disculpen la demora pero tuve una semana atariada, mucho trabajo, una sobrina recien nacida y muchas cosas mas, pero les prometo que despues de este capitulo subire el 6 y 7 para terminar la historia espero les guste este capi ya que el otro estara un poco mas atrevido e interesante y les dire como se llamara el proximo capitulo: Un sueño hecho realidad y ¿una boda?.

Gracias por leer mi historia, disfruten el capi. Ciao!

Capitulo 5

Un sentimiento

-Creí que no vendrías.

-Lo siento.- dijo algo nervioso,- Tenía un pendiente y por eso me tarde.

Candy ni siquiera quiso imaginar su "pendiente". Suficiente tuvo con lo que vio en la mañana, cosa que quería olvidar pero cada vez que lo veía lo recordaba. Se sonrojo.

-Ahh… Sinceramente, no creo querer saber que te retraso.- Poniéndose más roja de vergüenza.

-Mmmmmm… de acuerdo.- dijo él, añadiendo- ¿Qué es tan importante, para reunirnos a esta hora?

Candy pensó que no era tan tarde solo eran las 11:45pm. Inhalo y Exhalo para decir: ¿Quién es Susana?

Anthony palideció, se le helo la sangre pensaba hablar con Candy y mencionarle a Susana. Pero siempre había algo que los interrumpía. Ahora, era el momento para hacerlo, más cuando estuvo todo el día haciendo el amor. Y del cual era parte de su retraso. Sintió que la garganta se le cerraba, el siempre había sido sincero con Candy y ahora debía de salirle toda la sinceridad, el amaba a Susana y quería casarse con ella.

-Bueno… yo… eh…- Anthony balbuceaba, estaba nervioso y solo pudo preguntar.- ¿Cómo sabes de Susana?

Candy no esperaba que le preguntara como la conoció, bueno no fue conocerla, fue verla haciendo cosas… se puso un poca más nerviosa y medio sonrió…

-Te fui a buscar en la mañana a tu casa, ya que no fuiste a la iglesia, me preocupe un poco por ti. Ya que nunca has faltado a misa, desde que te conocí.

Anthony seguía las palabras de Candy.

-Te busque pero no había señales de ti. Y cuando pensaba irme divise a una mujer rubia de pelo largo que estaba en el fondo del jardín sentada sonriendo…- Candy hizo una pausa, no miro a Anthony a los ojos. Tomo un poco de aire y de valor para seguir no le contaría lo "hormonal".- Creí que ella estaba loca por sonreír solita o que tal vez estaba apreciando el jardín. Pero después de acercarme un poco más. Te vi allí... A la par de ella, tomados de la mano y los dos sonreían… y discúlpame que lo diga así… como dos estúpidos enamorados. Al principio creí que era mi imaginación, que solo era una amiga que habías conocido antes de mudarte aquí… Más comprendí que eran algo más… ¡Te juro que no fue mi intención ver esa escena!- Candy lo miro a los ojos y lo miraba con ojos tímidos y pidiendo disculpas.

Anthony se quedo pasmado ante las últimas palabras de ella.

-¿Esa e-s-c-e-n-a?- dijo Anthony deletreando, se puso rojo de vergüenza, su cerebro proceso rápido la imagen que Candy había visto de lo que quiso decir con "escena". No era cierto lo que Candy decía o si, "Ella no pudo haber visto lo caliente que estaba con Susana encima mío" se dijo a sí mismo.

-Eh… si… bueno yo… no vi.- no sabía cómo explicar y no quería recordar.- Tú y ella, tuvieron relaciones ¿cierto?-

Anthony sintió que le cayó un balde de agua fría. Candy había visto "todo". Ahora entendía por qué ella quería hablar con él rápido. Sintió vergüenza, el siempre había sido un caballero, respetaba a las mujeres y él único día que se dejo llevar por su calentura y entregarse a su pasión, su novia de toda la vida lo vio. Su honor se cayó al suelo.

