Bs14Capitulo 15
-¿Adivina quien soy?-dijo tapándome los ojos, aunque reconocería ese tacto y esa voz entre 6 millones de personas, y además con total seguridad.
-Tu… eres… déjame pensar…-.
-Se te da demasiado mal mentir y disimular- dijo quitándome las manos de los ojos mientras me daba la vuelta y me lanzaba a su cuello y el me recibía entre sus brazos. –Yo también te eche de menos- me dijo tan bajito que solo yo pude oírle.
-Venga por favor, que parece que os pegaron con Súper Glu- dijo Emmet en un intento de cargarse nuestro momento. Si tuviese que darle un dólar a Rose por cada vez que le daba una colleja a Emmet al decir algo relacionado con nosotros, estaba segura de que estaría bajo mínimos desde hace tiempo.
-¿Cómo estas?- dijo pasando un brazo por mis hombros mientras le acompañaba a la entrada del los vestuarios. Hoy le tocaba jugar a el, era domingo y mañana partíamos de nuevo a Nueva York. Ayer jugo mi equipo con una clara victoria sobre el equipo local. Jugué todo el primer tiempo de la mejor manera que pude y disimulando los pinchazos en el pecho que surgían cada vez que empezaba a correr de una manera más o menos intensa, y creo que lo logre porque nadie me dijo nada relacionado con nada. Ni siquiera Edward sabia que seguían hay.
-Bien, contenta, seguimos en el campeonato. ¿Cómo te encuentras tú? ¿Nervioso?- dije pinchándole en costado para picarle, aunque de su parte solo me gane una sonrisa cariñosa y un beso en la cabeza. Adoraba esas respuestas.
-Para nada. Emmet sabe como imponer. Además, me darás suerte desde las gradas, ¿no?-.
-¿Tengo otra opción?-.
-Por mi si, me parece que por las chicas no-.
-Pues eso, pero no esperes una novia histérica gritándote todo el tiempo-.
-Con que estés basta-.
-Chicos, a los vestuarios- grito su entrenador mientras todos empezaban a entrar por la puerta y veía como las chicas también se despedían de los chicos.
-Nos vemos luego. Mucha suerte- dije cogiendole la cara y besándole mientras el solo sonreía y entraba junto al resto del grupo.
-Aquí, este es el lugar perfecto- dijo Alice sentándose en la parte central de la grada, mas o menos a la mitad de su altura. –Vamos a por algo de comer Rose, ¿queréis algo?- nos pregunto a Ángela y a mi.
-Solo un refresco- conteste.
-Yo otro- dijo Ángela mientras se iban a por el encargo. –Y bueno, ¿Qué tal todo Bella?-.
-Bien, supongo. ¿A que te refieres Ángela?- dije riéndome sin entender a que venia todo aquello.
-Rose me lo contó- se limito a decir. Asíque iba por ahí el asunto.
-Entonces lo sabes. Estoy feliz Ángela, de verdad, estoy perfecta-.
-No hace falta Bella, mirándoos a los dos lo puede comprobar cualquiera. Me alegro mucho, en serio-.
-Gracias Ángela- dije mientras la abrazaba. –Siento no haberte dicho nada, pero es que…-.
-Bella esas cosas no son para irlas predicando, lo entiendo perfectamente, en serio-.
-¿Han salido ya?- pregunto Rose entregándome mi refresco y sentándose a mi lado, quedándome entre ella y Ángela. –Vale no… ¡Ya salen! ¡Vamos capitán!- empezó a gritar Rose y el resto de la escuela y los locales abucheaban con fuerza mientras nuestros compañeros salían en fila corriendo al centro del campo, juntaban sus manos y gritaban alguna cosa ininteligible a aquella distancia mientras se separaban y aplaudían. Poco después salio el equipo local y la situación se revistió, mientras nosotros, porque hasta yo me uní, abucheábamos sus compañeros, claramente en mayor numero, aplaudían y gritaban con todas sus fuerzas.
-Ángela, tu sabes las reglas del juego, ¿verdad?-.
