Capitulo 16

-Bella, vamos a llegar tarde y hoy no es el día- decía Ángela desde la puerta abierta del apartamento.

-Un segundo Ángela- dije repitiendo por enésima vez en cinco minutos la composición de las frases en ingles.

-Bella por el amor de dios, te sabes todo a la perfección, y no te va a servir de nada si llegas tarde- dijo cerrando mis cosas mientras las cogia con una mano y a mi por la otra. Apenas prestaba atención a lo que me iba diciendo Ángela pues iba repitiendo esas dos líneas en mi cabeza constantemente. Era el último día de exámenes, mediados de marzo y todo el ambiente respiraba primavera. Seria precioso si mi atención no estuviese puesta única y exclusivamente en aquel examen, que por alguna razón que nadie sabia me traía de cabeza.

-¿Dónde os habíais metido?- pregunto Rose en la puerta del auditorio donde haríamos los exámenes. –Faltan 5 minutos para que cierren las puertas-.

-Bella, que se quedo estudiando sin dormir toda la noche y ahora no había quien la sacase de casa- dijo Ángela sentándose ene l suelo para respirar, había corrido por dos desde nuestro piso. Más tarde se lo agradecería. Aunque lo de quedarme dormida por estudiar no era del todo cierto, la medicación para el dolor me dejaba totalmente drogada. Aunque claro, eso no lo sabía nadie.

-¿Te pasa algo?- dijo Edward cogiendome la mano mientras entrábamos a la sala y nos sentábamos dejando un espacio libre. –Llevas unas semanas que te duermes hasta de pie-.

-No es nada- dije acariciándole la mejilla. –Los estudios, solo eso. Cuando terminemos aquí se me pasara seguro-. Odiaba mentirle, pero si así estaba alterado, no quería ni imaginar como estaría cuando supiese que aun tenia esos dolores, y que además, hacia un tiempo que había ido al doctor para revisarlo y me había dejado mas de la mitad del sueldo que había ganado hasta ahora, solo que aquel hombre me dijese que me tomase unas pastillas, que probablemente seria por estrés. ¿Pero que estrés? Me pregunte yo, si hasta entonces mi vida se basaba en caminar sobre nubes con Edward a mi lado y mis amigos acompañándonos. Aquella posibilidad solo me la creía cuando antes de mis exámenes y mi respiración aumentaba por segundos los pinchazos volvían ha hacer acto de presencia. Esa medicación era una autentica porquería.

-Bella, en serio, me estas poniendo nervioso. Es el último examen, y el más sencillo. Lo tienes echo mi niña. Tranquila-.

-No puedo Edward- dije entre dientes. Estaba claro que nadie entendía que de aprobar este examen, como los demás, dependía mi futuro, por muy sencillo que fuera. –De esto comeré en un futuro, si es que apruebo. Necesito una nota minima que no es un 5 precisamente. No puedo estar tranquila-.

-Vamos Bella, no has bajado del 7.5 en todo el curso. Este no será una excepción-.

-Edward en serio, cállate porque te voy a contestar mal y no quiero-.

-Perfecto, adelante con tu ataque de nervios- dijo soltándome la mano sin mirarme y tirandose hacia atrás en su asiento con una actitud absolutamente pasiva hacia mi y hacia el mundo.

-Guarden sus cosas. El examen comienza ya- anuncio el profesor justo cuando me inclinaba hacia el para disculparme. Yo y los nervios juntos no éramos la mejor combinación del mundo. La disculpa tendría que esperar. Tal y como todos habían previsto, menos yo, el examen no presento ninguna dificultad más allá de que era un examen de universidad. Las preguntas eran sencillas y estaba segura de haber contestado correctamente la mayoría, por lo menos, para asegurarme un notable. De las dos horas previstas que debería durar el examen, a mi me basto una para completarlo, asíque en silencio lo entregue y salí de la sala sentándome en la silla a la espera de que saliese Edward y pedirle unas mas que merecidas disculpas.

Un cuarto de hora mas tarde, calculaba que podían quedar en la sala unos 4 alumnos, entre los que se encontraba Edward. Mis amigos fueron saliendo uno por uno con la misma sensación que yo, que aquello estaba echo. Se iban a ir a celebrarlo por parejas, pero yo aunque quisiera no podía, tenia que trabajar. Permanecí sentada en las sillas a la espera de que Edward hiciera acto de presencia, pero a cinco minutos del final, tenía la absoluta convicción que el y el profesor eran los único que quedaban en la sala, y que Edward era lo suficientemente inteligente para hacer ese examen en mucho menos tiempo y sacar la misma nota. Por lo cual lo único que quedaba es que no quería salir de allí, y podría parecer egocéntrico, pero estaba convencida de que unas de las razones era yo.

