Espero les guste el capitulo final, y muchas gracias por leer mi historia. Estoy muy agradecida por los reviews, y ubeno eso es todo se compelto la historia. Gracias por leerme Att. Gabryela
Capitulo 7
Una Grandchester
Tres días pasaron en la casita de nuevo y Candy decidió ir hablar con sus padres y decirles de la boda con Terry…
No le importaba que pasara, si la desheredaban ya no le importaba nada.
Solo el amor que sentía hacia su gasolinero solamente eso….
Una semana, una semana fabulosa, llena de amor y deseo, Candy había decidido hablar con sus padres, se levanto y cambio, saco su ropa de una mochila que Molly le había enviado con Albert, se fue al baño y encendió la regadera el agua estaba fresca y deliciosa…
Cuando se termino de cambiar y peino su pelo regreso a la habitación donde yacía su esposo dormido, con la cara de un ángel, Candy sonrió y se acerco a él silenciosamente. Le dio un beso en la mejilla esperando que él no se despertara y no lo hizo.
No supo ni cómo condujo el auto hasta su casa ni como entró en ella, pero si supo que su padre la esperaba con el semblante cerrado, indicando que sabía de dónde venía y quien la acompañaba. Lógicamente, tenía motivos para ser así, porque la villa no dejaba de ser un pueblo donde todos se conocían, donde lo que sucedía en una cocina se sabía enseguida en la otra. Pero para entonces ella estaba dispuesta a todo, dispuesta a defender lo que amaba y lo que sabía que podía hacerla feliz, con más o menos dinero, pero mientras el amor fuera vivo el deseo vibrante, no habría forma de complacer a sus padres e iba a decirlo así.
-Pasa- dijo el padre con un acento bastante seco.
Ella cruzo el umbral. Entro por el vestíbulo hacia el salón y lo dijo sin que su padre pudiera tomar la palabra, mientras su madre la miraba espantada.
-Voy a dejar a Anthony- y su voz a ella misma le sonaba fuerte- Voy a casarme con un joven sin dinero, con un empleado de una gasolinera y lo conocen muy bien, porque dado como son, ya habrán pasado por allí para saber quién era el hombre que me apartaba del elegido de ustedes.
Claro no les había dicho que Anthony y ella ya no estaban juntos y que se había casado con el gasolinero, ella hablo en pasado cuando era novia de Anthony y cuando se iba a casar con Terry.
-No, no hables papá, ni tu mamá, déjenme a mí que les explique, ya sé que no los voy a convencer, pero no habrá forma humana, ni siquiera el cariño que les tengo, que me fuerce a algo que no deseo. Me doy cuenta ahora de que me han buscado un prometido a su gusto, y por algo no acababa de verme gozosa junto a él. No les tengo odio, pro nunca podría ser la mujer de Anthony o de Neil, No me veo a su lado, el de ninguno de los dos, teniendo hijos suyos, ni sentándome en la cocina de mi casa junto a él y mucho menos teniendo vida intima. Perdónenme, ya sé que este no es el lenguaje de ustedes, pero es que ustedes pertenecen a otra generación, y yo, afortunadamente, pertenezco a la generación de hoy, la que vive hoy y lucha hoy, y lo curioso es que quiero ser de la generación que pertenezco.
Guardo silencio y espero. No fue larga la espera. Inmediatamente, ambos, marido y mujer, murmuraron a la vez;
-Si comentes la mezquindad de casarte con el gasolinero, no cuentes con nosotros para nada. Y no te lo decimos por hoy ni por mañana, te lo decimos para siempre. No podremos desheredarte- la voz del padre vibraba de indignación-, pero si tendrás que esperar a que nos muramos para heredar, y aún somos muy jóvenes para morir.
-No importa si son jóvenes, y si no la apoyan.- se voltearon al escuchar esa voz masculina- Ella tendrá siempre mi apoyo y a mí, aun no entiendo porque ustedes aun se dejan llevar por la generación antigua.
-Albert, no te metas- dijo Andrea a su hermano.
-Me meto, porque ella es mi sobrina y estoy cansado de que haga lo que ustedes quieren.- dijo algo enojado- sabían ustedes que Candy y Anthony han fingido su noviazgo durante años solo para hacerlos infelices a ustedes.
William y Andrea, se quedaron con la boca abierta, no creían lo que Albert les acababa de decir su hija siempre había amado a Anthony, ella no fingía.
-Eso no es cierto ¿verdad, Candy?- pregunto la madre
Candy no respondió, había que todo lo que había dicho su tío era verdad, y no iba a negar nada solo para hacerlos sentir mejor, se había dispuesto a enfrentarlos y eso haría, aunque eso les causara infelicidad a sus padres.
-No sé si darme vergüenza, o tristeza- dijo William con voz de reproche.
