Capitulo 23
El tiempo no se detenía. Había aprendido que cuando las cosas van bien y una es feliz, incluso, puede que contra toda lógica, las manillas del reloj fuesen mas deprisa, como si el mundo conspirara para que la fama de que solo existen pequeños momentos de felicidad se hiciese cierta. Y había comprobado en mis carnes que así era. Momentos de felicidad invadían mi vida, pero luego aparecía una larga sombra que se instalaba en mi cabeza y arruinaba todo. Su nombre, futuro. La sola idea de pensar en un mañana me aterraba en más de un sentido. Pensar que en algo más de un año podía perder todo aquello por lo que había luchado tanto me causaba verdaderos mareos de cabeza.
-¿En que estas pensado?- me pregunto Edward besándome la parte superior de mi cabeza.
-Nada importante- dije acariciando su torso con suaves caricias mirándole y sonriéndole intentando que viese en mis ojos algo de verdad.
-Nada merece que tengas esa tristeza en los ojos Bella. Puedes engañar a mucha gente, pero yo no me encuentro entre ellas-.
-Te prometo que no estoy triste. ¿Como puedo estar triste después de lo de la otra noche?- dije sonriendo esta vez d verdad cando el soltaba una carcajada.
-Mi hombría se vería muy afectada si así fuera- dijo cuando esta vez era yo quien soltaba una sonora carcajada. –No recuerdo haber pasado un cumpleaños tan bueno en… nunca, nunca ha sido tan bueno-.
-¿Ni siquiera cuando eras niño y te rodeabas de esos castillo hinchables enormes, y la piscina de bolas…?-.
-Aquellos estaban bien. Después de probar esto- dijo bajando un dedo sutilmente entre mis pechos que hizo que mi cuerpo reaccionara involuntariamente, -puedo decir con autoridad que es mejor-.
-Para Edward, hemos quedado con tus padres y a este ritmo no llegaremos- dije sin ninguna convicción en mis palabras. Arquee mi espalda de puro placer girándome hacia el mientras el continuaba su viaje con el dedo. -¡Edward!- grite cuando note que introducía uno de sus dedos en mi intimidad. Antes de gritar de nuevo acallo mi voz besándome de manera demandante.
-¿En serio te preocupa llegar tarde?- dijo repartiendo besos por toda mi cara mientras aumentaba el ritmo e introducía otro dedo.
-Más, más…- era lo único que pasaba por mi cabeza. A esas alturas todo me daba igual. –Más…- y poco después llegue al último cielo. Estaba segura de que existía porque el con sus dedos me había echo verlo. –No es justo- dije acercando su boca a la mía.
-¿El que?-.
-Era tu cumpleaños, y eres tu el que me estas haciendo disfrutar a mi-.
-Créeme cuando te digo que esto me resulta a mi igual de excitante que a ti-.
-Déjame ahora a mi- dije haciendo que se diese la vuelta en la cama mientras yo me ponía encima suyo mordiendo el labio viendo el panorama que me quedaba a la vista y notando como una parte de su cuerpo se ponía especialmente contenta antes ese cambio. Comencé besándole la boca y bajando poco a poco por su torso recogiendo cada parte que se me ponía delante. Una irritante llamada interrumpió nuestro juego.
-¿Diga?- contesto Edward su móvil hablando entre dientes evitando no soltar algún improperio o un chillido fuera de tiempo. Yo simplemente seguí a lo mío mientras Edward me mandaba miradas que me indicaban que era mejor parar si no quería que cortase la llamada, lo que me provocaba mas ganas de continuar.
-Si Alice, estoy ocupado- cuando escuche aquel nombre no pude evitar reírme a pulmón. Solo ella podía interrumpir algo como aquello. –Créeme que en este omento me da igual que se puedan enfadar porque llegue un poco tarde… a Bella creo que también le da igual… ¿Tu que crees?- soltó abriendo los ojos de manera incrédula cuando segundos después se tuvo que apartarse el teléfono de los oídos si no se quería quedar sordo. Hasta yo conseguí oír semejante sonido. -¿Qué como soy capaz de hacer que? Has sido tu la que has llamado… Alice por dios tenemos 20 años, bueno, 22 aquí el que habla… esta bien. ¡Esta bien!- dijo colgando y tirando el móvil lejos, que por suerte cayo al sofá y no sufrió ningún golpe.
-¿Qué tripa se le ha roto a Alice ahora?- dije subiendo hasta su boca y dándole un pequeño beso que relajo visiblemente sus facciones.
-Que mis padres quieren puntualidad porque se tienen que ir a no se donde después, que si estábamos haciendo eso, a lo que respondió con un sonoro grito y la pregunta de que como era capaz de hacer eso y hablar con ella a la vez. Luego me repitió que nos diésemos prisa. Esta loca. Me voy duchar… con agua fría- dijo bufando y saliendo de la cama mientras yo me quedaba mirando como iba hacia el baño tal y como vino al mundo, dando gracias a cualquier ser superior que quiso que tal persona se quedase a mi lado. Mire la hora y comprobé que realmente íbamos mal de tiempo, asíque pensando en ahorrar tiempo y compartirlo con el fui detrás suyo con la intención de compartir ducha. Abrí la puerta y le vi de espaldas a mí. Abrí lentamente la puerta de la ducha y la cerré sin que se enterase abrazándole por la espalda.
