Capitulo 22

Llegue a casa cargada con 3 bolsas llenas de libros enormes los cuales tendría que utilizar durante mi tercer año de carrera. Los solté encima de la cama como si literalmente me hubiese quitado 20 kilos de encima. Todavía quedaban dos semanas para comenzar el curso, pero ya que durante ese tiempo no tendría nada mejor que hacer, decidí comprarlos un poco antes para ojear mis próximas clases. Ninguno de mis amigos se encontraba en la ciudad, absolutamente todos estaba apurando sus vacaciones lo máximo posible, algo que no podía recriminar, si yo pudiese, estaría haciendo exactamente lo mismo. Mientras que Ben y Ángela habían decidido pasarlas en Hawai con su familia, Emmet y Rosalie las pasaban en México donde decidieron continuar lo que comenzamos todos allí. Por su parte Alice, Jasper y Edward estaban en Abú Dhabi, si, allí es donde les habían llevado sus padres, al lado vamos. Me comunicaba continuamente con ellos mientras ellos me describían las maravillas que veían todos los días. Me dolía menos la envidia que me daban, sana por supuesto, que lo lejos que tenia a Edward y lo que le echaba de menos. Comencé a ordenar mis cosas mientras dejaba la comida cocerse lentamente. Una vez terminado me tire en la cama a descansar y relajarme llevaba todo el día de pie y mis pies reclamaban un descanso urgente. Fue apoyar mi cabeza en el colchón y sonar el timbre. Chille ahogando el ruido en el colchón. No había cosa que mas rabia me diese que un momentote relax interrumpido por algo, que probablemente tuviese poca importancia para mí, ya que las personas que mas me importaban en cualquier sentido, estaban a miles de kilómetros de distancia. Me levante a regañadientes y arrastrando os pies descalzos obviamente, llegue hasta la puerta. Apoye mi mano en el picaporte y deje caer su peso sobre el, y abrí la puerta sin mirar por la mirilla, poco importante debía de haber tras ella que mereciese, ni siquiera mi mejor estado de animo. Pero estaba, cuanto menos, equivocada.

-¿Edward? ¡Edward!- dije tirándome a su cuello abrazándolo con todas las fuerzas del mundo.

-Hola mi amor- dijo alzando en brazos mientras nos pasaba a los dos dentro de la casa y cerraba la puerta con el pie. –Sorpresa- dijo sin soltarme.

-Pero eres tú…- dije soltándome y mirándole de arriba abajo sin saber que hacer con mis manos. -¡No me lo puedo!- repetí saltando de nuevo a su cuello.

-¿Quién voy a ser si no? Si llego a saber este recibimiento me iria mas a menudo-.

-Ni se te ocurra- solté dándole en el hombro. -¿Pero tu no venias en dos semanas?-.

-Convencía a mis padres para venir antes. Alice y Jasper se quedan con ellos. Yo me vengo que quiero estar con la chica mas guapa del mundo, y que por cierto, esta sola- dijo acariciando la mejilla. –Creo que eso por lo menos se merece un beso-.

-Los que quieras- dije besándole repetidas veces mientras ambos reíamos. Aquello se acercaba mucho a mi concepto de felicidad.

-Te e echado de menos unas barbaridad- dijo poniéndome un mechón de pelo detrás de la oreja mientras yo seguía colgada a su cuello sin planes inmediatos de soltarme.

-Y yo a ti. ¡Estas mas guapo que de costumbre!- le dije mientras el soltaba una sonora carcajada.

-Y dime, ¿en que cambie?-.

-Estas más moreno, aunque no sea complicado, pero te queda realmente bien. Y el pelo más corto te sienta de maravilla, además esta algo mas claro, como más rubio-.

-No me había fijado, pero gracias- dijo dándome un pequeño beso en los labios. –Tu… tu estas espectacular como siempre- me dijo cogiendome la mano y haciendo que diese una vuelta sobre mi misma.

-Idiota- dije poniéndole la palma de mi mano en la cara y empujándola suavemente hacia atrás sin que nada nos pudiese quitar la sonrisa del rostro.

-¿Qué? Es cierto. Tu siempre estas perfecta-.

-Cállate y siéntate. Iba a comer ahora y debes de estar reventado del viaje-.