-Claro Bella, es uno de los deportes más importantes por aquí- dijo mirándome mientras yo tenia una clara cara de circunstancia. –No te preocupes, yo te voy explicando- me dijo mientras me cogia de la mano y me invitaba a ponerme de pie como los demás para que animase, aunque a mi manera. Cada jugador se fue hacia su naquillo y para mi desgracia, la primera parte teníamos al equipo rival delante de nosotros. Uno por uno se fueron quitando el casco que les cubría la cara para escuchar a su técnico mejor. No se podía negar que la mayoría tenía unos rasgos bonitos y muy característicos de la zona donde nos encontrábamos, aunque destacaba un chico moreno que parecía el capitán y no dejaba de echar miradas para el banquillo de nuestro equipo. Estaba claro que estar rodeada por gente de mi misma universidad me animaba a pitarles porque sabia que nada malo me podía pasar. Mientras tanto las animadoras hacían su espectáculo en el centro de la pista, y si pensaba que las de NYU eran demasiado provocadoras lo pensaba porque todavía no había visto a las de Miami. Cuando se retiraron vi como todos los jugadores salían hacia el centro, y Emmet y el chico moreno iban hasta el árbitro. A esas alturas ya había decidido no volver a sentarme y dejarme la garganta en animar. Que rápido se pegaba la euforia, sobre todo si se tenia como amigas a dos autenticas histéricas como Rose y Alice.
El partido dio comienzo, y hasta el momento lo único que entendía con total claridad es que allí recibía tortazos hasta el apuntador. Pero los que mas me dolían eran los de Edward, supongo que seria por mi visión pero parecía que los rivales se ensañaban especialmente con el, además de que el se irritaba con especial facilidad cada vez que alguien le tocaba.
A 10 minutos del final, llevábamos una ventaja sobre el otro equipo suficiente como para saber quien seria el claro vencedor de aquello. El pitido final solo hizo que confirmáramos lo que llevábamos celebrando desde hace rato.
-Vamos a felicitarles- me dijo Ángela cogiendome de la mano, mientras yo se la cogia a Rose y esta a Alice mientras bajábamos las gradas hasta la zona de juego. Todavía no se habían quitado los cascos asíque me costo identificar quien era quien. Un grupo de animadoras de la otra universidad atosigaban a un de nuestros jugadores, al cual le faltaban manos para quitárselas de encima con la mayor de la educación. Cuando vi sus ojos, deje de buscar porque había encontrada a quien quería. Salí corriendo en su dirección mientras el me recibía con sus brazos dándome vueltas en el aire.
-¡Felicidades!- le dije cuando me dejo en el suelo y le quite ese casco que me privaba de la mejor de las vistas de este mundo, su rostro y su sonrisa.
-Al final animaste en condiciones-.
-Rose y Alice me contagiaron su entusiasmo. Siento no poder decirte si jugaste bien pero es que no entiendo mucho esto- dije riéndome con el mientras le quitaba mechones de pelo de su cara, toda cubierta de sudor.
-¡Tu Cullen!- dijo el muchacho moreno dirigiéndose hacia el rodeado de medio equipo con claros aires de superioridad, mientras Edward cambiaba la actitud de su cara y me cogia poniéndome detrás suya.
-¿Qué quieres ahora Black?- dijo Edward con aires hostiles pero con un tono de voz totalmente tranquilo.
-Habéis jugado sucio, y eso se paga-.
-Vamos Jacob, asumid la derrota. Somos superiores, así de simple-dijo con una sonrisa burlona, la cual me asustaba ya que las consecuencias podían ser nefastas en esta situación.
-¿Y quien es ella?- dijo el tal Jacob dando un paso al lado y mirándome con la misma sonrisa con la que le había contestado Edward. -¿La nueva? No esta mal-.
-A ella, ni la mires- dije Edward cambiando su gesto a uno mucho mas amenazante y amenazándole con el dedo.
-Uh Cullen, ¿miedo a que te quite tu polvo de una noche? Ya veremos que pasa esta noche en la fiesta- dijo riéndose y mirando a sus colegas mientras todos se reían y Edward empezaba a temblar de pura rabia. –Pienso quitársela esta noche en sus narices- dijo en español para que Edward no lo entendiera, el problema aquí, es que yo si lo hice.
-Eres un cobarde chico. Si quieres amenazar o discutir con alguien a la cara, que lo entienda. ¿Y que te hace a ti pensar que yo quiero algo contigo? Pero si das pena- le conteste en el mismo idioma dejando a todos y cada uno con caras de asombro completo, mientras que en la de Jacob se distinguía también una de humillación. –Vámonos Edward- dije cogiendole de la mano, con confianza renovada hacia nuestros amigos que se encontraban a una distancia prudencial observando la situación.
-¡Que paso ahí?- dijo Emmet señalando al grupo sin quitarles la vista todavía.
