CAPITULO 11: EL ESCAPE
Hypnos había levantado el hechizo de sueño que tenía sobre todo el palacio y miró hacia los ocupantes del salon del Stradivarius. Vio a Isabel levantarse confundida y salir, por lo que decidió seguirla. Después de su encuentro con María, Isabel volvió la cabeza y se detuvo al ver a Hypnos.
-Así que fueron ustedes...- dijo Isabel.
Hypnos asintió y sonrió levemente.
-Pero, ¿porqué cerraron todos los accesos del palacio?-
-Nosotros no...- comenzó Hypnos, confundido.
De pronto, Hypnos sintió el cosmo de Hades desaparecer de la tierra, y se apresuró a seguirlo. Al ver el cambio en la expresión de Hypnos, Isabel lo siguió, preocupada. Las puertas en el Palacio real, las cuales se encontraban cerradas, se abrieron de golpe. El dios del Sueño miró por última vez a Isabel, quien lo miraba confundida, y desapareció al Inframundo.
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Constanza no se perdió ni un segundo lo ocurrido, y miró con impotencia como su doble aceptaba al conde y rompía el corazón de Hades. Trató en vano de gritar, de soltarse, de correr hacia él y decirle que esa chica no era ella, que ella jamás aceptaría al conde o a otro hombre, que acababa de darse cuenta de que ella lo amaba a él, solo a él, desde siempre y para siempre.
Cuando Hades desapareció bajo tierra, Ares por fin la soltó. Ella se levantó y corrió hacia el punto donde él había desaparecido. La tierra se había cerrado, y Constanza cayó de rodillas y se echó a llorar.
-Ya, no llores- le dijo Ares con desprecio- deberías agradecer lo que hice. Te salvé de cometer el mismo error que has cometido desde tiempos mitológicos...-
-Hades...- murmuró ella sin dejar de llorar, ignorando a Ares.
-Bah, eres tan tonta como siempre, no tienes remedio- dijo Ares con una sonrisa malvada- bueno, mi trabajo aquí terminó, hasta la próxima era...-
Ares desapareció cuando terminó de hablar, y Constanza no se inmutó. Siguió con su llanto hasta que la encontró Isabel.
-Stanzy, ¿que pasó?- dijo Isabel en voz baja- ¿estás bien?-
-Hades piensa que... me casaré con... el conde- dijo ella entre sollozos.
-¿De qué hablas? dijo Isabel confundida.
Constanza no contestó y siguió llorando amargamente. Isabel se arrodillo junto a ella, la abrazó y miró a su alrededor. Vio a otra Constanza cerca de ellos, que de pronto se convirtió en Eloísa. Isabel frunció el ceño y por fin entendió lo ocurrido. La orgullosa mujer se acercó a Constanza e Isabel y volvió hacia ellas su respingada nariz.
-¿Que te pasa, Constanza?- dijo Eloísa- ¿te hizo algo esa pobretona?-
Isabel se levantó y la enfrentó.
-¿Cómo pudiste hacerle eso a Constanza?- le dijo Isabel. Eloísa se volvió hacia ella.
-¿Qué te pasa? ¿que no conoces tu lugar?- respondió Eloísa- eres una sirvienta, y haces lo que se te ordena, sin añadir una palabra más-
Isabel estuvo a punto de responder, pero Constanza la tomó del antebrazo.
-Déjala- dijo Constanza.
-¿Estás bien?- dijo Isabel en voz baja, arrodillándose junto a ella de nuevo y palmeando su espalda.
-No- dijo Constanza, limpiándose las lágrimas con el dorso de la mano- pero vamos a arreglarlo-
-¿De que hablas?- dijo Eloísa- tú estás comprometida con el conde Enrique. No vas a hacer nada que ponga en peligro a nuestra familia. Mi padre contrató varios guardaespaldas más...-
Seis hombres aparecieron y rodearon a las chicas. Junto a ellos llegó el señor Vivaldi, con una expresión de decepción en su rostro.
