CAPITULO 2: BÚSQUEDA
Año 14 después del nacimiento de Atena
Campos Elíseos, Inframundo
Hades se dejó caer sobre su trono y suspiró de mala gana. Nuevamente, como ha venido sucediendo era tras era, Atena lo había vencido. A partir de ahora, tendría que revivir a sus espectros y ponerlos a trabajar en la reconstrucción del Inframundo. Su único consuelo es que Atena de igual manera tendría que hacer otro tanto con su Santuario. Sonrió levemente, pensando en lo bien que habían hecho sus espectros en dejar un desastre en el Santuario de su enemiga. La sonrisa se le borró al recordar lo mucho que quedó dañado el Inframundo, y suspiró de nuevo. Tal vez sería una oportunidad para hacer algunos cambios, le preguntaría a Perséfone si tenía alguna idea.
Perséfone.
Hades volvió a suspirar. No estaba acostumbrado a no saber donde estaba su reina. No es que no estuviera acostumbrado a su ausencia en tiempo de verano, cuando su amada pasaba el tiempo en casa de su maniática e histérica suegra. Hades sonrió al recordar como hacía rabiar a su hermana Deméter cuando la llamaba suegra. También se encontraba ausente en cada era, antes de traerla por primera vez a su mundo, cuando tenía que poco a poco conquistarla una y otra vez hasta que lo aceptaba. Pero en esos casos, Hades sabía donde buscarla. Sabía cual era su nombre mortal y en donde vivía. Esta era había llegado de manera diferente a lo acostumbrado. Ni Hypnos, Thanatos o Pandora sabían decirle donde se encontraba su reina. Miró a su alrededor tristemente. Los Campos Elíseos parecían el mismo Tártaro sin ella.
Hypnos llegó ante Hades y se arrodilló.
-Mi señor- dijo el dios del sueño- lamento portar malas noticias, pero...-
-No la has encontrado- completó Hades tristemente.
Hypnos entrecerró los ojos, en un gesto para contener las lágrimas. Él siempre había sido el favorito de su reina, ya que ella prefería el sueño, y le frustraba no haberla encontrado. Ya había recorrido medio mundo en su busca y no había señal de ella.
-Mi señor...- dijo Hypnos, luchando por que no se le quebrara la voz- no sé si es buena idea, pero me gustaría... ir a consultar a las Parcas-
Hades alzó una ceja. No era normal que Hypnos se mostrara voluntario a visitar a esas tres. Usualmente era Thanatos quien hacía ese tipo de encargos.
-¿Estás seguro?- preguntó Hades, mirándolo dudoso.
-Estoy seguro, señor- dijo Hypnos- todos estos años no he dejado de buscar... y no logro encontrarla. No tenemos opción, necesitamos la ayuda de las brujas...-
Hades sonrió y se puso de pie.
-Vamos- dijo Hades- yo también quiero ir. Ya estuve esperando mucho tiempo-
Los dos dioses salieron de los Campos Elíseos hacia la morada de las Parcas.
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Madrid, España
Los autos y las motocicletas que circulaban por las calles se apartaban de los carriles principales para darle paso a una lujosa limosina. Los madrileños que caminaban por la acera miraban curiosos aquel extraordinario vehículo cuando pasaba cerca de ellos, preguntándose de quien se tratará.
-Que hermosa ciudad- exclamó una chica de veinte años, de piel blanca y cabellos negros, mirando a través de la ventanilla polarizada.
-Esta es la ciudad en la que naciste, querida Constanza- dijo un hombre de cabello canoso- aunque solo estuviste en ella unas horas, no debes recordar nada de ella...-
-Yo sí recuerdo todo- dijo la chica rubia, un poco mayor que la otra- ¡mira, Stanzy, la puerta de Alcalá!-
La chica de cabellos negros casi pegó su nariz a la ventana para ver el monumento.
