Capitulo 2

Desistiendo a un juego peligroso.

...

Cuando el hombre mayor pasó a hacerle el servicio, ella dijo sin parpadear:

-Quiero que me revisen el aceite, pero preferiría que lo hiciera aquel joven, si no es inconveniente.

-Terry- gritó el hombre mayor- aquí te esperan-

El llamado Terry no se apresuro en absoluto, pero sí que levanto la cara y lanzó sobre ella una mirada oblicua.

-Ya voy. Termino aquí enseguida- el hombre mayor se alejo sonriendo por la suerte del chico.

No se apresuro. Cuando hizo él servicio del automóvil que estaba revisando ya no quedaba nada más que un camión enorme que atendía el hombre mayor que le acompañaba.

Terry se acerco sin apresuramiento. Para entonces, Candy pensaba ya que aquel muchacho tendría 22 o 23 años pero el brillo de su piel le daba algo especial, una juventud, como si su epidermis rejuveneciera. Evidentemente era un hombre de hoy moderno, actual y no parecía deslumbrarse por un auto más o menos caro, aunque lo hubiera comentado, ni por una joven tampoco.

-Usted dirá- murmuro respetuoso recargándose sobre la portezuela- ¿Qué tal el agua y el sol? Aún le brillan sus hermosas pecas en la cara.- añadió un tanto burlón- Dichosas ustedes que pueden irse a la playa en un día de domingo con un sol que aplasta y quema…

-Supongo que usted tendrá horas libres para disfrutar también.

-Los domingos, no.

-No lo he visto nunca por esta zona…-dijo ella dulcemente

-Voy de una gasolinera a otra… los Grandchester tienen muchas…- y sarcásticamente añadió- ¿Qué desea? ¿Viene a fastidiarme o a solicitar un servicio?

-Vengo a que me mire el aceite- hablo volviendo a la realidad se perdió en sus ojos por unos segundos.

-Pues vamos-

Candy descendió del automóvil. Le llamaba mucho la atención aquel joven que no parecía deslumbrarle ella ni su juventud ni el atractivo que los demás decían que tenía.

Terry reviso el aceite despacio.

-Todo está perfecto- dijo.

Y la miro de arriba abajo como desnudándola con los ojos.

Candy se ruborizo a su pesar. Era la primera vez que un hombre la miraba de aquel modo y le molestó, le hirió, le ofendió, pero no dijo nada.

Se quedaron los dos en silencio y él dijo de repente:

-¿Dejo a su amiga en la playa?

Candy pensó que a él le interesaba Annie, se sintió de nuevo ofendida, pero no quiso admitirlo se calmo antes de responder.

-Si, se quedo con su novio. Él la llevara de nuevo a su casa- espero ver en el alguna reacción de molestia o desconsolado. En cambio él la sorprendió.

-Si quiere tomar un café, la invito, o un refresco…

Ella giro en redondo la cabeza

-¿Dónde?

-El bar está abierto, es autoservicio los domingos si se pasa por aquí con frecuencia habrá observado que en días laborales la cafetería está llena, pero los domingos la gente ni rueda por las carreteras ni se detiene aquí.- se alzo de hombros- Van al objetivo, playa, prado, lo que sea, pero no se detienen mucho más tiempo que para llenar el auto de gasolina y continuar su ruta.

Amablemente le indico el camino pero ella no se movió, lo observo.

Candy pensó que si sus padres o Annie supieran eso, que estaba tomando o más bien iba a tomar un café con el gasolinero, se morirían, pero ella se encargaría de que no se enteraran de nada, estaban demasiado ocupados con sus amigos, a sus hábitos y a sus tradiciones. Para ellos solo había un tipo de sociedad, que era l suya. Pero ella vivía en este mundo uno moderno lleno de libertad y por supuesto, no se conformaría con un noviazgo arreglado, ni con los amigos de sus padres, no los que Annie les solía presentar.

Le gustaba el hombre de la calle, el ser humano a todos los niveles y aquel hombre le había causado sencillamente curiosidad.

