Capitulo 21
-¿Billetes?- pregunte.
-Un dos, tres… ocho, si todos- contesto la voz de Edward.
-¿Pasaportes?-.
-Todos junto a los billetes-.
-¿Maletas?-.
-¿Te parece que faltan maletas cariño?- dijo en tono irónico mostrando con sus manos la cantidad de maletas que había ante nosotros mientras el resto estaba sentado en el sofá esperando al fin del recuento.
-Es serio Alice, llevas 3 maletas, vas a tener que pagar por una maleta más y reapuesto que cada una supera el peso. Vamos un mes a un lugar donde la ropa de tela que mas tela tiene es un pantalón corto. ¿Qué llevas ahí dentro?-.
-No tenéis ni idea ninguno- se limito a decir.
-Del lo demás que se cupe cada uno. Podemos salir- dije dando saltando al cuello de Edward mientras el me daba vueltas en el aire. -¡Nos vamos!- grite sin poder ocultar lo emocionada que estaba.
-Sol, playa, un mes solos… si me suena bien- me dijo bajito mordiéndome el lóbulo de la oreja.
-Nada mal la verdad- le conteste besándole el cuello.
-¿Podéis dejar esas cosas para el hotel? Nada mas llegar pienso invitaros a lo que sea. ¡Que estoy graduado señores!- dijo alzando los brazos y haciendo que todo el edificio fuese consciente de la noticia. Hacia una semana que habían terminado las clases, y todos habíamos pasado el segundo curso limpios, una noticia inmejorable. Emmet se había graduado con honores en la universidad, nada mas empezar el siguiente curso académico, tenia practicas para conseguir un buen trabajo. Los mejores empezaban a rifárselo, y terminaría mejor que bien situado. La emoción estaba más que justificada.
-Dino algo que no sepamos ya- comento Ben.
-Cállate, ya te veré a ti dentro de dos años cuando estemos en su situación- le reprendió Ángela.
-Si llegamos- termino Jasper.
-Claro que si que llegaremos. No me deprimas Jasper- dije sin querer siquiera imaginarme que por algún casual alguno no llegásemos.
-Un favor. Vacaciones, sol, playa, cero estudios hasta dentro de 2 meses- dijo Rosalie juntando sus manos. Un montón de sonrisas correspondieron a sus peticiones.
-¡Vámonos!- grito Alice mientras todos entre risas y conversaciones distendidas cogiamos nuestras maletas y bajábamos a la puerta esperando a los taxis que habíamos llamados para que nos acercasen al aeropuerto ya que llevar el coche seria absurdo, sobre todo por la cantidad de dinero que tendríamos que dejarnos en el parking.
-Nosotros vamos en el siguiente- dije mientras Rose, Emmet, Alice y Jasper se subían, no sin cierta dificultad por el excesivo equipaje de Alice en el taxi, mientras Ángela, Ben, Edward y yo nos teníamos que quedar en esperando al siguiente. Daba gracias de que hubiésemos salido con tiempo de sobra.
-Chicos, ¿os importaría ir a comprarnos unos refrescos? Estamos muertas de calor
dijo Ángela cogiendome de repente de la mano y abanicándose con ella.
-¿Si?- dije yo sin entender nada.
-Sois unas vagas- dijo Edward dándome en la pierna mientras se dirigía con Ben a la cafetería.
-Ángela, ¿de que va esto?-.
-Tienes 5 minutos-.
-¿Qué…?-.
-Hola Bella- me gire de golpe al reconocer la procedencia de esa voz. Hacia poco más de un mes que la había visto por última vez y no tenia intención de volver a verle, pero el destino, y que vivíamos a poco más de 100 metros dificultaban mis intenciones. Apenas recordaba ya la conversación, solo me venia a la mente cuando alguien le recordaba por algún motivo, y eso bastaba para amargarme el día. –No tardare más de 5 minutos Ángela-.
-¿Qué quieres?- pregunte sin andarme por las ramas. Ni quería ni podía.