La puerta se abrió dejando paso al profesor y Edward mientras mantenían una charla hasta que el profesor se fue y Edward quedo solo girándose y viéndome a mi sentada. Solo me hizo falta una mirada para saber que aquello no se arreglaría solo y el me lo confirmo dándose media vuelta y andando hacia la puerta.

-¡Edward!- le dije justo cuando el salía por la puerta y yo lograba agarrarle por el brazo para que no continuase andando.

-¿Qué quieres?- dijo solamente girando su cara sin llegar a mirarme y con el brazo tenso. Sabia que no se apartaría de mi agarre porque era un caballero, pero estaba segura de que ganas no le faltaban.

-Hablar contigo. Pedirte disculpas-.

-No es el momento Bella. Hablamos luego- dijo esta vez cogiendo la mano que le tenia preso y apartándome la con el delicadeza mientras se iba de nuevo. El resto de la mañana paso de una forma terriblemente monótona, asíque hasta la hora de entrada al trabajo me dedique a estar en casa, y como Ángela estaba por Ben celebrando fin de exámenes, decidí que seria yo quien recogiese el piso sin ningún compromiso. Un poco de música y despejar la mente bastaron casi en su totalidad para no pensar en los problemas con Edward. Comí para ir hasta el trabajo dando un paseo y despejar las ideas. Había descubierto que Nueva York, a pesar de ser una ciudad invadida por el ruido, era un buen sitio por donde perderse para pasear y pensar. Algo totalmente ilógico pero cierto. Entre a mi turno y después de 3 horas apenas había tenido ningún encargo. A parte de Lucas, el chico que se encargaba de la cocina y de mantener el local limpio, era la única atendiendo a clientes, y gracias a dios ese día había tenido pocos problemas. Me encontraba detrás del mostrador leyendo una revista cuando sonó la puerta indicando que alguien entraba al local, ya que teniendo en cuenta que nadie más que los empleados estábamos dentro, era complicado que alguien saliese.

-Buenas tardes. ¿Qué quiere?- pregunte de espaldas dejando las cosas en su sitio y situándome en el ordenador para apuntar el pedido.

-Que mi novia me perdone por ser idiota- dijo la voz mas deseada por mis oídos.

-¿Edward?- dije levantando la vista y confirmando lo que sabia más que de sobra mientras esos ojos verdes me miraban directos a los míos. -¿Qué haces aquí?- pregunte totalmente perpleja mientras Lucas me hacia señas de que salía un segundo del local.

-Ya te lo he dicho. Me he portado como…-.

-Tú no has hecho nada. Aquí la que tiene que pedir perdón soy yo. Siento haberte contestado mal. No se controlar mis nervios y lo pago contigo. No es justo-.

-Es lógico que estuvieses así. Es complicado para mí comprender la presión que supone para ti el bajar tu media-.

-¿Qué tal si dejamos que los dos somos unos completos cabezotas e imbeciles?-.

-Me parece la mejor conclusión- dijo riéndose mientras cogia mi cuelo y ponía medio cuerpo encima de la barra para besarme. Un simple beso hizo devolver al sonrisa a mi cara, y los dolores pasados de cabeza parecían ya olvidados hace siglos. –Adivino que el examen fue bien, ¿verdad?-.

-Si. Y yo supongo que adivino que no saliste antes para no encontrarte conmigo, ¿cierto?-.

-Me sentó fatal la discusión, no te puedo engañar. Estuve a punto de irme de allí antes de empezar el examen-.

-Tú eres tonto. Te hubiese devuelto a tu asiento arrastrándote de las orejas-.

-Con un vuelve a tu sitio Edward hubiese bastado-.

-¿Un café?- pregunte olvidando la conversación. Bastante mal lo había pasado como para dar mil vueltas más al asunto.

-Por favor. Grande, grande y cargado-.

-¿Estas bien?-.

-El entrenador dice que aumentara los entrenamientos u otra hora o pondrá otro día más. Realmente este año quiere ganar el campeonato-.

-¿Y de donde vais a sacar tiempo para estudiar y dormir?-.

-Me encantaría saber la respuesta. Lo bueno es que si llegamos a la final es a primeros de mayo, asíque no nos afecta a los finales. ¿Y tu ya estas mejor de lo tuyo?- dijo señalándome con la mirada mi pecho.

-Si, ya te dije que solo era por el agobio de exámenes. Adiós exámenes, adiós dolor- dije mintiéndole por enésima vez y pasándole el café mientras salía del mostrador y le acompañaba a una mesa sentándome en su regazo mientras el me daba un beso en el hombro. Últimamente se me estaba dando muy bien mentir y olvidarme del asunto hasta la próxima vez que me repitiesen la pregunta.

-¿Sabes que dicen que las reconciliaciones son una de las mejores partes de la relación?-me pregunto mirándome con ojos sugerentes.

