Capitulo 24

Cinco minutos para el fin de exámenes. Cinco minutos para salir hacia uno de los momentos más importantes de mi vida. Cinco minutos y el principio del fin llegaría después de un mes de agonía. No era por culpa de los exámenes, de los estudios, ni siquiera del trabajo. No pensaba que las vacaciones estaban a cinco minutos porque en aquello momentos era totalmente irrelevante. Me quedaban cinco minutos para salir hacia el juzgado y declarar en el caso de Jacob y James. Había intentado saber lo menos posible de todo aquello. Llego a mi oídos que las noticias se hicieron algo de eco de todo aquello, pero mi nombre no salio nunca.

Sonó el timbre, y entre decenas de gritos de júbilo, tres pares de ojos me miraban instantemente desde la salida.

-¿Estas lista?- me pregunto Emmet dándome un cariñoso beso en la frente.

-¿Dónde esta Edward?- pregunte viendo que entre todos esos ojos, mis preferidos no estaban.

-Ira mas tarde Bella, nos tenemos que ir- dijo Rose pasándome el brazo por los hombros y dirigiéndome hacia uno de los coches.

Nada había vuelto a ser igual desde aquel día. Supere casi todo, no tenia apenas pesadillas, no me había quedado ninguna secuela física, ni ningún trauma. Lo único que aun recuerdo con verdadero odio de aquel día es que todo cambio entre Edward y yo. No podía reprocharle no estar a mi lado de manera física, si necesitaba una caricia el me la daba, un beso y lo tenia al instante, una palabra de consuelo y el me daba diez. Pero no era lo mismo, yo lo sentía, notaba que había algo forzado en sus actos. Que la sonrisa que me dedicaba antes hacia que sus ojos brillasen y los suyos lo dejaron e hacer aquel día. No me iba a recoger al trabajo ni dábamos paseos por la ciudad de la mano, algo tan simple como disfrutar de la compañía del otro se había vuelto algo desconocido para ambos. Incluso algo tan bonito entre dos personas que se aman como es hacer el amor, se notaba que le resultaba incomodo poniendo siempre excusas como "no te conviene vivir ahora emociones tan fuertes", a lo que yo solo podía asentir con la cabeza y dormirme derramando lagrimas de pura impotencia.

Apenas me di cuenta de cuando llegamos a los juzgados, pero cuando quise tranquilizarme para hablar la sesión estaba dando comienzo y Jacob y James entrando a la sala por puertas diferentes y dirigiéndome miradas a cada cual mas diferente: mientras uno me lanzaba balas que iban a matar, el otro simplemente me sonreía con la mirada mas dulce que recuerdo en semanas. Primero hablaron los abogados de cada caso con alguna intervención de sus clientes, mas tarde se dio la palabra al oficial que tanto me ayudo aquel día, y después sonó mi nombre en la sala. Me levante me senté al lado del juez para jurar y declarar.

-Bien señorita Swan. Puede comenzar su relato-.

-Conocí a Jacob en Miami, en un viaje que hicimos en primer año a la universidad de Miami para unos campeonatos deportivos. No fue muy de mi agrado, pero teniendo en cuenta que le vi 3 minutos no tiene mucho fundamento. A James le conocí en circunstancias más desagradables. Fue poco después de volver, yo había quedado en ir al cuarto de mi novio a pasar con un rato, el me abrió la puerta y entre burlas no me dejo pasar- continué con mi relato con mi vista puesta en la puerta que tenia a 50 metros enfrente de mi, esperando que de un momento a otro se abriese y por ella pareciese Edward. Cuando apenas me quedaba contar 3 líneas de mi historia perdí toda esperanza y mis lágrimas empezaron a fluir, cuando los demás las atribuyan a los recuerdos que me provocaba todo. Fue complicado para mi contar sobre todo la insistencia de Jacob hacia mi, algo con lo que ni yo me sentía cómoda, pero en esas ocasiones le miraba y el negaba con la cabeza sonriendo haciéndome saber que hacia lo correcto.

