Capitulo 10
Fue tremendamente doloroso, poner fin a una etapa tan preciosa como la que estábamos viviendo porque la gente cambiaba. Ninguno de los tres, porque Ben también termino harto, pensamos que pudiesen acabar así, eran totalmente lo opuesto. Alice no tardo ni una hora en recibir la notificación y en menos de 3 horas teníamos el piso desalojado. No sabemos de quien recibió ayuda porque nos tuvimos que ir de allí, bastante nos habían humillado como para que encima nos viesen llorar como idiotas, porque llorar por algo de lo que no tienes culpa, es de idiotas.
Las clases se hicieron terriblemente cuesta arriba, no tener a Alice a mi lado hacia de aquello un total aburrimiento. Ya ni siquiera se sentaba a mi lado, si no que se iba atrás con su hermano y compañía. Alguna vez incluso impacto e mi cabeza una pelota de papel, ni me gire cuando esto pasaba, prefería no saber quien había sido por si la decepción crecía aun mas.
El trabajo con Edward a partir de ese triste día se desarrolla vía Internet. Mi bandeja de entrada tenia siempre alguna parte del trabajo mientras que yo a el le mandaba la mía, y con cuatro palabras contadas nos poníamos de acuerdo e como presentarlo. Esas conversaciones no incluían ni siquiera un "hola" o un "adiós". Nada. Y lo que peor me ponía es que no conseguía olvidar aquel beso, ese en e que yo puse todo de mi y parecía que el también, pero solo fue un juego.
En el trabajo la situación era un poco más chocante. No hablaba tampoco a Jasper, pero este parecía arrepentido cada vez que cruzábamos una mirada. Parecía como que quería decirme algo, pero al segundo el nombre de "Alice" cruzaba su cabeza, y se daba la vuelta negando. Y luego estaba Emmet, esa alegría que inunda cualquier rincón. Echábamos todos tantos de menos esos chistes malos y esos momentos infantiles que parecía que llevábamos conociéndole 9 años en vez de 2 meses. Llegaba un punto, que hasta casi era una necesidad escuchar alguna tontería para sonreír, pero eso ya era imposible.
Era una situación realmente incomoda, sobre todo cuando nos cruzábamos con todo el grupo. Algunos simplemente nos ignoraban, mientras que los otros pasaban a nuestro lado y nos miraban con total repugnancia, y aunque intentaba contar hasta 100 para no llorar de pena, normalmente en el número 30, Ben tenía que abrazarnos a las dos para no terminar en el suelo con un berrinche del quince. Esa era otra, Ángela y Ben. Los tres nos habíamos convertido en uña y carne, ellos mas de lo que ya eran. Los tres nos cuidábamos unos a otros, y aunque me daba cosa estar en medio de una pareja, ellos se esforzaban en que no fuese nada extraño. Cosa que agradecía.
Principios de diciembre y los temidos exámenes estaban a la vuelta de la esquina. Una semana más y el estrés seria una constante en mi vida. Podría decir a estas alturas de la biblioteca era mas visitada por mi que mi propia casa. Me sorprendió bastante que apenas hubiese gente en ella todavía, quiero decir, son exámenes de la universidad, la gente necesitara calma para estudiar, y las casas compartidas, o hermandades o lo que fuese no era lo mejor.
Eran las 12 de la noche, nos había cenado, tenia un frió de miedo y estaba recién salida de la biblioteca después de estar 6 horas estudiando alimentándome de agua y un sándwich. Me esperaba por delante un fin de semana para estudiar todo o que pudiese y más, sin contar con que al día siguiente por la mañana me tocaba trabajar. No es que mi piso estuviese lejos de la biblioteca, sino que no había un camino directo y había que atravesar verdaderos laberintos, así que siempre era mejor ir por el camino a la luz. Sentido común y esas cosas. No se veía un alma por la calle, a ese horas todos estaban ya es las discotecas alejadas disfrutando de su ultima noche de tranquilidad antes de estudiar supongo.