-¿Porque no me habías dicho que ese Hades ha estado acosando?- dijo el señor Vivaldi- tuve que enterarme por Eloísa. Me has decepcionado mucho, hija mía. Por fortuna, has aceptado al conde y podremos resolver esto como si nada hubiera pasado...-
Constanza lo miró con furia.
-Yo no acepté al conde- dijo Constanza- lo que hicieron conmigo y con Hades fue muy cruel...-
-Eso no tiene importancia- dijo él- y ahora mismo volveremos a casa. Se acabaron los paseos con tu sirvienta. Lo único que quiero escuchar de ti es el sonido de tu violín-
Y sacó el violín de Constanza. El último regalo de sus padres.
-Ni creas que seguiré trabajando para ti- dijo Constanza, arrebatando su violín de manos de su tío y abrazándolo- no volveré a tocar una sola nota para ti o para ella-
-No tienes opción, vendrás con nosotros- dijo el señor Vivaldi, para después hacer una seña a los guardaespaldas, quienes tomaron a las chicas por los brazos y las obligaron a subir a la limosina con ellos. Otro más tomó el violín de los brazos de Constanza y se lo entregó a Vivaldi, mirando el instrumento con una sonrisa malvada.
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Campos Elíseos, Inframundo
El Inframundo se oscureció. Ni siquiera en los Campos Elíseos brillaba el sol. Tan pronto como llegó a su palacio, Hades se encerró en su habitación. No respondió las preguntas de Hypnos y Thanatos. Se negó a hablar con los jueces sobre lo ocurrido en el Inframundo durante su ausencia. Incluso se negó a ser consolado por Pandora. No quiso ver a nadie.
Todos los espectros interrogaron a Hypnos. Este les contó como había resultado el plan que realizaron en el Palacio Real, como al parecer todo marchaba bien hasta que la chica salió del edificio hacia los jardines, y que no se explicaba que había ocurrido después.
Cansado de la actitud de su rey y de todas las interrogantes de los espectros, Hypnos entró a la habitación de Hades. Este se encontraba mirando por la ventana, con el violín que Perséfone había dejado la reencarnación pasada abrazado contra su pecho.
-Hades, ¿que sucedió?- dijo Hypnos.
Hades no respondió por un momento. Hypnos volvió a preguntar.
-Es inútil, Hypnos- dijo Hades con voz quebrada- es inútil continuar...-
-¿Qué fue lo que pasó después de que salieron?- preguntó Hypnos, cada vez más preocupado.
-Ella le entregó el corazón a un hombre mortal- dijo Hades- la perdí para siempre-
Hypnos lo miró con incredulidad
-No la creo capaz, Hades- dijo Hypnos- si su alma reacciona a tu voz, como siempre. Fue impresionante...-
-Pues parece que no fue así- dijo Hades- yo la vi, con mis propios ojos, aceptando matrimonio con el conde Enrique. Escuché de sus labios que nada la haría más feliz-
Los dos permanecieron en silencio unos momentos, Hypnos esperando a que Hades dijera algo más.
-¿Y no vas a hacer nada al respecto?- dijo Hypnos, exasperado- ¡eres el dios de la muerte! Tienes que...-
-No, no tengo nada- dijo Hades- prometí no molestarla si decidía volver al Olimpo o si le daba su corazón a un hombre mortal. La amo demasiado como para obligarla o a lastimar su corazón. Fin del asunto-
Hypnos no respondió. Lo miró exasperado y salió.
"La ama demasiado" pensó Hypnos "pero no creo que mi reina sea capaz de aceptar a ningún mortal, menos después de saber lo mucho que la ama Hades. Nunca ha sido capaz de resistirse a tal grado de adoración, y no creo que esta vez sea la excepción"
Decidido, salió del Inframundo y se dirigió al mundo humano.
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Madrid, España
Isabel miraba a Constanza con tristeza, quien no paraba de llorar por Hades. Sabía que lo amaba, y odiaba lo que había hecho Eloísa. Sabía el miedo que su amiga tenía de no volverlo a ver. Y ahora estaba encerrada, sin posibilidades de ir con Hades para aclarar lo sucedido. Todo aquello le desesperaba. Y había algo más.
