Este capítulo lo dedico a J0r, porque nadie sabe hacer magia como ella (leed sus fics y lo comprobaréis, si es que existe alguien que aún no los conozca, que lo dudo). Querida amiga: tú has escrito que si Harry Potter fuese tuyo, ya estarías casada con él. Y yo digo que, si lo fuese, yo te perseguiría hasta el fin del mundo para que clonases uno exactamente igual para mí (jeje). Bendita JK Rowling que lo creó. Amo a Harry Potter, creo que se nota, ¿no? (^_^)
Un abrazo muy fuerte también, y todo mi agradecimiento, a todos los que me habéis dejado reviews y habéis añadido esta historia a vuestras favoritas.
Y con mucha tristeza os aviso de que el próximo lune retomaré mi trabajo, y que no podré actualizar ni por asomo, tan amenudo como lo he hecho durante esta última semana. Así que os ofrezco este capítulo con todo mi cariño. Si os apetece dejar algún review de ánimo para la que se avecina, será bien venido.
Hasta muy pronto, espero.
Rose.
Capítulo 6: Muerte en el Ministerio de Magia.
El lunes siguiente Ron y Harry estaban encerrados en el despacho del moreno desde primera hora de la mañana. Ginny se había transportado con Harry hasta el Ministerio de Magia a través de la red flu, y la cara de su hermano había resultado todo un poema al verlos llegar juntos al Cuartel General de Aurores. Nada más verlo, Harry le había indicado con un ademán que lo siguiera y se lo había llevado a su despacho, cerrando la puerta tras ellos. Y allí se encontraban todavía, mientras E.J. y Ginny no paraban de mirar la puerta de reojo, fingiendo hablar sobre la historia del Departamento de Seguridad Mágica, y los demás aurores las observaban a ambas del mismo modo, pues era la primera vez que veían llegar al Jefe acompañado por una mujer, y precisamente aquella, que aunque le estuviese haciendo un reportaje periodístico, era la hermana de su mejor amigo y había sido su novia, y a la que muchos de ellos conocían.
Dentro del despacho, los dos hombres conversaban, inmensamente preocupados.
- Sabemos que es él, Harry, estamos seguros. Pero no podemos demostrarlo. ¡Maldición! – Ron pegó un fuerte puñetazo sobre la mesa, frustrado y desesperado.
- Yo también estoy convencido de ello, Ron. Pero, si Blacksoul es el violador, ¿cómo demonios va un paso por delante de nosotros para que no podamos atraparlo? Conoce nuestros movimientos, nuestras intenciones… No ha caído en ninguna de las trampas que le hemos puesto. ¿Cómo narices lo hace? – quiso saber Harry, igualmente frustrado.
- Quizá Beatrice le está filtrando información. Podrías invitarla a cenar otra noche para intentar sonsacarle algo y…
El Jefe negó con la cabeza.
- No creo que ella esté metida en esto, al menos todavía. Y de todos modos, ella no tiene acceso a la información de que él dispone. Además, no pienso utilizarla. Sé lo que ella quiere de mí, y no estoy dispuesto a dárselo. No me sentiría mejor hombre que su hermano si lo hiciera.
Ron lo miró con ojos desorbitados.
- ¡Cualquiera es mejor hombre que su hermano, Harry! ¡Él está violando a chicas inocentes! ¡Por Merlín! ¡Y no me extrañaría que en cualquier momento, comenzase a matarlas después! ¡Cada vez sus actos son más violentos y despiadados! – respondió, indignado por la comparación que Harry había hecho entre ambos.
- Yo también temo el momento en que comience a matar. Por eso debemos apresarlo cuanto antes – apoyó la barbilla en su mano derecha, pensativo – El quid de la cuestión está en porqué, porqué hace lo que hace. Si conseguimos saberlo, nosotros podremos anticipar sus movimientos también. Sea lo que sea, tiene relación con nuestro Departamento. Sabes perfectamente que, hasta ahora, las cuatro mujeres a quienes él ha violado, están directa o indirectamente relacionadas con personal perteneciente a este. Por eso todavía no ha trascendido la noticia a la prensa, porque yo he dado la orden de mantener el caso en el más absoluto secreto. Lo último que deseo es que cunda el pánico entre el resto de la comunidad mágica.