Pero algo me saco de mis casillas, unas voces que no encajaban en el esquema, cualquier ruido que no fuesen mis pisadas rompían el esquema. Me acerque con cuidado a lo que era el foco de aquellos gritos, apenas lo iluminaba una farola, suficiente para conocer a 2 de las 3 personas que había allí. Me quede medio escondida sin posibilidad de ser vista, si me veían, tenia todas las de perder.
-¿Es cierto Rose? ¿Lo que me esta diciendo este chulo de quinta es cierto?- preguntaba Emmet chillando mientras miraba a Rose y señalaba al chico que tenia en frente, cuya actitud distaba mucho de estar preocupado, ya que tenia en su cara una sonrisa burlesca y los brazos cruzados alrededor de su torso.
-Estaba borracha Emmet, te juro que no…-.
-Cariño, las borrachas hacen lo que quiere el subconsciente cuando en estado normal nuestra cabeza no nos deja. No te disculpes, es lógico que quieras estar conmigo a follarte a este armario hormonado-.
-¡Royce cállate por favor!- grito Rose a punto de perder los nervios. –Emmet, no le hagas ni caso por favor. Mírame. ¡Emmet que me mires joder!-.
-¡No! Me das asco, no pienso dedicarte ni un segundo mas de mi tiempo, pero con este todavía tengo que arreglar un par de cosas- dijo cogiendole por las solapas de la camisa y empotrándole contra un árbol. La cara del tal Royce no perdía la sonrisa en ningún momento, y yo sabia porque. Probablemente me mandaran los 3 a paseo pero yo tenía que intervenir y pronto.
-¡No Emmet! ¡No lo hagas!- dije cuando vi que el puño de Emmet quedaba apenas a 10 centímetros de la cara del chico.
-¿Bella? ¿Qué haces aquí?- dijo mirándome pero sin quitar el puño de la cara del chico.
-Emmet piensa en la beca por favor. Un golpe y estas fuera. Y sabes que no te aceptaran si mueven los hilos Emmet. Baja ese puño anda. Vales más que estos dos y lo sabes-. La cara de Emmet pasaba de la mía a la de Royce, la cual había perdido ese deje de diversión, porque obviamente no había conseguido lo que quería. Vi como le soltaba la camisa y el chico pisaba al suelo el manera torpe pero sin llegar a caerse y se dirigía a mi posición. Cuando estuvo a mi lado me di la vuelta y caminamos para salir de aquello.
-¡Emmet!- ambos nos giramos al escuchar la voz del chico, pero l que no me esperaba es que esta vez fuese su puño el que finalmente estallase en la cara de Emmet, rompiéndole prácticamente la ceja. –Jamás en tu vida, vuelvas a amenazarme, porque no trabajaras ni aunque te vayas a la otra punta del mundo, asqueroso-. Vi como Emmet empezaba a bufar por la nariz, una mala señal en las condiciones que estábamos, y con la fuerza que tenia, algo demasiado bajo para el perfil de Emmet, hice que se volviese a dar la vuelta y siguiese caminando, dejando en aquel lugar a Rosalie en un mar de lagrimas y a Royce con su sonrisa engreída de nuevo. Saque un pañuelo de mi mochila y se lo di para que se lo pusiese en la ceja hasta que aquello pudiese ser curado. 10 minutos después ya estábamos en nuestro piso. Vi que quería entrar en su piso pro le obligue a seguir subiendo a pesar de la cara de circunstancia que llevaba.
-Siéntate en el sofá. Ahora vuelvo- dije en voz baja, ya que probablemente Ángela estuviese durmiendo ya. Deje las cosas en mi cuarto y me fui al baño a por el botiquín y unas toallas para curar la herida. Volví al salón y me arrodille en frente de el. Le cogi la cara y se la levante quitándole el pañuelo y examinándole la herida.
-Es un golpe desagradable pero no te rompió la ceja. Un par d tiritas y a esperar que cicatrice. Estate quieto, esto puede escocer un poco- dije echando un poco de agua oxigenada en un algodón y poniéndoselo en la ceja.
