Capitulo 20

-Seriedad por favor. Tenemos que entregarlo mañana y todavía no tenemos claras las cosas- dije quitándome una palomita del pelo mientras Jacob estaba tumbado en el suelo del salón riéndose a carcajadas.

-Vamos Bella, esta mejor que perfecto. Llevamos todo el curso con el mismo maldito trabajo. No te vendría mal relajarte-.

Me tumbe en el sofá y cerré los ojos pensando y dándome cuenta en la razón que llevaba Jacob. Estábamos a finales de mayo, a las puertas de los exámenes finales de junio. Parecía mentira lo rápido que pasaba el tiempo cuando se disfrutaba cada momento. Me encontraba en casa de Jacob, al final la confianza entre nosotros aumento y accedí ha hacer el trabajo en su piso porque siendo sincera era el mejor sitio, o por lo menos mas tranquilo. Sus cosas con Edward iban mejor, o por lo menos no iban mal. Se ignoraban, cosa que aunque parezca extraña, yo agradecía infinitamente. Lo mío con Edward era tema aparte, con nuestra relación las cosas iban mejor que bien. Llevábamos algo mas de un año compartiendo nuestras vidas, y podía decir convencida que habían sido los mejores meses de mi existencia. Nunca había experimentado aquellas sensaciones, y hacerlo por primera vez a su lado era simplemente algo increíble. Que alguien te haga sentir diariamente que eres lo mas especial del mundo te deja soñando diariamente. Como toda pareja las discusiones existían, y aunque la mayoría de ellas venían condicionadas por algo relacionado con Jacob, al final todo terminaba solucionándose, la mayor parte de las veces ayudados por nuestros amigos, que se habían convertido en algo sumamente esencial en mi vida. Continuaba extrañando a mi familia. Hacia casi dos años que no les veía, y por lo menos hasta dentro de otro las posibilidades volvían a reducirse. Habíamos decidido entre todos, coincidiendo con la mas que posible graduación con honores de Emmet irnos de vacaciones todos juntos, por lo menos un mes. Los billetes a Punta Cana ya estaban sacados, junto con el hotel y las actividades. Mi vida empezaba a ser casi perfecta.

-Ey- dijo una voz mientras chascaba los dedos delante de mi cara. Me incorpore viendo que me había quedado embobada de nuevo.

-Perdón Jake, me quede en mi mundo-.

-Ya veo- dijo riéndose. –Ahora vuelvo- dijo perdiéndose por el pasillo de su casa. Comencé a recoger los apuntes y comprobando que el trabajo estaba correctamente tanto en papel como en el ordenador guarde todo. Edward debería de estar al llegar.

-Jake- dije cuando le vi aparecer por el salón. -¿Tienes claro el trabajo verdad?- pregunte cuando sonó el timbre de su casa.

-Si Bella, si- me dijo en un tono cansado mientras se dirigía a abrir la puerta. Era lógico su cansancio, hasta yo estaría aburrida de todas las veces que era capaz de repetir la misma frase. Abrió la puerta dejando ver a un Edward que sabía perfectamente a donde tenia que dirigir la mirada para verme. La sonrisa en nuestras caras fue automática.

-Hola Jacob- se limito a saludar.

-Hola- dijo este simplemente. Tenías un trato cordial, aunque la tensión se mordía tocar entre los dos. Yo agradecía aquella actitud porque sabía que era por mi. Mi duda era si al día siguiente, cuando el trabajo estuviese finalizado, aquella promesa se rompería o continuaría. Era también habitual que Jacob le dejase en el puerta sin una invitación para pasar. Todos terminamos acostumbrándonos a esa situación.

-¿Estas lista?- me pregunto desde la puerta recuperando su sonrisa.

-Un segundo y voy- dije levantándome del sofá y cerrando la mochila. Me dirigí hasta la puerta y me pare al lado de Jacob que no dejaba de mirar el suelo, su gesto habitual ante esta situación. –Nos vemos mañana compañero- le dije apretándole el brazo mientras el levantaba su cabeza y me sonreía. –Oh dios Jake, te sangra la nariz- dije alarmada por la cantidad de sangre que empezaba a brotar de la nariz. Este se llevo las manos para comprobar mirando alarmado sus dedos manchados.

-Deja que te ayudemos- intervino Edward dando un paso al frente.

-Deja, ya puedo solo. Gracias Bella. Hasta mañana- dijo inclinando hacia atrás su cabeza mientras con un brazo me empujaba levemente fuera de la casa y cerraba de un portazo dejándonos a ambos totalmente descolocados.