-¿Esa es tu forma de saludar a un viejo compañero después de no verle en más de un mes?-.
-Esta es mi forma de saludarte a ti-.
-Vamos, las cosas no fueron bien la ultima vez pero estoy intentando cambiar las cosas-.
-¿Eso es bueno que lo sepa o tiene algo de peligroso?-.
-Bella, eres excesivamente rencorosa-.
-No Jacob, soy excesivamente idiota cuando se trata de ti. Me preocupe por ti y me lo pagaste de la peor manera posible. Hazme el favor de olvidarme-.
-Llevo intentándolo desde hace tiempo, pero mírame, es lo único que no puedo cambiar-.
-Jacob por favor-.
-Tu querías saber todo…-.
-Exacto, todo. Pero tu solo sueltas prenda de lo que te interesa, y a saber con que fin. Felices vacaciones Jacob- dije dándole la espalda y cogiendo las maletas mientras el taxi aparcaba delante de nosotros.
-Disfrútalas Bella, porque no pienso dejar las cosas así. Adiós- dijo mientras yo estaba de espaldas. Al girarme para contestarle había desaparecido y por más que buscaba con la mirada, al igual que Ángela no había rastro de que nadie hubiese estado en aquel lugar antes.
-¿Que buscáis?- preguntaron Edward y Ben asustándonos a las dos. –El calor os tiene mal- dijo Ben dándonos nuestros refrescos.
-¿Estas bien?- pregunto mas discreto Edward tocándome la frente con la mano comprobando mi temperatura.
-Si, solo la emoción- dije dándole un beso para tranquilizarle. El viaje el taxi apenas duro 15 minutos, estábamos cerca y además apenas había trafico.
-Bella, ¿me puedes explicar lo que ha pasado antes?- me dijo Ángela sentándose a mi lado en la sala a la espera de que pudiésemos embarcar. El resto estaba n la barra del bar comiendo algo, a mi, francamente, no me entraba ni un cacho de pan.
-No lo se ni yo Ángela. Llevaba un mes sin saber nada de su vida-.
-¿Y que fue eso de lo de olvidarte…?-.
-Eso- dije recordándolo de nuevo. Era peor que un dolor de muelas.
-Si eso-.
-¿Recuerdas el día que fui a su casa?- pregunte mientras ella asentía con la cabeza. –Bien, pues no se le ocurrió otra cosa que declararse-.
-¿Cómo que declararse?-.
-Pues eso, decir que me quería y no se que mas. No se, mi memoria tiene bloqueado el recuerdo completo, pero no el mensaje en concreto…-.
-¡Bella!- chillo Ángela mientras toda la terminal giraba sus cabezas en nuestra dirección y nuestros amigos nos miraban alarmados. Mi gesto de "estoy muerta de vergüenza" les relajo imaginándose de que aquello solo era una confesión vergonzosa y sorprendente entre amigas. -¿Cuándo pensabas contárnoslo?- dijo entre dientes menos emocionada.
-¿Nunca? No se Ángela, no quiero saber nada del tema, jamás, en la vida. Lo de hoy me ha descolocado, ya esta…-.
-Ahora toda la conversación coge otro sentido- dijo sentándose de nuevo bien apoyándose en el respaldo con los brazos cruzados.
-Sinceramente Ángela, como mucho volverá a su juego de niños con Edward. Quiero olvidarlo, por lo menos hasta septiembre. Vacaciones y esas cosas, ¿recuerdas?-.
-Bella, es que no me explico… nada, no entiendo nada. ¿Edward por supuesto…?-.
-No, no sabe nada, y tengo intención de seguir así-.
-Pero Bella…-.
-Calla Ángela, ya vienen- dije mirándola y transmitiéndole con la mirada mi suplica de silencio.
-¿Qué paso Ángela? No te había escuchado gritar jamás- dijo Jasper sentándose a su lado.
