CAPITULO 10: EL STRADUVARIUS

Madrid, España

Eloisa estaba en su habitación, furiosa. Le irritaba haber descubierto que su prima había ganado el favor no solo del conde Enrique, sino también del señor Alan. ¿Qué tenía ella? Solo su estúpido talento con el violín. Y sabía que su padre se había quedado con ella porque sabía que los haría ricos, como lo eran ahora. Pero su talento siempre se había eclipsado con el de ella. Siempre, todo el mundo miraba a Constanza. La odiaba por eso.

-¿Se puede?- preguntó una voz masculina, interrumpiendo sus pensamientos.

Eloísa se volvió hacia la puerta.

-Ah, eres tu- dijo Eloísa, mirando al guardaespaldas de su padre.

-Sí, tengo algo importante que decirte sobre Constanza- dijo él.

-No me importa- dijo Eloísa, volteando la cabeza en otra dirección- estoy harta de que todo siempre tiene que ver con Constanza...-

-Esto te interesará- dijo el guardaespaldas- tu prima guarda un secreto que solo tu padre conoce. Y es por eso que todo el mundo siempre gira alrededor de ella-

-¿De que hablas?- preguntó Eloísa- ya sé que Constanza es Perséfone, la diosa del mundo de los muertos. Toda la vida mi padre ha estado intentando ocultárselo, pero parece que de todos modos de alguna manera tiene que sobresalir. Me sorprende que lo sepas, mi padre guarda ese secreto con mucho cuidado- añadió

-Eso no es todo lo que se- dijo el mayordomo- el resto de lo que te quiero contar te interesará. El señor Alan no es otro sino el mismísimo dios del Inframundo, Hades-

Eloísa se llevó las manos a la boca, asustada. En esa fiesta había hablado con Hades, creyéndolo un simple hombre rico. ¿Cómo era posible que el guardaespaldas supiera todo eso? Y a su padre no le haría ninguna gracia saber que Hades por fin ha encontrado a Constanza.

-Como ves, él subió a la superficie en busca de tu prima para llevársela al Inframundo- dijo él.

-Pues que se la lleve- dijo Eloísa, una vez que pasó su sorpresa- entre más pronto, mejor, que saliera de mi vida para siempre...-

-Pero no saldrá, su presencia te va a atormentar para siempre- dijo él- ¿vas a permitir que se salga con la suya? Tu familia se sumirá en la vergüenza si llegara a descubrirse la verdad sobre tu prima, terminará de destruir tu felicidad, mientras que ella será feliz en el Inframundo-

Eloísa no respondió.

-Además, esa sirvienta suya le está ayudando a Hades, es una espía- continuó él- y es ahora su mejor amiga-

Eloísa se ruborizó de pura furia. Odiaba que su prima hiciera amistad con la servidumbre.

-¿Y qué propones que haga?- dijo Eloísa- si Hades ya la encontró, no hay nada que...-

-Si lo hay- dijo él- Hades prometió dejarla en paz si llegaba a comprobar que ella no quería seguirlo. Solo hay que convencer a alguno de los dos...-

Eloísa se quedó pensativa.

-¿Y tú como sabes todo esto?- dijo Eloisa- ¿quien eres?-

-Mi nombre es Ares- dijo el mayordomo- y juré separar a Hades de Perséfone. Y tú, mujer mortal, me ayudarás a conseguirlo-

x-x-x

A la mañana siguiente, Constanza vio a Isabel preparándose para salir. Se sentía mal por haberla ignorado el día anterior. La verdad no quería hablar con nadie de lo ocurrido en ese momento, pero se arrepentía de haber ignorado a Isabel.

-¿Isabel?¿A donde vas?- dijo Constanza.

-Hoy es mi día libre, y voy a salir- dijo sin mirarla, mientras guardaba algunas cosas en su bolso.

-¿Puedo ir contigo?- preguntó ella.

Isabel la miró, sorprendida, suspendiendo lo que estaba haciendo en ese momento.

-¿Quieres venir?- dijo Isabel.

-Claro- dijo Constanza- ¿a donde vas?-

-Al palacio real- dijo Isabel.

Constanza hizo una mueca.

-¿Estará el conde ahí?- preguntó. Isabel sonrió.

