así...
Padmé sintió que sus ojos conectaban por lo que pareció una eternidad, mientras hacia esfuerzos para evitar que su cuerpo temblara en reacción a su toque. Ninguno de los dos fue realmente consciente de quien inició el movimiento, pero un instante después sus labios se estaban besando con tanta ternura y pasión como la primera vez.
Cuando el beso concluyó, ella se alejo un par de pasos, confusa. Asustada por el intenso anhelo que veía sus ojos, aterrada porque sabía que los suyos reflejaban la misma necesidad. Y ninguno de los dijo nada.
xXxXxXx
El Sol se escondía ya el horizonte cuando uno de los criados les aviso que su familia se acercaba por el lago. Emocionada, Padmé se levantó rápidamente a recibirlos. Anakin la acompañó, pero después se quedo algo relegado.
Los nervios lo carcomían. Por un lado porque sabía que el encuentro era muy importante para ella, y tenía miedo de estropearlo. Hacia tantos años que no trataba civilizadamente con nadie. Recibir o impartir amenazas y ordenes, eso era todo. Se preguntaba si todavía sería capaz de mantener una conversación. Claro que con Padmé lo hacía, se había esforzado mucho al principio para lograrlo. Pero con ella era todo siempre tan distinto al resto del mundo.
Por otro lado, y aunque Padmé no se hubiera dicho a conciencia, sabía que su familia política era opuesta al imperio. Y a Vader. Tendría que suceder un milagro para que lo aceptaran. Con toda probabilidad, el rechazo de sus padres se convertiría pronto en un obstáculo más para la débil e inestable relación que mantenía con su esposa.
Por todo ello, prefirió quedarse a un lado, contemplando como Padmé corría hacía sus sobrinas más hermosa que nunca, mientras estás arrojaban a sus brazos, siendo sustituidas después por los abrazos de sus padres y hermana. El esposo de esta, Darred, no había podido acudir.
Padmé sintió como los ojos se le llenaban de lagrimas al sentir a su familia tan cerca de ella, pero cuando se volvió para presentar a su esposo lo descubrió varios metros más allá, revolviéndose la túnica con nerviosismo. Sonrió aún más, ante la ternura que desprendía esa imagen.
- Anakin, ven – lo llamo, tendiéndole la mano para tranquilizarle.
Él aspiro hondamente, sabiendo que nunca podría ignorar una llamada suya, y se acerco hasta ella en un par de pasos, agradeciendo su contacto.
- ¿Y quién este joven tan guapo? – preguntó Sola, a su hermana, complacida.
Su padre, por el contrario, se fijo en sus manos entrelazadas y frunció el ceño.
- No deberías tomarte esas confianzas, Padmé – advirtió, con un deje de miedo en la voz –. Dudo que a Darth Vader le complaciera mucho, y no se sabe cuando puede aparecer.
Anakin sintió como su nerviosismo triplicaba, viendo confirmando sus peores temores. Pero Padmé no le soltó la mano, al contrario, se la apretó más fuerte.
- No te preocupes por eso papá – lo tranquilizó; después se dirigió al resto de su familia –. Mamá, papá, Sola, os presento a mi esposo. Anakin – se giro hacia él – esta es mi familia: Jobal, Ruwee y Sola Nabierrie. Y mis sobrinas Ryoo y Pooja – señaló a las niñas, que se había alejado jugando.
Un placer, trato de decir. Pero Ruwee se le adelanto. La sorpresa había sido grande para todo la familia y él había sido el primero en recuperarse.
- ¿Tú esposo? – cuestionó con escepticismo –. Pero nos dijiste que te habías casado con... – de pronto, como si hubiera comprendido algo, se volvió hacia él –. ¿Tú eres Darth Vader? – parecía casi una acusación.
Él asintió ligeramente, odiándose a sí mismo por tener que admitirlo.
- Si, señor.
Ruwee frunció el ceño, como si todavía no se lo creyera.
- Su verdadero nombre es Anakin – Padmé se mantuvo firme –. Odio que le llamen de otra manera.
Eso siguió sin convencer a su padre, pero su hermana se adelanto.
- Es un placer conocerte entonces, Anakin – expresó, dándole dos besos –. Debo confesar que tenía mis reservas acerca de este matrimonio, pero ahora... Me alegro mucho de que mi hermana te haya encontrado. Llevamos años tratando de convencerla de que la política no lo es todo...
