Espero les guste este capi, gracias por leer mi historia y gracias por los review.

Me encanta que le haya gustado mis priemros 2 capitulos y espro que este también

nos vemos la próxima semana.

Los queiro… -

CAPITULO 3

RECORDANDO

Era domingo. Al salir de misa, se encontró con Patty y Stear. Anthony no asistió, a Candy se le hizo raro ya que la señora Elroy si había asistido. Patty pregunto:

-¿Qué planes tienes para hoy?

En la mente de Candy había como un clavo, un clavo obsesivo: "Pasar por la gasolinera, aprovechar que Anthony no está aquí y que pasara a buscarla en la noche mientras ve al obrero, solo visita rápida…"

-Iré a la playa- dijo – Después los veré en la terraza del club.

-¿Enserio?- Patty la notaba inquieta.

-Ah… ¡si! si.-

-Candy ¿te pasa algo?

-¿No?- no fue una respuesta, la que dio.

-Candy, dime que tienes.

-Nada Patty no te preocupes.- y le sonrió

-Es sobre Anthony o por el obrero que est….-una bocina interrumpió a Patty… por unos segundos se molesto con Stear.

Stear noto la mirada asesina de su novia y le dio miedo. Medio sonrió para que ella lo dejara de ver así.

-¿En el club?-

-En el club Patty.

-Allí te esperamos, y hablaremos.- dijo Patty.

Y subía al automóvil que conducía su novio.

-¿Patty?..- hablo Stear con un poco de miedo. Ella no le respondió, ni siquiera le puso atención.- ¿Patty?

-¡Patty!- grito. Ella al escuchar ese grito reacciono, volteo a ver a Stear asustada, volvió la vista al camino para asegurarse que nada malo había pasado.

-¿Qué pasa? ¿Por qué gritaste?-

-Lo siento- hablo con voz suave- No quise hacerlo. Es que…- se medio rasco la cabeza en señal de pena y añadió- … no me ponías atencion cuando te hable. Y tuve que hacer lo que hice.

-Lo siento, Stear- le regalo una sonrisa que no llego a sus ojos

-No te preocupes amor,- la observo un segundo – dime ¿porque estas así?

-Bueno es por Candy…- saco el aire y volvió a inhalar- creo que ella y Anthony deberían hablar de…

-No te preocupes, Anthony dijo que lo haría y lo hará, confía en mi primo. Ahora está un poco distraído. Además tú viste cuando él quiso hablar y la loca de tu amiga Annie los interrumpió. Le estaba costando sacar el tema y ella lo hecho a perder. Candy sabrá…

Candy los observo hasta que se alejaron. Cuando ya no los diviso el auto de sus amigos, se fue caminando hacia su casa.

La villa donde vivía no era grande, ya que en ella solo habitaban la clase social alta y algunos de la media. Las demás casas no estaban lejos, casí formaban parte de una zona residencial de la misma, los separaba solo un pequeño sendero, con dos vías donde entraban y salían los autos.

Su familia siempre habías vivido en la villa, generaciones y generaciones de los White y de los Ardley y en la plaza ancha bordeada de muchos árboles y bancos para descansar, se hallaba la casona que pertenecía a su familia. La bordeaba una alta tapia abierta de hiedra. Se apreciaba la solera, la antigüedad, el señorío que siempre habían tenido su familia.

Su madre siempre hablaba de las generaciones idas y siempre solía decirle que todas las personas de la familia se habían casado con mujeres y hombres de su igual. Generación tras generación habían ido mejorando la fortuna y la aristocracia. Y ella estaba obligada a imitarles, lo que en el fondo de su ser no le dejaba parecer un despropósito, porque ella no tenía nada de antigua, ni de esquematizada, ni de tradicional. Para ella, en cambio, la vida era aventura y le gustaría vivirla tal cual.

Si tenía una sola, y eso ya lo sabía merecía la pena aprovecharla, eso indicaba que no comulgaba con las ideas de sus padres, pero en modo alguno nunca pensó decirlo ni demostrarlo.

Entro por una pequeña entrada con forma de arco que tenía rosas rojas y blancas, muy hermosas, era la única casa que tenía sus rosas en la entrada, el jardín era hermoso sin lugar a duda. A pesar del clima, el lugar era fresco, y lleno de paz. Su aroma era reconfortante le traía viejos y buenos recuerdos.