-¿Qué le pasa hoy a este?- pregunto Edward mientras me daba un pequeño beso en modo de saludo en los labios.

-No se, pero lleva varios días así-.

-¿No es la primera vez que te trata así?-.

-No, no es la primera vez que le sangra la nariz. Lleva así como unas 3 semanas-.

-Extraño- se limito a decir mientras bajamos las escaleras saliendo a las calles de un soleado Nueva York. –Y bien, ¿Qué quiere hacer mi vida hoy?- me dijo besándome la mejilla mientras me acercaba a el con un brazo alrededor de mis hombros.

-Lo primero dejar esto en casa- dije señalando la enorme mochila que llevaba a cuestas, -y segundo… un domingo soleado en Nueva York… tiene que haber posibilidades… di tu una-.

-Vamos, te estoy dejando escoger a ti-.

-Pero no se me ocurre ninguna. Quiero que elijas tu-.

-Eso es chantaje-.

-Llámalo como quieras-.

-Tu lo has querido- dijo sonriendo de medio lado. En ese momento supe que me debería haber callado mucho antes si no quería ciertas consecuencias.

-No, no Edward no. Yo pienso, yo lo pienso…-empecé a suplicarle cruzando mis manos, pero no había forma de que borrase su sonrisa de la cara y continuásemos caminando. 15 minutos después, considere que ya era suficiente, y me resigne a lo que me tocaba. Deje las cosas en casa y salí de nuevo rumbo a algún lugar, que probablemente me encantaría después de 3 horas de suplicas por su parte.

-Te ha encantado- me dijo besando el hueco entre mi cuello y mi hombro provocando una seri de cosquilleos que dejaban en mi cuerpo una sensación tremendamente placentera. –Reconócelo-.

-Será la primera vez que lo reconozca a la primera- acepte.

-Llevar más de un año contigo me hace decaer en lo de las citas. Comida del McDonals- dijo levantando la bolsa como si dentro hubiese algún tipo de producto nuclear mientras yo me reía recargada en su pecho mientras sus manos hacían dibujos y cosquillas en la parte de mi tripa descubierta por la camiseta. –No se puede caer mas bajo, no-.

-Espero que te consuele saber que a mi esto me gusta. De todas foras lo de remar lo vas a tener que hacer tu- dije intentando mover uno de los remos de la barca con el resultado de quedarnos en el sitio. Nos encontrábamos en algún lago de Nueva York, en medio de este observando la orilla más lejana. Poco antes habíamos pedido nuestros menús y ese había sido nuestro plan. Sencillo y romántico. No pedía mucho más.

-Es un consuelo, si-.

-Me encanta-.

-Me encantas- me dijo al oído mientras giraba mi cabeza y uníamos nuestras bocas como si fuésemos uno solo. Gire mi cuerpo lentamente sin despejar nuestras bocas quedándome a horcajadas sobre el mientras mis manos iban a su pelo y las suyas volaban literalmente a mis caderas. Sus labios fueron poco a poco a mi cuello, lo que me permitió ver que no había ninguna barca a la zona donde alcanzaba mi vista, algo que me dio una idea que en otra ocasión jamás hubiese pasado por mi cabeza. Moví ligeramente mis caderas creando una ligera fricción entre nuestros sexos que pronto hizo notar nuestra hesitación. El vestido que lleva aquella tarde, desde luego, facilitaba las cosas.

-Bella, Bella- dijo entre dientes cuando me dispuse a atacar su cuello dándole pequeños mordiscos, cuya cierta parte del cuerpo me indicaba que l gustaba mas de lo recomendable. Las manos que antes aferraban mis caderas con fuerza, ahora la utilizaban para intentar apartarme de el, sin ningún tipo de éxito.

-¿Mmmm?- fui capaz de decir intercalando ahora su cuello y sus labios.

-Me vas a matar… Aquí no… ¡Ah!- soltó cuando mi mano empezó a colarse por su pantalón. –Nos pueden ver- dijo inclinando su cabeza para atrás disfrutando del momento en contra de lo que indicaba su cabeza.

-Mira alrededor- le susurre al oído mientras mi mano seguía bajando encontrándose con el elástico de sus pantalones. Con la poca fuerza de voluntad que le quedaba dio con su cabeza en ambos lados una vuelta de 360 grados, comprobando que no había ningún ser humano en una radio de… de lo que ocupase el lago.