-Ssssh- dijo echándose para atrás de un salto.
-Lo siento, pero no hay otra cosa aquí que duela un poco menos-.
-No esta bien, solo fue la impresión- dijo volviendo a sentarse bien y señalando la ceja para volver a colocárselo. –No tienes porque hacerlo-.
-Ya lo se, pero quiero hacerlo. No hay problema- dije cogiendo otro algodón y echándole mas agua oxigenada para limpiar la zona de la sangre ya reseca.
-Pues no se porque quieres ayudar a un gilipollas como yo-.
-Porque una vez este gilipollas me ayudo a mi y le debo unas cuantas-.
-Creo que esta noche te ha cobrado todas a la vez. Si no hubiese sido por ti ya estaría fuera de la universidad. Muchas gracias-.
-No hay de que-.
-¿Por qué me frenaste? Quiero decir, después de todo lo normal hubiese sido que pensaras "que se joda y le echen"-.
-Nunca he sido normal, y yo no le deseo mal a nadie. Se todo lo que has tenido que luchar para llegar hasta donde estas, seria de mala persona por mi parte dejar que tires todo por la borda cuando esta en mi mano evitarlo-.
-Lo mas curioso era que lo ultimo que se me pasaba por la cabeza en aquel momento era mi beca-.
-Es lógico supongo, la tensión del momento y lo que te llevo hasta esos extremos. No me lo tienes que contar si no quieres- dije dejando el algodón y poniéndole un par de tiritas que le tapaban la herida completamente.
-Solo que hace unos días en una fiesta Rosalie se emborracho y hubo un tiempo que la perdí de vista. Me dijo que estuvo con unas amigas pero hoy me lego un video a mi ordenador donde Rosalie no salía precisamente con amigas, si no con ese tipo haciendo… bueno imagínate lo que estaba haciendo. Fui a buscarla para pedirle una explicación y cuando la encontré estaba en el sitio de antes discutiendo. Obviamente deseaba partirle los dientes a ese estupido, pero la que tiene la culpa es Rose, así que mejor lo olvidamos, ¿si?-.
-Como tú prefieras. Esto ya esta-.
-Gracias Bella. Gracias por todo-.
-¿Bella? ¿Qué haces despierta a estas horas? ¿Emmet?- dijo Ángela entrando al salón frotándose los ojos y abriéndolos como platos cuando vio a Emmet en el salón. -¡Oh dios santo! ¿Qué te paso en el ojo? ¿Qué has hecho? ¡No me puedo creer que te hayas peleado! Emmet, ¡tu beca!-.
-Cálmate Ángela, Bella evito males mayores-.
-¿Quieres algo de cenar Emmet? Yo también tengo que cenar, no me molesta-.
-Si no te importa que abuse un poco más de ti esta noche-.
-Para nada. ¿Tu quieres algo Ángela?-.
-Lo que hagas me viene bien. Gracias-.
-Ahora traigo todo-. Eran pasadas las 12 de la noche así que ni mi ingenio ni mis ganas estaban al máximo. Un par de sándwiches para cada uno y un refresco para cada uno también nos encontrábamos en la barra de la cocina los tres en un incomodo silencio.
-Veo que ni para preparar algo tan sencillo como esto has perdido tu arte- dijo Emmet levantando los restos del primer bocadillo terminado.
-Gracias Emmet. ¿Te duele? Puedo darte algo-.
-No, ese tipo no tiene fuerza ni para pisar a una hormiga. Simplemente dio en un punto frágil, no te preocupes que no me duele-.
-¿Pero por que te peleaste Emmet? ¿Tienes idea de lo que puede pasar con tu beca? Porque estoy segura que no te pegaste con otro becado, esos ya no somos tu estilo- dijo Ángela con esa doble intención.