-Es un desgraciado. Te juro que le voy a partir la cara un día de estos- dijo Edward cogiendose del pelo y tirandose de el para no cometer una locura de peores consecuencias.
-Olvídalo por favor. Son idiotas- dije restando importancia a aquello.
-¿Qué dijeron? Hubo una parte que no entendí claramente- pregunto mientras yo le traducía lo que paso de manera literal y sacándole una sonrisa desde la aparición de aquello individuos.
-Vamos a cambiarnos, esperadnos aquí- dijo Ben seguido del resto de chicos y mientras nosotras nos quedábamos en el mismo lugar donde vimos el partido.
-Chicas, ¿iremos esta noche a la fiesta verdad?- dijo Alice mirándose las uñas esperando una respuesta afirmativa y me jugaba el pelo, que planeando la salida de compras.
-Claro que iremos Alice- dijo Rose mirándola como si la hubiesen salido 8 ojos, pero viendo la reacción de Alice decidí adelantarme.
-Olvídate por mi parte de mas compras Alice. Es una fiesta en la playa, asíque mas compras no. No, no y no- dije.
-Pero Bella…-.
-Esta vez ni el puchero te va a funcionar-.
-Jo Bella- dijo cruzándose de brazos. –No me puedes hacer esto…-.
-¿Qué pasa aquí ahora?- dijo Edward acompañado por el resto de grupo mientras me ayudaba a levantarme y me abrazaba.
-Bella, que no quiere ir de compras para la fiesta de esta noche. Edward dila algo-.
-¿Quieres que la diga que tiene razón Alice?-.
-¿Qué me estas diciendo Edward?- dijo Alice llevándose la mano a la frente haciendo como que le estaba dando un ataque a algo.
-Alice, es una fiesta en la playa. Con unas bermudas y una camiseta nosotros ya cumplimos. No pretenderás ir en tacones y falda minúscula-.
-Tu no Edward. ¡Bella, estas llevando a mi hermano hacia tu lado! Edward, tu no me puedes abandonar-.
-Alice, eres una dramática- dije riéndome al igual que el resto del grupo.
-Para que veas que esta vez Bella lleva la razón, yo secundo la propuesta- dijo Ángela mientras una Rose demasiado tímida asentía con la cabeza.
-No me lo puedo creer, tu también Rose. Soy una incomprendida en este grupo. Vámonos Jazz- dijo cogiendole de la mano y arrastrándole hacia fuera del recinto, mientras los demás se dispersaban a su aire.
-¿Tu quieres ir a la fiesta Bella?- dijo Edward cogiendome de la cintura y dirigiéndonos al hotel andando nosotros solos.
-¿Por qué no querría ir? Ósea, se que no soy una chica muy fiestera y esas cosas, pero hemos ganado ambos, habrá que celebrarlo-.
-Ya, lo decía por Black, puede llegar a ser un completo idiota-.
-Ese a mi no me va a privar de nada Edward, y a ti tampoco debería. ¿Por qué os lleváis tan mal?-.
-Nos conocemos desde hace unos cuantos años- dijo riéndose de algo que claramente ocurrió en el pasado entre ellos. –Íbamos al mismo colegio porque vivía en Nueva York hasta que se mudo aquí hace como 5 años, y siempre quiso superarme por decirlo de alguna manera. Hasta consiguió a Tanya durante una noche, pero se creen que no lo se, y me tira indirectas como si fuese tonto, cuando el idiota que no se da cuenta. Notas, deportes, chica, familia, todo era un juego para el en contra mía-.
-Habla muy bien el castellano-.
-Su familia es latina. Creo que es lo único que hace mejor que yo-.
-Yo te puedo enseñar-.
-Tendría la mejor profesora del mundo- dijo sonriéndome y besándome en medio de la calle de una forma urgente.
-No creo que este sea el mejor sitio para esto Edward- dije cuando note que pasaba su mano por debajo de mi camiseta y jugaba con el broche del sujetador. Estaba llegando demasiado lejos.
-Si, cierto- dijo apoyando su frente en mi cuello. –Echo de menos la otra noche. Quiero volver a estar contigo Bella-.
-Esta noche mi amor. Esta noche soy toda tuya- le dije en el oído que estaba mas cerca de mi cara hasta que el se giro y capturo mis labios con los suyos mientras sonreíamos.
-¿Comemos hoy juntos preciosa?-.
-Claro-.