-Eh- dijo girándose y mirándome con un amor infinito. -¿Qué haces aquí pequeña?- dijo cogiendome la cintura y besando el hueco de mi hombro.
-Tenemos poco tiempo, además me gusta terminar lo que empiezo-.
-¿Estas segura que vienes aquí también por el tiempo?- dijo sonriendo cogiendome del trasero y elevándome dejando mi espalda en la pared de la ducha. Enrosque mis piernas alrededor de su cadera para tener mayor estabilidad.
-Claro- dije alargando la palabra. Estaba claro que el tiempo poco me importaba ahora mismo.
-Me vas a volver loco- dijo besándome mientras introducía su miembro en el mío, y con un ritmo frenético empezaba a bombear en mí. Aquello, simplemente por mas de aquellos momentos, valía la pena tantas vueltas a las cosas, y a mi cabeza. Y desde luego que ayudaba a aclarar ciertas cosas.
-Ed… ¡Edward!- chille ahogando mi segundo orgasmo del día mordiendo su hombro y arañando su espalda mientras el agua caía por ella.
-Ah… dijo saliendo de mí corriéndose fuera de mí.
-¿Por qué has hecho eso?- dije mirándole aun sin mucho aire.
-El preservativo Bella. No quiero sorpresas- dijo besando la punta de mi nariz.
-Gracias por pensar en momentos como este-.
-Es complicado hasta para mí. Gracias por mi regalo- dijo mordiendo el lóbulo de mi oreja.
-Por muchos mas- dije mirándole a los ojos mientras el me correspondía con la misma intensidad.
-No lo dudes- dijo abrazándome con la misma fuerza con la que lo hacia yo. -¿Sabes? Creo que ya se cual es el regalo de mis padres- dijo masajeándole el pelo con la crema mientras yo le restregaba a el la esponja con el gel.
-¿Ah si?- dije de manera inocente. Malo seria que lo supiese cuando el regalo era de parte de todos nosotros. Claro esta, no aportando la misma cantidad de dinero. Un nuevo piano de cola negra, con sus iniciales grabadas en la tapa en una esquina con coles dorados era su regalo por sus 20 años. Era una pieza exclusiva, hecha a mano y encargada por sus padres, pero con aportes económicos de todos.
-Me hablaron el otro día de un coche… espero sinceramente que no sea eso, porque a mi volvo no lo jubila nadie-.
-No se- dije aliviada de que ni siquiera se acercase al regalo original. –Sabes que el mío te lo doy luego, ¿vale?-.
-El tuyo lo llevo disfrutando desde hace horas-.
-Aparte- dije riéndome y saliendo de la ducha poniéndome el albornoz para ir a buscar mi ropa. En poco mas de una hora ya habíamos llegado con increíble puntualidad a la mansión de los Cullen, dejando atrás los increíbles momentos que habíamos pasado en la suite del hotel, alquilada por el para su cumpleaños. Era mayo y si normalmente aquello era precioso, con el sol primaveral lucia mil veces más hermoso
-Hola chicos- dijo Esme saliendo de la casa con los brazos abiertos en dirección a Edward que ya la esperaba con una sonrisa y los brazos de la misma manera. –Felicidades cariño- le dijo cuando llego.
-Gracias mama- le respondió dándole un beso en la mejilla.
-Hola Bella- dijo recibiéndome a mí de la misma manera.
-Hola Esme- la conteste dándole un abrazo cariñoso. –Tienes el jardín precioso- dije alabando su trabajo.
-El sol hace que se vea así de bien, pero te lo agradezco. Pasen, estábamos a punto de comer- dijo corriendo hacia la puerta mientras Edward me cogia de la mano y avanzábamos de manera más lenta.
-Felicidades hermanito- dijo Alice en la entrada abrazándole por el cuello mientras me cogia a mi de la misma manera. –Ni se os ocurra volver a cogerme el teléfono en ciertas ocasiones- nos susurro en el oído mientras rompíamos en risas ambos y los demás se miraban intentando descifrar cual había sido el chiste. Después de pasar por lo brazos de cada uno y las respectivas felicitaciones nos sentamos a la mesa a comer.
-Y bueno Emmet, cuéntanos que tal trabajando- comenzó Carlisle.
-Estoy muy contento la verdad, aunque todavía soy el chico de prácticas. Todo sabemos lo que significa eso- dijo encogiéndose de hombros. –Pero me han asegurado que si mi rendimiento continúa así a final de mes me hacen contrato para dos años más, ya con puesto fijo-.
-Eso es genial- le dije sonriéndole.
-Y los demás, ¿Cómo lleváis el final de carrera?-.
