Y entonces alguien apareció y dijo: "He aquí la advertencia de derechos". Y todos se regocijaron...
No hay lugar en la Tierra donde no pueda llegar el brazo de los Vulturis, ni existe refugio en que los Cullen puedan esconderse de Dimitri. Abandonar el planeta puede ser la clave de la salvación, pero tal vez ni siquiera el espacio sea frontera para su imperio. Y todos saben que un cazador nunca renuncia a una presa.
Exilio
Capítulo 2: Cinco minutos con Jasper
Jasper Cullen conducía a una velocidad excesiva por la autopista mientras hacía una llamada por el móvil. Su deportivo, una reliquia del siglo XXI con motor de combustión de hidrógeno, alcanzaba con relativa facilidad los 300 kilómetros por hora. Los coches modernos de motor eléctrico eran demasiado lentos y aburridos para el vampiro.
Jasper marcó el número del señor Lawrence con tanta determinación que la carcasa de plástico crujió bajo la presión de sus dedos. Normalmente las llamadas a la oficina del señor Lawrence eran atendidas por una secretaria que las ponía en espera durante unos minutos, una pérdida de tiempo totalmente innecesaria amenizada con una melodía estresante, tan solo para que todos dieran gracias cuando al fin se dignaban a atenderles.
—Asesoría Lawrence y Asociados, oficina del señor Lawrence —la secretaria hablaba tan lento y con un sonsonete tan monótono que Jasper tuvo ganas de gritar.
—Soy Jasper Cullen. Dígale al señor Lawrence que llegaré en 15 minutos.
Antes de que la secretaria pudiera decir nada, Jasper colgó. Más le valía a Lawrence estar esperándole en su despacho cuando llegara, o si no lo iba a pasar mal. Normalmente utilizaba su don con él en pequeñas dosis, para asegurarse su eficiencia y de paso divertirse un poco, pero en la situación de emergencia en que se encontraba no iba a andarse con rodeos: si notaba resistencia le haría mearse encima de miedo.
Centró su atención en la conducción. Estaba entrando en la ciudad y el número de vehículos en la carretera aumentaba considerablemente, obligándole a pisar el freno muy a su pesar. Se abrió paso zigzagueando entre los coches con impaciencia para adelantar unos segundos. En cuanto se unió al congestionado tráfico de la ciudad en hora punta, finalmente acabó por desesperarse. No podía permitirse avanzar una manzana cada dos minutos, o no llegaría en la vida. Con una maniobra temeraria que le costó varios pitidos de otros conductores, se metió por una calle secundaria y aparcó el deportivo.
Bajó del vehículo y se metió en un callejón sin salida oculto a la vista, el típico lugar donde los traficantes de poca monta vendían su mercancía a drogadictos desesperados. Se aseguró de que no le veía nadie y escaló rápidamente por una de las paredes hasta llegar a la azotea del edificio. Gracias a la capa de "nube" que se había aplicado esa mañana, podía despreocuparse de que el resplandor de su piel llamara la atención de algún humano que mirara por la ventana desde un edificio más alto.
En aquella zona los bloques de pisos estaban tan pegados que podía saltar de uno a otro sin que se le viera desde la calle. El día que hubiera un terremoto probablemente caerían todos a la vez, pero a los constructores esas eventualidades no les suelen quitar el sueño. Eran un vestigio del diseño arquitectónico "modernista" del siglo XX, con formas estrambóticas que en aquel entonces parecían futuristas. Pero ahora no tenía tiempo para analizar la arquitectura de los suburbios del extrarradio. Al acercarse a otra gran avenida descendió por otro callejón, resguardado de miradas indiscretas, y prosiguió el camino a pie.
No tardó en llegar al edificio de oficinas de Lawrence, un imponente rascacielos de 65 plantas, la mitad de ellas solo utilizadas parcialmente, con relucientes cristaleras. Aunque los negocios de Lawrence no necesitaban de unas oficinas tan amplias, le gustaba vanagloriarse de poseer un edificio entero. Daba igual que perdiera dinero en ello, le encantaba intimidar a sus clientes ostentando una riqueza virtual. Era el tipo de persona insegura que los Cullen podían manipular a su antojo. Jasper entró en el edificio y atravesó el recibidor directamente hacia las escaleras interiores, en vez de esperar al lujoso ascensor. Aguzando el oído comprobó que no había nadie en ellas y subió en unos segundos a la planta 60, donde se encontraba el despacho de su contacto.
