Capitulo 12

-Edward, en serio, esto empieza a parecerse a un acoso, déjame tranquila- pensándolo mejor, ahora estaba demasiado bien como para que algo saliese mal y me dejase por los suelos.

-¿Por qué a los demás si y a mi no?-.

-Porque a ti ya te dije demasiadas veces que si, ya te di demasiadas oportunidades para que todas terminasen de la misma manera-.

-Hablamos como las personas por favor. Una vez más, solo te pido eso-.

-Solo una vez Edward, una sola vez- dije marcándoselo con el dedo también. Esta seria la ultima.

-Ven, acompáñame, no quiero hablar aquí- salio de la cocina mientras yo le seguía por toda la casa, y aunque esta fuese grande y mi sentido de la orientación pésimo sabia que el camino ya lo conocía.

-¿Este no es mi cuarto'- dije señalando la puerta que estaba en frente de la que el se situaba.

-Si, y esta la mía- dijo abriendo la puerta y dejándome pasar. La habitación tenía unas dimensiones similares, pero tenia un toque bastante personal. Me quede asombradísima cuando vi estante que iba del suelo al techo lleno de libros y de discos, toda clase, todo genero, todo tamaño, todo autor se encontraba en algún lugar de aquella estantería rodeando el impresionante reproductor que había en el centro. En las paredes blancas cuadros de diferentes lugares y fotos de diferentes personas adornaban la habitación.

-No tenia ni idea de esta afición tuya a la música y a la lectura-.

-Me apasionan. Toco el piano también-.

-¿Me estas tomando el pelo? ¿Edward Cullen toca el piano?-.

-Desde los 4años años- dijo medio sonriéndome y haciendo que mis defensas empezasen a flaquear, -y tengo que confesarte, y eres una de las pocas personas que lo saben, que me encantan. No de manera profesional, es más un hobby para relajarme-.

-Espero escucharte algún día- dije sentándome junto a el en la cama.

-Cuando quieras. Tengo un cuarto abajo donde esta el piano. Solo mis padres y Alice tiene permiso para entrar. Ahora tu también-.

-Que honor. Te escucho Edward- dije levantando la vista de mis manos, las cuales en aquel momento me parecían la mar de interesantes para fijarme en la mirada de Edward, lo que dejo a mis manos lamentablemente a la altura del suelo.

-Solo quiero estar a tu lado, conocerte y que me conozcas. Se diferenciar entre lo que esta bien y mal, y se lo que es arrepentirse y pedir perdón. Y quiero decir que hice las cosas mal, que estoy arrepentido y que me disculpes. Es el mismo discurso de siempre Bella-.

-Es que… es complicado. No confío en ti, destrozaste la que deposite en t muchas veces, y no todo se puede arreglar siempre, ¿sabes?-.

-¿Y por que no lo intentamos?- ¿Por qué no? Pensé durante un segundo, pero rápidamente volvía a mi cabeza lo mal que lo pase cuando algo salio, mal y no estaba segura de si podría volver a salir de aquello igual de bien que hasta entonces. –Bella, mírame por favor- dijo mientras levantaba mi cabeza cogiendome de la barbilla. –Yo nunca te…-.

-¿Edward?- giramos la cabeza al escuchar esa voz, ambos con gesto sorprendido, aunque yo, sinceramente, empezaba a extrañarme de sorprenderme por ciertas cosas que venían de Edward. -¡Cariño! Llevo buscando 5 minutos este cuarto. Te eche tanto de menos- dijo Victoria entrando y dándome tal empujón que me tiro de la cama para sentarse ella en mi lugar y darle un beso a Edward de esos que hacen historia. Fue como si yo no existiera, que es lo que sentían ambos exactamente empezaba a creer. Me levante con toda la dignidad que podia poseer en aquellos momentos y sin mirarles ni un segundo mas me dirigi a la puerta.

