No poseo los derechos de Crepúsculo ni Avatar, pero estoy negociándolos. De momento han rechazado mi oferta de quedármelos gratis. Avariciosos...

No hay lugar en la Tierra donde no pueda llegar el brazo de los Vulturis, ni existe refugio en que los Cullen puedan esconderse de Demetri. Abandonar el planeta puede ser la clave de la salvación, pero tal vez ni siquiera el espacio sea frontera para su imperio. Y todos saben que un cazador nunca renuncia a una presa.

Exilio

Cap 6: Lo que la verdad esconde

Mientras unos ayudantes enseñaban a Alice, Rosalie y Esme cómo funcionaba el laboratorio, Carlisle y Bella eran sometidos a un agradable interrogatorio en tercer grado por Grace Augustine, la directora del equipo científico de Hell'sGate. La situación recordaba a Bella a las típicas series policíacas que estaban de moda cuando era humana. El ambiente es pretendidamente distendido, los ánimos parecen estar en calma y las preguntas parecen obedecer a la simple curiosidad. Pero a un nivel más sutil, se produce un duelo de ingenio entre el investigador y el sospechoso. La doctora Augustine trataba de ponerlos contra las cuerdas con preguntas muy específicas sobre su pasado en la Tierra. Hasta ahora los vampiros mantenían la calma y dejaban que sus papeles falsificados hablaran por ellos, pero a su interlocutora no la consideraban una genio por limitarse a leer papeles.

—Mientras venían hacia Pandora pregunté a algunos de mis colegas por ustedes, pero nadie supo darme referencias suyas ni del resto de su familia. A decir verdad, parece que hayan salido de la nada. En la RDA me confirman que han sido contratados para el proyecto, pero nadie les conoce personalmente.

Carlisle no perdió la sonrisa ni un momento, y Bella trataba de permanecer calmada. No hay nada peor que la curiosidad de un científico a la hora de esconder secretos. Esa mujer de cincuenta años estaba convencida de que había gato encerrado, y quería sacarlo de la jaula.

—Verá —explicó Carlisle—, yo era doctor en medicina. Siempre he seguido los estudios sobre el proyecto Avatar de cerca, pero mi vida giraba en torno al hospital. Estudié medicina porque era mi vocación ayudar a las personas, ya sabe. Supongo que como todo el mundo al principio. Así que digamos que mantenía un perfil bajo, sin llamar la atención. Era conocido dentro de los círculos de neurocirujanos, pero nunca trascendí al ámbito científico.

— ¿Y lograba sacar tiempo para estudiar apuntes de ingeniería genética? —preguntó Grace extrañada— No es algo que dejas en la mesilla de noche para leer antes de dormir.

Carlisle negó con la cabeza. Grace había decidido preguntar por su peculiar situación familiar, y con eso se distraería lo suficiente del hecho de que nadie sabía cómo demonios habían llegado a estar en nómina de la RDA, la empresa privada que tenía los derechos de la explotación minera en Pandora.

—De vez en cuando sacaba tiempo para ponerme al día. Hay quien colecciona sellos, hay quien construye maquetas, y después estoy yo con mi afición por la investigación científica.

—Trabajar en un hospital, estudiar… Eso debía de consumirle casi todo su tiempo libre. Pensaba que estaba usted casado

—Y lo estoy, felizmente casado —confirmó Carlisle.

—Y con tres hijos —añadió Grace mirando a Bella.

—Efectivamente.

Grace lo miró con cierta confusión en el rostro. Ella misma había estado casada, pero su dedicación a la investigación había acabado arruinando su matrimonio. En su campo, si faltabas al laboratorio un día necesitabas otros tres para recuperar el tiempo perdido. No lograba imaginar cómo habría compaginado su profesión y el estudio con la vida en pareja. ¿Es que acaso no dormía? Probablemente no hubiera estudiado tanto como decía. O tal vez no estaba tan felizmente casado. Por supuesto no podía interrogarle acerca de su vida conyugal, sería de muy mal gusto.

—Perdone si me meto en algo personal, pero es que sus circunstancias me parecen extraordinarias. ¿A que edad tuvo su primer hijo?

Carlisle y Bella se miraron como si la pregunta fuese divertida, para desesperación de Grace.

—No se deje engañar por mi aspecto, soy mucho mayor de lo que aparento —contestó sin perder la sonrisa amable—. Entiendo lo que le inquieta. ¿Cómo pude estudiar medicina mientras criaba a mis hijos? —Grace asintió— Pues organizando muy bien el tiempo y contratando bastantes niñeras —dijo riendo.