-Esto no se va a quedar así- dijo Isabel, molesta, viendo los restos del violín de Constanza en el suelo. Había astillas y cuerdas rotas regadas por el suelo.
El señor Vivaldi había ordenado que regresaran a las chicas a su habitación. Más tarde, había ido a verlas con dos de los guardaespaldas, anunciando que Constanza debía prepararse para la presentación de esa noche, a lo que ella se negó. Vivaldi entregó el violín a uno de sus guardaespaldas, quien lo destruyó a golpes delante de ella, hasta reducirlo a pedazos. Constanza casi no se inmutó por ello, le mortificaba más lo ocurrido con Hades, pero a Isabel le pareció un verdadero ultraje. La pieza más grande que logró rescatar fue un trozo de madera con una flor de lis blanca.
Isabel miró alternadamente a Constanza y los pedazos del violín en el suelo, y tuvo una idea.
-Vámonos- dijo Isabel en voz baja- escapemos de aquí...-
Constanza dejó de llorar y la miró.
-¿Qué dices?- preguntó.
-Que tenemos que salir de aquí- dijo Isabel- tu alma ama a Hades, no a ese conde mortal. No puedo permitir que sigan haciéndote esto- y le mostró el trozo de violín.
-No estoy segura...- susurró Constanza, limpiándose las lágrimas- ¿cómo llegaré hasta Hades? No conozco el camino hacia el Inframundo, a menos de que...- y se interrumpió y miró a Isabel con los ojos llorosos.
-No, ese no es el único camino- dijo Isabel- tienes que llegar viva al reino de los Muertos, tienes que ir por otra entrada. Pero ningún humano puede entrar vivo al Inframundo. Tenemos que hacer algo al respecto...-
-¿Y qué es...?- preguntó Constanza.
-Ya te lo explicaré en el camino- dijo Isabel- para empezar, tenemos que encontrar una manera de salir de aquí-
-Creo que ya se como- dijo Constanza, y entre las dos comenzaron a atar las sábanas de su habitación, abrieron el balcón y escaparon por la ventana. Constanza siguió a Isabel hacia la Gran Vía y por las calles de Madrid.
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Teatro de Callao, Madrid, España
Hypnos acudió al teatro. Estaba seguro de que esa noche se presentarían Constanza y su prima, y estaba decidido hablar con la primera y aclarar la situación. Sabía que su reina jamás amaría a otro hombre que no fuera Hades.
Se sentó en primera fila a la hora de la función y esperó. Más de media hora después, cuando el público comenzó a desesperar, un hombre anunció que la señorita Constanza Vivaldi se sentía indispuesta por una súbita fiebre y pedía disculpas por su ausencia.
A Hypnos le pareció sospechoso, y siguió al anunciante hasta los camerinos. Ahí, escuchó al señor Vivaldi y a la prima de Constanza discutir.
-¿Cómo no sabes donde está?- dijo el hombre- ¿no dejé a 3 hombres fuera de su habitación? No hay otra salida para que haya escapado-
-Ya te lo dije, María encontró que escapó de su habitación junto con Isabel, su sirvienta- dijo Eloísa- te lo dije, esa pobretona ha estado de lado de Hades todo el tiempo, seguro era una espía...-
-No lo creo, me aseguré de que no fuera así- dijo el señor Vivaldi- Isabel fue muy recomendada por sus anteriores amos...-
-Es la peor de las dos- dijo Eloisa- había muchas mejores, ¿porqué la elegiste?-
-El padre de las hermanas Strauss dijo que Isabel tiene un sexto sentido- dijo Vivaldi- puede detectar presencias divinas. Supuse que me alertaría si Hades o alguno de sus súbditos se acercaba a Constanza-
-Pues estoy segura de que te equivocas- dijo Eloísa- ahora es solo cuestión de tiempo para que Constanza llegue con Hades-
-No puede entrar al Inframundo sin consentimiento de Hades, y después de lo ocurrido, éste no se lo dará- dijo él- además, tengo un seguro contra ello. Enviaré a mis sirvientes a buscarla. Si me entero que por alguna razón entró al Inframundo, sé como traerla de vuelta. Desde el día que nació, juré que Hades no la tuviera, y no la tendrá...-
Cuando los dos se retiraron, Hypnos miró enfadado el punto donde habían desaparecido. No sabía como lo habían hecho, pero esos mortales habían conseguido engañar a Hades, muy probablemente con la ayuda de algún dios, Ares quizá. Pero aún tenían esperanza: Constanza había escapado y, según lo que acababa de escuchar, lo había hecho para ir con Hades. Sabía que no convencería a Hades si le contaba eso, así que decidió buscar a Constanza y llevarla ante él, si era posible. Salió rápidamente del teatro y se dispuso a sobrevolar las calles de Madrid.