-No… quita. ¡Bella! Por favor, te juro que no sabia nada…- levante la mano para callarle, no quería escuchar nada más.

-No, no quiero oír más. ¿No te parece que ya escuche demasiadas veces y que tu te has tenido que justificar otras tantas? No se como lo veras, pero eso no puede significar nada bueno Edward. Te doy las gracias por lo de tu hermana, ahora todo esta mucho mejor. Disfruta de la compañía-.

-Pero yo no quiero la suya, quiero la…- dijo hablando tan bajito que hasta a mi me costaba escucharle.

-¿La mía? ¿Estas intentando tomarme el pelo de nuevo o de que vas?- dije soltándome del agarre de su brazo con una brusquedad, quizá, un tanto innecesaria.

-Niña, ¿puedes dejarnos en paz o necesitas un mapa para…?-.

-¡Victoria cállate y sal de aquí!- grito Edward cerrando los ojos mientras presionaba el puente de su nariz. Estaba claramente nervioso, y si yo estuviese en el lugar de esa chica, me hubiesen faltado piernas para salir corriendo, aunque ella parecía o que no comprendía la frase o que tenia el suficiente valor como para mantenerse en su sitio.

-No te preocupes Edward que ya me encargo yo de relajarte y quitarte a esta mosca de la habitación- dijo mientras se acercaba y me cogia de los pelos arrastrándome hasta la puerta de la habitación mientras yo me retorcía intentando soltarme de mala manera. -¡Olvídate de nosotros niñata! No estarás jamás a nuestra altura ni aunque lo intentes…-.

-¡No la toques loca!- escuche que chillaba Edward mientras dejaba de notar ese tiron en el pelo y me llevaba las manos a la cabeza. -¡Sal de aquí inmediatamente! ¡Y no te vuelvas a acercar a mi y mucho menos a Bella! ¿Me entiendes? ¡Estas loca!- dijo mientras la dejaba en el suelo de fuera de la habitación y empezaba a dejar las cosas claras.

-¿Qué coño te pasa a ti ahora? ¿Defiendes a esa cosa antes que a mi?- gritaba sin poder ocultar su desacuerdo Victoria.

-Vete de aquí antes de que pierda la educación que me queda Victoria-.

-Te acordaras de esta Cullen, y tú- dijo señalándome a mí mientras yo seguía masajeándome la parte dolorida de la cabeza y luchaba por que las lágrimas no saliesen de mis ojos, - también muerta de hambre- y termino dándose la vuelta y yéndose por donde nunca debió de haber entrado. Escuche un portazo y supe que era el momento en el que mis lagrimas podían caer por mi cara sin temor ha hacer el ridículo mas de lo que ya lo estaba haciendo.

-¡Joder Bella!- sentí unos brazos alrededor de mi cuerpo, pero estaba tan bien que aunque mi cerebro me ordenaba a gritos que me alejase cuanto antes mejor, no podía responder. –Todo me sale mal contigo. ¿Estas bien?- solo pude articular con la cabeza una leve afirmación, mientras que con la mano que no tenia en la cabeza le cogi de la camisa apretándosela como si ella tuviese la culpa de todos los males de este mundo que me pudiesen afectar y Edward me apretaba mas contra el, justo lo que me faltaba. –Llora todo lo que tengas que llorar preciosa, yo estoy aquí-. Continúe llorando hasta que mis ojos decidieron cortar el suministro de lágrimas, que desde luego, había conseguido arruinar la camisa de Edward. –Solo te pido que no te creas ni una de las palabras que dijo esa loca, ¿si? Vales demasiado pequeña, eso no lo dudes jamás-.

-Siento… siento lo de tu camisa. La arreglare en serio- dije separándome de el y haciendo como si no hubiese escuchado nada aunque sus palabras quemaban en mi corazón como nunca antes.

