Capitulo 17

-Buenos días Bella- dijo Carlisle entrando a la habitación junto con otro doctor. –Edward. Chicos. Te presento al doctor Julien, tu anestesista. Te hable ayer de el, no se si le recuerdas- me dijo Carlisle mientras yo asentía con la cabeza. Estaba demasiado asustada como para hablar.

-Hola Bella- me contesto con una calida sonrisa que supuse que seria para relajar el ambiente, algo realmente imposible. Lo único que se le acercaba un poco a la calma era las sensaciones que me transmitía Edward mientras dibujaba circulo con su pulgar en mi mano, aunque el estuviese mas angustiado que yo casi.

-Hola- salude a los dos.

-Bien Bella. En 15 minutos te pasan a quirófano. Solo queríamos ver como te encontrabas-.

-¿Nerviosa?- dije con un hilo de voz.

-No tienes porque. Es una operación sencilla, y todo saldrá estupendamente, ya veras- dijo el doctor Julien palmeándome el hombro.

-Chicos iros despidiendo de ella. Nos vemos pronto- dijo Carlisle saliendo y despidiéndose con la mano.

-Bueno enana, cuando despiertes no estaré aquí, pero te llamare y cuando termine vengo volando, ¿de acuerdo? Tranquila, todo saldrá bien- dijo Emmet dejando sus apuntes y abrazándome suavemente.

-Suerte Bella- dijo Jasper.

-Nos vemos pronto Belli- dijo llorando Alice y Ángela.

-No seáis exageradas anda, no lloréis. Nos vemos cuando despierte-. Uno a uno se fueron despidiendo de mi y deseándome suerte hasta que solo quedamos Edward y yo en la habitación. Su cara era un cuadro, llevaba sin dormir mas de 24 horas por no separarse de mi lado ni cuando dormía, vivía con la angustia de ser el al quien iban a operar.

-Estaré aquí cuando despiertes- me dijo cogiendome la mano y besándola.

-Edward quiero que te vayas a comer algo y a dormir. Tardare unas cuantas horas en volver. Estas casi peor que yo-.

-No puedo hacer nada que no sea estar aquí, pero te prometo que lo intentare. Todo saldrá bien- dijo repitiéndolo una y otra vez mas para convencerse a si mismo.

-Edward, quiero… si algo no sale como esta previsto…- le tape la boca antes e que pudiese replicar a aquello, -quiero… necesito que se lo digas tu a mis padres, búscate un traductor, lo que sea, se que tu podrás hacer, ¿vale?-.

-Tú vas a volver aquí dentro de unas horas como si esta pesadilla no hubiese pasado Bella. Júramelo- dijo empezando a llorar, algo a lo que jamás me podría acostumbrar y que me mataba por dentro.

-Yo te prometo que siempre estaré contigo. Es solo por si acaso, sabes que todo puede pasar, y mas con una anestesia general-.

-Te lo juro, pero vas a regresar como nueva- dijo acercándose a mi boca mientras nuestras lágrimas se mezclaban.

-Ya es hora- dijo la enfermera entrando y quitando el seguro de mi cama ya llevarme a la zona de quirófanos.

-Te amo- me dijo al oído dándome un ultimo beso.

-Te quiero. Nos vemos luego- dije dándole un ultimo apretón en la mano y perdiéndole de vista mientras llevaba sus manos al cabello y se tiraba de el desesperadamente.

-¿Nerviosa Bella?- me pregunto Carlisle ya preparados ambos para la intervención pasándome la mano por la frente.

-Bastante- le conteste sinceramente viendo todos los aparatos extraños que se encontraban a mí alrededor y la gente que empezaba a concentrarse allí.

-Todo saldrá bien. Durara unas dos horas la operación y otras dos de anestesia. En cuatro horas todo esto habrá quedado atrás. Luego 20 días de descanso absoluto en casa y listo-.

-Suena hasta bien- dije en un intento de sacar una sonrisa sincera.

-Lo es. Nos vemos pequeña- dijo dándome un beso en la frente mientras me colocaban una mascarilla. –Cuanta de 10 a 0 Bella- me dijo.

-10…9…8…7…6…5…4…-. Antes de poder llegar al 3 mis ojos ya se habían cerrado con un único pensamiento en mi cabeza. Tenia que despertar, Edward me estaba esperando.