En aquel instante cayó en la cuenta de que Candy ya lo sabía todo. "Que reacción tan tardada." se dijo el mismo. Se sentó frente a ella y quedo con las manos inscrispadas sujetando el tablero de aquella mesa que se encontraba enfrente del club donde siempre iban. Se miraron de hito en hito, mutuamente avergonzados los dos. Uno por haber visto a dos personas entregarse en un jardín y el otro por no prestar atención y mejor hacerlo en su habitación. Lo pensó en aquel instante, debia ser decidido y además bastante audaz. Valentía no le faltaba, según él.

A Candy la curiosidad le picaba y no pensaba andar con demasiados rodeos. No sabía lo que Susana representaba par Anthony Brown, y quizás no representase nada o quizás representaba todo. Por otra parte a su mente llego la imagen una imagen que no quería recordar, pero recordaba bien esos ojos avellanados, que siempre la mirarla le daba la sensación de que se clavaban en ella. La voz de Anthony la saco de sus pensamientos.

-Siéntate.- le indico con la mano.- Yo, quise decírtelo no quería que te enteraras por alguien más o por una acción…

-Anthony yo…- no la dejo terminar. Él quería hablar tenía el valor de hacerlo y si ella no lo dejaba nunca diría nada.

-Se que no debiste ver "eso"- trago un nudo grande y añadió- Cada vez que yo te quería hablar de ella siempre alguien interrumpía, llegue a pensar que el destino me estaba haciendo una mala jugada. Nunca quise ofenderte, ni faltarte al respeto. Y sé que con mis acciones lo hice.

-Anthony, no me ofendiste y ni me faltaste al respeto. Recuerda que nos prometimos ser felices y sé que tú lo eres con ella…

Se quedo bruto, pensó que Candy iba a reclamarle pero no fue así. Cada vez admiraba mas a Candy ella era muy buena y hasta era capaz de aguantar cualquier cosa, sacrificar todo para que otros sean felices aun no importándole su felicidad. Ella era muy buena y a él le gustaba que ella fuera su amiga.

-Si, soy feliz con ella.-

-Cual es su nombre?

Anthony sonrió cálidamente.- Se llama Susana Marlow.

-Marlow… por lo menos tu tía abuela Elroy no se enojara tanto, su posición social es buena.

-Si, ¿y tú?

-Yo, ¿Qué?

-Quien es él joven con el que te vi en la gasolinera.

-La... gaso... gaso... linera...- Candy tartamudeo

-Si

-Nadie, ya es tarde Anthony debemos irnos.- Candy se medio levanto de la silla ya que Anthony la volvió a sentar

-No creo que sea nadie, no te preguntare mas, pero quiero que me digas si él es tu felicidad?

Suspiro ya que sabía que la presionaría.- Si lo es, pero no creo que mis padres lo acepten...

Anthony fue hacia ella y la abrazo… platicaron toda la noche y un poco de la madrugada, después de mucho hablar ya no fingirían nada todo entre ellos, todo lo que los unía, todo absolutamente todo había acabado y Candy agradecía ya no tener tanta presión, ya no tenía novio, ni prometido solamente su amigo, tal vez el mejor amigo.

Decidió no volver por la gasolinera y pasó el domingo siguiente y no fue. Pero esa misma tarde, al anochecer, cuando se hallaba con su pandilla en "La Gaviota" lo vio entrar, erguido, alto y con ese andar suyo lento como si nunca tuviera prisa, aquellos ojos avellanados que sin gafas parecían abarcar el mundo entero.

Anthony estaba a su lado, sus amigos aun no sabían que ellos ya no eran novios y que Anthony andaba con Susana Marlow, y él paso saludando solamente con la cabeza y la mirada… Un movimiento que Candy no olvidaría en toda la tarde.

Se mantuvo distraída y vio cómo él se alejaba, cómo había estado a su lado en la barra tomando una cerveza y fumando un cigarrillo…

Aquella noche lloro en su cama y lo más raro del caso es que no sabía por qué Anthony la había besado al despedirse, como había todas las noches ya no eran nada y sintió una gran repulsión ese beso.

Esa misma noche recibió 2 llamadas una era de su amiga Patty la otra de su tío Albert.

Patty era su amiga de siempre, su confidente más que Annie, la que conocía, aunque no del todo su romance con el gasolinero. Estaba loca, completamente loca permitiendo que su pensamiento se fuera hacia la estación de gasolina un solo instante. Pensaba mucho en él y su sueño lo recordaba todas las noches.