-No, claro que no- dijo Isabel- solo quiero ir al museo. Siempre voy en mis días libres... me gusta- añadió bajando la mirada.

-¿Isabel?- dijo Constanza- ¿porqué te gustan tanto?-

Ella suspiró.

-Mi familia siempre ha servido a la realeza de España- dijo Isabel- me gusta ir a los museos y mirar los rastros de mis antepasados, los lugares donde estuvieron...-

-Ojalá pudiera decir lo mismo- dijo Constanza.

Isabel sonrió y miró a Constanza.

-¿Segura que quieres ir?- dijo Isabel- la última vez te sentiste un poco indispuesta... dijiste que no te agradaba el lugar-

-No es nada- dijo Constanza- era porque estaba nerviosa por la presentación. Quiero ver el palacio-

-De acuerdo, vamos- dijo Isabel.

x-x-x

Hades se dirigió a paso decidido hacia el Palacio Real, seguido nuevamente por Hypnos. Thanatos había decidido regresar nuevamente al Inframundo para vigilar a Pandora y los jueces y evitar que ocurriera alguna eventualidad como la vez anterior. Hades estuvo de acuerdo, con Hypnos tendría más que suficiente.

-¿Estás seguro...?- dijo Hypnos.

-Estoy seguro- dijo Hades- Aiakos dijo que escuchó a Isabel decir que vendrían aquí... tengo que encontrarla... y hacerla recordar...-

-No se si recuerdo mal- dijo Hypnos- pero en el palacio real está el famoso cuarteto...-

-¿Y eso que tiene que ver?- preguntó Hades.

-Eso me da una idea- dijo Hypnos.

x-x-x

Constanza e Isabel entraron al museo del Palacio Real con la tarjeta de acceso de la segunda. Constanza recordaba la enorme explanada llena de gente, frente a un escenario improvisado. Esta vez también estaba rebosante de gente, pero porque iban a ver el museo.

-¿Y esto de que se trata?- preguntó Constanza- la vez que vine al concierto no se me ocurrió preguntar-

-¿Bromeas?- dijo Isabel- ¿que acaso no es esta la ciudad donde naciste?¿Y nunca te ha interesado?-

-Pues... la verdad no me había puesto a pensar mucho en ello- dijo Constanza.

Isabel sacudió la cabeza y se encogió de hombros.

-Vamos entonces- dijo Isabel- quizá te convenga tomar un tour guiado mientras-

A Constanza le pareció buena idea, y ambas tomaron el tour, aunque Isabel parecía saber más del palacio que la misma guía. Cuando Constanza observó ese detalle, Isabel sacudió la cabeza y dijo que simplemente le gustaba mucho ese sitio.

Las dos chicas entraron por la escalera principal y avanzaron entre las salas y habitaciones. Al poner el pie en el último escalón de la escalinata principal del palacio, un hada de Hades salió volando a toda velocidad.

x-x-x

Hades recibió el hada y sonrió. Su amada Perséfone estaba en el Palacio Real.

-Gracias- susurró Hades, y el hada desapareció. Se volvió hacia el dios gemelo- vamos-

x-x-x

Constanza tenía la impresión de que ya había estado antes en ese sitio, aunque sabía que jamás en su vida había puesto un pie ahí dentro. Mientras subía la escalinata principal y recorría las primeras salas y habitaciones, su corazón le decía que ya había estado ahí, en otra vida. Estiró su mano y la apoyó sobre el pasamanos de la escalinata. Casi podía sentir el roce del un vestido mientras subía los escalones. Suspiró mientras su corazón latía con fuerza.

Isabel volvió la vista hacia la confundida Constanza y la animó a seguir avanzando. La chica se dejó guiar por las hermosas salas ricamente adornadas.

-¿Isabel?- dijo Constanza.

Isabel no respondió y siguió avanzando, hasta que llegaron a un cuarto grande que exponía un cuarteto de cuerdas detrás de unas vitrinas.

Constanza se olvidó de Isabel, del incidente del día anterior, de Hades, de todo. Miró anonadada los instrumentos. Se volvió hacia la etiqueta de la vitrina, aunque no necesitaba leerla para saber de que se trataba. "Unico cuarteto de cuerdas Stradivarius completo en el mundo"

De pronto, escuchó un golpe seco, y vio que Isabel había caído desmayada al suelo.

