CAPITULO 12: CHAMBERÍ
Estación de Atocha, Madrid, España
Constanza miró la estación de Atocha desde el otro lado de la calle, mientras descendía a la estación del Metro del mismo nombre. Quizá esa sería la última vez que la viera, pensaba. Una vez bajo tierra, tomaron el tren con dirección a Pinar de Chamartín.
-Son seis estaciones hasta Bilbao- explicó Isabel- la estación que le sigue sería Iglesia, pero entre ambas estaciones está la de Chamberí. No sé como haremos para hacerte bajar en ella...-
-El metro se detendrá si ella lo quiere así- dijo Hypnos con seguridad.
Constanza asintió, nerviosa. Sentía que las manos le sudaban. Hypnos lo notó.
-Tranquila- dijo Hypnos, tomando sus manos con cariño- yo te acompañaré, mi reina. No estarás sola. Y aunque lo estuvieras, es tu reino. Nadie se atrevería a ponerte un dedo encima, vivo o muerto-
Constanza le sonrió, y prosiguieron su viaje en silencio.
-"Proxima estación: Bilbao"- anunció el altavoz.
El corazón de Constanza dio un vuelco. El tren se detuvo, y los pasajeros entraron y salieron del tren. Cuando éste reanudó su marcha, Constanza se levantó de su asiento y se acercó a la puerta del coche, seguida de Hypnos e Isabel.
"Quiero bajar en Chamberí. Quiero entrar al Inframundo", pensó Constanza con todas sus fuerzas.
-"Próxima estación: Chamberí"- dijo la grabación del altavoz, por primera vez en más de cincuenta años.
Constanza sintió que sus manos temblaban. El tren se detuvo lentamente en la estación que ya había visto al pasar por el metro. Una estación escasamente iluminada, en penumbra, con anuncios antiguos en las paredes. La chica miró hacia atrás. Nadie en el tren, salvo sus dos acompañantes, parecía haberse inmutado por que el tren se detuviera en una estación abandonada. El interior del carro también se encontraba en penumbra. Parecía que el tiempo se encontraba congelado.
La chica bajó del carro, seguida de Isabel e Hypnos. Una vez que lo hicieron, el tren volvió a la normalidad y continuó su viaje hacia la estación de Iglesia.
-Bien, aquí es- dijo Constanza, respirando hondo.
-Vamos, mi reina- dijo Hypnos- no temas, mi reina, pues Hades ya está muy cerca-
Constanza sonrió y estuvo a punto de comenzar a bajar las escaleras de la vieja estación en penumbra, siguiendo a Hypnos, cuando un grito ahogado de Isabel la detuvo. Los dos se volvieron hacia ella. Una mano la había atravesado, a la altura del pecho, de lado a lado. La chica de cabellos negros cayó al suelo de golpe, revelando a su atacante.
-¿Otra vez tu?- dijo Hypnos, exasperado, reprimiendo un tono de ansiedad- ¿quieres dejarnos en paz?-
Pero Constanza corrió al lado de Isabel, quien ya no se movía ni respiraba. Había un gran hoyo en su pecho, del cuál aun fluía sangre. La chica herida se volvió hacia ella con los ojos vacíos.
-Oh, ¿buscabas esto, pequeña?- dijo Ares sonriente, mostrándole un corazón palpitante y lleno de sangre en su mano derecha. Posteriormente se volvió al dios del Sueño- no era lo que tenía en mente para ella, pero al menos así ya no podrás volver a salvarla, Hypnos-
-¡No! ¡Isabel!- exclamó Constanza. Pensaba que ya no podía llorar más, pero su corazón no pudo soportarlo más.
-No llores, mi reina- dijo Hypnos, mirándola con compasión y tristeza- ella estará a donde nos dirigimos, en los Campos Elíseos, donde perteneces-
Ares se echó a reír.
-Para ser la reina del Inframundo, eres bastante lenta, niña- dijo Ares- y es tan fácil que te aferres a la vida. Lo mismo hice cuando eras pequeña... maté a tus padres para que dijeras que odiabas a Hades, para que te escuchara Pandora y por coraje ella misma enmascarara tu cosmo-
-¿Fuiste tú?- exclamó Hypnos lleno de furia- ¿tú causaste todo esto?-
-Por supuesto que no- dijo Ares- ¿no escuchaste? Pandora la escuchó decir que odiaba a Hades por llevarse a sus padres, y ella fue quien enmascaró su alma para que su querido hermano Hades no sufriera con una chica tan malagradecida-
Hypnos miró a Ares con furia. Ya se las arreglaría más tarde con Pandora por haberles ocultado eso, causándoles tantos dolores de cabeza. Pero en ese momento solo quería masacrar al dios que tenía enfrente.