-¿Estas segura?- pregunto mientras yo notaba que empezaba a dejarse llevar por el momento-

-¿Tu que crees?- pregunte mientras mi mano entraba en sus ropa interior y mi mano cogia su miembro empezando a masajearlo lentamente.

-Si seguimos así no voy a durar mucho mas, y tengo reservadas para ti mejores cosas- dijo mientras mi mano continuaba con su trabajo y el se desabrochaba su cinturón dejando su miembro libre. Segundos más tarde mi ropa interior se encontraba en mis pies y su punta en mi entrada. Me deje caer y me embistió de una sola vez mientras nuestros gemidos inundaban el silencio del lago. Sus manos recorrían el largo de mi espalda parándose en mi trasero y dándole apretones mientras me ayudaba a impulsarme hacer aquello más placentero.

-Solo un poco… un poco mas pequeña- me decía al oído mordiéndome el lóbulo de la oreja y haciendo que su aliento me excitase muchísimo mas.

-Ed… Edwa… -el intento de decir su nombre era lo único coherente y medio entendible que salía de mi boca junto a mis gemidos. Poco mas tarde note como el se venia dentro de mi y yo hacia lo mismo ahogando mi grito mordiendo su hombro.

-Dios- dijo volviendo a acariciarme la espalda suavemente mientras nuestras cabezas quedaban recargadas en los hombros del otro, aun sin salir de mí.

-Con esto ya has quemado toda la comida del McDonals- dije mientras notaba como el se agitaba y yo pasaba mis brazos por su cuello abrazándole mientras el me ayudaba a salir del el pero sin perder la postura.

-Eres increíble- me dijo susurrándomelo mientras me besaba en la sien.

-Tú me haces ser increíble. Te quiero-.

-Y yo te quiero a ti princesa- dijo cogiendome la cara con sus manos y besándome dulcemente volviéndome a demostrar todo con un beso. –Por cierto, puedes sorprenderme todas las veces que quieras de estar manera- dijo riéndome mientras yo empezaba a ponerme colorada. –No me lo puedo creer, ahora te da vergüenza, ¿en serio Bella?- me decía intentando alejar mi cara para verme mejor mientras yo intentaba acercarla a su cuello para esconderla. Finalmente gane yo sin hacer ningún tipo de comentario. –Pues que sepas que eres espectacular-.

-Edward…-.

-¿Qué? ¿Ahora un novia no puede decirle a su chica lo que le parece?-.

-Para ya- dije riéndome por pura vergüenza. Aunque esa etapa ya la habíamos superado hace tiempo, a veces mi vergüenza llegaba a límites insospechados, una vez echas las cosas, justo como estaba pasando en aquel momento. –Quiero disfrutar este momento más que nunca –dije después de unos minutos largos de silencio.

-¿Por qué?-.

-Hasta después de los exámenes dudo que tengamos mas momentos como este. Es especial para mí-.

-Los exámenes…-.

-Solo hay una cosa que puede hacer que desvíe mi atención de los exámenes-.

-¿En serio? Eso tengo que verlo. ¿Qué?-.

-Tu- dije riéndome. –Y justo por eso debería evitarte de aquí hasta que terminemos-.

-Ni hablar- dijo haciéndome cosquillas en mi tripa mientras yo me removía entre carcajadas que provocaban las de el. El algún momento termine tumbada en el suelo de la barco con el encima mía y dándome caricias con sus dedos en la cara. –Pienso pegarme a ti lo que me queda de vida Bella. Incluso en tiempo de exámenes- dijo terminando con un beso.

-No pienso quejarme por eso-.

-Me alegra oírlo. Deberíamos volver. Anochece y no hace tiempo para andar así- dijo cogiendo los remos y paleando para volver al lugar de origen.

-¿Dónde has estado todo el día?- me pregunto Ángela cuando entre por la puerta de casa. –Vale, no se el donde pero se con quien- me dijo señalándome.

-¿Tengo esa sonrisa verdad?- dije dándome cuenta pero sin ninguna gana de quitarla.

-Se ve a kilómetros, es radiante-.

-He estado con Edward. Me ha llevado a un lago a montar en barca. Aquello era precioso Ángela, tienes que ir con Ben-.

-El es mas de citas de andar por la calle, pero le hare llegar la sugerencia- dijo riendo mientras me sentaba en el sofá.

-Agradecería de vez en cuando una de esas con Edward-.