-¡Isabel!- dijo Constanza, forzándose a retirar su atención de los hermosos instrumentos. No fue la única. Todos los presentes, turistas y guardias, cayeron desmayados al suelo en un sueño profundo. Un sueño.

"Hypnos", fue lo primero que pensó Constanza.

-Sí, yo se lo pedí- dijo una voz masculina.

El corazón de Constanza dio un vuelco, y vio que se trataba del señor Alan. No, de Hades. La chica dio un paso hacia atrás.

-No tengas miedo, mi amada- dijo Hades- no pretendo obligarte a nada. Quería darte la oportunidad de cumplir tu sueño. Ese Stradivarius- añadió señalando el más pequeño de los violines- era tuyo...-

Constanza lo miró, embelesada. Ese violín era un tesoro. Era uno de los tesoros que más ansiaba poseer, la razón por la que había aguantado tanto tiempo a su tío era para ahorrar lo suficiente para comprar uno. Miro dudosa el violín y se volvió a Hades.

-Es un regalo de Hypnos, mi súbdito que más te ama. Durmió a todos en el Palacio para darte la oportunidad- añadió Hades.

Constanza sonrió y abrió con cuidado la vitrina. Ninguna alarma sonó. La chica se acomodó el violín en su hombro y sonrió. Comenzó a tocar una de sus melodías favoritas, la misma que había tocado el día de la muerte de sus padres, el requiem de Mozart. El sonido de ese violín era verdaderamente divino y envolvente, no era parecido a nada que había escuchado antes. La música parecía volver más denso el ambiente y crear escenas a su alrededor.

Constanza vio entre el humo que se levantaba a su alrededor como había conocido a Hades en días anteriores, en el parque que Isabel le había mostrado, en el Palacio de Cristal en medio de la lluvia. Recordó la primera vez que vio la Puerta de Alcalá a través de la ventana de la limosina de su tío. Su primer concierto. El día que sus padres murieron y que, al irse a dormir, tuvo en sueño en el que sus padres le dijeron que eran felices y que no debía preocuparse por ellos. Incluso recordaba ver los rostros de su madre desde sus brazos.

Pero de pronto, comenzó a recordar cosas que no había vivido, al menos no en esta vida. Se vio a si misma, con un vestido largo como el de las mujeres del cuadro que le gustaba a Isabel, recorriendo los pasillos de ese mismo palacio, pero en todo su esplendor, y un hombre igual a Hades, que se arrodillaba ante ella y le ofrecía la mano, que ella tomaba con una sonrisa y sin dudar. También se vio en un enorme y hermoso jardín, caminando a toda prisa por un sendero, al final del cual se encontraba nuevamente Hades con los brazos abiertos, y ella se dirigía a él sin ninguna duda o temor. Así, una y otra vez, se veía a si misma en miles de versiones distintas, en todas aceptando el amor de Hades.

Después vio un hermoso campo, en el que se vio a si misma recogiendo flores, y a Hades emergiendo de la tierra, fuerte y poderoso, tomándola de la cintura y subiéndola con él a su carro de fuego y hundiéndose en el suelo. Recordó el miedo que había sentido en ese momento, el cual se disipó al bajar del carro en un hermoso jardín, rodeado de construcciones griegas, árboles y flores. Los Campos Elíseos. Recordó a Hades entregándole una granada y explicándole que solo comiera si quería quedarse para siempre con él, y ella tomó la granada sin dudarlo y comió seis semillas de ella. Pudo ver, clara como el día, la sonrisa de su rey al ver que ella quería pasar la eternidad con él.

Constanza interrumpió la melodía y miró a Hades con los ojos llenos de lágrimas. Dejó el violín de nuevo en el estante y salió corriendo de ahí, sin saber que hacer.

Hades suspiró tristemente. Creía que con eso convencería a Constanza, pero al parecer solo logró confundirla y asustarla más. Después de indicarle a Hypnos que despertara a Isabel y a los guardias y turistas, salió del Palacio con intención de alcanzar a Constanza.

x-x-x

Jardines de Sabatini, Madrid, España

Constanza salió del Palacio y de la plaza de la armería para internarse en los jardines de Sabatini. Entre el laberinto de árboles y arbustos, se dejó caer al suelo junto a una fuente y se echó a llorar. Estaba asustada. ¿Entonces era cierto que era la reina del Inframundo? ¿La esposa de Hades? Y Hades... ¿era realmente ese hombre apuesto, con esa mirada benévola y amorosa que tenía hacia ella todo el tiempo? Ahora lo entendía. Su alma y su corazón ardían de amor cada vez que veía a Hades.