Mi cuerpo pesaba como si hubiese engordado de un momento para otro 100 kilos. Intente despegar mis parpados, de los cuales parecía que colgaban pesas. Un pequeño rayo de luz se coló entre ellos y tuve que volver a cerrarlos con fuerza. Una mano apretaba la mía con fuerza, sentía la presión y debía de estar haciendo mucha fuerza para que mis dedos no pudiesen ser movidos ni un solo milímetros. Empecé a recuperarme y abrí los ojos completamente adaptándome al lugar. Volvía a estar en la habitación. Eso solo podía significar que todo había salido perfectamente. Gire mi cabeza con delicadeza hacia mi mano y vi que Edward estaba sentado a mi lado con su cabeza en el colchón y mi mano entre las suyas. Al final de manera inevitable había caído dormido, era completamente lógico y hasta lo se agradecía. Inspire una vez de una formas mas o menos fuerte y viendo que el dolor era mil veces menor que antes la felicidad acudió a mi. Decidí levantarle ya que es postura no haría mucho bien a su cuello.

-Edward- le dije levantando un poco mi brazo, lo suficiente para que su cabeza se moviese y se levantase sobresaltado mirando a todas partes terminando en mis ojos. Solo tardo 1 segundo en ponerse de pie sonriendo y marcando el botón para que viniese la enfermera. Note como mi garganta estaba totalmente seca e incluso su nombre salio de mi boca con un tono demasiado seco, a pesar de todo, ninguno de los dos podíamos evitar mostrar nuestras mas grandes sonrisas.

-Bella, ¿Cómo te encuentras?- dijo Carlisle entrando a la habitación junto con una enfermera mientras revisaban todo. –Estas justo como deberías estar-.

-Necesito…- dije señalándome la garganta, simplemente hablar me rascaba mucho.

-Agua, si, es lógico. Edward ayúdala- dijo a lo que rápidamente Edward se lanzo a la jarra echando un poco en un vaso y con la otra mano alzándome un poco la cabeza para poder beber sin que se derramase nada. –bien Bella todo esta perfecto. Ahora te traerán la comida que debes de estar hambrienta, aunque te adelanto que será dieta blanda, todavía no puedes hacer grandes esfuerzos. Dentro de dos días podrás irte a casa. Si ocurre algo, te duele, molestias, lo que sea, Bella- dijo mirándome y advirtiéndome con la mirada, -lo que sea- dijo separando palabras y letras, -me avisas y vengo inmediatamente. No debería dolerte al hacer inspiraciones profundas pero si unas molestias leves, solo eso. Hasta luego- dijo despidiéndose de los dos con la mano y saliendo junto a la enfermera.

-¿Cómo te encuentras?- dijo semi tumbándose en la cama y dejando mi cabeza encima de sus piernas.

-Mucho mejor. Al final te quedaste aquí-.

-Si, pero baje con mi padre a comer y me dormí. Cumplí mi palabra-.

-Algún día deberías dormir en una cama y esas cosas. La posición en la que te he encontrado no tenia pinta de ser muy cómoda-.

-Solo me quedan dos noches aquí. Lo podré soportar-.

-Oye- dije de repente dirigiendo mi mirada hacia una de las esquinas de la habitación. -¿Qué es eso?- pregunte señalando un montón de cajas y un enorme oso de peluche mas grande que yo probablemente. Note como se agitaba levemente debajo mío, signo de que se estaba riendo.

-Antes se acerco Jasper para ver como iba todo, y trajo de regalo de parte de todos cajas de bombones, y de parte de Emmet ese oso, para que te acordases de el mientras no estuviese-.

-¿En serio? ¡Tráemelo! Es precioso- dije mientras el se levantaba y me lo daba volviéndose a colocar en su lugar. –No entramos los 3 aquí Edward- dije a modo de broma.

-Pues yo no me pienso mover de aquí. ¿No preferirás al oso no?-.

-¿Celoso?- dije riéndome.

-¿De un peluche? Ya seria grave-.

-Anda tonto- dije dejándolo en el suelo al lado de mi cama y cogiendole la mano mientras jugaba con sus dedos.

-Quería pedirte una cosa Bella- me dijo con voz temerosa. Ya no me hacia ni verle para saber lo que sentía. Le apreté su mano en símbolo de que me podía decir lo que quisiese. –Veras, vas a estar 20 días necesitando ayuda porque tienes que estar en reposo absoluto, y eso esta fuera de toda discusión Bella, no pienso dejar que te muevas, si dejas que este en mi mano-.

-No te entiendo Edward-.

-Quería saber si me dejas mudarme estos 20 días a tu casa para poder cuidarte-.

-¿Hablas en serio? Vamos Edward, pienso hacer caso al medico, además ya esta Ángela por si necesito algo. No tienes porque apartarte de tu vida por esto-.

-Tú eres mi vida, y quiero hacerlo, me quedaría mas tranquilo. He hablado ya con los profesores y todos le darán tus apuntes a Alice. Quiero pasar el poco tiempo que pueda contigo-.