-Nada, Bella, que saca lo peor de mi- dijo mientras el resto se reían. Estaba claro que tenían la cabeza en otro lado, si no hubiesen pillado a la perfección el mensaje irónico y a la vez realista de Ángela. El vuelo duro 6 horas, de las cuales solo me desperté para meter comida a mi estomago, y ni siquiera fui yo la que me levante, Edward tuvo que avisarme. Un potente rayo de sol y la voz del piloto anunciando que nos abrochásemos los cinturones que el aterrizaje estaba próximo, mi sueño se esfumo de repente y unas ganas inmensas de bajar, aunque fuese saltando del avión.
-Todavía falta una de mis maletas así que os esperáis- decía una impaciente Alice, aunque nos mas que los demás, que mirábamos la puerta de cristal que nos separaba de México como un caramelo gigante.
-Eso te pasa por traer más de lo que debes- dijo irritado Edward.
-No empecemos otra vez- dije cortando la discusión de raíz.
-Dime que es esa que viene por ahí Alice…- dijo Emmet tapándose la cara con las manos.
-¡Es esa! ¡Mi maleta, mi maleta!- grito Alice saliendo corriendo hacia ella.
-¡La maleta, la maleta!- empezamos a saltar todos gritando igual que ella. Es ese momento no supe si estábamos peor nosotros u Alice.
-Nos podemos ir ya- volvió Alice andando como si nada hubiese pasado. Como si no llevásemos más tiempo del necesario allí dentro. Las chicas, que éramos las que no cargábamos maletas, literalmente nos peleamos por pasar primero la puerta que nos dejaba paso al sol y el calor de México. Solo quedaba una docena de personas esperando, entre ellas un señor que portaba un cartel donde ponía "Edward y Alice Cullen" que eran los que habían alquilado el viaje.
-Esos somos nosotros- le dijo Alice al señor en un pobre español mientras de daba la mano sonriéndole.
-Encantado- contesto en un perfecto ingles, algo que noto aliviaba a los demás por los profundos suspiros de dejaron soltar. ¿Me acompañan? El coche les espera- dijo señalándonos con la mano el camino poniéndose después el delante. Una furgoneta verde oscuro con cristales tintados se encontraba con sus puertas abiertas a la puerta de la salida del aeropuerto. –Me llamo Carlos señores. Espero disfruten la experiencia. Si me permiten- dijo a los chicos señalando las maletas mientras el, y el que suponía era el conductor las cogian y metían al maletero, los demás subimos y nos acomodamos repartiéndonos entre las 2 filas de asientos con dos cada uno.
-Esto es como de broma- dijo Ángela mirándome con la misma cara de impresión que tenia yo. –En la vida me han tratado así en un viaje-.
-Mi familia y yo éramos mas de mapas y buscarnos la vida solitos- dije riéndome mientras Emmet se reía y me miraba señalándome haciendo entender que aquel era su estilo.
-¿De verdad? ¿Y no os perdéis? ¿Y quien carga todas las maletas?- pregunto Alice realmente impresionada dejándonos a los demás aun mas sorprendidos.
-Alice se puede sobrevivir sin criados, ni asistentes ni nada de eso. Si no mírame, yo sigo viva- le conteste aunque con un poco de enfado encima. Me gire y apoye mi cabeza en el pecho de Edward mientras el me rodeaba con sus brazos y me besaba la cabeza.
-Ya sabes como es. No se lo tengas en cuenta. A veces puede ser demasiado cerrada de mente- me dijo en un tono donde solo yo podía oírle.
-Lo has notado- le respondí viendo como el si que había notado el tono de mi voz.
-Te conozco demasiado bien para tu propio bien-.