-¿Estáis mejor que nunca verdad?- me pregunto sentándose a mi lado.

-Si yo creo que si. Me da miedo-.

-Es lógico-.

-Pienso que esto solo puede ir a peor. Estamos tan bien juntos, siento tantas cosas cuando estoy con el… que parece que es insuperable-.

-Viviréis millones de momentos juntos Bella, de todos los colores y de todos los tipos, pero eso solo hará que os conozcáis mejor, y el computo de todo será en base a lo que tu decidas. ¿Crees que con Ben siempre fue bien? No Bella, al principio fue una completa locura, empezamos, lo dejamos, volvemos, nos separamos… Pero terminamos entendiendo ciertas cosas que solo podrás ver con el tiempo. No te preocupes, soy de las que piensan que el amor lo puede todo, y entre vosotros otra cosa no, pero amor, dais envidia con solo veros chica-.

-Gracias Ángela- le dije inclinándome para darla un abrazo.

-De nada amiga-.

Sentí la imperiosa necesidad de decirle a Edward que le quería. Después de escuchar a Ángela algo se despertó en mí y supe que era el momento.

"Gracias por el día de hoy. Se que viviremos un millón de momentos como este mas, y juntos. Te quiero y quiero que estés siempre a mi lado. Te amo. Bella"

No tardo mucho en llegarme la contestaron que hizo que la sonrisa de pura felicidad volviese a mi cara, felicidad y risa.

"Sabes que te debo mi vida preciosa. Por muchas más comidas del McDonals quemadas. Te amo mi vida"

Fue realmente fácil acostarme y dormirme pensando que mi futuro pintaba de la mejor manera y con el mejor acompañante de todos.

-Me voy a desmayar- dije repasando por enésima vez mis apuntes para la exposición esperando que llegase mi acompañante. Quedaban 5 minutos para la nuestra y Jacob no daba señales de vida, además de que tenía el móvil apagado.

-Bella, estas temblando- me dijo Edward frotando sus manos por mis brazos en un intento nulo de tranquilizarme.

-¿Pero donde esta? ¿Y si le ha pasado algo grave?- dije preocupada. El trabajo era importante, pero la salud de una persona sobrepasaba cualquier otro hecho.

-No le ha pasado nada, estoy segura. Ya te dijimos que no te fiaras de el- me dijo Alice sin inmutarse de mi preocupación. La mirada reprobatoria de Edward supero a la mía incluso, sorprendiéndome.

-Alice no es el mejor momento para según que cosas. Aparecerá, todavía hay tiempo- dijo besando mi mejilla y cogiendo su móvil para marcar el numero de nuevo.

-Espero no tener que darte la razón Alice- dije aun mas bajito empezando a leerme su parte por si acaso. Es curiosos como puedes sentir que pasan 5 minutos, como si un mundo separase aquellos dos números, o como si repente esos números estuviesen tan cerca que no los separa ni el grosor de un alfiler. Pues bien, a mi me había tocado pasar por la parte en el que el tiempo, nunca mejor dicho, vuela.

-Señorita Swan, señor Black, es su turno- se escucho la voz de la profesora en toda la sala. Todas las miradas quedaron centradas en mí mientras el color de mi cara desaparecía esperando un milagro de ultima hora. Me levante lentamente mientras Edward apretaba mi mano dándome ánimos que en aquellos momentos escaseaban en mi. Me acerque a su mesa explicarle la situación, ya que en teoría si uno faltaba, la exposición se anulaba.

-Profesora-.

-Señorita Swan, ¿tiene algún problema?-.

-Si, mi compañero, Jacob Black, no aparece y no coge el móvil y…-.

-Cierto, el señor Black no vendrá hoy, se me había olvidado. Pensé que usted lo sabría- la sangre me empezó a hervir poniéndome en la peor situación, que esto estuviese ya pensado para dejarme a mi con el peor cuerpo posible antes de tal acontecimiento.

-Pues no lo sabia-.

-Bueno, tendrá que solventar la situación de la mejor manera. Si no se cree capaz, puede sentarse, pero ya sabe su nota-.

-Hare lo que pueda- dije girándome y poniéndome en cara a todos mis compañeros para comenzar. Antes de empezar Edward y Alice me hicieron sendos gestos de apoyo que solo hicieron ponerme mas nerviosa, aunque intente engañarlos con una sonrisa.

