CAPITULO 6: ES ELLA
El Buen Retiro, Madrid, España
Hypnos abandonó su disfraz y sobrevoló el parque al que había ido Constanza con Isabel, decidido a seguirla y averiguar más sobre ella.
Desde que conoció a las dos chicas Vivaldi, Hypnos se había inclinado más por Constanza que por Eloísa. No le había agradado para nada esa chica, y cada hora que pasaba se iba convenciendo más de que las Parcas se habían equivocado y que su reina era realmente la menor de las dos.
-Mi reina Perséfone siempre se ha caracterizado por ser dulce y buena, tanto con sus iguales como con sus inferiores- dijo Hypnos para sí mismo, muy convencido.
Siguió con la mirada al par de chicas que iban caminando por el parque, hasta que las dos se detuvieron para que Constanza tocara el violin. Hypnos la escuchó con una sonrisa, hasta que ésta desapareció repentinamente.
-Ese cosmo…- dijo el espectro para sí mismo.
Un cosmo maligno se dejaba sentir por el parque, aunque el espectro no pudo identificarlo. Hypnos frunció el entrecejo y, vestido con su Sapuri, se posó en lo alto de uno de los monumentos del parque del Retiro y se quedó inmóvil, vigilando a la chica con atención.
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Campos Elíseos, Inframundo
Thanatos había vuelto a casa a ver como llevaban las cosas Pandora y los tres jueces. Al parecer todo permanecía en orden. Pandora parecía un poco alterada cuando vio llegar al dios de la muerte, y le preguntó por Hades y la supuesta Perséfone.
-Parece que ya la encontramos- dijo Thanatos- Hades nos dijo que se encontró con Ares en la tierra, y sospecha que fue él quien enmascaró a Perséfone para que no la encontráramos-
Pandora no respondió.
-Pero las Parcas le indicaron que se trata de una chica rubia- continuó Thanatos- que en lo personal no me termina de agradar...-
Thanatos cambió de tema y comenzaron a hablar del manejo del Inframundo. Pandora no se calmaba. No sabía como iba a terminar todo, desde que de pequeña puso una maldición sobre una niña llamada Constanza Vivaldi, destinada a ser la reencarnación de Perséfone.
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El Retiro, Madrid, España
Hades apresuró el paso, guiado por la música, y encontró nada menos que a Constanza Vivaldi, la chica con la que había chocado la noche anterior, tocando el violín en pleno parque, en medio de un gran número de paseantes que se detuvieron a escucharla. Su música realmente parecía divina. Hades sonrió. A Perséfone siempre le había gustado la música, en todas las reencarnaciones. Por eso, no le parecía tan descabellado que una de las Vivaldi fuera su amada reina. Pensaba en ella mientras escuchaba la música del violín.
Recordó cuando la vio por primera vez, en los tiempos mitológicos, en aquella pradera, recogiendo flores, cuando se enamoró perdidamente de ella y conspiró con Zeus para arrebatarla a la fuerza de la luz del día. Cuando Hermes lo visitó y le ordenó dejarla volver a la superficie para salvar a la humanidad de vivir en un invierno eterno y de . Como, temeroso de perderla, había ideado el truco de hacerla comer las semillas de granada para retenerla con él. Recordó como, amándola tanto y no queriendo engañarla, le propuso el plan y ella aceptó. Recordó también la furia de Deméter la siguiente vez que la vio, la de todos los dioses. Perséfone no había dicho nada, solo regresaba calladamente del Inframundo al Olimpo y de regreso, mientras las estaciones del año seguían su curso empezando por el momento en que desapareció por primera vez. Recordó como era tras era tenía que enviar a la superficie a sus espectros a buscarla, y cuando la encontraban, él aparecía e intentaba enamorarla una y otra vez. Recordaba que cada vez se topaba con dificultades diversas y variadas, pero jamás había fallado, porque el alma de Perséfone se encontraba eternamente enamorada de la de Hades.
Todas las reencarnaciones pasaron por la mente de Hades mientras escuchaba el sonido del violín, el que lo hacía recordar los buenos momentos junto a su reina. Al terminar la melodía, Hades volvió a la realidad. Los demás paseantes que se habían detenido a escucharla aplaudieron, algunos lanzaron monedas al estuche del violín y se dispersaron. Hades captó la mirada de Constanza cuando bajó el violín y ésta le sonrió. Isabel, la chica que estaba con ella, miró en la misma dirección, palideció y susurró algo al oído de Constanza. Ambas recogieron las monedas y guardaron el violín, y se alejaron de ese sitio precipitadamente.