-Me alegro entonces- dije recuperando la alegría perdida segundos antes. Durante el viaje apenas se oían susurros y expresiones de emoción al ver aquellos. Unas aguas increíblemente azules se extendían ante nosotros hasta el infinito, mientras la arena blanca te invitaba a hundir los pies en ella y dejarla acariciarlos. Los pájaros volaban tan cerca que podías ver su expresión, y la naturaleza te daba de estar ante una civilización tan natural como extraña para gente de urbes como las estadounidenses. El trayecto fue largo, ya que el complejo hotelero no se encontraba en medio de la ciudad, si no más bien apartado de todo el estrés. Al llegar comprobamos que el lugar reunía a México en apenas unos metros, o quizá incluso kilómetros cuadrados.
-Si siguen este camino encontraran sus habitaciones, tal y como pidieron los señores Cullen en primera línea de playa. Ya tienen listas sus maletas en cada dependencia. Los desayunos se sirven en el restaurante o en cualquier bar del complejo y basta con enseñar las pulseras para que se lo sirvan, de la misma manera que cuando quieran comer o beber cualquier cosa, o incluso una adquisición. Tienen apuntado mi número en ella por si surgiese algún tipo de petición. Las visitas y excursiones serán recordadas por la mañana en un cartel que se dejara en la puerta. Y sin mas que disfruten de la estancia-.
-¿Primera línea de playa?- saltamos Ángela y yo a la vez girándonos para los dos posibles culpables. –Dijimos lo mas asequible posible- seguí yo-.
-Y no creo que primera línea de playa lo sea- continuo Ángela.
-Vosotras habéis pagado una habitación normal. Los extras nosotros, es nuestro regalo-.
-¿Vosotros?- pregunte yo señalándoles completamente incrédula.
-¿Regalo de que?- dijo Ángela con los nervios mas controlados que los míos.
-A mi me da igual. No quiero regalos y menos uno de tantísimo dinero. No- dije saliendo disparada a recepción.
-Frena Bella- me dijo Edward cogiendome del brazo. –Es por tu cumpleaños. Queda un mes y este quería que fuese tu regalo, y lo de Ángela lo hemos pagado entre todos. Todos sabíamos las habitaciones que escogíamos, pero…-.
-Pero nada Edward. Sabes que odio infinitamente que me regalen cosas y si son caras peor aun. Y vais y me regaláis lo que queda de un apartamento, en México a orillas de la playa. Sabes que os lo agradezco, ¿pero habéis pensado, que quizá yo, no quiera eso, quiera algo normal, donde este más a gusto? No, pensáis que el dinero puede dar mejores cosas. Una vez más, todos equivocados-.
-Lo hemos hecho porque creíamos que os gustaría- trato de defenderse Alice.
-Alice, tu comentario de hace un rato me deja serias dudas si esto es por nosotras o vosotros. No tendrías un criado 24 horas al día, las maletitas las tendrías que coger tu… en fin- dijo Ángela.
-Ya os lo dije…- dijo Ben sentándose en el suelo apoyándose en una palmera, esperando lo que por supuesto de imaginaba.
-¿Entonces que es lo que queréis?- pregunto Edward extendiendo los brazos en busca de una explicación.
-Ser gente normal. Venia aquí para compartir con vosotros una experiencia increíble. Conocer gente mientras disfrutábamos de la piscina y la comida, no estar rodeada de ricos que no te mirarían ni aunque te tirasen al suelo. Porque el 99% de los que se pueden permitir esto son así-.
-Bella, tu te lo puedes permitir…- empezó Rose.
-Rose cállate- le corto Emmet, pero Rose ya me había encendido.
-Llevo trabajando dos años, todas las tardes como una condenada para conseguir un poco de dinero para ir a ver a mi familia, y he decidido gastármelos en venir aquí con mis amigos. ¿¡En serio me estas diciendo que yo soy como esa gente!- le dije sin poder evitar gritar.
-Por favor…- intento intervenir Jasper.
-Déjalo. Edward dame las llaves- dije extendiéndole la mano para que las depositara en ella.
-¿Qué haces?- pregunto mientras las dejaba.