- ¿Estás pensando lo mismo que yo? – Ron fijó su vista en la de su amigo, decidido.
- Tenemos un topo en el Cuartel General de Aurores – afirmó Harry, asintiendo con la cabeza.
- Exacto.
- Por el momento, el caso queda sólo en tus manos. Rodéate de quien quieras para que te ayude, pero elige bien, y que sean pocos. Tan sólo darás cuenta de tus actos ante mí, ni siquiera Kingsley debe estar informado de tus progresos. Si él necesita información, o la pide, ya le pondré yo al corriente de lo que me parezca oportuno. ¿Queda claro?
- Clarísimo – asintió Ron, absolutamente de acuerdo – Oye, Harry… Me has dejado alucinado con el tema de mi hermana. Hace tanto que tú no querías ni oír hablar de ella, y de pronto… Me parece bien que quieras proteger a Ginny. Ella vive sola y piensa que todos sus hermanos somos unos pelmazos intentando protegerla de todo mal, así que huye de cada muestra de preocupación que le damos. Y yo no sabía cómo solucionar eso con los tiempos que corren. Es tan cabezota… Pero, ¿llevártela a vivir contigo con la excusa del reportaje? Por un lado, si antes estaba relacionada con el Departamento de Seguridad Mágica a través de mí, ahora lo estará doblemente por tu causa. Y por otro, ¿qué pasará cuando transcurra toda esta semana y no hayamos atrapado a Blacksoul? Ella volverá a su casa, los dos sufriréis por ello y…
- ¡Hemos de atrapar a ese hijo del Averno cuando antes! – gritó, acalorado, interrumpiendo a su amigo mientras lo traspasaba con una mirada dura y decidida. Después se tomó unos segundos para intentar tranquilizarse; Ron lo observó en silencio, preocupado - Mi intención es que jamás vuelva a su casa – afirmó Harry.
- ¿Cómo que no vuelva a su casa? ¿Qué quieres decir con eso? – preguntó el pelirrojo, sorprendido y confundido por igual.
- No sólo quiero protegerla, Ron, quiero reconquistarla. Al reencontrarnos me he dado cuenta de tantas cosas, de tantas… Mi vida no tiene sentido sin ella.
El otro quedó pensativo por unos momentos, sin dejar de mirar a su mejor amigo.
- ¿Te casarás con ella esta vez?
- ¡Lo dices como si hubiese sido yo quien no quiso casarse la otra vez! – le reprochó el moreno.
- Lo sé, Harry. Pero respóndeme. Pase lo que pase, ¿te casarás con ella?
- Si ella me acepta, por supuesto que sí: me casaré con ella. Pase lo que pase. Lo haría mañana mismo, si ella quisiera.
- Vaya…
- Sé que pidiéndole que viva conmigo la he puesto en el ojo del huracán con respecto a Soulblack, y eso me lleva loco de preocupación. Pero también ahora ella está más protegida. De todos modos, el maldito reportaje la ha acercado a mi lado en el peor momento en que esto podía suceder. Además, no pienso volver a dejarla al margen de mi vida, como hice cuando Hermione, tú y yo, pasamos todo un año fugados. Sé que ella entonces no estuvo de acuerdo con aquella decisión, y que no me perdonará si vuelvo a alejarla de mí con el pretexto de protegerla.
- Vaya… - repitió el pelirrojo nuevamente – Todo lo que acabas de decir es absolutamente cierto. Indirectamente, Ginny ya está metida en todo esto, y desde luego, es infinitamente mejor que tú la protejas a que esté sola. Pero… ¿serás capaz de reconquistarla en tan sólo una semana? – ahora miró a su amigo de forma burlona, retador.
