CAPITULO 3: EL CONCIERTO

Madrid, España

Isabel se encontraba sentada en uno de los asientos en la habitación de Constanza, pensando en su nueva ama y en el extraño violín adornado con flores de lis. Le parecía gracioso que esa chica italiana tuviera en su poder un instrumento con adornos tan propios de España.

Una vez que Constanza salió de su ducha, Isabel se levantó y la ayudó a secarse el cabello con una toalla y cepillarlo.

-No tienes que hacer esto, en serio- dijo Constanza.

-No me molesta- dijo Isabel- es una de las partes de mi trabajo que más me gusta-

-¿Ah sí?- dijo Constanza, subiendo los pies a la cama, mientras Isabel cepillaba sus cabellos con calma- Isabel, supongo que has trabajado antes con otras chicas, ¿no?- la española asintió- ¿y cómo eran?-

-Diferentes- dijo Isabel tras meditarlo unos momentos- las dos chicas que serví antes que a ti eran hijas de un senador...-

-¿Y?- dijo Constanza.

-Y eran diferentes a ti- dijo Isabel, sonriendo.

Constanza le sonrió.

-¿Eran de tu edad?- preguntó.

-De nuestra edad- dijo Isabel- yo también tengo veinte años. Sí, así era. Dejé de trabajar con ellas porque se casaron-

-Ya veo- dijo Constanza.

Se quedaron en silencio unos minutos, mientras Isabel seguía alisando el cabello de Constanza. Pasada una media hora, Constanza se metió en la cama e Isabel se encargó de arroparla. Una vez que apagó la luz, la española susurró un "buenas noches" y se retiró a su habitación, la cual era un pequeño cuarto donde apenas cabía una cama y un pequeño ropero, contiguo a la habitación de su ama.

Constanza se dio la vuelta en su cama, un poco inquieta. El cielo nocturno se nubló, la luna desapareció y comenzó a caer una pesada lluvia, acompañada de relámpagos. Isabel cerró la ventana de su pequeño cuarto antes de acostarse. Mientras lo hacía, miró el cielo y abrió los ojos grandemente.

"¿Hades...?"

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Río Estigia, Inframundo

Hades encontró a Hypnos, convertido como él en mortal, a orillas del río Estígia, donde Caronte los esperaba. El espectro barquero tampoco parecía muy convencido del plan que iban a llevar a cabo, pero ¿quién era él para contradecir los deseos de sus señores? Los dos dioses subieron a la barca y navegaron contra la corriente, hacia el mundo de los vivos.

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Santuario de Atena, Atenas, Grecia

Esa noche, una presencia divina se sintió en todo el Santuario de Atena. Los santos salieron de sus templos para ver si podían averiguar de que se trataba el extraño fenómeno. La presencia divina no parecía agresiva, y había aparecido en el cuarto del Patriarcia.

Shion se encontraba con Dohko de Libra y Afrodita de Piscis, discutiendo unos asuntos, cuando recibieron al mensajero divino Hermes.

-Señor Shion, patriarca de Atena- dijo solemnemente Hermes- tengo un recado para ella-

-Por supuesto- dijo Shion.

Condujo a Hermes, seguido de Dohko y Afrodita, hacia el lugar donde Saori, Atena, se encontraba estudiando.

-Hola, hermana, que gusto me da verte- dijo Hermes casualmente.

-¡Hermes!- exclamó Saori, tirando los libros al suelo en su sorpresa- ¿qué noticias te traen a mi Santuario?-

-No son noticias, es una petición- dijo Hermes- en esta ocasión no es nuestro padre Zeus quien me envía a ti. Es Hades quien tiene una petición que hacerte-

Saori no fue la única sorprendida por aquella afirmación. El patriarca y los dos caballeros abrieron la boca sorprendidos.

-¿Y que quiere Hades de mí?- preguntó Saori.

-Hades está buscando a Perséfone en la tierra, que nació hace veinte años y aún no ha podido ser localizada por los espectros- explicó Hermes- quiere tu permiso para deambular en el mundo, disfrazado de humano, junto con Hypnos, con el objetivo de encontrarla...-

Todos los presentes se quedaron helados.

-Pues... no hay inconveniente por que Hades pase por la tierra, mientras prometa no dañar a nadie- dijo Atena- ¿pero porqué disfrazado de humano?-

Hermes se encogió de hombros.

-Hay un problema con Perséfone en esta época- dijo Hermes- Hades no me explicó los detalles, pero parece que es necesaria esta condición para poder encontrarla...-

Los demás se quedaron pensativos.