-Bien señorita Swan, gracias por contarnos su experiencia- dijo el juez repasando sus papeles. –Es su turno- dijo mirando a ambos abogados.

-Señorita Swan- dijo el hombre situado al lado de James, por lo que supuse que seria su abogado el primero en intervenir. –El día de los hechos, ¿Cómo diría que se encontraba mi cliente?-.

-No entiendo su pregunta-.

-¿Cree que usted que estaba en plenas facultades físicas y mentales o bajo os efectos de alguna sustancia?-.

-No puedo contestar con seguridad a esa pregunta, pero teniendo en cuenta experiencias anteriores, creo que a James no le hace falta tomarse nada para ser violento-.

-Entonces…-.

-No creo que estuviese bajo efecto de nada-.

-¿Pero no lo puede confirmar?-.

-Ya le he dicho que no se nada con seguridad, pero es lo que yo creo, que es lo que me ha preguntado- dije ya cansándome de que aquel hombre diese mil vueltas al tema para obtener una respuestas diferente a la misma pregunta. De mi no lo conseguiría.

-No hay más preguntas-.

-Yo no haré preguntas- dijo el abogado de Jacob.

-En 20 minutos tendremos el veredicto. Se levanta la sesión- dijo el juez dando con el martillo a la mesa. Baje de allí corriendo para ir donde mis amigos. Hacia mucho tiempo que no necesitaba un abrazo como en aquel momento. Me recibieron todos con los brazos abiertos.

-¿Cómo te encuentras?- me pregunto Ángela limpiándome las carreras de rimel de mis mejillas.

-Algo más tranquila-.

-Con lo tuyo y las declaraciones de los demás testigos y de ellos todo saldrá como deseas- me dijo Jasper que era el único que había acudido a las sesiones previas, tanto como para estar informado como para sus practicas de carrera.

-Edward no ha venido- dije dejando salir mi verdadera preocupación en aquel momento.

-Debe de haberse retrasado con algo. No te preocupes- respondió Alice sin encontrar convicción en lo que ella decía.

-Vamos a la cafetería a tomar algo. No es bueno que sigamos aquí hasta que se reanude- dije Ben cogiendome por lo hombros y acompañándome hasta la puerta. Aunque me pidieron un zumo y un sándwich, la comida s quedo prácticamente intacta en el plato ya que se me revolvían las tripas solo de mirar comida e aquel momento. La situación debía de estar realmente tensa para todos ya que ni Emmet se comió lo que yo deje.

-Bien- dijo el juez sentándose en su silla. –Levantasen por favor- les dijo a los acusados. Note como unas manos cogian las mías y vi a todos mis amigos inclinados con sus manos en las mías. –El veredicto ha sido tomado. Para el señor James la condena es de 8 años de cárcel por intento de asesinato sin posibilidad de fianza. Y al señor Black se le condena a 2 años de cárcel por posesión de drogas con posibilidad de reducción por buena conducta y tratamiento de rehabilitación. Se levanta la sesión-.

-Ya termino todo Bella. Ya paso- dijo Emmet apoyando mi cabeza en su hombro y acariciándome el brazo mientras dejaba salir de mi toda la tensión acumulada. Dirigí mi vista hacia ellos, mientras James amenazaba a su abogado y chillaba, Jacob simplemente agradecía sus servicios con una sonrisa. Era extraño verles a los dos con esos monos naranjas que solo significaban una cosa, falta de libertad. Me levante para despedirme de Jake, a fin de cuentas era lo mínimo que podía hacer.

-Lo siento Jake- dije cuando el aun estaba de espaldas. Se giro y me miro con una expresión de dulzura.

-No sientas nada- dijo pasándome las manos esposadas por detrás de mi y abrazándome. Yo me limite a pasar los míos por detrás de su cintura. –Me ha caído lo mínimo, y estoy seguro que es gracias a ti-.