Tenía unas manos no tan grandes, pero tampoco callosas, unas uñas bien recortadas…Realmente, eran las manos de un hombre que no hace nada.

Pensó que quizás el hecho de empezar a trabajar fuera el responsable de la finura de sus manos. Y además, aunque brusco y arrogante, había algo en él educado, fino y a ella le estaba gustando una barbaridad.

-Entonces- dijo Terry despertándola de sus pensamientos- ¿aceptas el refresco? Y perdona que te tutee, pero es que me parece que entre jóvenes es una ridiculez tratarnos de usted.

Candy lo dudo una fracción de segundo.

-Acepto.- dijo. Enfundaba un pantalón blanco y una camisola de cuadros rojos y negros, calzaba sandalias rojas, era la estampa viva de la juventud y la frescura, también de la fragilidad aunque no lo demostrara.

Terry la miró de reojo mientras cerraba el carro "Bonita chica" pensó ¿Qué buscaba de él? Tampoco le importaba demasiado.

Caminó a su lado. Era más alto. Avanzaron hacía la puerta en cristalizada y él la empujo con suavidad. Fue a situarse tras el mostrador.

-¿Qué tomas?

Ella acepto el tuteo.

-Una coca-cola.

-¿Sola?

-Sola, pero que este muy fría.

Parsimoniosamente, él se situó tras el mostrador y miro alrededor con pereza, mientras tanto buscaba dos refrescos que sirvió en dos respectivas vasos.

-Esto en domingo- murmuro- es desolador. Nadie se detiene y los que habitualmente acuden a esta estación a tomar un Martini, prefieren los domingos irse a otra parte.- dicho esto se recostó en el mostrador apoyándose en sus brazos cruzados.

Por su parte Candy White Ardley se subió a una alta butaca y cruzando las piernas, apoyó el codo en el mostrador. En una de sus manos sostenía, el vaso de coca-cola que movía rítmicamente.

-Es la primera vez que te veo por aquí.- dijo

-Me llamo Terry, y si quieres te enseño mi carnet de identidad…- Desde hoy haré el servicio los domingos. No hay mucho donde elegir y como tengo contrato temporal, hago el recorrido diariamente de estación en estación. Los jueves me corresponde la capital, los viernes, la estación del sur, los lunes otra más… Soy un empleado habitual de los Grandchester.

-¿Dónde viven ellos?- pregunto Candy con súbita curiosidad.

-Ni idea. Cuando se tiene una fortuna tan colosal, comprenderás, querida amiga pecosa, que esa gente no da la cara. Mientras tienen a sus obreros trabajando, ellos pueden muy bien hallarse en Malibu, Miami o en las Bahamas… ¡cualquiera sabe!

-¿Y tú que hacías hasta ahora?

-Tampoco soy viejo ¿eh? Tengo 23 años- parecía pensativo, como si buscara en su mente palabras que luego disipaba en sus labio- He trabajado en varios lugares y en este verano he venido por esta zona a conocerla. Me agrado y me quedé.

-¿Y qué has hecho hasta entonces? Aún no me has respondido.- y por encima del vaso miraba fijamente interrogante al joven melenudo, que si bien tenía melena larga.

-Pues lo que hace todo joven a esta edad y en esta época de desempleo, buscar un trabajo. Y encontré este y lo acepté. No sé el tiempo que estaré aquí, mientras no me aburra… me gusta la aventura, recorrer el mundo, ver caras nuevas todos los días…

-O sea, que eres voluble.

-Tampoco es así, simplemente, me aburro en un mismo lugar. Tampoco es que sea trepidante aventurero. Un día me gustaría detenerme- parecía reflexivo y sus ojos miraban vagamente al fondo del local- Tengo que dejarte- dijo- pues ha llegado un auto y una moto. Cuando gustes, ya sabes dónde estoy. ¡Ah!- salía detrás del mostrador y se encaminaba hacia la puerta- y recuerda que estoy aquí los domingos. Y otra cosa- le apuntaba con el dedo mientras ella se bajaba del banco- dejo el servicio a las siete de la tarde y vivo en una fonda, de modo que si quieres que tomemos algo por la noche, te llegas por aquí antes de esa hora.- le guiño el ojo.