-Que impresionante- dijo la chica, llevándose la mano al cuello, a tocar su dije- es como el dije que me regalaste, tío...-
-Ya, tómenlo con calma, chicas, ya tendrán mucho tiempo para conocer la ciudad- dijo el hombre con una leve sonrisa.
Constanza sonrió y miró el estuche de violín que llevaba sobre su regazo. Aquel instrumento era su más preciada posesión, el último regalo de sus padres antes de morir. Abrió el estuche y sacó el violín. Era precioso. Uno de los mejores instrumentos fabricados en la época moderna. Su madre le había dicho que si llegaba a ser lo suficientemente rica algún día podría comprarse un violín Stradivarius original, y secretamente ése había sido su deseo. Ahora, no quería otro instrumento que no fuese ese suyo, de madera adornado con flores de lis negras y blancas. No sabía porqué le gustaba tanto ese diseño.
-Constanza, guarda eso- dijo su tío- no querrás que se dañe...-
-No, tío- dijo ella, obedeciendo de inmediato, cerró la tapa del estuche y corrió las correas.
Se hizo un momento de silencio, en el que las dos chicas miraban por las ventanillas embelesadas y admiradas.
-Señor Vivaldi, en cinco minutos llegaremos- informó el chofer.
-Gracias, Alvaro- dijo el hombre canoso.
Pronto llegaron a una calle, llena de enormes edificios a ambos lados de la misma, para pasar a una gran plaza con un monumento en el centro.
-Esa era la gran vía- dijo el chofer- hemos llegado-
El chofer detuvo la limosina junto a un edificio de color blanco, negro y naranja, una enorme casa de tres pisos que ocupaba toda la manzana, con ventanales y balcones en el segundo y tercer piso. El señor Vivaldi y las dos chicas salieron de la limosina y miraron la casa.
-Se ve muy bien- dijo el señor Vivaldi, volviéndose a las chicas- me prometieron que esta casa sería mucho mejor que nuestra casa de París en les Champs-Elysées-
Las dos chicas se miraron entre ellas con emoción.
-Espero que sí, papá- dijo Eloisa, la rubia.
-Siempre me pregunté si les Champs-Elysées se parecen a los verdaderos Campos Elíseos de la mitología- dijo Constanza pensativa.
El señor Vivaldi le lanzó una mirada dura.
-¿Y porqué pensarás en eso?- dijo él- ya te he dicho que dejes de leer esas historias baratas de mitología. En especial las que conciernen al mundo de los muertos-
-Pero...- dijo Constanza, confundida.
-Más tarde hablaremos de eso- dijo el señor Vivaldi- vamos dentro...-
La limosina partió, y quedaron diez sirvientes en la entrada de la casa, quienes se inclinaron para dar la bienvenida a la familia Vivaldi. El hombre que se encontraba en el centro, el más elegante y refinado de los sirvientes, dio un paso delante.
-Julio, su mayordomo y más humilde servidor, señor Vivaldi- dijo el hombre.
-Gracias Julio- dijo el señor Vivaldi, después señaló a la chica rubia- ella es mi hija, la señorita Eloisa. Y ella es mi sobrina, la señorita Constanza- añadió señalando a la chica de cabellos negros que abrazaba su estuche de violín.
-Bienvenidas, señoritas- dijo Julio, inclinándose de nuevo- por favor, pasen-
Eloísa levantó su respingada nariz orgullosamente, y Constanza sonrió y se inclinó levemente.
-Gracias- dijo en voz baja Constanza, y Eloísa le lanzó una mirada de reproche.
Las chicas entraron a la casa, seguidas por el señor Vivaldi. El lujoso vestíbulo pasaba a convertirse en una sala ricamente amueblada y adornada. Las chicas miraron a su alrededor, embelesadas, admirando los cuadros y los muebles.