En los 45 minutos que duro la ponencia, los nervios no abandonaron mi cuerpo, ni tampoco la esperanza de que Jacob cruzase esa puerta con alguna excusa barata, la cual, por muy mala que fuese, le hubiese valido mi perdón inmediato ante tal compromiso. Pero no paso. Estuve todo lo bien que pude estar con la ansiedad que me generaba todo aquello, pero sabia que por lo menos el aprobado alto estaba asegurado.

-Has estado genial Bella- me dijo Alice cuando me acerque a la mesa mientras todos salian de la clase y yo me daba prisa.

-Gracias Alice. Un segundo, tengo que hablar con la profesora- dije mirando a los dos hermanos. –Profesora-.

-Dime Swan-.

-No se si podrá, pero si puede le agradecería que me dijera porque usted si sabia que Black iba a faltar y yo no. Podrían haberme avisado, la exposición…-.

-La exposición a sido excelente señorita Swan, y la nota será merito suyo y solo de usted. El señor Black no recibirá ni una décima. Y al porque no volverá no le puedo decir nada, solo se que a partir de ahora hasta el curso que viene, probablemente se saque el curso a distancia, no vendrá mas a clases. Hasta luego- dijo marchándose por la puerta y dejándome aun mas preocupada.

-¿Cómo que Black no vendrá más?- preguntó Edward. –El campeonato ya termino, pero supongo que seguirá con los entrenamientos, vamos digo yo-.

-A mi me da igual. Me voy a su casa a pedir explicaciones- dije empezando a acelerar el paso.

-Bella, no- dijo Alice agarrandome del brazo antes de que Edward lo hiciese por el otro.

-Bella si, Alice. Puede ser por puro cuento, porque me a querido engañar, o porque esta enfermo. Acuérdate del otro día Edward- dije buscando en su mirada su consentimiento. –Necesito saber-.

-Llámale- dijo Alice.

-¿Y que llevo haciendo durante una hora?-.

-Iras, pero yo voy contigo- dijo Edward.

-Vale, pero te quedas donde siempre. No quiero más problemas. Nos vemos luego Alice- dije besándole la mejilla y partiendo junto a Edward de nuevo camino a casa de Jacob. Los nervios aun seguían dentro de mí, ya que aquella incertidumbre todavía no había finalizado. El camino hasta su casa estuvo cargando de tensión, ni una sola palabra ni ruido procedían en aquel momento. Mi mente maquinaba mil situación diferentes que podía encontrarme al llegar allí, y prácticamente ningún tenían un final bueno. Suponía que la suya estaba pensando lo mismo, pero su final seria con su puño en la cara, algo que si era posible, pretendía evitar. Tuvimos suerte y el portal estaba abierto, asíque solo tuvimos que marcar el ascensor hasta su puerta y llamar.

-Quédate aquí por favor- dije antes de llamar al timbre mientras el solo asentía con la cabeza pero con un gesto de preocupación evidente en su cara. Llame al timbre y paso un minuto largo hasta que la puerta se abrió, pero aquella persona no era a la que yo esperaba.

-¿Qué desea?- me pregunto aquel señor con voz ruda e intimidante.

-Disculpe, buscaba a Jacob Black, vive aquí-.

-Lose, ahora no puede atenderle- dijo mientras cerraba la puerta hasta que la de Edward le detuvo mientras yo agradecía internamente sus reflejos y su fuerza.

-¿Y cuando puede atender a la señorita?- le pregunto con el mismo tono que el hombre había utilizado.

-Cuando el quiera-.

-Mire señor- dije perdiendo por momentos la paciencia, -Jacob me ha dejado tirada hoy en el momento mas importante del curso. Además el otro día tuvo cambios de humor repentinos y sangrados abundantes por la nariz. Estoy preocupada y necesito explicaciones. O me las da el por las buenas o por las malas-.

-¿Y que piensas hacer tu ricura?- dijo el señor riéndose descaradamente en mi cara.

-No se atreva a reírse de ella, porque entonces las explicaciones de porque su cara no volverá a ser la misma las tendré que dar yo- dijo Edward entre dientes mientras yo le sujetaba la mano.

-¿Me estas…?- empezó a decir el hombre.

-¡Jacob!- chille en el portal dejando a los dos chicos con caras impresionadas mirándome. -¡Jacob, sal ahora mismo o te juro que entro por la fuerza!- seguí chillando.

-Deja de chillar niña- dijo el hombre señalándome con un dedo amenazándome.