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Museo del Prado, Madrid, España.
Constanza e Isabel entraron al museo del Prado por una pequeña puerta trasera que Isabel conocía. Caminaron lentamente en el museo en penumbra, con cuidado de no revelarse si había algún guardia rondando.
-¿Estás segura de esto?- preguntó Constanza, mirando insegura los cuadros.
-Muy segura- dijo Isabel- aquí hay una entrada al Olimpo...-
-Pero, ¿tengo que ir sola?- preguntó Constanza.
Isabel se detuvo un instante.
-Lo siento- dijo Isabel tristemente- no puedo ir contigo, no tengo esencia divina... pero sé que estarás bien-
-Eso espero- dijo Constanza. Las chicas entraron al museo y observaron las estatuas en la entrada, de Zeus y Deméter
"Mis padres", pensó Constanza "los padres de mi alma".
Estuvieron a punto de pasar hacia la sala de las Musas, cuando la estatua de Deméter se movió y se dirigió a ellas.
-¿Qué sucedió?- dijo Deméter, observando a Isabel- ¿cómo lograste librarte de Ares?-
-Hypnos me salvó- dijo Isabel- porque Constanza se lo pidió a Hades-
-Ya veo- dijo Deméter, y pasó sus ojos a Constanza- ¿a qué has venido, Kore?-
-Quiero ir al Olimpo- dijo Constanza- tengo algo que pedirles-
Los ojos de Deméter brillaron.
-Ve a la sala de las Musas- dijo Deméter- y cruzando el umbral detrás de las estatuas, aparecerás en el Olimpo-
Constanza le agradeció y, tras una mirada a Isabel, cruzó el umbral de la sala de las Musas, hacia el Olimpo. Isabel sonrió al verla desaparecer.
-Buena suerte, Stanzy- murmuró Isabel- aunque se que no la vas a necesitar-
Iba a dar un paso adelante cuando un par de manos la detuvieron de los hombros. Estuvo a punto de gritar, pero una mano cubrió su boca.
-Shhh, no te asustes, soy yo- dijo una voz.
Isabel se relajó y sonrió. Era Hypnos.
-Me asustaste- dijo Isabel en voz baja- ¿qué sucede?-
-¿Dónde está Constanza?- preguntó Hypnos.
-Acaba de irse al Olimpo- dijo Isabel- necesita que le den Nectar y Ambrosía para poder ingresar al Inframundo y hablar con Hades-
-¿Tú sabes lo que ocurrió?- dijo Hypnos- escuché a Vivaldi y a la prima de Constanza, parecía como que tramaban algo-
-En efecto- dijo Isabel.
Y le contó lo sucedido, tal y como recordaba. A cada palabra que decía Isabel, Hypnos se enfurecía cada vez más.
-Ya veo- dijo Hypnos una vez que Isabel terminó su relato- eso lo explica todo, pero Hades está tan afectado que no me creerá si le digo lo ocurrido... nada cambiará hasta que vea a Constanza en el Inframundo-
-Que nos lleva a este momento- dijo Isabel, señalando el umbral por el que había desaparecido Constanza- espero que esté bien en el Olimpo-
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Olimpo, Grecia
Constanza apareció en la gran reja en el monte Olimpo. Vio a Deméter, una mujer idéntica a su madre, correr hacia ella y abrazarla.