-Me conoces bien- dijo sentándose en la mesa mientras me encargaba de poner un cubierto mas. –No, ven- dijo cuando me iba a sentar en la silla y el palmeando sus piernas. –No pensaras que después de un mes vas as estar a una mesa de distancia de mi, ¿verdad?-.

-Has vuelto idiota de verdad- dije sentándome en sus piernas. –Pero me gusta- dije besándole la mejilla. -¿Y que piensas hacer ahora?- dije acercando mi plato y mis cubiertos para comer en aquel curioso, pero no poco cómodo, nuevo asiento.

-Pasar más tiempo contigo obviamente. ¿Qué crees que iba ha hacer aquí?-.

-No se, a lo mejor ibas a dormir en tu casa, o tenias que arreglar algo… yo ue se Edward, esto es una sorpresa-.

-Mi principal y único objetivo de venir antes era este. Y si me dejabas, dormir aquí hasta que comencemos-.

-Lo voy a pasar mal cuando te vuelvas a ir, pero supongo que merece la pena-.

-Esa es mi chica. ¡Eh sigues llevando el anillo!- dijo cogiendome la mano y besándolo mientras de sus ojos aprecia que saltaban chispas.

-Claro que si, te lo prometí, yo siempre cumplo mi palabra-.

-Eso espero- dijo dándome un corto beso en los labios mientras se escapaba de su boca un gran bostezo. –Estas muerto de sueño-.

-Allí deben de ser altas horas de la madrugada. Cuando llegue y llame están durmiendo asíque imagínate-.

-¿Las maletas?-.

-Abajo en el coche-.

-Si que has vuelto idiota, si… Baja ahora mismo a por ellas. ¡En que estabas pensando para hacer semejante tontería? ¡Te las pueden robar!-.

-Pensaba en subir a verte corriendo, pero si eso es tan grave…- dijo levantándose alzando las manos en símbolo de disculpas. Paso delante mío y no pude evitar darle una cachetada en el culo, cosa que hizo que ambos soltásemos una carcajada. Después de retroceder y darme un beso, bajo a por ellas. Dos viajes después ya volvía a estar instalado oficialmente de nuevo en mi apartamento. –Hogar, dulce hogar-.

-Este no es tu hogar-.

-Claro que si. ¿Dónde estas tu? ¿Aquí no? Pues este es mi sitio-.

-Creo que el viaje te ha causado daños en la cabeza, adorables, pero daños. Duerme un rato-.

-No, así se pasa peor el jet lag-.

-Eres un mentiroso. Jamás desde que te conozco y has viajado te has quejado del jet lag. Eres inmune a eso, asíque duérmete un rato-.

-Solo si vienes conmigo-.

-Luego no dormiré por la noche-.

-Yo me encargo de mantenerte despierta- dijo besándome en cuello y recreándose en ello.

-Tienes una forma muy efectiva de convencer a las personas- dije mientras nos íbamos chocando por las paredes del pasillo rumbo a la cama de mi habitación.

-Lo estoy comprobando ahora mismo- dijo soltando pequeñas risas mientras caíamos ambos en la cama. No había terminado de incorporarme cuando ya dormía placidamente sobre el colchón. Le tape, le di un beso en la frente y salí de allí para que pudiese descansar después de lo que seguramente, había sido un viaje demoledor. Me senté en el sofá ordenando mis ideas. Hace apenas una hora creía que me quedaban dos semanas que prometían ser las mas pesadas, aburridas y largas de mi vida, y gracias a la aparición de la persona mas querida de mi vida, aquello se presentaba por sorpresa como un panorama claramente apetecible. No tarde mucho en decidir que debía de agradecérselo en condiciones, asíque rápidamente, ya que no sabía el tiempo que me quedaba por delante, le prepare una cena especial, con su plato preferido. El postre… el postre iba en plato aparte. 2 horas después ya estaba todo preparado, y solo quedaba que el príncipe despertase de un profundo sueño. Me asome al cuarto comprobando que seguía tal y como le deje. Le prometí que me dormiría con el, asíque que menos que cumplir con mi palabra. Me acurruque a su lado pasando mi brazo por su cintura, y disfrutando de ese contacto que llevaba sin sentir un mes.