La secretaria se apresuró a saludarle nada más verle, pero Jasper la ignoró y entró en el despacho sin llamar. Lawrence le esperaba sentado tras su escritorio de madera de cerezo maciza, y dio un respingo cuando las puertas dobles se abrieron de golpe. El vampiro entró en la habitación, iluminada por un ventanal que abarcaba toda la pared, y que contrastaba con la madera oscura del lujoso mobiliario. Su mera presencia bastaba para que el corazón del humano bombeara más rápido.
El hombre de negocios respiró profundamente para tranquilizarse y comenzó cortésmente la conversación.
—Señor Cullen, es un placer. ¿En qué puedo ayudarle esta vez?
Jasper tomó asiento en la cómoda silla que Lawrence sólo sacaba cuando venían peces más gordos que él mismo. Se inclinó sobre la mesa, apoyando los codos y entrelazando los dedos.
—Verás, Lawrence, quiero que consigas ciertos permisos para mi familia. Deseamos ir a cierto sitio y no tenemos tiempo para el papeleo.
Lawrence sonrió aliviado. Falsificar pasaportes le resultaba realmente fácil con los contactos que tenía.
—Por supuesto, no será ningún problema. ¿A dónde desean ir? Puedo conseguir cualquier pasaje.
—A la colonia espacial minera Pandora, en el transbordador espacial que partirá dentro de dos semanas, 4 de Marzo de 2145, desde Cabo Cañaveral —Jasper lo dijo como si hablara de un paseo en coche a la playa.
La cara de Lawrence perdió parte del color. Se lo hubiera tomado con humor si no supiera que Jasper nunca bromeaba, nunca.
—P-pero eso sería muy difícil, señor Cullen. Tan solo…—Jasper le interrumpió con impaciencia. Comenzó a usar su don para infundir un miedo irracional en el malogrado empresario.
— ¿Crees que me importa? Tú limítate a hacerlo y cobrar. No tengo tiempo para quejas inútiles, y tú tampoco. Elige —sacó un cheque en blanco de la cartera, en un gesto tan rápido que Lawrence apenas lo vio—, ¿cuántos ceros quieres que le ponga a este cheque? Empecemos con 100.000 dólares —cogió un bolígrafo del escritorio y anotó la cifra en el cheque—. ¿Quieres otro cero?
Lawrence empezó a sudar copiosamente. Jasper parecía cordial y hasta generoso, pero sin embargo emitía un aura tan terrible que le costaba respirar. Era como si algo en su interior supiera que estaba hablando con el mismo diablo, su alma tal vez, si creyera en la existencia de tal cosa. Y con los rumores que había oído no le extrañaría nada que así fuera. El anterior dueño de la compañía también había trabajado con Jasper… hacía 30 años. Y sin embargo tenía ante sus ojos llorosos el rostro inmaculado de un bello joven, que sin duda había hecho un pacto con Satanás como hiciera Dorian Gray. ¿Pero por qué le dejaba elegir el precio? ¿Acaso era algún retorcido tipo de trampa? Jamás se hubiera atrevido a insinuarlo.
—N-no creo que sea fácil conseguir ocho plazas para ese tipo de viaje —intentó explicar—. Cada miembro de la tripulación tiene una función determinada, y necesitaría saber con exactitud qué plazas hay vacantes antes de empezar con los trámites. Como mínimo necesitaría… —Jasper le volvió a interrumpir.
—Pones demasiadas pegas para mi gusto, Lawrence —le avisó con severidad—. Mi padre y las mujeres de mi familia viajarán como personal científico. Yo y mis hermanos iremos como soldados profesionales. ¿Tienes alguna objeción más o quieres que te haga yo todo el trabajo? —preguntó con aire indiferente. Fingió reflexionar un momento y se dio una palmada en la frente. Lawrence se estremeció— Claro, lo que pasa es que hay pocos ceros para ti. Deja que ponga otro más… ya está. ¿Sigues viendo tantos problemas con un millón de dólares?