-Algo de eso había escuchado antes. Pero nunca lo he probado en mis carnes, hasta ahora jamás me había enfadado ni un poquito con mi novio- dije devolviéndole el guiño.

-Vente conmigo esta noche- me dijo besando y mordiendo el lóbulo de mí oreja. Era cierto que moría por volver a estar con el. Desde que habíamos vuelto de Miami por unas cosas u otras todavía no habíamos tenido tiempo para estar realmente solos. Pero estaba el problema del lugar también, en mi piso estaba Ángela, y aunque era amiga de ambos, la vergüenza podía conmigo; y luego estaba su hermandad, un sitio que sabia que no nos iban a molestar o salían disparados de una patada de allí, pero las paredes son de papel y los chismes vuelan aunque sea entre chicos.

-Edward sabes lo que pienso de ese lugar. No me gusta, y mucho menos para lo que sabes que tenemos pensado hacer- dije acariciándole la mejilla y acercando su cara para darle un corto beso.

-¿Cuál es el problema? Estaremos en mi cuarto, no tienes porque salir ni ver a nadie. Y queda por descontado que no se le ocurrirá a nadie decirte ni media palabra que no deba-.

-No se Edward, estoy segura de que pronto encontraremos el lugar perfecto…-.

-Te necesito y te estoy garantizando de que todo ira bien. No veo más problema. Solo esta noche, probemos esta noche. Si no te sientes cómoda te juro que no volverás por allí para nada-.

-Solo porque me lo prometes tú, que quede claro. Y porque te necesito tanto como tu a mi- dije antes de que nuestros labios volvieran juntarse como si fueran uno solo con todas las ansias que teníamos uno del otro.

-Me tengo que ir ya. ¿Te espero esta noche entonces?- dijo mientras yo asentía energéticamente con la cabeza. –Perfecto. Hasta luego preciosa. Te quiero- dijo dándome un pequeño pico mientras yo volvía detrás del mostrador y salía guiñándome el ojo.

Si hasta aquel momento mi jornada laboral transcurría con relativa rapidez, las ansias de aquel deseado momento hicieron que pareciese que mi jornada había aumentado por lo menos 15 horas y que la hora de salir se estirase en el tiempo infinitamente. Cuando Lucas me advirtió que le tocaba a el recoger y que ya me podía ir creí oír campanas del cielo en aquel local. Se lo agradecí y recogiendo mis cosas en un tiempo record llegue a mi piso. Advertí a Ángela que no dormiría allí esta noche, y después de preparar una pequeña mochila con mis cosas me dispuse a ir hasta "la zona prohibida" para mi hasta ahora. Lo había podido comprobar en la distancia, pero presenciarlo de primera mano era casi más insultante. Las diferencias entre sectores eran brutales. Se podía ver a través de los inmensos ventanales la decoración del interior de las casas, las cuales me apostaba que habían salido seguro en alguna revista de decoración; los coches eran de esas marcas casi prohibidas para cualquiera de los mortales con un trabajo normal, e incluso por la cantidad que vi, seguro que algún chico o chica tenia mas de uno. Estaba segura que de los cuatro que me quedaban allí, nunca podría acostumbrarme a aquel derroche de dinero. Siempre saldría igual de impresionada que como entre.

Como era de esperar tampoco se hicieron esperar las miradas arrogantes y asesinas y alguna que otra risa o amenaza sobre la manera de echarme de su lugar lo cual solo me provocaba a la vez risas y escalofríos pensando que quizá se atreviesen ha hacerlo, y en contra de ellas solo estuviese yo y quizá Edward si lograse enterarse a tiempo. Gire para entrar dentro de la verja que separaba la calle principal de su casa. Había pasado un par de veces por delante de ella cuando todavía el campus estaba semi desierto y la casa deshabitada, quedaba claro que ahora imponía millones de veces más. En el jardín unos cuantos chicos se dedicaban a jugar al baloncesto sin camiseta, "puro exhibicionismo" pensé antes de quitar la mirada de ellos para no cruzarla con la suya. Pude comprobar con el rabillo del ojo que dejaban de jugar y dirigían sus miradas en mi dirección mientras se reían y negaban con la cabeza. Toque el timbre esperando a que alguien me abriese, aunque seria más correcto decir a que Edward me abriese, cuanto menos tratase con aquella gente, mejor iría la cosa, estaba segura de ello. La puerta se abrió de un tiron y mis ilusiones se esfumaron al ver la persona que se encontraba enfrente de mí. Diría que era guapo si no hubiese conocido a Edward antes, un muchacho rubio y de ojos azules estaba delante mío sin camiseta también y mirándome de arriba abajo con una mirada que decía claramente cosas no muy apropiadas para una chica que sabes que tiene novio y que encima tiene cierto poder sobre ti. Después de analizarle mi pregunta fue clara, ¿aquella gente tenia tanto dinero por que no compraba camisetas? De todos los que había visto hasta ahora, ninguno llevaba el torso cubierto.