Grace parecía decepcionada detrás de su sonrisa cordial. ¿De qué mundo de fantasía había salido ese hombre? Lo peor era que la respuesta tenía sentido. No se la creía, pero no podía ponerla en duda sin faltarle al respeto. Detestaba ser tan diplomática. Lo suyo era andarse sin tapujos y obtener la información que deseaba rápidamente. Sin embargo, por alguna extraña razón que no comprendía, había decidido ser amable con los recién llegado. En realidad sí que sabía el motivo de su decisión, aunque jamás permitiría que ese pensamiento tomara forma en su mente: el doctor Cullen la había cautivado desde el primer momento.

—De acuerdo, me he metido donde no me llaman —resolvió con elegancia—. Pero hay algo sobre lo que sí que pueden responder. ¿Por qué han venido a Pandora?

—Para participar en la investigación —contestó Bella con normalidad, como si fuera obvio.

—Pero… ¿todos? —preguntó con Grace con incredulidad.

—Sí —respondió Carlisle con un encogimiento de hombros.

Grace los miró como si hubieran hablado en otro idioma.

—No me he expresado bien —se disculpó mostrando las palmas de las manos—. ¿Por qué han venido todos? No me dirá que sus hijos se alistaron en el ejército por la investigación.

—Oh, no, pero no iban a quedarse en la Tierra mientras sus bellas mujeres estaban aquí —muy a su pesar, a Grace se le escapó una sonrisa. Carlisle decidió que era momento de ponerse un poco serio—. Hace mucho tiempo que la Tierra no es un lugar bonito para vivir. La naturaleza agoniza, la tercera guerra mundial está a la vuelta de la esquina, y los medios de comunicación masiva convierten a las nuevas generaciones en gilipollas redomados, perdone mi lenguaje. Es un mundo decadente por el que ya no sentimos el apego que deberíamos —marcó una pausa dramática, como si estuviera intentando dominar sus emociones—. Viendo la oportunidad de viajar al espacio, decidimos que no podíamos dejarla pasar. Creo que usted también comprende ese sentimiento.

Grace parpadeó al sentirse aludida. Era cierto que ella se sentía más atraída por Pandora que por la Tierra, pero sus motivos eran diferentes. No cambió de planeta por odio hacia la Tierra, sino por amor a Pandora. Ellos todavía no podían comprender eso, pero sin embargo se habían acercado bastante.

—¿Y por eso decidieron viajar a una colonia minera en un entorno hostil?

—Es un buen resumen, sí.

Grace estaba a punto de darse por vencida. Dada la insólita situación (ocho Cullen en Pandora) esperaba un diálogo complejo y lleno verdades a medias, que tendría que desenmarañar para descubrir el misterioso secreto detrás del éxodo de la familia. Pero la apariencia bonachona y simple de Carlisle la había desarmado por completo. No era fácil sospechar algo retorcido de un ser tan adorable, y acusarlo directamente de ocultar secretos parecía una blasfemia.

Hubiera querido preguntar por qué eran todos tan pálidos, o tan bellos, pero se hubiera sentido como una idiota. Debería dejarlo para otra ocasión. En cualquier caso, no era de muy buena educación tratar con tanta desconfianza a los recién llegados, a pesar de que eso nunca le había importado lo más mínimo. Grace dudaba seriamente de que fueran de gran utilidad, pero se merecían su oportunidad para demostrarlo.

—De acuerdo, todo en orden —admitió—. Os enseñaré el laboratorio, y mañana os incorporaréis al trabajo.

—Fantástico —celebró Carlisle—. Será un placer trabajar para el proyecto.

Grace no dijo nada, pero sonrió. Salieron del despacho de la doctora para recorrer el laboratorio. No había más que echar una ojeada para adivinar que contaban con un presupuesto decenas de veces superior a los laboratorios del hospital de Carlisle en la Tierra. Unas cuantas paredes de cristal más allá, un científico regordete de pelo negro rizado enseñaba otra zona del laboratorio a Esme, Alice y Rosalie. Alice les saludó discretamente con una sonrisa antes de volver a concentrar su atención en la explicación.

—Doy por supuesto que saben cómo funciona un laboratorio… —tanteó Grace.

—Tenemos experiencia en el trabajo de laboratorio, pero no era nuestra especialidad. Mi lugar habitual era el quirófano. De todos modos no creo que tardemos mucho en adaptarnos al ritmo de su equipo.

—Yo lo tengo algo más reciente —comentó Bella con aire casual—. El último año pasé bastante tiempo con unos cultivos de bacterias para una empresa farmacéutica, aunque el laboratorio que utilizaba era mucho más modesto que este. La mitad de las máquinas que hay aquí solo las había visto antes en catálogos.

