CAPITULO 15: UN NUEVO MUNDO

Madrid, España

Constanza despertó en su cama. Cuando abrió los ojos, se volvió hacia su lado derecho, y encontró a Isabel recogiendo algunas prendas del suelo y de las sillas. Sonrió, y algo llamó su atención. Un prendedor dorado en el pecho de su compañera.

-Isabel- dijo Constanza.

Isabel se volvió hacia ella, pues no se había dado cuenta de que su ama estaba despierta. Sonrió.

-Buenos días, Stanzy- dijo Isabel- ¿tienes hambre?-

-Extrañamente sí- dijo Constanza, levantándose y llevándose la mano al abdomen- tengo mucha hambre-

-Está bien, en seguida te traigo de desayunar- dijo Isabel.

-Isabel, ¿qué es eso que tienes?- dijo Constanza- ese prendedor... ¿es nuevo?-

Isabel lo miró.

-No lo creo, no recuerdo bien pero lo encontré en el fondo de mi maleta- dijo Isabel.

-Oh- dijo Constanza levantándose- era solo curiosidad-

-Lo sé- dijo Isabel, mientras seguía preparando la ropa de Constanza.

-Bueno, será mejor que me de un baño- dijo Constanza.

Una vez que Constanza entró al cuarto de baño, Isabel bajó por su desayuno. Mientras subía con la charola, tenía la impresión de que algo había olvidado. Miró el corazón dorado que tenía sobre el pecho y se encogió de hombros. Tenía una sensación extraña sobre su corazón, como un extraño vacío. Volvió a la habitación y colocó la charola sobre la mesita. Se volvió a encoger de hombros. Seguramente no era nada importante.

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Gran Vía, Madrid, España

-Bueno, ¿listos para el segundo round?- dijo Thanatos sin mucho ánimo.

-Anímate, Thanatos- dijo Hypnos- esta vez será más fácil. Ya sabemos quien es nuestra reina, donde encontrarla, no estará enmascarada y Ares no nos estorbará-

Thanatos miró con curiosidad la sonrisa melancólico de su gemelo.

-¿Pasa algo, Hypnos?- dijo Thanatos.

-No, para nada- dijo el dios del Sueño, mirando hacia otra dirección mientras se cambiaba a sus ropas humanas.

Hades, por su parte, sonrió.

-Si ya están listos- dijo Hades- pongamos nuestro plan en marcha-

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Isabel y Constanza cruzaron la calle y caminaron hacia el Palacio Real, que se encontraba a un par de cuadras de su casa.

-Pero Isabel, ya estuvimos aquí- dijo Constanza.

-Sí, pero no entramos- dijo Isabel- tienes que ver su interior, es impresionante...-

Constanza asintió y siguió a Isabel por la plaza de la Armería y se detuvo delante de la escalinata principial. La miró sin aliento, viendo la estatua que se encontraba al final.

-Isabel- dijo Constanza con un hilo de voz- ya he estado aquí antes-

Isabel la miró.

-Creí que nunca antes habías estado en España- dijo Isabel mientras otros turistas pasaban a su alrededor y subían la escalinata.

-No, solo el día que nací- dijo Constanza- pero algo me dice que ya he estado aquí. Ya he subido y bajado estas escaleras...-

Constanza bajó su mano hacia su costado, como esperando sentir algo, un vestido largo. Nada, solo la delgada tela de su falda. Miró sus pies, sus pequeños zapatos de piso negros. Volvió a mirar la escalinata y la estatua, imaginándose hombres en trajes y mujeres en vestidos largos subiendo y bajando por ellos. Sonrió, pero su sonrisa se borró al ver la mirada preocupada de Isabel.