-No pegue a nadie Ángela, pero porque Bella me freno, sino a ese tipo no lo hubiese reconocido ni su madre. Haciendo un resumen, Rose me engaño con el y el se reía en mi cara. Me calenté y mi paciencia se agoto. Y sobre lo último, quiero pediros disculpas-.
-¿Sobre que?-.
-Sobre todo. Todos, bueno halo por mi, me he comportado como un gilipollas de campeonato. Estaba tan embobado con Rose que no veía lo que estaba pasando. Todo era perfecto a su lado, la tenia a ella y os tenia a vosotros, pero no me daba cuenta que lo que ella me hacia. Y cuando me quise dar cuenta todo estaba por los suelos ya. Entiendo que no queráis ni dirigirme la palabra, pero creo que os merecíais esta disculpa-.
-Emmet- empezó Ángela dejando su bocadillo en el plato y girándose para quedar cara a cara con Emmet, -¿tu te crees que nosotras podríamos dejar de lado a un amigo en su peor momento? Creía que nos conocíamos mejor-.
-¿Amigo? ¿Me seguís considerando un amigo?-.
-Te has dado cuenta de tus errores, todos los cometemos, mas grandes, mas pequeños pero ahí están. Como ya te dije antes, tu una vez hiciste que no me quedase sola, creo que seria injusto que ahora yo te dejara a ti solo- dije sonriéndole y viendo como el también nos sonreía a ambas.
-Un abrazo anda- dijo abriendo los brazos mientras las dos nos tirábamos a el de golpe. –Os he echado de menos chicas. Esos pijos estirados son aburridos, feos e idiotas. Me alegra saber que todo puede ser igual-.
-Claro que si grandullon. Pero a la próxima te metemos una paliza entre las dos para ponerte las ideas en orden- dije separándome y volviéndome a sentar en mí sitio.
-Una cosa, ¿tu que hacías por la cale tan tarde pequeña?-.
-Venia de la biblioteca. Estudiaba y esas cosas, los exámenes se acercan-.
-Creo que a partir de ahora te tendré que acompañar. Tanta tontería y todavía no toque un libro. Esto estaba riquísimo, pero creo que es hora de dormir. Nos vemos mañana chicas- dándonos un beso a cada una.
-Vuelve a la cama Ángela, yo recojo todo esto-.
-Esta bien Bella. Buenas noches- dijo abrazándome. -¿Ves como todo iba a ir mejor?-.
-Tenías razón. Hasta mañana amiga-.
Me levante temprano odiando a mi despertador más a cualquier otra cosa en el mundo. Ojala alguien, y si podía ser pronto mejor, inventara una manera de despertarse de buen humor siempre. Lo agradecería de corazón. Cogi el uniforme y mis apuntes, ya que pensaba estudiar entre café y café y salí de casa, ya desayunaría en el trabajo, que comida era precisamente lo que no faltaba. El establecimiento ya estaba abierto así que el jefe ya debía de estar allí. Mientras intercambiábamos unas palabras, la puerta del establecimiento volvía a ser abierta y esta vez era Jasper quien entraba por ella. Al igual que yo, saludo a al jefe y empezó a colocar sus cosas mientras yo limpiaba un poco aquello, una excusa perfecta para no estar en el mismo lugar que el.
-Que pasen una buena mañana chicos-.
-Adiós- dijimos Jasper y yo a la vez, mientras nos quedábamos solos en el local. Pase a la cocina a ponerme el delantal negro y salir a la barra donde pensaba estudiar hasta que entrara algún cliente.
-Bella- me llamo Jasper desde algún punto del local situado a la izquierda. Llevábamos días sin dirigirnos la palabra, ya que normalmente había mas gente en el local y siempre podíamos acudir a ella, pero es este caso la necesidad era forzosa.
-Dime- le conteste sin apartar la vista de los apuntes.
-¿Puedo hablar contigo un momento?-.
-Claro- dije sin dejar de leer. Que el hablase no quería decir que yo le tuviese que responder.
-¿Puedes mirarme por favor?- se le notaba en la voz un pequeño signo de desesperación.
