Susan se había ausentado toda la noche, lo que inquietó de sobremanera a Peter. Para calmar a su hermano, Lucy dedujo que Susan estaría con Caspian, sin imaginar lo que en realidad pasaba.

Muy temprano en la mañana, un fauno que pasaba con bolsas de pan y alimentos, vio a la joven boca abajo, en el suelo. Se acercó lentamente, y notó la sangre. Inmediatamente la recostó boca arriba para verificar que aún viviera. Al ver que era Susan, pidió ayuda para llevarla a Cair Paravel.

Sus hermanos, recostaron a Susan, mientras que las sirvientas curaban su herida.

- ¿¡Qué puede haber sucedido! ¿Quién haría esto? -Preguntaba Peter, asustado, enojado y confundido. Era demasiado para él.

- En verdad no lo sé. Debemos esperar a ver a Caspian, ella regresaba de su castillo. -Dijo Edmund, quien simulaba estar tranquilo, pero su corazón latía tan fuerte como el de Peter.

Lucy sólo observaba a su hermana, mientras sus lágrimas rodaban por sus mejillas; era una de las imagenes más horribles que había visto en su vida.

A la tarde, Caspian y Débora se presentaron en el castillo.

- ¡Susan! ¿Cómo está ella? -Preguntó Caspian a Peter, fuera de la habitación.

- Está inconsciente. Tiene una herida en el pecho, al parecer de una daga. -Explicó Peter, muy serio.

- ¿Una daga? ¿Quién podría? -Se preguntó. -¿Puedo verla?

- Está bien. -Dijo Peter, indicando a Caspian que entre en la habitación, mientras él esperaba con Débora.

Sin hacer ruido alguno, Caspian entró y cerró la puerta.

Lentamente se acercó a la cama. Allí estaba ella. Se sentó a su lado, y apartó el cabello de su cara.

El verla así lo hacía sentir terrible, lo hacía sentir culpable, sin saber por qué. Sin decir nada, se quedó observandola.

Mientras, afuera...

- Se me ha informado que tú no estabas en el castillo con Caspian mientras Susan volvía. -Dijo Peter a Débora.

- ¿Acaso está señalando que fue mi culpa, Rey? -Preguntó Débora.

- No. Sólo quiero saber qué sucedió... -Dijo Peter con un suspiro. ¿Para qué fingir ser fuerte?

- Y... ¿No se le ha ocurrido que... Ella misma lo hiciera? -Preguntó Débora, con la mirada clavada en los ojos de Peter.

Esta pregunta hizo que Peter se estremeciera.

- ¿Por qué lo haría? -Dijo él. Sus latidos fueron aún más rápidos.

- En verdad no lo sé. -Respondió ella, apartando la mirada.

Caspian, buscando un por qué, besó la frente de Susan y salió.

- Ya debemos irnos. -Dijo él con cierta angustia.

- Está bien. -Dijo Débora, abrazando a Caspian. -Ella estará bien, no te preocupes. -Intentó animarlo.

- Mantennos informados. -Dijo Caspian a Peter, haciendo una reverencia para retirarse.

Ambos se fueron. Edmund apareció desde la otra habitación.

- Algo me dice que esa tal Débora... Es la culpable. -Dijo Edmund a su hermano.

- ¿Por qué lo piensas, Ed? -La declaración de Edmund le sonó muy extraña. Apenas había tenido contacto con ella, pero la encontraba agradable.

- Ella no estaba en el castillo cuando pasó esto. Ni siquiera entró a ver a Susan. No contestó a tu pregunta, y lo que sucedió con sus padres... -Dijo Edmund.

- Pero... Si la "cura" no funcionó, no sabemos si fue o no un hechizo. Además no creo que sea capaz de herir de esta forma a Susan. -Dijo Peter, que no sabía qué pensar.

Los hermanos charlaban sobre esto, intentando encontrar la lógica, intentando responder a tantas preguntas. ¿Acaso estaban haciendo mal? Todo parecía estar revuelto.

Mientras que en el castillo de Caspian, el jóven estaba sentado en la sala, pensativo y solo, pues Débora dormía.

Recordaba los momentos vividos con Susan. Él le había prometido terminar con todo, pero... se estaba enamorando de Débora, ¿Susan se había intentado suicidar? El nunca le había explicado lo que pasaba, ¿Cómo lo sabía? Tantas preguntas lo atormentaban.

Recordaba el amor que había tenido por Susan, pero no podía sentirlo. No podía sentir la presión en el pecho. No podía sentir a su corazón latir rápidamente al pensar en ella, ni esa extraña sensación... esa felicidad. Tampoco la sentía por Débora, se sentía muy vacío...

Al día siguiente partió hacia Cair Paravel muy temprano en la mañana. Se reunió con Peter, Edmund y Lucy, pero sin Débora.

- ¿Cómo sigue Susan? -Preguntó.