-Son dos años Jake- dije sin poder evitar seguir llorando.

-Dos años que podían haber sido 5 o 6. Además pienso entrar a rehabilitación, y me portare bien, asíque probablemente la pena sea menor-.

-No se si podré ir a visitarte, pero te escribiré-.

-No quiero que me visites Bella, pero recibiré tus cartas y las contestare. Y espero verte cuando salga-.

-Lo intentare Jacob. Cuídate- dije besándole en la mejilla mientras me desenvolvía con sus brazos y dos guardias se ponían a cada lado para llevarle ya dentro.

-Lo hare. Hasta pronto- dijo y la puerta se cerró detrás de el. Extrañamente esa conversación fue lo que mas me relajo de todo el día.

-Es hora de volver- me dijo Rose.

-Claro- la conteste y salimos todos juntos de lugar donde esperaba no volver en mi vida.

-Bella, vamos a ir a comer todos juntos. ¿Quieres venir?- pregunto Emmet.

-No gracias chicos, necesito descansar. A sido una mañana de demasiadas emociones-.

-Claro, lo entendemos. Nos vemos mas tarde, ¿vale?-.

-Por supuesto-. Me despedí de todos y subí a mi casa. Metí las llaves en la cerradura y me extrañe al ver que se abría con una sola vuelta cuando normalmente si no había nadie en casa cerrábamos con dos. Un pequeño chillido salio de mi garganta cuando vi una figura en el salón de mi casa, luego simplemente comprendí que era Edward y pude respirar agradeciendo que no me hubiese dado un infarto al corazón. Estaba sentado y echado para adelante. Me miro con profunda tristeza y yo no compendia nada. Camine hasta el sofá para sentarme a su lado. Ninguno de los dos sabía que decir, pero lo peor es que yo no sabía que estaba ocurriendo.

-Hola- se atrevió a decir el.

-No has aparecido- dije yo, puesto que era lo único que sabia con total certeza de aquello.

-Ya, si, lo siento-.

-No lo parece_ exprese de manera sincera. -¿Qué te pasa Edward?- dije viendo que ni aun hablando su rostro cambiaba de expresión.

-Toma- vi como me daba un papel doblado que aun no había visto. Lo cogi y lo desdoble. Solo me basto leer las primeras palabras para saber de que iba todo aquellos. Me tape la boca para que mi lloro no fuese tan estruendoso.

-Te vas- pude decir entre sollozos. –Te vas- dije volviendo a mirar el papel y comprobando que aquello no era un sueño o una mala jugada de mi mente.

-He sido aceptado si-.

-Me alegro mucho por ti- dije intentando calmarme, algo completamente imposible.

-Lo recibí hace algunas semanas-.

-Por eso estabas tan raro, ¿verdad?-.

-Si. Necesito hablar contigo de esto- dijo quitándome el papel de las manos y airándolo a algún punto del salón.

-Tu dirás- dije quitándome las lagrimas con el brazo.

-Voy a ir- dijo mientras podía escuchar como en mi mundo empezaban a crearse unas grietas enormes, y posiblemente irreparables. Mis lágrimas cesaron y solo pude centrar en mi vista en su cara, una cara que tardaría en volver a ver. –Y quiero dejarlo. No creo en las relaciones a distancia. No considero posible estar con una persona sin verla durante un año entero, y mas siendo universitario. Te he querido mucho Bella. Tu me has enseñado que es querer, y como yo se lo que es, también se que los kilómetros y el amor no son compatibles. Me voy dentro de unas horas a Australia para ir aclimatándome. Lo he estado pensando durante estos días y considero que es lo mejor. Solo lo saben mis padres, y créeme cuando te digo que no están muy de acuerdo. Ahora me despediré de los chicos, pero creía que te habías ganado el derecho a ser la primera en enterarte de las cosas-.