Flash Back

5 años atrás. Mayo

-¡Candy!- una voz suave y hermosa se maravillaba ante una figura femenina- ¡Estas hermosa! Eres un ángel.

La rubia se ruborizo ante las palabras de Anthony. Llevaba puesto un vestido verde straple con cincho ancho que le quedaba unos centímetros arriba de la rodilla.

Pero el no se quedaba atrás, llevaba puesto un traje negro azulado, con camisa blanca y una corbata negra floja con los primeros dos botones abiertos, se vía hermoso ante los ojos de Candy.

Celebraban el cumpleaños número 16 de Candy, en la terraza del club estaban sus amigas, los amigos de su padre y madre, y Anthony llevo a sus primos Archie y Stear. Había más personas pero ella no los conocía mucho. Era una fiesta alegre. Su padre llego a invitar al que con ella se iba a comprometer a Neil Leagan y a su hermana una arrogante Eliza Leagan.

Eliza nunca se llevo bien con Candy peleaba con ella, se creía la más hermosa, pero Candy le demostró que los chicos se peleaban por ella y no por Eliza. A Anthony tampoco le cayeron bien los hermanos Leagan, Neil le gustaba Candy, y a Eliza le gustaba Anthony. Y a ninguno de los dos se les hizo con ninguno.

Anthony sin que nadie se diera cuenta se llevo a Candy casi a escondidas, salieron de allí y a unos cuantos metros del lugar, le dio una cajita color verde a ella.

Candy se emociono, el chico que ella quería le estaba dando un regalo y esperaba que fuera especial. No le importaba que solo fueran amigos.

Cuando la abría habían dos rosas… -

Saco la primera. Era de cristal igualita como la que le regalo su tío Albert, que sin querer se quebró en mil pedazos. Sonrió alegremente, sus dos personas favoritas le dieron la misma rosa, y le encantaba.

Pero la segunda rosa la dejo impactada, no era una rosa cualquiera pensó Candy.

Era una rosa del jardín de Anthony pero era una diferente como una especie única. Era hermosa, delicada y distinta, y estaba recién cortada y aun con su aroma.

-Es única, creció en mi jardín.- Anthony no podía dejar de pensar en lo hermosa que se veía Candy – Y le he puesto el nombre de "Dulce Candy".

Candy al oír aquello. Su rostro se inundo con una sonrisa de felicidad.

Se abalanzo hacía Anthony dándole un abrazo, posando sus brazos en su nuca y dándole un cálido beso.

Anthony no supo reaccionar, no pudo ni siquiera abrazarla, tenía los ojos en blanco. Ni siquiera correspondió al beso de ella.

Candy se arrepintió al saber que no era correspondida, se separo de él rápidamente, y sin verlo al rostro, ya que lo tenía rojo de la vergüenza que acaba de pasar, con algunas lágrimas, dijo:

-Gracias por el regalo Anthony. Espero que te diviertas en la fiesta.- había agarrado fuerzas para que su voz no se quebrara, tristemente se alejo de él corriendo.

No fue al club, sino a caminar por la playa, quería soledad, paz y serenarse. Para hallar fuerzas para ver a los ojos a Anthony. Acababa de comprender que él no sentía lo mismo que ella.

Anthony que aun seguia en shock por lo sucedido reacciono minutos después.

Maldiciendo en alto.

-Rayos. Rayos. ¡Rayos!- Grito.

¿Por qué no le correspondió? Si el también deseaba hacer lo mismo el primer día que la vio.

-Reaccione tarde. Porque Anthony ¿porque?- No supo qué hacer, tardo varios minutos más para tomar la decisión de ir a buscarla y confesarle sus sentimientos.

Cuando empezó a caminar, vio que ella regresaba, en una mano llevaba la cajita verde que le regalo y en la otra sus zapatos.

Pero lo confundió su rostro, estaba calmada serena y con una sonrisa alegre que siempre tenía. Era como si no hubiera pasado nada.

Candy fingía cada cosa, vio a Anthony parado frente a ella, era duro mentir que estaba bien.