-Olvida la camisa Bella, me importa una mierda, me importas tu, ¿me entiendes?- dijo bajando la cabeza hasta que pudo mirar mis ojos, una cosa realmente complicada teniendo en cuenta que mis ojos observaban el suelo de su cuarto. –Bella, contéstame por favor-.

-Edward ella no me ha descubierto nada. ¿Qué no estoy a vuestra altura? ¡Claro que lo se! Yo jamás podré tener nada de esto- dije señalando a mi alrededor, - pero no me importa porque conozco lo que algún día me puede hacer rica, el amor y la amistad. ¿Crees que lloraba por lo que ella me pueda decir? ¿Por qué me tiro del pelo? ¡No Edward! ¡Eso me da igual! Ella no me puede hacer daño de ninguna de las maneras, solo recordándome que tu estas demasiado lejos de mi alcance, que un tu y yo jamás podrá ir en la misma frase como a mi me gustaría. ¿Eso es lo que querías escuchar? ¿Este era tu objetivo? ¡Pues ahí lo tienes Edward! Sentir algo por alguien y que antes de intentarlo sepas que no puede ser es muy duro Edward, y tu solo alimentas la herida, asíque por favor, déjame tranquila, eso es todo lo que te pido- dijo como pude mientras mis ojos decidían que era el momentos de seguir llorando, y aunque intentaba chillarle para sacar algo de mi frustración, mis palabras solo se quedaban en un ligero gritito, que afortunadamente, sabia que no se podría escuchar mas allá de las paredes del cuarto.

-¿Eso es lo que piensas Bella? ¿Qué por una mierda de diferencia como esa tu y yo no podemos estar juntos?-.

-Exacto Edward, no podemos, demasiadas diferencias, demasiado todo. No-.

-No me creo que seas tu la que diga esas palabras. ¿Qué no se puede? Bella, tú mejor que nadie sabes que todo se puede superar-.

-Entonces es que quizá no quiero entonces-.

-Eso cambiaria las cosas, si no fueras tan mala mentirosa-.

-Solo respeta mi decisión Edward, no quier…-.

-¡No pienso hacerlo! ¿Dejad que ambos suframos? No puedo verte así Bella- dijo señalándome como si fuese él quien estaba sintiendo semejante dolor.-Y yo tampoco pienso cortarme mas, no pienso seguir callando que te quiero cada un día un poco mas y no poder ni tocarte y ni siquiera mirarte. No puedo. Eso si que es una verdad, no puedo continuar mas tiempo lejos de ti, o por lo menos no sin que tu lo sepas-.

-Ya basta Edward- aquello no me podía estar pasando a mí, es decir, entre tanto debía de estar empezando a volverme loca y ni siquiera me extrañaría. ¿Qué Ed… que el sentía por mi que? Y encima pretendería que me tranquilizase.

-No Bella- dijo mientras sentía como un cuerpo volvía a posicionarse cerca de mí demasiado cerca. La yema de uno de sus dedos empezó a trazar caricias en mi mejilla provocando cosquilleos y haciendo que mis sollozos y que inconscientemente mi cabeza se ladease a ese lado. –No me entra en la cabeza que la chica mas fuerte que he conocido en mi vida no se atreva a algo así-.

-No es sencillo-.

-No, desde luego que abrir tu corazón no es sencillo, pero lo mas complicado esta echo pequeña. Solo nos queda atrevernos a empezar algo que estoy seguro será increíble-. Subí la cabeza para ver la verdad es sus ojos. Unos ojos de los que llevaba enamorada desde la primera vez que lo vi, por mí que me costara reconocer lo que sentía. ¿Cómo no iba a estarlo si eran los mas bonito que jamás vi? La pregunta era que me impedía hacerlo, si me equivocaba yo me levantaba, siempre lo había echo y esta vez no tendría porque ser diferente, pondría mi corazón y mis ganas como en todo lo que hacia, lo viviría como si fuese mañana nuestro ultimo día. Quería vivir, y empezaría ha hacerlo. Solo cuando de verdad estuve segura de lo que pasaría me decidí y sonreír, a mostrar esa sonrisa que llevaba tanto tiempo escondida y que soltaba tantísimo mostrar. Fue realmente fácil mantenerla cuando vi aparecer la suya. -¿Sabes que durante un momento he llagado a pensar que ibas as salir corriendo? Me lo has hecho pasar muy mal pequeña- dijo abrazándome y alzándome quedando cara con cara. –No pienso soltarte, ¿lo sabes?-.