-Edward, apenas podías faltar 2 días seguidos a tu hermandad y ahora me estas hablando de 20…-.

-Me da igual ese sitio ahora mismo. ¿Puedo?-.

-Puedes quedarte siempre que quieras idiota. No es necesario ni que lo preguntes-.

-Gracias- dijo besándome la mano mientras la puerta se abría y entraba por ella la enfermera con la bandeja de comida. Si mis tripas ya rugían de hambre, al ver aquello empezaron a gritar de pura frustración. Eso no me llegaba ni para empezar. Sopa, filete a la plancha… necesitaba comer 3 veces mas para que mi estomago se sintiese mas o menos satisfecho.

Edward se encargo de hacerme todo poco más fácil en las horas que me tuve que quedar en observación en el hospital. Desde las comidas, donde cada bocado a aquella comida malísima era recompensada con un beso que parecía alimentar mas que los propios alimentos, llamaba a las enfermeras al primer indicio de que algo podía ir mal, aunque solo fuera un pequeño movimiento que me podía producir molestias.

Todos vinieron a visitarme en aquellos días, incluso Esme se acerco para preguntarme como estaba y conocer oficialmente a la novia de su hijo como novia. No fueron las mejores circunstancias pero se porto de una manera totalmente agradable conmigo, incluso con permiso de Carlisle pero a espaldas del resto del equipo, me llevo unos pastelitos para que me alimentara en condiciones, una lastima que Emmet se comiese la mitad el solo, porque estaban deliciosos. Y desde luego no se fue de allí sin una promesa de mi parte de ir pronto a comer con ellos. Emmet se alegro una barbaridad de que el oso me hubiese encantado, y con su ayuda le pusimos un nombre que me pudiese recordar a el para cuando estuviese sola poder abrazarle, llegamos a la conclusión de que "Emmy" seria el apodo, aunque a Edward no le hizo ni pizca de gracia ya que argumentaba que yo no volvería a estar sola jamás. Empezaba a tener serias sospechas de que estaba celoso de verdad.

-Edward deberías estar en clase- le regañe mientras terminaba de hacer la maleta para volver a casa. Era martes, un precioso día de marzo donde el sol brillaba y yo, salía por fin de aquella cárcel llamada hospital y sin más dolor que las típicas molestias de cualquier operación.

-Solo es un día, y por una buena causa-.

-Podía haberme cogido perfectamente un taxi-.

-Deja de quejarte y vamos-.

-¿Os vais ya?- pregunto Carlisle asomándose por la puerta y viendo como todo volvía a su sitio. -¿Tienes todos los medicamentos, reposo absoluto? Cualquier duda me llamáis. No importa la hora ni nada-.

-Muchísimas gracias por todo Carlisle. No se como agradecértelo, ni pagártelo, en serio-.

-Un gracias y una visita de vez en cuando a casa cubre todo- dijo sonriéndome. Me debatía internamente en darle un abrazo o no, una sonrisa y sus brazos abiertos me dieron la señal necesaria. Le abrace agradeciéndole sin palabras todo, absolutamente todo. –Y otra cosa, no nos vuelvas a dar estos sustos. Aquí tienes una familia para lo que quieras Bella, recuérdalo siempre. Y tú- dijo señalando a Edward con tono severo, aunque no llego a la expresión de su cara, -un día y no más. Mañana a clases como esta mandado-.

-Si mi capitán- dijo Edward cogiendo mi maleta y llevando una mano en forma de saludo militar.

-¿Piensas instalarte en el piso completamente o iras a tu cuarto o como piensas hacer?- pregunte ya en el coche de Edward camino al campus.

-No quiero causar mucho follon. Creo que iré todos los días a coger la ropa para el día siguiente y listo-.

-Sabes que cuando te vayas te echare de menos una barbaridad, ¿verdad? Recuerda Miami- dije mirando por la ventanilla apoyando mi barbilla en la mano.

-Bella puedo soportar verte menos tiempo el resto de mi vida sabiendo que estas bien, que no viéndote durante 20 días pensado que algo puede ir mal. Se que suena egoísta pero es así. Soy un novio protector y celoso, es lo que hay-.

-¿Protector y celoso? Creo que podré soportarlo- dije girando mi cabeza y sonriéndole. –No quiero que pienses que no quiero que vengas, es más, me muero de ganas, pero a vistas al futuro…-.