-No me mires así- dijo ella, ruborizándose levemente- es tu culpa por traerme aquí-

-Creo que ves demasiadas películas antiguas- dijo Isabel, sonriendo- ¿continuamos?-

Constanza asintió, y ambas subieron por la escalinata. Pasaron por los salones, uno tras otro, y Constanza parecía ver fantasmas por todas partes. En la sala del trono, le pareció ver a un par de reyes desconocidos, sentados en ambos tronos. Una mujer casi idéntica a Isabel portaba una bandeja que ofrecía a la reina. Y un cuarteto de cuerdas tocaba junto a ellos. Un cuarteto formado por tres hombres y una mujer, quien tocaba el violín de espaldas. A través del reflejo de uno de los espejos, Constanza pudo ver su cara.

-Soy yo- dijo Constanza en voz baja, para sí misma- ¿cómo puede ser?-

La mujer del violín tocaba maravillosamente, igual que ella. Y Constanza pudo ver un vicio en su ejecución, su dedo meñique flexionado de manera peculiar sobre el violín, igual a como lo hacía ella.

La chica sacudió la cabeza y la visión desapareció. Confundida, siguió a Isabel, quien continuaba explicándole los detalles de cada habitación, sin darse cuenta lo que ocurría. Cuando pasaron a la siguiente sala, un hombre que iba siguiéndolas se detuvo y miró la sala. Sus ojos rojos volvieron a su color habitual.

-Mi parte del trabajo está hecha, mostrando los fantasmas del pasado- dijo Thanatos- solo queda que Hypnos haga el suyo... y que Hades tenga suerte-

Suspiró, y continuó el recorrido detrás de las dos chicas.

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No pasaron más cosas extrañas en el resto del recorrido, salvo la corazonada de Constanza de ya haber estado ahí antes. Llegaron al salón de los Stradivarius.

-Este es el único cuarteto de Stradivarius completo del mundo- dijo Isabel, mientras explicaba, y la mente de Constanza voló de nuevo hacia la sala del trono, y el rostro de la violinista que vio ahí.

Constanza dio un paso hacia delante, hacia el violín más pequeño, y el guardia se aclaró la garganta. La chica lo miró frustrada. Recordaba que su sueño siempre había sido tocar uno de esos violines. El guardia la miró como advertencia, y bostezó. Con un enorme bostezo, cayó al suelo. Constanza lo miró asustada, cuando Isabel bostezó también a su lado.

-Stanzy, estoy muy cansada- dijo Isabel, apoyando su mano en el hombro de ella, para después dejarse caer sobre la alfombra.

-¡Isabel!- exclamó Constanza aunque, en el fondo, recordaba que eso ya lo había vivido antes- dejá vu...- añadió, y miró a su alrededor. Todos los turistas que habían entrado a la sala se quedaron dormidos, todos los guardias perdieron el conocimiento y, de nuevo, ella estaba sola frente al violín de sus sueños en el aparador, frente a la imagen de una musa griega.

Constanza estiró las manos y tomó el violín. Era mucho más ligero que su violín de flores de lis. Lo acomodó bajo su cuello y tocó la primera nota con los ojos cerrados. Su sonido era realmente divino. Comenzó a tocar una melodía, cuando un aplauso la interrumpió. Miró asustada a su alrededor. En la puerta, un hombre la miraba. Un hombre que llevaba un traje negro con el que se confundían sus cabellos del mismo color. Tenía una hermosa mirada. Le era desconocido y, sin embargo, sabía que ya lo había visto antes. Una fuerte sensación de paz llenó el corazón de la chica.

-Tocas maravillosamente, Constanza- dijo el hombre.

-¿Quien eres?- dijo ella, dejando el violín en su sitio- ¿cómo sabes quien soy yo?-

Hades sonrió tristemente y entró a la sala, para detenerse justo frente a ella.

-Yo te conozco desde el principio de todas las Eras- dijo Hades- yo soy Hades, rey del Inframundo, y tu eres mi reina Perséfone-

Constanza palideció. Aquello se parecía mucho a un sueño que había tenido antes... ¿o no había sido un sueño? Miró a aquel hermoso hombre y su corazón palpitaba con fuerza, pero su mente y su memoria seguía sin reconocerlo.