-Hasta ahora- dijo cuando nos separamos para ir cada uno a su cuarto. Entre al mío para preparar un poco el bolso con mis cosas. Rose debía de haber echo planes hasta la fiesta también ya que el suyo tampoco estaba. Decidí, ya que luego no podría llamarles, y hasta que llegase Edward, llamar a mi familia.
-Hola papa- salude escuchando como alguien cogia el teléfono y se rascaba la garganta de una manera única y tremendamente familiar para mi.
-¡Hija! ¿Qué tal por Miami? ¿Ganasteis verdad? ¿A que ganasteis?-.
-Si papa ganamos- conteste riéndome sabiendo que en aquellos momentos mi padre no se comía el teléfono de pura ansia porque no tenía otro en casa.
-¡Lo sabia! ¡Te lo dije! ¿Edward también gano? ¿A que si, a que si?-.
-Si papa, acabaron ahora de jugar y ganaron. Pasamos los dos a la siguiente ronda-.
-Sois los mejores. Me encantaría verte jugar al futbol. Mi hija jugando…- dijo riéndose imaginando a la Bella que solía frecuentar Madrid, desde luego yo en su lugar, o incluso hace unos meses, también me hubiese reído.
-Me alegra divertirte papa- dije sin ninguna malicia. Le entendía perfectamente. -¿Qué tal todos?-.
-Pues como siempre, mucho trabajo, mucho frío…- le escuchaba atentamente mientras iba ha abrir la puerta ya que alguien había llamado. Me asome y vi a Edward ya cambiado y con la misma sonría con la que le había dejado. Después de invitarle a pasar solo moviendo los labios me pregunto quien era. "Mi padre" le conteste en silencio.
-Hola Charlie- le contesto hablando nuestro idioma. Puse el móvil en silencio sabiendo lo que venia, trabajo de traductora.
-¡Edward! ¿Qué tal chico? Felicidades por la victoria-.
-Gracias Charlie. ¿Qué tal por Madrid?-.
-Mucho frío muchacho. ¿Qué? Ya voy… Me llaman de la oficina. Adiós muchacho. Un beso enorme hija. Te quiero-.
-Adiós Charlie-.
-Hasta pronto papa. Un beso- dije colgando. –Podemos irnos ya- dije cogiendo mis cosas y cerrando la habitación. -¿A dónde vamos?-.
-Sorpresa- dijo arrastrando la palabra. –Y no valen quejas. ¡No!- dijo antes de que me diese tiempo a abrir la boca. –Solo disfrútala, conmigo- me dijo mas bajito al oído para convencerme completamente.
-Me encanta Miami- dije mientras andábamos por el paseo. –El calor, la gente, es genial-.
-Podemos volver cuando quieras-.
-Sabes a que va destinado mi dinero Edward. No hay sitio en el mundo que me gusta más que el estar a tu lado, como si es en la universidad todo el rato, asíque deja los viajes-.
-Tienes siempre la respuesta perfecta para todo. Hemos llegado- dijo adentrándose en la playa mientras se quitaba las chanclas y yo hacia lo mismo. Nos acercamos a un puesto donde vendían comida rápida, y tras pedirla vi como sacaba la toalla de su mochila e iba hacia unas rocas altas que tenían vistas hacia l horizonte. –Es aquí- dijo una vez sentado. Como se que me hubieses matado si te hubiese llevado a algún lado caro, decidí quedarnos aquí. Desde mi punto de vista es…-.
-Precioso- dije sin dejarle terminar la frase y sentándome mientra miraba hacia el mar. –Esto es perfecto- dije mirándole y abrazándole mientras le tiraba de espaldas y yo caía encima suya dejando todo mi peso sobre el. Levante mi cabeza para mirarle a los ojos y sin poder evitar el deseo le bese con todo el amor que me salía en aquellos momentos.
-No sigas así que vamos a terminar haciendo cosas poco recomendables para menores de edad, y esta playa esta llena de niños- me dijo entre risas cogiendome de la cintura y dándome pequeños piquitos mientras yo también me reía poniéndome roja e incorporándome sobre la toalla.
-¿De que conocías este sitio?- dije abriendo mi refresco y empezando a comer.
-Cuando veníamos con mis padres de pequeños por trabajo de mi padre, mi madre siempre nos traía aquí-.
-Es increíble. Como tu. Gracias-.
-Gracia a ti por acompañarme. ¿Cómo llevas lo de los pinchazos?- me pregunto mientras con un dedo me acariciaba levemente el sitio.