Grace se dio cuenta de que se había distraído con la musicalidad de la voz de Bella. En esos momentos deseaba terminar con la entrevista cuanto antes. Entre el irresistible atractivo de Carlisle y el aura de perfección que desprendía Bella se estaba distrayendo demasiado, y no soportaba que su sentido crítico no estuviera al 100%. Todavía tenía muchas preguntas que hacerles sobre la extraña forma en la que habían logrado entrar en el proyecto siendo perfectos desconocidos, pero no lograba formularlas. Casi se sentía culpable sospechando de ellos. "Por el amor de Dios, Grace, ¿qué demonios te pasa?".

Por su parte, Carlisle y Bella seguían de cerca las tribulaciones de Grace a través de su lenguaje corporal y el temblor de su pulso. El improvisado plan de Carlisle estaba funcionando mejor de lo que se habían atrevido a esperar. Carlisle simuló un estornudo. Cubriéndose la mano con la boca susurró a toda prisa:

—Va a darse por vencida. No le des conversación.

Esperaron unos segundos hasta que Grace se decidió a hablar.

—De acuerdo. Id con Max, el del pelo rizado que está enseñando el laboratorio a las otras tres. No os cortéis en preguntarle cualquier cosa sobre el funcionamiento del laboratorio, le pagan para eso. Yo volveré a mi trabajo.

Grace hizo ademán de darse la vuelta para irse pero Carlisle le tendió la mano para despedirse con un cordial apretón. Grace se la estrechó ("Que fría la tiene"), y entonces Carlisle desplegó su arsenal de dulzura. Envolviendo la mano de Grace cálidamente le dedicó la más encantadora de sus sonrisas.

—Será un placer trabajar con usted.

Grace se sonrojó como una colegiala. Esbozó una sonrisa nerviosa como respuesta y se alejó apresuradamente para encerrarse en su despacho.

—Carlisle, eso ha sido muy bajo —le reprochó Bella.

—No lo voy a negar. Me confieso culpable —contestó Carlisle.

Se miraron a los ojos y no pudieron contener la risa más tiempo. Varios técnicos los miraron sorprendidos por la belleza del sonido, pero en seguida volvieron a ignorarlos. Atravesaron el laboratorio para reunirse con el otro grupo de vampiros en su visita guiada.

—Pero volverá a hacer preguntas, y esta vez estará preparada mentalmente —advirtió Bella.

—Eso me temo. La tapadera de Lawrence es perfecta sobre el papel, pero no resistiría un asalto si nos interroga abiertamente.

—¿Qué podemos hacer?

Carlisle lo pensó varios segundos.

—Quitarle las ganas de preguntar.

— ¿A una científica? —preguntó Bella con escepticismo— Lo dudo.

—Estaba pensando en darle la información que necesita pero sin que tenga que hacer las preguntas. Tendrá que ayudarnos Alice. Si sabemos lo que quiere preguntar exactamente, podemos darle las respuestas de forma casual en una conversación normal.

—Así es más difícil sospechar que estemos mintiendo —murmuró Bella comprendiendo.

—Lo más importante es que podemos permitirnos tener lagunas en lo que digamos. Podemos construir la historia de nuestro viaje poco a poco, sin necesidad de demostrar lo que decimos y sin que nadie tenga que ponerlo en duda. Si conseguimos que Grace crea que conoce la historia no tendremos que preocuparnos más.

Alcanzaron al grupo y se unieron al recorrido sin decir nada. Carlisle buscó la cercanía de Esme instintivamente. El tal Max estaba explicando con genuino entusiasmo las características de la última máquina de análisis de ADN que les habían mandado desde la Tierra. Al parecer le había ayudado a rastrear un mismo gen en diferentes especies vegetales del astro hacía dos meses escasos, lo que suponía un paso de gigante en la comprensión de la evolución de la vida de Pandora.

Esme, Rosalie y Alice no hablaban mucho. El tema de por sí no les interesaba gran cosa, y toda la información extra que Max aportaba para amenizar las explicaciones resultaba un poco exasperante. Ya sabían lo suficiente del funcionamiento del laboratorio como para empezar a trabajar, pero la charla no terminaba. Rosalie interrumpió educadamente a Max aprovechando el momento en que tomaba aire tras una frase particularmente larga.

—¿Y cómo consiguen las muestras para analizarlas?

Max quedó confuso un momento por la interrupción, pero respondió con normalidad.

—Cada poco tiempo se hace una pequeña expedición a la selva para recolectar muestras naturales de plantas, hongos y pequeñas formas de vida. Mejor no le comentéis nada a Grace —advirtió, medio en broma medio en serio—. Últimamente no encuentra a ningún auxiliar dispuesto a salir ahí fuera, así que como manifestéis interés os llevará con ella queráis o no.