-Muy bien Carlisle- comenzó Ángela, cosa que todos agradecimos. Sabia que aquel no era el tema favorito de Edward, porque cuanto menos quedase de curso menos quedaba para recibir la carta que confirmase o rechazase su solicitud para Australia. El día de ayer y ese día por la mañana había sido uno de los pocos donde había conseguido sacar una sonrisa al verdadero Edward, y no a aquel que iba cabizbajo por todos lo lados. Desde que Ángela termino de hablar no volvió a salir el tema de la universidad, sino que las conversaciones fueron dividiéndose por grupos donde ninguna palabra pudiese amargarnos la comida.
-Vale, ya hemos terminado. El regalo de Edward- dijo Alice saltando en la silla de manera literal mientras daba palmaditas. En serio, si Alice algún día pudiese controlar sus arranques de emoción el grupo seria mucho más monótono, pero mil veces más normal.
-Vale Alice, dámelo- dijo Edward dejando su servilleta encima de la mesa esperando.
-Veras, es bastante complicado traértelo. Tendrás que levantarte- dijo poniéndose de pie mientras todos la imitábamos.
-Sois un poco cotillas todos. Es su regalo- dijo riéndose Edward, pero desde luego nuestras risas eran algo más justificadas.
-No Edward, es de todos- dijo Rose señalándonos a todos.
-¿Todos?- pregunto Edward mirando a sus padres y viendo que estos asentían con las caras sonrientes. -¿Tu?- me dijo señalándome. -¿Tu sabias lo del…?-.
-Ni se acerca a lo que tu piensas- le dije cortando de raíz las ideas que tenia.
-Uf- dijo aliviado. –Vamos a ver entonces que locura me habéis preparado- dijo cogiendome de la mano y siguiendo a Alice que iba cual Heidi por el monte hacia la sala de música.
-¿Preparado?- dijo Ben frotándose las manos mientras Carlisle se ponía en la puerta y la abría lentamente dejando ver la obra de arte que se encontraba justo en el centro de la sala.
-No- dijo soltando mi mano y andando hacia el como si estuviese poseído. –No me lo puedo creer- dijo mostrando una gran sonrisa pasando las yemas de sus dedos por encima de la tapa como si tocarlo de verdad fuese terminar el sueño y este se desvaneciera entre ellos. -¡Es increíble!- dijo girándose hacia nosotros con una sonrisa incomparable mientras nosotros aplaudíamos viendo su entusiasmo.
-Es un regalo de todos- dijo Esme señalándonos a todos. -¿Te gusta?-.
-¿Qué si me gusta? ¡Por dios mama, es una belleza! ¡Es espectacular! Uau gracias- dijo abrazando a sus padres a la vez dejando en cada mejilla un sonoro beso. –Gracias- dijo abrazando y besando a cada uno de los que estábamos allí, -gracias, gracias, gracias-.
-Eh tío, a mi la manita, guarda las distancias campeón- dijo Emmet cuando Edward iba a abrazarle. Todos nos quedamos extrañados ante tal comportamiento. Emmet era la cosa mas achuchable de este mundo y renunciar un abrazo era algo raro en el. Cuando os hoyuelos se empezaron a formar en su cara supimos que aquello era una broma mas. –Ven aquí machote- dijo abrazándole entre las risas de todos.
-Y tu- dijo acercándose a mi y cogiendome mi cara con las manos mientras acercaba nuestras frentes, -ven- dijo dándome un pequeño beso en la nariz y cogiendomelas manos. Me acerco hasta el banco situado en frente del piano y se sentó a mi lado. –Podéis quedaros- dijo mirando por encima de mi hombro al resto de su familia, que parecía querer dejarnos un momento de intimidad.
-Luego volvemos- dijo Esme lanzándole un beso y cerrando detrás de ella la puerta.
-¿Sabes que no tenías porque haberte gastado el dinero que te has debido de gastar para esto verdad?-.
-Quería hacerlo. Además, tú cara vale más de lo que yo me haya podido gastar, no pienses en eso-.
-Quiero mostrarte algo, aunque sea mi cumpleaños tu te mereces mas los regalos que yo. No es gran cosa ni nada sublime, pero dicen que las cosas que salen del corazón son las mejores y las más verdaderas. Y te aseguro que esta, otra cosa no, pero corazón tiene y…- le calle con un beso.
-Hablas demasiado cuando estas nervioso Edward. Me ha legado el mensaje, quieres enseñarme algo hecho con el corazón. Por favor- dije señalando el piano. Me devolvió el beso, respiro profundamente antes de poner los dedos en las teclas y hacer el aquel sonido inundase la habitación. Me concentre en su cara, sintiendo aquella melodía, con los ojos cerrados. Un sonido lento y romántico, mezclado con toques de dulzura, pero sobre todo desbordaba amor. Si alguien escuchaba aquello la palabra perfecta para describirlo seria amor. No se en que momento empecé a llorar, no sabia si era la música o su cara, o el sentimiento que le ponía. Cuando toco la ultima nota y el sonido se fue perdiendo todo quedo quieto. Solo nuestras respiraciones rompían aquella paz. Volvió a respirar profundamente y levanto la cabeza para mirarme.
