CAPITULO 5: DUDAS

-No hay problema, señorita- dijo Hades, sintiendo algo de calor en sus mejillas al ver a la chica tan roja. Salió de su sorpresa al recordar que era la prima de Eloisa- ¿está usted bien?-

-Sí, perfectamente- dijo Constanza sin mirarlo a los ojos, rogando porque ese color rojo de sus mejillas desapareciera pronto- venía huyendo de... digo, no veía por donde andaba...-

-Entiendo, no hay problema, de verdad- dijo Hades con amabilidad- lo importante es que no se lastimó...-

Constanza buscó con la mirada a Isabel y la encontró, así que decidió escabullirse antes de que la viera. No sabía porqué, pero tenía la impresión de que no debía hablar con ese sujeto, aunque no sabía porqué. Agradeció rápidamente al caballero y se escabulló de nuevo entre la multitud.

A pesar del intento de Constanza por pasar desapercibida, Isabel alcanzó a notar la mayor parte del incidente con el caballero. Se quedó helada. Su ama acababa de chocar nada menos que con Hades, dios y señor del Inframundo. Estuvo a punto de caer en desesperación, imaginando que Hades haría como hizo con la Perséfone de los tiempos mitológicos, abriría el suelo delante de todos los invitados y se la llevaría por la fuerza. El rubor en ambos pares de mejillas no parecía natural ni fue esperado por Isabel.

"¿Es que Hades no se dio cuenta?" pensó, pero al parecer así era. Constanza se alejó de él, y Hades solo se quedó pensativo. Isabel suspiró y se acercó a su ama.

Mientras tanto, Hades luchaba por quitar ese rubor de sus mejillas antes de acercarse a Eloísa. No entendió bien que había pasado.

Mientras tanto, Eloísa se acercó a Constanza, ignorando a Isabel.

-Stanzy, ¿qué crees que haces?- dijo Eloísa- ¿ya has hablado con el conde Enrique?-

Constanza suprimió una mueca.

-No, aún no he sido lo bastante afortunada para encontrarlo- dijo ella, intentando no sonar sarcástica.

-No deberías desaprovechar una oportunidad así- dijo Eloísa.

-¿Y qué me dices de ti?- dijo Constanza- tú eres la mayor, tienes que salir primero...-

Eloísa hizo una mueca, restándole bastante belleza a su rostro.

-Olvídalo, ese conde solo tiene ojos para ti- dijo Eloisa- yo creo que...-

Pero se interrumpió al ver que dos sirvientes se acercaron a ella. Al parecer, eran los dos sirvientes del famoso señor Alan. Al verlos, Isabel se puso algo tensa y convenció a Constanza de alejarse un poco de ese par diciéndole que le pareció ver al conde caminando en esa dirección. Eloísa no se movió, y volvió su respingada nariz hacia los dos, cuando Hypnos y Thanatos se detuvieron cerca de ella y la miraron por unos segundos.

-Scusatemi, ¿se les ofrece algo?- dijo la chica. Los dos se miraron entre ellos, apenados, y ofrecieron sus disculpas. La impertinente chica retiró su mirada- tienen suerte de que su amo no esté aquí. Retírense de mi vista o les juro que se arrepentirán-

Los dioses gemelos respondieron de manera diferente a tal provocación. Thanatos estaba furioso. Hypnos estaba solo sorprendido. Jamás habrían pensado eso de su reina. Ninguno de los dos acababa de salir de su sorpresa cuando la chica volvió a mirarlos.

-¿Qué, no me escucharon?- dijo Eloísa- retírense de mi vista. Vayan a hacerle compañía a mi prima y a la tonta de su sirvienta...-

Thanatos estuvo a punto de decir algo, pero fue silenciado por una mirada de Hades, que se encontraba cerca y caminando hacia ellos. Thanatos tiró del brazo de su gemelo, quien seguía sorprendido y casi boquiabierto, y lo retiró de la presencia de la chica, caminando hacia donde se encontraban Constanza e Isabel. Esta última miró el altercado sin que éste le causara mucha gracia. Sospechaba que los dos "sirvientes" del señor Alan podían tratarse de espectros. No tenía manera de retirarse nuevamente junto con Constanza, así que decidió permanecer a su lado.