Le sonrió, aunque no llego a sus ojos.

Iba a pasar por su lado y él la asió por el codo. Tiró de ella con suavidad. Era un poco más alto que ella, y tuvo que inclinar la cabeza para verla mejor.

La miro a los ojos largamente, y se dio cuenta de que aquellos ojos azules de Anthony estaba ella. No porque se reflejara en ellos, sino porque tal vez estaba en el pensamiento de él.

-Tenemos que hablar.- dijo

Y sin soltarla, se acerco mas hasta su cuerpo. Después añadió con una voz apenas perceptible.

-Te amo, Candy.-

Candy dio un salto se separo de él y lo miro de distancia. Al encontrarse nuestros ojos él le sonrió, de aquel modo apacible, siempre cariñoso. Obligándola a recordar a aquel joven que conoció la primera vez.

Lo vio acercarse a ella paso a paso. Había una sonrisa en su mirar y hasta en su caminar una gran ternura, una gran admiración.

Anthony guardo silencio. Sus manos se habían ido levantando poco a poco y se posaban a ambos lados de su garganta. Como tantas veces Candy había soñado, le sujetaba el rostro con ambas manos y la miraba de cerca muy de cerca.

-Candy… no supe. No supe responder a tu beso, estaba impactado. No tenía idea de que tu sentías lo mismo que yo, y debo confesar que desde la primera vez que te vi quise hacerlo.

Volvió a guardar silencio, pero su mirada era tan elocuente, que se lo estaba diciendo todo. Por eso cuando la doblo contra sí por la cintura y le busco los labios y le beso largamente, evoco todo apasionadamente, todo lo ocurrido entre los dos en ese jardín hermoso y olvido que él no le había correspondido su beso.

Los dos se besaron mucho, solo se separaban por la falta de aire. Candy estaba feliz, creía que se había equivocado y que Anthony ya no le hablaría ni la trataría como antes. Se abrazaron felices.

Estuvieron así mucho tiempo, los dos se declararon su amor y quedando como novios. Después volvieron a la terraza. Disfrutaron la fiesta los dos juntos, ya que no querían separarse.

Pero no se dieron cuenta que tres personas los observaban por una ventana desde que salieron hasta que regresaron….

Dos años después.

-Anthony, no quiero que nos memos por la posición social- hablo Candy enfadada- Ni siquiera quiero que ellos se metan en nuestra relación.

-Yo tampoco. Llevan un año controlando nuestro noviazgo. Adonde tenemos que ir. Que nos tenemos que decir. Como debemos darnos un beso- frunció el ceño también estaba enfadado- ¡Arreglar un matrimonio! ¡Maldición!- grito suave.

-No quiero que sea así…-se sentía derrotada.

-No debería ser así… Nosotros debemos elegir nuestro futuro no ellos.- apretó sus puños con mucha fuerza – Todo lo quieren hacer a su manera.

-Ojala mi tío Albert estuviera aquí.- suspiro añadiendo- El nos ayudaría, el siempre me ha apoyado.

-Son muy absurdos.-

Guardaron silencio, pensaban que hacer, estaban cansados de que los controlaran, que ellos programaran las citas para que salieran.

Dentro de la casa. Tres adultos observaban desde la ventana de la sala a los jóvenes rubios.

Habían hablado de planes de matrimonio, cuando se enteraron de su amistad, pro reforzaron mas sus planes cuando los vieron besarse en esa fiesta. Las dos familias eran unas de las más reconocida por sus fortunas. Pensaban que así reforzarían su dinero y pondrían sus apellidos en alto.

-Hacen la pareja perfecta- hablo una mujer rubia de 38 años. Era la madre de Candy Andrea Ardley.

-Si Andrea, no sé porque se molestan.- Una señora morena ya mayor que era la tía abuela Elroy.

-No entiendo porque se enojaron. Es por el bien de ellos.- William White se encontraba en el bar sirviendo tres copas de champán para celebrar el supuesto "compromiso entre sus hijos".- Generaciones por generaciones han sido casados con personas de su mismo nivel.

Él se sentía orgulloso, le llevo a cada mujer una copa y celebraron muy felices por su logro.