La información captó por completo la atención de los Cullen. Max advirtió un ligero cambio en su expresión, pero lo interpretó como simple miedo ante la perspectiva de meterse de lleno en la selva. Por eso le sorprendió tanto la respuesta de Esme.

—Podría ser interesante. En la Tierra ya no quedan selvas naturales, y ya que estamos aquí… —

—Hazme caso, este no es un buen destino turístico —interrumpió Max—. A mí me convenció una vez, una sola vez, y casi pierdo la vida. Para ella es muy fácil jugar a los exploradores con ese avatar de tres metros y pico, pero si se acerca un depredador los demás no podemos ni siquiera huir. Es una gran científica, pero cuando se mete en ese cuerpo se olvida de que los demás somos humanos. Yo creo que se olvida de que ella misma lo es.

— ¿Entonces Grace no va sola? —prosiguió Esme inmutable.

—No, siempre va con algunos ayudantes para recolectar muestras y una pequeña escolta para mantener a raya a los depredadores más "pequeños". Tan solo uno o dos soldados. Un grupo mayor podría atraer demasiada atención. Pero hacedme caso, no vayáis —dijo con vehemencia.

Bella pensó que la situación parecía casi cómica. El humano estaba rodeado y acorralado por cinco vampiros bebedores de sangre, y no se le ocurría otra cosa que negarles su alimento. O al menos sería cómico si no se tratara de una cuestión tan crucial. Se notaba que estaban más interesados de lo que sería razonable en exponerse a los peligros de Pandora, pero al ser tan jóvenes Max podría achacarlo a su impulsividad. De todos modos no iban a obtener mucha más información de él, porque se había puesto en movimiento y continuaba con el recorrido por el laboratorio.

Los Cullen disimularon su alivio cuando la charla terminó. Una de las desventajas de sus amplias capacidades mentales es que por mucho que se aburrieran no llegaban a desconectar. Recordaban con total claridad cada uno de los minutos de soporífero monólogo. Era sorprendente la cantidad de anécdotas que podían suceder en un laboratorio, y lo absolutamente insignificantes que podían parecerle a alguien que no estaba ahí cuando ocurrieron.

Al no tener que trabajar ese día tenían muchísimo tiempo libre, así que buscaron una rincón apartado de oídos indiscretos donde poder hablar. Cogieron los kits de filtrado de aire que les habían entregado y se dispusieron a explorar la base. El comedor del complejo resultó ser un buen sitio, con la cantidad necesaria de ruido ambiental para que nadie oyera su conversación. Varias mesas de gran longitud cruzaban la estancia de un lado a otro, y sobre ellas se distribuían caóticamente los comensales. Había varias personas con bata blanca tomando una cena temprana. Algunos se sentaban juntos y charlaban con entusiasmo de Dios sabe qué, pero la mayoría comían solos rápidamente, sin duda con prisa por volver al trabajo. Había también unas cuantas decenas de soldados que seguramente estaban encargados de las guardias nocturnas. Nadie parecía haberse fijado en ellos.

—Bien, ¿qué os parece este planeta? —empezó Carlisle con una gran sonrisa.

—No es tan malo como pensé —admitió Rosalie sin demasiado entusiasmo—. Supongo que podremos adaptarnos.

—Aunque una redecoración no le vendría nada mal —apuntó Alice—. ¿Todos los laboratorios son tan monótonos? Entiendo que tiene que dar la sensación de limpieza, pero…

—Es lo que hay. Una vez que estemos trabajando catorce horas al día no tendremos mucho tiempo de fijarnos.

—No está tan mal —opinó Esme—. A mí personalmente me parece que tiene un aire sofisticado bastante interesante. Los inmortales deberíamos probar cosas nuevas de vez en cuando.

—Veo que hay diversidad de opiniones, por llamarlo de algún modo —dijo Carlisle divertido. Sin perder la sonrisa miró discretamente a su alrededor y prosiguió en un susurro—. Pero vamos a solucionar hoy lo más urgente. ¿Max dijo algo importante antes de que llegáramos Bella y yo?

—Algunos detalles sobre el trabajo que debemos tener en cuenta, pero mejor hablamos de eso después —informó Alice—. ¿Cómo os fue al final con la doctora?

Según formuló la pregunta asintió al predecir la contestación, pero no comentó nada. A Bella todavía le hacía gracia esa característica de Alice: si no hacía ese gesto inmediatamente tras preguntar es que no iba a recibir la respuesta. A menudo ocurría cuando quería conocer la opinión de sus hermanas sobre su nuevo look recién estrenado.