-¿Qué quieres?- me dijo revisándome de nuevo de arriba abajo bebiendo de su botellín de cerveza una vez hubo terminado la revisión y mirándome a los ojos.

-Mmm... busco a Edward Cullen- acerté a decir teniendo en cuenta que no tenia ni idea de que decir a aquel muchacho.

-¿Y para que quieres a Cullen si me tienes a mi disponible? James- dijo cambiándose el botellón de mano y ofreciéndome la que tenia libre para estrecharla en forma de presentación.

-Ya- dije con una risa nerviosa y devolviéndole el saludo como una manera de demostrar quien era aquí al que le faltaba educación. –Me llamo Bella, y no, busco a Edward. Solo a Edward- dije aclarándole las cosas.

-No pareces la clase de chica a la que Edward busque- dijo dándome a entender que no se creía que Edward me estuviese esperando. Poco a poco empezaba a perder la calma que había intentado guardar para aquel momento si llegaba alguna vez.

-Y tu no pareces la clase de chico que trata con el mismo respeto con el que se le trata a el. ¿Puedes por favor…?-.

-¿Quién es?- dijo aquella voz a la que deseaba callar siempre que la escuchaba. ¿Qué hacia allí? -¿Tu?- me dijo mirándome con la misma cara con la que debería estar yo mirándola a ella, aunque la de ella tenia una chispa de diversión que la mía carecía.

-Tanya- dije simplemente mientras veía como James pasaba su brazo por su cintura y ella se arrimaba a el como si fuera el ultimo hombre en la tierra y empezaba a pasar su mano por su torso. Llevaba una camiseta tan corta que se la veía el comienzo del sujetador y un pantalón tan corto que me apostaba a que si se daba la vuelta también podía verse el comienzo del trasero. "Tanto dinero y tanta clase para ir vestida así" pensé.

-¿Hace falta que te lo repita zorra? ¿Qué haces aquí?- dijo perdiendo esa diversión volviéndose un gesto de puro asco hacia mi.

-Ey gatitas, relájense- dijo riéndose James de aquella situación, la cual, creo, que a ninguna de las dos nos hacia ni pizca de gracia. –Viene buscando a Edward, ¿la conoces?- pregunto a Tanya señalándome a mi.

-Claro que la conozco. Es la zorra que me quito a Edward, ¿verdad?- dijo poniendo una falsa expresión de dulzura que apenas le duro un segundo.

-No es cierto. Yo no te quite a nadie, tú lo perdiste solita Tanya-.

-Tú le comiste la cabeza guarra-.

-Yo apenas me hablaba con el cuando paso eso. Simplemente entro en razón. Tu le engañabas y el termino dándose cuenta que estar a tu lado es una forma muy efectiva de perder el tiempo, cosa que a el no le apetecía- dije sin rebajarme a su nivel. Aunque siendo sincera, para llegar a su nivel había que caer muy, pero que muy bajo.

-La chica tiene carácter- dijo James mientras se empezaba a retorcer de la risa y yo empezaba a perder mi paciencia y Tanya casi echaba humo de las orejas. -¿Vives por aquí?- dijo señalando la zona.

-No, vivo en los pisos. ¿Puedes avisar a Edward o dejarme pasar simplemente?- dije entre dientes pero en un tono que perfectamente pudo escuchar.

-¿Eres becada? Chicas tienes valor de venir aquí, pero mira, me estoy divirtiendo demasiado, no creo que te deje pasar todavía- dijo volviéndose a apoyarse en el marco de la puerta y la sonrisa burlona volvía a la cara de ambos. Pero desde luego aquel juego por mi parte había terminado. Me di la vuelta sin volver a dirigirles la palabra y salí de allí con un paso firme y seguro aunque lo que mas quería era echar a correr y perderles la vista lo antes posible mientras sus risas se escuchaban a lo largo de toda la calle. Me pare en una esquina donde no vi a nadie y llame a su móvil para comunicarme el suceso. Tres mensajes de voz después y tres contestadores desistí y decidí volver a casa entre respiraciones agitadas y pinchazos. En algún momento del camino mis respiraciones se hicieron más frenéticas por algún tipo de razón y el simple hecho de intentar respirar me provocaba tal dolor que tuve que sentarme e intentar controlarla en vano. Llamar a Edward estaba fuera de toda posibilidad a que no estaba disponible, asíque llame al primer número de mi lista de llamadas que no fuera Edward y salio el de Emmet.

-Emmet- dije con el poco aire que podía entrar en mis pulmones de la forma menos dolorosa.

-¿Bella? ¿Qué te pasa Bella?-.

-Emmet estoy en el parque. Necesito alguien que me lleve al medico. No se lo digas a nadie Emmet. ¡Nadie! Y trae todo el dinero que tengo. Esta debajo de la mesa-.

