Capitulo 25

Era imposible que después de un año preparando aquellas líneas, repitiendo día tras día el mismo discurso variando solo algunas palabras para que fuese completamente perfecto, llegase la hora y no supiese ni como empezar. De mi boca no salía con naturalidad ni un triste "buenos días". Aun seguía en la mesa de mi escritorio, solo que ya no estaba con los apuntes esparcidos por toda la mesa, ni con el portátil encendido, ni los bolis desperdigados. Ya no había nada, solo aquella hoja con el discurso final de graduación, y yo sentada en la cama con esa horrible túnica granate hasta los pies con el birrete a juego y el pompom amarillo colgando. Debajo llevaba un vestido beige de vuelo y finos tirantes escogido y regalado por Alice como regalo de despedida.

Aun frustrada porque no me salía nada, sabia que es el momento llegaría, y que mis nervios saldrían a flote cuando yo menos les necesitase. En 10 minutos tenia que estar ya abajo con el resto de mis compañeros. Era oficialmente mi último día de universidad, un discurso mas tarde seria una persona licenciada en Relaciones Internacionales por la universidad de Nueva York, además de la primera de mi promoción. Hay es nada. Pero es que encima seria el día donde vería a Edward por primera vez en 9 meses, y ese simple pensamiento me provocaba tales mareos que veía el suelo cerca. Intento quitarme lo de la cabeza y enfocarme solo en disfrutar del día, el cual culminaría con una fiesta a lo grande en uno de los locales más prestigiosos de la ciudad en honor a la promoción de ese año de la universidad. Mi vestido según Alice, estaba pensado para todo. Puse fin a aquella agonía y salí de mi cuarto. Abajo alumnos con la túnica acompañados de sus padres invadían todo el campus. Mensajes de cariño y pronta nostalgia se mezclaba creando un clima de esperanza, el comienzo de una nueva vida para todos aquellos que estaban allí.

-¡Bella!- gire mi cabeza y vi a mi grupo de amigos y a Emmet levantar su brazo para ser mas visible.

-Que guapo- dije llegando a su sitio y alabando el traje que llevaba. Aunque iba con camisa blanca no llevaba ni corbata ni americana, pero eso no quitaba que fuese elegante.

-No puedo decir lo mismo de vosotros-.

-¡Emmet! No me hundas- dijo Alice a lo que todos nos reímos.

-Podrás quitártela pronto enana- las risas fueron cortadas inmediatamente al escuchar la voz que decía aquella frase. Ninguno nos habíamos dado cuenta que la persona que se encontraba detrás de Alice era el mismísimo Edward. realmente no estaba tan cambiado, conservaba todo lo que un día me gusto físicamente de el, la única diferencia es que su pelo estaba un poco mas corto, tenia un barba de uno o dos días y su musculatura había aumentado un poco, cosa que pudimos observar al llevar la túnica aun en su mano.

-¡Edward! dijo Alice lanzándose a su cuello y Edward dándola vueltas e el aire riéndose como yo recordaba que solía hacer.

-Te he extrañado horrores enana- dijo dándole un cariñoso pellizco en la nariz.

-Por lo menos el sentido de la moda no lo has olvidado. Mírate que guapo estas-.

-Vaya, muchas gracias. Un piropo de Alice Cullen, eso es algo que debo valorar. Hola- dijo mirando a los demás un momento hasta que su mirada recayó en mí.

-Hola Edward- dijo Jasper yendo a saludarle y evitando aquel extraño momento.

-Hola Jasper, ¿Cómo esta? Te veo bien-. El resto de saludos fueron mas de lo mismo, abrazos y besos expresando o bien que se vean unos a otros, pero parecía más un trámite que realmente una bienvenida calurosa. No sabia que estaba haciendo allí si mi intención no era saludarle, es mas, mi intención estaba lejos de estar cerca de el. En el momento que me toco a mi sonó por megafonía que debíamos de ir preparándonos y salí corriendo de allí dejando a Edward con la mano extendida para coger la mía.