Hades se encogió de hombros, confundido, y se debatió entre seguirlas o volver por donde llegó. Se decidió por la primera.
"No se porqué, pero me llama la atención más que su prima"
Iba a dar un paso hacia ellas, cuando alguien lo detuvo poniendo una mano en su hombro.
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Constanza había terminado de tocar y miró a su alrededor. Aunque estaba acostumbrada a los aplausos, éstos eran diferentes. Mientras miraba la multitud, captó la mirada de alguien conocido. Era ese extraño señor Alan, que sonreía entre la multitud. Ella no pudo evitar sonreír también. Algo tenía ese hombre que le agradaba mucho más que el conde Enrique. Se volvió hacia Isabel y notó que ésta había palidecido.
-¿Qué pasa, Isabel?-
-El guardaespaldas de tu tío nos siguió- dijo Isabel en voz baja- si le cuenta a tu tío, estaré en graves problemas...-
-Estaremos- dijo Constanza. Isabel sacudió la cabeza- oh, vamos, no pasará nada malo-
-Será mejor que nos vayamos antes de que nos alcance y nos obligue a volver a casa con él- dijo Isabel.
"Sigo teniendo un mal presentimiento de él. No podría descartar que se trate de otro dios que te está siguiendo, pero él se ha enmascarado de manera más efectiva que los anteriores. Debe tener mucha experiencia en el mundo humano"
-Está bien, vámonos antes de que nos vea- dijo Constanza, y las dos tomaron sus cosas y se alejaron. La chica miró hacia atrás y notó que el señor Alan la seguía con la mirada mientras se alejaba.
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Hades se volvió para ver quien lo había detenido y, aparte de sorprenderse, llenó su corazón de ira. Ares estaba junto a él.
-¿Tú otra vez?- dijo Hades entre dientes.
-Lo mismo me estaba preguntando- dijo Ares- creía que para este momento ya habías encontrado a Perséfone y la habías llevado al Inframundo contigo. Después de tantos años, estás perdiendo tu toque-
-Fuera de mi vista- dijo Hades, sacudiéndose del hombro la mano del otro dios.
-Si fuera tú no estaría perdiendo el tiempo- dijo Ares- antes de que un mortal te gane su corazón-
-He dicho fuera de mi vista- dijo Hades.
Ares sonrió con malicia y desapareció. Hades se quedó de mal humor, y comenzó a caminar de nuevo buscando a Constanza.
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Mientras caminaban, Isabel se encontraba cada vez más nerviosa. No le agradaba el hecho de que otro dios las estuviera siguiendo. Y si era así, seguramente iba tras Constanza y, aunque no lograba detectar ningún cosmo divino de ella, tal vez tenía algo que aún así atraía a los dioses. Miró su dije de plata, con la forma de la puerta de Alcalá.
-Oye, Constanza- dijo Isabel- creo que será mejor que nos separemos-
Constanza la miró, dudosa.
-Pues no sé si sea lo mejor- dijo ella.
-Lo es- dijo Isabel- estoy casi segura de que Ernesto me seguirá a mí- dijo Isabel- porque yo estoy vestida de rojo y llamo más la atención. Nos veremos en el palacio de Cristal una vez que lo haya perdido, ¿de acuerdo? No te vayas del parque sin mi- y le dio una mirada que quería decir "y ni se te ocurra irte con nadie más".
-De acuerdo- dijo ella, mirando dudosa a Isabel. Ésta le puso una mano derecha en el hombro, y Constanza se fue hacia el lago. Isabel se quedó de pie, y miró en su mano derecha el dije de la puerta de Alcalá.
"Lo siento, Stanzy, por tomar esto prestado sin tu consentimiento, pero es la única forma de protegerte", pensó Isabel. Y, asegurándose de que ese molesto guardaespaldas la viera, se apresuró en dirección contraria a donde había salido Constanza.
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Constanza se apresuró hacia el lago. Una vez que llegó a él, se quedó mirando a las parejas que iban paseando o remando en las barcazas.
Una de las barcazas le pareció peculiar, diferente a las demás. Era más grande y de color negro. El cielo se nubló por unos instantes, y le pareció ver una figura encapuchada que empujaba la barcaza. Constanza cerró los ojos y sacudió la cabeza. La figura había desaparecido. La chica se alejó del lado y caminó hacia el monumento principal.