—Ha ido muy bien. No se ha atrevido a presionarnos demasiado y de momento ha aceptado la idea de que somos una familia de cuento de hadas.

—Además ha descubierto que todavía le gustan los hombres —dijo Bella con picardía—. Esme, no bajes la guardia.

La mesa estalló en carcajadas, salvo por Carlisle que estaba demasiado avergonzado para disfrutar plenamente de la situación.

—Tal vez me he excedido un poco… —murmuró.

—Espero no encontrar sangre de otra mujer en tu ropa —dijo Esme con tono desconfiado. Ahora hasta Carlisle se rió.

Se dieron cuenta de que unos soldados que se sentaba cerca les estaban observando absortos, aunque al ser pillados desviaron rápidamente la vista. La risa de los vampiros era un reclamo poderoso para sus oídos. Carlisle retomó el tema.

—Grace volverá al ataque cuando supere la vergüenza, aunque ahora que lo pienso podría intentar perfectamente hablar con vosotros. Alice, vas a tener que estar bastante atenta para evitar que tenga la oportunidad de interrogarnos a fondo.

—Necesitaré unos días para ponerme a tono —calculó la vampiresa—. Este planeta es muy diferente y me cuesta mucho utilizar mi don. Más o menos puedo ver lo que sucede dentro del perímetro de la base, pero la naturaleza de Pandora me bloquea de una manera parecida a los hombres lobo. Y claro, hay interferencias todo el rato.

—Es curioso… —comentó Carlisle pensativo. Sacudió la cabeza— Da igual, haz lo que puedas. Necesitamos saber qué preguntas quiere hacer, para darle la respuesta de forma casual, espontánea. ¿Que quiere saber en que universidad nos formamos? Pues ese día alguno deja caer en el desayuno alguna anécdota en la facultad de medicina de Pensilvania. Así no debería sospechar que estamos mintiendo descaradamente. Si aguantamos el tiempo suficiente como para que encuentre la respuesta que busca a sus preguntas, creo que se dará por contenta y se olvidará de nosotros.

La familia evaluó rápidamente la propuesta.

—Me parece buena idea —aprobó Rosalie, secundada por un asentimiento de Esme.

—Puede funcionar —dijo lentamente Alice con la mirada fija en un punto indefinido de la mesa—. Mañana tiene pensado hacer preguntas a Esme sobre maternidad, en algún momento después de la hora de comer. ¿Alguien sabe si ha tenido hijos? —preguntó volviendo a la realidad.

—Ni idea —contestó Bella—. No creo que hable mucho de su vida personal con la mayoría del personal, pero algo así deberían saberlo. Preguntaré mañana por ahí.

—Me parece que en ese tema eres la única experta de la familia —dijo Esme con una sonrisa llena de ternura—. No sé si sabría inventarme una experiencia vital así.

—Vamos, Esme, te sabes la teoría de memoria, y además has podido cuidar de una niña preciosa. ¿Qué más necesitas? —la animó Rosalie.

"Un hijo", pensó Bella. La maternidad era un tema muy sensible para las vampiresas. Era el mayor sacrificio que hacía una mujer al convertirse en inmortal: la capacidad de crear y albergar vida. No importa cuántos años pasaran, la inquietud por ser madres siempre estaba ahí, grabada a fuego en sus cerebros de piedra. Había bastado para que Rosalie odiara a Bella por renunciar inconscientemente al que era el sueño imposible de las mujeres de la familia.

—Se supone que estabas estudiando o empezando a trabajar cuando nacieron los chicos, así que puedes decir tranquilamente que no tuviste mucho tiempo para estar con ellos —propuso Alice.

—Incluso que alguna vez tenías que llevarlos contigo al laboratorio cuando no encontrabas niñera —añadió Bella.

—Eso podría explicar fácilmente por qué acabaron casados con unas técnicos de laboratorio. Me gusta —aprobó Carlisle—. Puede atribuirlo a una relación de dependencia con su madre, o un complejo de Edipo mal superado, o cualquier trauma relacionado con ello. Esa es la idea, que crea que conoce la verdad. Qué demonios, hasta yo podría creérmelo.

—Decidido entonces —sentenció Esme—, esa es nuestra historia. Habrá que poner a los chicos al corriente, por si acaso…

—Los podremos ver en seguida —predijo Alice—. Parece que tienen prevista una charla… más bien una arenga con un alto mando del ejército. Por favor —bufó—, puedo ver cada palabra que va a usar. Es un discurso sobre seguridad que suelta cada año a los novatos para asustarlos. Menuda imaginación.

—¿Cuánto falta?

—La reunión terminará en unos diez minutos y vendrán directamente aquí… Después nos explicará que captó nuestros pensamientos por casualidad al pasar cerca y por eso sabe dónde estamos.