-No lo hagas nunca por favor-.

-Si me lo pides hacer es que ni aunque quiera- dijo enterrando su cabeza en mi cuello. –No tienes ni idea que como esperaba este momento-.

-Puede que si la tenga. Llevo mucho tiempo soñándolo, pero creía que se iba a quedar en eso, en un sueño-.

-Eso es una tontería, es imposible no quererte Bella. Eres simplemente perfecta-.

-Disto mucho de eso, créeme-.

-No te creo- dijo mirándome y sonriendo mientras negaba convencido con la cabeza. –No te creo porque ya lo he comprobado. Me ha costado darme cuenta, demasiado diría yo, pero ahora no te libras- dijo bajándome al suelo pero sin separarme ni un solo milímetro de su cuerpo y sin quitar la vista de mi cara. Note como sus manos iban subiendo de mis caderas, pasando por mis brazos con solo un roce de las yemas de sus dedos por mis hombros y mi cuello hasta llegar a mis mejillas, y solo ese ligero roce hacia que mis nervios se pusiesen alerta de una forma inmediata y potente. -¿Cuándo me vas a creer Bella?-.

-No se si te habrás dado cuenta pero soy un tanto cabezota-.

-Si- dijo riéndose, -hace un tiempo-.

-Entonces sabrás que no tengo respuesta a la pregunta-.

-Si-.

-Entonces eres un chico listo- dije pasando mis brazos por detrás de su cuello.

-Vaya, estoy empezando a creer que el perfecto soy yo. Listo, guapo y afortunado, no me puedo quejar-.

-¿Quién dijo que eres guapo?- dije mirándole como si estuviese dando por echo una cosa como esa, aunque estaba claro que si es aquella habitación había alguien donde la palabra belleza podía ir tatuada en su frente y no desentonar, ese era el.

-¿No me consideras guapo? Me acabas de privar de mi mayor sueño, que lo sepas-.

-¿Y cual es?-.

-Presentarme a Mister Estados Unidos, sin un poco de belleza dudo que lo logre- dijo riéndose mientras yo le acompañaba en las risas.

-Bueno, a lo mejor solo un poquito- dijo indicándoselo con los dedos.

-¿Un poquito?-.

-Si, solo un poco-.

-Ya- dijo recuperando la sonrisa y acercándome a su cara lentamente. –Que sepas que no me considero nada del otro mundo-.

-Deberías- dije bajando el tono de mi voz amoldándolo a la situación y haciendo que el sonriese aun mas. Estaba demostrado que su sonrisa era la mía. Parecía cosa de espejos.

-¿Bella?- dijo juntando la punta de nuestras narices y rozándolas levemente. -¿Puedo…?-.

-No te hace falta preguntarlo- dije terminando de manera urgente el espacio que cada vez se iba reduciendo de manera mas lenta. Probablemente debería haber esperado, quedarme quieta hasta que el hubiese decidido terminar esa maldita distancia y que aquel fuese el mejor beso de la historia dado a su manera. Pero estaba impaciente, llevaba así demasiado tiempo como para esperar pacientemente a ese momento, aunque de todas formas, el beso era sencillamente perfecto. Nos separamos lentamente dejando nuestras frentes juntas, yo todavía, sin atreverme a abrir los ojos, descubrir que todo podía ser un sueño seria demasiado para mi.

-Vaya, y yo que quería que fuese lento, romántico- dijo mientras colocaba un mechón de pelo detrás de mi oreja cuidadosamente.