-Mucho mejor. Ya te dije que no había de que preocuparse- dije girándome para darle un pequeño beso. Era falso, seguían dándome pinchazos, sobre todo cuando me levantaba después de horas de sueño estando apoyada sobre ese costado. Tenía pensado al llegar a Nueva York ir al medico para que me lo mirase, pero no quería decírselo a ninguno porque querían pagarme los costes y a eso no cedería a pesar de las mas que seguras discusiones que provocaría.
-Con lo que sea sabes donde estoy, ¿verdad?- dijo dándome un beso en la mejilla.
-A mi lado- dije acurrucándome a su lado mientras pasaba un brazo a mi alrededor. Me sentía mal sabiendo que no le contaba toda la verdad, pero era algo que no quería que estropease nada. Seria mi único secreto entre nosotros. Después de pasar toda la tarde juntos entre risas y besos, vimos ponerse los últimos rayos de sol por la línea imaginaria que separaba el mar del cielo, y nos dirigimos de nuevo hacia el hotel para prepararnos para la fiesta, que se celebraría en el pedazo de playa que tenia reservado el hotel como suyo propio.
-¿Dónde te habías metido Bella?- me pregunto una Alice histérica cuando entre a mi habitación con la sonrisa pegada a mi cara, exactamente igual que en las últimas horas, y ni siquiera ella lograría borrármela con sus berrinches.
-¿Qué haces en mi cuarto?- pregunté cayendo en que aquella habitación era mía y de Rose, a la cual vi salir del baño ya vestida y con la cabeza llena de rulos. Un mini vestido ajustado rojo era su atuendo, y me apostaba la vida a que aquello iba complementado con un buen par de tacones. –Rose, vas a la playa, no a un desfile de moda- dije dejando las cosas en mi cama, la cual comprobé que estaba hasta arriba de cosas de belleza y maquillaje. -¿Qué es todo esto?- dije cogiendo un puñado y dejándolos tirados de nuevo en la cama.
-¡Ángela sal ya de la ducha!- chillo loca perdida. –Quedan exactamente 45 minutos para que comience oficialmente la fiesta y tu llegas ahora. ¡A 45 minutos! ¿Bella, estas loca? No me va a dar tiempo a peinarte, maquillarte, elegirte la ropa…-.
Frena Alice, frena porque vas muy deprisa- dije poniéndole la mano delante de su cara. –Mira, te lo voy a volver a explicar. Me voy a duchar aho, y voy a tardar el tiempo que me de la gana, voy a dejarme el pelo como me quede, apenas me maquillare y yo misma elegiré mi ropa. Es una fiesta en la playa Alice. ¡En la playa! Tienes una obsesión muy seria, para revisártela mejor dicho. Asíque no quiero ningún berrinche ni grito, es lo que quiero hacer conmigo misma, tu y las demás podéis hacer lo que os de la gana- dije cogiendo mis cosas mientras veía como Ángela salía del baño.
-¡Oye, yo también quiero hacer lo que me de la gana!- dijo Ángela dejando sus cosas encima de mi cama.
-¿Tu también Ángela? Esto es una epidemia. –Rose, por favor, ¿Qué esta pasando en este mundo?- dijo sentándose en la cama dándose aire con la mano. Pase al lado de Ángela dándole un beso en la mejilla y me metí en la ducha para refrescarme un poco antes de volver a enfrentarme con la exagerada actitud de Alice, la cual, a veces, había que reconocer que era hasta graciosa. Salí en albornoz mientras veía a las chicas ya completamente vestidas. Para no hacer que a Alice le diese un paro cardiaco, elegí una camiseta de la palabra de honor blanca un poco ancha en la parte central y ajustada en la parte alta y baja, con un pantalón vaquero cortísimo y unas sandalias cerradas, las cuales sabia que pronto me quitaría para quedarme descalza. Seque mi pelo dejándole suelto con mis tirabuzones naturales, y me puse un poco de rimel y gloss y termine.
-No te mato porque estas increíble Bella, pero la próxima vez te juro que de aquí me tenéis que llevar al hospital- dijo Alice dándome un beso en la mejilla.
-Es que sois de lo que no hay. Sois increíblemente guapas las dos, no entiendo para que tanta parafernalia entre maquillaje y vestuario para ir a la playa. En serio, esta vez deberíais hacerme caso, si fueseis mas naturales iríais más guapas-.