—Mientras tanto tendríamos que pensar bien lo de las expediciones —consideró Rosalie.

—Sí, claro —dijo Carlisle—. Por lo que ha dicho Max, Grace estará encantada de llevarnos, pero quizá no podamos ir todos a la vez. Además será un viaje corto y con un objetivo muy específico. Será complicado escabullirse el tiempo suficiente para cazar sin ser sorprendido.

—Aquí los animales no conocen nuestro olor, y no huirán de nosotros —dijo Bella—. Eso podría darnos una pequeña ventaja de tiempo mientras nos adaptamos.

—Seguro que nos será útil —concedió Carlisle—, pero no es suficiente. Si no podemos ir todos, habría que recoger sangre para los demás, pero eso es prácticamente imposible. No hay manera de que podamos cazar bajo la supervisión de Grace.

—¿Y qué pasa si Grace no va? —sugirió Rosalie.

—¿A qué te refieres?

El ceño fruncido de Alice no presagiaba nada bueno.

—Podría tener un accidente que … ¡esperad! Dejadme terminar. No hablo de matar a nadie. Ella va con su avatar, ¿cierto? —unos asentimientos silenciosos de cabeza— Pues podríamos apañar las circunstancias para que el avatar quedara inutilizado una temporada.

—Podría ir ella misma, eso no la detendría.

—Pues le rompemos una pierna —respondió Rosalie al instante—. Francamente, me da igual. Prefiero eso a tener que apretar los puños cada vez que la sed me empuje a matarla —dijo con dureza.

La reacción de los demás fue mirar a Carlisle. Él era el líder y guía del aquelarre, y era su deber tomar las decisiones drásticas. Si a él le parecía correcto, entonces los demás lo harían. Si él se oponía, los demás se fiarían de su juicio, incluso en contra de sus propios sentimientos.

—Rose, sabes que eso no sería una buena idea —dijo con calma—. Podría suspender las expediciones mientras ella estuviera inactiva, y eso sería aún más nefasto para nosotros.

—Carlisle, tenemos salir ahí fuera sin vigilancia. Tenemos que intentarlo sea como sea —dijo con vehemencia—. ¿Y sí los animales de Pandora no nos alimentan? Sería terrible descubrirlo cuando se nos hayan acabado las reservas de sangre. Incluso si intentamos sintetizar sangre de animales de la tierra, o tenemos que montar una campaña de donación de sangre para alimentarnos de humanos controladamente, necesitamos tiempo suficiente para prepararlo. No podemos esperar.

—Pero hay que esperar, Rosalie. Tenemos que ganarnos la confianza de Grace, y entonces tendremos más libertad de acción.

— ¿Tanto como para organizar nuestras propias expediciones? —preguntó Esme.

—Tal vez. ¿Quién sabe? A lo mejor tras demostrar que somos de fiar… —hizo un esfuerzo notable para continuar— tal vez entonces pueda tener un "accidente", y me deje al cargo de las expediciones mientras ella no está. Pero no antes, ¿entendido? Y mientras tanto buscaremos un plan B. Y no hay que olvidar que llevaremos escolta humana, así que habrá que ir con precaución.

—¿Y no podríamos ir con tres soldados particularmente pálidos? —sugirió Bella.

Alice asintió.

—Sí, es viable. Habría que hablar con su superior para que los releve de sus tareas, pero no es nada que un escote y unas insinuaciones no puedan conseguir. De todos modos… vaya, es extraño. No estoy seguro de que su actual superior siga vivo mucho tiempo, aunque no puedo ver cuándo muere. Después avisaré a Jasper para que le salve.

—Así le deberá un buen favor y podrán venir con nosotros. Muy conveniente —sonrió Bella.

—Parece que ya tenemos un plan de acción: esperar —ironizó Rosalie.

—Exactamente —dijo Carlisle—. Nos tomaremos esta primera semana para construir nuestra historia y calmar las sospechas de Grace. Mientras tanto manifestaremos nuestro interés por participar en las expediciones y trataremos de salir con ella lo antes posible. Por otro lado, nos aseguraremos de que Edward, Emmett y Jasper puedan acompañarnos de escoltas en las expediciones más adelante, ya sea forzando la situación o intercambiando favores. Personalmente, prefiero un intercambio de favores.

—A veces me gustaría quemar mi don con ácido —murmuró Alice sombríamente.

—Es cierto, llevas esforzándote mucho desde que empezó toda esta locura —dijo Esme compasiva—. Pero tienes que hacer un esfuerzo más, Alice. Ojala hubiera otra manera.