Una vez ahí, sintió una sombra que sobrevolaba el parque, como un enorme pájaro. Miró hacia arriba, pero no notó nada extraño. Suspiró y caminó hacia el enorme monumento que estaba ahí. Observó con admiración la enorme escultura que habían hecho sus compatriotas. Aunque su sangre era italiana, ella había nacido en esa ciudad. Se acercó al monumento para verlo mejor, pero lo que vi le causó un escalofrío. Una enorme estatua de un águila negra parecía observarla con atención y seguirla con la mirada, sin importar que tanto se moviera en círculos. Asustada, se volvió y corrió en otra dirección, colina arriba, hasta que llegó a un claro y a una banca.
Tras comprobar que se encontraba fuera de la vista de esa cosa, se sentó y sacó su violín. No sabía que pasaría con Isabel y el guardaespaldas, pero acomodó su violín y volvió a comenzar a tocar. Hades ya la había alcanzado y, escondido con su casco de invisibilidad, la escuchó interpretar la melodía.
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Hypnos había estado siguiendo a Isabel y Constanza desde antes de que se separaran, mirándolas atentamente desde lo alto de un árbol. También él había alcanzado a ver a Ares con Hades, y no le dio buena espina su presencia por segunda vez cerca de Perséfone. Vio que Isabel, la sirviente de la señorita Vivaldi, la convenció de irse hacia el lago y ella aguardó a que Ares la viera para apresurarse al lado contrario.
"Pobre mortal, está corriendo gran peligro por ayudarla, sobre todo si Ares se interesó en esa muchacha, no estará contento con ella por engañarlo..." pensó Hypnos, dándole un poco de lástima la chica. Con una última mirada, se dio la vuelta y siguió a Constanza.
Al parecer, la chica se percató de su presencia, pues se alejó tan rápido como pudo de él. Sabía que, escondido detrás de la estatua, los ojos humanos de Constanza no lo notarían, sin embargo falló su estrategia y tuvo que seguirla volando de nuevo. Cuando vio que por fin Hades la había encontrado, se alejó con el objeto de darle privacidad. Entre más veía a esa Constanza, más se convencía de que las Parcas se habían equivocado de chica. Y en el fondo de su corazón deseaba que fuera ella y no su prima la reina del Inframundo. Pensó en seguir sobrevolando el parque mientras que Hades estaba ahí, en caso de que necesitara algo.
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Tras colgarse el dije de Constanza, Isabel corrió lo más rápido que pudo, alejándose lo más posible del palacio de Cristal. Sentía el cosmo agresivo detrás de ella, y sonrió, ya que sabía que el dios la estaba siguiendo a ella y no a Constanza. Demasiado tarde fue consciente del peligro en el que estaba. Al dar vuelta a una esquina, chocó contra el tórax de un hombre, y estuvo a punto de caer de espaldas si éste no la hubiera detenido a tiempo. Sin embargo, Isabel casi deseó haber caído, pues las manos del hombre parecían rocas que apretaban con fuerza sus muñecas y la hicieron gritar de dolor.
-Vaya, vaya, ¿qué haces aquí, Isabel?- dijo el guardaespaldas, levantando las muñecas de la chica, provocando que sus pies se despegaran del suelo.
-Suéltame, Ernesto...- dijo entre dientes Isabel, mirándolo a los ojos con furia.
-Ni lo sueñes, pequeña mortal- dijo el hombre, empujándola contra un árbol y apretando aún más sus muñecas- ¿tú sabes quien es esa chica a la que proteges?-
-Claro que lo sé- dijo Isabel, apartando su rostro del de él, pues el hombre estaba demasiado cerca de ella y no tenía la fuerza necesaria para apartarlo- lo supe desde que la conocí. Lo que no sé es quién eres tú y porqué la sigues...-
El hombre rió horriblemente y encendió su cosmo. Isabel tembló bajo el hombre. Su horrible cosmo era agresivo y violento. El guardaespaldas Ernesto apareció ante sus ojos vistiendo una armadura griega resplandeciente. La chica abrió los ojos desmesuradamente al reconocerlo.
-Eres...- murmuró Isabel, casi sin aliento.
-Así es, Ares, dios de la guerra- dijo él, tomando las dos manos de ella con una de las suyas en alto- y tú, pequeña mortal, aprenderás lo que les sucede a los mortales que intentan engañar a los dioses...-
Isabel, a pesar de estar muerta de miedo, miró al dios a los ojos de manera desafiante.