Note como algo cogia mi pelo y lo rizaba con sus dedos. No me hacia falta comprobar visualmente de quien se trataba. Su tacto, su olor, incluso su sola presencia le delataban.

-¿Llevas mucho despierto?- pregunte alzando mi cara y mirándole.

-Solo 10 minutos. Son ya las 21:30 de la noche-.

-Perfecto- dije levantándome y extendiéndole mis manos para que se levantase.

-¿Perfecto para que?-.

-Para tu cena sorpresa. ¿Crees que eres el único que tienes derecho?-.

-¿Cena? Bella, la comida debe…-.

-Son platos fríos, asíque si, es perfecta-.

-Como echaba de menos tu comida- me dijo abrazándose detrás de mi a mi cintura mientras recorríamos el pasillo y se empezaba a oler la comida. –No me lo creo. Es mi comida favorita-.

-¿Qué esperabas que preparase?-.

-No esperaba nada de esto sinceramente- dijo besándome la mejilla que tenia mas cerca. –Gracias preciosa-.

-A ti por venir-.

-Va a ser dos de las mejores semanas de nuestra vida. Te lo prometo-.

-No espero menos de un Cullen- dije dándome la vuelta entre sus brazos con la intención de empezar la comida por el postre.

Aquellas dos semanas fueron tal y como me las imagine. Fuimos algo parecido como uña y carne, no nos separamos para nada. Tampoco es que quisiésemos. Fueron simplemente los días que yo soñaba de aquí hasta mi muerte, la compañía, la felicidad, mi todo compartía conmigo todo. Eso era lo que yo más deseaba en el mundo. Y su sonrisa me demostraba lo mismo. Nuestras miradas reflejaban os mismo, felicidad, el deseo que seguir juntos siempre.

Faltaban dos días para el regreso de los demás, y tres para el comienzo de las clases. No me importaba el comienzo de las clases, reconocía que había acertado en mi decisión de la carrera, la elección de amigos y mi compromiso de vida con Edward. Había apostado todo y había ganado el doble. Como todas las mañana nos fuimos a desayunar fuera y a dar un paseo por el campus. Era curioso ver como cada día iba llegando la gente. Al principio era cómodo, los becados y los primerizos los que daban la ilusión a aquel lugar, donde radicaba la magia de todo.

-Ei mira- me dijo parándonos en frente del tablón de anuncios e nuestra facultad. Sabía a lo que se refería, era el único folio, además de un amarillo que te podía hacer daño a los ojos si lo mirabas más de 2 minutos. No pensaba comprobarlo.

"Para alumnos de 3er año. Oportunidad de cursar el 4º año en la Universidad de Australia con prácticas en la embajada americana en Australia. Interesados y dudas comunicárselo al profesor Coen. Suscripciones validas hasta navidad"

-¿Y que criterios piensan seguir para darles a unos la oportunidad y a otros no?- dije apartando mi vista.

-¿Por qué no vamos a preguntárselo ahora? No tendrá tantas visitas aun y podremos hablar con el tranquilamente y…-.

-¿Piensas ir?-.

-Pues la verdad es que si me gustaría-.

-Ya- dije pensando en que si el se iba y yo no… aparte rápidamente esas ideas de mi cabeza, pasaba de pensar en cosas tan deprimentes en momentos tan buenos. –Vamos a hablar con el- dije cogiendole de la cintura nuevamente y caminando hacia el despacho. Llegamos hasta la puerta de madera situada en el último piso y tocamos la puerta.

-¿Profesor Coen?- dijo Edward entreabriendo un poco la puerta.

-Señor Cullen, adelante- se escucho al otro lado. Edward abrió la puerta completamente y aparecí yo también. –Señorita Swan, adelante por favor. Siéntese-.

-Hola profesor- le salude antes de sentarme.

-Que agradable sorpresa chicos. Os escucho- nos dijo quitándose las gafas y dejándolas encima de su escritorio y cruzando sus manos sobre la barriga en posición de atención.

-Venimos a pedir información sobre cursar en Australia el último año- inicio Edward la conversación.

-Ya veo. Los dos primeros alumnos interesados, ¿verdad?-.

-Si- se adelanto Edward a contestar antes de que yo pudiese dar mi opinión.