-Pero yo te quiero Edward- dije intentándole coger una mano de forma desesperada, pero sus reflejos fueron mas rápidos y se levanto del sofá antes siquiera de que le pudiese tocar.

-Lo siento Bella, lo siento mucho de veras-.

-No mientas Edward, no lo sientes, porque en verdad no tienes ni idea de lo que es querer. Vete de aquí- dije señalándole la puerta con el dedo mientras mi furia crecía. La furia, el odio y el dolor, sobre todo el dolor.

-No puedo dejarte así- dijo relajando la postura que tenia desde que llegue la cual no dejaba mostrar ninguna emoción.

-¡Que te vayas de mi casa Edward! Me vas a dejar mucho peor de lo que ves ahora asíque no intentes mostrar pena Edward. Vete-.

-Adiós Bella- dijo mirándome y cerrando detrás de el la puerta. Justo en ese momento mis rodillas fallaron y caí al suelo. Pero no sentía dolor, por lo menos no un dolor físico, este iba mucho mas allá, este dolor venia del corazón, de todo mi cuerpo, pero una pastilla no lo iba a calmar, ni las palabras ni nada. Posiblemente ni el propio Edward lo curaría. Lloraba de rabia y odio, por no darme cuenta antes de que aquello iba a pasar, llore de ansiedad, porque tantas cosas malas en un día nadie las puede soportar, llore de dolor, de saber que jamás volvería a ver a Edward, que nunca volvería a tocar su pelo, ni a ver sus ojos esmeraldas, ni a probar sus labios ni a suspirar cuando estuviese entre sus brazos. En algún momento de mi desesperación caí en la inconsciencia.

Abrí mis ojos notando como mis parpados de repente habían aumentado en peso. Poco a poco fui recordando los acotencimientos vividos antes y mi respiración empezó a ser mas rápida y angustiosa. Ni siquiera la mano que sostenía la mía y me la acariciaba lograba calmarme, porque no era la de Edward, yo sabia como era su tacto, y aunque este me demostraba cariño, no era Edward. Abrí completamente mis ojos para ver que efectivamente el había cumplido su palabra, no era el, era Alice que dejaba caer sus lagrimas libremente mientras me miraba. Antes de poder decir nada ella se tiro encima mía y me abrazo con toda la fuerza que contenían sus pequeños bracitos. Después me libero sin dejar de mirarme.

-Te encontramos en el suelo cuando llegamos y Emmet te dejo en la cama- me dijo haciendo que recordase que yo no me había ido solita a mi cama antes. –Se ha ido- dijo tapándose la boca y mirando al suelo. Esta vez fui yo quien me incorpore y la abrace.

-Lo se- dije como pude.

-¿Cómo nos ha podido hacer esto?-.

-Es una gran oportunidad Alice. Deberías comprenderle-.

-Entiendo que se quiera ir. ¿Pero así? ¿De esta manera? ¿Haciendo daño a la gente que quiere y que le quiere?-.

-Dudo que Edward quiera a alguien mas que a el- dije levantándome de la cama y dirigiéndome a la persiana para subirla, viendo que todavía era de día. Mire la hora y eran las 9 de la mañana. Llevaba casi 24 horas durmiendo.

-¿Cómo puedes decir eso Bella? Te ha demostrando que te ama mas que a nada en el mundo dijo con un tono de ira en la voz desconocido por mi en Alice hasta ahora.

-Eso es lo que ha demostrado hoy Alice. Hoy y las ultimas semanas- dije girándome para mirarla, -porque supongo que habrá hablado cono vosotros tal y como me dijo, y esto no es una decisión que haya tomado de un día para otro-.

-Lleva demostrándote casi tres años lo que siente por ti Bella. No me entra en la cabeza como puedes decir eso ahora-.

-Y a mi no me entra en la cabeza como me ha podido hacer eso Alice. No lo entiendo, pero si el quiere dejar esto aquí, pues que así sea-.