-No soy capaz de superarlo. Annie tenía razón me he metido en la boca del lobo…

-Candy, Annie nunca tienes la razón, ella es muy manipuladora… él te ha alentado o dado alas?

-No, para mayor desconcierto, él no ha alentado para nada mis ansiedades. Es algo que nació e intento doblegar para todos los medios y no soy capaz de doblegar. Ya te conté lo de la otra semana, la ira contenida de mi padre y todo lo demás. He procurado no ir a la estación este domingo, pero ahora mismo me siento totalmente derrumbada.

-Cálmate, Candy, hazme un favor, se juiciosa y no te dejes dominar por una pasión absurda que ha nacido de la nada. Si el chico de la gasolinera no te animo, si salió contigo como me has contado y no se sobrepaso en nada ¿por qué te has enamorado de él?

-No se Patty… no lose… Lo único que sé es que atajare ese sentimiento ya que estoy a tiempo.

-No creo que lo hagas…

-Si supieras que como lo estoy intentando, el esfuerzo que hago… si supieras como he pasado hoy cerca de la gasolinera sin entrar en ella… si supieras el sufrimiento que esto me ocasiona… yo no he sentido jamás nada así por Anthony. Es más me doy cuenta de que nunca he estado enamorada de Anthony, fue algo que llego a mi vida como una razón natural y así mismo se fue, algo que no disgusto a mis padres, por el contrario, les satisfizo y el y yo nos dejamos ir por ellos. Pero ahora sé que si mis padres me obligan a casarme con él no lo hare. Esta noche Anthony me beso y he sentido como si me aplastara algo repulsivo.

-¡Dios Santo, Candy! Me estas asustando, nunca te oí diciendo cosas así, cosas de amor. Yo estuve esta mañana en la gasolinera y claro que reconozco que es un hombre atractivo, pero solo eso, eso es mi pensar, cada quien sus gustos.

-Patty, no es de mi mundo, ni de mi ambiente, ni tiene nada afín con nosotros, ni contigo, ni conmigo, ni con ninguno de la pandilla. Piensa que es un trabajador…- Patty la interrumpió.

-…Rudo, que será exquisito, como tú dices, cariñoso, afectuoso, pero no deja de ser un hombre desconocido que no sabes cómo puede reaccionar… Así lo describes… no puedo creer que ahora te importe tu posición social y lo juzgues solo por eso…- Patty se oía decepcionada no creía que su amiga empezara a juzgar al gasolinero por su economía.

-Todo eso lo entiendo, absolutamente todo, y sé que no soy así pero es la única manera…-

-Manera de que,- Patty la volvió a interrumpir- de hacerlo sentir mal ser igual que Annie, disculpa que te diga esto y no sé como reaccionaras, pero Annie se comporta como una hipócrita ante todos…

Candy no supo que decir Patty tenía razón y ella no quería ser igual que su amiga.

-¿Pero el te ha dicho algo?- dijo Patty

-¡Claro que no! Soy yo. ¡Que se lo que él piensa o siente! únicamente se que es amable conmigo, que es delicado, que tiene unos ojos avellanados bellísimos y que me miran con dulzura… Es más, no concibo que haya maldad en su mente, que haya malos propósitos, que sea retorcido, no. Es un hombre sencillo, de esos que gustan, que calan, que influyen, que tienen una química especial. Te puedo asegurar que cuando lo miro siento que tengo con él una cierta y oculta complicidad.

-¡Maldición, Candy!- dijo Patty medio feliz – esta súper enamorada de él.

-Patty, disculpa que te corte pero tengo otra llamada nos hablamos luego.

-De acuerdo Candy. Voy a colgar pero tu trata de pensar claro ok.

Colgó pero Candy esta desanimada. Además en la otra línea tenía una llamada en espera de su tío.

-Hola querida, como estas? Hace tiempo que no platicamos.

-Hola… Tío Albert… como estas?...- Candy se oía triste y Albert lo noto.

-Bien, Candy, pero dime que tienes…

-Ehhh…. nada tío ¿Por qué?- Candy esperaba que el no preguntara nada.

-Te escucho triste, te peleaste con tus padres de nuevo?