-Yo creo lo mismo que Bella. Rose, tu pelo es increíble, lo le hace falta ni mas laca y mas nada. Y Alice tienes ropa de ir por la calle, sinceramente, mucho mas sencillo y bonito que eso. y que decir de vuestra piel, sin nada, parece mas bonita que con 5 kilos de ese maquillaje. Hacednos caso por una vez, por favor-.
-Pues yo me apunto- empezó Rose quitándose el vestido quedándose en ropa interior y sacando una camiseta básica de tirantes blanca y un pantalón mas corto que el mío aun y unas chanclas de dedo blancas también.
-¡Me estáis volviendo loca! Ahora yo también quiero ir así- dijo señalándonos a las tres. –Os voy a odiar cuando termine la noche, pero bueno, por una vez hare caso a alguien que no sea yo sobre moda- dijo riéndose y sacando un vestido blanco muy ligero.
-¿Estamos ya todas?- dijo Ángela detrás de nosotras la cual llevaba una especia de peto blanco con un bikini del mismo color debajo. -¡Estamos increíbles chicas!- dijo saltando y dando palmadas.
-Que orgullosa estoy de ti- dijo Alice corriendo hacia ella y abrazándola. Lógico, acababa de hacer una perfecta imitación de Alice emocionada. –Tenemos que hacernos fotos. Esta noche tiene que quedar para el recuerdo- dijo abriendo su maxi bolso y sacando una cámara como si fuese una profesional de ellos y juntándonos alas tres. –Sonreís chicas- dijo dejando la cámara encima del mueble y corriendo a nuestra dirección y juntándonos dejando un momento mágico para el recuerdo. –Otra, otra- dijo poniéndose en otra posición mientras volvía a salir el flash. Y así, poniendo muecas divertidas, entre besos, abrazos, risas, locuras, saltando encima de las camas tuvimos nuestros recuerdos grabados. –Me la pienso bajar a la playa- dijo Alice mientras veíamos las fotos de nuestra locura momentánea y bajamos a la fiesta donde deberían estar esperándonos los chicos.
-¡No me lo puedo creer! ¿Y los tacones? ¿Y el maquillaje? ¡Nos han cambiado nuestras chicas!- dijo Emmet llevándose las manos a la cabeza y mirándonos de cerca viendo a ver si es que su vista le había jugado una mala pasada de lejos.
-Están espectaculares las cuatro-dijo Jasper, aunque dudaba que su vista se hubiese fijado en alguien que no fuese Alice.
-Y no te lo niego- dijo cogiendo a Rose por la cintura y abrazándola. -¿Quién ha conseguido este milagro?- pregunto mientras primero 3 pares de ojos se posaban en mi para después mirarme otros 4 mas.
-Y esa es mi chica. ¡Ha logrado convencer a mi hermana!- dijo cogiendome e intentando el solo hacerme levantar por los aires. –Pero ayudadme panda de vagos- dijo mientras yo soldaba mis brazos a su cuello y el resto se dirigía a nuestra posición ayudándole. Obviamente lograron soltar mis brazos y hacerme volar un par de veces por los aires, seguido de mis gritos.
-Estáis locos-. Dije cuando mis pies tocaron suelo y ellos no podían parar de reírse, cosa que hizo que se me contagiase.
-Vamos a la playa- dijo Alice colgándose del cuello de Jasper mientras iban a caballito hacia la fiesta.
-Estas preciosa- dijo Edward cogiendome de la cintura por la espalda y besando mi hombro que estaba libre de ropa. -¿Cómo conseguiste que Alice y Rose fuerana una fiesta así, sin tacones y ropa de marca y esas cosas?-.
-Pues ni yo lo se. Pero me siento muy orgullosa de mi misma por eso- dijo riéndome pero con total sinceridad.
-Es para estarlo. Sin duda-.
-Tu tampoco estas nada mal- dije girando mi cabeza y capturando su labio con un mordisco dulce. Y es que con la ropa mas sencilla del mundo, Edward parecía un modelo de catalogo. Una camiseta blanca de tirantes que marcaba su mas que cuidado torso y una bermudas blancas con adornos azules le hacían ver como lo que era, un completo dios. Fue tocar la arena de la playa y guardar mis sandalias en el bolso, al igual que las de Edward y dejarlas en la recepción y quedarnos libres de estorbos para disfrutar de la playa. Un camino de antorchas indicaba el camino hacia "la pista de baile" y el chiringuito para los refrescos. La música, muy latina, estábamos en Miami, ¿Qué podíamos esperar? El ambiente, el ambiente era increíble.
