CAPITULO 4: GALA
Hades se había dado la vuelta, dispuesto a retirarse, después de escuchar la melodía de la hermosa chica del violín. No sabía porqué le había llamado la atención, quizá porque en el Inframundo, en los Campos Elíseos, vivía su probable antepasado, el compositor Antonio Vivaldi. Tenía que admitirlo, no era de sus favoritos, pero era notable.
Una vez que Hades se dio la vuelta, sintió que su hada volaba hacia él. Se volvió hacia ella y la tomó sobre su palma.
-¿Perséfone está aquí?- dijo Hades, y el hada brilló con intensidad hasta estallar en una fina lluvia de pequeñas luces.
El corazón de Hades dio un vuelco. ¡Perséfone estaba ahí! ¡Una de las chicas entre la multitud era su amada reina!
El rey del Inframundo encendió su cosmo, y junto a él aparecieron, invisibles a los ojos humanos, los tres jueces del inframundo y algunos espectros. Todos se arrodillaron ante él.
-Escuchen y pongan atención, que no hay mucho tiempo antes de que la gente se disperse- dijo Hades- una de las chicas presentes en este sitio es Perséfone. Quiero que busquen a todas las chicas entre veinte y veinticinco años que se encuentren en esta explanada, y que averigüen donde vive cada una. Es muy probable que no noten el cosmo de Perséfone, pues las Parcas me dijeron que ha sido disfrazado por una nube negra de nuestros ojos. Encuéntrenlas...-
Los espectros se dispersaron entre la multitud. Thanatos se había quedado de pie junto a Hades cuando Hypnos llegó de su vuelta por la ciudad.
-¿Qué sucedió?- dijo Hypnos.
-Un hada la encontró- dijo Hades, y le contó brevemente lo ocurrido- lamentablemente las hadas no nos pueden guiar a ella, pero detectó su presencia en esta multitud...-
-Excelente- dijo Hypnos con ánimos, a pesar de sentirse agotado- eso reduce la búsqueda de seis millones de personas...- bajó la mirada.
-Bueno, aquí me trago mis palabras- dijo Thanatos- lamento haber dudado de ustedes-
-No cantes victoria aún- dijo Hades- si bien redujimos la búsqueda a unas cuantas chicas, aún será difícil saber quien de ellas es. Aunque fueran solo quince o veinte...-
Hypnos lo miró.
-Vamos, no hables así- dijo el dios del Sueño- es mejor buscar entre quince o veinte que buscar entre seis millones-
-Supongo- dijo Hades.
Minutos después, los espectros volvieron con el reporte. Entre la multitud había muy pocas chicas de esas edades, apenas unas cuatro o cinco. Sin embargo, en el estrado había cuatro chicas que tenían esas mismas edades, las dos primas que se presentaron y sus sirvientes.
-Lo más probable es que se trate de una de ellas cuatro- dijo Hypnos, pensativo- si alguna de las chicas presentes pisó el interior del palacio, lo más probable es que haya sido una de ellas-
-Yo creo que no hay que descartar a las otras- dijo Aiakos.
-Tienen razón- dijo Hades- nos concentraremos en ellas cuatro y mientras, que cinco espectros vigilen a las otras chicas encontradas entre la multitud...-
Los espectros asintieron y se retiraron. Hades, por su parte, pensó en retirarse con Hypnos de nuevo hacia el hotel para descansar. Su corazón iba latiendo con fuerza. Cada vez estaba más cerca de encontrarla. Desechó la idea y decidió acercarse al estrado con Hypnos y Thanatos, para ver si podía reconocer a su Perséfone entre las chicas que se encontraban ahí.
-Hypnos, ¿cual de ellas crees que es?- preguntó Hades de pronto, mientras la multitud comenzaba a dispersarse y ellos llegaban al estrado.
-Si tuviera que elegir una, sería a la chica del violín- dijo Hypnos, mirando a Constanza guardar su violín en el estuche que llevaba Isabel- tiene un gran talento y su carácter es dulce, como el de nuestra reina-
-Yo apostaría por la otra chica- dijo Thanatos, señalando a la chica rubia- ella tiene un aire más majestuoso y una belleza muy superior a la otra chica. Aunque tampoco podemos descartar a las dos sirvientes- añadió, mirando a María y a Isabel.
Hades las miró. En realidad, las dos chicas Vivaldi eran hermosas y talentosas, y no sabría que hacer para distinguir entre ellas cual de las dos sería la chica que buscaba.
-Volvamos al hotel- dijo Hades- además, quiero hacer un breve viaje con las Parcas...-
-Yo iré, si quieres- dijo Thanatos.
-No, es algo que les debo preguntar yo- dijo Hades.