-¿No te ha gustado?- pregunte alarmada.

-¿Estas de broma?- dijo mientras se volvía a reír y me daba un beso rápido en los labios, -cuando te dije que eras perfecta es que te conocía en bastantes sentidos, ¿sabes? Pero te avergüences- me dijo balanceándome de un lado a otro mientras escondía mi evidente sonrojo en su cuello. –Pienso decirte siempre estas cosas. Cuando quiera y donde quiera-.

-Eso… Es mejor que lo hablemos-.

-¿El que?-.

-Yo… Yo no se si estoy preparada para que todo el mundo sepa lo que pasa. Y cuando me refiero a todo el mundo es… a todos. No es que no te quiera, pero entiende que en mi situación es medio complicado-.

-No me importa Bella- dijo sonriéndome. A pesar de lo que le acababa de confesar su sonrisa permanecía intacta.

-¿Qué no te importa? ¿Por qué?- vi como se acercaba a mi oído para decírmelo bajito. A mi este hombre me quería matar.

-Porque me acabas de decir que me quieres, y eso para mi vale más que cualquier cosa- dijo terminando mientras me besaba la oreja de manera tierna. ¿Yo había dicho eso?

-No se de que te extrañas, si no fuera así yo no estaría aquí y ahora-.

-Lo haremos como quieras preciosa. Pero me tienes que dejar que cuando estemos solos, yo a mi novia le diga lo que quiera- frenemos. ¿Ha dicho novia? Esto debía de ser lo mas cercano al paraíso que existía en esta tierra, o por lo menos el lugar donde mas felicidad había concentrada por metro cuadrado.

-¿Lo soy? ¿Eso es lo que soy?- pregunte sin poder ocultar la felicidad que ahora mismo sentía. Era literalmente imposible.

-Si tú quieres, desde luego-.

-Me encanta la palabra-.

-Y a mi me encantas tu. Por cierto, te quiero, no se me vaya a olvidar- dijo mientras volvía a acercar su cara a mi sin dejar de sonreír ninguno de los dos. Nos había costado tanto llegar a ese punto que cualquier cosa podía hacerme feliz, pero aquello, superaba mis mas lejanas expectativas. Que este hombre, el cual tenia entre mis brazos y estaba besando, me dijese un "te quiero" algo tan simple como dos palabras, pero que abarcaban tantísimo, era simplemente algo en lo que jamás mi mente pudo llegar.

-Creo que jamás me acostumbraré a esto- dijo cuando, lamentablemente, nos tuvimos que separar.

-No te preocupes, lo podemos repetir 100 veces, y lo mejor, que siempre será como la primera vez. Pero preciosa, creo que nuestro momento acaba aquí, debemos de bajar para comer, debe de estar casi lista la comida-.

-Claro- dije quitando mis brazos de detrás de su cuello, un lugar que había descubierto bastante cómodo. Le seguí hasta la puerta, y una mirada cómplice después la abrió y volvimos a la realidad, una realidad donde había más mundo a aparte de nosotros dos. Una lastima e estos momentos la verdad. Me tuve que recordar varias veces durante el camino al salón que no podía cogerle de la mano, pero sabía que aquello no duraría mucho, o esperaba que mi razón se acostumbrase pronto a la situación. Allí estaban ya todos preparados, solo faltaban Esme y Carlisle, asíque nos sentamos uno en frente del otro, mientras que a mi derecha quedaba Emmet y a la izquierda supuse que Carlisle.

-¿Dónde os habías metido?- me dijo Emmet al oído una vez estuve sentada.

-Estábamos hablando- le conteste en el mismo tono. –Eso es todo-.

-¿Lo has solucionado verdad? Has perdonado a todos- dijo en tono de confirmación, como si el hubiese estado en todas las conversaciones mantenidas hasta ahora.