- Y yo casi había las esperanzas de tener un nuevo yerno – la apoyó Jobal, adelantándose también para saludarlo –. Por no hablar de uno tan joven y apuesto como tu...
- Se lo agradezco mucho, señora – asintió Anakin, sintiendo como parte de sus nervios se evaporaban. No era un secreto de donde había heredado su esposa la bondad –. Para mi es un honor conocer a la familia de Padmé – añadió con sinceridad. Ella sonrió a su lado.
- ¡Oh, Anakin! No me llames señora – corrigió su nuera, bromeando –. Se que no soy tan joven como lo era pero prefiero no recordarlo. Dime solamente Jobal.
Él asintió. Entonces Ruwee avanzó hacia él y el nudo en la garganta se formó de nuevo, pero el hombre le sólo le echo una mano en el hombro, casi paternalmente.
- Bueno, bueno muchacho... Espero que perdones mi confusión. Parece que después de todo cuidas bien de mi hija, y eso es cuanto un padre puede pedir.
- Puede estar tranquilo entonces, señor – declaró, creyendo cada porción de palabras –. Daría mi vida por ella.
Padmé también las creyó y eso la hizo sentir incomoda. Después de todo, eso no era más que una farsa para tranquilizar a su padres, ¿no? Ellos no se amaban, él no debía sentir ningún compromiso hacía su persona. Es cierto que hicieron el amor una noche, pero fue porque Palpatine los obligó a ello. Y el beso... el beso tampoco había significado nada, ¿verdad? ¿Verdad? ¿Verdad? ¿Verdad?
¿Por qué de pronto necesitaba con tanta desesperación convencerse a sí misma?
- Creo que es mejor que vayamos ya dentro – sugirió, necesitando aplacar sus miedos –. La cena estará casi lista.
Efectivamente, los sirvientes no tardaron en servir los alimentos, y pronto la cena derivo en una amena conversación teniendo como protagonista a las dos niñas. Una de ellas, la mayor, se volvió hacia Anakin, después de discutir varios segundos con su hermana.
- ¿Es verdad que tú eres Darth Vader?
Él asintió, con miedo a que la niña sintiera miedo de su presencia. Pero al contrario, la respuesta pareció complacerla.
- ¿Lo ves? – se giro hacia su hermana; luego regresó la atención a él –. Pooja no me creía – explicó –. Eres más guapo sin la máscara – añadió, al cabo de unos segundos.
- ¿Tú crees?
Ryoo asintió.
- ¿Por qué la llevas? – se adelantó la pequeña, celosa de la atención que recibía su hermana mayor.
- ¡Pooja! – la regañó a su madre –. Esa es una pregunta indiscreta.
Anakin sonrió, indulgente.
- No importa – luego se giro hacia la niña –. Digamos que es mi uniforme. Tengo que llevarla siempre cuando estoy trabajando – explicó, tratando que comprendiera.
- ¿Cómo cuando la tía Padmé era reina y tenía que pintarse la cara de blanco?
- Exactamente – la felicitó –. Eres una niña muy lista.
Pooja sonrió ampliamente, pero Ryoo se adelantó con otra pregunta. De pronto, Anakin sospechó que acaparar su atención se había convertido en una competición entre las dos hermanas.
- ¿Y de verdad tienes un sable láser, como dicen las noticias?
Él asintió y lo cogió de su cinturón, para mostrarlo.
- ¿Me lo dejas? – pidió la niña ilusionada.
- Tal vez cuando crezcas – sugirió –. Es un arma peligrosa; estoy seguro de que no quieres dañar a nadie.
Ella asintió, aceptándolo, pero un poco decepcionada.
- ¡Cuando crezca yo quiero ser un jedi! – exclamó su hermana en cambio, entusiasmada.
Pero Pooja no fue consciente del tenso silencio que siguió en la mesa a sus palabras. Por mucho que los adultos lo hubieran aceptado, ninguno de ellos olvidaba que él era Vader, y que su odio contra los jedi era legendario por toda la galaxia. Incluso Padmé se había tensado. Anakin se apresuró a tranquilizarlos.
- Estoy seguro de que lo conseguirás – dijo –. Pero te sugiero que no lo digas muy a menudo – añadió, para protegerla –. Los jedi tienen un código muy estricto. Si alguno de ellos te escucha, se sentirá decepcionado, y ya no podrás convertirle en uno.