-Está bien, no tengo inconveniente- dijo Saori- les diré a los caballeros que no lo molesten si lo detectan-

-Gracias, Atena- dijo Hermes, y se retiró.

Shion esperó a que Hermes se perdiera de vista en el cielo, volando con sus sandalias aladas, para volverse a Saori.

-¿Hablaba en serio, Atena?- dijo Shion.

-Muy en serio- dijo Saori.

El cielo se oscureció y las nubes negras cubrieron la luna.

-Hades ha salido del inframundo a la tierra- dijo Shion en voz baja.

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Madrid, España

En un lujoso hotel de la Gran Vía de Madrid se hospedaron un par de extraños caballeros. Habían llegado al hotel a la mitad de la noche, cargando con ellos una extraordinaria cantidad de dinero, por lo que los empleados de dicho hotel pudieron ver. Era el señor Edgar Alan y su sirviente Humberto. Lejos estaban los pobres de saber que en realidad se trataba de dos dioses del Inframundo.

A los huéspedes se les proporcionó la habitación más lujosa del hotel.

-Pudiste haber pensado en nombres mas originales- dijo Hypnos una vez que estuvieron solos.

-Oye, tuve menos de un segundo para pensarlo, y a decir verdad, no estuvo tan mal- comentó Hades. Hypnos puso los ojos en blanco.

-Si tu lo dices- dijo Hypnos- las Parcas dijeron que era seguro que Perséfone está en la capital, pero ¿cómo la encontraremos?-

-No la encontraremos si nos quedamos aquí dentro- dijo Hades, mirando el amanecer por la ventana- así que te sugiero que te cambies y te prepares para salir a buscar. Iré a la parte norte de la ciudad. Tu dirígete hacia el sur. En la noche nos veremos aquí mismo-

-Señor, si llegara a encontrarla...- dijo Hypnos.

-La seguirás para saber donde vive y cual es su nombre. Una vez que lo sepas, volverás aquí para llevarme con ella. No quiero que hagas nada más- dijo Hades.

Hypnos asintió y salió. Hades hizo otro tanto. Los dos se internaron en la ciudad, buscando alguna pista que los lleve al paradero de Perséfone.

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Esa mañana, Constanza se levantó y se estiró con pereza. Isabel ya estaba vestida y lista.

-El baño ya está listo, señ... digo, Constanza- dijo Isabel. Constanza casi se echa a reír ante la dificultad de Isabel de llamarla por su nombre, mientras que ésta la miraba irritada- no te burles, sabes que me es difícil-

-No me burlo- dijo Constanza, tomando sus cosas para entrar a bañarse- gracias Isabel-

Una vez que Constanza estuvo lista y hubo tomado algo de desayunar, tomó su violín para practicar un poco antes de la presentación de la noche. Isabel había escuchado que su nueva ama era una chica que, desde niña, había sido un prodigio con el violín, pero jamás pensó que fuera a tal grado. Su música no parecía tocada por un instrumento humano. Parecía la mismísima lira de Orfeo. La melodía era tan bella y alegre que por un momento hizo olvidar a Isabel de todos los pesares que alguna vez tuvo. Cuando Constanza dejó de tocar, Isabel dejó escapar el aliento contenido en un suspiro.

Suponiendo que Constanza estaba ya acostumbrada a recibir felicitaciones y adulaciones por su manera de tocar, Isabel no hizo ningún comentario, solamente sonrió a la intérprete.

El día de las chicas transcurrió tranquilo, excepto por la tarde después de la merienda, cuando Eloisa y Constanza tuvieron que prepararse para su presentación de gala.

Constanza estaba en su habitación, mientras Isabel se encargaba de arreglarle el cabello, cuando entró Eloisa hecha una furia.

-¡Stancy, mira lo que ha hecho la tonta de María!- exclamó Eloisa, señalando su cabello- ¡lo ha arruinado! ¡No puedo presentarme así ante la familia real!-

El peinado de Eloisa no estaba del todo mal, como pudieron observar Constanza e Isabel, y lo único que no se veía presentable para la gala era el rostro iracundo de Eloisa.

-Eloisa, tu cabello no se ve nada mal- dijo Constanza- pero si no te gusta, quizá Isabel pueda ayudarte con él. Ella me ha peinado y a mí me gustó como quedó mi cabello...-

-Si la señorita lo desea, podría...- comenzó Isabel, pero Eloisa la interrumpió.