-Ya veremos que hacemos en un futuro-. Pensar en un futuro con Edward era algo que me aterraba y me gustaba al mismo tiempo. Era agradable pensar de todo lo que me quedaba por disfrutar de el, saber que después de los años seguiría teniendo a mi lado a la persona que mas quiero en este mundo, alguien con quien compartir todo. Pero no todo puede ser bueno, y había que tener en cuenta que yo más allá de cuatro años, no tenía ningún plan de futuro. Nada. En blanco. No sabia si me quedaría, si volvería a España, si me iría a otro país, otra carrera, nada. Y cosas como esa marcan las relaciones. Pero siempre caía en la misma conclusión. Faltaba demasiado tiempo como para amargarme en el presente. Viviría el momento, que estaba siendo el mejor de mi vida, y cuando llegase el momento de las decisiones, estas serian tomadas, probablemente con cosas dolorosas de por medio.

-Por fin en casa- dije respirando profundamente sintiendo satisfacción de que no doliera e inspirar el aroma hogareño que tanto había extrañado.

-¿Dónde dejo esto?- pregunto Edward cargando mi maleta y todos los regalos que había recibido en mi estancia hospitalaria, incluido Emmy.

-Déjalo todo en la cama que ahora lo coloco. Y a Emmy al lado, en el contrario a la mesilla-. "Odio esta cosa2 se le escucho decir mientras iba por el pasillo y yo le seguí. Me cambie el pijama y me dispuse a colocar las cosas hasta que una mano me impidió sacar las cosas.

-¿Qué crees que estas haciendo?-.

-¿Colocar las cosas?- respondí como cosa obvia.

-Bella, ¿para que estoy aquí? Reposo absoluto, hasta por lo menos 5 días, después negociaremos que te puedas mover. Túmbate, ponte cómoda, duerme en tu cama que seguro que la echas de menos y no te preocupes por hacer nada más. Por cierto, deberías llamar a tus padres, pero eso después. Duérmete bonita- me dijo besándome la frente mientras yo cogia su cara y acercaba mis labios a los suyos. Apenas se atrevió a cogerme de la cadera, pero sus manos volaron rápidamente a mi cuello, el cual no soltó hasta que nuestros pulmones reclamaron aire.

-Gracias- me limite a decir.

-Si siempre me vas a agradecer las cosas así, me planteare la posibilidad de volverme un santo- dijo mientras nos reíamos y me colocaba un mechón de pelo detrás de la oreja.

Aunque costara creerlo, jamás pensé que aun sin tener sueño mi cama me resultase tan atractiva. Dormí como parecía que no había dormido en años y hasta parecía que me encontraba mejor. Luego caí en que la medicación seguramente tuvo mucho que ver en ambos casos. Llame a mis padres, y después de asegurarles que todo estaba en orden y que no había llamado porque las fiestas de fin de exámenes eran señoras celebraciones, parecieron quedarse mas tranquilos, y yo también, teniendo en cuenta que si no se lo hubiesen creído yo finalmente hubiese tenido que contar la verdad, aunque sabia que tendría que decírselo en algún momento.

-Veo que ya estas levantada- dijo Edward asomándose por la puerta mientras yo me incorporaba u poco frotándome los ojos. -¿Te encuentras mejor?- pregunto mientras yo asentía con la cabeza. –Me alegro ¿Con quien hablabas?-.

-Con mis padres. Ya están tranquilos. Les dije que había fiestas con el fin de exámenes y entre unas cosas y otras…-.

-¿Eres consciente de que alguna vez tendrás que decírselo verdad?-.

-Si, pero no me hagas pensar en eso-.

-Como prefieras. Están todos los chicos en el salón, ¿quieres verlos?-.

-Si- dije levantándome mientras el me volvía a colocar en la posición de los últimos 3 días. –Edward, déjame levantarme, es bueno, reposo absoluto si, pero tendré que andar. En el salón te juro que me vuelvo a tumbar-.

-Bella estos son los apuntes que dieron hoy. Todos los profesores me las dieron ya fotocopiadas y todos te desean una pronta recuperación, y que no te preocupes, tu beca sigue en pie sin ningún peligro- me dijo Alice poniendo en la mesa todo lo dado ese día.

-Y el jefe dice que vuelvas cuando puedas también. Han contratado a otra chica durante el tiempo que estés de baja, pero no te preocupes, no te quitara el puesto- dijo Jasper riéndose como recordando algún momento del día donde pudo pensar aquello e inmediatamente lo contrario.

-¿Y vuestros exámenes que tal?- pregunte en general, en verdad todos los habíamos pasado hace un par de días.

-Dan las notas mañana- dijo Emmet mordiéndose las uñas de la mano. –Pero creo, o espero que bien-.

-¿Al final te quedas aquí Edward?- pregunto Ángela. Edward había tenido la educación de pedirle a Ángela si podía quedarse también, ya que ella también vivía en el piso y seria lo justo que si ella no quisiese el no pudiese.

-Si- contesto el.

-¿Te vas a quedar aquí?- pregunto Rose sorprendida.