-¿Yo? Disfrutar de mi verano. No he venido aquí ha discutir. Gracias por el regalo chicos- dije cerrando la mano en un puño y siguiendo el camino que me llevaría a mi habitación. Comprobé que el número de llave se correspondía con el de la parte superior de la puerta. Comprobé desde la puerta lo que ya me imaginaba, una casa de una sola planta pero lo suficientemente grandes para que se alojasen dentro 20, separadas por verjas y con camino a la playa particular y otro hacia un resort de piscinas con chiringuito dentro. Lo veía ya que los nuestros estaban lo suficientemente cerca para poder escuchar cualquier grito de alegría desde allí, si hubiese alguien divirtiéndose. Pase y vi nuestras maletas, asíque respiré aliviada sabiendo que no me había equivocado. Una estancia impresionantemente amplia, donde un cocina sencilla y unos sofás ocupaban apenas el 40%. Mas adelante dos puertas, la habitación con una cama de matrimonio y un armario de una pare entera, que ni toda mi ropa lo llenaría y un baño con bañera, ducha y jacuzzi. Una exageración en toda regla. Consistía en salir de allí, no encerrarse en el lugar. Me tire de cara a la cama cayendo con todo mi peso. Tenia que reconocer que por lo menos era comodísima. Escuche abrir la puerta y supe que Edward ya había llegado. Lo que menos me apetecía ahora era una discusión con el, asíque opte por hacerme la dormida.
Te dije hace un rato que te conocía demasiado. No te hagas la dormida por favor- me dijo mientras acariciaba mi espalda con pequeñas caricias y se sentaba a mi lado.
-¿Cómo lo has sabido?- pregunte sin abrir los ojos.
-Me encanta verte dormir, y jamás, a no ser que este yo a tu lado lo haces boca abajo-.
-Muy observador-.
-Contigo si-.
-Bueno, pues entonces déjame dormir un rato- dije colocándome en una postura mas cómoda para mi.
-Necesito hablar contigo Bella-.
-¿De que?-.
-De lo que acaba de pasar por ejemplo-.
-No hay nada más que decir-.
-A los dos nos quedas cosas por decir-.
-Pues ya me las contaras luego Edward-.
-Estoy intentando no ponerme nervioso, ni histérico ni nada parecido, asíque agradecería que colaborases un poco Bella- me senté con las piernas cruzadas encima de la cama mirándole dándole a entender que comenzase. –No entiendo nada- dijo sin más.
-¿Eso es todo?-.
-Solo queríamos lo mejor para estas vacaciones-.
-¿Y lo mejor es esto?-.
-En cuestión de calidad…-.
-¿Habéis comprobado las otras habitaciones? ¿Esas que miramos y con las que todos estábamos de acuerdo?-.
-No mucho…-.
-Pues te diré una cosa. En esas habitaciones a lo mejor no había jacuzzi ni bañera, solo una ducha, pero suficiente para ducharte. A lo mejor no tenía una televisión de plasma, pero para que la quiero si no pienso verla en un mes. Probablemente su entrada se redujese a un sofá y la cocina a una pequeña nevera y un grifo, pero no nos pasaría como en este, donde para encontrarte tengo que hacer un tour que poco mas y necesito un mapa y andar a gritos. Quería estar con-ti-go- dije separando las letras y dándole con el dedo en el pecho, -me basta un metro para eso, nada mas. ¿Pensaste tú, y solo tú, en algo así, o pensaste en que yo querría esto? Porque entonces me conoces muy, pero que muy poco Edward-.
-Solo pensé… pensamos que aquí estarías mas cómoda-.
-¿Mas cómoda? ¿Acaso no hay camas en otro tipo de habitaciones? Porque no pensaba utilizar este sitio para nada más que dormir y estar junto a ti. Nada mas. ¿Algún uso adicional en tu mente Edward?-.
-Tienes más descanso que en las demás, alguien que se puede ocupar de ti…-.