-Pues sí, como a ti cualquier peinado te da igual, nadie se fija en ti más que para ver tu violín- siseó la rubia de mal humor, para después volverse hacia Isabel, mirándola con desprecio- no dejaré que otra pobretona ponga sus sucias manos en mi cabello- y salió de la habitación.

Isabel se ruborizó ante tal comentario y clavó su vista en el suelo. Constanza la vio a través del espejo frente al que la estaba peinando, y bajó la mirada también. Se quedaron en silencio unos momentos hasta que la chica habló.

-Lamento lo que dijo Eloisa, no puedo decir que no era su intención, pero siempre ha sido muy mimada por mi tío...- dijo Constanza- no debió decir eso-

-No se preocupe, señora, por fin algo a lo que estoy acostumbrada- dijo Isabel intentando que su voz no se escuchara quebrada.

-Isabel...- dijo Constanza.

-No tienes que esforzarte por ser mi amiga, en serio- dijo Isabel en un susurro, aún sin levantar la vista- eres mi ama y yo conozco mi lugar...-

-Isabel, no me retracto de nada de lo que te he dicho- dijo Constanza- yo soy diferente a Eloisa. Yo sinceramente quiero que seamos amigas-

Isabel levantó los ojos para encontrarse con los de Constanza, y sonrió.

-Gracias...- dijo en voz baja.

-De nada- dijo Constanza- ahora termina conmigo, que tenemos una presentación-

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El día fue muy largo, tanto para Hades como para Hypnos. Ninguno de los dos habían sentido aún el mínimo pulso del cosmo de Perséfone.

Hades se encontraba caminando muy cerca ya de la Gran Vía, cuando pasó junto al Palacio Real y suspiró al verlo.

"Ahí fue donde te encontré una vez, mi amada, hace muchísimo tiempo" pensó Hades. Sonrió al recordar aquello. Perséfone, en esa época, había sido una de las damas de compañía de una de las infantas de España. Cuando la encontró, la siguió hasta el campo del Moro, el amplio jardín junto al Palacio, donde la chica se asustó y se escapó de él. Después la siguió hasta el buen Retiro, donde por fin la alcanzó, y fue ahí, en el Palacio de Cristal, donde Perséfone había accedido a ir con él al Inframundo.

No se dio cuenta que se encontraba mirando con tristeza el palacio. Si era cierto lo que las Parcas decían, le sería infinitamente más difícil encontrarla. Pero no podía rendirse hasta encontrarla. No quería irse de ahí sin su Kore. Sin su Perséfone.

Hades abrió su mano, sobre la que apareció una pequeña hada brillante, la cual voló alrededor de él.

-Ve al Palacio Real- dijo Hades- si Perséfone vuelve a él, si pone un pie dentro, avísame de inmediato...-

El hada salió volando hacia el Palacio real. Hades la miró alejarse y suspiró. Estuvo a punto de irse al hotel, cuando un gran acumulo de gente frente al Palacio Real llamó su atención. Al parecer, habría un evento en la Plaza de la Armería. A Hades le disgustaban las grandes multitudes, pero pensó que quizá sería una buena manera de buscar a Perséfone o informarse de alguna novedad en la ciudad, por lo que siguió a los emocionados madrileños hacia la explanada del palacio.

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La limosina fue por el señor Vivaldi y las dos jóvenes. Cuando Constanza e Isabel subieron a ella, pudieron ver a una Eloisa radiante, la cual no tenía ni el más mínimo rastro de su anterior furia desmedida.

Un hombre acompañaba al señor Vivaldi. Constanza no sabía porqué, pero no le agradaba. Era alto, rubio y de aspecto atlético y, sin embargo, siempre portaba una ostentosa mueca de fastidio. Miraba a todos con desprecio y, junto a él, la chica se sentí a molesta y fastidiada.

-El es Ernesto, mi nuevo guardaespaldas- lo había presentado el señor Vivaldi- vamos, chicas, no tenemos todo el día. Stanzy, ¿traes tu violín?-

Constanza asintió, mostrándole el estuche.

-Muy bien, la familia real nos espera- dijo el señor Vivaldi, y la limosina salió en dirección al Palacio que se encontraba a menos de un kilómetro.

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Al parecer había un evento oficial, pues la familia real se encontraba presente. En el estrado, había un hombre que a Hades le parecía conocido, seguido de otro hombre y dos damas, las cuales iban seguidas de dos chicas, al parecer sus sirvientes.

El dios del Inframundo miraba a su alrededor, intentando hacer contacto con alguien, en vano buscando a su reina. De pronto, sintió una presencia divina.

"Pero si es...", dijo Hades, frunciendo el ceño.