-Bien, veamos- dijo acercándonos unos papeles que tenia a un lado de la mesa. Estaba claro que tenia en mente varias reuniones como esta en un breve periodo de tiempo. –Solo se darán plaza a dos alumnos, y será el claustro de profesores quien lo decida. ¿Criterios? Muchos y diversos. Por supuesto ganas, que eso veo que a nadie les a faltar. Notas, se harán entrevistas personales, exámenes específicos y… esta por ver lo de las becas Bella. Usted desde luego puede encabezar perfectamente la lista de aspirantes, pero la crisis y esas historias y cosas que sinceramente me parecen meros cuentos, pero cosas que hay que acatar, es decir, los jefes piensan que bastante dinero cuesta una beca como para encima sumar mas dinero para la formación en otro lugar… yo te prometo que si puedes superar todo de manera brillante como hasta ahora luchare con mi nombre para que puedas lograrlo, pero sinceramente no prometo nada-.

-No pasa nada profesor. Yo aun no tengo claro si quiero o no irme. El deseo era estar aquí, y por ahora el deseo sigue en pie-.

-Me parece lo más sensato por ahora. De todas formas, ¿alguno quiero rellenar la solicitud ya?- yo simplemente negué con la cabeza, Edward después de mirarme por un largo tiempo son una mirada que me dejaba todo claro, se giro y asintió con la cabeza empezando a rellenar el formulario.

-Ya esta profesor- dijo arrastrando el papel sobre la mesa hasta el lugar del profesor.

-Perfecto. Mucha suerte señor Cullen. Hasta pronto- dijo despidiéndonos con la mano mientras salíamos por la puerta. Vi como Edward aceleraba el paso, casi corriendo dejándome a mí con un piso de diferencia detrás.

-¡Edward espera!- dije bajando las escaleras todo lo deprisa que mi torpeza me permitía. Vi cuando estaba en el primer piso y el salía por la puerta dando tremendo portazo. -¡Edward!- dije ya fuera del lugar.

-¿¡Que!- se giro con una mirada de rabia hasta ahora desconocida para mi en el. -¿Algo mas que quieras decirme a destiempo?-.

-Edward yo nunca te dije que quisiese ir- dije llegando hasta donde el estaba casi sin aire en los pulmones. –Decidiste por mí-.

-Disculpa por pensar en algo para los dos que me apetecía-.

-Me parece perfecto que hagas eso, pero consulta. Puede que tu anheles eso, yo lo tengo que pensar algo mas, no se si me entiendes-.

-No, no lo entiendo. ¿Cuál es el maldito problema de venirte conmigo a estudiar?-.

-Ese es el problema, que piensas en ti, en que tú quieres y yo te tengo que acompañarte a ti. Ya esta. ¿Qué problema puede tener cualquier persona? Claro, como Edward no tiene ninguno los demás tampoco. ¿Es así como funcionas?-.

-¡Maldita sea Bella! ¡Es irte a otro país! Ya esta-.

-¡Edward! Céntrate por favor. ¿Te estas escuchando? Estas totalmente obcecado. ¿Es la mayor ilusión de tu vida? Me alegra saberlos 2 años después, jamás me habías comentado nada como para poner un justificante a esta reacción. No es tan sencillo volver a dejarlo todo e irme. Pero descuida, no pretendo que lo entiendas- dije pasando a su lado y terminando el paseo antes de tiempo.

Llegue al piso y me metí en la habitación cerrando la puerta del dormitorio con pestillo y tumbándome en la cama con la intención de llorar hasta quedarme sin lagrimas. Podía intuir que la discusión terminaría en breves, Edward y yo no habíamos estado jamás enfadados como para que aquello supusiese una ruptura en la relación. Pero cada vez que nos pasaba me entraba una angustia en el cuerpo difícil de explicar. Aunque lo que mas me dolía eras los motivos, unos pensamientos totalmente ilógicos y egoístas que sacaba a relucir en los momentos de mayor tensión y que dejaban en mi cabeza un remolino de pensamientos complicados de ordenar e imposibles de entender. Note como se abría y se cerraba la puerta de la calle y unos pasos que se acercaban hasta mi cuarto. Como la manilla se agitaba intentando abrir la puerta, que a no ser que le diese una patada, no cedería.