-No, no puedo ser yo- dijo ella- estás equivocado-

-Busca en tu corazón, mi amada Constanza, y verás que es cierto-

Constanza sacudió la cabeza, pero por su mente pasaron todos los recuerdos que acababa de ver en el palacio. Salió corriendo de la sala.

Hades suspiró, y se volvió a su derecha, donde Hypnos se materializó.

-Ve tras ella- dijo Hypnos, mirando a Isabel y a los guardias en el suelo- los mantendré ocupados-

Hades asintió y salió tras Constanza.

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Constanza salió del palacio y rápidamente corrió a los jardines de Sabatini. Pasó entre las fuentes y se escondió entre los arbustos.

-No es posible- se repetía en voz baja, asustada- no puedo ser Perséfone, no puedo, no puedo...-

Escuchó pasos y guardó silencio, intentando calmar su agitada respiración. Hades la estaba buscando,

-Constanza, ¿dónde estás?- decía Hades- por favor, sal-

Constanza no se movió. Casi pudo sentir la orilla del traje de Hades rozar su mejilla cuando éste pasó junto a ella sin verla. Contuvo la respiración hasta que se alejó

-Por favor- suplicó Hades- sabes que no te haré daño. Te lo prometí. Prometí que te buscaría y no te dejaría ir, sin importar que...-

Constanza salió con cuidado de su escondite, y se acercó a la salida de los jardines.

-Por favor, Constanza- continuó suplicando Hades a lo lejos.

Constanza lo miró con algo de tristeza, su corazón se llenó de empatía, pero sacudió la cabeza y salió de los jardines. Rodeó el palacio por fuera y miró la entrada a un extraño jardín. "Campo del Moro" rezaba el anuncio en la entrada. Miró hacia atrás y, al ver que Hades se encontraba cerca, se deslizó hacia el interior del campo.

Sonrió al ver el hermoso campo, lleno de árboles, lagos y fuentes. A pesar del fuerte calor, se podía respirar una brisa húmeda y fresca. Pasó por uno de los caminos, el cual terminó en una fuente con una hermosa estatua. La chica se llevó las manos a la boca.

-Mamá...- dijo en voz baja.

La estatua volvió sus ojos a ella y sonrió.

-Así que nos volvemos a encontrar, mi hermosa Kore- dijo la estatua.

-¿Qué está pasando?- dijo Constanza, retrocediendo.

-Lo olvidaste, mi querida hija- dijo la estatua de Demeter- tú eres Kore, Perséfone, la diosa y reina del Inframundo-

-No puedo serlo- dijo ella.

-Lo has olvidado, hija mía, pero lo eres- dijo Demeter- Hades no miente. Él sabía que lo olvidarías, olvidarías que lo conoces y que lo amas. Y aún así, para salvarte, decidió correr el riesgo-

-Pero...-

-Él te ama- dijo Deméter con una sonrisa- y tú a él, aunque no lo recuerdes. Puedes sentir como tu corazón late desbocado cuando escuchas su voz-

Constanza se llevó la mano al pecho. Deméter sonrió y le entregó algo. Era su violín de flores de lis.

-Tengo miedo- dijo Constanza, tomando su violín sin dejar de ver a Deméter- ¿qué debo hacer?-

-Ya sabes que hacer, hija mía- dijo la estatua antes de quedar inmóvil nuevamente

Constanza miró su violín. Se sentó en la orilla de la fuente y acomodó su violín. Cerró los ojos y comenzó a tocar su melodía favorita, la tormenta de Verano de Vivaldi. Conforme tocaba, el cielo se nubló. Ella siguió tocando, hasta que gruesas gotas de lluvia cayeron a su alrededor con fuerza. Constanza no se inmutó y siguió tocando. La música la hizo recordar. El pasaje entre las estaciones del metro. El inframundo. Los Campos Elíseos. Hades.