La niña asintió, de repente muy seria.
- Será un secreto – prometió –.
Ahora fue Ryoo quien se puso celosa.
- La tía Padmé me da en envidia – comentó, sin vergüenza –. Eres más guapo que todos los chicos de mi clase. Tiene mucha suerte de estar casada contigo
Anakin soltó carcajada, divertido. Pero luego se puso serio, clavando la vista en su esposa.
- Te equivocas – declaró, con el brillante azul de sus ojos apoderándose de ella –. Yo soy el afortunado por tenerla.
Padmé sintió como el corazón se le aceleraba en el pecho. De nuevo, la incomodidad de saber que eso era incorrecto, más aún, peligroso, se hizo presente. Pero aun así, la joven esposa se sintió totalmente incapaz de rechazar su mirada.
xXxXxXx
- Tendremos que compartir habitación – indicó Padmé mientras caminaban a solas por el pasillo, ya muy tarde en la noche.
Él sonrió, divertido.
- No creo que eso se a un inconveniente – dijo, causándole un pequeño sonrojo.
Pero después se puso seria.
- Quiero darte las gracia por lo que has hecho esta noche – declaró, mirándolo fijamente.
Anakin mantuvo su mirada.
- No tienes nada que agradecer – rechazó –. Ellos son tu familia.
Padmé sonrió, agradecida, y continuó andando.
- Las niñas te adoran...
- ¿Tu crees?
Ella se rió, divertida por su incredulidad.
- Claro que si, apenas dabas abasto en la cena.
- Supongo... – admitió – Es sólo que es extraño, eso es todo.
- A mi no me parece tan raro – replicó, deteniéndose frente a la puerta de la habitación –. Puedo entender perfectamente lo que les atrajo de ti.
Anakin se detuvo y la contempló con ansiedad un momento, pero ella ya había entrado en la habitación y era evidente que no iba a retroceder. Suspirando, él no tuvo que más remedio que seguirla.
Padmé no volvió a hacer ninguna declaración personal y él respeto su decisión. En realidad, la idea de volver a compartir cama con ella, aunque sólo fuera para verla dormir, le parecía suficientemente increíble. Incluso se propuso permanecer despierto toda la noche para no perderse un instante. Por desgracia, en altas horas de la madrugada, el sueño le venció. Y no fue muy agradable.
Padmé despertó, inquieta, sin saber muy bien el motivo. Hasta que escuchó sus gritos.
- Mamá... mamá, basta....
Abriendo, Padmé los ojos se volvió hacia su esposo. Toda su figura estaba envuelta en sudor y varias lagrimas surgían de sus ojos, mientras su cuerpo se retorcía, atrapado en una pesadilla. Demudada por el horror, ella se pregunto que tipo de suelos podría estar teniendo, y si serían muy comunes.
- Anakin – lo llamó, acercándose más a él y sacudiéndolo por el hombro –. ¡Ani, despierta!
Pero él no escuchaba. Seguía sacudiendo la cabeza frenéticamente, como si tratará de apartar un horror que en realidad no existía.
- ¡Anakin! – volvió a intentarlo, elevando más la voz.
Está vez él si pareció escucharla, porque abrió los ojos lentamente, acompasando su agitada respiración.
- ¿Mamá? – susurró, todavía sin verla.
- Anakin, soy yo, Padmé.
- ¡Padmé! – la enfocó de pronto, y entonces se alejó de ella, hasta el borde de la cama –. Yo... siento haberte despertado – se disculpó con voz rota.
Pero ella no permitió que se apartara, sino que lo abrazó por la espalda, mientras sentado él trataba vanamente de secarse las lagrimas.
- Ani, cuéntame... ¿qué ha ocurrido?
- Nada – respondió demasiado rápido, sin siquiera reparar en su abrazo –. Sólo ha sido una pesadilla. Vuelve a dormir.
Padmé lo estrechó aún más, apoyando la cabeza contra su hombro. Nunca lo había visto tan frágil, tan vulnerable y asustado, y dicha visión despertaba en ella un instinto de protección que nunca había sentido.
- Tus gritos fueron algo más que una pesadilla – replicó con voz suave –. Llamaste a tu madre...
Sintió como sus músculos se tensaban ante esa declaración, mas él trato de negarlo.
- Fue un viejo recuerdo, eso es todo.