-Ya basta- exclamó Constanza, muy molesta, dejando a Isabel en el suelo y poniéndose de pie- estoy cansada de ti. Me iré en este momento al Inframundo. Hypnos, por favor cuida de Isabel. Yo conozco el camino...-
-¿Qué dices?- exclamó Ares- no puedes ir...-
-Mírame- dijo Constanza, y se apresuró a bajar las escaleras de la estación. Ares intentó seguirla, pero Hypnos se lo impidió.
-No volverás a acercarte a mi reina- le dijo Hypnos.
-¿Quieres pelea, Hypnos?- dijo Ares, preparándose para pelear.
-Por supuesto- dijo Hypnos- te haré pagar lo que le hiciste a mi reina, y a esa chica...-
-Oh, no me digas que te enamoraste de una mortal- dijo Ares en tono de burla y escupiendo al piso- solo por defender a tu querida reina. Eres tan patético-
-Hablas demasiado- dijo Hypnos con repugnancia- prepárate-
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Río Estigia, Inframundo.
Constanza bajó las escaleras apresuradamente. Sabía que Hypnos detendría a Ares lo suficiente hasta que ella se internara en el Inframundo, a donde no osaría seguirla. Bajó una larga escalera de caracol. Una vez que llegó al fondo, vio un enorme río, con muchas almas esperando en la orilla.
Un hombre encapuchado se acercó a ella en una barca. Ya sabía quien era, se trataba de Caronte. Ella se acercó a la orilla del río.
-Quiero que me lleves al otro lado, hacia donde se encuentra Hades- dijo ella.
-No transporto vivos- dijo Caronte con voz cortante.
Constanza sacó la moneda que le había dado Deméter en el Olimpo.
-Pagaré por ello- dijo Constanza, mostrándole la moneda.
-Tentador- dijo el encapuchado tras un minuto de silencio, mirando la enorme moneda de oro. Después sacudió la cabeza- pero no puedo transportar vivos-
-Soy Perséfone, reina de este mundo- dijo Constanza con seguridad- te ordeno que me lleves inmediatamente ante Hades-
Caronte la miró.
-Aún no tenemos reina- dijo Caronte después de pensarlo unos segundos- nuestra reina nos abandonó...-
-Yo soy la reina del Inframundo- dijo Constanza de nuevo- y te ordeno que me lleves de inmediato ante Hades-
Caronte la miró. Una vez mas, sacudió la cabeza, pero se inclinó ante ella y la invitó a subir a bordo. Sin decir palabra, la llevó al otro lado del río, ante la mirada sorprendida de todas las almas presentes. Una vez que la dejó en la orilla, Constanza bajó y le agradeció.
-¿Cómo llegaré hasta Hades?- le preguntó Constanza.
-Tiene que ir hasta Giudecca, al fondo del Inframundo, y cruzar el muro de los Lamentos hacia los Campos Elíseos, ahí es donde se encuentra en este momento mi señor...- dijo Caronte.
Constanza le agradeció nuevamente y se apresuró a ir en esa dirección. Nunca antes había estado ahí, pero en su corazón conocía el camino. Su alma lo había recorrido ya miles de veces en las anteriores reencarnaciones, y su corazón la guiaba.
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Campos Elíseos, Inframundo
-Lo sabía- dijo Pandora, enfurecida, para sí misma- sabía que esto ocurriría. Esa chiquilla es una malagradecida. Y que todo lo que hice para evitarle este daño a Hades no sirvió de nada-
Recorrió molesta su habitación en el castillo de Hades en círculos, cuando Minos apareció ante ella.
-Mi señora Pandora- dijo Minos- un reporte de lo más alarmante llegó a mis oídos-
-¿Qué sucede, Minos?- preguntó, mientras se dejó caer sobre una silla.
-Hay una chica que entró con vida al Inframundo- dijo Minos- una chica que dice ser la reina Perséfone. El mismo Caronte me dijo que la transportó a través del Estigia, y que en este momento se dirige hacia Giudecca. Dice que quiere llegar a donde se encuentra Hades-
-No lo permitiré- dijo Pandora, poniéndose de pie- esa chica o es una impostora o es quien hirió el corazón de Hades. La haré pagar...-
Tomó su tridente y desapareció, dirigiéndose a toda prisa hacia Giudecca.