-¿Qué quieres decir?-.

-Que como el no quiere saber nada de mi, pues entonces yo tendré que intentar olvidarle, y cuando termine el año que viene, me iré a Madrid-.

-¿No vas a luchar por el Bella? ¿Te vas a ir y nos vas a dejar aquí?-.

-¡Como quieres que luche Alice! ¿Con que lucho? Con la nada Alice, no esta- dije derrumbándome dándome cuenta de la envergadura de mis palabras. –Se ha ido y me ha dejado diciéndome "me ha querido mucho". Pasado. Un Edward y yo pertenece al pasado. Voy a concentrarme en lo que realmente he venido aquí, a sacar esta carrera y ser la mejor. Después me iré a donde de verdad pertenezco-.

-¿Y nosotros Bella?-.

-No lo se- dije apoyándome en la pared y deslizándome hasta el suelo por ella tapándome la cara con las manos para volver a llorar.

-Saldremos de esta Bella- dijo sentándose a mi lado y abrazándome mientras dejaba caer mi cabeza sobre su hombro.

-Chicas- dijo Emmet desde la puerta de mi cuarto. –Bella, tienes que comer algo. Llevas muchas horas sin probar bocado-.

-Claro- dije levantándome y saliendo detrás de Alice. Emmet me agarro y me llevo junto a el abrazándome.

-Nadie merece que estés así, ¿me entiendes Bella? Se fuerte, tu puedes- pase mi brazo por su cintura y le acaricia regalándome un intento de sonrisa. Descubrí cuando llegue al salón que estaban todos, pero ninguno abrió la boca cuando aparecí. Aprecian todos metidos en su mundo, un mundo que no era el mismo que hacia unas horas.

-Bella, ¿Qué vas ha hacer estas vacaciones?- se aventuro a decir Ángela.

-Me quedo aquí trabajando. Tengo que ahorrar. Cuando termine el año vuelvo a España-.

-¿Cómo?- dijo Rose saliendo de su trance. -¿Cómo que te vuelves?-.

-¿Qué quieres que haga aquí Rose? Hecho de menos a mi familia, y antes de septiembre quiero encontrar un buen trabajo, tendré que ir a buscarlo-.

-¿Y no lo puedes buscar aquí?-.

-No- me limite a decir.

-¿Es por Edward?-.

-Rose- le advirtió Emmet.

-No Emmet, ¿vas a hacer eso porque Edward ya no esta? Tú querías quedarte aquí, todos teníamos esa idea-.

-Exacto Rose, todos pensabais, nadie preguntaba. Si tu idea era errónea desde luego no es mi culpa- dije dejando la cuchara en el cuenca de los cereales. –Hare lo que me da la gana, al igual que tu haces lo que te da la gana y todos hacéis lo que os da la gana. Quiero volverme, si tienes algún problema, guárdatelo, no es el momento-.

-Te creía algo más fuerte-.

-Mira Rose, me estoy cansando. No tienes ninguna autoridad para decirme nada de lo que me estas diciendo. ¿Fuerte, tu hablas de fortaleza? Ojala no estés nunca en la situación donde me encuentro yo. Por lo menos a ti no te dejaron sin ningún tipo de razón más que no cree e el amor a distancia. Y que encima e dejen el día que meten a uno de tus amigos en la cárcel por tu maldita culpa. Y que encima después te echen en cara que dejes a los demás solos, porque simplemente echas de menos a tu familia porque llevas sin verla 4 años- dije casi sin respiración. Ya no caían lágrimas de mis ojos. Ahora estaba en ese estado de furia que todo me parecía mal, todo me sentaba como una patada en la tripa, y encima tenía una amiga que no podía creerse que reaccionase así y lo tenía que pagar con ella.

-Lo siento Bella, yo no lo había visto así…- dijo Rose agachando la cabeza imitando el gesto de los demás, que según parecía, no se habían atrevido siquiera a respirar.