- Ya despertó. Usamos la poción de Lucy, está mejorando lentamente. No encontramos una explicación. Ella no quiere hablarnos. -Comentó Peter.

- ¿Puedo entrar a verla? -Dijo Caspian.

- No creo que sea buena id... -Peter fue interrumpido.

- Claro que sí. Tal vez tú puedas ayudarla. -Dijo Edmund, que sonaba muy seguro.

Caspian entró a la habitación. Susan estaba sentada en la cama.

- ¿Caspian? -Preguntó, parecía muy triste.

- Susan... ¿Cómo te sientes? -Dijo él, con ese tono de voz que había usado ya en los "viejos tiempos", ese tono tan suave. El chico se sentó a su lado.

- Estoy mejor.. -Contestó Susan, mientras Caspian tomaba su mano.

- Débora y yo estábamos muy preo... -Susan interrumpió.

- ¿¡Débora!... -Sus ojos se llenaron de lágrimas.

- Susan... Sé que prometí... -Comenzó a explicar Caspian.

- Ha sido Débora... ¡Débora me siguió mientras regresaba a Cair Paravel! -Susan estaba alterada en verdad. -¡Débora me ha lastimado, y ha usado un hechizo contigo, Caspian! -Susan tomó al chico de los hombros, casi gritando.

- ¿¡Qué dices! ¡Débora no pudo ser! y... ¿Un hechizo? ¡Eso es imposible! -Decía Caspian, no podía creer lo que Susan le decía. -¡Me desiluciona que pienses eso, Susan! -Declaró.

- ¡Caspian! ¡Debes creerme! ¡Sus propios padres lo han dicho! ¡Es hija de una bruja, y por eso están ahora cautivos! -Dijo Susan.

Así era. Todos veían la verdad, menos Caspian. Pero obviamente, no se hablaba de esto con los demás Reyes o los sirvientes, y como era obvio, había sido tapado por mentiras de Débora.

Edmund entró al cuarto al escuchar a su hermana tan alterada. Caspian se fué sin decir nada, inmediatamente.

Un mes pasó, y Caspian cayó en una depresión... No entendía absolutamente nada, estaba en su mundo... y ya no le importaba más nada. Susan se recuperó, pero también estaba demasiado triste.

Todo seguía igual... o eso parecía.

La noticia llegó a Cair Paravel: Definitivamente, Caspian se casaría con Débora en una semana.

- Era sabido... -Dijo Susan, con un tono de voz muy débil. Ya no había nada más que decir ni hacer.

- Lo siento mucho, Su... -Dijo Peter, abrazando con fuerzas a su hermana. Susan se aferró a él con fuerzas.

La semana pasó, pues hasta el tiempo parecía estar alterado.

El día del casamiento, en la mañana, todos estaban reunidos en el jardín del castillo de Caspian.

Susan, Edmund, Lucy y Peter estaban en la primera fila, junto a dos faunos. Caspian caminó hacia el frente. Se detuvo, miró a Susan, y bajó la mirada nuevamente. Ni siquiera él entendía qué hacía, pero ya no importaba, no para él.

La tierra se sacudió de repente. Un temblor hizo que todos cayeran sentados, y un rugido fue lo único que se escuchó después. Un rugido conocido. El rugido de Aslan, tan fuerte que Lucy se tapó los oídos, y con una sonrisa miró a Susan, devolviéndole la esperanza. Pero, ¿En dónde estaba él?

A lo lejos lo divisaron. Aslan se acercó rápidamente, quedando justo en frente de todos ellos, lanzando otro rugido, uno más fuerte aún, que hizo que Débora y sus padres cayeran ante él.

Los Pevensie hicieron una reverencia, y Caspian hizo lo mismo. Luego de esto, Aslan se sentó al frente de Débora y su familia.

- Me han defraudado. Han usado la magia para el mal, y han engañado a sus propios Reyes. Demasiada oscuridad hay en sus corazones. -Siguió el león. -...Y por todo esto, los enviaré lejos de Narnia, los enviaré a la isla que le dí a los demás telmarinos. Ahí vivirán entre los suyos.

Los tres rompieron en llanto. Sentir el enojo de Aslan, los hacía temblar.

Débora estaba muy arrepentida y avergonzada. La familia se apartó a un lado.

Lucy, luego de que todo esto pasara, se acercó al león para abrazarlo, sintiendo la suave melena en sus mejillas.

- ¡Volviste! -Dijo la niña, que no podía dejar de sonreír.

- Así es, pequeña. -Dijo Aslan. -Al parecer las cosas no han estado muy bien. -Siguió, mirando a Susan.

El león se acercó a Caspian, que aún estaba de rodillas y sopló sobre él.

- Estás listo. -Dijo al joven. -Has sido engañado, has descuidado de tu reino y de tí mismo, has herido a los que amas, pero ahora eres tú nuevamente. -Declaró Aslan.

Lo que siguió a esta escena fue la disculpa de Caspian hacia Susan y los Reyes.