-Estoy estudiando Jasper. Puedes hablar, te escucho-.
-Joder Bella, estoy intentando pedirte perdón por todo esto, y tu respondes así-.
-¿Y como quieres que responda Jasper?- dije cerrando las cosas y mirándole por primera vez. -¿Qué quieres? Dímelo tu. Prefieres que me ponga a llorar o que me lance a tus brazos diciendo que tengo yo la culpa. No mejor, prefieres que olvide todo como si jamás hubiese pasado nada. ¿Quieres eso? ¿No? Venga dímelo-.
-Solo quería decirte que el gesto que tuviste ayer con Emmet dice mucho de ti. Cosas que quizá no valorábamos hasta que nos dimos cuenta demasiado tarde. Por mi parte te quería agradecer que estuvieses allí cuando ninguno lo hicimos, y pedirte perdón por lo idiotas que estamos siendo todos. Te echamos de menos a ti, a Ángela y a Ben una barbaridad, pero somos demasiado orgullosos para volver y pediros perdón-.
-Solo quiero que os deis cuenta del daño que me hicisteis. ¿Te crees que han sido días divertidos? ¿Qué me lo pase bien sin vosotros? ¿Qué yo no os echo de menos? si Jasper, pero iros olvidando de que sea yo la que vaya. Esto no consiste en arrastrarse, consiste en aceptar los errores. Yo estoy dispuesta a perdonar a mis amigos, no a las personas que sois ahora. Si algún día mis amigos vuelven estaré encantada de recibirlos, te lo juro. Mientras tanto, prefiero estar solo, o simplemente con menos compañía pero de mejor calidad, que al final es lo que cuenta-.
-Lo se Bella, creo que te voy entendiendo- dijo haciendo un intento de sonrisa, la cual me saco a mi otra. -¿Te parece si hablamos un rato?-.
-¿Qué quieres tomar? Yo todavía no desayune-.
-Un café con leche solo-.
-Lo preparo y hablamos, ¿vale?-.
Pasamos lo que quedaba de mañana charlando como unos viejos amigos que hacían años que no se veían, pero que a pesar del tiempo, no tenían absolutamente nada interesante de lo que hablar y lo decían entre risas. Solo unos pocos clientes interrumpieron la charla.
-Y bueno, ¿Qué piensas hacer en navidades?- le pregunte mientras subrayaba un párrafo de un libro.
-Alice me invito a celebrar la navidad en su casa, así que supongo que pasare las fiestas en casa de los Cullen-.
-Mmmm, disfrútalas entonces-.
-¿Tú sigues pensando en quedarte aquí?-.
-Si, estaré por aquí. Aprovechare para conocer esto un poco mejor. Son solo unos pocos días, así que no estaré sola mucho tiempo-.
-Ya claro… Bella, es la hora de recoger, el próximo turno debe de estar al caer- mire mi reloj y en efecto, dentro de 10 minutos terminaba mi sesión de relax y empezaba la del estudio. Jasper entro a la cocina mientras yo ordenaba un poco todo aquello. Sentí como la campanilla de la entrada sonaba y alguien entraba en el establecimiento.
-Hola- subí mi cabeza al reconocer rápidamente la voz de Alice allí, pero no solo estaba ella, Edward, Victoria y Rosalie la acompañaban.
-Buenos días- dije optando por ser profesional. -¿Quién algo?-.
-No solo venimos a buscar a Jasper- me contesto Alice de nuevo con una voz mucho más suave de lo normal.
-No debe de tardar en salir-.
-Bella, ¿sabes como esta Emmet después de lo de ayer?- me pregunto Rose preocupación.
-Estoy trabajando, lo siento-.
-Bella por favor, estoy muy preocupada por el y necesito saber…-.
-Te repito que estoy trabajando. Si tanto te preocupa llámale-.
-Llevo horas intentándolo. ¡Maldita sea, dime como esta!-.
-Si tanto te importa, no tendría que estar como esta ahora. Y si me vuelves a chillar te invitare a salir de aquí-.