-Bueno, bueno, quiten esas caras- dijo el señor Vivaldi- o nuestros sirvientes pensarán que somos una familia de nuevos ricos...-
Los sirvientes se alarmaron, y murmuraron que jamás se les ocurriría pensar eso de una familia tan antigua y rica. Evidentemente, habían estado investigando sobre quienes serían sus nuevos amos una vez que la mansión fue alquilada. Por fin, la familia se detuvo delante de una escalinata.
-Mi hermosa Eloisa, tu habitación está en el ala oeste en el tercer piso- dijo el señor Vivaldi- María te acompañará-
Una de las sirvientes se dio un paso adelante y se inclinó.
-Gracias, papá- dijo Eloisa.
-Y Constanza, querida, tu habitación está en el ala opuesta a la de Eloisa- continuó el señor Vivaldi- Isabel te llevará a ella y te servirá mientras vivamos aquí-
Constanza volvió su mirada a la joven sirviente de su misma edad, de cabellos ondulados y negros, recogidos en un extraño peinado con un par de broches en forma de flores blancas. Ella también dio un paso hacia delante como María pero, a diferencia de la anterior, su inclinación fue más breve, sutil y menos exagerada, sonriendo a su nueva ama con una mirada amable. Constanza también sonrió.
-Gracias, Isabel- dijo Constanza.
-Bueno, vayan, hijas, tienen que descansar- dijo el señor Vivaldi- recuerden que mañana nos presentaremos ante la familia real de España...-
-Sí papá- dijo Eloisa. Constanza asintió y se volvió hacia Isabel.
-Bueno, Isabel, muéstrame el camino por favor- dijo.
Isabel volvió a inclinarse y extendió las manos hacia ella.
-Permítame ayudarla con eso- dijo Isabel. Constanza sonrió y sacudió la cabeza.
-No te preocupes, yo... yo puedo llevarlo- dijo Constanza.
Isabel la miró, extrañada, pero no respondió más que con un movimiento de su cabeza, y comenzó a caminar por la escalinata principal. Constanza la siguió en silencio. Unos minutos más tarde, Eloisa siguió a su sirvienta, quien cargaba con su abrigo y su bolso. Una vez sin las chicas, el señor Vivaldi tomó asiento en uno de los enormes sillones y, tras recibir de manos de uno de ellos una copa de licor, dispersó a los demás sirvientes. Cuando se quedó solo, sonrió para sí mismo.
"Por fin, después de veinte años puedo volver a esta ciudad sin el riesgo de que Hades venga por mi sobrina", pensó "hace doce años, su propia hermana se encargó de enmascarar a Constanza de sus ojos y, sin saberlo, cayó en mi trampa".
Apuró la copa.
"Proteger a Constanza de Hades fue lo mejor que se me pudo ocurrir e, inesperadamente, su talento me ha hecho uno de los hombres más ricos de Europa"
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Morada de las Parcas
Hypnos se había dirigido junto con Hades a la morada de las Parcas. Odiaba ir a aquel lugar, las Parcas definitivamente no eran sus favoritas entre los seres inmortales que habitaban el mundo, aunque con Thanatos la llevaban muy bien. Pero esta vez era distinto, él quería encontrar a su reina y haría lo que fuera, incluso ir a preguntar a aquellas brujas.
Una vez que llegaron, Hypnos tragó saliva. Hades sonrió al verlo, nervioso pero decidido. Sabía que, desde hacía varias eras, Hypnos había sido el favorito de su amada, y aquel cariño de Perséfone se había traducido en adoración del espectro hacia ella, y no había nada que Hypnos no hiciera por su reina.
Entraron a la morada de las Parcas, Hades con algo de tristeza, pero decidido; Hypnos un poco nervioso pero a paso seguro.
-¿Quién anda ahí?-
-¡Visitantes!-
-¡Pásame el ojo!-
-¿Quiénes son esta vez?-
-¡Dame el ojo!-
-¡Visitantes divinos!-
-¡Qué cosmos siento!-
-¡Divinos en realidad, no son semidioses!-
Las tres brujas comenzaron a hablar entre ellas, hasta que una, la que tenía el ojo, miró con él a Hades y a Hypnos.