Candy no respondió. Se consideraba algo temeraria y por mucho que le gustara aquel joven, se sentía culpable con su novio, a pesar de todo.

Decidió que no volvería a aquella estación. Estaba comprometiendo sus sentimientos o más bien sus gustos. El caso es que preferiría no volver a verlo.

Esa noche salio con Anthony, como hacía todos los días. Fueron al cine, comieron en la terraza del club de regatas para juntarse con su pandilla.

Anthony busco un tiempo aparte para charla con Candy.

-Creo que debemos hablar Candy.

Sintió la voz de Anthony muy seria al igual que su rostro.

-¿Qué pasa, Anthony?-

-Vamos a cumplir 5 años de novios- dijo viendo el mar estaban en la orilla de la terraza y tenían una maravillosa vista- deberíamos de enseriar esto.

Candy se revolvió casí con fiereza. La idea de matrimonio no la tentaba, más bien le horrorizaba y no por Anthony, sino que preferiría ser libre antes de comprometerse a la fuerza y tan joven.

-La tía abuela Elroy ha estado presionándome de que te pida…- trago un nudo para seguir hablando- matrimonio. Cuando ella se propone algo… me fastidia todo el tiempo. Es mucha la presión que siento ahora, que desearía que ella no fuera mi pariente.

-¡Anthony!- dijo Candy horrorizada aún – eso quiere decir que…- no se atrevía a terminar la oración ni mucho menos pronunciar su condena.

-¿Ahhhhhh?... No se.-

-¿Sigues, enamorado de mi?- pregunto con cautela esperando un "no".

-Candy tu y yo siempre nos hemos hablado con la verdad.- se volteo hacia ella- cuando te conocí hace años, me gustaste mucho, además de que me sentí culpable de que tu regalo lo hayas quebrado por mi culpa, cuando te vi a los ojos supe que fue amor a primera vista.- suspiro para añadir- Pero hace dos años, tus padres y mi tía se metieron en nuestra relación y cuando lo hicieron bueno… Seguimos pero todo ha sido solo por la clase social.

-Lo sé Anthony, pero, eso no responde mi pregunta.

-Lo sé. Te quiero Candy- se sintió culpable ante la reacción de la bella pecosa, en sus ojos vio que se apago su brillo que la distinguía de las demás, conocía bien a Candy y sabia que a ella no le gustaba herir a la gente y la creía capaz, era tan bondadosa, de aceptar casarse con él, aunque fuera obligada.- Te quiero, como una hermana, una amiga. Hermosa pecosa.- suspiro al ver su brillo volver sonrió añadiendo- ¿Y tú?

-Yo también te quiero Anthony, como el hermano que nunca tuve.- se abalanzo hacia él y le dio un abrazo con un gran cariño, que el también le devolvió.

Anthony la contemplo por unos minutos, sabía que había llegado el momento de hablar con ella acerca de un nuevo sentimiento hacia otra persona, otra rubia, la separo con mucho cuidado y titubeando hablo con ella:

-Candy…yo eh… necesito decirte algo…- a pesar de que esforzó para hablar no pudo terminar de decirle nada. Annie que acababa de llegar con Archie salió corriendo hacia ella interrumpiendo la conversación que Anthony le había costado sacar.

-Hola Anthony…- hablo emocionada- disculpa que te robe a Candy. Te la regresare en unos minutos. Lo prometo.- grito mientras se la llevaba arrastras.

Patty que se encontraba en la otra esquina con Stear, vio la acción de Annie hacia Candy. Se molesto por unos momentos con ella, porque sabía que Anthony quería hablar en privado con Candy y ella interrumpió, ya que por instinto sabia que éste no le pudo decir mucho a ella.