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Thanatos se había ocupado del gobierno del Inframundo desde la ausencia de Hades, y ahora que había vuelto y seguía indispuesto, continuó manejando los asuntos del mundo de los muertos. También a sus oídos llegó el reporte de Minos. Una vez que escuchó aquello, envió a los tres jueces a traer a la chica que decía ser la reina del Inframundo a su presencia.
"Si es Constanza, ella podrá aclarar todo esto, pues es probable que sea un malentendido... sobre todo porque Ares estuvo involucrado..."
Pensó en comunicarlo a Hades, pero se detuvo.
"No lo sé por cierto, y aunque lo fuera, tal vez Hades no quiera escucharme" pensó Thanatos "además, seguramente Hypnos tuvo algo que ver con su presencia".
Se levantó y salió a buscar a esa chica.
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Hades seguía en su habitación en los Campos Elíseos, ignorante de todo lo que estaba ocurriendo en su propio reino. Suspiró. Pensó que quizá solo tendría que esperar una reencarnación para que Perséfone volviera a estar con él como antes. La tentación de morir y esperar en aquel letargo su próxima reencarnación, en la que estaría con su amada reina, era muy grande.
Se levantó y pensó en dirigirse al Tártaro. Pero se detuvo en la puerta. No podía abandonar el resto de su mundo, de su reino, que tanto amaba. Además, eventualmente, un día Constanza moriría y bajaría al Inframundo, y él seguramente la recibiría con el mismo amor que siempre le había tenido. Se dejó caer sobre la cama y cerró los ojos.
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Constanza llegó a Giudecca más pronto de lo que cualquier otro mortal hubiera hecho. Los espectros se apartaban para dejarla pasar. Los abismos se allanaban para que sus pies no tropezaran y los ríos cortaban su cauce para que no se mojara, reconociendo a su reina.
La chica subió los escalones del palacio de Giudecca, con su corazón lleno de alegría. Pronto llegaría ante Hades. Abrió la puerta y vio una gran sala, y un trono delante de una cortina. Se apresuró a subir pero, apenas había dado un paso cuando una voz femenina la detuvo.
-Vaya, vaya- dijo la voz- la verdad no imaginaba que tendrías las agallas de aparecer aquí-
Constanza se detuvo.
-¿Quién es?- dijo la chica.
-Soy Pandora, la hermana de Hades, la regente del Inframundo- dijo Pandora, saliendo detrás de la cortina, tridente en mano- no creas que te dejaré pasar hacia los Campos Elíseos con vida. Ya has hecho sufrir demasiado a mi hermano pequeño-
-Pero todo fue un error- dijo Constanza- yo nunca quise lastimarlo, pero...-
-¡No mientas!- gritó Pandora, lanzándole un rayo con el tridente, el cual apenas pudo esquivar la chica- yo misma te escuché gritar que odiabas a Hades, hace más de 10 años cuando tus padres murieron-
-Todo fue un error- repitió Constanza- una trampa de Ares. Él mató a mis padres y te guió hasta ahí para que me escucharas y cubrieras mi esencia divina...-
-Ya me cansé de ti y de tus mentiras- exclamó Pandora, y le lanzó otro rayo, el cual volvió a evitar.
-¡Basta!- exclamó Constanza- por favor, déjame hablar con Hades. Tengo que decirle lo que en realidad ocurrió-
-No tienes nada de que hablar con Hades- dijo Pandora- y la única manera de que pertenezcas a este mundo es que mueras, así que no te muevas y yo haré el resto-
Y lanzó otro rayo. Constanza sabía que no iba a poder esquivarlo y cerró los ojos. Pensó en Isabel, que probablemente estaría ya en los Campos Elíseos. Pensó que vería a sus padres. Y en Hades, en el amor de su vida.
El impacto nunca ocurrió. En vez de eso, un hombre cayó frente a ella de rodillas, golpeado por el rayo de Pandora. Nunca lo había visto en su vida, en esta vida, pero sabía quien era. Se apresuró a arrodillarse junto a él antes de que cayera de golpe al suelo.
-Aiakos...- susurró ella- no tenías que...-
-Claro que sí, mi reina- dijo Aiakos, apretando los dientes.
-¿Que significa esta insolencia?- exclamó Pandora, apartando a Aiakos y haciendolo caer boca abajo, para después volver a apuntar su tridente hacia Constanza- ¿porqué defienden a esta traidora e impostora?-
Radamanthys dio un paso al frente, colocándose entre las dos mujeres.