-Bella abre la puerta por favor- no pensaba hacerlo, mi cara era un cuadro y no permitiría que me viese así. -¡Bella!- dijo dando tal golpe a la puerta que me asusto de verdad y tuve que sentarme en la cama mordiendo la sabana para no llorar en gritos. –Estoy harto. ¡Ábreme y déjame sacar mis cosas!- ¿sus cosas? ¿Cómo que sus cosas? Me acerque pasito a pasito a la puerta temblando de pies a cabeza. Quite el cerrojo y abrí apenas un centímetro la puerta. –Ábrela- me dijo sin mirarme, pero aunque quisiese tampoco hubiese podido. Abrí la puerta y me quede detrás de ella viendo como pasaba y sacaba sus maletas de debajo de la cama y empezaba a vaciar los armarios y los cajones donde se encontraba su ropa.

-¿Qué haces? ¿Por qué te vas?- dije en apenas un hilo de voz, que le llego a doler hasta a el por la expresión de su cara.

-¿Tu que crees? Hago que dejes de vivir con un egoísta, incomprensible e histérico. No deberías estar llorando-.

-Suelta ahora mismo eso- dije corriendo hacia el y haciendo que soltase el par de zapatillas que iban directas al fondo de la segunda maleta. –No tienes porque irte. Yo… yo quiero que sigas aquí. Sabes que no me molestas Edward…-.

-Mira tu quieres que me quede y yo que te vengas-.

-¿Es por venganza o algo así Edward?-.

-No, como tu bien has dicho es puro egoísmo-.

-¿¡Por que no lo puedes entender!- grite desesperada. -¿Por qué no te entra en la cabeza que no es algo sencillo?-.

-Porque no puedo entenderlo Bella. Quieres, puedes. Si no puedes, es por que no quieres. Una simple regla de tres. Yo me iría a cualquier lugar del mundo con un par de palabras tuyas Bella. Haría lo que fuese. Veo que a ti te cuesta un poco mas decidirte-.

-Es que para mi no es tan sencillo Edward. Párate por favor- dije llorando intentando detenerle de que siguiese echando cosas en la maleta. –Piensa. Imagínate por un momento que la echo, y no me cogen, y todas nuestras ilusiones a la basura y a ser replanteadas; o que me cogen, y para irme tenga que pagarme yo mis gastos, dime de donde saco el dinero y no me digas que me lo pagas tu; embajada americana, soy española Edward, allí no me dejarían porque son becas para estudiantes americanos, el profesor puede decir lo que sea, pero esa ha sido la forma mas sutil de decir "lo siento pero no hace falta ni que lo intentes", haces tu todo el papeleo de lo que supone cambiar de nuevo mi vida a otro país. Y lo más importante, dejo mi suelo Edward, porque este es mi maldito sueño, este país, esta carrera, esta universidad. Ahora si quieres ya puedes irte- dije dejándole paso y agachando mi cabeza. Aquella había sido una forma estupida de auto humillarme delante suya. Le daba explicaciones cuando no tenía que hacerlo, pero quizá de vez en cuando era mejor disculparse por nada. No paso nada durante un minuto, pero lo que si estoy segura es que ninguno de los dos movió ni un solo músculo, hasta que el timbre nos sobresalto a los dos. Fui hasta la puerta limpiándome la cara. Fuese quien fuese esa persona seguro que ni iba allí a ver a nadie en aquel estado.

-¿Profesor?- dije quedando profundamente sorprendida sobre aquella visita. -¿Qué hace aquí? Pase por favor-.

-No gracias señorita Swan, serán solo dos minutos. ¿Esta sola?-.

-Si, si estoy sola- dije descaradamente y en un tono lo suficientemente alto como para que Edward pudiese oírlo.

-No acostumbro ha hacer esto, pero creo que loe mejores alumnos que uno ha visto en su vida merecen consejos de un sabio zoquete como yo. Vi antes en mi despacho… por lo de las prácticas en Australia… Veras, pienso que mereces que sea sincero totalmente contigo, tienes una probabilidad del 99,9% de posibilidades de nos ser aceptada Bella. Dije aquello porque el señor Cullen parecía realmente emocionado sobre la noticia de que ambos pudiesen pero… eres inteligente, mas que cualquiera de la clase permíteme decirte, pero las leyes, las reglas…-.