Constanza, por su parte, miró con pena lo que acababa de hacer Eloísa. Una vez que los dioses gemelos se acercaron a ellas, les ofreció sus disculpas.

-Por favor, señores, perdonen la actitud de mi prima- dijo Constanza.

Thanatos, quien seguía molesto, observó que Hades se había acercado a Eloísa y había comenzado una conversación, la cual, a diferencia de la suya, fue bienvenida por la chica rubia. Mientras tanto, Hypnos parecía triste.

-Lo siento mucho- dijo Constanza en tono compasivo, poniendo una mano sobre el hombro de Hypnos, creyéndolo un sirviente.

Hypnos la miró, sorprendido por el gesto. Isabel, por su parte, tomó a Constanza de los hombros y la obligó a alejarse un paso de él. Ella la miró, interrogante, pero Isabel sacudió la cabeza y se dirigió a Hypnos.

-No es mi intención ser grosera con ustedes como lo ha sido la prima de mi señora- dijo Isabel- pero si esta conversación continúa, es posible que el señor Vivaldi o su señor se molesten por ella...-

Hypnos parpadeó y asintió. Thanatos hizo otro tanto.

-La señorita tiene razón- dijo Thanatos- disculpe la intromisión, señora-

-No hay nada que disculpar- dijo Constanza- con tristeza debo decir que Isabel tiene razón- les sonrió y se inclinó, mientras ellos hicieron el mismo gesto- me disculpo una vez más por el comportamiento de mi prima...-

Y se retiró, seguida de Isabel.

"Los dioses gemelos, Hypnos y Thanatos", pensó Isabel "realmente, todo el Inframundo está aquí para buscarla. ¿Porqué no la reconocen?¿O están fingiendo no reconocerla?"

Lamentablemente para Constanza, se cruzó en su camino el conde Enrique.

-Señorita Constanza, por fin la encuentro- dijo el conde. Constanza sonrió nerivosamente y se inclinó.

-No lo había visto, señor- dijo Constanza- ha sido anfitrión de una hermosa velada. Permítame agradecer su invitación-

El conde sonrió y le ofreció el brazo.

-¿Me haría el tremendo honor de caminar conmigo, señorita?-

Constanza no se pudo negar y tomó el brazo del conde, y se alejó caminando con él. Isabel los siguió a una distancia prudente, mientras vigilaba con la mirada a los divinos invitados. Los supuestos sirvientes del señor Alan, que presumiblemente para Isabel eran Hypnos y Thanatos, se habían retirado a una esquina del salón, donde al parecer discutían. El señor Alan, Hades, no se había separado de Eloísa y la miraba con curiosidad. Mientras tanto, Isabel pudo notar que el señor Vivaldi miraba tanto a su hija como a su sobrina con gusto, sobre todo a la última. Isabel recordó la conversación que el señor Vivaldi tuvo con Eloísa, y miró a Constanza con tristeza, pues no se veía muy feliz con el conde.

Isabel suspiró. Aquella iba a ser una larga velada.

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A la mañana siguiente, Constanza se levantó con un fuerte dolor de cabeza, producto del desvelo. No le había ido nada bien en la velada de la noche anterior. El conde Enrique no había permitido que se apartara de su vista desde que le dirigió la palabra. Y de regreso a su casa, su tío no paraba de hablar de como estaba seguro que en una semana o dos ya estarían comprometidos.

Se dio la vuelta en la cama al recordar aquello con desagrado y se cubrió la cabeza con las sábanas para evitar que la luz molestara sus ojos. Alguien la movió.

-Vamos, despierta, Stanzy- dijo Isabel, tratando de hacerla despertar- vamos o no podré cumplir mi promesa-

-¿Qué promesa?- dijo Constanza medio dormida.