-No sabia que tocaba tan mal- dijo sonriendo y limpiándome las lagrimas.
-Es preciosa. Nunca la había escuchado-.
-Lógico. La he compuesto yo-.
-¿En serio? ¿Cuándo?-.
-Llevo bastante tiempo invertido en ella. Un año mas o menos-.
-¿Y por que nunca me hablaste de ella?-.
-Bella, sorpresa, se llama sorpresa-.
-¿Pero porque…?-.
-Veo que no lo entiendes- dijo cogiendome las manos y besándolas. –Bella, esta canción es para ti. Tu la has inspirado. Esta escrita para ti. Es tuya-.
-¿Qué?- dije volviendo a llorar como una idiota. –Algo tan bonito no puede ser para mi-.
-Algo como esto no te llega ni a la suela de los zapatos si tenemos que hablar de belleza amor-.
-La quiero-.
-¿Cómo que la quieres?-.
-Quiero la canción para escucharla todos los días-.
-Te prometo que la grabare y te la pasare- dijo riéndose. –Entonces, ¿te gusta?-.
-Es imposible que no me guste. Gracias, gracias. Te amo- dije colgándome de su cuello y besándole con ganas.
-Eres lo mejor que me ha pasado en la vida Bella- dijo besando mi mejilla. Y allí nos quedamos abrazados con Edward tocando de vez en cuando alguna melodía algo más conocida para mis oídos, aunque seguro que se canso de repetir la mía. Era la única petición que salio de mi boca. Notamos como el cuarto empezaba a ser más oscuro y nos dimos cuenta de que el sol ya se estaba poniendo y nosotros debíamos de volver a la universidad. Mañana a primera hora teníamos clases.
-¿Dónde están los demás?- dije con mi mano en la suya buscando con la mirada algún tipo de signo donde pudiese haber vida humana.
-Se fueron hace un rato- dijo Esme llegando a nosotros desde la cocina. –Decían que no querían interrumpir y que ya os veían allí-.
-Vaya tontería- solté sin darme cuenta. A juzgar por el gesto divertido de Esme, el comentario no fue tomado a mal.
-Nosotros también nos vamos ya. Gracias por todo mama. Ha sido genial- dijo abrazándola con el brazo que le quedaba libre. –Despídenos de papa-.
-Volved cuando queráis- dijo abrazándome a mi en el momento.
-Adiós Esme. Muchas gracias por todo- dije ya desde el coche despidiéndome con la mano mientras cogiamos el camino que nos llevaría de vuelta a la universidad. –Odio estos momentos-.
-¿Cuáles?-.
-Pasar contigo un día, un fin de semana, juntos, solos, y tener que despedirnos ahora. No se, no me gusta la sensación. Me acostumbro demasiado pronto a tu compañía- termine encogiéndome de hombros.
-Piensa en esto, un año- dijo guiñándome un ojo y volviendo ala vista a la carretera evitando así ver mi gesto más angustioso que antes. Aunque sabia que no lo hacia con mala intención, ya que era una de las pocas cosas con las que no hablaba con Edward, mi futuro después del año que venia.
Llegamos a la universidad y decidimos cenar fuera, algo sencillo, rápido, pero para nosotros. Después de una despedida dura, algo extraño, ya que dentro de 9 horas volvería a verle, subí a mi piso y al ver todo a oscuras supe que Ángela ya debía de estar dormida, asíque decidí imitarla. 10 minutos después mi cabeza reposaba en mi almohada.
-¿Me has echado de menos?- dijo cogiendome de la cintura y dándome un beso. El sol, la primavera, mayo, el… aquello era un coctel para que yo no parase de sonreír. Estaba segura.
-Sinceramente, no me dio ni tiempo- y era casi cierto. Claro, si no contábamos con que en sueño el también aparecía, pero ya era demasiada mimoseria por ahora.
-Eso ha dolido- dijo poniéndose la mano en el corazón.
-No seas crío- dije riéndome. –Vamos, llegamos tarde-. Nos sentamos al lado de Alice a la que salude dándole un beso en la mejilla. Segundos después el profesor entraba por la puerta del aula y se hacia el silencio. Era una de las nuevas asignaturas que llevábamos dando este curso, y menos mal que solo duraba un año. Daba verdaderos dolores de cabeza. Lo único bueno, que la compartía con Edward. No es que fuese mi favorita, ni de lejos, pero bastaba esforzase un poco mas de la cuenta para aprobar. Era uno de los pocos con dignidad, el dinero no compraba el aprobado. Era algo que tenia tatuado, y hasta el momento nadie había conseguido quebrantar aquello por mas ceros que se añadiesen al cheque.
Las horas paso más rápido de lo que esperaba. Otra de las mejores cosas que tenia el tercer año es que los lunes el horario era solo por la mañana. 3 horas y media y a casa. Una de las cosas malas: Edward tenía otro horario diferente.