Luego todos, muy animados, danzaron y festejaron junto con Aslan y los demás Reyes.

Caspian vió a Débora y su familia caminar hacia el bosque, luego de hablar con Aslan. Ella volteó, miró a Caspian y él se le acercó. La expresión de la chica era muy distinta a la que había tenido siempre, era triste; Caspian la abrazó y ella igual a él, para luego volver con sus padres.

El jóven os vió desaparecer en la entrada del bosque. Volvió a la celebración, que duró un día completo, pues no sentían ni sueño ni hambre, sólo reían y danzaban muy alegres.

Al otro día, Aslan ya no estaba, y todos, ya descansados continuaron con sus vidas. La tensión y la angustia habían desaparecido. Susan vistió un vestido rojo muy bonito ese día, y salió con Caspian.

Pasaron el día hablando todo lo que no habían podido hablar mientras Débora aún estaba, sentados debajo de un árbol. Ya pasando el mediodía, Susan se recostó en el pasto. Caspian acariciaba suavemente su mejilla, mientras ella tenía su otra mano.

- Te amo... -Dijo ella, sonriéndole.

- Igual yo.. Mi Reina.. -Dijo Caspian con ternura.

- Nunca nos separaremos, ¿Verdad? Siempre estaremos juntos.. -Dijo ella.

- Claro que sí... -Respondió Caspian, abrazándola fuerte.

Se quedaron acostados así en el pasto por un buen rato. Más tarde, decidieron regresar al Castillo.

Caspian quería proponerle matrimonio, pero quería que fuera en verdad especial, por lo que esperaba el momento adecuado.

- ¡Que feliz se ve a Susan! -Dijo Peter, mirándola entrar desde uno de los balcones junto con Edmund.

- Sí... -Afirmó Edmund. -Creo que al fin esta historia tendrá un buen final. -Sonrió.

Esa noche, todos cenaron como de costumbre en Cair Paravel.

Susan decidió salir otra vez, pues le gustaba mucho contemplar el cielo de noche, era muy tranquilo.

Fue al lugar que Caspian le había mostrado, se acercó al agua y se quedó allí, contemplando el reflejo de la luna en el agua, pensando en todas las cosas que habían sucedido. Entre tantos pensamientos, hubo uno que le arrancó una sonrisa de sus labios: Caspian.

La jóven permaneció de pie unos minutos más, luego entró al agua hasta que le llegara a la cintura, y con una de sus manos, mojó sus hombros y espalda, cuando sintió a alguien cerca.

- ¿Qué haces aquí, a estas horas? ¿Siempre serás la misma? -Escuchó. Caspian se acercaba desde atrás.

- Parece... ¿Acaso me castigarás? -Dijo ella, sonriendo, sin siquiera voltear a mirarlo, mientras sus dedos jugaban con el agua, rozándola.

- No... no podría... -Dijo él, abrazandola fuerte de la cintura. Luego besó su cuello varias veces, lo que hizo que ella se estremeciera más.

Ella volteó y lo abrazó con fuerzas sin dejar de sonreír. Él era demasiado perfecto para ella.

Abrazándola aún de la cintura, la empujó hacia atrás un poco más, llegando ahora el agua al ombligo.

Se besaron con gran pasión, con toda esa pasión y todo ese amor que habían retenido durante tanto tiempo.

Caspian, sin despegar su cuerpo del de ella, hizo que sus narices se rozaran con suavidad.

- ¿Te casarías conmigo? -Dijo, mirándola a los ojos.

- Me encantaría -Respondió ella, sonriente, y volvió a besarlo.

Así fue. Se casaron, pues eran mayores y se amaban demasiado.

Todo siguió muy bien en sus vidas. Tuvieron 2 hijos: Jonathan y Shasta.

Vivieron juntos en el Castillo de Beruna, mientras Peter (casado con una bella joven llamada Aliz), Edmund (comprometido con Akeelah), y Lucy vivieron en Cair Paravel.

Caspian y Susan criaron a sus hijos, hasta que Shasta, de ya 4 años, dijo que había visto a un gran león caminar por el jardín de la casa.

- ¿Aslan? -Preguntó Caspian, saliendo con Shasta de la mano al jardín.

- Así es, Caspian. -Dijo el león, sentándose sobre sus patas traseras.

- ¡Aslan! -Saludó Susan, saliendo rápidamente con el pequeño Jonathan, de 5 años.

- ¿Quién es el, mami? -Preguntó una vocesita a su madre, escondiéndose entre las piernas de Susan. Era Shasta.

- Él es un amigo nuestro. -Contestó ella con una sonrisa.

- No temas, pequeño. -Dijo Aslan, acercándose.

Ambos niñitos también se acercaron a él. Lo abrazaron y el león rozó su nariz con la de ellos tiernamente.

- Y... ¿Qué te ha hecho venir, Aslan? -Preguntó Caspian.

Hubo un gran silencio.