-Solo hasta que se recupere-.

-Como si yo no pudiera hacerlo- contesto Ángela ofendida.

-No es eso Ángela, solo que prefiero hacerlo yo-.

-Ya lo se Edward, era una broma. Además, me parece un gesto muy tierno- le dijo Ángela sonriendo y dándole un ligero apretón en el brazo.

-Emmy lo haría mil veces mejor que los dos- contesto Emmet siguiendo el juego mientras se escuchaba un bufido de Edward que solo conseguía hacerme reír mas. -¿Qué pasa?- pregunto notando aquello.

-Tengo serias dudas de que Edward este un pelin celoso-.

-Presta mas atención a la cosa esa que a mi-.

-¡No es una cosa!- contestamos a Emmet y yo a la vez. –Además, Bella no puede prestar mas atención a Emmy que ti, no le da las… digamos, las mismas satisfacciones. Tenéis tiempo estos días para…-.

-¡Emmet, cállate te meto el oso por el…!- grito Edward.

-¡Edward!- corte yo. –Callaos los dos, por favor- lo que hizo que todos terminásemos estallados de la risa.

-En fin, es hora de irnos. Nos vemos mañana. Mejórate Bella- se despidió Ben para ir detrás todos en fila.

Fueron semanas donde me plantee mas de una vez el tirarme por le ventana de pura desesperación, así por lo menos, podría salir a la calle y oler el aire, aunque fuese contaminado. Era una desesperación ver todo el día las mismas cuatro paredes. Aunque probablemente lo único bueno que tuvo todo aquello fue Edward, me trataba mejor que a las reinas y en todo aquel tiempo no le vi ni una sola mueca de enfado, cansancio o asco. Nada, solo amor y amabilidad por todos lados. Hoy tenia la consulta de revisión, ósea mi primera salida a la calle después de 15 días y la posibilidad de poder empezar ha hacer cosas pero sin poder hacer mi vida normal todavía.

-Edward, no te vas a saltar las clases por esto. Cojo un taxi que me deja en la puerta. Tu padre te avisa nada mas llegue si quieres-.

-Bella olvídate, sube al coche anda-.

-Que no, vuelve a clases por favor, no armemos un espectáculo aquí-.

-Solo hago esto para quedarme mas tranquilo Bella-.

-Es que no me va a pasar nada- dije cogiendole la cara y dándole un piquito.

-Bella…-.

-Bella nada. Vete a clases. Luego comemos juntos, ¿vale? Te quiero-.

-Y yo a ti pequeña- dijo devolviéndome el beso y arrastrando los pies hacia la clase. Cogi el primer taxi que encontré y me dirigí hacia el hospital. Cuando llegue Carlisle estaba ya en la puerta y apenas tardo en coger el móvil cuando me dio dos besos APRA avisar a Edward tal y como ambos prometimos.

-¿Cómo te encuentras?- me pregunto mientras nos dirigíamos a su consulta.

-Bien, no noto ni molestias ya, pero estoy harta de no poder salir, en serio, creo que estoy empezando a sentir claustrofobia. Pero Edward me ha ayudado muchísimo-.

-¿No te agobio demasiado?- pregunto sonriendo de medio lado, tal y como hacia su hijo cuando algo le resultaba gracioso. Viendo aquello no pude evitar acordarme de el.

-Me trato como una reina, o mejor incluso, si estaba en su mano que yo no me levantase, el lo hacia todo. Se dedico a mi mas incluso que mi madre-.

-Cuando algo le importa se entrega en cuerpo y alma-.

-Debe de estar muy orgulloso de el-.

-Lo estoy Bella, lo estoy-.

-Oye Carlisle- dije quitándome la camiseta para que pudiese revisarme bien.

-Dime Bella-.

-Me gustaría agradecerle a Edward de alguna forma todo lo que hizo por mi durante este tiempo, pero no se me ocurre nada. No me refiero a algo caro, quiero algo sencillo pero que para el signifique algo-.

-Seguro que le hace muy feliz-.

-Si lo se, pero no se… no se me ocurre nada. Tu eres su padre… ¿algún lugar de su infancia, algo especial…?

-Déjame pensar… Si, cuando era pequeño su abuela le llevaba siempre a comer un pastel de manzana a un lugar de Central Park, le encantaba ir con ella y comerse un uno mientras hablaban de sus cosas. Desde que murió no fue. Estoy segura de que le encantaría ir-. Apena dude un segundo de que aquel seria su regalo. Después de que me dijese el lugar exacto y de revisarme me senté ara que me dijese los resultados. –Muy Bella, todo esta perfecto. El lunes puedes volver a las clases y al trabajo. Sigue tomándote las pastillas una semana mas y anda, que te de el aire, vuelve a acostumbrar a tus pulmones, asíque dile a Edward que te deje moverte todo lo que quieras, necesitas un tiempo de recuperación asíque poco a poco, pero tus costillas están perfectas. Eres una buena paciente-.