Nos sentamos en aquellas sillas blancas puestas en fila y las cuales debíamos ocupar según nuestros apellidos. Una hora y media después el directo anuncio mi nombre, la elegida por los alumnos para dar el discurso final. Me levante entre aplausos y subí las escaleras felicitándome mentalmente por haber hecho correctamente el primer paso, no caerme al subir. Coloque el papel en el atril y me tome el lujo de mirar hacia el frente para ver a los invitados. Varias promociones de alumnos ocupaban las sillas de diferentes carreras, y los padres, todos perfectamente trajeados esperaban mi discurso. Logre distinguir a Carlisle y Esme, que me miraban con adoración como si yo fuese una hija mas, Emmet que tenía en su cara una sonrisa descomunal de completo orgullo, viendo en mi pequeñas trazas de la chica insegura a la que ayudo en su primer día y a la cual trato como una hermana durante cuatro años. Mis amigos, algunos llorando otros con sonrisas de ilusión.

-Buenos días a todos- comencé. –Me gustaría empezar presentándome. Me llamo Isabella Swan, tengo 21 años y hoy me gradúo en Relaciones Internacionales por la Universidad de Nueva York. Puedo decir que soy una chica soñadora y que puede decir con autoridad que lo sueños pueden llegar a cumplirse. Cabezota y con unos gustos quizá un tanto peculiares en según que cosas. Me siento tremendamente afortunada de la vida que llevo, pero sobre todo por quien me acompaña en esa aventura que se llama vivir. En estos últimos cuatro años he vivido más experiencias que en el resto de mi vida junta, vivencias que me acompañaran en el resto de mis días. Y después de todo esto, llegamos a la conclusión final, y es que no se lo que quiero hacer. Entras en la universidad llena de esperanzas y con la convicción que saldrás de ella con tu futuro encarrilado hacia un camino, pero no es así, ni yo ni probablemente el 95% de mis compañeros sabemos que va a ser de nosotros el día de mañana. Durante cuatro años hemos trabajado incesantemente para ser alguien, pero cuando terminamos nos damos cuenta de que con más o menos experiencias vividas, seguimos siendo los mismos jóvenes expectantes que entraron aquí sin nada en las manos. Pero no pasa nada. No pasa nada porque ahora sabemos que debemos hacer, seguir trabajando, seguir luchando como llevamos haciendo toda la vida, y algún día miraremos hacia atrás y veremos que siempre fuimos alguien, que lo que verdaderamente importa no es tu nota de promoción, ni los diplomas, ni las becas, ni las medallas, ni siquiera los millones que puedas ganar. Aquí aprendemos en la escuela de la vida, y cuando lleguemos a ese punto donde tendremos que retroceder y hacer balance veremos que lo que realmente nos saco de los momentos malos no fueron las medallas que un día conseguí, si no los amigos que he ido acumulando en mi vida, porque ellos jamás se esconderán en el fondo de un cajón de manera inservible; no seremos nadie por el valor que puedan tener nuestras acciones, si no por el valor del amor que te dio tu familia. Hemos aprendido a luchar, y hoy finalizamos la primera batalla. La guerra todavía sigue en pie. Muchas gracias y felicidades graduadas- dije terminando y mirando hacia el frente sonriendo viendo como todos se ponían de pie, profesores incluidos y aplaudían fuerte, incluso algunos enfatizándolo con silbidos.

Me quede unos segundos observando y disfrutando de aquel aplauso, me lo llevaba preparando casi un año. Pero mi mirada de repente quedo anclada en un punto. Al final del todo, en el centro del pasillo. Era sencillamente imposible estar viéndoles, porque ellos no podían estar allí. Era un sueño. Pero era tan real. Los mayores seguían iguales que hace cuatro años, y los pequeños también, conservaban esa cara de traviesos, pero eran mucho más altos. Todos aplaudían con ganas, y los silbidos venían de ellos. Probablemente no hubiesen entendido nada, pero el orgullo les llevaba más allá. Me tape la boca con la mano evitando que todo el mundo escuchase por el micrófono mis sollozos. Ellos debieron de darse cuenta porque empezaron a saludarme con las manos intentando ser mejor visto. Pero era imposible, mi atención estaba fijada únicamente en ellos. vi como volvía a encender la cámara de video y volvía a apuntar a mi. Me di cuenta de que el directo hablaba ahora por el micrófono.