-Ninguna de las dos- dijo Albert.
-Ya soy mayor no necesito que ustedes siempre me controlen la vida, yo misma puedo hacerlo sola, yo misma puedo elegir a quien yo quiere como marido, como amante o como novio. Y a quien quiero como las tres cosas es a Terry, el gasolinero.- dijo Candy, sentía que se liberaba.
De repente ocurrió algo muy extraño. Molly, la muchacha, apareció en el umbral del salón cuando su padre estaba más indignado.
-Señor- dijo Molly-. Hay un matrimonio aquí, en el vestíbulo, esperando que ustedes los reciban.
-No esperamos ninguna visita.
-Eso han dicho, pero el caso es que insisten. Dicen que no están citados con ustedes, pero que han considerado conveniente venir a verles. Han descendido de un Mercedes azul- y titubeante, añadió-: Son gente rica, señor, gente de la capital muy elegantes…
Marido y mujer se miraron. En cambio Candy había caminado lentamente hacia el bar y tras el mostrador, se servía un whisky, ella que nunca tomaba alcohol. Le sirvió una también a su tío quien la siguió. Estaba deseando tomar aquel licor para calmar un poco sus nervios, o quizás se los desatara de tal modo que pudiera decir lo que pensaba en respuesta a lo que había dicho su padre.
Por lo visto, sus padres se habían olvidados de ella en aquel instante. Pegados como estaban a sus esquemas y prejuicios, el hecho de que la visita fuera de gente distinguida, como había anunciado Molly, les obligaba a ambos a cambiar semblante y a recibir a los que quizás fuesen sus amigos.
-Hazles pasar- oyó Candy decir a su padre con voz amable, muy diferente, mientras ella tomaba su segundo vaso de aquel liquido ardiente que le quemaba la garganta de tal modo, que le soltaron las lagrimas a los ojos y no sabía si aquellas eran provocadas por la pena, la amargura o la decepción, o simplemente, por el licor ingerido.
Vio entre una cortina como si fuera de humo, como la pareja se perfilaba en el salón, y su padre y su madre salían al encuentro. Ella no los conocía, tal vez su madre y su padre sí. Pero su tío Albert al verlos sonrió, mientras se tomaba su tercer vaso de whisky.
Eran un hombre y una mujer aún jóvenes, muy elegantes, con una gran distinción, aunque parecían sencillos. El vestía de sport y Candy tuvo una corazonada. Y la tuvo porque aquel rostro curtido por el sol y surcado por alguna arruga le recordaba a otro rostro terso, con una melena casi enmarañada.
-No nos conocen- dijo el hombre sin soltar los hombros de la mujer que le acompañaba- pero me he tomado l libertad d visitarlos porque he pasado por el hotel Palace donde se hospeda mi hijo, y me ha pedido que viniera a visitarles. No es una hora muy apropiada, pero a veces no importa el momento que sea. Cuando un asunto apremia y pertenece a tu hijo, hay que ventilarlo cuanto antes.
-No entiendo nada- dijo el padre de Candy. Y para entonces ya la esposa de William White se había acercado a su esposo.
-Es lógico. No hemos hablado aún del motivo que nos ha traído aquí. Mi esposa y yo hemos pasado por esta playa hoy por casualidad. Tenemos el yate atracado en el muelle y hemos venido aquí a ver a nuestro hijo y nos ha contado que se ha enamorado de una muchacha nativa de esta villa y fíjese, sin protocolo, sin advertirlo, entrometiéndonos en algo que no comprendemos bien, y como carecemos de tiempo porque estamos muy ocupados, hemos venido a pedir su mano, es más, hemos venido a pedir permiso para llevarnos a su hija en nuestro yate, porque nos vamos a Miami. También nuestro hijo ira con nosotros.
Esta vez fue Andrea. La esposa de William quien replico:
-Seguimos sin entender.
-Pues es muy fácil- dijo el caballero. Y separándose de su esposa, se dirigió al mostrador, tras el cual aún se hallaba Candy.
La asío de la mano, la saco de allí y la miro a los ojos.
-Eres muy bonita, no nos extraña nada que nuestro hijo se haya enamorado de ti como un loco.
-Pero oiga, no comprendemos…
La esposa del hombre que sujetaba los hombres de Candy, quien ya había comprendido todo dijo:
-¡Pues está muy claro! venimos a buscar a Candy.
-¿Pero porque?
-Porque deseamos llevarla en nuestro yate, con nuestro hijo, su futuro marido, a Miami. Mientras tanto, ustedes arreglan los papeles para casarlos al regreso. ¡Ah!, perdone, no nos hemos presentado. Yo soy Richard Grandchester. Y mi esposa, aquí presente, se llama Eleonor Beaker.
Hubo un silencio. William y Andrea se miraron. Y fue Candy quien murmuro deletreando las palabras:
-¿Quiere decir que su hijo es…?