- Eso déjamelo a mí – le devolvió una sonrisa arrogante - Además, ya he decidido que, si no lo consigo, le hablaré abiertamente de mis intenciones y le pediré que siga viviendo conmigo hasta que podamos atrapar al tipo este. Aunque ella me haya rechazado. Jamás la dejaré desprotegida, Ron, eso te lo juro – prometió, nuevamente serio – Sólo te pido que seas discreto. No cuentes a tus padres ni a tus hermanos que ella y yo estamos viviendo juntos. Al menos por esta semana. Dame tiempo para que, cuando se lo confesemos, sepamos exactamente de qué tipo de "convivencia" estamos hablando.
- ¿Será posible? ¡Casaos ya de una vez y dejaos de gilipolleces! – le pidió Ron, cansado de aquel juego que parecía eterno. Pero asintió, consintiendo en la petición del otro.
De pronto, la puerta del despacho fue abierta de forma abrupta y uno de los aurores entró en él como una tromba, cerrando la puerta tras de sí.
- ¡Se ha descubierto un cadáver, Jefe! ¡El cadáver de una mujer! – gritó el hombre, desencajado.
- ¿Dónde? – gritó Harry, volcando su sillón al levantarse de forma impetuosa.
También Ron se puso en pie, alarmado.
- ¡En el Callejón Knockturn! ¡Ha sido la vieja vendedora de uñas humanas, que suele apostarse en una de las aceras, quien la ha descubierto y nos ha avisado!
- ¿Se sabe quién es? – preguntó él, temeroso de la respuesta.
- Todavía no, Jefe. Necesitamos que envíes un destacamento para que levante el cadáver y podamos examinarlo, así como para inspeccionar el escenario del crimen.
- ¡Tú, Ron y yo nos bastamos para hacer eso! ¿Alguien más lo sabe?
- No, Jefe. Pero tú no deberías…
- ¡Te he dado un orden! ¡Adelántate y asegúrate de que ningún mago o bruja pueda tener acceso al cuerpo! ¡Y si hay curiosos que pregunten sobre el tema, di que se ha identificado el cadáver como el de una mendiga que ha muerto por sobredosis de whisky de fuego! ¿Entendido? ¡Nosotros iremos enseguida! ¡Y no se te ocurra contar a nadie lo sucedido! ¡A nadie!
- ¡Sí, Jefe! ¡A tus órdenes!
El hombre volvió a salir como alma que lleva el diablo.
- Nuestros peores temores se han cumplido – afirmó Ron, desolado.
Harry asintió con la cabeza; tomó su chaqueta del perchero que había a un lado del cuarto y ambos hombres salieron del despacho a todo correr, con cara de funeral. Todos los demás aurores los observaron, presintiendo que algo malo había sucedido, pero ninguno de ellos osó preguntar pues sabían bien que, si su jefe deseaba que fueran partícipes de ello, ya se lo contaría en su momento. En cambio, E.J. y Ginny corrieron a alcanzarlos.
- ¿Qué pasa, Jefe? – preguntó la chica, inquisitiva.
- Tienes órdenes claras que cumplir, así que cumple con tu trabajo – le ordenó Harry, cortante, sin dejar de caminar.
- Harry, ese no es modo de… - le reprochó Ginny, interponiéndose en el camino del moreno.
Su hermano estaba apunto de apartarla de un modo cariñoso pero firme, cuando Harry se lo impidió con un ademán, y tomándola suavemente por un brazo, la acercó a él para mirarla a los ojos, lleno de amor.
- Ginny, pase lo que pase, no salgas de aquí hasta que nosotros volvamos. ¿Entendido? – le ordenó, tajante.
- Pero Harry, ¿qué…? – intentó saber ella, preocupada.
- ¿Lo harás? – le acarició el rostro con ternura durante un fugaz momento, sin dejar de fijar su vista en ella, a modo de ruego y advertencia.