-Ahora procederemos a la entrega de diplomas el profesor Coen dará la primera tanda. Serán entregados por orden alfabético después de dárselo a la primera de la promoción. Señorita Isabella Swan- me gire con la vista borrosa por las lagrimas y vi como el profesor se acercaba a mi.

-Mis felicitaciones Swan. Brillante discurso, brillante carrera- dijo dándome el diploma con una mano y saludándome con la otra. -¿Es su familia cierto?- yo asentí energéticamente con la cabeza. –Disfruta- dijo dándome un pequeño abrazo que le fue devuelto por mi parte. Los aplausos no cesaron pero yo baje corriendo las escaleras mientras el nombre de otro alumno sonaba por los altavoces y la gente volvía a aplaudir.

Corrí sin recordar que era torpe, que me podía tropezar con la tunica, que un pasillo inmenso nos separaba, que la gente me miraba raro, todo me daba igual.

-¡Haha!- dije llegando a ellos y cogiendo a mi padre por el cuello con un brazo y a mi madre por el otro. No pude evitar el chillido de felicidades que salio de mi garganta. Ambos de abrazaron como si llevásemos una vida sin vernos, y en cierto modo así era. –Papa, mama- dije sin poder controlar las lágrimas. -¡Enanos!- dije girándome a los dos adolescentes que etnia al lado, comprobando que de enanos poco les quedaba.

-¿Disculpa? Súbete a una escalera para hablarnos a los ojos- dijo Seth. –Estas guapísima hermanita- dijo abrazándome mientras cogia a Jake por la cintura también.

-Estáis enormes. Y guapísimos- dije sonriendo pasando mi mirada por las cuatro caras resplandecientes que tenia en frente mía. –No me lo puedo creer… ¿Qué hacéis aquí? ¿Por qué no sabía nada? ¿Cómo…? No entiendo- dije volviendo a abrazar a mi padre.

-Estamos muy orgullosos de ti hija. Lo has hecho genial- dijo mi madre mientras la volvía a abrazar.

-Pero si no habéis entendido anda- dije riéndome.

-Ya, pero se nota que has estado espectacular-.

-¡Pequeña!- llego Emmet con los brazos abiertos. No dude en ir a abrazarla a pesar de tener que volar por los aires. –Oye, ¿estos no son…? ¡Ustedes son la famila de Bella!- dijo tan sorprendido como estaba yo. -¿Por qué no me has dicho…?-.

-Es una sorpresa- dije notando que aun no había dejado de llorar.

-¿En serio? Vale- se aclaro la garganta y puso un gesto demasiado serio par a el momento. –Hablo un poco mal español, pero lo voy a intentar- dijo dirigiéndose a mi familia sacando de mi pecho una tremenda carcajada. –No te rías, quiero ser educado- me dijo bajito en ingles mientras yo cerraba mi boca con una cremallera imaginaria y ponía atención a la situación. –Soy Emmet, amigo de su hija. Encantado de conocerles al fin- dijo feliz de haber dicho una frase y esta se hubiese entendido.

El placer es nuestro. Teníamos muchas ganas de conocerte en persona- le dijo Renee dándole un gran abrazo.

-Le toca a Alice- dije llamando la atención de todos, viendo como la duende subía las escaleras con una gracia difícil de superar y recogía su diploma. Se giro al público y después de mirar a sus padres se giro hasta nuestra posición saludando de manera vistosa.

-¡Eh, ese es Edward!- dijo Seth pitándole para que le viera y le saludase. Mi familia no sabia lo que había pasado con Edward, solo sabían que se había ido a estudiar a Australia, pero nada de que lo nuestro no continuo, por lo que les deje que siguiesen animándole. Este alzo el diploma en nuestra dirección a modo de saludo.

-Esa es mi novia- dijo Emmet, después de que unos cuantos estudiantes subiesen, a mi familia de nuevo en español. Ben, Ángela y Jasper lo recogieron y volvieron a su sitio. Me despedí de mi familia diciéndoles que volvería en un minuto después de tirar los birretes y concluir la celebración. Me senté y efectivamente cuando el director dio por concluida la celebración todo termino, finalizando así ya mi etapa de estudiante en la universidad.

Distinguí un par de brazos que se colgaban de mi cuello como los de Ángela y no dude en estrecharla contra mi.