-¿Y que piensa hacerme…? ¡Jacob!- dije mirando dentro de la casa y encontrándome a Jacob que se dirigía a la puerta con gesto serio. Me fije en que llevaba un pantalón ancho pero totalmente relleno y que cojeaba, además de dos moratones mal maquillados en la cara, uno a la altura de un ojo y otro en la nariz. –Madre mía, ¿Qué te ha pasado?- dije intentando entrar siendo frenada por una mirada poco amable de su parte.

-Nada grave. Ahora vete de aquí. Siento lo de hoy- dijo dándose la vuelta.

-¿Qué? ¿Esa es toda la explicación que me piensas dar después de lo que me has hecho hoy? ¿Qué después de lo que según tu no es nada grave, me dejas tirada cuando mas te necesito? ¿Estas riéndote de mi?-.

-Mira Bella- dije volviéndose hacia mi y cogiendome la mano, -es todo lo que tienes que saber. Hasta pronto- dijo mientras retiraba su mano de la mía. Note como la deslizaba dejando dentro de la mía algo que parecía ser un cacho de papel. Metí la mano en mi bolsillo disimuladamente, si había echo eso era porque alguien no debía de saberlo.

-Vamonos Bella- dijo Edward mandando miradas de odio a los dos chicos que dejábamos atrás mientras yo miraba a Jacob preocupada. –Ha sido raro- dijo una vez en la calle.

-Me preocupa esto- le comente mientras continuábamos andando.

-Si, es preocupante, pero me parece altamente peligroso. Sabía que no era de fiar…-.

-Si le dices a Alice que no diga ciertas cosas, abstente de decirlas tu también por favor- le dije con toda la rabia guardada en las ultimas horas.

-Disculpa- dijo dándome un beso en la mejilla.

-Hoy empiezan mis vacaciones en la cafetería. Me gustaría dormir toda la tarde. ¿Te importa no quedar? Necesito… necesito asimilar todo esto. Perdón por contestarte así-.

-Es perfectamente comprensible. Con lo que necesites me llamas preciosa- dijo abrazándome mientras yo se lo devolvía con todas mis fuerzas. –Prométeme que olvidaras esto-.

-Lo intentare. Te quiero- dije besándole.

-Y yo- dijo devolviéndolo mientras cada uno se iba a su piso. Llegue a mi casa agradeciendo que no estuviese Ángela y tener que contarle todo el número de la mañana. Me agotaba solo de pensarlo. Recordé de repente el papel que me había pasado Jake e inmediatamente lo saque desdoblándolo y leyéndolo mientras el mundo me empezaba a dar vueltas.

"Ven a las 9. No habrá nadie y por favor, no se lo digas a Edward. Te espero. J"

Dude seriamente sobre el mensaje. ¿Qué no se lo dijese a Edward? ¿Por qué? ¿Y por que me decía que no estaría nadie? ¿Seria bueno decírselo a alguien para que supiese donde estaba en caso de que algo pasase? Algo malo estaba comenzando y yo no sabia si era lo mejor para mi.

-Ángela- la llame 15 minutos antes de la hora en la que iría.

-Dime Bella-.

-Voy a salir a… voy a casa de Jake. Si preguntan por mi solo di que estoy dando una vuelta-.

-Bella, no hagas ninguna tontería por favor. Acuérdate de lo que hablamos…-.

-Tranquila Ángela que no van por ahí las cosas. Solo es que no quiero que piense mal o se preocupe. Ya te conté lo de esta mañana y las cosas pueden ponerse tensas, y no quiero-.

-Te acompaño- dijo quitándose el delantal.

-¡No! Te juro que cuando llegue que doy una perdida y cuando salga otra. No te preocupes- dije besándole la mejilla.

-Ten cuidado-.

-Siempre- dije saliendo de mi casa. Camine lentamente meditando muy bien las posibles consecuencias de hacer aquello, y el motivo que me llevaba a hacerlo sabiendo que no podía traer algo excesivamente positivo. Pero mi conclusión era que estaba realmente preocupada por alguien que empezaba a considerar como un buen amigo a pesar de todo y de todos, y sentía la necesidad de saber ciertas cosas. Toque al timbre con mano temblorosa antes de pensarme dos veces si en realidad debía de hacerlo o no. Al abrir la puerta y verle supe que si.

-Has venido- dijo intentando sonreír aun viendo en su mirada y el en la mía que aquel no era el momento de sonrisas.

-Tienes 5 minutos para explicarme lo que esta pasando-.

-Bella…-.