—N-no, c-claro que no, señor Cullen. Tan solo intento prever los obstáculos para… —Jasper escribió otro cero en el cheque sin dejar de mirar a Lawrence a los ojos, quien quedó totalmente atónito. No sospechaba que los Cullen manejaran tanto dinero.
—Además quiero que te asegures de que podemos disponer de unos contenedores con una capacidad de 10 metros cúbicos dentro de la nave, de modo que podamos acceder a su contenido durante el viaje. Puedes elegir tú mismo el contenedor, pero procura que tenga la capacidad que te he dicho o… me enfadaré —comentó con un encogimiento de hombros, como quitándole importancia. Lawrence apretó con aun más fuerza los reposabrazos de su asiento—. Estate atento, porque a lo largo de estas dos semanas te llamaré para informarte de otros pequeños encargos que necesito que hagas. Ya ves, soy un hombre demasiado ocupado.
El aterrado hombrecillo respiró profundamente tres veces para intentar normalizar su pulso antes de hablar.
—Como usted desee, señor Cullen. Lo tendré todo listo.
Jasper sonrió complacido.
—Así me gusta. Ten… —añadió otro cero a la cifra del cheque, que ahora indicaba cien millones de dólares. Lawrence se quedó sin respiración por unos momentos—, para que no digas que no te pago lo suficiente.
Tras eso dejó el bolígrafo en su sitio, se levantó de la silla y se inclinó sobre la mesa, acercando su cara a un palmo de la de Lawrence, que comenzó a temblar de nuevo. Seguía notando una cierta resistencia en él, a pesar del miedo que sentía. Jasper exprimió su don para mandar una oleada de terror con cada palabra, mostrando amenazadoramente los colmillos.
—Si me fallas te arrancaré un hueso del cuerpo por cada cero que hay en ese cheque, con mis propias manos.
No disfrutaba con la desesperación del humano, pues podía sentirla y resultaba francamente desagradable, pero era necesario asegurarse; incluso Alice se lo había advertido. Debía garantizar que, cuando tuviera que realizar las gestiones ilegales más arriesgadas, el miedo al castigo fuera más fuerte que el miedo a la cárcel.
El olfato indicó a Jasper que Lawrence finalmente había perdido el control de los esfínteres. Consideró que ya era suficiente y se marchó rápidamente del despacho sin decir una palabra, dejando al temeroso empresario a solas con su pánico. A veces se preguntaba cómo sería sentir tanto miedo a la vez.
Ahora que había cumplido con su cometido tenía la cabeza lo suficientemente libre como para pensar en otros temas. De pronto la dura realidad le golpeó con fuerza: acababa de confirmar que iba a abandonar el planeta Tierra. Si aún fuera humano le hubieran temblado las piernas. Su planeta, su cruel pero acogedor planeta, donde había nacido y donde había vuelto a nacer; el sitio en el que esperaba vivir toda la eternidad. En tan solo unas horas había pasado de ser su hogar a convertirse en un gigantesco coto de caza donde él y Alice eran la presa. Una angustiosa sensación de desarraigo hizo presa de su mente, pero se obligó a sí mismo a cancelar esos pensamientos. Le costó casi tanto como controlar la sed.
Tan pronto como llegó a la calle llamó a Alice para asegurarse de que la reunión había sido un éxito. Cosa fácil cuando puedes ver el futuro.
—Bien hecho, moverá cielo y tierra para conseguirlo todo a tiempo. No me había dado cuenta de que al decirle cómo íbamos a viajar terminaría antes —apreció Alice—. Ven rápido, y mejor no cojas la autopista.
Los Cullen esperaban pacientemente en la terminal del aeropuerto, mientras Alice seguía concentrada en sus visiones para vislumbrar el itinerario de vuelos más seguro durante las próximas dos semanas. Tan solo abandonó sus pensamientos cuando Jasper llegó, para abrazarle como si no hubiera mañana. Emmett lamentaba interrumpir la tierna escena, pero ahora que estaban todos juntos había llegado la hora de las explicaciones.