-Eres una triste…-.
-Rosalie cállate- dijo Edward girando la cabeza y mirándola con un gesto amenazante. Me fui a la cocina para avisar a Jasper de que habían ido a buscarle y volví a mi lugar ya preparada para que me relevase el próximo turno.
-Bella, ¿de verdad que no te importa esperarles? Mira que mi tampoco me cuesta nada-.
-No te preocupes Jasper, puedes irte, te esperan-.
-Bella, ¿podemos hablar ahora?- dijo Alice sin moverse del sitio aun teniendo a Jasper a su lado.
-Estoy trabajando-.
-Tu turno terminado hace 5 minutos-.
-Entonces ahora es que no quiero hablar con vosotros-.
-Solo est…- en ese momento entro por la puerta corriendo mi sustituta y pude dar gracias al cielo, no aguantaba mas esta situación. Casi tres semanas después todo el mundo se empeñaba en arreglar las cosas, pero no se daban cuenta de que llegaban tarde. Cogi mis cosas y salí corriendo del lugar deseando una buena tarde a la chica.
-¡Bella, espera!- oí que gritaba Alice mientras yo no paraba de correr. No pensaba detenerme, aun así vomitase mi estomago. Pero debí imaginarme que mi paso era mucho mas lento que el de Alice y el de todo el grupo, porque en menos de un minutos estaban todos en frente mía, todos menos Victoria.
-Sol queremos hablar- dijo Jasper, ya que aunque hubiese hablado con el toda la mañana, sabíamos que las cosas apenas se habían solucionado.
-Pero yo no quiero hablar con vosotros. Dejadme, tengo que estudiar. Algunos no tenemos el privilegio de ser ricos-.
-Bella por favor- dijo Alice medio llorando. Me afectaba de una manera que no creí posible escuchar a Alice sollozar, pero no pensaba caer en aquello, yo había salido mas que herida en todo esto, y cuatro lágrimas momentáneas no superaban mis noches de pesadillas por su culpa.
-No llores Alice, porque así no se va a solucionar nada. Ya escuche suficiente una vez. Se lo dije a Jasper y te lo repito a ti y a los demás, estoy dispuesta a perdonar a mis amigos no a vosotros, porque habéis demostrado lo diferentes que sois. Hasta entonces adiós-.
-Cambiaremos. Podemos hacerlo-.
-Muy bien. Pues hasta entonces adiós repito-. Y seguí mi camino dejando allí a los que algún día me dieron la felicidad.
Llegue a casa, y después de comer con Ángela y Ben y ponerles al día, me fui a la biblioteca a seguir con mis horas de estudio.
La semana paso volando, ya que a penas hacia otra cosa que estar entre libros. Las horas de trabajo y las pocas que tenía de sueño eran mi vía de escape. Emmet volvió al grupo, ya que decía que no podía volver al anterior para ver a Rosalie. Decía que ahora sabia lo que era amar y odiar a la vez a una misma persona, pero que ese odio le hacia olvidar los motivos de quererla y perdonarla estaba fuera de las posibilidades. Le comente que me pregunto por el, y menos mal que le dije que no la había dicho nada y ni pensaba decírselo, porque sino mi lengua hubiese peligrado. Durante las comidas las burlas a Emmet de ciertos chicos eran constantes, y lo único que podía hacer el era calarse y seguir comiendo su comida y su orgullo, mientras Rosalie desde la distancia nos miraba con ojos e disculpa. Alguna vez intento acercarse a la mesa, pero antes de dar más de 10 pasos Emmet ya estaba levantado y bien lejos de la posibilidad de verla o escucharla.