Pero Padmé permaneció inmóvil, a la espera, otorgándolo su tiempo para que se sincerara. Anakin se volvió hacia ella, desesperado.
- No puedo contártelo – dijo –. No me pidas que lo haga. Me odiaras cuando me escuches.
- Anakin, no voy a odiarte – prometió, tomándolo de la mano.
- ¿Ni siquiera por el hecho de que yo mate a mi madre? – cuestionó él, elevando la vista hasta clavarla en ella, casi desafiante.
Padmé abrió los ojos con horror, recordando como su propia familia dormía a unos cuartos de distancia, pero aun así no se apartó.
- Cuéntame – pidió una vez más.
Anakin no fue capaz de seguir resistiendo la bondad inmerecida con la que lo miraban aquellos ojos, por lo que volvió a retirarse, dándole la espalda. Después empezó:
- Mi madre y yo éramos esclavos – pronunció lentamente, como si cada palabra le costara un esfuerzo terrible –. No teníamos nada además de a nosotros, pero aun así... son los únicos días felices que recuerdo, junto a ella. Cuando tenía cuatro años, un extraño hombre de apariencia bondadosa llego a la tienda donde trabajábamos. Dijo que quería liberarnos. Pero todo era una fachada.
Padmé sintió un escalofrío al comprender de quien se trataba. Aun así, no añadió nada, no queriendo interrumpirle. A los pocos segundos él continuo.
- Me separó de mi madre, sin explicaciones. Me encerró en una bodega oscura y después se marcho, ignorando mis gritos. Hacía mucho frío, pero yo estaba más preocupado por mi madre. Entonces llegaron las ratas.
Había ya varias lagrimas en el rostro de su esposa mientras lo escuchaba, pero él no se percató de ello. Su mente estaba muy lejos de allí, en otro tiempo, en otro lugar... y sus ojos enfocaban al vacío. Padmé lo abrazó, no sabiendo del todo si por consolarlo a él, o por consolarse a sí misma.
- Fueron días horribles, meses... Me torturaban cuando estaba despierto – pausó, recordando –. Él apenas se presentaba, pero cuando lo hacía, pasaba horas practicando el relámpago Sith sobre mi. Su siervo no tenia ese poder, pero tampoco lo necesitaba. Era una criatura espantosa, roja y negra, con cuernos en la cabeza – Darth Mauld, comprendió Padmé –. Tú has visto las cicatrices – se volvió hacia ella –. Él me causo la mayoría.
- La noche no era mejor – prosiguió, tras una pequeña pausa –. Las ratas me devoraban la ropa y los dedos de los pies. Y trataban de morderme las orejas si dormía acurrucado. Nunca me preguntaron o explicaron nada; nunca hablaron conmigo. Hasta que un día el hombre que me había secuestrado apareció, y me dijo que esta vez no iba a hacerme daño; al contrario. Sólo quería revelarme la forma de parar a esos animales que me aterraban.
Emplea tu rabia, sírvete de tu ira. Tienes tanto poder dentro de ti... ¡Utilízalo! Castiga a los que te han herido. ¡Mata!
- Yo me negué – siguió relatando –. De algún modo sentía que si lo hacia, acabaría convirtiéndome en un monstruo como él. Pero una noche el dolor fue demasiado... Y todas acabaron muertas – concluyó con dolor.
- Anakin – susurró Padmé, tomándolo de la mano y buscando sus ojos –. Lo que él te hizo fue monstruoso, pero tú tenías cuatro años. Tu elección fue la de cualquiera.
Él sacudió la cabeza, apartándose.
- ¡No lo entiendes! – clamó –. ¡Debería haber dejado que las ratas me mataran!
Padmé lo miro desolada. Después él pareció calmarse, y volvió a tomar aire antes de continuar.
- Él estaba allí a la mañana siguiente. Sabía lo que había hecho incluso antes de entrar a mi celda. Me felicitó ampliamente y dijo que tenía un regalo para mi como recompensa. Entonces trajo a mi madre – paro de relatar en ese punto, incapaz de conitnuar.
Los recuerdos inundaban su mente:
¿Ani? ¡Oh, Anakin! Estás a salvo…
¡Mamá! – el pequeño de la celda corrió hacia su madre; pero ante un gesto de cabeza de su amo, el hombro rojo lo apresó por la espalda, impidiéndose continuar –. Mamá... – volvió a llamarla con lagrimas en los ojos.