-Y usted un gran doctor Carlisle, muchísimas gracias-.

-Nada de usted Bella, quita el usted. Y gracias a ti- dijo levantándose y volviéndome a dar un cariñoso abrazo. –Nos vemos pronto- dijo mientras salía de su consulta y entraba otro paciente. Decidí volver en taxi sin avisarles y darles la sorpresa, de todas maneras, seria sencillo creerse que tarde un poco mas y por eso no les avise. Quedaban 5 minutos para que saliesen todos. Algunos profesores que me vieron, se acercaron para preguntarme como estaba. Me quede sorprendida de que conociesen mi cara con todos los alumnos que tenían, algo que me halago mucho. Después de asegurarles que pronto volvería y agradecerles su paciencia, comprensión y dedicación vi como todos los estudiantes empezaban a salir. No era complicado distinguirlos, era el único grupo que iba realmente unido y con sonrisas de pura felicidad verdadera en sus caras. Alice fue la primera cuya mirada se encontró con la mía, me señalo dando un gritito que inundo el campus de "¡Bella!" y mientras todos giraban sus miradas y sus sonrisas se ensancharon empezaron a correr en mi dirección. Al llegar a un metro de mi Edward y Emmet que iban delante de todos abrieron sus brazos haciendo que todos parasen en seco, y que el pobre Ben tuviese que comerse el brazo de Emmet, al cual pareció no afectarle mucho el golpe, al contrario que a Ben que tuvo que frotarse la boca intentando que pasase el dolor.

-¿Podemos abrazarte Bella, o sigues siendo de mantequilla?- pregunto Emmet.

-Emmet, ante tus abrazos hasta el acero se convierte en mantequilla-.

-¿Bella?- dijo Edward. Se notaba que tenía tantas ganas de abrazarme fuerte hasta romperse como yo, su mirada era como un espejo.

-Estoy perfecta- termine diciendo. –El lunes puedo volver a clase y al trabajo. Y durante estos 5 días tengo que caminar, moverme y empezar poco a poco ha hacer vida normal. Estoy como nueva- dije abriendo mis brazos para recibirles, ya que tardaron menos de un pestañeo en abalanzarse todos sobre mí y abrazarme de manera fuerte. –Me estáis aplastando- dije como pude para que todos volviesen un paso atrás de manera preocupada. –En serio, tenéis que dejar de tratarme como una muñeca de cristal, no me rompo con la mirada, en serio-.

-Casi te rompes las costillas por una caída Bella- dijo Ángela.

-Tuvo que ser un golpe fuerte, estoy segura- dije recordando pero sin caer aun en que momento pudo pasarme aquello.

-Bueno, despediros, que esta chica tiene una cita hoy y ahora- dijo poniéndose a mi lado y pasándome el brazo por los hombros mientras les miraba divertidos y todos nos devolvían sonrisas que navegaban entre la burla y lo emotivo. –Emmet, un comentario fuera de tono y corre- le amenazo Edward viendo su expresión. Estoy segura que se callo lo que pensaba por la colleja que siguió al comentario proveniente de Rosalie que por la amenaza en si. Un simple "gracias" moviendo los labios fue suficiente.

-¿Por qué no me llamaste cuando saliste?- me pregunto mientras buscábamos un sitio donde comer.

-Quería daros una sorpresa-.

-¿Sabes que pienso llamar a mi padre para que me confirme todo verdad?-.

-Haz lo que quieras, pero espero que cuando lo hagas vengas a pedirme una disculpa por desconfiar de mí-.

-Creo que no he sido yo quien demostró más desconfianza…-.

-No sigas por ahí Edward. No era un tema de desconfianza y creo que ya lo deje claro. Que saques eso ahora me parece…- dije parándome y mirándole. Aquel no era el plan deseado. -¿Por qué ahora Edward?-.

-Pues por el mismo motivo que pudo salir mañana o pasado-.

-No. ¿Y por que no salio ayer, o antes de ayer? ¿Estabas esperando que me recuperase para soltarme toda la mierda a la vez?-.

-No pretenderías que te alterase cuando estabas enferma Bella-.

-Ósea que todo este tiempo solo ha sido para poder decirme las cosas con la conciencia tranquila-.

-Sabes que no Bella. Te he cuidado porque quería… ¿Sabes? Yo también paso de discutir sobre el tema. ¿Vamos a comer y olvidamos esto o vamos al campus?-.