-No hace falta que continúe profesor. Soy consciente de ello. Se que es prácticamente imposible que no me acepten en ella. Lo primero porque soy becada, lo segundo porque no soy americana y lo tercero porque no pensaba presentar la solicitud. Le agradezco enormemente su interés profesor-.

-No hay de que. Eres lista, inteligente y harás en la vida lo que te propongas Bella. Y si no es mucho pedir…-.

-Tranquilo, nadie sabrá que usted vino aquí-.

-Gracias. Nos vemos- dijo despidiéndose con la mano mientras yo cerraba la puerta convencida de que aquello tenia parte de sueño, porque si no, no podría haber pasado lo que había pasado. Me di la vuelta y me encontré a Edward parado en el salón, en un lugar donde desde la puerta no podía ser visto, pero si escuchar perfectamente una conversación a un nivel medio de voz como la que se había mantenido. Pase por su lado hasta que el me copio del brazo sin mediar palabra.

-Espera por favor-.

-¿Algo más que decir Edward?-.

-No se que decirte-.

-Entonces es mejor que te calles-.

-Se que un perdón no basta-.

-Pues no, esta vez no basta-.

-Dime lo que quieres escuchar-.

-Nada que sea parecido a un loro Edward. Quiero escuchar lo que tu quieres decirme, pero sobre todo quiero que me lo demuestres, que me demuestres que me quieres, que confías en mi Edward, que luches por lo que quieres sin meterme a mi por medio-.

-¿Acaso no lo estoy haciendo?-.

-Basta una simple discusión para llenarnos de mierda hasta las orejas y echarnos en cara todo-.

-Creo que no soy el único-.

-Estoy hablando en plural Edward. ¿Podrías escucharme cuando hablo? Piensas que todo lo malo va para ti, todo lo bueno va para ti, que si hago algo que no te gusta es para fastidiarte y no, las cosas no son así-.

-¿Y como son?-.

-Tienes 20 años Edward, no creo que te haga falta nadie para que te aclare ciertas cosas-.

-Entonces estamos en que yo he solicitado irme a Australia y tu no lo has hecho, ni lo harás, y si tenemos que ser realistas, aunque lo echases no te cogerian. ¿Qué pasan si me la dan?-.

-Pues que te vas-.

-¿Y que pasa con nosotros?-.

-Pues que tu estudias allí y yo aquí. Listo-.

-Ni de broma. No me voy-.

-Ni de broma. Tú te vas, como si te tengo que mandar allí de una patada Edward. No puedes renunciar a lo que quieres por esto-.

-¿Para ti esto no vale ni un…?-.

-Hazme el favor de no decir tonterías. Simplemente yo no me perdonaría nunca que tú te estancases aquí cuando puedes triunfar allí. Somos jóvenes, y nuestro futuro empieza ahora, si te cortas ahora las alas no pretendas que te crezcan a los 40-.

-No soporto la idea de estar un año sin verte- dijo abrazándome por la cintura mientras hundía su cara en mi hombro y yo pasaba mis brazos por su cuello.

-No lo pienses ahora por favor. Vamos a disfrutar de este año como si fuera el ultimo, ¿vale? A lo mejor con un poco de suerte no te la dan-.

-No te creas que me entristecería mucho-.

-Yo si-.

-Pues yo no amor- dijo juntando nuestros labios. –Perdona por ser así de bestia antes. Tengo que aprender a controlar mis nervios. Y hazme un favor, no vuelvas a llorar nunca por mí. No merezco eso-.

-Mereces eso y mucho más Edward. Aunque te cueste creerlo eres importante en mi vida, y si me dolería no verte en un año pero piensa que tendremos mucho tiempo mas para disfrutar- dije sin pensar, ya que todavía no tenia decidido que iba ha hacer al final de carrera, si quedarme en los Estados Unidos o irme a España y retomar mi vida allí.

-Desde luego-.