-No pasa nada Rose- dije relajándome yo también. –Voy a cambiarme y a trabajar. Os veo luego-.

Aquel verano pasó sin más pena ni gloria. De casa al trabajo, del trabajo a casa. Algún fin de semana daba un paseo por la ciudad, pero todo parecía haber perdido su magia, las calles, la gente, el clima, todo parecía diferente a semanas antes. Incluso yo parecía haber cambiado, ni siquiera yo me sentía parecida. Ninguno de mis amigos se quedo en la ciudad durante aquellos dos meses, pero de todos recibía llamadas casi a diario, incluso postales. Aquellos días di la noticia a mis padres de que volvería al acabar el curso, algo que les alegro notablemente. No pararon de preguntarme por Edward, y tuve que decires que estaba de vacaciones, una excusa que no podría alargar eternamente. Edward seguía en mi mente y en mi corazón cada día como desde hacia años, pero parecía que cada día hacia un poco menos de daño recordarle, o por lo menos eso intentaba, pero de el no tuve ni una sola noticia, algo que sinceramente me alegraba. Sin duda casi lo que mas me subía el animo eran las cartas de Jacob. Las noticias que me llegaban eran alentadoras cuanto menos, a pesar de que estar en la cárcel siempre es duro se lo tomaba con filosofía y esperanzas.

El primer día de clases se presento antes de lo que yo me imaginaba. Durante ese año no trabajaría y me concentraría 100% en la carrera, deseaba sacármela a la primera, y tenia que esforzarme mas de la cuenta, por eso en verano combine dos trabajos, para ganar algo mas de dinero y asegurarme el billete a mi casa y dejar un colcho de dinero para imprevistos.

-Te hemos echado de menos pequeña- me dijo Emmet levantándome un palmo del suelo mientras me abrazaba. De verdad había echado de menos a ese grandullón.

-¿Qué haces aquí? Tu ya dejaste este mundo- le pregunte una vez en el suelo.

-Acompañaros en vuestro primer del último año-.

-Extrañare todo esto-.

-Y nosotros a ti-.

-No digas eso que todavía no me fui- dije pegándole en el brazos aunque sabia que aquello no llegaría ni ha hacerle cosquillas.

-¡Bella!- se escucharon tres voces corriendo hacia mí. Yo simplemente sonreí y las espere con los brazos abiertos hasta que llegaron.

-Hola chicas- las salude.

-¿Cómo estas? Te veo estupenda- me dijo Ángela.

-Estoy bien, si-.

-Me alegro- dijo Jasper detrás de ellas.

-Hola Jasper- le salude abrazándole. –Hola Ben- dije también abrazándole viendo que llegaba hasta nuestra posición.

-Disculpad- dijo Alice cogiendo su móvil que había empezado a sonar. -¿Diga?... ¡Edward, hola!- dijo entusiasmada. Yo solo pude girar mi cabeza y quedarme mirando a algún punto del campus, exactamente a un grupo de niñas que aprecian totalmente desorientadas. Debían de ser nuevas aquel año, y pensé cuanto desearía volver a aquellos días donde todavía no tenía ningún tipo de preocupaciones. Me perdí en la conversación hasta que escuche algo que no encajaba. -¿Bella? Esta aquí con nosotros- me gire rápidamente y le hice un gesto como para que cortase aquello. A pesar de todo Alice seguís insistiendo en que no debíamos dejar aquello como estaba, pero aprendió con el tiempo a que pareciesen simples comentarios. –Si Edward ella esta bien. ¿Qué quieres hablar con ella? Si claro, espera- dijo tendiéndome su móvil con una sonrisa. Mi cara le hizo doblar el brazo rápidamente y volver a colocarse el aparato en su oído. –Se acaba de ir, lo siento- rápidamente me di la vuelta, y después de despedirme de el hasta pronto me metí en el edificio evitándome seguir escuchando cierta conversación.