-Sí- le corto-, el gasolinero.
-¿Grandchester?
-Claro. Nuestro hijo, cuando termino la carrera de abogado y economista, decidió visitar nuestros negocios. Son los suyos del mañana- explicaba el señor Grandchester con una sutileza un poco maliciosa.
-Terrence Grandchester? y no Terrence Greum.- dijo Candy un poco confundida.
-Greum se lo pone cuando esta de servicio, tu sabes bien que los Grandchester son muy conocidos aquí, así que Terry no quiso dar su verdadero apellido para no dar de que hablar.- dijo Albert acercándose a ellos.
-Pero Albert, no te había visto ¿Cómo estás?- dijo Eleonor, abrazando a su viejo amigo.
-Bien, esperando su llegada.- dijo el rubio.
-Tío tu sabias que Terry era hijo de los Grandchester?
-Claro que si querida, yo fui quien los llamo, para que hablaran con su hijo y arreglaran todo este asunto…- Albert no termino de hablar ya que Candy se lanzo hacia él dándole uno de los abrazos mas cariñosos que le había dado.
-Hermano tu sabias esto?- pregunto Andrea a Albert.
Este solo asintió con la cabeza.
Candy estaba feliz y no porque Terry fuera hijo de nadie, sino porque sus cosas se facilitaban y porque sabía, pese al escándalo que iba a suponer dejar supuestamente "plantado" a Anthony Brown.
-Nosotros no tenemos más que ese hijo- seguía diciendo el padre de Terry- y, lógicamente, yo estoy cansado ya y él debe tomar riendas de las empresas que poseen los Grandchester, porque para eso ha sido preparado. Quiso el destino que su hija pasara por la gasolinera y él estuviera de servicio. El es un chico sencillo y natural. Lo que no esperábamos es que se fuera a enamorar de una chica de esta villa- miro a Candy, a quien volvió a sujetar por los hombros-, No me extraña, es una chica preciosa, y estamos encantados de que haya encontrado una chica apropiada a su carácter sencillo y amoroso.
-Tú, Candy- murmuro el padre contadísimo-, ¿Lo sabías?
-Claro que no, pero lo celebro, porque así, ni los pierdo a ustedes y puedo amar libremente a Terry, el gasolinero. Nunca, papá, podría, pese a tu posición, casarme con el sobrino de tu amiga la señora Elroy. Nunca podría serle infiel a Terry. No he buscado el amor, ha llegado a mí, que es muy distinto.
-Pero que pasara con Anthony?- pregunto Andrea.
-Anthony, ya encontró a alguien con quien compartir su vida.- dijo Albert
-¿Qué? Quiere decir que esto ya lo habían planeado, entonces era verdad tu noviazgo con el solo era fingido.
Candy no tuvo de otra que decir la verdad.
-Si papá, fingimos nuestro noviazgo llegando al acuerdo de que cuando alguno de los dos encontrara a la persona ideal terminaríamos con eso, el encontró a Susana y yo a Terry.
Cuando Terry apareció en aquel instante en el salón con sus jeans y su camisa blanca, ella se separo de todos y corrió hacia él. Antes de abrazarlo le dio un pequeño golpe en el pecho. Al cual este se sorprendió.
-Pero porque me pegas.- dijo Terry
-Por haberme mentido Terry Greum o Grandchester.- dijo ella fingiendo enojo.
-Bueno ya lo sabes no, soy un Grandchester.-
-Y no tienes hermanos ¿cierto?
-No, soy hijo único- dijo sonriendo.
-Terry…- dijo en un susurro mientras le daba un beso.
Ambos salieron al jardín y se abrazaron con fuerzas.
-Tenias que habérmelo dicho.
-Fue un juego que siempre formara parte de nuestras vidas… Yo sabía que ellos nunca te permitirían casarte con un gasolinero, pero sabiendo lo que pensabas y sentías, y que te casaste conmigo a pesar de que sabías que no tenía nada. Les llame, pero alguien me gano, tu tío, llegaron y les conté todo y les pedí ayuda.
-Le pediste ayuda? Para que ellos vinieran por mí para ir a Miami.
-Si y no.
-¿Cómo?
-Veras, cuando me desperté, te busque y no estabas, así que llame a Albert para preguntarle y me dijo que habías pasado con él para decirle que le contarías a tus padres lo que habíamos hecho.
-Es verdad.
-Entonces, sabía que necesitabas apoyo, mis padres han venido esta noche para ayudarnos. Y ve preparando tus cosas, porque nos vamos con ellos a pasar nuestra luna de miel y cuando finalice el verano, volveremos para casarnos…
-Pero ya estamos casados…-dijo Candy interrumpiendo.
-Si, pero solo por lo civil, y mis padres aun no lo saben al igual que los tuyos…
-Ahh...