-Felicidades amiga- le dije.

-Igualmente-.

-¡Estamos graduados!- dijo Alice llegando hasta nosotras de manos de Jasper y abrazándonos a las dos a la vez.

-Felicidades Bella- dijo Jasper.

-Felicidades compañero- dije abrazándole al igual que el a mi. Después de felicitar a Ben y Rose todos nos quedamos charlando un rato hasta que caí en que tenia que enseñarles algo. –Venid, tengo que presentaron a alguien- cogi de la mano a Rose y Alice y tire de ellas haciendo que todo el grupo les siguiese. Allí Emmet continuaba hablando con mi familia animadamente y defendiéndose bastante bien con el castellano.

-¡OH dios santo Bella, es tu familia!- dijo Alice tapándose la boca.

-Si, chicos os presento a mi familia. Charlie, Renee, Seth y Jake- dije señalándoles y hablando en ingles para luego pasar al español con mi familia. –Familia estos son Alice, Ángela, Ben, Rosalie y Jasper, mis amigos-.

-Encantados- dijo mi familia en ingles con una pronunciación básica, pero entendible por todos.

-¡Son la familia de Bella!- chillo Alice saltando en el sitio y hablando español. –Dios mío, tenía muchísimas ganas de conocerles. Soy Alice- dijo abrazando con sus pequeños bracitos a todos los miembros, seguida de todos mis amigos.

-Tienes mucha energía para ser tan pequeña, ¿sabes?- dijo Seth, que probablemente fuese el que mejor se defendiese en ingles junto con Jake.

-Me lo dicen mucho- dijo Alice siguiendo el juego.

-¡Edward!- gritaron los de mi familia a la vez lanzándose hacia algún punto de mis espaldas. Vi como Edward se acercaba a nuestras espaldas con una sonrisa que no llegaba a su mirada.

-Encantado de conocerles. Tenia muchas ganas- dijo Edward abrazando cariñosamente a mi madre y a mi padre. –Vaya, sois enormes chicos- dijo saludando a Jake y Seth dándoles la mano y una palmada en el hombro.

-Y tu más guapo en persona- dijo mi madre. Note como Edward se avergonzaba, era de todo el grupo, el que mejor manejaba el español por lo cual podía mantener una conversación en español bastante fluida con mi familia.

-Hola Bella- vi como a mis espaldas me saludaban Esme y Carlisle después de besar a su hija y felicitarla. –Muchas felicidades. El discurso a sido magnifico- dijo Carlisle abrazándome para luego pasar a Esme.

-Muchas gracias por todo. Miren, quiero presentarles a alguien. Mama, papa- les llame la atención un momento y su atención se centro en las dos personas que tenia al lado. –Os presento a Carlisle y Esme Cullen, son los padres de Alice y… el- dije sin poder evitar que el nombre de Edward se me trabase. Deje que todos hablasen con todos, que se presentasen y disfrutasen todos de todos, mientras yo disfrutaba con todo a la vez. Ver allí a lo que yo consideraba mis dos familias, hablando, charlando, riendo, conociéndose. Dudo que haya vivido algún momento tan feliz como este en mucho tiempo. Me quite la tunica horrorosa y la deje en mi mano, notando que hasta ese momento me estaba asando de calor.

-Hola Bella- me quede paralizada mirando al punto donde veía, pero sin mirar nada. Edward.

-Hola- dije sin más.

-Felicidades por todo. Y por el discurso, ha estado increíble-.

-Gracias- me limite a decir de nuevo.

-Estas preciosa- note como mi corazón aceleraba hasta límites probablemente peligrosos, pero esa vez no salio de mi boca ninguna palabra. –Me gustaría hablar contigo un momento, cuando puedas-.

-No puedo ni quiero- todavía en lo que llevábamos de conversación no le había dirigido la mirada, y lo estaba intentando evitar con todas mis fuerzas.

-Solo te robare uso minutos…-.

-Tú ya me robaste unos cuantos años. Ahora no tengo ni segundos para ti-.

-Entiendo que estés así conmigo, pero solo quiero saber si estas bien y explicarte las cosas-.

-Las explicaciones las necesitaba hace un año Edward, no hoy. No te preocupes, estoy bien y feliz por ti-.