-Pero es que a mi no me gustan los criados Edward. Y lo peor de todo, ¡es que lo sabéis! Quería mezclarme con la gente, empaparme de la cultura. Ese era uno de los propósitos de este viaje. Si hago que ese señor pida por mí, haga por mí, hable por mí, ¿de que me sirve haber venido aquí y no a la vuelta de la esquina? Estoy empezando a ver que aquí no todo pensábamos lo mismo- dije dejándome tirar en la cama, esta vez, boca arriba.
-¿Nos puedes perdonar la vida por querer hacerte feliz, a ti y a Ángela?- me dijo poniéndose encima mía pero sin dejar su peso.
-Esto esta bien, es increíble, no puedo negar que me encanta. Pero no es lo que yo venia esperando. Quizá he reaccionado de una manera poco adecuada, es un regalo y se que esta echo con buena intención… dios, soy lo peor, me siento fatal- dije tapándome la cara con las manos. Note como se agitaba ligeramente encima de mí y como con todo el amor del mundo me quitaba las manos de la cara y dejaba dos besos en cada una de mis mejillas.
-Nos lo merecemos, por idiotas, por pensar en nosotros, porque si, eso fue lo que hicimos. Emmet, Jasper y Ben mencionaron que esto pasaría, pero el resto hicimos oídos sordos, y para variar, tenían razón-.
-¿Me puedes hacer dos favores?-.
-Los que quieras. Dime-.
-El primero, olvidar lo que ha pasado y disfrutar de esto. Todos juntos-.
-No hay nada que me apetezca más. ¿Cuál es el segundo?-.
-Que me des un beso- dije pasando mis dedos por sus labios mientras ambos sacábamos nuestras sonrisas.
-Mentí antes. Si hay algo que me apetecía mas- dijo acercándose despacio a mi boca y mordiendo suavemente mi labio superior para después besarlo con tremenda dulzura. Poco a poco el beso paso de un perdón sin palabras a un "te necesito". Las sutilezas quedaron de lado cuando saque su camiseta de un solo tiron y término al borde de la cama. Con un brazo y algo de ayuda me ayudo a subir hasta el cabecero de la cama y seguir con lo que habíamos empezado. 4 tremendos golpes a la puerta nos hicieron separar nuestras bocas.
-¿Has hablado ya con ella Edward?- se escucho la vocecilla de Alice gritando dese el otro lado. Al igual que yo no podía contener mi risa el solo bufo y se levanto.
-¡No!- grito.
-No te creo. Abre la puerta-.
-Vete Alice-.
-Estamos todos- dijo Emmet. –Abre o la abro yo-.
-Bella por favor, nosotros solo…- empezó Alice a decir suavemente. Sabía que de un momento a otro rompería a llorar.
-Iros por favor- dije yo en su mismo tono. Se escucharon pasos alejarse y supe el momento exacto en el que ya no nos oirían aunque hablásemos a gritos. –Ya esta- dije separándome de la puerta y escuchando las carcajadas que salían de la boca de Edward.
-¿Pensaste ser actriz en algún momento?- dijo levantándose del suelo y secándose las lagrimas.
-Que vergüenza- dije poniendo cara de asco mientras el me cogia por la cintura.
-Pues te lo digo yo, valdrías, y serias muy buena-.
-Ahora me siento peor- dije ahogando un quejido en su hombro mientras le abrazaba por la cintura.
-Eres de lo que no hay- dijo cogiendome una mano y guiándome hasta la puerta.
-¿A dónde vas? Estábamos…-dije señalando la cama.
-Tenemos muchas horas y muchos días por delante para nosotros solos y disfrutar de nuestra tranquilidad. Arregla las cosas primero, te sentirás mejor-.
-Gracias-.
-Por nada boba- dijo besándome el dorso de la mano y saliendo de allí. Apenas tardamos unos minutos en localizarles. Todos estaban sentados en un lugar apartado de una terraza con un refresco, los cuales aprecian seguían intactos de tal y como los habían dejado desde un principio a la mesa. Edward se encargo de tranquilizarme un poco con un sutil apretón en la mano.