-Oh, Kore, te he extrañado tanto- exclamó.
A Constanza le hubiera gustado decir lo mismo, pero no pudo. No la recordaba, más que por la estatua en el museo. Deméter lo adivinó y la condujo dentro del enorme palacio de los dioses. Dentro, había una gran congregación de dioses y diosas. Todos la miraron con alegría y admiración, murmurando que Perséfone por fin había regresado al Olimpo.
-Oh, lamento mucho decepcionarlos- dijo por fin Constanza cuando le dejaron hablar- pero necesito su ayuda. Quiero ir al Inframundo, quiero resolver un malentendido que hubo con Hades-
Los dioses sonrieron compasivamente al ver su sonrisa triste. Una diosa de cabellos morados se acercó a ella.
-Oh, Perséfone- dijo la diosa- cuanto lamento que pasó entre Hades y yo... cuando estés allá, por favor dile a Hades que siento lo ocurrido, fue mi culpa que Ares se metiera en la tierra y saboteara todos sus planes...-
-¿Y tu eres...?- preguntó Constanza.
-Atena, soy Atena- dijo la diosa- dile que lo siento, no pude contener a Ares-
-De acuerdo- dijo Constanza.
Deméter se acercó con una cuchara y una taza.
-Esta es la única manera de entrar al Inframundo y salir con vida, siendo la encarnación de una diosa- dijo Deméter- tienes que comer ambrosía y beber el néctar de los dioses-
-De acuerdo- dijo Constanza.
La chica tomó la cuchara y tomó una probada de la ambrosía. El sabor del alimento iba más allá de lo que había probado en su vida, y vaya que había probado diversos manjares. Posteriormente tomó un trago de néctar, el cual tuvo el mismo efecto. Se sintió mareada y se dejó caer al suelo, sentada. Respiró hondo.
-Cuidado- dijo Deméter- la ambrosía es fuerte. Con esa probada tienes para ir y volver sin complicaciones. No que vayas a tener muchos problemas. Tu alma ya probó las granadas del Inframundo, y también perteneces a ese mundo. Ve con cuidado- le entregó una moneda de oro- para que pagues a Caronte-
-Gracias... madre- dijo Constanza.
-Oh, mi Kore- dijo Deméter- si no supiera que eso te hace feliz... solo por eso es esta tregua con Hades. Ve con él y que sean felices-
-Gracias- sonrió Constanza.
-Espera- dijo otro de los dioses- yo te acompañaré a las puertas del Inframundo. Soy Hermes-
-Gracias, Hermes- dijo Constanza- pero conozco el camino-
Sonriendo, agradeció a los dioses del Olimpo y volvió a la tierra.
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Madrid, España
Constanza apareció delante de Hypnos e Isabel en el museo. Respiró agitadamente. El viaje al Olimpo y de regreso la había dejado cansada. Se sorprendió al ver al dios del sueño en el museo con Isabel.
-¿Hypnos?¿Qué sucede?- preguntó ella.
-Hades está deprimido- dijo Hypnos seriamente- no deja de abrazar el antiguo violín de Perséfone... quiero decir, tu violín que dejaste la reencarnación pasada. El Inframundo se volvió caótico. Incluso los Campos Elíseos parecen el mismo infierno...-
-Fue Ares- dijo Constanza rápidamente, llena de rabia- mi prima se hizo pasar por mí, y Ares me detuvo y me impidió desengañarlo. Pero lo amo a él, Hypnos. Yo amo solo a Hades. Tienes que ayudarme. Él tiene que saberlo-
Hypnos sonrió.
-Vamos, tenemos que darnos prisa- dijo Hypnos- tu tío planea algo para alejarte de él... tienes que darte prisa...-
Constanza asintió, y los tres se apresuraron hacia el metro. Recordaba lo que Isabel había dicho sobre la estación fantasma de Chamberí. Que esa estación abandonada era una entrada hacia el Inframundo.
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CONTINUARÁ…
Hola chicos! Espero que les siga gustando esta historia… hasta el próximo capítulo
Abby L. / Nona =)