-¿Me has perdonado?-.

-Nunca estuve enfadada contigo. Pero esperaba de ti otra actitud, eso es todo- dije avanzando para ir a reunirme con el grupo hasta que una mano me toco el brazo que arraso allá por donde toco. Con la poca cordura que me quedaba lo aparte rápidamente y esta vez si le mire con todo el dolor que había acumulado. –Ni se te ocurra volver a tocarme- le dije entre dientes y me fui.

-¿Todo bien?- me dijo mi madre pasando el brazo por mi cuerpo. Yo solo sonreí y recline mi cabeza en su hombro. –Edward a sido tremendamente generoso-.

-¿Qué?- dije sin entender a que venia esa frase en esos momentos.

-Nos dijo que era una sorpresa, pero supuse que ya te la había contado-.

-¿De que estas hablando mama?-.

-Edward fue quien nos pago los billetes de ida y vuelta para venir a verte hija. ¿Quién hubiese sido si no?- la mire con los ojos desorbitados ante las palabras que estaban llegando a mis oídos. ¿Qué Edward hizo que? No podía estar pasándome eso a mi.

-Si hija, a principios de año se comunico con nosotros y nos hablo que quería sorprenderte con lo que mas querías en el mundo. Nos dijo que seria un regalo para todos, para nosotros poder verte, para ti de graduación y para el resto de poder conocernos. Es un chico muy especial-.

-Ahora vuelvo mama- dije besándola la mejilla y deshaciendo mis pasos volviendo al lugar donde había estado charlando con Edward. Pero ya no estaba allí. Me quede un rato en el mismo lugar mirando hacia todos lados, pero sin ver aquella melena bronce por ningún lado, y desesperándome a cada segundo.

-Si esperas al idiota que estuvo aquí hace cinco minutos creo que esperas un milagro-me quede paralizada pensando seriamente si ese día estaba soñando. ¿Era posible que todas las sorpresas y emociones del universo se concentrasen en una sola persona en un mismo día? Me gire para confirma que probablemente si.

-¡Jacob!- dije arrojándome a su cuello siendo recibida entre sus brazos. –No lo creo, ¿Cuándo saliste? ¿Por qué no me avisaste? Te hubiese ido a buscar-.

-Tranquila pequeña, respira, una por una. Es una sorpresa, y no salí, tengo un permiso de unas horas que he utilizado para venir a verte. No te merecías menos. De todas formas veo que no soy la única sorpresa del día- dijo señalando con la cabeza a mis padres y mis hermanos.

-Eso no quiere decir que me alegre menos de verte. Pero cuéntame, ¿Cómo estas?-.

-Estoy, aquello no es fácil ni divertido, pero me encuentro mejor. Además me han dicho que podré salir pronto si sigo así-.

-Eso es estupendo-.

-Lo se. Si no llego a venir hoy te hubieses ido sin volver a vernos, ¿verdad?-.

-Yo… me voy en dos días, pero me dijiste que no querías que fuese y no sabia… te tenía una carta de despedida preparada-.

-No es tu culpa, yo te lo pedí y te agradezco que la respetes. Me alegro de poder despedirme en persona-.

-Volveré algún día y espero verte cuando lo haga-.

-Tiene mi número y mi correo. Una llamada y te iré a recoger al aeropuerto cualquier día del año-.

-Gracias Jake ¡No tienes ni idea de la ilusión que me esta haciendo verte!- dije riéndome sin poder evitarlo.

-Si es la mitad de la que me hace a mi, si me lo imagino- dijo riéndose el también.

-Jake sabes que yo…-.

-No digas nada Bella, ya no hace falta. Todo paso. Siento un profundo cariño por mi, una gran amistad, ya esta, nada de amor-.

-Eso… eso tranquiliza mucho. ¿Vendrás esta noche a la fiesta?-.

-Tengo que estar e un par de horas de vuelta, así que me temo que no-.

-Eso quiere decir…-.

-Que me tengo que ir ya, si-.

-Eres la primera persona de la que me voy a despedir- dije sin evitar que se me quebrase la voz.