-¡Si!- dijo un hombre alto rubio con lentes oscuros que acababa de llegar – Pero ustedes eran una época antigua, ahora ellos son la nueva generación, que tienes el voto libre de elegir y seguir su propio camino. Elegir con quien quieren pasar el resto de sus vidas. O si quieren tener sus primeras relaciones antes de casarse. Probar el mundo nuevo. No obedecer reglas antiguas con las que fueron criados sus abuelos, bisabuelos o tatarabuelos. Estamos en el siglo 21 y todo absolutamente todo ha cambiado, solo ustedes no.- Los tres se quedaron sorprendidos por aparecimiento del hombre, ni siquiera lo esperaban. No podían creer que alguien los había regañado como unos niños pequeños.

-Albert, no te metas. Además esos chicos se aman no creo que se vayan a dejar de amar de un minuto a otro.- dijo enojado William White.

-No. Eso puede pasar si ustedes siguen controlando sus vidas a sus maneras. Déjenlos que ellos tomen sus caminos. Si ustedes se meten, ese noviazgo- señalo desde la ventana a Candy y Anthony – que ven ahora ustedes puede terminar. No porque ellos dejen de amarse, sino por llevarles la contraria a ustedes.-

-Ellos no pueden hacer eso.- Dijo con horror la señora Elroy.

-Si ustedes siguen de necios lo harán.-

-Albert, hermano habla con ellos tu puedes hacer que ellos sigan. Te prometo que no los presionaremos ni controlaremos.- hablo Andrea desesperada.

Albert esperaba que ellos cumplieran su palabra. Aunque ya sabía que no lo harían.

Les prometió hacerlo. Pero, apoyaría la decisión de su sobrina y el novio de ella.

-Candy….-

-Anthony…-

-¡Debemos terminar!- dijeron unisuno.

Rieron al oír que coincidieron con las últimas palabras. Pensaban igual y no se echarían para atrás.

-¿Pero, que les diremos?- hablo preocupada Candy.

-No lo sé.- Anthony se masajeo las sienes, pues empezaba un dolor en su cabeza por la discusión que tuvieron con sus familias- Primero: Al decirles, darán el grito en el cielo.

Segundo:…- pensó por unos segundos – se me olvido lo segundo.- dijo riendo.

-¿Quieres que sigamos algo que no queremos?

-Ahhhhhh….. No lo sé.- Candy pensó que Anthony ya no sabía nada.

"¿Qué haremos?" pensó Candy si no encontraban alguna idea. Tendrían que seguir las órdenes e ellos y ella no quería.

-Tío Albert, porque no estás aquí.- dijo en voz baja pero clara.

-Me llamaste, querida.- dijo Albert detrás de ellos.

Había escuchado lo que ellos habían dicho. Candy se paro rápido, se subió a la banca y se tiro a él para abrazarlo. Albert, reía al ver que su sobrina aun parecía una niña de cinco años.

Anthony, se paro para saludarlo. Después de muchos saludos se sentaron los tres a hablar de lo sucedido.

-¿Qué harán?- pregunto Albert.

-Terminar tío, no quiero que ellos estén metiendo sus narices donde no los llaman.- francio el ceño.

-Chicos, ya escuche todo lo que me contaron y lo entendí. También escuche a tus padres y a tu tía abuela. Y a ellos no los entendí, y sé que nunca tendrán la razón en estas cosas.-

-No entienden.- dijo Anthony ya un poco mejor la cabeza ya no le dolía.

-Pero….-dijo, haciendo que los dos rubios se quedaran preocupados por ese "pero".

-Pero ¿Qué?- dijo Candy asustada.

-Les daré una solución. Espero que la acepten, ya que si no habrá otra, pero no les gustara.-

-Di la tío…-

-Si, dila, nosotros te diremos sí, sí o no.

-Bueno, apoyo que ustedes quieran terminar… Pero si lo hacen, a ti Candy...- dijo señalándola- te comprometerán con Neil Leagan, el primero con quien ellos querían arreglar tu futuro.- vio a Candy con cara de horror y desagrado, después señalo a Anthony y añadió- y a ti Anthony, tu tía abuela Elroy te comprometerá con Eliza Leagan, pues escuche que ya le había echado el ojo, cuando tu veniste aquí por primera vez.-

Los jóvenes se asustaron y se les erizo la piel solo de pensarlo.