-Y esta va para os enamorados. Parejas, disfruten del momento- dijo el DJ en algún momento de la noche mientras todo nuestro grupo bailaba con todo.
-Señorita, venga aquí- me dijo Edward cogiendome de la cintura y pegándome a su cuerpo mientras yo pasaba mis brazos por detrás de su cuello y empezaba a jugar con su pelo.
-¿Asíque enamorado, no?- le dije bajito en su oído.
-Hasta las trancas- me respondió de la misma manera.
-Debe de ser muy afortunada esa chica, ¿Por qué será una chica?- dije riéndome.
-Si, y además esta comprobado- me respondió de la misma manera. –Pero el afortunado soy yo, ¿sabes? Ella es increíble, me ha hecho ver la vida con otros ojos. Me hace muy feliz y ahora mi único objetivo en esta vida es hacerla feliz a ella, porque se merece el mundo entero, aunque como intente dárselo me corta el cuello- me respondió dándome un beso en el hombro y quedándose en la misma posición mientras mis ojos no podían evitar soltar un par de lagrimas.
-Confirmado, a esa chica le ha tocado la lotería- dije con un hilo de voz pero sonriendo.
-¿Estas llorando preciosa?- dijo levantando su cabeza y mirándome a los ojos mientras con besos cortada el recorrido de mis lagrimas. –No lo hagas más-.
-Es de pura felicidad. Solo eso-.
-Entonces ríe, no llores. No he dicho ninguna mentira, ¿sabes?-.
-No hace falta que me intentes dar el mundo entero. Con que tú estés a mi lado tengo absolutamente todo lo que necesito en el mundo. Mi mundo eres tú, y solo tú-.
-Pues entonces tienes felicidad asegurada para rato, porque no pienso irme de aquí, ¿sabes? He encontrado el mejor lugar en este mundo, y lo tengo a un par de pasas de distancia en la vida.-
-Prométeme, júrame que esto nunca va a cambiar. Que siempre vamos a estar así-.
-Te lo juro- dijo poniéndose a mi altura mirándome a los ojos y sonriendo a la vez. –Nosotros, solo nosotros- dijo acortando la distancia y besándome con pura ternura. Hubiese sido delito por mi parte no seguir con aquello porque era simplemente mágico, hasta que un flash, que parecía posicionado a unos centímetros de nuestras caras nos deslumbro aun teniendo los ojos cerrados. Y aunque sabia de donde venia aquello, gire mi cabeza para encontrarme con una Alice sonriente.
-Alice, ¿Por qué no estas con Jasper disfrutando del momento y tienes que venir aquí con la camarita?- dijo Edward sin soltarme mientras yo enterraba mi cara en el pecho.
-Fue a buscar las bebidas. Además, es que estabais tan adorables- dijo dando un suspiro profundo mientras seguía sonriendo. -¡Ben!- dijo cogiendole del brazo que tenia en la cintura de esta y tirando de el. –Hazme una foto con mi hermano y mi futura cuñada- dijo poniéndose en medio de los dos mientras me dejaba a mí con el susto en el cuerpo y a Edward una sonrisa imborrable. Puse mi mejor sonrisa mientras Ben apretaba el botón y disparaba.
-Que cara de susto se te ha quedado- me dijo Edward cogiendome de nuevo mientras el ritmo de la música cambiaba a otro mucho mas alegre y bailable y hacia que nos moviésemos al ritmo, aunque no marcando mucho nuestros movimientos.
-Edward, estaba hablando de boda. ¿Qué cara quieres que se me quede?-.
-No se, a mi me sonó bien la verdad-.
-Si Edward, pero en unos años, en unos cuantos años es posible. Pero ahora, sinceramente no quiero ni oír hablar de ellos. Disfrutemos de este momento y no adelantemos acontecimientos-.
-En un futuro serás aun mas mía de lo que eres ahora, ¿entonces? No tienes ni idea de cómo me atrae la idea- dijo mientras ambos nos sonreíamos como dos auténticos idiotas, aunque idiotas enamorados. Note como otro flash saltaba hacia nuestras cámaras, aunque esa vez ni me moleste en girarme para comprobar el origen.