—Alice, ¿de qué va todo esto?
"Por favor, explícalo tú", pensó Alice. Edward obedeció y comenzó a relatar las visiones de la pequeña vampira. Era evidente para todos que Alice estaba bastante estresada.
—Al parecer todo ha sido una decisión repentina. Aro pensó en la posibilidad de atar cabos sueltos y Cayo estuvo de acuerdo, como era de esperar. Saben que con Alice a nuestro lado podemos anticiparnos a todos sus planes, así que van a probar a cazarnos mediante un despliegue de fuerza bruta. Algo que no podamos esquivar aunque lo veamos de antemano.
—Me apena oír eso —lamentó Carlisle—. Esperaba que al final hubieran decidido honrar nuestra antigua amistad y dejarnos vivir tranquilos.
— ¿Por qué no habíamos notado su crecimiento? —preguntó Jasper directamente a Alice— Son casi doscientos vampiros, deberíamos habernos percatado antes.
—Por extraño que parezca, eso no tenía nada que ver con nosotros hasta hoy mismo. Si hubiéramos estado vigilándolos lo sabríamos, pero no teníamos motivos para seguir haciéndolo después de décadas de tregua.
— ¿Entonces por qué se han expandido tanto? Se arriesgan a perder el control de un ejército tan grande —insistió Jasper.
—Mientras cuenten con Chelsea no tendrán ese problema —negó Edward—. Al parecer alguien inició un reclutamiento masivo para intentar derrocar a los Vulturis. Como respuesta, los Vulturis hicieron lo mismo y aniquilaron a los insurgentes. No podemos saberlo con seguridad, pero parece que ambos bandos utilizaron la estrategia de crear neófitos. Al parecer muchos de los que nos apoyaron en el juicio de Reneesme también se unieron a la lucha y acabaron muertos. Sin Bella no tenían nada que hacer frente al poder de Alec.
A pesar de no tener nada que ver, Bella se sintió culpable por no haber estado allí. Ellos habían arriesgado sus vidas para proteger a su hija sin obtener nada a cambio, y eso era algo que jamás podría agradecer lo suficiente. Instintivamente se inclinó hacia Edward, que estaba sentado a su lado, y lo abrazó en busca de tranquilidad. Mientras tanto Edward seguía explicando los hechos, abrazando a Bella por la cintura con un brazo.
— ¿Cuando ocurrió eso? —preguntó Carlisle compungido.
—Ayer.
— ¡¿Y por qué demonios nadie nos avisó?! ¡Podríamos haber ganado! —protestó Bella subiendo la voz. Su grito atrajo la atención de los viajeros que se encontraban cerca. En esos momentos se sentía tan mal que hubiera jurado que podría llorar a pesar de ser vampira.
Fue Alice quien respondió.
—No lo sé, Bella —admitió desolada—. No queda nadie con vida que me lo pueda enseñar, y creo que ni los Vulturis lo saben con certeza. Lo único que puedo deducir es que los Vulturis atacaron antes de que nos uniéramos a la lucha. Lo más probable es que hayan pensado que si hubieras estado allí hubieran sido derrotados, y han decidido eliminar la posibilidad de raíz. Si formáramos una ofensiva muy numerosa contra ellos podríamos incluso ganar —por un momento todos pensaron en la posibilidad de hacerlo, de enfrentarse a los Vulturis, pero inmediatamente recordaron que no había nadie que reclutar. Crear neófitos tampoco era una opción.
—Zafrina sigue viva, y su poder es casi tan peligroso como el de Alec. Ella y Bella juntas podrían provocar la derrota de los Vulturis —observó Edward—. ¿No la perseguirán a ella también?
Alice se concentró en predecir el futuro de Zafrina, la exótica vampiresa del Amazonas. No necesitó más de medio minuto.
—Han pensado en eso, pero no quieren correr riesgos. Bella es peligrosa al frente de un ejército numeroso porque los inmunizaría contra Alec y Jane, pero por sí misma es inofensiva. En cambio el aquelarre de Zafrina, con muy pocos refuerzos, podría diezmar a los Vulturis antes de caer. Les conviene que no entre en el conflicto. Tal vez lo decidan más adelante, pero lo dudo.