Los tres dioses se retiraron. Mientras se alejaban, los cosmos llamaron la atención de Isabel, quien se volvió hacia ellos.
"¿Hades aquí?" susurró, y sacudió la cabeza "debió ser mi imaginación".
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Constanza confió su violín a Isabel cuando se volvieron hacia la mansión. Su tío y su prima iban charlando de lo elegantes que se veían todos los miembros de la familia real y sus atenciones con ellos. Constanza no pensó mucho en ello, volvió distraída a casa hasta que escuchó a su tío mencionar su nombre.
-No puedo creer que el mismísimo conde haya ayudado a Constanza a levantarse- dijo el señor Vivaldi.
-Buena táctica, Stanzy- dijo Eloisa con cierto tono envidioso.
-No fue una táctica- dijo Constanza, algo molesta.
-No te enfades, Stanzy- dijo el señor Vivaldi- estoy seguro que tuviste un buen efecto en el conde, no tardará en invitarte a algún evento social importante-
-Si tu lo dices- dijo Constanza sin mucho interés, con la mirada baja. Isabel no dijo nada, solo observó a su ama que tenía cierta tristeza.
No tardaron mucho en llegar a su casa. Constanza subió silenciosamente a su habitación, abrazada del estuche de su violín, seguida por Isabel. Eloísa permaneció en el vestíbulo junto a su padre y mandó a María a preparar el baño.
-Padre, ¿porqué te agrada tanto que el conde haya puesto sus ojos en Constanza?- dijo Eloísa con enojo. Su padre la miró.
-Estoy seguro de que no olvidarás las circunstancias en las que nació tu prima- dijo el señor Vivaldi. Eloísa respondió con un gesto, y el señor Vivaldi continuó- entre más pronto consiga que Constanza una su vida a la de un mortal, menos posibilidades tendrá ese dios de venir por ella...-
Eloisa hizo una mueca.
-No me interesa lo que pueda pasarle a Constanza- dijo Eloisa- por mí, que la lleven al foso más hondo del Inframundo-
-No lo entiendes- dijo el señor Vivaldi- toda nuestra riqueza la hemos conseguido gracias a su talento. Además, si llegara a casarse con el conde, te abrirá las puertas para que te cases con un hombre aún más rico y poderoso-
Aquel argumento pareció satisfacer a Eloisa, quien subió a su habitación. El señor Vivaldi también se retiró, seguido de su guardaespaldas. Isabel, quien había bajado para recoger las sales para la bañera de la bodega, escuchó la mayor parte de la conversación, oculta tras una columna.
-Por los dioses...- susurró.
"Eso explica la presencia de Hades. Constanza es la reina del Inframundo, y Hades la está buscando", pensó, y volvió su vista escaleras arriba "no puedo creer que sea ella" se quedó pensativa unos momentos, recordando la amabilidad de su ama, y su talento musical "es obvio, me pregunto como no me di cuenta antes. En fin, de ahora en delante tendré más trabajo, no podré apartarla de mi vista"
Y volvió a subir hacia la habitación de Constanza.
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Morada de las Parcas.
Hades desapareció de Madrid para dirigirse a la morada de las Parcas. Esta vez, las tres brujas no estaban muy contentas con su visita. Ellas solían devorar a sus visitantes mortales que iban a hacerles preguntas. En cambio, a Hades tenían que responder sin esperar nada a cambio, y eso había comenzado a irritarlas. No lo recibieron con mucha alegría.
-He venido a hacerles más preguntas acerca de Perséfone- dijo Hades.
-Te hemos dicho cuanto sabemos, Hades- dijo la primera Parca- y no responderemos más preguntas sin una paga...-
-Una paga humana- dijo la tercera Parca- tenemos que alimentarnos...-
Las tres se echaron a reír. A Hades no le hizo gracia.
-No me importa, respondan a mi pregunta- dijo Hades- sé que Perséfone habita en la mansión de los Vivaldi-
-Esa no es una pregunta- dijeron la segunta y tercera Parca al mismo tiempo, y las brujas volvieron a echarse a reír.
-Ya lo sé- dijo Hades, exasperado- quiero saber cual de las cuatro chicas es Perséfone-
Las Parcas se miraron entre sí.
-Perséfone es la hija de Vivaldi- dijo la primera.
Hades se quedó helado. Él creía, como Hypnos, que sería Constanza, la sobrina, la chica del violín. Al parecer Thanatos tenía razón. Agradeció a las Parcas y se retiró cabizbajo. Las brujas se echaron a reír una vez que el dios del Inframundo volvió al mundo humano.
-Pero que descarada- dijo la segunda Parca- ¿porqué no le has dicho que es esa chica llamada Constanza?-
-Él no preguntó- dijo la primera Parca.
-Pero lo que le dijiste es mentira- dijo la tercera.