-Voy enseguida- dijo mientras yo notaba por vía telefónica como se ponía inmediatamente de pie y salía de la puerta de casa. La dificultad para respirar y el dolor continuaban, pero ni empeoraba ni mejoraba, y eso a la fuerza debía de ser bueno. No pasaron ni cinco minutos cuando un armario se acerco a mí corriendo y con la cara desencajada.

-¡Bella!- dijo llegando y agachándose a mi altura. -¿Qué te pasa?- dijo sin atreverse a tocarme y mirando que diablos podía haberme pasado.

-Emmet necesito ir a urgencias. Me duele mucho respirar-.

-¿Pero no se te había pasado ya Bella? ¡Joder Bella! ¿Y Edward? Vamos que cogemos un taxi- dijo cogiendo en volandas y llevándome hasta la salida para coger un taxi. Viendo la situación el primero en pasar fue el primero en llevarnos e incluso nos dejo gratis en nuestro destino, un trato no muy común. Y después de agradecérselo y quedarme con su cara, por si en algún futuro volvía a cruzármelo, Emmet entro a urgencias conmigo en brazos aun. Explico en un idioma hasta ahora desconocido por mi lo que me pasaba, aunque la recepcionista debía de estar más que acostumbrada a aquellos sucesos y no le pidió que repitiese nada.

-Bella, estoy en la sala de espera, ¿vale? No te voy a dejar sola pequeña- me dijo mientras besaba mi frente y me ponían en una silla de ruedas conducida por una enfermera hasta una consulta.

-Bien… Isabella Swan, ¿no?- me dijo el doctor tumbándome en la camilla.

-Bella, solo Bella- dije como pude.

-Esta bien Bella, explícame que te ocurre por favor- dijo acercándose a mi y palpando la zona del abdomen sintiendo severas molestias en la zona izquierda de las costillas. –Poco a poco, a tu ritmo y como puedas, ¿vale?- dijo tranquilizándome.

-Llevo varias semanas con dolor en la zona izquierda del costado. Antes solo era cuando me apoyaba en el, ahora cada vez que respiro fuerte me dan pinchazos, y ahora es constando con cada inspiración. Fui a consulta hace tiempo y me dijo que era por el estrés, que me tomara unas pastillas y se me pasaría, pero continua- dije parándome varias veces para conseguir el poco aire que me permitían mis pulmones.

-Muy bien Bella- dijo terminando de palparme y escribiendo en el historial algo. –Voy a ordenar que te hagan una radiografía y unas pruebas para confirmar ciertas cosas. A partir de ahora quedas en manos del medico de guardia. Suerte pequeña- dijo saliendo de la consulta mientras una enfermera volvía y me llevaba a la sala correspondiente.

Solía ser una persona a la que le gusta saber que se hacia con ella y preguntar, pero en esas condiciones con el dolor que me causaba hablar prefería guardarme mi curiosidad. Me hicieron soplar en una especia de tubo, un análisis de sangre y cambiarme de ropa para una radiografía de mi tórax.

-¿Te espera alguien?- me pregunto la enfermera dejándome en la consulta donde me darían los resultados inmediatamente ya que iban con la etiqueta de urgentes.

-Si, hay un chico que se llama Emmet. Es… es enorme. Lo reconocerá en seguida-.

-Ahora mismo le digo que pase. Esperen aquí hasta que llegue el doctor-. Apenas me fije en el despacho de ese doctor. Podía apreciar que estaba lleno de diplomas pero ni mi vista ni mis ganas llegaban a ver lo que ponía ya que el hambre y el sueño hacían mella en mi, con motivos la verdad ya que seguramente la media noche se acercaba.

-Bella- dijo Emmet entrando en la sala corriendo y dándome un abrazo que mucho distaba de esos a los que yo llamaba "abrazos de oso". -¿Cómo te encuentras? Me has dado un susto de muerte, ¿sabes?-.

-Perdón Emmet- dije intentando mantener uniforme mi respiración y consiguiendo que las lágrimas se quedasen dentro. Sabia que tarde o temprano aquello saldría, pero no esperaba que en estas circunstancias. –Debes irte Emmet, es tarde y tu todavía andas de exámenes-.

-Mi ultimo examen es dentro de dos días asíque puedo quedarme aquí. Y lo haría aun teniendo examen mañana. ¿Cómo se te ocurre ocultarlo Bella?-.

-No quería preocupar a nadie, bastante tenéis con vuestros problemas. Además cuando fui al medico me dijo que pronto pasaría el dolor-.

-¿Has ido al medico antes? Joder Bella-.

-Solo me mando unas pastillas, ya esta. No tenía mas misterio-.