No le hacía mucha gracia que ese dios estuviera presente ahí, en la misma ciudad donde las Parcas habían ubicado a Perséfone. No lo quería ni a mil kilómetros cerca de ella. Unos minutos después, Hades encontró al causante de su irritación.

-Pero si es el dios del Inframundo en persona- dijo un hombre rubio, palmeando la espalda de Hades- en persona, literalmente. Jamás creí que un dios tan orgulloso como tú tuviera se humillara de esta manera para hacerse pasar por humano ¿Qué asunto te trae por aquí? No me digas que por fin decidiste hacer lo que tus hermanos y el resto de los dioses, y ahora te dedicas a perseguir mujeres mortales-

Hades lo miró con calmado enojo.

-Mira quien lo dice- dijo Hades- el asunto que me orilló a tomar esta decisión no es de tu incumbencia, Ares. Y te advierto que no te quiero cerca de mí mientras esté en esta ciudad-

Ares sonrió socarronamente.

-No me digas- dijo el dios de la guerra- ni por error me quedaría más tiempo en la tierra. Los Olímpicos organizaron un banquete esta noche, así que terminada esta patética celebración mortal pienso dirigirme a ese sitio. Ah, perdona, ya se que no te invitaron, pero a estas alturas debes estar acostumbrado-

Hades lo evaluó con la mirada, sin responder.

-Hasta luego, tío- dijo Ares, desapareciendo entre la multitud.

Hades suspiró de alivio. Al menos se iría de la ciudad esa noche, lo que significaba que se mantendría lejos de Perséfone. Eso si no había mentido en sus intenciones, pues conocía demasiado bien a Ares como para fiarse de él. Bajó la mirada. Tal vez ir a aquel lugar había sido una mala idea.

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Constanza sacó su violín del estuche y entregó éste último a Isabel. Respiró hondo. Isabel le sonrió.

-Para ser alguien que desde pequeña se presenta ante reyes tocando el violín, te ves nerviosa- dijo Isabel en voz baja.

-Un poco- dijo Constanza- este sitio me da escalofríos-

-¿Porqué?- preguntó Isabel, alzando una ceja- ¿ya has estado aquí antes?- Constanza iba a asentir, pero sacudió la cabeza- ¿qué te causa escalofríos?-

-Este lugar me parece familiar, y a la vez desconocido-

Las dos chicas vieron alejarse al nuevo guardaespaldas del señor Vivaldi y, una vez que este se fue, la chica se vio más tranquila. Isabel comprendió que, como a ella, ese hombre no le agradaba mucho.

-Bueno, ya es hora- dijo Constanza- deséame suerte-

-No la necesitas- dijo Isabel, mirándola alejarse.

Un hombre presentó a las dos primas Vivaldi, según él, las dos chicas prodigio italianas que viajaron a la ciudad y que se quedarían un mes a dar conciertos en el teatro de Callao, y que en ese momento daría una presentación a la familia real.

Constanza se colocó unos pasos detrás de Eloisa, acomodó el instrumento sobre su cuello y comenzó a tocar.

La hermosa melodía llenó la plaza de la Armería con su dulzura y su tonada divina. Unos instantes después de haber comenzado a tocar, Eloisa la acompañó con su voz. Era una combinación perfecta, que dejó a los madrileños impresionados.

Unos minutos después, Eloisa dejó de cantar y Constanza, después de un largo solo con su violín, terminó la melodía. Todos los presentes, incluidas las personas reales, estallaron en aplausos. La pequeña infanta de 6 años se acercó a Constanza y tiró de su vestido. Ésta la miró con una sonrisa y se arrodilló frente a ella. Volvió a acomodar su violín sobre su cuello y reprodujo una melodía rápida y alegre que hizo reír a la niña.

Un miembro de la familia real, al parecer un sobrino de los príncipes de Asturias, se acercó a Constanza y le ofreció la mano para ayudarla a levantarse. La chica la aceptó y se levantó con una sonrisa. Al hacerlo, dio un involuntario paso hacia delante por el impulso dado por el caballero, y la punta de su pie derecho cruzó la línea del umbral del Palacio.

En ese momento, el hada voló a toda velocidad hacia donde se encontraba Hades.

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CONTINUARÁ…

Hola a todos! Muchas gracias por sus reviews, son muy amables todos. Misao-CG cuanto tiempo sin saber de ti! Me da gusto volver a leerte. En una oportunidad que tenga leeré tus fics de nuevo. Saludos a todos y hasta el próximo capítulo.

Abby L. / Nona