-Por que esa cara de molestia.- pregunto Stear, moviendo la barbilla de ella para que lo viera.

-Annie, interrumpió la conversación que Candy y Anthony tenían y de seguro no dejo que aclararan las cosas.- añadió molesta- no sé como Archie se fijo en ella.

-Ya no te molestes, agradece que no te vino a buscar a ti también que te hubiera llevado a la fuerza, y por mi hermano no te preocupes él la ama así como es, aunque a veces no le gusta cómo se comporta con las personas, no la puede dejar lo embrujo.- dijo dándole un pequeño y rápido beso en los labios.

Annie abrazaba a Candy tan fuerte que le costaba respirar, ésta para que no descargara toda su alegría en ella, le sugirió que también buscara a Patty para así celebrar su alegría, que no sabía por qué era.

Después de tantos brincos, zangoloteos y abrazos de osos, para Candy y Patty, esperaron a que Annie respirara profundamente ocho veces, para contarles su emoción.

-Archie, me propuso ¡matrimonio!- dijo con voz chillona, dando saltito y abrazos.

Candy la felicito pues sabía que Annie amaba locamente a Archie y deseaba estar con él siempre, lo amaba desde que lo conoció, y aunque tardo tiempo en pedirle que fuera su novia, ahora eran felices.

Patty a su pesar, la felicito también. Pensó que Archie era el hombre más tonto y ciego, Annie, que se sabía que lo amaba, también amaba su posición social y económica, si no fuera por eso ella no estaría con él aunque lo amara.

Les enseño su anillo de compromiso era hermoso y muy ostentoso y se los restregaba en la cara, con un modo insulto, a sus amigos no comprometidas.

-¿Cuando será?- pregunto Candy para que ella dejara de mostrarle su anillo.

-En… no lo sé pero será pronto.- Ella aún no había pensado en eso.

-Me alegra por ti- dijo Patty mirando, como Anthony, primo de Archie, y Stear felicitaban al prometido por su gran paso.- Espero que seas muy feliz co…- y la dejo con las palabras en la boca no la dejo terminar corrió hacia un grupo de chicas muy engreídas por su dinero claro, a contarles su noticia, para mañana toda la playa sabría ya del compromiso de la señorita Annie Brite y Archie Cornwell.- ...on Archie, pobre de él.

Candy sonrió ante las últimas palabras de su amiga Patty y añadió- Archie la ama. Así como es.

-Lo bueno es que esta mas calmada que cuando nos conto, su primer vez con Archie, estaba más eufórica y muy loca.- dijo Patty riendo bajito.

-¡Si! tienes razón.

-Y tú ¿como estas, Candy?

-Bien, Patty…- dio un pequeño suspiro- pero… con dudas, sabes.

-¿Dudas? de que.

-Antes de que Annie me sacara arrastras, Anthony quería decirme algo muy importante, lo sé porque titubeaba para hablar… Estoy aquí y no sé lo que es- la pecosa saco el aire con desgano.

-Por qué no vas a hablar con el ahora.

-No. Cuando vayamos de regreso a mi casa le preguntare- aun confundida Candy le dio una sonrisa cálida a Patty.

Patty sabía sobre "lo que" Anthony quería hablar con ella, él mismo se los confeso a hace tres días, cuando se encontraban los tres, ella, Stear y Anthony, pero les hizo prometer que no dirían nada, y ella cumplía sus promesas. No quiso meterse en sus asuntos. Así que con voz suave y curiosa le pregunto casi susurrando:

-Dime.-

-¿Qué cosa?- Candy no entendía, que quería que ella le dijera.

-¿Has ido por la estación de gasolina? ¿Viste al muchacho?

-Claro

-¿Y?

-Es demasiado interesante, me da miedo seguir el juego, Annie tenía razón.

-¿Annie tenía razón?- dijo sorprendida Patty sabía que Annie decía muchas cosas pero nunca tenia la razón.

-¡Si! Desisto porque peligro.

-Te puede afectar cierto.