-Nos vemos luego. Aquí algunos todavía tenemos que estudiar- dijo dándome un corto beso en los labios y saliendo por la puerta. Alice se despidió también argumentando que tenia que ir a alguna tienda de… supongo que de ropa, pero me limite a despedirla y decirla que se divirtiese, en verdad, lo demás era bastante secundario. Me encontraba recogiendo mis cosas cuando una carpeta cayó al lado de mi bolso. No me hacia falta mirar para saber quien estaba delante mía en aquellos momentos.
-Hola Bella-.
-¿Qué quieres ahora Jacob?- pregunte de manera cansada. Desde septiembre nuestras conversaciones se habían sucedido de la misma manera: Jacob aparece cuando no hay nadie, me pide que hablemos, yo le digo que no tengo nada que hablar y me voy después de escuchar un par de suplicas. –Déjame adivinarlo, hablar conmigo-.
-Si, llevo casi un año intentándolo-.
-Después de un año yo sigo pensando lo mismo, no quiero hablar-.
-¿No lo entiendes verdad? ¿No entiendes que pueda estar enamorado de ti y por eso no quiero que sepas nada?-.
-No confundas obsesión con amor Jacob- dije entre dientes, pero terriblemente asustada de la que estuviese equivocada fuese yo.
-Se de sobra lo que siento. Si me dejaras demostrártelo quizá si sabrías que digo la verdad-.
-No Jacob, es que no quiero saberlo. Yo no te quiero, amo a Edward, es algo que ni tu ni nadie va a cambiar. Hace un tiempo te hubiese considerado un gran amigo Jacob, en serio, pero no así-.
-Existe un más allá de Edward Cullen. Puedes ver que hay más posibilidades, que incluso pueden hacerte más feliz-.
-No me interesa. Además, ¿no estarás hablando de ti no Jacob? Te recuerdo que eres tu el que no quieres que yo sepa nada, que es mejor que este a cierta distancia-.
-Cambiare si me das una oportunidad-.
-Nunca Jacob. Nunca-. Nuestras miradas cruzaban sentamientos realmente opuestos. Note otro golpe en la mesa y vi como salía dando zancadas de clase. Solté el aire que sin querer había retenido en mis pulmones. Posiblemente hubiese sido extremadamente dura con el. Sabia lo que era estar enamorada, y no podía ni imaginarme el daño que me hubiesen hecho las palabras que yo utilice con el, si era cierto lo que el decía. Me golpee mentalmente por no pensar antes de hablar. Pero podría tener una oportunidad, se había olvidado su carpeta allí, asíque esta vez tendría que ser yo la que se acerase y decirle "quiero hablar". La metí en la mochila con cuidado y la cerré. Ya había tenido un enfrentamiento en el día y mi cupo estaba más que cubierto, y si Edward veía aquello tendría otro asegurado. Pensé mentalmente cual seria el mejor momento para devolvérsela y tener aquella conversación que tanto se había pospuesto por mi culpa, y todas las conclusiones llegaban a que debía de ser antes de que Edward saliese de clase. Deje el resto de las cosas en casa y con la carpeta dentro de la mochila salí a buscarle. Mi primera duda, lógicamente, fue donde podría estar. Asíque todo era ir descartando sitios o preguntar a gente de más o menos confianza por aquella zona si le había visto. Mi primera parada fue su apartamento. Puede que estuviese allí, pero desde luego o parecía que allí hubiese nadie. El campus entero, zona de hermandades, biblioteca o incluso el comedor. Pero nada. Quedaban 15 minutos para que sonase la alarma y todos los estudiantes fuesen libres, entre ellos Edward, y desde luego no era la mejor situación. Decidí desistir por ese día, pero una voz que esperaba escuchar capto mi atención. Estaba a la altura de mi edificio pero por la parte de atrás, donde hasta ahora, nadie que yo conociera se había atrevido a entrar. Era algo así como un lugar poco recomendable. A pesar de todo, algo en mi me decía que lo que podía estar pasando allí atrás me interesaba como alma cotilla que era.
-Te pague Black. Ahora quiero lo mío-. ¿James?
-Ya te he dicho que no lo tengo. No me han dado nada, y hasta que eso no pase tu tampoco lo tendrás-.
-A mi no me mientras Black. Te lo has metido todo, ¿verdad?-.
-¿Qué estas hablando niñato? Quítate de encima- pude ver asomándome un poco como Jacob le daba un empujón a James que tenia sus manos sobre el cuelo de la camisa de Jacob en plan amenazador.
-Quiero lo mío. Ahora-.
-¿Qué parte no entiendes de no? Acata las normas, cuando se puede-.
-O me das algo o te juro que hasta la última cucaracha de este lugar se entera…-.
-¡Ni se te ocurras!-.
-¿Miedo Black? Eres tu el que esta vigilado. Una carta anónima y- hizo un gesto como si se limpiase las manos. La cara de horror de Jacob crecía por momentos y la de James cada vez era más parecida a la que puso aquella vez que me amenazo.
-Esta bien puedo…- empezó Jacob mirando desesperado por el suelo como buscando en el lo que necesitaba encontrar, -puedo darte algo de lo mío. Es lo mismo, pero todavía no utilice todo-.