-Déjame bailar un rato con la chica que ha hecho cambiar de idea a las dos tías mas cabezotas del mundo, detrás de ella misma- dijo Emmet apartando a Edward de un pequeño empujón y cogiendome a mí, levantando mis pies del suelo y bailando por los dos. –Me alegra verte tan feliz pequeña- me dijo sin parar de bailar pero cuando solo yo podía oírlo.
-Gracias Emmet. Gracias por todo. Tu también te mereces esa felicidad junto a Rose. Se os ve increíble-.
-Es increíble. ¿No hace mucho calor aquí?- me dijo de repente.
-Yo estoy perfectamente Emmet-.
-Que no que hace mucho calor- dijo empezando a andar hacia algún lado. 4 pasos después y cuando empezó a acelera el ritmo, caí en la cuenta. -¡Suéltame Emmet! ¡Te mato, te voy matar Emmet! –¡Suéldame!- dije mientras escuchaba como empezaba a doblarse de la risa. -¡Emmet…!- me dio a tiempo a decir cuando vi que me tiraba fuera de si, hasta que pude coger su camiseta y caerse conmigo dentro del agua tibia del mar. -¡Te voy a matar Emmet!- dije levantándome mientras la cámara de Alice no dejaba de soltar flashes entre las risas del grupo. Vi como Emmet se levantaba de espaldas a mi y yo me colgué en su cuello en roscando mis piernas a su alrededor.
-Vamos pequeña, mira como he terminado yo también- dijo mientras yo empezaba a partirme de risa y el me seguía intentado secar su camiseta escurriéndola. –Oye- me dijo girando su cabeza en tono bajito. -¿Y si conseguimos compañía?- dijo echando una mirada a la orilla donde el resto de nuestro grupo seguía sacando fotos y riéndose.
-Me parece la mejor idea que has tenido hasta ahora- dijo empezando a andar hasta llegar a la orilla y bajarme en el suelo mientras disimulábamos. –Oye Ali, déjame ver las fotos- dije mientras me acercaba a ella estirando mi mano.
-Ni hablar Bella, ni te acerques-.
-Oye ni que tenga la peste- dije sin parar.
-¡Bella, no!- grito cuando salte sobre ella abrazándola mientras ella intentaba soltarse y yo la llenaba de agua salada y empezaba a gritar haciendo pucheros y los flashes seguían saliendo.
-¡Corred porque tenéis el mismo final!- dijo Emmet totalmente calmado mientras cogia a Ángela y Rose a la vez mientras el resto de los chicos saliendo disparados en diferentes direcciones y entre el y yo llevábamos a las chicas al agua para que terminasen igual que nosotros. Al principio cabreadas pero inmediatamente rotas de risa.
-Yo me rindo- dijo Edward adentrándose en el mar y cayendo de espaldas empapándose entero, mientras Ben y Jasper con gesto de resignación terminaban haciendo lo mismo. Acabamos salpicándonos unos a otros, haciendo guerras de caballitos dentro del mar, riendo entre nosotros y besándonos en el mar mostrando que en aquel momento el amor no podía ser más grande. Salimos cuando vimos que terminaríamos con un catarro como no saliésemos a secarnos pronto.
-Toma- me dijo una chica nada mas salir dándome la cámara de Alice. –Tu amiga la dejo encima de una mesa, y tiene pinta de ser cara. Os hice unas cuantas fotos, espero que no os moleste-.
-No, por favor, muchísimas gracias. Es una cabeza loca. Gracias de verdad-.
-De nada- dijo dándose la vuelta y volviendo dentro del hotel mientas cogia a Edward de la mano y cogia mi bolso para meternos todos en el ascensor.
-¡No, no, esperad!- grito Edward mientras como Emmet cogia a Rose en volandas y la metía en su cuarto. –Mi ropa- dijo mientras a ambos nos salía la risa tonta. -¿Me invitas al tuyo?- me dijo poniendo cara de niño bueno, mientras yo le cogia por la camiseta y le metía en mi cuarto. -¿Y que quiere de mi la princesa hoy?- dijo abriendo sus brazos cuando yo estaba dejando mis cosas encima de la otra cama. Me acerque a el hasta quedarme apenas a un par de centímetros de el y mirandole.
-¿Quiero que me demuestres cuanto me quieres igual que pienso hacer yo contigo- dije mientras el suavizaba su expresión hasta convertirse en un gesto de total amor mientras me cogia la cara con las dos manos.
-Eso esta echo preciosa- dijo acortando la distancia mientras aquella habitación volvía a ser cómplice de nuestro amor, una vez mas.