Pero ella nunca volvió a contestar.
- ¡La torturó! – exclamó, liberando todo el dolor que llevaba en su interior por más de un década –. Frente a mi. Sin descanso. Su gritos, cada día, se clavaban en mi cabeza. Y yo no podía hacer nada.
Te equivocas – instaba el hombre –. Puedes pararlo. Igual que hiciste con las ratas. Son sus gritos son lo que te hiere. ¡Detenlos! Sabes que puedes hacerlo.
Y el niño miro al hombre, sintiendo, por primera vez en su corta vida, como el odio lo controlaba.
Sus ojos ya se habían teñido amarillos.
- Yo no quería hacerlo – susurró mirando a su esposa por primera vez desde que empezara el relato –. No quería... – sacudió la cabeza frenéticamente –. Pero no podía escuchar más gritos... ¡Sólo quería que callara! – clamó impotente–. Y cuando me quise dar cuenta... – fijo la vista en su mano, contemplándola con un terror casi irracional – ella ya no respiraba.
- Anakin...
- Anakin está muerto – rebatió él –. No sirve de nada que insistas en llamarme así. Anakin murió aquel día, junto a su madre.
- Yo no lo creo – rebatió Padmé, que pesar de las lagrimas que empañaban su visión, se las había arreglado para acercarse a su esposo y abrazar su cuerpo tembloroso –. Yo se que Palpatine te subestimo... – afirmó –. Subestimo tu corazón... tu capacidad de amar... Ani – lo tomo de la barbilla – veo mi reflejo en tus ojos azules, y se que no estás muerto. Sigues aquí, conmigo, atormentando por las crueldades que un malvado hombre te obligó a acometer cuando no tenías poder para controlarlo. Puedes ser una buena persona ahora, Anakin, nunca creas lo contrario.
- ¿Cómo puedes estar tan segura? – cuestionó él, escéptico, y aun así esperanzado.
- Porque mi corazón me lo dice – le susurró ella –. Porque tengo fe en ti. Y eso – añadió algo más fuerte, antes de que él la interrumpiera – no va a cambiar.
Anakin sonrió débilmente, y aunque su interior seguía lleno de dudas y confusiones, decidió dejarlas pasar por esa noche, y tan sólo confiar en ella.
Pronto volvieron a dormir, ambos, juntos, acurrucados... uno al lado del otro.
Bueno, pues hasta aquí llegamos... creo que es el capítulo más largo que he publicado hasta ahora. ¿Y qué os ha parecido? Yo me reí un montón mientras escribía el encuentro de Annie con la familia de Padmé... especialmente con su padre. Y me encanto el primer bese... que prácticamente tome prestado del episodio II, junto con sus diálogos y el traje de la senadora.
Aunque la última parte del capítulo ha sido bastante más seria... Ahora ya sabemos como logró Palpatine quebrar a Annie para convertirlo en Darth Vader... ¿No lo odias ya un poco más? Desde luego, es un monstruo retorcido... pero tened el consuelo de que algún día se acabara llevando su merecido..
Y nada tomodachis, eso es todo por ahora. Agradecer a las cinco estupendas personas que me dejaron su reviews por el chap anterior, a saber kuxiki, MartaQ (me alegro de que te gste tomodachi, espero que hayas disfrutado también mucho de este ^^ Nos leemos!), Chiiia, Rous Black, Ireth (jeje, a mi también me gusta el lemmon, de hecho tengo muchos escritos en mis fic de anime, con mi otro nick; pero en esta ocasión decidí jugar más con la sensualidad que con la sexualidad, siguiendo el cannon de las pelis, así que me alegro que te haya gustado ^^ Nada tomodachi, gracias por tu reviews y me alegro que te guste. Nos leemos!). Muchísimas gracias a las cinco, sois mi gasolina para continuar publicando! ^^
Ahora espero que os haya gustado el nuevo capítulo y espero vuestras críticas. ¿Os ha gustado o lo consideráis demasiado trágico? ¿Os molestó que tomara prestados algunos escenarios de la película? ¿Estáis deseando leer el siguiente xDD?
Pues ya sabéis... ha hacerme la pelota xD Os prometo una gran sorpresa para el próximo capi, aunque algunas de vosotras ya sospecháis sobre ello. ^^ Se acerca el desenlace!
Os cuidais tomodachis, y como siempre...
¿reviews?