-Cuando volvamos nos casaremos por la iglesia. Mis padres on dos personas modernas. Me gusta ser como ellos y me gusta que te parezcas tanto a mí, y que te guste amarme como yo te amo.
-Y se lo diremos?- Candy estaba un poco preocupaba.
-Si tu quieres se los décimos ahora.
-¿Tu quieres?
-Yo, si. Y ¿tu?
Candy y Terry volvieron a entrar, agarrados de la mano vieron a sus familias ponerse de acuerdo con todos los preparativos… Candy estaba nerviosa… Terry le apretaba la mano dándole valor para que no se acobardara… Albert al verlos entrar supo rápido a lo que iban así que camino hacia ellos y los llevo a una esquina para halbarles:
-No vayan a hacer lo que pienso que van a hacer.-
-Pero tio…-
-Pero nada,- dijo cortándola- tus padres i se enteran se molestaran mucho enterarse que su única hija se caso a escondidas y no les importara que su marido sea un Grandchester.
-Bueno, Albert si tu crees que se molestaran entonces no le diremos…-dijo Terry.
-¿Tus padres los saben?- pregunto Albert a Terry
-No, aun no les he dicho…- vio el gesto de Albert, de que no debía decir nada así que añadió- Se lo dire pero cuando estemos a solas. Tu conoces a mis padre y sbes que no se molestaran… Ya que ellos hicieron lo mismo,
Candy lo observo con los ojos abiertos…
Terry solo rio al ver la expresión de su pecos esposa.- Me refiero a, casarse a escondidas.
-No pensé nada malo.- dijo Candy defendiéndose.
-claro que no, pecosa.- dijo dándole un pequeño beso.
Nadie pudo evitar aquel viaje. Nadie se atrevió a hacerlo, y al final de aquel verano, cuando ya la pareja se conocía plenamente, cuando yaincluso los padres de Candy habían arreglado los papeles para que se casaran, se celebro el matrimonio.
Volvieron a celebrar, según sus padres su luna de miel, su priemra vez para Candy. En aquella chosita donde se entregaron por primera vez los dos.
-Terry, te amo.-
-Y yo a ti, Candy,- dijo su esposo sonriendo de alegría.
La desnudo poco a poco, a Candy le sorprendió que lo hiciera lento, ya que la ultima vez fue muy rápido, le quito el vestido de novia y lo lanzo hacia un sofá, despcio le quito el velo para que su pelo cayera suelto, le encantaba sentir su aroma. Candy aprovecho para hacer lo mismo, le desabotono la camisa y vio su torax le encantaba en todo sentido, le bajo el pantalón hasta dejarlo en bóxers.
Se tumbaron en la cama, Terry lleno de placer al tener a su esposa por todas las leyes junto a él. Lo hicieron como amantes, esposos y novios. Todo era perfecto.
Despues de terminar cansados. se recostaron y abrazaron, Candy aprovecho para decirle a Terry una noticia que le daba felicidad.
-Terry…- dijo susurando
-mmmm… dijo el ya casi cerrando los ojos.
-Estoyembarazada…- dijo de un solo
Terry solto el agarre que tenia, se había quedado en shock, su amada pecosa estaba embarazada iba a tener un hijo, un hijo de él.
-Enserio?
-Si.
-Es la noticia mas hermosa que me has dado.- dijo dándole besos, mientras Candy se reía por la acción de su esposo.
-Soy el hombre mas feliz del mundo.
-Y yo la mujer mas feliz del mundo.
Despues de que nació el primer hijo, los dos fueron a la gasolinera de la villa y tomaron juntos, un domingo, ante el mostrador, los refrescos que srvia Terry detrás de la barra.
-Por aquel día memorable en que ambos, sin saberlo, empeamos esto.
Cuando nació el segundo hijo, que era niña, Candy ya era Doctora, pero se limitaba a trabajar con su marido en las oficinas de Chicado, desde donde dirigían las empresas de los Grandchester.
Solo los veranos regresaban a la villa. El escándalo que habían provocado las parejas, Candy el haber dejado a Anthony, para casarse con el hijo de Richard Grandchester. Y Anthony que antes de casarse con Susana, la tia abuela Elroy se había asustado al saber que ella estaba embarazada y llevaba 2 meses ya. Pero ya se había olvidado. Anthony se caso con Susana, Annie y Archie, después de casarse se fueron a vivir a Escocia, Y solo quedaban Patty y Stear quien llevaban 4 meses de casados. Ellos dos iban los domingos por la mañana en aquellos veranos a la gasolinera.
Candy disfrutaba la vida, el amor y la dicha de tener a Terry y a sus hijos,
-Te amo, Terry- dijo dándole un gran abrazo
-Yo te amo a ti mi preciosa y hermosa pecosa.
fin