—Lo sé, lo sé. Pero si llegamos a montar nuestras propias expediciones piloto yo, que quede claro.

—Viene gente —advirtió Rosalie.

Un empleado del comedor se acercaba con una bandeja en la que llevaba cinco jarras de cerveza. Su expresión era cordial, pero sus movimientos revelaban cierta tensión. El hecho de que los cinco Cullen se volvieran a mirarle no le ayudó a relajarse. Al llegar hasta ellos depositó elegantemente la cerveza en la mesa como si acabara de servir el plato principal de un banquete real.

—Bienvenidos a Pandora —dijo con jovialidad—. La buena bebida es muy escasa aquí, pero el jefe de cocina les invita a una ronda —acabó mirando a Rosalie de reojo.

Se hizo un silencio increíblemente incómodo cuando nadie trató de coger una jarra. Al camarero se le quedó la sonrisa congelada en la cara mientras se preguntaba qué demonios había hecho mal. Bella respondió precipitadamente, y su voz desentonaba tanto con el silencio que el camarero dio un respingo.

—Muchas gracias, pero no bebo.

—Lo cierto es que yo tampoco —se apresuró a añadir Alice.

—Ni yo.

—Yo tampoco.

—Para nada.

El camarero los miró de hito en hito con la boca ligeramente abierta y emitiendo un ténue "eeeeeh…" sin darse cuenta.

—Claro, qué tonto soy —soltó una carcajada algo forzada—. Hay que cuidar esas neuronas, ¿verdad? Claro, por supuesto. Hay que tener cuidado con la herramienta de trabajo, sí… Me las llevaré de vuelta, qué tontería.

Y sin dejar de reír alegremente cogió la bandeja de nuevo y se alejó rápidamente. El tintineo de las jarras lo acompañó hasta la puerta de las cocinas.

—Creo que piensa que nos ha ofendido al ofrecernos alcohol —musitó Alice—. Va a quejarse al jefe de cocinas por haberle hecho quedar como un patán delante de esas preciosidades, palabra por palabra.

—Ni siquiera se me había ocurrido pensar en la comida humana —dijo Carlisle preocupado—. Desayunos, almuerzos y cenas. Tenemos que buscar una excusa, para saltarnos las comidas, la que sea.

No era el único que estaba alarmado. Ningún vampiro en la historia del vampirismo habría aceptado seguir una dieta humana normal. Un día, puede. Dos, si era necesario. Tres, con mucha fuerza de voluntad. A partir de ahí preferirían arrancarse la piel a tiras que probar otro bocado. En la Tierra nunca habían tenido problema para disimular sus peculiares hábitos alimenticios, pero ahora no estaban en la Tierra. Si se sentaban en la mesa y nunca comían nada, llamarían la atención tarde o temprano.

—Que no cunda el pánico —habló Bella—. Se me ocurre una idea. ¿Nunca habéis oído ese truco para irse sin pagar de un bar aprovechando el cambio de turno?

—¿No? —contestó Rosalie.

—Se trata de quedarse en la mesa hasta que los camareros cambian de turno, y cuando te viene a cobrar el nuevo, le dices que ya le habías pagado a su compañero hace rato.

—Mejor no preguntaré por qué conoces esa estrategia… —dijo Alice con malicia.

—…o por qué has pensado tan rápido en ella —añadió Rosalie.

—Muy graciosas —su mirada no invitaba a seguir con la broma—. La verdad que nunca vi que nadie la usara con éxito, peor a nosotros podría servirnos. Sería cuestión de utilizar una variante del truco. Nos sentamos en una mesa recién utilizada y un rato después nos levantamos. Si alguien pregunta, esa era nuestra comida. Aunque no nos vean comer pensarán que ya lo hemos hecho.

—Supongo que podría funcionar —aprobó Esme—. Al menos durante un tiempo.

Rosalie miró a la pila (aunque siendo justos se la podría llamar torre) de bandejas y cogió aire para hablar.

—Pido permiso para pediros que lo olvidéis —dijo abatida.

—Cuando era humana solía comer muy poco —dijo Rosalie, haciendo un esfuerzo titánico por no burlarse de Bella—. Para que no pareciera que dejaba toda la comida en el plato lo extendía por los bordes, y daba la sensación de que había mucho menos. Es evidente que dejas mucho, pero parece que al menos has comido algo. Nadie lo verá raro si simplemente parece que comemos poco.

La idea de Rosalie quedó sin recibir la evaluación del grupo, porque en ese momento el trío de vampiros que faltaba entró en el comedor. Salvo Alice, era la primera vez que los veían en cinco años. Estaban imponentes vestidos con el uniforme militar, no podrían parecer más elegantes ni con traje y corbata. Los vampiros eran poco propensos al fetichismo (¿para que distraerte con juegos cuando puedes hacer el amor durante días?), pero Edward pudo comprobar como las tres vampiresas se convertían en la excepción a la regla en ese preciso instante.