-Yo quiero arreglar esto. Ahora-.

-No hay nada que arreglar. Tú me ocultaste algo muy importante, y no encuentro otra explicación que no sea el hecho de que no confiabas en nosotros lo suficiente-.

-Estaba asustada Edward. ¡Asustada! Un medico me decía una cosa y su solución no solucionaba nada. Otro país y sin mis padres al lado. Ellos siempre fueron quienes me acompañaban y solucionaban estas cosas. ¿Cómo estarías tu eh? ¿Cómo Edward?-.

-No lo se. ¿Pero puedes comprender mi situación también Bella? ¿Puedes entender lo que yo sentí cuando me entere de las cosas, y no fue por ti?-.

-Yo… si, si lo puedo entender-.

-Bella- dijo abrazándome, -yo jamás, jamás te echaría en cara nada de esto, puedo decirte lo que me molesta o lo que menos me gusta, pero nunca te recriminare nada. Te quiero demasiado como para hacerte daño, y se que recordar todo esto te duele-.

-Lo siento mucho Edward, de verdad. Solo quiero que sepas y que te quede claro que en ti confiaría hasta mi vida, ¿vale? Por favor, no dudes nunca de lo que vale esto que tenemos-.

-No lo hago amor. Vamos a comer, ¿si?- dijo limpiándome las lágrimas con sus pulgares y calmándome con sus besos.

Decidimos comer cera de un lugar a Central Park, idea mía ya que así luego no tendríamos que andar tanto. Era increíble la capacidad de perdón que tenia Edward, o por lo menos para disimular, ya que en toda la comida ni paseo volvió a sacar ese tema de conversación, ni siquiera una mala mirada o un mal gesto, cosa que agradecí internamente una barbaridad.

-¿Vamos a casa?- me pregunto cuando salimos del local.

-No, quiero ir a un sitio antes-.

-¿Dónde?-.

-Por una vez, deja que te de yo la sorpresa-. Edward apenas lograba disimular su nerviosismo ante la sorpresa, lo que a mi me ponía mas tensa en si aquello cubría sus expectativas. Supe que llegue al lugar que me indico Carlisle cuando vi la mirada de Edward clavada en el lugar y note que se ponía rígido, pero sin perder un brillo en su mirada de especial nostalgia. Mire hacia mi izquierda comprobando que aquel carrito de venta seguía donde su padre me dijo y le guíe hasta allí casi arrastrándolo.

-Por favor, dos pasteles de manzana- le pedí al señor que atendía que amablemente me los dio, y deseándonos un buen dio empezó a atender a los demás. Nos dirigimos hacia el banco que también me había descrito Carlisle, aunque casi no hizo falta porque los pies de Edward se movían involuntariamente hacia allí, yo solo le seguía. Nos sentamos mirando el lugar. Era un espacio abierto rodeado de árboles, y en el centro un estanque donde los niños daban de comer con migas de pan y frutos secos a los aptos que se encontraban allí. Era el típico lugar donde los abuelos llevarían a sus nietos a pasar la tarde.

-No sabes cuantos recuerdos me trae este lugar- dijo.

-Si, si que lo se- dije mientras me miraba con cara sorprendida. –Quería agradecerte todo lo que has hecho por mi estos días, y pregunte esta mañana a Carlisle algún sugerencia, y me dijo este lugar. Me comento que aquí venias con tu abuela, que comíais este pastel de manzana en este mismo banco. A lo mejor no es el mejor regalo comparado con todo el esfuerzo de estos días, pero pensé que te gustaría-.

-Pensaste bien- dijo casi en un susurro cogiendo mi cuello con una mano mientras acariciaba con su pulgar mi mejilla. En sus ojos pequeñas lágrimas amenazaban con salir. –No tenías porque agradecerme nada. Pero desde luego esto es as grande que lo que o pueda hacer por ti alguna vez- me dijo besándome. Lo que empezó de una manera sueva y dulce se fue convirtiendo en un beso cada vez más demandante.

-O paramos o nos denuncian por escándalo público. Esto esta lleno de menores de edad- dije separando nuestras bocas apenas unos milímetros mientras nos reíamos mirándonos a los ojos. Termino dándome un pequeño beso mientras terminaba de acomodarme entre sus brazos. Nos quedamos un rato en silencio mientras observábamos aquello, nos comíamos el pastel y disfrutábamos de nuestra compañía mutua.

-¿No has vuelto aquí desde que…?- empecé a preguntar.

-No, no he vuelto desde que ella murió-.

-Si no estas cómodo podemos irnos. No hay problema-.