-Si, he seguido tu consejo asíque no me eches en cara nada. ¿Tu con Rose…?-.

-Hemos hablado y hemos quedado como amigos… por ahora- dijo mientras ponía una sonrisa torcida y echaba su cabeza para un lado.

-Me alegro grandullón- dije frotándole el brazo en señal de reconocimiento.

-Y yo enana, y yo- me respondió mientras veía como Esme y Carlisle traían toda la comida.

-Y bueno chicos- nos dijo Esme una vez termina de servir la comida y sentada en su sitio, -¿hasta cuando disfrutaremos de vuestra compañía?-.

-Mañana nos vamos- dijimos ambos a la vez.

-¿Cómo? ¿Qué?- gritaron 4 voces a la vez mientras sus miradas se dirigían hacia nosotros, aunque me di cuenta que la de Edward tenia solo una dirección, y esta era solo la mía. –No puede ser- dijo Alice a punto de saltar en lagrimas.

-Vinimos solo para esta noche. Ya lo sabias Edward- dije mientras le señalaba y el seguía sin quitarme la vista de encima con una mezcla de incredulidad y dolor.

-Ya, pero yo pensaba que si todo se arreglaba podías quedaros hasta que empiecen las clases-.

-Pues no, dijimos esta noche y nos volvemos mañana. Yo por lo menos- dijo Emmet mientras yo también afirmaba con la cabeza.

-No es por nada, ya lo sabéis. Esme, Carlisle, no es nada en particular, simplemente nos sentimos incómodos, es solo eso- me apresure a decir antes de que pudiesen dar por sentado otras cosas.

-No querida, no te preocupes, nosotros lo entendemos- dijo Carlisle cogiendome una mano y acariciándola dulcemente para tranquilizarme.

-Pues yo no lo entiendo. ¿Cuál es el problema de estar aquí? Ahora no soy ni yo, ni el, ni ella ni nadie- dijo Alice todavía sin comprender la situación.

-¡Alice basta!- dijo Emmet. –Voy a hablar por mi pero entendiendo perfectamente la posición de Bella. ¿Tu te has parado a pensar que yo también tengo familia, que mi madre pasara esta fecha sola si yo no estoy con ella? Es muy egoísta por tu parte esa posición, por la tuya y por la de todos-.

-Y tu Bella- dijo Edward, -¿tu por que?-.

-Porque no quiero Edward. Ya lo hablamos hace tiempo, me siento incomoda, no pertenezco a esto, es vuestra familia, vuestra celebración. Nos veremos pronto, no entiendo tanta discusión-.

-Querida respetamos tu decisión, pero los amigos de mis hijos son considerados nuestra familia- dijo Esme de una manera realmente maternal.

-Gracias Esme-.

-Y ahora que eres oficialmente de la familia, ¿te quedas?- dijo Alice esperanzada.

-Aunque quisiese no puedo. No traje nada, solo lo justo para estos dos días. Ni dinero, ni ropa…-.

-Sabes que eso lo podemos solucionar rápidamente. ¡Esta tarde de com,…!-.

-¡Olvídate! No pienso dejar que gastes ni un dólar en mi Alice, y menos para ropa que no voy a necesitar-.

-Venga Belli, para celebrar que volvemos a estar todos juntos, por fa…-era realmente odioso aceptar que una niña de 18 años podía doblegar la decisión mas firme de este mundo con solo un puchero. Era hasta humillante.

-Me quedo hasta después de año nuevo. ¡Pero ni un dólar en ropa! Y me dejareis que os pague en el campus los gastos que genere en casa-.

-¡Bien!- grito Edward sin poder ocultar su alegría, cosa que hizo que yo empezase a sonreír como una idiota.

-Nos alegra la decisión, pero no vamos a consentir que pagues nada Bella- dijo Esme.

-Esme por favor, yo…-.

-Nada, es una invitación-.

-Emmet-dije girándome para preguntarle, -¿tu…?-.