-Mi señor Thanatos nos ordenó buscarla y llevarla a su presencia, a salvo e ilesa- dijo el juez- y es como la llevaremos...-
Pandora frunció el ceño.
-¿Se atreven a desobedecerme?- dijo ella.
-No- dijo Minos- obedecemos a Thanatos- se volvió hacia Constanza y le ofreció la mano para ayudarla a levantarse, mientras Radamanthys levantaba a Aiakos- después de usted-
Constanza les agradeció y comenzó a caminar con ellos hacia el muro de los Lamentos. Puso su mano sobre él y de inmediato cruzó hacia el otro lado, hacia los Campos Elíseos.
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Estación de Chamberí, Madrid, España
Hypnos se llevó la mano al costado, el cual sangraba profusamente. Miró con furia a Ares, quien había dejado el corazón de Isabel en el suelo, el cual ya había cesado de palpitar. Con tristeza se dio cuenta de que Isabel ya había cruzado también hacia el mundo de los muertos. Ares tampoco estaba ileso, pero miraba a Hypnos con la misma autosuficiencia que lo caracterizaba.
-Bueno, Hypnos, parece que yo soy el vencedor- dijo Ares.
-Ni por error- dijo Hypnos- mi reina se encuentra a salvo en el Inframundo, y esa es la victoria que yo perseguía...-
Ares arrugó la frente, muy enfadado.
-Nos veremos pronto, Hypnos- dijo Ares- esto no se quedará así. Hades no recuperará a Perséfone en esta reencarnación. Fue lo que prometí y pienso cumplir- y desapareció.
Hypnos relajó su postura de defensa y se acercó al cuerpo sin vida de Isabel. Sacó de su bolsillo una moneda y la puso en su mano.
-Te veré del otro lado, Isabel- dijo Hypnos, mientras su cuerpo se convertía en miles de puntos de luz ante sus ojos- gracias por cuidar de mi reina hasta el final y traerla hasta aquí... te prometo que serás recompensada-
Y bajó la escalera, en la misma dirección que Constanza.
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Campos Elíseos, Inframundo
Constanza fue escoltada por los tres jueces del Inframundo hacia el palacio de Hades en los Campos Elíseos. Era la vista más hermosa que Constanza había visto, la misma que había recordado mientras tocaba el Stradivarius en el Palacio Real. Pero la vista se había distorsionado y oscurecido.
-¿Qué pasa aquí?- preguntó Constanza.
-La tristeza de Hades distorsiona la vista en los Campos Elíseos- dijo Minos- usualmente es un lugar muy hermoso...-
-¿Dónde está él?- preguntó Constanza.
Antes de que pudieran contestar, Thanatos salió del castillo y caminó hacia ella. Constanza pensaba que le iba a reclamar lo ocurrido, pero el dios de la muerte se arrodilló ante ella.
-Bienvenida, mi reina- dijo Thanatos.
Constanza sonrió, puso sus manos en sus hombros y lo hizo levantarse.
-Gracias, Thanatos. ¿No ha vuelto Hypnos?- preguntó Constanza, y Thanatos sacudió la cabeza- ¿donde está Hades? Llévame con él, por favor- dijo ella.
Thanatos asintió y guió a Constanza. Esta sentía su corazón lleno de ansiedad. Recorrieron un par de pasillos, cuando Constanza ignoró las instrucciones de Thanatos y se adelantó corriendo por una escalinata.
-Espera, Constanza- dijo Thanatos- no está ahí-
-Sí, yo sé que es por acá- dijo Constanza casi sin aliento. Thanatos la siguió.
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En la armería del castillo, en la torre oeste, Hades desenvainó su espada. Tenía poco tiempo de haberla limpiado, y miró su reflejo por la resplandeciente hoja. Suspiró. Quizá sería buena idea morir en ese momento y esperar la siguiente reencarnación, a ver si tenía mejor suerte. Esta había sido un completo fiasco. No podía creer todo lo que había ocurrido. Que esta vez había perdido a Perséfone, que ella le había entregado su corazón a otro hombre.
Se acercó la punta de la espada a su pecho. Respiró hondo y se preparó. Cuando abriera los ojos de nuevo, quizá ya estaría con su reina. Uno... dos...
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CONTINUARÁ…
No me maten! Jaja espero que les guste hasta ahorita, y me disculpo por el suspenso. Muchas gracias por sus reviews…
Abby L / Nona =)