De sus ojos surgieron lágrimas que se mezclaron con las gotas de lluvia que caían a su alrededor. Tocó la última nota y abrió los ojos. Hades estaba de pie frente a ella, en la lluvia, con su sonrisa melancólica.

-Hades...- fue lo único que atinó a decir, antes de dejar caer su violín al suelo y lanzarse a sus brazos. El dios la recibió con alivio. Había tenido mucho miedo de perderla- cumpliste tu promesa...-

-Menos mal- dijo Hades- tuve mucho miedo...-

-Hades, ¿que vamos a hacer...?- dijo Constanza- mi tío...-

Hades le besó la mejilla.

-No te preocupes- dijo Hades- tu tío y tu prima nos dejarán en paz. Ares ya no los puede ayudar...- tomó su dije de plata de la Puerta de Alcalá y lo rompió entre sus dedos- todo lo que te vincula a este mundo dejará de existir-

Constanza sonrió, pero su sonrisa se borró.

-Isabel...- comenzó.

-Si quiere quedarse, es su elección, mi reina- dijo Hades- es lo menos que puedo hacer por ella, después de que cuidó de ti todo este tiempo-

Constanza sonrió levemente. Tenía razón. La extrañaría, pero Isabel merecía vivir, después de haber dado su vida por ella.

-Aunque estoy seguro que nos seguirá- dijo Hades, pensando en Hypnos y sonriendo. Constanza sonrió también y asintió.

Hades le ofreció la mano.

-Vámonos, mi amor- dijo Hades, recogiendo el violín de Constanza del suelo y ofreciéndole su brazo- vamos a donde pertenecemos...-

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Metro Subterráneo, Madrid

El metro volvió a detenerse en la estación fantasma de Chamberí. Hades y Constanza salieron del metro, seguidos por Hypnos, Thanatos y los tres jueces del Inframundo.

-Mira por última vez tu mundo, mi reina- dijo Hades.

-Miro por última vez este mundo, Hades- dijo Constanza sonriendo- mi mundo es el que está del otro lado de este portal, contigo-

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Campos Elíseos, Inframundo

Todos los espectros se inclinaron ante la recién reunida pareja. Pandora pidió perdón a su cuñada por haber caído en la trampa de Ares y del señor Vivaldi y por haberla enmascarado por tanto tiempo. Hades estuvo molesto, pero Constanza la perdonó, al igual que a las Parcas, quienes habían mentido a Hades sobre su identidad. Hades también las perdonó, pero aprendió a no volver a fiarse de ellas.

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Museo del Prado, Madrid, España

Isabel había vuelto al lugar donde casi muere. Junto con Constanza, había recordado todo lo ocurrido antes de la pelea de Hades contra Ares. Miró nuevamente el cuadro de Las Meninas y suspiró con algo de tristeza.

-Lo siento, te decepcioné- dijo mirando a la mujer de cabellos negros del cuadro, la que se inclinaba levemente hacia la princesa- pero que se habrías hecho lo mismo. Habrías sacrificado tus sueños por una amiga...-

Suspiró y salió del museo, caminando por las calles de Madrid. Tomó el metro y bajó en una avenida. Caminó unas cuantas calles y llegó a un pequeño departamento. Suspiró nuevamente cuando entró y se dejó caer en la cama.

-Pronto encontraré un nuevo trabajo- dijo con tristeza, pero después sonrió- espero que Stanzy esté muy feliz con Hades... estoy segura de que así es...-

-Tienes razón- dijo una voz de su ventana.

-¡Hypnos!- dijo Isabel, levantándose y abriendo la ventana para permitir al espectro entrar.

-¿Estás bien?- preguntó el dios una vez que estaba dentro.