La noticia consiguió tranquilizar un poco a Bella. Zafrina y Reneesme se habían convertido en grandes amigas durante los días previos al "juicio", por lo que sentía un afecto especial por ella. Saber que estaba a salvo resultaba reconfortante. ¿Lograría verla de nuevo? Ni siquiera Alice podía saberlo.
—En resumen —intervino Rosalie—, no tenemos a quién acudir ni manera de evitar que nos persigan. Si no nos movemos rápido nos exterminarán, y además tarde o temprano nos acabarán atrapando.
—Así es —concedió Alice.
Nadie hizo más preguntas. Estaba claro que no había nada que pudieran hacer excepto huir. Pasaron un largo rato en silencio, las parejas unidas en busca del único consuelo que les quedaba en una situación tan crítica: el amor que sentían el uno por el otro. Ante la perspectiva de ver morir a tus seres queridos, cada minuto que pasas con ellos es como un regalo caído del cielo. Nadie envidiaba la suerte Edward, que sentía la pena y la melancolía de todos a la vez, menos precisamente la de su querida Bella. Y es que, a pesar de conocer la fortaleza de Bella y su costumbre de rechazar los comentarios de ánimo, necesitaba consolarla. Saber que estaba sufriendo y no poder ayudarla le martirizaba, de un modo parecido al que Bella se sentía culpable por no haber ayudado a los que fueron sus amigos en tiempo de necesidad. Si tan sólo pudiera explorar su mente…
"No va a retirar el escudo ahora. No quiere que sufras más", pensó Alice alto y claro.
Edward tenía que reconocer que la pequeña vampiresa se fijaba en los detalles. A menudo la única forma que tenía de conocer lo que pensaba su mujer era preguntando a Alice lo que iba a hacer, y de hecho fue así como descubrió que quería estudiar medicina antes de que lo anunciase a la familia. Era una característica de Bella que le fascinaba cada día a día, pero que también le provocaba un sentimiento de impotencia cuando ella se negaba a dejarle ver su dolor.
Los minutos se deslizaron uno tras otro, cada uno de ellos igual al anterior y al siguiente, hasta que una voz anunció por megafonía que los pasajeros con destino a Berlín debían embarcar. Se levantaron y se pusieron en la cola como autómatas, esperando a que les llegase el turno para que un joven uniformado comprobara sus billetes y les permitiera pasar al avión a través de un pasillo flexible. Ocuparon sus asientos en el avión, en clase turista, y esperaron en silencio hasta que despegó. No habían conseguido ir todos juntos, aunque sí en parejas, lo cual siempre era de agradecer. Era la versión emocional de sentarse al lado de la estufa en una noche fría de invierno.
Silencio. Nadie tenía ánimos para hablar.
Pasada media hora de vuelo, Jasper se acordó de preguntar por el suministro de sangre. Tuvo que hacerlo en un volumen normal, porque el rugido del avión ahogaba todos los sonidos débiles. Las turbinas de reacción actuales eran más potentes que las del siglo XXI, pero también más ruidosas, y sólo la zona de primera clase estaba insonorizada. Cuando mencionó la palabra "sangre", la señora mayor que se sentaba a su lado le miró disimuladamente. Alice le puso al corriente.
—Carlisle lo ha organizado todo. Dentro de una semana tendremos miles de litros se sangre, por desgracia sólo de animales de granja —añadió con una mueca de asco. Curiosamente no podía verse en el futuro probando esa sangre, al parecer estaría demasiado lejos, pero sabía que no le iba a gustar en absoluto—. Cuando la tengamos habrá que dar más instrucciones a Lawrence para que la introduzca como material de laboratorio.
—Hay algo en lo que no hemos pensado todavía —observó Jasper. Edward captó el pensamiento —. ¿Cómo vamos a alimentarnos durante el vuelo? Si vamos en nuestras cápsulas, en teoría no deberíamos poder salir. ¿Quién nos va a pasar la sangre?