-Vaya, ahora si empezamos a tener soluciones-.
-¿Lo quieres o no?-.
-Dámelo- dijo con gesto serio y extendiendo una mano en dirección a Jacob. Este soltó su mochila y la apoyo en el suelo. Se agacho y saco algo dentro de su puño. Vi como lo abría y una bolsita transparente de platico dejaba en evidencia de lo que hablaban. Aquello no podía ser cierto. Drogas. Intente tapar mi boca ante el asombro que aquello me causo, pero el sonido se escucho por todo el lugar y dos pares de ojos recayeron en mi asustada cara.
-Bella- pudo murmurar Jacob. Antes de poder procesar el tener que salir corriendo, James me copio por el pelo y me arrastro hasta el lugar donde segundos antes hablaba con Jacob.
-¡Suéltala!- chillo Jacob. Pero estaba claro que n el ni yo contábamos con que James sacase una pistola de la parte de atrás de su pantalón. Pude jurar que el color bronceado que caracterizaba a Jacob ya no estaba allí, y el mío… yo directamente podía ser transparente.
-¿Algo más que decir Jacob?- dijo apuntándole entre ceja y ceja. Este negó lentamente con la cabeza mientras yo todavía estaba a los pies de James con mi pelo entre sus manos. Este tiro de mi hacia arriba para dejarme cara a cara con el y su sonrisa de suficiencia, que aun es aquellas circunstancias me daba asco. -¿Que te trae por aquí Bella?-.
-Déjame James por favor- dije entre lágrimas.
-Contesta y luego negociamos guapa-. Mire a Jacob pidiendo ayuda con la mirada, este me la devolvió con una pistola entre las cejas, suplicándome que le perdonase de antemano.
-Solo escuche a Jacob. Le estaba buscando y escuche su voz-.
-¿Un poco cotilla no Bella? No me lo esperaba de ti-.
-Déjala en paz James- dijo Jacob pero tuvo que echar un poco la cabeza hacia atrás al presionar James un poco más la pistola.
-Entonces Bella, Bella… ¿Cuál es tu precio para tenerte a mi lado? Podrás ser una muerta de hambre, pero tenemos que reconocer que no estas nada mas, ¿verdad Black?- a pesar de su situación le dio una mirada cargada de asco y odio que me atemorizo hasta a mi.
-Conmigo no te equivoques James-.
-En ese caso, no hay otra salida- dijo tirandome al suelo y apuntando ahora hacia mi dirección.
-No, no, no- dije arrastrándome con las manos hacia atrás con el pánico invadiendo hasta mi ultima célula. –Yo… yo no diré nada, te lo juro. De ninguno-.
-¿Sabes lo que pasa?- dijo acuclillándose delante de mi pero sin dejar de apuntarme, -que si no aceptas dinero, yo no tengo como saber que eres alguien de palabra. Y esto es muy serio, ¿no te parece?-.
-¡Corre Bella!- chillo Jacob dando una repentina patada a James por la espalda, haciendo que este cayese y soltase la pistola a varios metros de allí. Corrí intentando salvar mi vida, sin mirar atrás, sin pararme, sin saber lo que pasaba atrás. Corrí hasta que me di cuenta de que ya estaba entre todos los estudiantes, y mas de uno me miraba como si viese a una autentica loca. Veían a alguien totalmente despeinada y con hojas por el pelo, con los ojos hinchados de tanto llorar, y aun seguía llorando, y mirando a mí alrededor. Vi como Jacob corría en mi dirección hasta que se paro en frente mía apoyando sus manos en las rodillas y respirando. Para mi era misión imposible.
-¿Cómo…?- intente hablar, pero unos chillidos y gente corriendo me hicieron olvidar lo que estaba intentando decir. James, con una parte de su cara llena de sangre, se acercaba hacia nosotros. Cuando quise darme cuenta tiro a Jacob al suelo y saco su pistola apuntándome a mi directamente. Yo petrificada por el miedo no pude hacer nada. Solo escuche un lago "no" y el suelo en mi cuerpo. Abrí los ojos para ver que había pasado, porque no sentía ningún tipo de dolor. ¿Estaba muerta? Lo dudaba. La muerte es algo tranquilo, y aquello distaba mucho. Un chico inmovilizado por al menos 20 personas, intentaba liberarse mirándome con odio en su mirada. Otro atendido por un par de ellos, con el hombro bañado en sangre y gritando de puro dolor. Jacob me había salvado de una muerte segura.
-¡Jacob!- chille desesperada. –Jacob- dije tocándole la cara. –Una ambulancia. ¡Necesita una ambulancia!- dije totalmente desesperada entre sollozos. Cogi yo mi propio móvil y llame a urgencias. Una patrulla de policías tampoco vendría mal. –Aguanta, ya vienen. ¿Por que lo has hecho idiota?- dije acariciándole la cara.
-¿Me crees ya?- dijo intentando reírse de la situación.
-¿Y era necesario así?- dije limpiándome con mi brazo, una de las pocas partes de mi cuerpo que no estaba manchada de sangre, las lagrimas.