-Oh, esto es un gran honor- dijo la Parca- el rey del Inframundo y el dios del Sueño nos visitan-
-Un gran honor sin duda- dijo otra de las Parcas- dame el ojo, quiero verlos-
-Espera tu turno- dijo la tercera- dame el ojo a mí, es mi turno-
-¿Y que hacen un par de dioses de la muerte en este lugar?- preguntó la primera Parca.
-Ya deben saberlo- dijo Hypnos, dejando de contener el aliento- hemos venido a preguntarles sobre Perséfone-
Las Parcas se agitaron y rieron nerviosamente.
-Sí, lo sabemos- dijo la tercera Parca- esta era ha sido de grandes cambios, sin duda...-
-Grandes cambios- dijo la segunda Parca, haciéndose con el ojo y mirando a sus visitantes- es muy extraño que después de veinte años de su nacimiento en el mundo humano, ningún espectro o dios en el Inframundo tenga idea de donde se encuentra su reina-
-Muy extraño- dijo la primera Parca.
-Pero no todo está perdido- dijo la tercera Parca- porque Perséfone vive y se encuentra a salvo, aunque ignorante de su condición divina-
"¡Vive!" pensó con alegría Hypnos. Su peor miedo, que su reina se haya perdido para siempre, se disipó. Hades, por su parte, no pudo suprimir una sonrisa.
-Así es, en estos momentos se encuentra viva, y bien, en la capital de España- dijo la segunda Parca- sin embargo, hay una mala noticia que deben conocer-
Hades e Hypnos borraron sus sonrisas casi de inmediato.
-Una fuerza divina ha rodeado a la reina de una oscura nube de confusión- dijo la tercera Parca- la envidia ha provocado que a pesar de mucho buscarla, no la hayan podido localizar en todos estos años-
-Hades deberá abrir su corazón y descubrirla a pesar de esa nube- dijo la primera Parca- o nunca la encontrará-
Las tres brujas comenzaron a retirarse.
-¡Esperen!- exclamó Hades- ¿cómo la encontraré? Díganme al menos cual es su nombre...-
-Abre tu corazón, Hades, o nunca la encontrarás...- se escuchó el murmullo de una de ellas, aunque en la oscuridad, ya no pudieron distinguir cual de las tres era.
El cosmo de Hades ardió hasta el infinito de puro enojo. Hypnos hubiera temblado si no se hubiera sentido igual de enfadado. ¿Quién había tenido las agallas de esconder a su reina de esa manera? ¿Cómo se atrevían a mantenerla apartada de su mundo, de su reino? Hades estaba seguro que, cuando descubriera su identidad, descuartizaría lenta y dolorosamente a quien osó poner esa máscara sobre el cosmo de su amada.
Un par de minutos más tarde, la ira de Hades se enfrió. Hypnos pudo sentirlo y se volvió hacia su señor.
-¿Qué haremos ahora, mi señor?- dijo Hypnos, aunque ya conocía la respuesta.
-Lo único que hay que hacer- dijo Hades- iré a España y encontraré a mi esposa. Vamos, volvamos al Inframundo a prepararnos-
Con estas palabras, Hades volvió a los Campos Elíseos, seguido de Hypnos.
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Madrid, España
Constanza se dejó guiar por Isabel por las galerías y los pasillos de su nuevo hogar. Miraba a todos lados y más de una vez estuvo a punto de tirar algo, mientras Isabel solo sonreía. Una vez que llegaron al final del pasillo del este, Isabel abrió una puerta y dejó pasar a Constanza.
La chica miró su nueva habitación, la cual ya había sido llenada con toda su ropa y sus pertenencias, debidamente acomodadas a lo largo de la habitación. Sonrió. Ni ella misma lo habría podido hacer mejor.