-¡Bella!- grito Alce mientras todos se levantaban corriendo y se dirigían hasta donde estábamos. –Bella, en serio solo…- la corte poniendo la mano en su boca y sonriendo haciéndole saber que no eran necesarias ni mas palabras ni mas disculpas por parte de nadie. La abrace como pocas veces hice y mi abrazo fue correspondido inmediatamente. De repente note mas brazos y más cuerpos a mí alrededor y supe que aquello no era algo exclusivo de Alice y mío.
-¿Ya tenemos permiso para divertirnos?- soltó Emmet entre aquella masa de gente abrazándose.
-¡Emmet!- dijo Rose golpeándole el brazo con fuerza.
-En serio tío, ¿tu sentido del oportunismo donde lo tienes?- dijo Jasper.
-Vamos a tomarnos anda, ya desharé las maletas en otro momento- dije colgándome del cuello de Emmet mientras el me elevaba mas y terminaba andando conmigo encima subida a caballito.
1 mes después…
-Parece que fue ayer cuando llegamos aquí- dijo cogiendo un trozo de fruta y llevándomelo a la boca. –A sido el mejor mes de mi vida- dije mirándole a los ojos y sonriéndole. Si los ojos de Edward a la luz del día eran espectaculares, verlos deslumbrar a la luz del fuego era algo parecido a la magia. Nos encontrábamos en nuestro trocito escondido de playa. Y era nuestro ultimo día en México, pero sobre todo era nuestro ultimo día de vacaciones juntos, al día siguiente yo cogeria un vuelo a Nueva York y el con destino hacia algún país asiático con sus padres y Alice que le mantendría ocupado el resto del verano. Se había encargado de organizar una cena alrededor de la hoguera para los dos. Algo, como el decía, muy mío. Sándwiches, fruta, helado y un par de refrescos, eso era todo lo que había en la cesta, junto a su compañía, el mar y las estrellas hacían de aquello lo mas maravilloso del mundo. Durante el mes hice todo tipo de cosas, mas incluso de las que nunca pude imaginar. Se encargaron hacer realidad uno de mis sueños, nadar con delfines; terminamos convenciendo a Alice de ir a dar una vuelta nosotros solos con mapa, la pobre iba realmente atemorizada de perderse en un ciudad desconocida con un idioma que solo manejaba una, terminamos perdiéndonos, pero Alice lo recuerda como el mejor día de todos; excursiones por cuevas submarinas; viajes en barcos a islas perdidas, y un sin fin de cosas que hicieron del viaje el mejor de mi vida. Aunque sin ningún tipo de duda lo mejor fue la compañía, Edward y mis amigos hicieron de aquello lo que realmente fue. Disfrutamos de cada momento como si no hubiera un mañana, pero lamentablemente lo hay, y era para mí lo más triste.
-¿Qué hora es?- pregunto sentándose de frente para mirarme.
-No se… espera- dije mirando dentro de la mochila buscando mi móvil. –Son las 00:05- dije mirándole para verle sonriendo y con una cajita en la mano hacia mi.
-Feliz cumpleaños preciosa-.
-Te has acordado- dije sin poder evitar sonreír yo también.
-¿En serio pensabas que se me iba a olvidar algo así?-.
-No se…como no has dicho anda durante estos días… no se- dije cogiendole del cuello y tirandole a la arena mientras le besaba. -¿Eso no será un regalo?- pregunte encima suyo mientras señalaba la mano.
-¿Tu que crees?- dijo levantando la ceja de forma cómica.
-Edward el regalo me dijiste que era la habitación- dije sentándome a un lado mientras el también se incorporaba.
-¿En serio pensabas que no iba a regalar nada el día de tu cumpleaños? Además Bella, los 20 no se cumplen todos los días-.
-Dios 20, me siento muy mayor ya-.
-Pues para tener 20 no estas nada mal-.