-Lo hice para proteger a Perséfone- dijo Isabel- porque es mi amiga Constanza-
-Mira, que ternura...- dijo Ares- y si esas fueron tus últimas palabras...- y alzó la mano libre formando un puño, dispuesto a golpearla. Isabel cerró los ojos y esperó el golpe, el cual nunca llegó. Al abrir los ojos de nuevo, se encontró a uno de los sirvientes del señor Alan deteniendo el golpe de Ares con la mano. Ya sabía quien era. Era uno de los dioses gemelos que había reconocido en casa del conde.
Ares lo miró con verdadera furia.
-Apártate, Hypnos, no es tu asunto- dijo Ares entre dientes.
-Si esta chica ha estado protegiendo a mi reina, por supuesto que es mi asunto- dijo Hypnos- no te dejaré hacerle daño-
Ares los miró con furia alternadamente y soltó a Isabel.
-Esto no se acaba así, Hypnos- dijo Ares, mientras soltaba a la chica- me encargaré de destruirte, Isabel, de la manera más humillante y dolorosa que pueda encontrar- y desapareció.
Isabel tembló, e hizo un enorme esfuerzo para no echarse a llorar. Había otro dios con ella, que la miraba furioso. Después de unos segundos, el espectro se puso de rodillas.
-Gracias por intentar salvar a mi reina- dijo Hypnos- fue tonto e irresponsable desafiar a un dios, pero gracias a ello lo alejaste de mi reina, y te lo agradezco-
Isabel suspiró y le sonrió.
-No hay que agradecer- dijo Isabel- Constanza es mi amiga, y lo hice para ayudarla a ella, no a Hades ni a ustedes-
-No importa- dijo Hypnos- todo por proteger a mi reina-
Isabel sonrió.
-¿Cómo sabías que era Constanza y no Eloísa?- dijo Hypnos- porque las Parcas nos orientaron hacia la mayor-
Isabel lo miró.
-No lo sé- dijo ella- desde pequeña puedo detectar cosmos divinos y separarlos de los cosmos humanos. El de Constanza era algo diferente, alguien lo enmascaró para que no fuera encontrada-
-Ares, sin duda- dijo Hypnos- porque él sí notó la diferencia-
-No se quien haya sido, pero lo supe porque sentí el cosmo de Hades en la ciudad, en el Palacio Real y en casa del conde; y porque Constanza es mucho más dulce que Eloisa. No podría ser nadie más, y me sorprende como no lo notaron ustedes-
-Hemos estado ciegos- dijo Hypnos- en todos los milenios hemos estado acostumbrados a detectarla fácilmente, que no nos fijamos en esos detalles, hasta que... hasta que noté la diferencia de carácter entre las dos chicas- sacudió la cabeza.
-Tal vez deberías ir donde Hades y explicarle que es Constanza- dijo Isabel.
-No creo que sea necesario- dijo Hypnos- por lo que vi antes de venir por ti, creo que ya se lo imagina-
Isabel sonrió y miró en dirección del Palacio de Cristal.
-¿Qué no te preocupa la amenaza de Ares?- dijo Hypnos- creo que uno de los peores dioses que pudiste haber hecho enojar-
La sonrisa de Isabel desapareció de inmediato, pero Hypnos siguió sonriendo. En su mano hizo aparecer una estrella de plata y la colocó sobre la frente de Isabel.
-A partir de este día estoy en deuda contigo, por proteger a mi reina- dijo Hypnos- prometo protegerte como tú hiciste con ella-
La estrella desapareció sobre la frente de la chica.
-Ahora vamos- dijo Hypnos- se hace tarde-
Hypnos volvió a su disfraz humano, y los dos caminaron hacia el palacio de Cristal.
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Hades observó a Constanza acomodar de nuevo el violín y comenzar de nuevo con la melodía. Esa la reconocía muy bien, era el presto del Verano de Vivaldi, la melodía que evocaba una tormenta de verano. El dios la observaba tan maravillado que le recordaba la primera vez que vio a Perséfone en aquel valle de Enna, en tiempos mitológicos.
Perséfone.
Miró alternadamente a la chica que tocaba el violín con completa pasión y el cielo que se nublaba rápidamente, hasta que comenzó a llover en forma de tormenta de verano. Constanza guardo rápidamente su violín y corrió hacia el palacio de Cristal. Sorprendido, Hades la siguió.
"Es ella", pensó Hades "la que controla las estaciones. Es Perséfone"
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Hola! Espero que les siga gustando. Perdonen la tardanza, estos días son muy ocupados… saludos!
Abby L. / Nona =)