-5 minutos o me voy ya y no te doy ni la oportunidad-.

-Pasa- dijo echándose a un lado mientras yo entraba y mirada hacia todos los lados intentando averiguar algo de todo aquello. Fui directa al sofá para sentarme y abrir mi mente y aumentar mi paciencia para soportar todo aquello.

-Tu dirás- me limite a decir una vez el también estuvo acomodado a mi lado.

-Bella yo… no te puedo decir que esta pasando, o que me lleva pasando un tiempo…-.

-¿De que hablas? ¿Para que me has hecho venir aquí?- dije gritando empezando a perder la poca paciencia que había acumulado.

-Es por tu bien- dijo a modo desesperado. –No te beneficiaria nada saber nada de esto-.

-Quiero explicaciones a lo de hoy Jake. Y explicaciones a porque no vas a volver a clase. Y quiero ayudarte sobre todo, pero necesito…-.

-Necesitas saber que el no decirte nada es por tu bien-.

-¿Para que me has hecho venir entonces? ¿Sabes lo que me juego estando aquí ahora mismo? No, no tienes ni idea-.

-Necesitaba a mi amiga, solo eso- dijo acariciándome la mejilla. ¿Qué estaba haciendo? Aparte mi cara de su mano mirándole con mil preguntas en mi mirada.

-No eres mi amigo, eres un buen compañero Jake, ya habíamos aclarado eso antes- le dije aunque sentía que me estaba mintiendo a mi misma.

-¿Por qué estas aquí entonces?- me dijo medio riéndose.

-Porque me lo has pedido Jake. Ahora no tengo ni la menor idea- dije levantándome para irme de allí cuanto antes.

-No, espera- dijo cogiendome del brazo. –Quiero… necesito que sepas algo-.

-¿Ahora necesito saber algo?-.

-Deberías de saberlo, para saber que tienes más opciones-.

-¿Más opciones respecto a que?-.

-Yo no te convengo mucho, pero en el corazón no se manda, y tú has entrado en el mío…-.

-Jacob habla claro- dije asustadísima del tono que estaba cogiendo aquello. Se levanto no sin cierta dificultad y copio mis manos mirándome antes de hablar.

-Estoy… creo que estoy enamorado de ti Bella. No lo se con seguridad, porque nunca antes lo he estado, pero lo que siento se parece mucho a lo que dicen que se siente. Te lo digo sin mas intención de que lo sepas, ya te he dicho que estar cerca de mi no es lo mejor para ninguno de los dos-.

-Me tengo que ir. Adiós Jacob. Mejórate pronto- dije sin saber muy bien como continuar con ello y dejando el piso sin mayor despedida de lo que salio de mi boca. Mis sensaciones antes de la visita se equivocaron, no debí haber ido allí, y menos escucharle, o ni siquiera pedir explicaciones habiendo escuchado mil veces que no debía. Tendría que haber echo caso a todas las advertencias de que aquello no terminaría bien. La peor parte me llevaba siempre a las misma persona, Edward. ¿Cómo se tomaría aquello? ¿Debería decírselo a el? ¿Se lo debería decir a alguien? ¿Jacob abriría la boca? Continúa caminando con las palabras de Jake resonando en mi cabeza sin parar. Cuando fui consciente me asombre del lugar donde estaba pero no me sorprendí, necesitaba de aquella persona como el respirar hora mismo. Ordenar mis ideas a su lado aunque no supiese de qué iba el tema. Sus besos y sus caricias, o su simple presencia era todo lo que quería ahora. Toque el timbre sabiendo que en breves seria el quien me protegería y no yo a mi misma. Al abrir la puerta la sonrisa en mi cara no pudo ser más grande, y su cara era pura sorpresa.

-¿Bella? ¿Qué haces aquí amor?- dijo sin ni siquiera invitarme a pasar dentro todavía con el Boli detrás de la oreja. Debía de estar estudiando.

-Necesito estar a tu lado ahora mismo- dijo casi en un susurro. Sabía que si hablaba un poco más alto mi voz se rompería y se preocuparía de verdad.

-¿Pero… pero que te ha pasado?- dijo cogiendome de los hombros y haciendo entrar dentro de la casa.

-Solo… solo necesito un abrazo ya esta- dije, y antes de terminar la frase ya tenía sus brazos a mí alrededor apretando tan fuerte que sabia que entre ellos nada malo podía pasarme. -¿Puedo quedarme aquí por favor?-.