-No lo es- dijo la primera- Constanza es la hija del Vivaldi mayor...-
Las tres Parcas se echaron a reír y volvieron a sus asuntos.
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Madrid, España
Constanza ya se había cambiado y metido a la cama antes de que Isabel volviera. Cuando ésta entro a la habitación, la encontró ya acostada.
-Stanzy- dijo Isabel en voz baja- ¿sucede algo malo?-
-No, nada- dijo ella, dándose la vuelta sobre la cama, intencionalmente dando su espalda a Isabel.
-Tengo poco tiempo de conocerte- dijo Isabel, acercándose a ella y comenzando a deshacer su peinado- pero sé que es algo...-
Constanza no respondió, e Isabel no hizo más que suspirar.
-Ha sido un largo día- dijo Isabel, terminando de soltar su cabello y arropándola- será mejor que descanses... mañana será un largo día-
La chica asintió. Al día siguiente le esperaba un largo día de ensayos y una presentación en el teatro de Callao en la noche. Y todos los días prometían ser similares.
-Gracias, Isabel- susurró Constanza.
Isabel no respondió, solo sonrió y se acercó a la ventana que daba a la calle para cerrarla. En la calle, alcanzó a ver una criatura alada, demasiado grande para ser un pájaro. Un escalofrío la recorrió, y cerró la cortina de golpe.
-¿Isabel? -preguntó Constanza, al escuchar un grito ahogado de su compañera. Isabel se volvió hacia ella con su rostro pálido- ¿qué ocurre?-
-Nada- susurró Isabel, acomodando la cortina- no me gusta el cielo de noche, sobre todo cuando está a punto de llover, con todos esos relámpagos...-
Constanza sonrió.
-No te preocupes- dijo ella- ¿porqué no duermes aquí en mi habitación? Bajo mi cama hay un colchón extra, ¿no?-
-No podría- dijo Isabel- a tu tío no le gustará la idea. Bastante malo es que te llame por tu nombre-
-No, insisto- dijo Constanza- si se entera y se enfada contigo, le diré que yo te obligué-
Isabel sonrió. Así podría quedarse toda la noche con Constanza para vigilarla y quitarse esa ansiedad de lo que había visto. Quizá los espectros de Hades se estaban movilizando. Decidió entonces hacer lo que dijo Constanza. Sacó la base bajo la cama principal y se acostó en ella tras apagar la luz.
-Buenas noches-
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Hades volvió cabizbajo al hotel donde Hypnos y Thanatos lo esperaban.
-¿Y bien? -dijo Hypnos- ¿qué te dijeron las Parcas?-
Hades contestó tras unos segundos en silencio, pues no estaba convencido de creer lo que las Parcas le habían confirmado.
-Perséfone es la hija de Vivaldi, es Eloisa- dijo el dios del Inframundo- Thanatos tenía razón-
Thanatos miró a Hypnos con una expresión de triunfo, y luego se volvió hacia Hades.
-¿Y bien? ¿Qué estamos esperando? Vamos por ella y la llevamos al Inframundo...-
-¡No!- exclamó Hades, y luego sacudió la cabeza- no, Thanatos, esta vez no haré como la primera vez, que solo la tomé y Deméter casi me hace pedazos. Primero tengo que asegurarme de que ella no esté unida a un hombre mortal, pues han pasado muchos años. Luego la parte más difícil. Ella tiene que aceptarme...-
-Aceptarte, en como... ¿enamorarse de ti y tal?- preguntó Thanatos, y Hades asintió. Thanatos se llevó las manos a la frente- estamos perdidos...-
-Gracias por el apoyo, hermano- dijo Hypnos de mal humor.
Thanatos gruñó por lo bajo.
-Ya basta, los dos- dijo Hades- me voy a dormir, tengo que pensar... mañana será un largo día-
Dicho esto, se introdujo en su habitación y cerró la puerta.
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Constanza pasó el día siguiente practicando con su violín. Era sábado, y sabía que ese día su presentación sería más temprano, aproximadamente a las 5 de la tarde. Igual que el día anterior, Isabel la ayudó a arreglarse.
Eloisa, por su parte, no sabía que tenía un visitante cerca de su habitación, quien la vigilaba día y noche. Se trataba de un espectro de Hades, la misma sombra que había visto Isabel en la noche. Solo que ésta no sabía que su objetivo no era Constanza, sino su prima.
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El teatro se encontraba completamente lleno. Nuevamente, Constanza había confiado su violín a Isabel. Abrió el estuche y sacó su preciado instrumento. Tras sonreír a su amiga, Constanza se dirigió al escenario acompañada de Eloisa, acomodó su violín en su cuello y comenzó a tocar.