-Ven aquí- dijo arrastrándome hacia y abrazándome mientras yo me cogia a su camiseta y la apretaba. –Gracias por dejare conocerte. Ha sido un placer para mí conocer a una de las mejores personas de este mundo. Aunque tarden mas, no dejes de enviarme cartas, ¿vale? Allí dentro me dan la vida casi-.

-Gracias a ti por todo Jake. Te prometo que nos veremos pronto- dije separándome de el y dándole un beso en la mejilla.

-Me despides de todos, ¿vale? No quiero interrumpir nada-.

-Tú no interrumpes nada…-.

-Hasta pronto guapa- dijo dándose media vuelta y despidiéndose con la mano, siendo la primera persona de la que me despedía y ya echaba de menos.

-¿Ese no era Jacob?- me dijo Emmet llegando a mi sitio y pasándome su brazo por mis hombros. -¿Qué hacia aquí?-.

-Le han dado un pequeño permiso y ha querido venir a ver como me graduaba-.

-Vaya, se le ve bien. Ven anda- dijo girándome y dirigiéndome hacia el grupo. -¿Qué tal si comemos todos juntos y después los jóvenes nos vamos a celebrarlo?- pregunto.

-Claro- dijeron varios, por lo que todos estuvimos de acuerdo y nos fuimos a uno de los restaurantes más asequibles y cercanos de Nueva York a comer. Me senté en la mesa al lado de mi padre y de mi hermano Jake, que alucinaba con cada detalle de la ciudad, a lo que yo solo podía reír y ver en el a la adolescente que llego allí hace cuatro año. En varios momentos de la cena mi mirada recayó en Edward, viendo que su conversación se reducía a sus padres, su hermana y en algunos momentos mi familia, con la que precia llevarse a las mil maravillas. Durante el día tendría que buscar el momento adecuado para pedirle explicaciones, pero sobre todo para agradecerle.

Una vez terminada la comida, que se alargo hasta altas horas de la tarde cada uno fue a su cuarto a arreglarse para la fiesta mientras picaba algo para no caer rendido en mitad de la celebración.

El local era increíble, dos pisos con espacio suficiente para todos los graduados. Barra libre y un cartel que nos felicitaba nos dieron la bienvenida.

-Mi fiesta fue una birria comparada con esta- dijo Emmet adueñándose del centro de la pista. Varios bailes después vi que Edward ya no estaba entre nosotros, y era ahora o nunca.

-Alice, ¿Dónde esta tu hermano?- le pregunte cuando nos sentamos en los sofas para descansar un rato.

-¿Edward? ¿Preguntas por Edward?-.

-Si, tengo que hablar con el. ¿Sabes donde esta?-.

-Se fue por allí, pero no tengo ni idea- dijo señalando un punto. Me levante con la intención de dirigirme hacia allí hasta que una mano apretó mi muñeca. Vi que Alice me invitaba a acercarme a su oído para que la escuchara mejor. –Suerte- me dijo- le di un beso en la mejilla y partí en busca de Edward.

Le busque durante varios minutos, atreviéndome incluso a preguntarle a algunos de sus conocidos pero obteniendo siempre la misma respuesta, o un escueto no o una mala mirada que me indicaba que no estaba en el lugar adecuado. Pare un rato en la barra a descansar mis pies, los cuales gritaban que me deshiciese de esos tacones, pero o me quedaba descalza en medio de aquel lugar o tendrían que aguantar un poco mas. Subí mi cabeza y vi a la persona que buscaba, pero no precisamente en la compañía que más deseaba. Edward estaba sentado a la otra punta de la barra con una bebida en frente, y Tanya a su lado, justo de cara a mí, intentando llamar su atención, incluyendo comerle la oreja. Aquello, aunque era totalmente normal en una fiesta, era algo que simplemente me podía. No lo soportaba, no éramos nada, pero una tenía su orgullo, y supongo que de vez en cuando era bueno sacarlo. Fui allí evitando a todos los estudiantes borrachos que pedían una copa a gritos y me puse a su lado apoyándome en ella de manera firme. Ambos me dirigieron una mirada con diferentes significados aunque los dos tenían la sorpresa dibujada en ella.

-¿Bella?- pregunto Edward girándose hacia mi y dando la espalda a Tanya.

-Te estaba buscando, necesito hablar contigo…-.