-! Si! Pero es muy atractivo y tienes unos hermosos ojos- recordó su mirada y su pecho. Se ruborizo ante tal hecho.

-Si no existiera Stear- murmuro graciosamente, quería hacer reír a Candy- le hubiera tentado yo, pero Stear es el indicado y no voy a jugarme la felicidad por una aventura.- susurrando despacio añadió- que si vale la pena ante tal hombre.- Candy rio muy alegre ante tal confesión de su amiga.

-Una aventura ¿con quién, Patty O'brian?- Un hombre moreno con anteojos abrazaba por atrás a su querida novia.

-Con Stear Cornwell. Mi novio claro esta. Usted no lo ha visto joven. Él es muy celoso y no le gustara que usted siendo un desconocido me abrase.- sonrió entusiasmada.

-No, él no se molestara, antes de irse me encargo que la cuidara a usted muy bien y eso pienso hacer señorita Patricia O'brian.- la volteo para quedar enfrente de él paso sus brazos sobre la nuca de su novio y lo beso cálidamente.

Candy sonreía al ver que sus amigos se amaban, y agradecía a Anthony por haberle presentado a sus primos. Después de unos minutos se despidieron de ellos y salieron del club.

Cuando regresaba con Anthony, éste le volvió a hablar de compromiso y de no saber qué hacer. Candy pensó que ella solo tenía 21 años, y aceptar esos deberes, dada la sociedad en que vivía, seria para toda la vida. Anthony había sido su único y primer novio pensó que el merecía la pena, estaba en lo último de su carrera, pertenecía a una familia adinerada, era querido por todos, sus padres estaban de acuerdo, la tía abuela también. ¿Qué "peros" tenía que poner ella? Casarse sí… pero con alguien aquí ella amase. Quería un novio si… pero alguien que no le impusieran a la fuerza.

Cuando se despidió de Anthony después de un ligero beso en los labios, había convencido a su novio de que nunca más hacerle caso a sus padres, dejando pendiente en termino "se acabo". Por supuesto, no se debía esta desicion a su interés por el gasolinero. ¡¿Claro que no?

Por supuesto Anthony debía hablarle de algo muy importante y también de sacar a la luz su trato que hicieron en presencia de Albert Ardley, el tío de Candy.

Lo que era ya lo había decidido y pensado: era muy joven para casarse y más aun por obligación.

Era hija única y sus padres, chapados a la antigua. Para ellos el tiempo no había transcurrido, la modernidad no existía, el voto libre de la mujer era incomprensible, la democracia era algo del futuro y todo funcionaba para ellos como hacía 20 años. Tampoco pensaba convencerlos de lo contrario, se habían estacionado y allí continuarían como estatuas, pero eran buena gente, gente que la amaba de verdad, que representan mucho en la villa en la que viven. Eran dos personas distinguidas, maduras, dos personas que se casaron jóvenes y de esa unión nació ella, tal vez a deshora, tal vez cuando ya nadie la esperaba y pese a sus estudio y su forma de vivir, que no concordaban para nada con sus padre, al contrario se parecía más a su tío, en todos los aspectos, hasta algunas veces llego a pensar que su tío en vez de ser su tío era su padre la comprendía mejor que el suyo mismo. Nadie diría que ella había evolucionado hacia un mundo distinto en el cual sus padres ni siquiera creían. Pero eso era lo de menos. Los respetaba, además si le pasaba algo contaba con Albert, siempre la ayudaría. Además una cosa era jugar a seducir a un hombre desconocido y otra aceptar la seducción. Su destino estaba decidido por sus familias, pero ellos ya estaban marcando el de ellos, para Candy era terminar una relación sin sentido con Anthony, que siempre serian amigos.

Se encontró con él a medianoche…

Los dos estaban en algún lugar solos, silencioso y solo la luz de la luna los acompañaba. Poco a poco se acercaban, la distancia se hacía más corta. Ella sentía en el aire el aroma de Terry. A él le fascinaba como se veían sus pecas con la luz de la luna.