-Sabes que no necesitas pedir permiso. Vete subiendo a la habitación, yo recojo todo esto y subo ago de cena, ¿vale?- dijo cogiendome la cara y besándome en los labios lentamente haciéndome saber que estaba conmigo.

-Gracias- arrastrando mis pies subí las escaleras y entre a su habitación sentándome de golpe en su cama. Mire alrededor viéndola aunque ya la conocía mejor que la palma de mi mano. Pero había un detalle que siempre me llamaba la atención y me hacia sonreír, y ni siquiera ese momento era la excepción. Un marco de fotos puesto en su mesa de estudio. En la foto de podía observar una pareja mirando hacia algún lado y riéndose mientras el chico pasaba su brazo por los hombros. En sus miradas y sonrisas se podía adivinar que eran totalmente felices. Éramos nosotros en algún día en algún lugar fotografiados in fraganti por Alice. Ver esa imagen me hacia recordar todos los buenos momentos, y me preguntaba el porque de aquel estado anímico ahora. La respuesta era sencilla, Jacob había echo lo que todos habían previsto, torcer mis planes y fastidiar mi vida. Pero desde luego, si estaba en mi mano, no lo permitiría.

-Es una de mis fotos favoritas. Sales preciosa-dijo Edward sentándose a mi lado mientras dejaba la bandeja en la mesa y besándome la cabeza.

-Mía también-.

-¿Me vas a contar que te tienes así?-.

-Prefiero no hablar ahora- le dije dejando la foto en e lugar donde estaba.

-Algún día vas a reventar de guardarte tanto dentro-.

-Es lo de Jacob. He ido a verle-.

-¿Qué has hecho que? Bella mírame- me dijo girándome por los hombros. -¿Cuándo? ¿Por qué? ¿Por qué no me avisaste?-.

-Me dijo que lo hiciera sola. Y no se. Necesitaba explicaciones. ¡Joder Edward, te he dicho que no quería hablar ahora!-.

-¿Qué te ha hecho que te tiene así?-.

-Dice que no me puede decir nada por mi bien. Ya esta. Que quería hablar con una amiga y yo le he dicho que no somos amigos, solo buenos compañeros pero que a partir de lo de hoy ni eso. Pero… pero no se, yo si siento que es algo mas que un compañero, y quiero ayudarle y…-.

-Bella, amor, tu no puedes hacer mas si el no te deja, y no puedes estar mal por algo que no es tu culpa. Eres buena, pero no haces milagros- me dijo cogiendome de la cara y juntando nuestras frentes.

-Lo se, pero es complicado- dije eso con un claro doble sentido, decirle en ese momento la confesión de Jacob no era lomas recomendable ni para su estado anímico ni para mi salud mental.

-Júrame que no vas a volver a hacer nada de eso, por favor. Si te llega a pasar algo yo me muero Bella. Ya sufrí una vez y no quiero volver a aquello. Entiéndeme por favor-.

-Lo siento, de veras Edward, lo siento- dije dándole un corto beso en los labios. -¿Continua el ofrecimiento a dormir aquí?-.

-Siempre. Dormir contigo es lo que más quiero-.

-Te quiero. Debo demandar un mensaje a Ángela para que no se preocupe-.

-Te traigo un pijama…-.

-Con una de tus camisetas me basta- dije cogiendole juguetonamente de la camisa mientras los dos soltábamos pequeñas risas.

-Eso esta hecho- dijo besándome en la nariz y levantándose. Solo tardo lo que yo tarde en mandarle el texto a Ángela para tranquilizarla hasta mañana. Me cambie y me tumbe en la cama. –Tienes que estar rota de sueño. Descansa princesa- dijo besándome el hueco del cuello mientras desde mi espalda pasaba su brazo para coger mi mano.

-Edward-.

-Dime-.

-Gracias por estar siempre-.

-Es un placer vida. Te quiero-.

-Yo también te quiero-. Y con ese verdad en mi, las palabras de Jacob pasaron a un segundo plano en mi cabeza para que el resto la ocupase la mayor realidad de este mundo, Edward estaba a mi lado, era el quien me quería mas que a nada en este mundo y era yo quien le correspondía de la misma manera. Era Edward quien compartía conmigo los días buenos, los perfectos y los peores, con el que discutía y me dolía tanto que hasta me dolía el ultimo peo de la cabeza hasta que arreglábamos todo de nuevo. El resto, poco importaba en la vida. Todo tenía solución, o por lo menos, necesitaba estar convencida de ello.