-Por eso andabas todo el día dormida. ¿No han funcionado verdad?- me dijo mientras yo bajaba mi mirada y negaba con la cabeza. -¿Cuánto te costo la consulta Bella?-.

-Eso no tiene importancia-.

-¿Claro que la tiene? ¿Cuánto? El dinero que había debajo de esa mesa no se corresponde con lo que deberías tener ahorrado ya-.

-Fue cara pero fue por mi salud. No me importa pagar por eso-.

-Podríamos haberte ayudado entre todos-.

-Es mi salud Emmet. Es mío y no voy a dejar que gastéis ninguno el dinero que estáis ahorrando en mí. No seria justo-.

-¿Acaso tú no lo harías por nosotros?-.

-Claro que si pero…-.

-Pues ya esta. No hay más que hablar-. Iba a responder pero la puerta se abrió dejando paso a lo que supuse que era el doctor y tuve que guardar mi replica.

-Buenas noches Isabella. Soy el doctor… ¿Bella?- me di la vuelta sobresaltada encontrándome con el colmo de aquella noche. Carlisle, el padre de mi novio el cual desconocía mi estancia en el hostipal era mi doctor de urgencias. La cara de Emmet no era más que un reflejo de la mía y la de Carlisle.

-Buenas noches Carlisle- dijo Emmet levantándose y dándole la mano.

-Hola Carlisle- dije yo intentando levantarme pero dos manos se pusieron en ambos hombros y me hicieron volver a sentarme mientras era Carlisle el que se agachaba a darme dos besos.

-Bueno chicos, ¿Cómo estáis?- dijo sentándose en su escritorio delante de una bolsa plana que debería de contener las pruebas realizadas hace poco.

-Mal, en estos momentos mal- dijo Emmet al cual le deberían de quedar a estas alturas pocas uñas.

-Entiendo. Bella, ¿estas mejor?- me pregunto mientras yo solo podía negar con la cabeza. Ya casi no era capaz ni de moverme.

-Bien, veamos las pruebas- dijo sacando uno por uno los diferentes papeles y colocando las radiografías a la luz. Se levanto para observarlas mejor mientras hojeaba los papeles intercaladamente. –Bella, ¿desde cuando sientes molestias?- me pregunto sentándose y mirándome fijamente.

-Hace unos meses. Solo me dolía si me apoyaba en el costado, luego paso a mayores cuando respiraba fuertemente, ósea, si me cansaba o hacia esfuerzos, pero desde hace unas horas el solo hecho de respirar me produce pinchazos-.

-¿Has ido al especialista o a algún medico a que te mire?-.

-Fui a un doctor y me dijo que esto era causado por el estrés, me mando unas pastillas y me prometió que mejoraría, pero…-.

-Pero no has mejorado- dijo echándose para atrás en su silla. –Bien, lo primero, no vuelvas a ese doctor, el titulo de medico lo consiguió en una tómbola, de eso estoy seguro. Lo que tú tienes Bella, no es por el estrés, puede empeorar por el estrés pero eso no es. ¿Ves esas radiografía de ahí?- dijo señalándolas. -¿Ves algo raro en ellas?-. No era medico ni estudiante de enfermería, por lo cual apenas podía comprender correctamente una radiografía. Lo único que sabia con certeza es que en ellas aparecían mis costillas y mis pulmones. Nada más. Solo atine a negar con la cabeza mientras Emmet tenia la cabeza casi en el suelo intentando descifrarlas, asíque me consolaba no ser la única inculta en ese campo. –Bella, tienes una pequeña rotura en las costillas centrales causadas por algún golpe que te hayas podido dar- esa ultima parte apenas me sorprendió, mis caídas y golpes eran casi diarios asíque no podía recordar en cual de ellos pude hacerme tanto daño, -no es grave ahora mismo pero es necesario operar para que no vaya a más, otro golpe en esa zona y pueden romperse fácilmente dañando de manera seria al pulmón. Lo que pasa, hablando para que me comprendáis, es que las tienes metidas un poco hacia dentro, y cualquier respiración fuerte hacen que se claven en el pulmón, de ahí los pinchazos. La operación es sencilla, pero necesitas estar ingresada por lo menos una semana y en reposo otras dos-.

-Carlisle yo no puedo, necesito ir a clase, mi beca, no puedo…- dije alterándome y notando como los pinchazos regresaban de manera mas fuerte y me hacían poner cara de dolor.

-Cálmate Bella. Respira- dijo Carlisle levantándose y arrodillándose enfrente de mi y sujetándome por los brazos acompañando mi respiración. –No pasa nada. Hasta donde se los exámenes terminaron. Tendrás una baja medica firmada por mi personalmente y no podrán poner ningún tipo de pegas. Algo bueno tiene que tener invertir en la universidad de mis hijos y que estos sean tus amigos o tu pareja- dijo sonriéndome tiernamente y arruinando con la última parte la calma que había obtenido hasta ahora. Era medico, por lo cual mas que observador. -¿Edward esta al tanto de esto?-.