La señora abrió los ojos con sorpresa al relacionar la sangre con el alimento. Jasper pudo sentir como su aura se teñía ligeramente de miedo, pero la ignoró completamente. Alice se dio cuenta de que no había pensado en eso. Al no poder adivinar lo que ocurriría durante el vuelo no había previsto los detalles del viaje, y ciertamente ese podía ser un obstáculo importante. De pronto tuvo una visión de ella misma unos minutos después explicándole a Jasper como resolverían el problema. "Vaya, así me ahorro más jaleo mental", pensó agradecida.
—Ya lo tengo —dijo contenta—. Durante los viajes espaciales solo se quedan despiertos el piloto y unos pocos asistentes encargados de vigilar que todo permanezca en orden. Yo seré una de ellos. Tan sólo tienes que llamar a Lawrence cuando lleguemos a Tierra y decirle que me busque la plaza.
—Ya veo. Así que serás la única que pueda moverse en seis años, ¿verdad? ¿Puedo convencerte para que sea yo? —preguntó con voz de súplica, a la vez que se inclinaba para mordisquearle juguetonamente el cuello.
Removiéndose en el asiento para escapar de las cosquillas de Jasper, Alice negó con la cabeza entre risas traviesas.
—Lawrence es muy bueno, pero no hay manera de que consiga colar a un soldado de infantería como astronauta. En cambio el personal científico… bien, digamos que será más fácil.
—Qué bien se te da inventar excusas —bromeó Jasper con resignación, volviendo a colocarse correctamente en su asiento.
La pasajera de al lado, que había estado prestando atención a la conversación, se quedó mirando boquiabierta a Jasper un segundo antes de apartar la vista ruborizada. Edward sonrió unas filas más atrás al escuchar mentalmente las disparatadas especulaciones de la mujer.
Abrazada a Jasper, Alice comprendió que todavía no sabían cómo lograrían dejarles atrás para embarcarse en la nave espacial. Sin embargo se permitió el lujo de ignorarlo y disfrutar del único momento de tranquilidad que tendría en las próximas semanas, volviendo la espalda por un momento al hecho de que su vida nunca volvería a ser igual.
A varios miles de kilómetros, el potente jet privado de los Vulturis estaba tomando tierra en un aeródromo de California mientras Dimitri calculaba con la ayuda de un mapa el rumbo de los Cullen. En cuanto repostaran el combustible gastado continuarían la cacería.
NOTAS DEL AUTOR: Los Cullen han encontrado la manera de escapar de los Vulturis, ¿pero por cuánto tiempo? ¿Cuánto peso perderá Lawrence del estrés? ¿Qué pasa cuando un avión sin identificar sobrevuela una base naval china en plena crisis diplomática? ¡Lo veremos en el próximo capítulo!
Debo agradecer especialmente la colaboración de los beta reader, que a pesar del terremoto de Chile han sacado tiempo para echarme una mano. Espero sinceramente que la historia esté a la altura de su esfuerzo.
Minienciclopedia ilustrada:
*El disclaimer lo he copiado descaradamente del apasionante fanfic "Choque de mundos", de Umbra Estel, publicado en esta misma página. La idea de los disclaimers cómicos la aprendí de ella ^^. A quien le guste el fandom de Harry Potter le recomiendo encarecidamente que lo busque. Está en mis favoritos.
*Título inspirado en la obra "Cinco horas con Mario", de Miguel Delibes.
*Dorian Gray es un personaje de la literatura clásica, un joven que vendió su alma al diablo a cambio de no envejecer nunca. En cambio, un retrato suyo reflejaba el paso de los años. Utilizaba su apariencia de inocencia y pureza para ocultar las acciones más viles y aberrantes. Toda una joya de chico.
*Los motores de combustión de hidrógeno son un proyecto real hoy en día: los tubos de escape tan sólo expulsarían vapor de agua. Por desgracia las patentes de los motores ecólogicos están compradas en su mayoría por empresas relacionadas con el negocio del petróleo, por lo que las investigaciones no progresarán hasta que dichas multinacionales dejen de obtener beneficios monstruosos del combustible fósil. Triste pero cierto.
Gracias por leer. Déjame saber si te gustó el capítulo ^^