Mientras tocaba, Isabel vigilaba con la mirada los alrededores. Del otro lado del escenario se encontraba el señor Vivaldi y su guardiaespaldas, quien no le daba buena espina, y no sabía porqué. En el auditorio, en primera fila, se encontraba un hombre joven que le pareció conocido. Era el conde que el día anterior había admirado a Constanza. Isabel se volvió a ver a su amiga. Al parecer, aquella noticia no le había agradado del todo. Y, por lo que había alcanzado a escuchar a escondidas por la noche, el señor Vivaldi ansiaba casar a su sobrina para frustrar las posibilidades de Hades de tomarla por esposa.
Isabel comprendió que Constanza era Kore, o Perséfone. Sin embargo, no sabía que debía hacer. Su única lealtad era para con Constanza, su ama que la había tratado con toda amabilidad, como si fueran iguales. No le debía nada a Hades ni al señor Vivaldi. Decidió esperar a ver como se desarrollaban los eventos. Si Constanza llegaba a enterarse de su condición, Isabel apoyaría su decisión, ya fuera ésta huir del dios del Inframundo o acceder a bajar con él al mismo.
Mientras la melodía del violín resonaba por todo el recinto, había tres sombras que escuchaban el concierto con toda atención.
-Que pena que no es la chica del violín- dijo Hypnos- se ve que tiene una personalidad más amable que la de su prima, de acuerdo a lo que nos reportó Minos...-
-Sí, sería una buena reina- dijo Thanatos.
-Pero la chica que dijeron las Parcas es Eloisa Vivaldi- dijo Hades, exasperado- ¿quieren concentrarse?-
Los dioses gemelos asintieron. Se encontraban bastante cerca de la primera fila. Mientras Hades miraba fijamente a Eloisa y se preguntaba si pronto recuperaría la pasión y el amor que sentía con Perséfone, Hypnos se encontraba concentrado en la chica del violín, y Thanatos, aburrido por la música, volvió su atención a los hombres que se encontraban sentados en la primera fila, que estaban conversando en voz baja.
-¿Acaso te has vuelto loco, Enrique?- dijo uno de los dos hombres- ¿Constanza Vivaldi? Sabes que los reyes no lo aprobarán...-
-Al contrario- dijo el hombre llamado Enrique- ayer en el Palacio causó una muy buena impresión-
-Pero es italiana- dijo el primero.
-Su familia es italiana- dijo Enrique- por lo que escuché del guardaespaldas de su tío, ella nació en España, en esta misma ciudad-
-Si tu lo dices...- dijo el primer hombre.
-Es una buena idea. Después de la presentación, anunciaré que daré una cena para las dos artistas y su familia. Será la oportunidad perfecta para hablar con ella, para conocer a su tío...-
-Como digas- dijo el primer hombre.
Al escuchar todo eso, Thanatos tuvo una idea.
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Después del concierto, el señor Vivaldi y las chicas fueron invitadas a una cena privada en la mansión del conde Enrique, junto con otros personajes de sociedad. Entre esos personajes se contaba el misterioso señor don Edgar Alan, un recién llegado a la ciudad que se rumoraba que poseía una gran fortuna.
-No me gusta tu plan- dijo Hades bajo su disfraz, mirando a Thanatos- odio llamar la atención de la gente-
-Vamos, eres un hombre rico ahora- dijo Thanatos, quien junto con Hypnos hacían las veces de sus sirvientes- así será más fácil llamar la atención de la chica así-
Hades lo dudaba, pero siguió con el plan.
Mientras tanto, Constanza no se apartaba de Isabel, quien llevaba su estuche de violín, cuidándolo tanto como ella.
-No me gusta este sitio- dijo Constanza- y no me gustan estas reuniones, me ponen nerviosa...-
-Calma, Stanzy- dijo en voz baja- mañana es domingo, y te prometo que te llevaré a un sitio tranquilo...-
Constanza sonrió. Vio al conde Enrique, el hombre del que su tío le había hablado, que se acercaba a ella. Cuando vio que Isabel se distrajo, Constanza se coló entre la multitud y se alejó cuando pudo de él. Mientras que caminaba a prisa, esquivando a la gente que estaba de pie sin moverse, Constanza chocó contra un hombre y casi cae al suelo. El hombre detuvo su caída tomándola firmemente de los brazos. Levantó la vista y se ruborizó al ver que se trataba del hombre rico del que tomo el mundo hablaba.
-Yo... lo siento muchísimo, señor Alan- dijo ella, una vez que recuperó el equilibrio. Al ver sus ojos negros mirándola fijamente se ruborizó aún más y bajó la mirada.
-No hay problema, señorita- dijo Hades.
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CONTINUARÁ…
Hola chicos! Muchísimas gracias por sus reviews! =) Espero que les esté gustando hasta ahorita...
Abby L. / Nona