-Yo puedo volver después de navidad, si todavía puedo-.

-¡Por supuesto!- gritaron todos a la vez.

-Llegaré el 26 a primera hora entonces-.

-Entonces esta tarde de compras. ¡Os adoro!- grito Alice saltando en su asiento.

-Te devolveré hasta el ultimo dólar de lo que me compres, aunque me pongas ese puchero juro que lo devolveré- dije apartando la vista de Alice y escuchando como toda la mesa rompía en risas menos un bufido libre que sabia perfectamente bien de donde venia. Comimos en un clima de tranquilidad y alegría, que hacia mucho que no disfrutaba. Ver las caras felices de mis amigos, las miradas cómplices de todos, las tonterías de Emmet… Todo, extrañaba todo. Pero disfrutaba de el, de su sonrisa, de sus miradas, saber que eran para mi, y que el era mío. Saber que el chico tan sumamente perfecto que tenia en frente mío era mi novio, hacia todo simple y llanamente perfecto.

Carlisle y Esme eran dos personas extraordinarias, se les notaba a la legua el profundo amor que sentían por sus hijos, por los amigos de estos y el interés que tenían en nuestras vidas. Durante la comida Carlisle me preguntó absolutamente todo acerca de mi vida en Madrid y mi familia, interesándose especialmente por mi época escolar y elogiando cada pequeño logro, sobre todo por mi beca, declarándose admirador mío de aquí en adelante, cosa que hizo que rompiese a carcajadas, pero agradeciéndole de forma sincera su apoyo, así como el tenia el mío. Un aclamado cirujano de Nueva York no podía ser denominado como tal por cualquier cosa.

5 horas después, y haciendo caso omiso a mis peticiones, Alice continuaba dando vueltas al centro comercial, buscando dios sabe que cosa. A pesar de que le dije que podía utilizar sus pijamas, que con un par de camisetas y un pantalón valía y que un vestido para ambas fiestas era as que suficiente, parecía que las paredes me hacían mas caso que ella. El problema radicaba en que no solo había que frenar a Alice, que era prácticamente imposible, sino que Rosalie era igual o peor que ella, asíque mientras los chicos hacían de mulas cargando todas las bolsas, yo simplemente era arrastrada de la mano tienda por tienda y probador por probador, mientras dejaba que sus tarjetas echasen humo a cada salida.

-Creo que a esta todavía no entramos- dijo Alice cogiendome de la mano por enésima vez esta tarde y tirando de mi manga, la cual apostaba ya se había dado de si entre tanto tiron.

-¡Basta ya Alice!- dije soltándome bruscamente de su agarre. –Ni una tienda mas, no lo soporto. Yo me voy a cenar- dije dándome media vuelta.

-De eso nada señorita, nosotras toda…-.

-¡Que no Alice! Creo que te estas pasando por esta tarde-.

-Esta bien, quizá me pase un pelin. Edward, acompaña a Bella arriba, id cogiendo sitio. Nos vemos cuando terminemos esta planta-.

-¿Esta planta? Yo también me subo- dijo Emmet mientras se colocaba a mi lado.

-De eso nada. Nos vemos luego chicos- dijo Alice arrastrándole al también de una manera, la cual parecía cómoda, aunque físicamente fuese imposible que un bichillo como Alice pudiese con alguien como Emmet. Ver para creer.

-Por fin- dijo Edward cogiendome de la cintura como buenamente podía entre tantas bolsas mientras subíamos por las escaleras mecánicas a la zona de restaurante. –Creí que no nos dejarían solos en toda la tarde- dijo besándome suavemente en los labios.

-Odio las compras con Alice, las odio mucho en serio- dijo apoyando mi frente en su hombro. -¿Cómo lo soportas tan bien?-.

-¿19 años de práctica te valen?-.

-Suena peor que la tortura china- dije mientras me separaba de el y ponía pie en suelo y empezábamos a buscar el mejor restaurante.