Y la siguiente semana fue de as peores que yo recuerdo en mi vida. Los exámenes me tenían en un estado de nervios que todas las mañanas el desayuno terminaba en la taza del vater. Las comidas se volvían tediosas ya que mi estomago apenas aceptaba nada y vi como mi peso bajaba día tras día. ¿Mi consuelo? Que estaba feliz por cada uno de ellos, estaba totalmente segura de que había aprobado todo con la suficiente nota como para que mi beca continuase en su lugar. Así que el viernes por la tarde al terminar el último, los 4 nos fuimos a celebrarlo en condiciones a un pub que había al lado. La fiesta no duro mucho ya que Ángela y Ben cogian un avión por la mañana temprano para irse a Hawai, así que nos toco despedirnos ya que salían muy temprano y no querían que ninguno se levantase.
-Te echare de menos Bella, pero te llamare todos los días. Te lo prometo-.
-Y yo a ti Ángela. Disfruta mucho-.
-Hasta pronto Bella-me dijo Ben abrazándome también.
-Que tengáis buen viaje-.
-Parece que os vais para 2 años chicos, pronto nos veremos. Y no os preocupéis, que a esta chicaza e encargo yo de cuidarla- dijo Emmet pasándome un brazo por los hombros.
Al día siguiente la navidad inundaba el campus, o por lo menos, lo poco que quedaba de el, porque mas de el 95% de los estudiantes lo habían abandonado. Emmet se pasaba por allí de vez en cuando todos los días para hacerme un poco de compañía y me acompañaba a conocer los lugares mas importantes de la ciudad para el. Me invito a su casa a comer un par de días y tuve la oportunidad de conocer a su madre, la cual me despejo dudas de donde salía la amabilidad del grandullon y me agradeció el haber cuidado del cabeza loca de su hijo durante este tiempo, ya que sabia absolutamente toda la historia. "Confianza total" me decía Emmet cada vez que giraba la cabeza para mirarle sorprendida ante algún dato que me diese su madre.
-¿Has hablado con Rose?- le dije un día antes de Nochebuena a Emmet mientras dábamos un paseo por las calles.
-No, no se ni por donde empezar. Estoy seguro de que cuando me diga hola ya estaré gritándola, y no me apetece-.
-Ya se que es complicado perdonar, pero por lo menos escucharla yo creo que es necesario-.
-Aplícate el cuento. ¿Cuándo piensas hablar con el resto?-.
-Ya te escuche a ti y a Jasper, y ya os dije que cua…-.
-No sabes si cambiaron o no Bella. Alice ha llegado al extremo de no comprar para demostrarse así misma que puede comprenderte-.
-Esta loca- dije riéndome. –Pero es un gesto de admirar por su parte. Te prometo que cuando vuelvan haré el esfuerzo-.
-Esa es mi Bella- dijo abrazándome mientras entrábamos en mi piso.
-¿Un chocolate caliente?- pregunte cuando e quite el gorro y el abrigo y los colgaba en la entrada.
-¿Te he dicho alguna vez que te adoro pequeña?-.
-Muchas Emmet, muchas- dije empezando a preparar el chocolate y los bizcochos. Una vez preparados los lleve a la mesa del salón que era donde se encontraba Emmet.
Din don
-¿Ese es mi timbre?- dije señalando la puerta de la casa.
-¿Esperas a alguien?-.
-No, ¿a quien voy a esperarlo?- dije levantándome y dirigiéndome a la puerta. Me pare y mire por la mirilla para despejar dudas encontrándome a la ultima persona que esperaba ver por allí. Abrí la puerta con cuidado para cerciorarme de que había visto bien y no eran alucinaciones ni nada por el estilo.
-¿Edward?- dije con una cara de asombro de libro.
-Hola Bella. ¿Puedo pasar?-. Me aparte de la puerta como una señal de invitación.
-¿Quién es Bella?- grito la voz de Emmet desde el salón. Pase delante de Edward y vi que su cara estaba tan perpleja como la mía en un principio. -¿Edward? ¿Qué haces aquí?-.
-Hola Emmet. Venia ha hablar con vosotros-.
-¿Quieres chocolate?- pegunte.
-Si por favor- me dijo mirándome y sonriéndome como solo el sabia hacer.
Esto iba para largo.