-Así que yo les propongo esto ustedes seguirán….

Y pasaron la tarde hablando, llegando a hacer una promesa que sabían que algún día cumplirían. Ninguno de los dos se negó a la idea de Albert, al contrario, apoyaron todo, todo, todo, y felices abrazaron a Albert. Siempre podían contar con él, no era como los demás era liberar y luchaba para que su sobrina y sus amigos fueran felices y libres. Antes de despedirse de ellos les dijo bajo para que solo ellos escucharan:

-No vayan a comentar con nadie, absolutamente nadie, de lo que hablamos. De sus padres no se preocupen, déjenlos ser así. Pronto sabrán su error.- y empezó a caminar por el césped pero antes de alejarse más y entrar a la casa añadió algo más.

-les contare algo y espero que lo disfruten: Había un pollo que respiraba por el trasero, se sentó y se murió.- Se alejo de ahí riéndose bastante fuerte.

Fin Flash Back

Candy, buscaba a Anthony, pero no estaba en su jardín y se le hizo raro.

"No fue a misa, no está en su jardín y no lo veo en su ventana".

Pensó darse la vuelta e irse. Pero una figura femenina la detuvo.

En el fondo del jardín se encontraba una rubia de pelo largo y liso, no vio el color de sus ojos, pero ella era bonita. Estaba sentada en una de las bancas y la veía sonreír, no podía divisar quien estaba a la par de ella. Un arbusto lo tapaba.

Candy con cuidado se acerco un poco más, quedando detrás del arbusto.

Sus ojos se agrandaron al ver al chico que estaba a la par de la rubia, era Anthony, que también le sonreía.

No entendía que pasaba, tal vez era una prima, pero sabía que él solo tenía a Archie y Stear como familia y no tenía más.

Vio en los ojos de Anthony una chispa, una chispa de felicidad, como la que tenía cuando él el beso por primera vez, una mirada llena de amor de pasión.

Él le sostuvo la mano y ella sonreía felizmente. Vio y entendió rápido lo que Anthony haría, no sabía que sentir si alegría o dolor, simplemente no sabía.

Anthony puso una mano en la quijada de la rubia y poco a poco la acerco a él. Cerraron los ojos y se besaron, muy suavemente ella le correspondía, mientras él la acercaba más a su cuerpo.

Candy iba gritar de la impresión pero se llevo una mano a la boca y se cayó, se quedo contemplando aquella escena.

Pero tuvo que salir corriendo, cuando vio a Anthony meter la mano en la blusa de la rubia. Pensó que no solo la iba a besar más sino que también iban a tener relaciones.

Corrió como nunca antes, y no paró hasta llegar a su casa…

Cuando llego respiraba agitadamente, pero no se sentia decepcionada o dolor en su corazón, solo vergüenza por ver aquello que no debía. Solo sabía que debía hablar con Anthony y pronto. además de saber quien era la rubia, por un lado se sentia feliz por el.

Entro por lapequeña puerta que se incrustaba a un lado del ancho portón. Sus padres no habían regresado. Solían irse al club de golf a tomar el aperitivo y de seguro ahí estaría también la señora Elroy. Adema sunca regresaban antes de las dos de la tarde, de modo que ella se dirigió al garaje, subió al BMW de color rojo y lo puso en marcha.

No tenía intención alguna de pasar por la gasolinera, aunque necesitaba llenar el tanque, porque el parpadeo de la lucecita del deposito de gasolina le anunciaba que estaba en reserva; sin embargo había decidido dejar el juego. De todas formas, cunado se dío cuenta, su BMW entrba por la estación de servicio y se estacionaba ante un surtidor.

Lo vio enseguida. Esta vez vestía el overol azul con el monograma que decía: "Grandchester".

Penso que él mundo estaba mal distribuido, que un joven como aquel no era el mas indicado par ser un obrero a secas.

Se maldijo por dentro por haber pasado ahí, y lo vio por unos instantes y recordó su sueño aquel sueño que la despertó hiperventilando y que no la dejo dormir bien por unas semanas.