-No doctor, Bella no dijo nada de los dolores. Nos dijo que se le habían pasado y nosotros nos lo creímos- dijo Emmet.

-¿Y donde esta ahora?-.

-Tiene el móvil apagado- me limite a contestar. –Me va a matar- dije volviendo a mis respiraciones agitadas.

-Nadie va a matar a nadie Bella. Tenlo por seguro. Edward quiere tu bien y lo ultimo que haría seria agobiarte mas de los que estas corazón-.

-Carlisle no puedo operarme ni quedarme aquí tanto tiempo-.

-Bella olvídate del dinero- dijo Emmet cogiendome la cara para que le mirase fijamente.

-¿Cómo me voy a olvidar? Todo mi… mi dinero… dinero… no tengo…-.

-Haz caso a Emmet y olvida ese tema. Yo a mi familia jamás la he dejado sola Bella. Y tu forma parte de ella-.

-No puedo Carlisle. Es tu dinero, seria… no puedo…-.

-Es mi dinero y por eso mismo lo utilizo como mejor me convenga a mí. Relájate, esta situación solo te hace más mal. Llamare a una enfermera para que te traslade a planta. Emmet tu puedes avisar al resto, ¿por favor- dijo mientras cogia el teléfono del despacho. –Lisa, si por favor, reserva la habitación 564 para la paciente Isabella Swan, y asegúrate de que ningún paciente se instale mas que ella. Gracias- dijo colgando mientras los dos lo mirábamos perplejos. "Ni que esto fuese un hotel" pensé.

-No me miréis así, apenas tenemos pacientes en esa planta por lo cual podéis tener el privilegio de no compartirla. Si hubiese una urgencia te aseguro de que no hubiese hecho nada parecido. Bella, te quedas aquí a partir de ya. Mañana o pasado se te operara y yo mismo me encargare de ello-.

-Gracias por todo Carlisle- dijo Emmet sujetando mis dos manos con una de las suyas.

-No hay de que muchachos. Antes de irme me paso a verte Bella. Y recuerda, tranquilízate, respira y no te agobies. Todo saldrá bien. Ahora vienen a por ti para guiarte a tu habitación. Hasta luego- dijo dándonos unos suaves golpes en la espalda y saliendo de allí.

-Me va a matar Emmet, Edward me va a matar- estalle cuando se escucho el sonido de la puerta cerrarse.

-Bella, shh, respira, calma. Nadie te va a matar, te quiere demasiado ya lo sabes tontita. Y ya has escuchado al doctor, todo saldrá bien y pronto saldrás de aquí. ¿Quieres que avise a alguien?-.

-Quiero que te vayas a dormir a tu cama hoy y mañana ya se lo digas a todos con calma por favor. Dile a Ángela que me traiga algo de ropa y mi ordenador. Pero por favor, mi familia que no se entere, nada, no quiero que sepan nada- dije casi suplicándolo.

-Bella, lo tiene que saber, no es justo-.

-Emmet, si no es tan grave no quiero preocuparles. No tienen casi dinero para venir, si se lo digo vendrán los cuatro y todo su esfuerzo de trabajo para ahorrar será en vano. Si algo saliese mal o incluso antes de la operación yo se lo diría, te lo juro, pero tengo que ser yo. Júramelo Emmet-.

-Te lo juro, pero esta noche me quedo aquí-.

-Ni hablar, te vas y descansas-.

-No pienso dejarte sola-.

-Solo voy a dormir. Mañana te dejo que vengas todo el día si quieres- dije en la primera sonrisa que me salía desde que había llegado.

-Esta bien. Solo porque me da pánico decirte que o y te de cualquier ataque. Bella, júrame que no nos vas a volver a ocultar nada, y cuando digo nada es nada-.

-Esta bien Emmet, creo que he aprendido la lección- dije mientras una enfermera entraba al despacho.

-Eres Isabella Swan, ¿cierto? Me manda el doctor Cullen, por favor, acompáñame. ¿Puedes sola o necesitas ayuda?-.

-Puedo sola, gracias- dije levantándome. Como era de esperar a mitad de camino Emmet tuvo que cogerme al aire, entre el sueño y el dolor hasta andar se hacia pesado.

-Ahora te traerán algo ligero de comer y podrás dormir, ¿vale?- dijo saliendo del cuarto mientras Emmet me colocaba en la cama y subía la parte de la cabeza. La verdad es que la habitación era bastante espaciosa teniendo en cuenta de que hablábamos de un hospital. La enfermera fue lo suficientemente amable para traernos la cena a mi y a Emmet, aunque aquello apenas le llenase ni un 10% del estomago.