-No claro que no.

-Entonces dime que pasa…- Candy no podía mentirle a si tío y empezó a llorar Albert se asunto tanto, ya que su sobrina nunca había llorado con tanto sentimiento. Platicaron y le conto todo, todo sobre él.

-Y como se llama?

-Terry. Terrence Greum…

Albert le sonaba ese nombre y empezó a recordar de donde. Hasta que recordó.

-y dices que lo conociste en la gasolinera que esta por la playa?

-Si tío…

-Querida… África estuvo muy bien, pero ya estoy en New York… Estaré en la playa en cuatro días, necesito hablar contigo de acuerdo.

-Está bien tío…

-Adiós, Candy, cuídate y no llores no me gusta que lo hagas...

-Ya no lo hare, cuídate tío Adiós…- Candy colgó.

No pudo dormir. Había sido una semana insoportable, más que nada por que empezaba a sentir enojo hacía sus propios padres y sobre todo hacía Ignacio Setién. Ese martes no pudo doblegar su ansiedad. Cuando echó el pie a tierra se fue a la ducha, mientras el agua le golpeaba el cuerpo con fiereza, ella pensaba que nadie podría evitar ya que fuera por la gasolinera, pero buscando fuerzas en su voluntad, evito ir. Sin embargo tampoco estaba dispuesta a reunirse con la pandilla en la terraza del club de regatas.

Empezaba a sentir odio mortal hacia todo y hacia todos. Entendía que ella para si misma era un ser libre y tenía derecho a elegir su propia felicidad, claro que todo esto cabalgaba sobre su cerebro sin darle realidad contundente, porque entendía que ni estaba preparada para enfrentarse a sus padres, que ya eran mayores, ni para aceptar un amor que, evidentemente, no le convenía.

Suponiendo que Terrence Greum sintiera hacia ella lo mismo que ella sentía ¿Qué podía hacer casada con él, habituado como se hallaba, a vivir a lo grande, sin que le faltara ni el mas mínimo capricho? Sabia por intuición y por realismo natural que la pasión se evapora y luego quedó el vacio de la soledad y, sobre todo, cuando esta no es adornada por una abundancia material. De pasiones no vive el hombre y no entendía que Terry pudiera compararse nunca con Anthony Brown, su ex novio.

Tal vez por esos pensamientos decidió pasar la tarde el martes en el polideportivo, donde se juntaba gente de toda clase social. Allí no existía el clan de élite al que ella pertenecía, allí había seres humanos de todo tipo.

No supo si se divirtió, seguro que no, pero al menos logro que transcurriera el día sin verse con sus amigos o sus padres. Pero por la noche tuvo un enfrentamiento con su padre.

-Parece ser- le dijo aquel- que Anthony no te ha visto hoy. La señora Elroy ha llamado mil y una veces y no hemos sabido que decirle. ¿Qué es lo que está ocurriendo, Candy?

-Nada.

-No mientas- intervino la madre- También tus amigos te han llamado desde el club, más que nada Annie. No nos gustaría que te vulgarizaras huyendo de tus amigos, de tu ambiente social, al cual sabes muy bien que perteneces desde que has nacido ¿Me entiendes hija?

Así continuo una retahíla de reproches. Los oyó todos pacientemente y, cuando entro en su cuarto, sintió la sensación de que algo iba a fallarle, de que iba a morirse, de que no soportaba mas aquella tirantez ni aquella crispación y se dio cuenta, por supuesto, de que se había enamorado a lo tonto de un desconocido gasolinero. Por eso, como si una telepatía lo indujera, oyó de repente el timbre del teléfono cuando, tirada de bruces en la cama, ocultaba el rostro entre los brazos.

Se hallaba boca abajo y al oír el timbre del teléfono, suponiendo que era Annie, estiro un brazo y así el auricular que estaba sobre la mesa de noche.

-Candy…

La voz que sonó al otro lado la dejo una fracción de segundo tensa, la obligo a sentarse en la cama de golpe y a asir el auricular con las dos manos.

-¡Terry!