El primer día de aquel último año, fue hasta ahora y sin duda el más emocionante de todo lo que llevaba allí. El tutor, que volvió a ser el profesor Coen, dijo que debíamos elegir a aquel que queríamos que nos representase delante de los padres el día de la graduación, ese que tendría que escribir el discurso y leerlo. Nos advirtió que teníamos que tener en cuenta a aquellos que se habían ido pero que volverían para graduarse con el resto del grupo. Es decir, antes de irme vería a Edward una vez mas, y aquello no se si fue lo que mas me gusto del día o lo que menos. Hicimos nuestras votaciones, y sorprendentemente fue mi nombre el elegido. No tenia ni idea de quien me había podido votar, y de nuevo mis sentimientos fueron contradictorios, no sabia si estar sumamente feliz, o sumamente nerviosa.

Tal y como había predicho el cuarto año apenas nos dejo tiempo par respirar. Estábamos día tras día agobiados por trabajos, exposiciones, exámenes, conferencias y demás actividades que no nos dejaban un minuto para nosotros mismos. Pero un día antes de volver a clase en las vacaciones de navidad, tuve tiempo para ir a la agencia de viajes y pedir mi billete a España. Y sin duda fue uno de los días más duros desde que estuve allí. El más duro no quería ni recordarle.

Bien, aquí tienes tu billete. Que disfrutes del viaje- me dijo la dependienta después de darme todo. Camine hacia el piso como si mi bolso pesase 500 kilos de mas, sin duda llevaba hay todo el peso de mis decisiones, que no era poco. Entre a mi piso y vi a todos sentados en el sofá, sin saber que hace unos minutos mi futuro había sido decisivo. Vi a Alice sonriente hablando por teléfono.

-Hola Bella. ¿Qué te pasa?- pregunto Ángela girando su cabeza comprobando quien había llegado. Saque mi billete del bolso y se lo di para que lo viese. –Bella…-.

-¡Eh! ¿Qué es eso?- pregunto Alice quitándoselo de las manos a Ángela. Todos se inclinaron para verlo y todos cambiaron su cara al caer en que aquello no era un motivo de felicidad. –Esto es lo que todos creemos, ¿verdad Bella?- pregunto olvidándose de que estaba manteniendo una conversación por teléfono. Yo simplemente asentí con mi cabeza.

-¿Por qué no nos has avisado? Te hubiésemos acompañado o algo- dijo Emmet.

-Quería, bueno, necesitaba hacerlo sola. Lo siento…-.

-Has hecho lo correcto Bella. No te disculpes por nada- dijo Rose levantándose y abrazándome.

-Calla un momento… Que Bella ha cogido su billete para España… Si Edward se va al terminar la carrera- dijo Alice. Asíque aquella conversación era con Edward. -¡A mi no me chilles Edward! ¡Si se va no es por mi culpa!... Estas a dos palabras de que te cuelgue hermanito… no soy yo quien tenia que hacer algo para que se quedase… Un momento- nos dijo saliendo del salón y yendo para una de las habitaciones a continuar la conversación.

-Al parecer echa de menos todo esto, y esta un poco irritable- dijo Rose sentándose en el sofá de nuevo. Yo simplemente me quite mi abrigo y me senté en el suelo al lado de Ben encima de un cojín.

-Entiendo lo que siente-.

-Oye Bella, te vas dos das después de graduarte- dijo Emmet con mi billete en la mano.

-Si, lo justo para recoger todo y despedirme de vosotros-.

-Tendremos que hacerte una gran fiesta entonces-.

-No esperaba menos- dije sonriéndole.

-¿Vendrás a visitarnos no?- dijo Ángela.

-Algún día volveré, seguro. Pero espero veros por allí también-.

-Te debemos un gran viaje- dijo Ben pasándome su brazo por mi espalda.

Si, echaría de menos todo esto.