Si Bella se hubiera fijado en Emmett o Jasper podría haber apreciado la manera en que el uniforme parecía sacar a relucir su carácter, pero sólo tenía ojos para Edward. Sus rasgos de mármol eran más bellos que nunca. La mirada de sus ojos ambarinos se clavó en ella, y de pronto se dio cuenta del tiempo que había pasado desde la última vez que pudieron disfrutar de su amor en la intimidad. Maldita Alice afortunada. El uniforme militar le daba un aura de fuerza y autoridad que resultaba tremendamente seductora. Bella no sabía que le gustaban los uniformes hasta ese momento. Podía imaginarse perfectamente desnudando a Edward en la casita que les habían regalado Esme en Forks, donde todavía iban de vez en cuando para pasar semanas enteras entregados a sus instintos.

El deseo la inundó como un torrente de emociones. No podía contenerse ni un segundo más. Se levantó de su sitio y lo abrazó con todas sus fuerzas. Tan solo se separó unos centímetros para buscar sus labios y besarle furiosamente, como si fueran una fuente de agua limpia y ella llevara años perdida en el desierto. Las dos manos se le antojaban insuficientes para acariciar el rostro y el cuerpo de su vampiro: necesitaba sentirlo todo a la vez, necesitaba sentirle dentro de su ser. La gente los miraría, pero no importaba. Sólo existía Edward, y nada más era necesario. El universo giraba alrededor de ese beso apasionado, y ambos eran conscientes de ello.

Cuando por fin se separaron, tan solo un centímetro, Edward habló. Bella se dispuso a escuchar sus palabras como si fueran a desentrañar el sentido de la vida.

—Llevo más de un siglo deseando verte comer comida humana. Esta vez no te escapas.

Edward estalló en carcajadas ante la cara de desconcierto de su mujer. La risa atronadora de Emmett no tardó en escucharse, y pronto lo siguieron Jasper y los demás. La expresión de Bella era todo un poema. No solo estaba desconcertada por el súbito cambio de tema de Edward, sino que cuando asimiló sus palabras, sintió auténtico miedo: Bella huía de la comida humana como los animales del fuego. También sintió una buena dosis de rabia por la cara de satisfacción de Edward, para qué negarlo: al final conseguiría cazarla. Entre tantas emociones distintas se había quedado bloqueada: como cuando era humana, pero esta vez sin la excusa de ser imperfecta. Sin embargo era maravilloso comprobar que, por muchos siglos que pasaran, Edward siempre conseguiría sorprenderla. Siempre seguiría infinitamente fascinada por su amor eterno. Bajó su escudo mental, y con el siguiente beso le dijo todo esto y más.


NOTAS DEL AUTOR: Por fin los Cullen se reencuentran en su nuevo hogar, y un futuro lleno de esperanza amanece para ellos, con arcoiris en el cielo y unicornios en las praderas. ¿Lograrán salvar su falsa coartada de la curiosidad de la doctora Augustine? ¿Encontrarán Bella y Edward un lugar donde *ejem* recuperar los momentos íntimos perdidos? ¿Podrán hallar la manera de alimentarse antes de quedarse sin reservas de sangre? Lo veremos en el próximo capítulo.

Mini enciclopedia ilustrada:

-Como ya apunté en capítulos anteriores, tras pasar mucho tiempo en ingravidez, el organismo necesita readaptarse a la gravedad. Mientras tanto puede experimentar mareos, náuseas, debilidad, anemia, y otros tantos efectos desagradables. Es comprensible que no pongan a nuestros protagonistas a trabajar en su primer día, porque no estarían en condiciones de cumplir su labor (y menos una que requiere tanta concentración). Sin embargo no les van a dar una semana de vacaciones nada más llegar. Uno o dos días y a ganarse el pan como todos los demás. No me pareció descabellado que les introdujeran inmediatamente en su nuevo ambiente. Si esperan a que estén en plenas condiciones para enseñarles el sitio, se pierde un día de trabajo, y la doctora Grace no quiere eso ;-)

-La base de Hell's Gate cuenta con un pequeño laboratorio donde el equipo científico puede realizar pruebas y experimentos con las muestras que recogen de la selva. El objetivo es encontrar medicinas y drogas naturales que puedan comercializarse en la Tierra. Por supuesto eso no impide que un biólogo se deje fascinar por la naturaleza de Pandora e investigue todo lo que encuentre, sea lucrativo o no :)