-¿Tu acomodaste mis cosas?- preguntó Constanza a Isabel.
-Sí, señora- dijo Isabel bajando la mirada.
-Te felicito- dijo ella- es... como si ya conocieras mis gustos...-
Isabel sonrió.
-Me alegra que le parezca bien- dijo Isabel.
-Me encanta- dijo Constanza.
Dejó su violín en una mesita junto a la mesa de la computadora portátil y abrió el closet, para comenzar a sacar ropa para darse una ducha. Isabel miró alternadamente al instrumento y a la chica un par de veces.
-Señora, ¿me permitiría hacerle una pregunta sobre su instrumento?- dijo Isabel en tono dudoso.
-Con la condición de que no me llames así- dijo Constanza, volviéndose hacia ella- quiero que me llames Constanza, o Stanzy, como me llama mi prima-
Las blancas mejillas de Isabel se ruborizaron.
-No... no puede pedirme eso, señora- dijo Isabel.
-¿Porqué no?- preguntó Constanza.
-No podría, sería una total y completa falta de respeto de mi parte- dijo Isabel- además, su tío me despedirá si llega a escucharme llamándola de esa manera-
Constanza hizo una mueca.
-Vale, si tu lo dices- dijo ella- hagamos un trato. Delante de mi tío y de mi prima puedes llamarme como quieras, pero cuando estemos a solas, quiero que me llames por mi nombre-
Isabel volvió a negarse, y Constanza insistió. Al final, la joven sirviente acabó cediendo al trato que mencionó su ama, aunque sin estar completamente de acuerdo. Entonces procedió a formular su pregunta.
-Usted le tiene mucho cariño a ese violín, ¿verdad?- dijo Isabel- ¿dónde lo consiguió?-
Constanza dejó su ropa sobre su cama y caminó hacia el estuche del instrumento. Lo abrió y sacó el violín, mostrándoselo a la española.
-Este violín fue el ultimo regalo de mis padres antes de morir- dijo Constanza tristemente- me dijeron que lo habían comprado aquí, en España- sonrió levemente- me dijeron que, aunque no podían explicarme las razones por las que tuvieron que salir de España, éste era su país favorito, porque yo nací en él-
-Ahora siento haber hecho esa pregunta, señ... digo, Constanza- dijo Isabel, haciendo sonreír a su ama ante tal corrección- no quise... ponerte triste-
-No lo hiciste- dijo ella, algo pensativa- es la primera vez que hablo con alguien sobre esto... quiero decir, ni mi tío ni mi prima han vuelto a hablar sobre mis padres desde lo que sucedió-
-Yo... no se que decir...- dijo Isabel, confundida. Había tenido dos amas antes de Constanza, ambas tan jóvenes como ella, pero jamás ninguna le había abierto su corazón de ninguna manera, y no sabía que decir.
-No digas nada, está bien- dijo Constanza, sonriendo de nuevo y volviendo a guardar su violín. Tomó su ropa y entró al cuarto de baño- tomaré una ducha-
-Claro- dijo Isabel. Y tomó asiento junto a la puerta del cuarto de baño, meditando en lo que acababa de suceder.
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Campos Elíseos, Inframundo
Pandora y Thanatos trataron en vano de persuadir a Hades de no hacer lo que se proponía. Los jueces también se oponían a su plan. El rey del Inframundo los ignoró. No estaba de humor para discutir con su hermana o el resto de los espectros. Ya había tomado su decisión.
-Señor, no puede ir al mundo humano sin protección- dijo Radamanthys.
-Señor, si me permite...- dijo Minos.
-Mi señor, no creo que sea una buena idea...- comenzó a decir Aiakos.