-Soy un chico que lleva las cosas al… ah… al limite- dijo juntando sus dientes y aguantando el dolor que le producía el disparo.
-¿Dónde esta la ambulancia?- dije mirando a todas partes buscando la sirena que anunciase que estaban ya allí. No tardo en aparecer junto a dos patrullas de policías.
-¿Bella?- dijo antes de que llegasen los médicos. –Tendrás que testificar. Di todo lo que has visto en estos años…-.
-Jacob yo…-.
-Si Bella, todos los comportamientos extraños han sido por eso. Dilo por favor. Quiero salir, pero yo solo no puedo. Lo necesito-.
-Me has salvado la vida. No puedo hacer menos por ti-.
-Pide perdón a todos, ¿vale? Y se feliz-.
-Apártense- se escucho una potente voz detrás de todos los estudiantes. Cinco personas vestidas con trajes médicos se pusieron a su alrededor. -¿Quién fue la que nos aviso?- pregunto la misma voz.
-Yo- dije mirando por última vez a Jacob y girándome hacia el policía. –Fui yo- dije entre sollozos.
-¿Seria tan amable de venís conmigo por favor?- dijo en un tono mucho mas calmado, pasándome el brazo por lo hombros y llevándome a un lugar mas calmado mientras sus compañeros intentaban dispersar a la multitud. Todas las miradas iban centradas a ese oficial que tenía como acompañante a una muchacha estudiante de la universidad a lágrima viva, hasta las cejas de sangre y con un ataque de ansiedad digno de estudio. –Tu, tu- dijo señalando a otro oficial y a un medico. –Venid conmigo. La chica os necesita. ¿Sabes de algún lugar mas tranquilo?-.
-Mi casa- dije como pude.
-¿Te importa que vayamos allí para…?.-
-No claro. Vengan- dije. Di gracias de que apenas estábamos a un par de pasos de ella. No había nadie, algo que me extraño. Como me extraño no saber anda de mis amigos hasta entonces.
-¿Prefieres ducharte antes de que empecemos…?-.
-Cuanto antes terminemos, mejor-.
-Mientras tu me cuentas la historia, la enfermera te ira revisando, ¿vale? ¿Estas preparada para empezar?- respiré hondo cerrando los ojos y poniendo en claro mis ideas, pero sobre todo recordando el ultimo deseo de Jacob, debía de contar todo. Y la historia era larga.
-Si- y comencé a contar el relato. Todo. Desde el principio. Como le conocí, cuando entro a estudiar, como se comportaba al principio, aquel encontronazo con Edward, su falta a las clases, sus sangrados de nariz, las excusas que me decía. Le conté su confesión, lo insistente que fue durante el ultimo año… y lo que acababa de pasar hace apenas unos minutos, que seguía en mi memoria como si estuviese dentro de aquello todavía. Le hable de James, de lo poco que sabia de el y de las pocas veces, pero desagradables que me le cruce. Incluso mencione a sus mas allegados, todos sabían quienes eran. Termine de contarles aquello y pareció como su una extraña paz volviese a mi. –Creo que no hay nada más-.
-¿Lo has apuntado Loren?- dijo el policía a su ayudante que no paro de coger notas hasta el final. –Lo has hecho muy bien Bella. No te preocupes por nada. Dentro de poco saldrá el juicio, y tendrás que ir a declarar, y todo habrá acabado. Nos has sido de gran ayuda-.
-¿Puedo pedirle un favor por favor?-.
-Claro-.
-Jake es una buena persona. Po favor, ténganlo simplemente en cuenta-.
-No somos nosotros quien decidimos eso, pero seguro que el juez si que lo valora-. Escuche como la puerta de la casa se abría y distinguí claramente la voz de Edward.
-No lo se Ángela, no me contesta el teléfono y… ¡Joder!- dijo viendo el panorama. -¿Bella?- dijo mirándome y alarmándose al ver aquellas pintas. -¡Bella!- grito llegando hasta mi y abrazándome. Yo simplemente le agarre de la chaqueta y continúe llorando como hasta ahora. No sabía que otra cosa podía hacer.
-¿Debo suponer que este señor es Edward Cullen?- pregunto el policía.
-Si señor, ese soy yo- dijo girando su cabeza pero sin soltarme. -¿Alguien me puede explicar que esta pasando? ¿Esto es sangre Bella?-.
-Debes tomarte esto antes de dormir durante unas dos semanas, te ayudara a dormir. Si por el día ves que estas demasiado mal, te tomas la mitad, ¿vale? Y con cualquier cosa ves al centro medico y pregunta por mi- dijo el enfermero dándome una receta medica y saliendo de la casa.
-Por favor, mi casa esta ocupada por policías y enfermeros, y además mí mejor amiga esta llena de sangre, asustada… Explicaciones- dijo Ángela intentando entender algo.