-De llevarte a un lugar bello y tranquilo de la ciudad- dijo Isabel.

-Mañana- gruñó Constanza.

-Mañana es lunes y no será lo mismo- dijo Isabel- tendrá que ser hoy, o tendrás que disculparme por no cumplir mi promesa-

Otro gruñido proveniente de Constanza.

-Está bien- dijo ella- ya voy...-

Isabel sonrió y preparó el baño para ella. La chica tomó el baño y se vistió como Isabel le había aconsejado, con ropa cómoda que no fuera ni elegante ni llamativa. Una vez que estuvo lista, Constanza tomó el violín y salió de la casa acompañada de Isabel. En la entrada de la casa las esperaba Ernesto, el guardaespaldas del señor Vivaldi, cruzado de brazos.

-¿Se puede saber a donde se dirigen las señoritas?- dijo el guardaespaldas.

Constanza arrugó el ceño. Ese sujeto no le hacía nada de gracia y, no sabía porqué, pero conseguía ponerla de mal humor con solo verlo. Estuvo a punto de decirle que se metiera en sus propios asuntos, cuando Isabel habló por ella.

-Vamos a salir a caminar un rato- dijo Isabel- el aire está un poco cerrado en esta zona de la ciudad-

Ernesto la evaluó con la mirada, y por fin se hizo a un lado.

-Permítanme llamar la limosina para ustedes- dijo el guardaespaldas.

-No será necesario- dijo Isabel- ya está todo arreglado.

Ernesto accedió y las dos chicas salieron de la casa. Constanza miró hacia atrás para ver al sujeto que aún las seguía con la mirada.

-No sé porqué, pero ese sujeto me hace enojar- dijo Constanza.

-Sí, a mí también- dijo Isabel, pensativa. Ese guardaespaldas tenía un aura muy extraña que no terminaba de encajar en ninguno de los sospechosos que Isabel tenía por secuaces de Hades. Sin embargo, ese Ernesto le agradaba menos que los demás.

Isabel guió a Constanza a una estación del metro y de ahí partieron a su destino.

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Hades también despertó con un horrible dolor de cabeza. Eso de ser mortal le estaba gustando cada vez menos. De hecho, se hizo la promesa de recordar lo mucho que sufrían los mortales, como hambre, sed y dolores de cabeza, para ser más benevolente con sus súbditos una vez que regresara al Inframundo. Salió de su habitación y encontró a Thanatos durmiendo a pierna suelta. Hypnos, sin embargo, estaba despierto y mirando por la ventana con tristeza.

-¿Qué te sucede?- le preguntó Hades.

-La señorita Eloísa no quiso hablar conmigo ni con Thanatos- dijo Hypnos.

-Hypnos, no sabe quienes son ustedes...- dijo Hades.

-No importa- dijo Hypnos- Perséfone siempre fue amable conmigo... con los dos. No recuerdo una sola reencarnación en la que nuestra reina no haya sido benevolente con sus sirvientes. Esta chica no es amable con los sirvientes humanos que tiene, y...-

-Esta no es una reencarnación como las otras- interrumpió Hades- ha estado lejos de nosotros mucho tiempo-

Hypnos sacudió la cabeza, y Hades suspiró.

-Iré a dar un paseo, no hay nada más que hacer hasta mañana que las señoritas Vivaldi se presenten en el teatro- dijo Hades.

Hypnos no dijo nada, y Hades salió del hotel, pensativo en lo que el dios del sueño acababa de decir. Hypnos, por su parte, se cruzó de brazos y sacudió la cabeza.

-Esa chica no es mi reina Perséfone... no puede serlo- dijo Hypnos.

El dios del sueño se levantó y de un empujón despertó a Thanatos.

-¡Oye!- exclamó furioso el dios de la muerte- ¿qué te sucede?-

-Hades salió a dar una vuelta- dijo Hypnos- creo que yo también saldré. No sé si sea buena idea que vuelvas al Inframundo a ver como lleva las cosas Pandora-

-Estoy seguro que las llevará bien- dijo Thanatos con un bostezo- pero iré, ya estoy harto de ser humano y la candidata a ser nuestra reina no me agrada del todo-

"Ni a mí tampoco" pensó Hypnos, pero no dijo nada.

