Caspian volvió a su castillo, sintiéndose destrozado. Susan era muy frágil, y él la había lastimado. ¿Por qué no simplemente dijo que no a la propuesta, aunque fuera descortez? ¿Por qué no se declaró antes? Se sentía un cobarde y un bobo. Lo que había hecho no tenía sentido.
- ¡Rey Caspian! -Saludó Débora, la prometida de Caspian con una enorme sonrisa. -¡Esta noche cenaremos en Cair Paravel! ¡Habrá un banquete y estamos invitados!
- ...¿Cair Paravel? -Los colores en el rostro de Caspian cambiaron repentinamente.
- ¡Sí! ¡Con los demás Reyes! -La chica lo tomó del brazo. -¡Vamos a prepararnos! -No paraba de sonreír.
Débora era una joven de la edad de Susan, tenía el cabello castaño muy claro y ojos color miel. En su cara tenía algunas pecas y sus labios eran de un tono rosado. De tez blanca. Era muy bonita, pero... su voz... ¡Era la voz más chillona de toda Narnia!
Faltaban algunas horas para la cena aún, y Lucy estaba en casa de los enanos.
- Mm... cambiando de tema, ¿Has escuchado lo de Caspian? ¡Esa chica es una impostora! -Dijo uno de los enanos, comiendo una golosina.
- ¿Impostora? -Preguntó la pequeña Lucy.
- ¡Sí, impostora! Es hija de una bruja. Creímos que ya no quedaban hechiceros en Narnia, pero ¡Aquí hay una! ¡Una bruja! -Comentó el enano levantando la voz.
- ¿Entonces Caspian va a casarse con ella... ? -Lucy no lograba entender la historia del todo.
- Si es que logra enamorarlo, ¡Pero de una bruja se espera lo que sea! No me sorprendería que usara pociones... -Continuó otro enano.
- ¿Pociones para enamorarlo?... ¡Así que eso es lo que tiene mal a Susan! Ha estado angustiada desde hace varios días, pero no ha querido comentarnos qué sucedió. -La niña comenzaba a entender, su hermana estaba enamorada de Caspian. -¡Ya lo imaginaba! -Dijo, poniéndose de pie.
Lucy se despidió de los enanos hasta la noche.
En Cair Paravel, Susan se alistaba con ayuda de Julia (La sirvienta), poniéndose un vestido dorado, que era un sueño. En esa ocación, dejó su cabello suelto, con un pequeño broche en él que hacía juego con su atuendo.
Peter y Edmund ya estaban listos. Peter vestido con elegantes ropas de color verde oscuro, y Edmund unas de color azul.
Lucy optó por un precioso vestido blanco con detalles plateados.
Ya era hora de entrar al castillo. Los Cuatro Reyes recibieron muy amablemente a todos: Al tejón, los enanos, faunos, y demás criaturas.
- ¡Esto es gigante! -Comentó Débora ya dentro de Cair Paravel. Aquel comentario sonó muy "hueco" para Caspian.
- Sí... -Contestó él, mientras caminaban del brazo. Sólo miraba al suelo.
- ¡Bienvenidos! -Saludó Peter, sonriente.
- Buenas Noches, Rey Peter. -Saludó Débora con una reverencia.
Lucy y Edmund saludaron de igual forma.
- Buenas Noches... Su... -Saludó Caspian.
- Buenas Noches. -Contestó Susan y sin siquiera sonreír, fue con Lucy, que estaba ya bastante lejos de Caspian.
- ...Parece que la Reina no está de humor... -Comentó Débora, riendo. Caspian no dijo nada.
Cenaron todos juntos. Todo era muy alegre, muy colorido, muy Narniano... menos las caras de Susan y Caspian... sus miradas apagadas... sus débiles voces...
Llegó la hora del baile, y todas las criaturas se pusieron de pie. Era una melodía muy alegre. Era realmente un festejo.
Un rato después, comenzaron a tocar una melodía más lenta.
- ¡Vamos a bailar, Caspian! -Dijo Débora, tomando la mano del Rey para meterlo a "la pista".
Susan sólo los observaba desde su lugar. No podía soportarlo. Salió a uno de los balcones y no pudo evitar derramar un par de lágrimas.
- Débora... necesito... necesito tomar aire... discúlpame, ¿Puedes esperarme? -Dijo Caspian, al ver salir a Susan, siguiéndola con la vista.
- ¿Te acompaño?
- No no, esperame aquí... -Dijo él, y la dejó ahí en medio del baile. Salió afuera. Pero los padres de Débora vieron todo esto.
Ya en la terraza, Caspian se acercó a Susan.
- Susan... escúchame... ¡No fue mi intención herirte! ¡Nunca quise aceptar eso... pero... no fuí lo suficientemente valiente! -Dijo Caspian.
- ¿Me das tu palabra, de que dirás que no y que esto acabará pronto? -Preguntó Susan entre sollozos.
- Te lo prometo, así será... -Dijo él, aliviado, abrazándola, como si se tratara de algo muy frágil, o de algo muy pequeño. -Pero... ¿Me permitirás un baile? -Dijo sonriendo.
- ...Supongo... -Dijo Susan, una vez que su rostro volvía a estar seco, y su sonrisa se dibujaba de nuevo.
Ambos volvieron. Pero apenas comenzaron a bailar, Débora volvió.
- ¿Estás mejor? -Preguntó sonriendo.
- Sí... -Contestó Caspian.
- No quiero ser grosera, Mi Rey, pero me refería a la Reina Susan. -Dijo Débora. Esto hizo que Susan apretara fuerte la mano de Caspian, haciéndole saber que estaba enojada.
- Perfectamente. -Contestó Susan. -Si nos permites...
- Sí, lo siento. -Dijo Débora, apartandose. -¡Esa "Reina" es toda una mujerzuela! No me robará a Caspian. -Declaró, estando ya lejos de ellos.
La cena continuó. Susan ya no soportaba la cara de Débora, sonriendo, abrazada a Caspian, pero confiaba en él.
Al día siguiente, no hubo nada especial, al menos no para los Reyes. Peter y Edmund fueron de cacería, Lucy y Susan se la pasaron leyendo, charlando; luego Lucy fue con los faunos y Susan practicó puntería con su arco.
Caspian se quedó en su castillo, Débora fue a la casa de sus padres, de visita.
- ¡Yo lo he visto todo! ¡Debes creerme! -Decía la madre de Débora. -¡Está enamorado de la Reina Susan!
- ¿Estás segura, madre? -Preguntaba la jóven.
- ¡Por supuesto! ¡Tu padre y yo lo hemos visto con nuestros propios ojos! -Seguía la irritante mujer. -¡Pero no te preocupes! Tu madre tiene la solución. -Estas palabras hicieron a Débora escuchar con más atención aún.
- ¿Y cuál es? -Preguntó.
- Yo tengo un hechizo. Es muy sencillo, y lo hará caer. -Contestó la mujer.
Luego de esto, preparó un líquido color azulado en un frazco muy pequeño y se lo dio de beber a Débora.
- Lo único que debes hacer, es besarlo, ¡No importa si no quiere! -Dijo la madre de Débora, riendo.
- ¿Y hay alguna forma para... romper este hechizo? -Preguntó la joven, sus ojos comenzaban a tener un brillo diferente.
- Un beso real. Un beso de alguien quien realmente lo ame. -Respondió la mujer.
- Debo mantener alejada a esa Susan. -Declaró Débora.