-Idota- dije dándole en el hombro mientras los dos nos reíamos.
-¿Piensas abrirlo?- dijo tendiéndome la cajita. La cogi con manos temblorosas imaginando lo que podía ser, aunque pocas cosas cabían en algo tan pequeño. Abrí la aterciopelada caja para encontrarme un anillo de plata sencillo con una piedra central verde. Era simplemente precioso en todos los sentidos.
-Es… es…-.
-Se que te encanta el verde, y la dependienta me dijo que para ella era el mas bonito para regalar. Me fié de su criterio y del poco que tengo yo pero si no…-.
-Shh, es precioso Edward, en serio. Precioso. Dije tocando con sumo cuidado la piedra que adornaba el aro de plata.
-Quiero que simbolice algo. No te voy a pedir matrimonio, somos demasiados jóvenes y estamos en la universidad todavía, pero quiero que si te lo pones sea porque quieres estar conmigo para siempre. Digamos que es aceptar que yo algún día pueda pedirte que seas mía y tu aceptes- dijo terminando con una risa nerviosa.
-Yo ya soy tuya-.
-Lo se, pero es algo que no se explicar…-dijo cogiendose el puente de la nariz. Me reí levemente por aquella actitud y cogi sus manos con cariño para quitárselas de la cara, volví a levantar una para acariciarle la mejilla.
-Dímelo- dije mirándole a los ojos y con sus manos entre las mías.
-Te amo, eso es algo que ya lo sabes tu y que lo sabe quien quiera saberlo, yo a ti te amo. Pero para mi es especial que lleves el anillo, no se porque, pero es algo que siento. Te pediría que te casases conmigo ahora mismo Bella, eso te lo puedo asegurar, pero creo que seria demasiado precipitado por… por todo en general. Ese anillo me recordara que el día que de verdad podamos sin mas problemas yo te lo diga y tu aceptes. No me he explicado bien creo-.
-No- dije riéndome levemente. –Pero o que me has dicho de una forma u otra es precioso. Toma- dije dándole la cojita, -pónmelo-. Su sonrisa se ensancho y con manos indecisas cogio el anillo, me miro a los ojos intentando pedirme permiso que yo con una sonrisa acepte. Sus dedos, acariciaron el mió mientras lo ponía en el lugar que debía.
-Mía- dijo cuando termino.
-Siempre tuya- dije cogiendole la cara y besándole. –Gracias por el regalo. En serio s precioso. Pero me da miedo levarlo todos los días. Se me puede perder, o romper, o rayar…-.
-Me daría igual- dijo con indiferencia. –Temía el momento en el que no quisiese, una vez puesto lo demás me parece secundario-.
-Pero te debe de haber costado una fortuna-.
-Nada comparado con lo que vales tu. Si te pierdo a ti si que seria algo de importancia-.
-Tienes suerte, el anillo me lo impide-.
-Ya, el anillo- dijo riéndose y acercándose a mi mientras me tumbaba suavemente sobre la manta sobre la que estábamos sentados. –Y ahora el último regalo de cumpleaños- dijo acariciando lentamente el contorno de mi ombligo.
-Este creo que me va a encantar- dije arqueando mi espalda hacia arriba sintiendo ya la anticipación.
-De eso me encargo yo- dijo capturando mis labios con los suyos e iniciando un viaje que nos llevaría juntos al lugar mas placentero del universo. El otro.
Hola a todoos! Madre mia… perdon, perdon y mil perdones por tardar tantisimo en actualizar. El problema es que no me dejaba la pagina!Cada vez que lo intentaba me salia error, y daba igual o que hiciese que el error continuaba, hasta que se me encendio la bombilla y se me ocurrio mirar google, la solucion a todos los problemas, y ya puedo. Para que veais que no me quee de brazos cruzados ese tiempo os subo dos capitulos de esta historia y otro de la otra que tengo en proceso. Una vez mas perdon y espero que las disfruteis!
Gracias