-Me voy ya Bella. Descansa por favor, y con lo que sea me llamas. Mañana a primera hora vengo a verte pequeña-.

-Gracias por todo grandullon. En serio, gracias-.

-No tienes anda que agradecer. Eres como mi hermana pequeña y lo siento así. Esto es lo que haría cualquier hermano- dijo dándome un beso en la frente.

-Y tu eres como el hermano mayor que nunca he tenido, asíque estamos en la misma condición- dije sonriéndole mientras en su cara se formaban esos hoyuelos tan característicos de su sonrisa. –Hasta mañana- dije dándome la vuelta por el costado que no dolía y caí dormida en un largo sueño.

Abrí poco a poco los ojos dejando que estos se acostumbrasen a la luz que entraba por la ventana. No me costo darme cuenta y acordarme del lugar en el que me encontraba.

-Buenos días. Siento ser tan brusca pero es necesario que te haga ciertas pruebas antes de la operación de mañana- dijo una enfermera entrando por la puerta con un carrito lleno de cosas medicas de las cuales prefería ignorar su función.

-No importa- dije dándome la vuelta y notando como los pinchazos volvían. Me fije que había una pila enorme de abrigos en uno de los sofás y eche mi memoria atrás intentando averiguar a quien pertenecían aunque la enfermera se me adelanto.

-Son de tus amigos. Les pedí que abandonasen la habitación. Volverán a entrar enseguida, en cuanto acabe- dijo cogiendome mi brazo y pasando un algodón. Otro análisis de sangre. Genial. -¿Es necesario que te distraiga?-.

-No, si no miro- dije girándome mi cabeza hacia el otro lado. La prueba no era dolorosa pero si desagradable, asíque agradecí no mirar.

-Esto ya esta, en unas horas vendrá el doctor Cullen con su equipo para explicarte el proceso. Estate tranquila, es una operación muy sencilla, y el doctor Cullen es un gran doctor. Estas en buenas manos-.

-Muchas gracias- dije viendo como salía por la puerta y esta no se cerraba del todo. Rece todo lo que sabia en un tiempo record para que la primera persona no fuese Edward, pero se ve que no dio tiempo a que el mensaje llegara porque la puerta se cerro mientras Edward se daba la vuelta y me miraba con la cara demacrada. Apenas pude contener mis lágrimas siendo consciente de que el estaba así por mi culpa, pero sabiendo en el estado en el que estaba no tardo mas de dos segundos en estar a mi lado e intentar calmarme.

-No te alteres Bella, por favor, vas a empeorar Bella, shh- dijo pasándome la mano por la frente y dándome besos en ella.

-Perdóname Edward, lo siento mucho. Perdón, yo no quería…-.

-Ya paso Bella. Ya-.

-Siento que lo hayas pasado mal por mi culpa. Soy culpable de eso…-.

-Soy consciente de que peor lo has pasado tu. Pero ya esta, ya sabemos lo que te pasa, te vas a poner bien en nada. Ya lo veras- dijo mientras una lagrima escapaba de sus ojos e intentaba ocultarla desviando la mirada.

-No llores por favor- en aquello momentos los pinchazos volvían cada vez que inspiraba aire, pero no era absolutamente nada comparado con lo que sentía viendo a Edward llorar.

-He pasado las peores horas de mi vida- dijo dejando que las lagrimas navegasen libres sin esconderlas. Primero sin saber anda de ti, luego con la visita de Emmet para decírmelo. Pensaba lo peor Bella, te juro que llegue a pensar lo peor- dijo escondiendo su cara en mi hombro con sumo cuidado de no tocarme el abdomen. -¿Dónde te habías metido?- me pregunto tiempo después cuando se calmo un poco. -¿Por qué no fuiste?-.

-Fui allí Edward, llame y me abrió un tal James. Y después de que el y Tanya decidiesen que su mejor entretenimiento era reírse de mi me fui. Te llame tres veces pero no daba señal el teléfono, y de ahí llame a Emmet-.

-Voy a matarles, a los dos, te juro que los voy a matar- dijo cogiendose el puente de la nariz con dos dedos, claro signo de que sus nervios no estaban muy controlados. –Joder, y el móvil no tiene batería, no me había dado ni cuenta. ¡Joder! Perdóname Bella-.

-Ya esta todo en orden- dije cogiendole la cara con ambas manos y dándole un beso que no tardo en volverse tan necesario como el aire entre nosotros. Me separe haciendo un pequeño gesto de dolor involuntario y fue él quién decidió darlo por terminado.

-No pienso separarme de esta cama, señorita. Una y no más. Te dije una vez que nunca me separaría de ti, he incumplido mi palabra una vez. No volverá a pasar, te lo juro-.

-Siempre has estado a mi lado, siempre. No tienes anda que reprocharte-.

-Te amo Bella. No me vuelvas a hacer esto por favor-.

-Te lo juro-.