Pandora solo había abierto la boca para contradecir el plan de Hades una vez. Sus mejillas se habían enrojecido cuando Hypnos les relató todo lo que habían escuchado en la morada de las Parcas. ¿Acaso se referían a esa niña que ella había enmascarado con su humo negro hacía tantos años? No, ni siquiera esa vez había estado segura de que esa mortal malagradecida fuera su reina. Entonces, ¿para que la había nublado? Pues para evitar confusiones, ¿o no? Sus pensamientos fueron interrumpidos por la voz de Hades.
-¿Sin protección?- dijo Hades, respondiendo a la objeción que había ofrecido Radamanthys- ¿qué protección necesito? Ya les dije que iré disfrazado de mortal. Y llevaré mi casco de invisibilidad-
-Y yo iré con él- dijo Hypnos.
-¿También te disfrazarás de mortal?- dijo Aiakos sin dar crédito a sus oídos.
-Ten cuidado, hermano- dijo Thanatos en tono sarcástico- comete un error y te confundiré con un mortal... no te hará mucha gracia el resultado...-
Hypnos le lanzó una mirada asesina a su gemelo.
-Ya basta- dijo Hades, y todos callaron- estoy decidido. Ahora salgan todos de mi vista. Te veré con Caronte, Hypnos, ve a prepararte...-
Hypnos se inclinó y salió. Lo mismo hicieron los jueces y Thanatos. Pandora aún se quedó unos instantes más.
-Mi señor Hades- dijo Pandora- ¿porqué se encapricha con Kore una y otra vez? ¿Qué no sabe que su reina podría ser cualquier otra mujer, mortal o inmortal?-
Hades gruñó.
-Sabes que odia... odio que la llamen así- dijo él sin mirarla. Tanto él como Perséfone odiaban ese nombre que Deméter se empeñaba en usar para llamarla.
Pandora suspiró, aliviada. Al menos Hades le había respondido.
-Y no, nadie más que ella podría ser mi reina- añadió Hades.
-Mi señor- dijo Pandora- ya han pasado veinte años. ¿Qué hará si la chica, ignorante de su condición divina, ya ha unido su vida con la de otro hombre mortal?-
-Le quitaré la vida a ese mortal- dijo Hades sin dudar, encendiendo su cosmo.
-Mi señor...- comenzó Pandora, algo asustada.
-No lo sé, Pandora- dijo Hades, apagando su cosmo y ablandándose un poco, algo arrepentido de lo que acababa de decir- no sé que haré si ella amara a un mortal. La amo tanto que no me atrevería a lastimarla quitándoselo...-
-Es muy probable que sea así, mi señor- dijo Pandora, acercándose a él y poniendo una mano en el hombro del dios- no quiero que su corazón sufra una decepción. Quédese...-
Hades miró a Pandora unos instantes y, cuando ésta creyó que iba a ceder, tomó la mano de su hermana y la retiró de su hombro.
-Lo siento, pero tengo que correr el riesgo, por ella- dijo Hades- por favor, déjame, Pandora-
Pandora se retiró con tristeza, sabiendo que Hades iba a salir del Inframundo en una búsqueda vana, que no encontraría a Perséfone por la maldición que ella misma le había impuesto y, si lo hacía, le sería indiferente, cegada por el odio por la muerte de sus padres.
Una vez solo, Hades se vistió su disfraz de mortal y se miró al espejo. El hombre mortal que le miraba del otro lado era un joven apuesto de veinticinco años, de piel muy blanca y cabellos y ojos negros. Llevaba puesto un traje negro moderno y muy elegante. El dios del Inframundo se hizo una mueca. No le hacía mucha gracia el disfraz que acababa de elegir. Eso de disfrazarse de humano y andar sobre la tierra era cosa de su hermano Zeus, no suya.
-Por mi Perséfone- murmuró para sí mismo- todo esto es por mi Perséfone...-
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CONTINUARÁ…
Gracias por sus reviews! Espero que les esté gustando la historia, les entrego otro capítulo. Hasta pronto!
Abby L. / Nona =)