-Sí, por supuesto- dijo ella- mi mejor amiga es feliz con su rey, ¿que más podría pedir?-

-Podrías pedir algo de felicidad para ti- dijo Hypnos pensativo.

Isabel sonrió y tomó asiento en el borde de su cama. Hypnos hizo lo mismo.

-No te preocupes por mí- dijo ella- ¿cómo está Constanza?-

-Bien- dijo Hypnos con una leve sonrisa al recordar la felicidad de su reina, pero volvió la mirada hacia la chica.

-¿Qué pasa?- dijo Isabel.

Hypnos dudó.

-¿Quieres venir conmigo?- dijo el dios del sueño- quiero decir, con nosotros. Volverás a ver a Constanza y tendrás un lugar especial en la corte de Hades-

Isabel sonrió, pero su sonrisa se borró casi de inmediato.

-Pero... tendré que morir otra vez- dijo ella, temblando y llevándose la mano al pecho- y volver a sentir ese horrible dolor... y después recorrer ese camino oscuro...-

-Todos los humanos pasan por ese camino, tarde o temprano- insistió Hypnos.

-Lo sé... pero ahora que lo conozco, tengo miedo...- dijo Isabel.

-Si no sintieras dolor o miedo, ¿quisieras estar con Constanza?- dijo Hypnos.

-Por supuesto que sí- dijo Isabel sin dudar.

El dios del sueño sonrió. Se inclinó hacia la joven y tomó su cara entre sus manos, sintiendo su piel suave bajo sus dedos. Apartó uno de sus rizos de su cara y besó sus labios brevemente. Cuando se separaron, Hypnos se acercó a su oído.

-Entonces nos volveremos a ver en los Campos Eliseos...- dijo el dios del sueño, encendiendo la estrella de su frente.

Isabel lo miró con una sonrisa somnolienta y cerró los ojos. Se dejó caer en la cama y quedó profundamente dormida. Una vez que pasó esto, Hypnos se acercó a ella para arroparla. Casi de inmediato llegó Thanatos a su lado.

-Hypnos, ¿estás seguro?- dijo el dios de la muerte.

-Estoy seguro, Thanatos- dijo el dios del sueño, acariciando el rostro de la chica- una muerte sin dolor y sin angustia. La estaré esperando junto a Caronte para llevarla personalmente- y se inclinó para besar por última vez la frente de la chica. Sonrió a su hermano gemelo- gracias hermano-

Hypnos despareció. Thanatos sacudió la cabeza.

-El amor hace que la gente haga las cosas más locas...- dijo Thanatos, y encendió la estrella de su frente, posterior a lo cual desapareció también. Un último suspiro escapó de los labios de Isabel.

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Campos Eliseos, Inframundo.

Isabel abrió los ojos y se encontró con los de su mejor amiga.

-Constanza, pero si creí...- dijo con voz entrecortada Isabel, para después mirar a su alrededor- ¿dónde estoy?-

-Por fin- dijo Constanza con una sonrisa- bienvenida a tu nuevo hogar-

Isabel se incorporó a la corte de Hades del brazo de Hypnos. Constanza perdonó a Pandora y a las Parcas por sus tentativas contra ella, y Hades aprendió a no fiarse de ellas. Nunca más volvieron a ver a los Vivaldi.

El periódico local de Madrid anunció que la gran violinista Constanza Vivaldi y su sirvienta fueron encontradas sin vida en su casa, y que los forenses se debatían entre un suicidio o una sobredosis de drogas, aunque declaraban no haber hallado ninguna sustancia en sus exámenes. La carrera de Eloísa Vivaldi terminó en la ruina poco después. No se volvió a saber de ella o de su padre.

Hades y Constanza continuaron gobernando el Inframundo desde su palacio en los Campos Elíseos como la pareja de dioses más feliz del Olimpo.

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FIN

¡Listo! Espero que les haya gustado. Muchas gracias por sus reviews y hasta la próxima historia.

Abby L. / Nona =)