Terry tomo la delantera y la jalo hacía el, hasta quedar sus rostros a pocos centímetros. Candy se deslumbraba en sus avellanados ojos. Se sorprendió muchísimo. Él ya la estaba besando en la boca, la sujeto por la nuca y con la otra mano la atraía por la cintura. Le pedía permiso para que su lengua entrara y ella no dudo ni un segundo, le gustaba, le gustaba y ella lo sabía y no era fuerte para negarlo.

La boca de Candy era cálida, sabía besar y lo hacía. Se diría que hasta lo sentía y Terry estaba maravillado. Tan maravillado que de súbito dejó de besarla y le buscó la mirada con los ojos. Candy con los ojos cerrados sonreía. Una sonrisa cálida y alegre. Una sonrisa que maravillaba a Terry, porque Candy parecía decirle:

"Si, me gustas y sé que yo a ti."

La cerró contra sí sin decir palabra y la levanto en vilo. Candy abrió los ojos, tranquilamente, aunque se diría que por dentro estaba muy emocionada, le cruzó los brazos por el cuello y dijo de forma rara:

-Oye, Terry, se que eres muy arrogante. Pero me gustas así.

Terry, sonrió ante tal cosa. Le busco la boca con la suya. Fue un beso, para ella, sorpresivo, amoroso, pasional pero lleno de dulzura. Candy se estremeció. No era fácil, negarse a su encanto, tenía un gran atractivo. Y correspondió su beso con todas sus fuerzas, le permitió la entrada a su lengua.

Sus lenguas se entrelazaron, danzaban ante los toques, se volvían uno solo. Él le mordisqueo el labio y a ella le gusto. Llevaba años que no sentía un beso así. Ella lo besaba con tanta pasión que él la sintió, sintió su amor, su calidez, su olor, sus dedos acariciando su pelo castaño y le gustaba.

Terry la separo un poco para volver a verla. Le deshizo el cordón que ataba su pelo, y su grueso pelo rubio se extendió.

-Me gusta tu pelo, Candy. Es precioso. Además, siempre huele bien, muy bien.- y la volvió a besar, la separo y añadió- Quiero oscurecer contigo, comer contigo, amanecer contigo.

Candy no supo que decir, estaba loca por él mucho más de lo que estuvo con su ahora novio Anthony.

-¿Me estás oyendo?- y la beso dulce y lentamente.

-¿Me lo permites?- dijo ella, sabiendo que lo la dejaba pensar ni un segundo.

"Es verdad" pensó Terry. No la dejaba. La besaba en plena boca, y nada le causaba más goce y más placer que jugar con los labios femeninos que se encendían cuando él los tocaba.

Candy se hallo tendida en un sofá y pudo ver la felicidad en los ojos de su querido obrero, estaba dispuesta a entregarse a él. Terry le subía lentamente su blusa hasta quitársela y aventarla muy lejos. Candy se sentía excitada, la beso en sus labios carnosos y sensuales nuevamente le encantaba hacerlo. Luego bajo los besos hacia su garganta, haciendo camino hacia un objetivo sus pechos. Candy al sentir tal calidez que bajaba curvo la espalda y sobaba el pecho bien marcado de él. Terry llego a su objetivo, poso su boca en uno de ellos y los beso…

Candy se sobresalto, de un solo se levanto de su cama, observando donde estaba. Cuando supo donde se alivio, pero sudaba y fue a abrir la ventana, en ese momento entro la brisa y la refresco. No podía creer lo que había pasado. Había soñado con él obrero y no cualquier sueño.

Ella lo besaba e iba a tener relaciones, por un instante le gusto la idea, pero reflexiono y pensó que ella no era así. Se encontraba hiperventilando en su ventana.

Esa noche se mantuvo despierta mucho tiempo, y la semana desde el día siguiente, transcurrió a toda velocidad.

Nota:

Espero les guste este capítulo, perdón si no actualizo rápido. El trabajo me mantiene ocupada pero hare lo posible para subir rápido el siguiente. Gracias por leer mi historia.