-Pues te esperas porque ahora esta…-.

-Lárgate Tanya, ya te he dicho antes que yo no tengo nada que hablar contigo- le dijo sin dirigirle la mirada.

-Veo que sigues igual de idiota que cuando te fuiste- le dijo y se marcho de allí, a lo que se suponía era su siguiente presa.

-Bella, tengo que explicarte…-.

-Vamos a un lugar mas calmado, ¿vale?- dije moviéndome mi cabeza y andando hacia la parte de arriba de la discoteca, donde una serie de sofás separados por unos biombos daban una cierta intimidad.

-Bella…-.

-No quiero hablar contigo para lo que quieres contarme. Quiero saber como narices se te ocurrió pagar a mi familia este viaje-.

-¿Quién te lo ha contado?-.

-¿A parte de mi familia lo sabia alguien mas?-.

-No, nadie. ¿Renee verdad?-.

-Si, al verme hablar contigo pensaba que me lo habías dicho. ¿Pero por que lo has hecho Edward? ha sido demasiado y tu y yo ya no somos nada como para que hagas ciertas cosas-.

-Tu para mi siempre serás lo mas importante del mundo. Llámalo como quieras-.

-No Edward, tu solito te encargaste de que un tú y un yo en la misma frase no significase absolutamente nada. Tú lo destrozaste-.

-Me equivoque, una vez mas debí hacerte caso, pero me volví a equivocar. Creí que un año sin verte terminaría por matar la relación, que se acabaría el amor, el cariño, la complicidad, todo. Pero lo único que ha hecho ha sido crecer. No ha pasado un día donde no haya pensado en ti, donde no me haya golpeado mentalmente por haber cometido semejante error. Y quiero repararlo porque se que tu tampoco me has olvidado. Tu mirada no puede mentir- dijo acariciando mi mejilla con ternura sin apartar la vista de mi.

-Solo quería hablar contigo para agradecerte esta sorpresa. Es de largo de las mejores que me han dado en la vida. Nada más Edward- dije sin poder quitarle la mano de mi cara. Se sentía tan bien, era como volver a estar en casa después de un año.

-Has venido a mi porque me hechas de menos tanto como yo te hecho a ti Bella. Porque me sigues queriendo como yo te amo a ti-.

-Pero eso ahora da igual. Da igual, lo que yo sienta por ti, o lo que tu quieras Edward. Ha pasado un año, ¿sabes? Has tenido un año para volver y decirme esto. – quite su mano de mi cara con mi brazo pero mis lagrimas ya no tenias control. Al momento de quitarla sentía un enorme vació. -Llevo esperando un año estas palabras. He soñado cada noche con que volvías y me decías que era mentira, que me querías, que habías sido un puto egoísta y decidiste por lo dos. ¡Maldita sea Edward ahora no!- dije tirándome a su cuello siendo recibida por sus brazos que se amoldaron a mi cintura. -Ahora soy yo la que se va. Me voy en dos días a Madrid-.

-Lo siento, lo siento, lo siento. Mil veces perdón Bella- dije besándome el cuello dulcemente. –Pero yo necesito demostrarte que te amo, que nunca he dejado de amarte, que fui un idiota al no pensar que podía estar equivocado. Quiero que lo sepas y quiero demostrártelo mucho tiempo. No te puedes ir ahora- dijo cogiendome la cara entre sus manos mirándome fijamente a los ojos.

-No puedo quedarme Edward. Perdón-.

-Tenia que intentarlo supongo-.

-Siempre serás el primero en mi corazón- dije cogiendola la suya también entre mis manos.

-Has sido y será la única Bella- dijo terminando la distancia entre nuestros labios y juntando las bocas que llevaban añorándose tanto tiempo. Era como volver a estar completa. Pero no podía permitirme el lujo de aquello. No quería sufrir mas, y cuanto mas tiempo pasara, mas me dolería el adiós.

-Te amo- dije separándome de el y corriendo para bajar las escaleras de la discoteca y volverme a casa. Ya mandaría un mensaje al grupo diciendo que no se preocupasen. Era lo menos importante. Ahora lo que contaba es que yo no volviese a romperme en pedacitos, porque esa vez si que seria imposible recomponerlos.