-No, no, estoy perfecto. Quizá es que no me atrevía a volver solo, o que este lugar no lo quiero compartir con una compañía que no merezca la pena. Y en estos momentos la única que merece estar aquí eres tú. Me sorprende que mi padre conozca tanto de esto, teniendo en cuenta que nunca hablaba con ellos sobre lo que hacia con ella-.

-¿Quieres contármela historia?-.

-Mi abuela murió cuando yo tenía 13 años. Era la madre de mi padre, y yo sentía completa adoración por ella. Alice la quería, pero no era ni parecido a como yo lo veía. Era una mujer impresionante, con una fuerza y una ilusión que solo se encuentran en personas que te entran en los dedos de una mano en toda tu vida. Veníamos a este parque todos los sábados por la tarde, comprábamos un pastel, nos sentábamos en este banco y así pasábamos toda la tarde. Yo le hablaba de cómo iba mi semana, de lo que había echo en el colegio, porque me había regañado mis padres, y ella me contaba la suya, me daba consejos para mejorar lo que había echo mal, me contaba historias y me decía que cuando fuese mayor seria un joven guapo, educado y que llegaría lejos. Que tendría a mi lado a una mujer que me mereciese, y que la quisiese mucho, como su marido hizo con ella y mi padre con mi madre. Murió d un infarto mientras yo estaba en clases. Cuando salí mi madre nos llevo a Alice y a mi a casa y nos contó que paso. Al día siguiente la enterraron. Estuve sin hablar cerca de una semana. Fue como si me hubiesen arrancado una parte de mí y nunca me la fuesen a devolver. Cuando pensaba en ella un día recordé sus palabras, y supe que si seguía por ese camino jamás podría ser el hombre que a ella le hubiese gustado ver. La echo mucho de menos cuando necesito algún consejo, cuando me encuentro perdido pienso siempre en lo que ella me diría. He aprendido a confiar en Alice y mi madre, pero no es lo mismo para mí. Este era nuestro lugar, nunca vinimos nadie que no fuésemos nosotros dos, supongo que lo tengo como algo demasiado personal, y venir aquí solo significaría eso, que ella no esta conmigo. Por eso me alegro de haber vuelto contigo- dijo besándome la parte superior de la cabeza.

-¿Sabes? Ella estaría tremendamente orgullosa de la persona que eres-.

-Le hubieses encantado-.

-Tengo el dond e encantar a los Cullen- dije sacándole una carcajada.

-No seré yo quien niegue eso-.

-Gracias por compartir esto conmigo-.

-Gracias por querer hacerlo-.

-¿Cuándo vuelves a tu casa?- pregunte cerrando la puerta de mi habitación y dejando mis cosas. Habíamos vuelto tarde al piso, habíamos caminado demasiado y no habíamos calculado bien los horarios. El tiempo al lado del otro pasaba volando. Ángela estaba ya durmiendo seguramente y teniendo en cuenta que estaba todo a oscuras y la puerta de su cuarto cerrada.

-Teniendo en cuenta que ya estas perfecta, me iré… ya-.

-Vaya…- dije poniéndome en frente suya y cruzando mis brazos. –Ya te lo dije, esto seria la peor parte-.

-Piensa que me voy porque ya estas sana, eso es una buena noticia- dijo cogiendome por la cintura y acercándome mas a el.

-Me da igual pensar eso. Ahora no quiero que te vayas- dije pasándole mis brazos por su cuello y besándole lentamente.

-Si me lo pides así, no me muevo de aquí en la vida-.

-No te vayas. No hoy- le dije mientras mis manos bajaban lentamente al borde de su camiseta y empezaba a subírsela hasta quitársela y tirarla a algún lugar de la habitación.

-Bella… ¿tú puedes… estas…?-.

-Estoy perfecta- termine por decirle mientras nos dirigíamos entre besos a la cama y el se posicionaba encima mía sin dejar nada de su peso en mi cuerpo. Mientras me besaba bajo su mano hasta mi camiseta para quitármela. Una vez lo hizo recordé que allí tenia mi cicatriz, la cual todavía se notaba demasiado y era tremendamente desagradable de ver. Intente tapármela sin que el se diese cuenta, pero fracase de manera estrepitosa.

-¿Qué pasa?- dijo quitándome las manos delicadamente.

-Da asco- dije bajito mientras el la observaba. Sin hablar simplemente se inclino hasta ella y trazo una línea de besos de principio a fin hasta llegar a mi oreja.

-Mentira- me dijo susurrando. –Hagamos una cosa, no te escondas, por la confianza de ciega de ambos en el futuro. No más secretos, no más miedos. Creo que hemos demostrado ya todo, ¿no?-.

-Por nosotros- dije mientras ambos nos entregábamos completamente al otro sin reservas, demostrando que éramos solo uno.