-Cuando la señorita Swan este en disposición les contara todo, estoy seguro. Hasta entonces solo sepan que tienen a su lado a una de las personas mas valientes e integras que encontré hasta ahora a lo largo de mi vida- se acerco hasta mi y me puso la mano en el hombro mirándome a los ojos e infundiéndome ánimos, -puedes estar tranquila, nunca te va a volver a poner la mano encima. Superaras esto y dentro de poco te sentirás tremendamente orgullosa de ti. Nos vemos pronto Bella-.
-Gracias agente- dije dándole la mano a el a su ayudante hasta que solo quedamos en el piso Ángela, Edward y yo.
-¿Bella?- pregunto Edward cogiendome por los brazos y separándome un poco de el para mirarme fijamente a los ojos. –No todavía no, vete a duchar. Nosotros te esperamos aquí, ¿vale?- su rostro cada vez se fue difuminando mas hasta que las lagrimas consiguieron nublar por completo mi visión. –No llores mas por favor- dijo terminándome de abrazar. –Vas a necesitar ayuda, así no te puedo dejar sola. ¿Prefieres que Ángela…?-.
-No- dije con apenas un hilo de voz.
-Yo me voy con Ben, ¿vale? Cuando hayáis hablado sabéis donde encontrarme. Te quiero amiga- dijo besando mi sien y saliendo por la puerta. Edward me copio en brazo y me llevo hasta el baño. Allí empecé a quitarme lentamente los zapatos hasta que el apareció con un pijama cómodo y fresco. Termine de desvestirme mientras el preparaba el agua de la ducha. Me ayudo a meterme en la ducha y con suma delicadeza empezó a enjabonar mi cuerpo, o lo que podía de el, ya que estaba sentada abrazada a mis piernas y llorando, continuaba llorando. No sentía pudor, no sentía nada en aquel momento que no fuese pudor y miedo, porque si, el miedo todavía dominaba gran parte de mi cuerpo. Me saco de la bañera y me seco un poco. Me puse el pijama mientras el salio del baño, supuse que para tranquilizarse y respirar, si para mi no era fácil, su papel en esto tampoco era sencillo. Salí y me lo encontré en el sofá inclinado hacia delante con un cigarro y un mechero en la mano. Claramente estaba debatiendo si encendérselo. Yo me quede en la puerta observándole hasta que el cayo en que estaba todavía allí.
-Lo deje poco antes de conocerte. Ahora mismo desearía fumarme hasta el filtro-. Aquellas eran las primeras palabras que sonaban en el piso desde que Ángela se había ido.
-No lo hagas- dije con un hilo de voz.
-Ven aquí princesa- dijo tirando las cosas a la mesa y abriéndome sus brazos para recogerme en ellos, invitación que gustosa acepte. -¿Estas preparada ya?-.
-No creo que lo este nunca-.
-Estoy más asustado de lo que jamás haya podido imaginar. Por favor, termina con esta tortura, tanto para mí como para ti-.
-Prométeme que seguirás aquí cuando termine. Dime que no te vas a ir- dije llorando con mas fuerza aun pensando en las posibles consecuencias.
-Nada puede hacer que me vaya de aquí ahora mismo Bella. Ni enfadarme, ni gritarte, nada. Simplemente me quedo aquí para siempre-.
-La historia es larga asíque espero que tengas tiempo-.
-Todo el del mundo Bella-. Y así comencé a contarle toda la historia. Desde lo que el sabia, hasta lo que había vivido, todo lo que yo le conté y todo lo que calle, hasta lo que había vivido minutos antes. Hable hablando hacia el frente, donde estaba el mueble, pero no puedo decir que lo viese, tenía la vista perdida. Notaba las sensaciones de Edward según se tensaba bajo mi cuerpo. Lo intentaba disimular, pero era complicado.
-Y hasta ahora- termine. Nuevamente, a pesar de lograr calmarme un poco con la ducha, volvía a llorar, y los brazos de Edward apenas me hacían nada. No tenia consuelo.
-¿Por no me avisaste Bella? Si ese desgraciado te llega a…-.
-Pero no lo logro- dije incorporándome y mirándole a los ojos. –Jacob me salvo-.
-Jacob. ¿Es cierto eso de que estaba enamorado de ti?-.
-El me decía que si, pero yo no le creía. Incluso le aclare que en el caso de que fuese cierto tampoco pasaría nada, porque yo a el no le quiero. Te amo a ti. Ahora supongo que tenia razon. Hay pocas razones en el mundo para hacer lo que el ha hecho-.
-Yo lo hubiese hecho por ti-.
-Lo se Edward. Pero no me gustaría comprobarlo nunca-.
-Ya… supongo… supongo que lo mejor es que duermas. Si, lo necesitas-.
-Edward- dije temiéndome lo peor. Su cara no demostraba anda que pudiese desembocar en algo nuevo. –Di algo, haz algo por favor. No te vayas-.
-Estaré aquí cuando despiertes- dijo intentando regalarme una media sonrisa que no llego a su mirada. –No te preocupes por nada ahora Bella. Te quiero- me dijo besándome largo rato en la frente. Recline mi cabeza en su hombro y sin querer el sueño término apoderándose de mi. Pero sabia que cuando despertase mi mundo no volvería a ser jamás el que había sido hasta ahora.