-Diré algo vulgar- murmuro la voz ronca al otro lado del aparato telefónico- Como Mahoma no va a la montaña, es la montaña la que va a Mahoma. Dime Candy, ya no has venido y… no sé qué pensar. No debiste volver, pero has vuelto y eso me produjo un interés desinteresado, no sé si me entiendes, pero es que yo no hubiera querido que me interesaras y el caso es que me estas interesando.

-Lo siento, Terry, no hice nada para despertar en ti interés alguno.

-Te equivocas, el amor no se busca, tú misma lo has dicho el otro día, el amor llega, claro que no se si esto que siento es amor, he hablado solo de interés, de deseos de volver a verte, de seguir con mi mirada tu BMW y he de confesar que no sé que me interesa más, si tu automóvil o tu misma.

-Eso es ofensivo- replico Candy con cierta amargura.

-Dime ¿eres capaz de acercarte a "La Gaviota"?

-¿Pero que deseas de mi?

-No lo sé. Tal vez me conforme con verte solamente…

-Es que ni tú ni yo podemos aspirar juntos.

Candy hubiera jurado que dicho aquello la exclamación de Terry fue muy sorpresiva.

-¿Y Por qué? ¿Acaso no somos un hombre y una mujer jóvenes, valientes, capaces de enfrentarnos a la vida juntos?...- y sin dejarla intervenir, añadía- ¿Eres tan cobarde, Candy? Quiero que sepas que por aquí y por otras gasolineras donde trabajo pasan muchas mujeres bellas. Converso con ellas y procuro, como tú sabes que soy, poner de manifiesto mi delicadeza y educación, pero solo eso. En cambio, cuando empecé a tratarte a ti, las cosas no fueron igual y te lo estoy confesando sinceramente.

-Si supieras que me hieres que seas tan delicado y tan educado…

-¿Y por qué?

-Te lo puedo decir, porque media entre ambos el teléfono y la distancia, gustas, calas, tienes como una química especial para la complicidad, eres sorpresivo y seductor, y tu sabes muy bien que yo estoy comprometida, que tengo un novio desde hace cuatro años con el cual pienso casarme algún día no sé cuando, pero algún día- Candy mintió.

-Pero no lo amas.

-Eso no me lo he preguntado…

-Ni te lo vas a preguntar.

-Puede que no o puede que sí.

-Otra vez tu cobardía… cuando aparentemente eres todo lo contrario. Al volante de tu automóvil pareces poderosa, casi insensible, altiva y personal, pero ahora mismo, desde tu cuarto y el pobre cuarto de mi fonda, eres sensible, pero cobarde, y la cobardía no da triunfo, querida…

-Dime, Terry, ¿a qué te has dedicado en la vida además de ser gasolinero?

-A buscar trabajos que me producían algo de dinero…

-Pero también has estudiado.

-El bachillerato únicamente, y luego, pues he leído, he recorrido mundo, he sido libre, sigo siendo libre, sigo buscando algo y no sé que es o no lo supe hasta que te vi. Me va a ser difícil renunciar a ti, no sé si es amor, es deseo o es solo amistad, pero sea lo que sea, es fuerte y me gustaría darle a esto que desconozco la debida compensación.

-¿Conmigo?

-¿Y por qué no? Te repito que para mí no existe ciertas cosas sociales como es l fortuna, la antigüedad, las tradiciones, los estúpidos esquemas que se imponen las familias poderosas, pero en cambio sí que existe el hombre, la mujer, a solas ambos y nada más, el sentimiento que los pueda unir, la pasión que los pueda hacer gozar, la continuidad de la compensación.

-Basta, Terry, te explicas muy bien, pero yo no puedo seguirte.

-Ósea, que no eres capaz de salir de esa jaula de oro de tu palacete, caminar por esas calles llenas de turistas y llegar al muelle, entrar en La Gaviota y tomar conmigo la última copa.

-Era una fuerte y terrible tentación. Todo el cuerpo le ardía y la sangre se diría que palpitaba por sus venas, como si su fuerza pretendiera romperlas.

-Candy ¿estas ahí?

-Sí.

Y su voz era tan sutil, que Terry solo acertó a murmurar desde el otro lado.

-Está bien, Candy, déjalo para el domingo. Sera mejor.

Cuando colgó el receptor, Candy rompió a llorar. Nunca pensó que al amar tanto sufrirían igual.