-Te veré luego, hermano- dijo Hypnos, saliendo a la calle. Thanatos asintió y, tras un nuevo bostezo, desapareció.

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Isabel había llevado a Constanza a un enorme parque en el centro de la ciudad, justo a un lado de la puerta de Alcalá.

-¿Qué es esto?- preguntó Constanza.

-El parque del Retiro- dijo Isabel- nada menos que dos kilómetros cuadrados de parque. Aquí vienen las familias de Madrid a pasar los domingos. Mira-

Constanza vio que había muchas familias de diferentes tipos paseando por los caminos entre los árboles, disfrutando de una bebida o de un helado. A lo lejos, se veía un gran lago, con un enorme monumento y una estatua ecuestre de un rey. Había puestos de helados, y hermosos monumentos y estatuas de piedra entre los árboles.

-Todo esto es hermoso- dijo Constanza.

-Aún no has visto lo más bello- dijo Isabel- el palacio de Cristal está más allá-

Constanza sonrió y miró su violín. Antes de responder, escuchó una melodía. Parecía ser un saxofón. Las dos chicas se acercaron y vieron a un anciano tocando el saxofón de pie en uno de los caminos entre los árboles, con el estuche de su instrumento abierto en el suelo y con algunas monedas en él. La gente que pasaba se detenía a escucharlo y le tiraba algunas monedas. Constanza sonrió.

-¿Hay más?- preguntó Constanza. Isabel asintió y las dos chicas siguieron caminando, encontrando cada vez más artistas callejeros. Había quienes tocaban guitarra, flautas dulces, tambores, clarinetes, entre otros muchos. También había algunos artistas que se disfrazaban de estatuas que se movían al acercarse algún curioso. Había también un hombre que tenía una mesa llena de copas con agua, con las que producía una melodía.

La chica miró asombrada todas estas cosas.

-Quiero intentarlo- dijo Constanza, abriendo el estuche y sacando su violín. Isabel puso el estuche en el suelo, abierto frente a ella. Constanza se acomodó el violín y comenzó a tocar la Primavera de Vivaldi. La gente que iba pasando comenzó a reunirse a su alrededor para escucharla. Isabel sonrió y miró a la intérprete, quien se encontraba totalmente concentrada en su música.

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Hades se encontraba vagando por la ciudad, cuando se topó con la puerta de Alcalá. La miró, recordando la puerta de entrada al Inframundo y suspiró. Puso la mano sobre la antigua piedra y tuvo una extraña visión.

Una familia viajaba en un auto a toda velocidad, saliendo de Madrid y cruzando por la puerta de Alcalá. El conductor era un hombre que él conocía: el señor Vivaldi. En el asiento del copiloto iba una niña rubia de cuatro años. Y en el asiento trasero iba una pareja que llevaba en brazos a una niña recién nacida.

Hades retiró su mano y sacudió la cabeza. Confundido por lo que acababa de ver, entró a un parque que estaba cerca del monumento y comenzó a caminar entre los árboles.

-Perséfone- dijo Hades en voz baja- ¿realmente eres esa chica?-

Hades hizo una mueca involuntaria. Había conversado con esa chica y se había mostrado amable con él. Superficial pero amable. Sin embargo, había sido muy fría e incluso grosera con Hypnos y Thanatos al creerlos sus sirvientes. ¿Cómo sería como reina del Inframundo?

Una melodía interrumpió sus pensamientos. Era una música que estaba acostumbrado a escuchar en el mundo de los muertos, que le recordaba enormemente a Perséfone, por lo que era una de sus favoritas. La Primavera de Vivaldi. Era un violín.

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CONTINUARÁ..

Otra entrega más… lamento la tardanza, asuntos del trabajo… espero que les guste. Saludos y gracias por sus reviews!

Abby L. / Nona =)