-¿Constanza?- escuchó una voz llamándola.

El corazón de Constanza se sintió lleno y rebosante, tanto que le costaba trabajo respirar, tan solo de escuchar el tono de la voz de Hades.

-Constanza...- repitió Hades con el mismo tono, el cual tuvo un efecto idéntico.

-Hades...- dijo para sí misma. Estuvo a punto de levantarse para ir por fin hacia él, cuando sintió que alguien la obligaba a permanecer en el suelo. Iba a gritar, pero una mano enguantada cubrió su boca con fuerza.

-Shh... calla, pequeña, no querrás arruinar la sorpresa que tengo preparada para tu amado Hades- dijo la voz.

Constanza tembló. Conocía esa voz, era del guardaespaldas de su tío. Era la voz de Ares, el mismo que casi le quita la vida a su mejor amiga.

-No tengas miedo, mi pequeña Kore- dijo Ares- no te haré daño. Solo quiero romperle el corazón a tu seguidor..-

Constanza trató de soltarse, pero no lo logró.

-Ahora solo quédate quieta, pequeña- dijo Ares, deteniéndola con fuerza contra sí mismo- y disfruta la función...-

x-x-x

Isabel despertó y miró a su alrededor. Tardó varios segundos en recordar lo que había ocurrido. Se levantó rápidamente y se apresuró a salir del palacio para buscar a Constanza. No sabía exactamente que había pasado, pero tenía el presentimiento de que algo no estaba bien.

Isabel salió a la plaza de la armería y corrió hacia la reja abierta, que daba a la catedral. Cuando estuvo a punto de salir, la reja se cerró frente a ella sola. Una voluntad extraña le impedía acudir a donde se encontraba Constanza.

"¿Ares otra vez?", pensó. Sin perder tiempo, se apresuró a volver al palacio, a ver si encontraba otra salida. No avanzó mucho, pues se encontró a su compañera María.

-María, ¿qué haces aquí?- preguntó.

-No lo sé- dijo María- la señora Eloísa me pidió que la acompañara. Vimos a la señora Constanza y mi señora se fue tras ella...-

-¿Dónde esta?- dijo Isabel- María, tengo que encontrarla, ¿dónde está Constanza?-

-La señora Eloísa me prohibió decirte- dijo María, frunciendo el entrecejo- dijo que no eres de fiar. Y si te digo, nos mandará azotar a las dos-

Isabel la miró con enojo y le dio la espalda, apresurándose a encontrar una salida para llegar con Constanza lo más pronto posible. Aquello parecía obra de Ares o del señor Vivaldi, y ninguna de las dos opciones era para tranquilizarse.

x-x-x

Hades se internó también en los jardines de Sabatini. Llamó a su reina por su nombre, pero no recibió respuesta. Recorrió los jardines, pues sentía su presencia cerca. De pronto, escuchó su voz cerca de la entrada de los jardines. Se acercó apresuradamente y se encontró con Constanza de pie y otro hombre. Lo conocía, era el conde Enrique. El rey del Inframundo los miró confundido.

-Señorita Constanza, se lo suplico- dijo el conde, arrodillado delante de ella- hágame el honor de aceptar mi mano-

Hades estuvo a punto de pensar "Ja! Buen intento, pero ella es mía", cuando la respuesta que escuchó la respuesta que le partió el corazón el mil pedazos.

-Por supuesto que la acepto, nada en el mundo me haría mas feliz- dijo la voz de su amada Constanza.

Hades se quedó helado, y miró la escena. No podía equivocarse. Su Kore, su Perséfone, no, su Constanza acababa de aceptar a un mortal. Sus ojos se humedecieron mientras veía al hombre besar la mano de su amada reina.

-Te amo, mi Stanzy. Respeto tu decisión- dijo Hades en voz baja, para sí mismo

Con el corazón destrozado, abrió un hueco en el suelo en el centro del jardín y desapareció dentro, borrándose su cosmo de la tierra.

x-x-x

CONTINUARÁ…