Los días pasaron volando, y antes de darme cuenta la universidad volvía a estar llena de prepotentes e chavales ilusionados que caminaban por el campus en busca o de la facultad correspondiente o de su grupo de amigos. Los nuestros habían vuelto, con la baja de Emmet, que claro esta, estaba haciendo unas prácticas en algún tipo de compañía de viajes. En nuestra facultad el tema estrella era el mismo: el curso en Australia. Creo que las palabras "Sydney" y "yo quiero" nunca había sido tan repetidas en tan poco espacio ni tan poco tiempo. Me tenían harta, y a juzgar por la actitud de Edward cada vez que las escuchaba, no era mucho de su agrado.

-Uau chicos- dijo Alice parándose delante de nosotros a las puerta del edificio esperando que saliesen los demás de sus primer día de clases. -¿No seria genial irnos a estudiar todos a S…?-.

-¡Basta!- dijo Edward apretando la mano que tenia entre ella a la mía.

-Edward, me has hecho daño- dije quitándole rápidamente y masajeándola.

-Perdona vida- dijo volviéndola a coger y masajeándola el.

-¿Qué rayos te pasa?- dijo extrañada Alice.

-Evita ese tema. Listo- se limito a decir.

-¿Por qué? A mi me hace ilu…-.

-Alice- la corte. –Si te lo pide es por algo, ¿vale?- "luego hablamos" le articule con la boca.

-Esta bien, esta bien. Chicos ni una palabra del tema- dijo Alice cuando el resto llego.

-¿Es que acaso se ha puesto toda la universidad de acuerdo?- dijo Edward exasperado mientras comenzábamos a caminar hacia el comedor. Caminamos unos pasos mas adelante que los demás, mientras el solo miraba el sueño yo le acariciaba el brazo dándole besos, que el solo me correspondía con pequeñas sonrisas. Aquello, sin dudas, me bastaba.

-No quites esa sonrisa- dije después de sacarle una verdaderamente preciosa. –Debería ser ilegal no ver esta cara sonreír- dije dándole un beso en la mejilla.

-No aguanto estar escuchando sobre el tema continuamente Bella. Es que no…-.

-¿Crees que es agradable para mi Edward? no, no lo es. Pero intenta estar bien. Sabes las consecuencias de estar mal tanto tiempo, ¿verdad? Que te toque y…-.

-No me va a tocar. Este no será nuestro ultimo año- dijo serio hasta el limite. Me puse de puntillas y le di un corto beso en los labios.

-No estés triste. Te amo-.

-¿Cómo voy a estar triste si me dices esas cosas?- dijo sonriendo ampliamente pasando nuestras manos unidas detrás de mi cabeza y descansando el brazo en mi hombro mientras continuábamos caminando hacia el comedor.

En el comedor nos dividimos chicos y chicas, y allí les pude contar con todo detalle el motivo del agobio de Edward al escuchar cierto tema. Omití la visita del profesor diciendo simplemente que hale con el. Gracias a ellas entendí que mi postura era compartida, pero que al igual que yo, entendía y se compadecían del dilema de Edward. Sabia que dentro de un año yo estaría en el mismo, pero no me jugaría mi futuro, si no mi relación con el, y el simple echo de pensarlo me producía pinchazos en la cabeza y el corazón.

-Black te esta mirando- me dijo Ángela al oído en un momento de despiste del resto de la mesa.

-¿Qué?- dije girando mi cabeza hacia ella. ¿Qué hacia Black en aquel lugar para empezar? Vi como detrás de su cabeza, una cabellera morena, sentada en la última mesa del comedor, apoyaba sus brazos en la mesa y buscaba con su mirada mi atención. Comprobé que seguía exactamente igual que antes del verano. Algo que me preocupaba seriamente. Alzo su mano en señal de saludo, a lo que yo correspondí girando mi cabeza al lado contrario y cerrando los ojos fuertemente, como si después de aquello el desaparecería de allí, de mis recuerdos, y milagrosamente de mi vida.

-No te va a dejar en paz- me dijo Ángela.

-Gracias por ayudarme a superarlo amiga-.

-Es una realidad. Deberías hablar con…-.

-Olvídalo. Por ahora añadí, ya que sabía que si las cosas seguían así, Edward se enteraría por una parte u otro del asunto. –Me espera un tercer curso interesante- dije apoyando mi cabeza en el hombro de Ángela mientras esta me acariciaba la espalda.

-No estarás sola por lo menos-.

-Eso ya lo se- dije sonriendo sabiendo la gran certeza de aquella frase.