-¿A dónde quiere ir mi princesa?- me dijo bajito mientras giraba mi cabeza y le sonreía mientras le acariciaba la mejilla. Adoraba estar en nuestra burbuja, podía confirmar con la mano en el fuego que era el mejor sitio de este mundo y del que faltaba por descubrir.

-A uno donde este barata la comida. Tu hermana ha hecho que tenga que hipotecar mi vida para poder devolverla…-.

-¿De verdad crees que la vas a devolver un solo dólar? Y lo que mas me ofende de todo, ¿de verdad piensas que no te voy a invitar a comer hoy? Nuestro primer día, olvídate preciosa. Hoy todo a cuenta de los Cullen. Elige anda-.

-El primer día y ultimo que os dejo. No voy a vivir a costa vuestra nunca más Cullen-.

-Me doy por satisfecho con que aceptes por hoy-.

-Vamos al mexicano, necesito algo fuerte, y Emmet necesita comer por 3-dije cogiendole de la mano y arrastrándole al local. Había poca gente asíque no tuvimos mas problemas para reservar los 6 asientos.

-Y bueno- dijo Edward mientras se sentaba y hacia que me apoyase en el, -¿Qué ha hecho que al final doña cabezona quiera quedarse con nosotros?-.

-Que sois muy pesados- dije riéndome y cogiendo su mano para entretenerme. –Aunque esa no será siempre la solución, te aviso-.

-¿Ósea que el que Alice haya insistido es todo?-.

-No, obviamente no es todo. Tú desde luego has tenido mucho que ver. Y tus padres, que por cierto, son adorables. Me encantan-.

-Les has encantado como amiga, no te quiero ni decir como novia. Por fin una normal y decente en casa. Esme lloraría de alegría-.

-Les has dado muchos disgustos, ¿verdad?- dije intentando desviar el tema novias a otra parte, el compararme con Tanya o la loca de Victoria, era algo con lo que no me hacia ilusión ponerme al lado.

-Mas de los necesarios creo. Suerte que tengo a alguien que me sabe poner en mi lugar- dijo mientras me besaba el pelo y dejaba hay su barbilla. –Debí de hacer algo extremadamente bueno en otra vida para que en esta estés a mi lado- gire mi cabeza para darle un beso pero cuando lo hice vi como dos chicas venían hablando de manera despreocupada mientras dos chicos a sus espaldas luchaban contra un armamento de bolsas llenas de ropa y complementos, que de manera literal, podían con ellos.

-Mierda- dije separándome de manera brusca y poniéndome recta en mi lugar al lado de Edward mientras este me miraba claramente sorprendido, -los chicos- dije sin quitar la vista del cristal y señalándolo con la cabeza. –Se acabo lo bueno- dije mirándole y pidiéndole disculpas con la mirada mientras el sonreía y negaba con la cabeza.

-Solo por ahora- dijo robándome un rápido beso y poniéndose de la manera más correcta es su sitio también.

-Es la ultima vez que me sacas de compras Alice- dijo Emmet tirandose literalmente en el sofá en el que estábamos sentados y dejando todas las bolsas a su lado, unas bolsas que debía de ocupar fácilmente 4 asientos.

-¿Habéis pedido ya?- pregunto Jasper dejando de manera las tranquila las cosas y aun sin sentarse.

-Estábamos esperando a que llegaseis- dijo Edward levantándose de mi lado. Solo el ponerse de pie hizo que empezase a echar de menos su calor, estar cerca de el, una caricia en la espalda hizo que levantase la vista y supiese que siempre iba a estar ahí, como si el hubiese sentido lo mismo y de alguna manera necesitara decirme justo eso.

Cada vez tenia mas claro que las cosas no se consiguen a la primera, y muchos menos si esa meta no conlleva un poco de sufrimiento, pero cada vez estaba mas convencida de que aquello valía la pena vivirlo.