- Lo haré. Vete tranquilo – le aseguró ella, dándose cuenta de que él iba totalmente en serio – Cuidaos, por favor.
Los dos hombres asintieron y se marcharon con rapidez.
- Cuando el Jefe sale de misión, algo muy gordo se cuece – afirmó E.J., observando con envidia cómo se alejaban.
- ¿Puede ser por ese violador que acosa a mujeres relacionadas con el Departamento de Seguridad Mágica? – le preguntó Ginny directamente.
- ¿Tú sabes eso?
- Se te olvida que soy hermana de Ron. Él me contó lo básico y me propuso que volviese a vivir en casa de nuestros padres para poder protegerme. Pero yo me negué. Nadie va a obligarme a hacer lo que yo no deseo, y mucho menos un violador sucio y despreciable.
- Pues yo de ti lo reconsideraría. Algo muy malo ha pasado para que el Jefe salga a resolverlo personalmente. Te lo digo yo.
- No va a hacer falta. Ahora yo… - dijo la pelirroja mecánicamente, pero inmediatamente calló.
- ¿Ahora tú qué? – E.J. fijó su mirada en ella, llena de curiosidad.
- No, nada. Iba a decir que últimamente yo paso más tiempo en casa de mis padres que en la mía propia, nada más.
- Ah, bueno. Eso está bien. ¡Mierda! ¡Otra vez Harry me ha dejado fuera de esto! ¿Es que nunca se va a dar cuenta de lo útil que puedo resultarle? – se lamentó la chica, dando un pisotón en el suelo.
- La verdad es que no me parece bien cómo te ha tratado. No debería inmiscuirme en su trabajo, pero hablaré con él. Ya que estoy haciendo un reportaje sobre su vida, es justo que le diga lo que pienso sobre lo que hace – decidió Ginny, concluyente.
- Te buscarás un problema. El Jefe es muy suyo, y no acepta reprimendas de nadie, ni siquiera del Ministro de Magia.
- Sea como sea, tendrá que escucharme – se empecinó ella.
- Tú misma, pero por mí no lo hagas. Yo sé sacarme las castañas del fuego solita. Y eso es lo que Harry no puede comprender. Aunque por cómo te mira, creo que podrías conseguir de él cualquier cosa, si quisieras.
Ginny la miró, sorprendida, y la otra sonrió; finalmente ambas continuaron con su trabajo, inquietas.
ooo00O00ooo
A medio día, Hermione pasó por el Cuartel General de Aurores para recoger a Ginny, y ambas se marcharon a comer juntas. Ya en el restaurante, Ginny releyó una vez más una nota que Ron le había enviado a la castaña a través de lechuza:
"Harry y yo no podremos acompañaros a comer. Ha sucedido algo terrible. Por favor, ve a comer con Ginny, y no os separéis la una de la otra en ningún momento. Nosotros regresaremos lo antes posible. Pero si no lo hiciésemos antes del final de la tarde, acompaña a mi hermana a nuestra casa, o id las dos a casa de Harry. Pero jamás os quedéis solas ninguna de ambas. Te amo. Ron."
- ¿Qué habrá sucedido? – preguntó a su amiga, preocupada.
- No lo sé. Lo que sí sé es que Ron no es alarmista en absoluto. Si él dice que ha sucedido algo terrible, así ha sido. Y por supuesto, hemos de hacerle caso y hacernos compañía la una a la otra cuando salgamos del Ministerio de Magia. Harry también lo desea así. Seguro.
- Temo por ellos, no puedo evitarlo – confesó Ginny, abatida.
- Yo también, Ginny, pero ser la novia de un auror no es fácil, y mucho menos si ese auror es de la talla de Harry, o de Ron – le aseguró Hermione.
- Yo no soy su novia…
- ¿Y a qué esperas para serlo? ¿Acaso crees que Harry propone vivir con él a la primera mujer que se cruza en su camino? ¡Lee entre líneas! ¡Por amor de Merlín!
- Pero él dijo en casa de mis padres que no tiene intención de salir con nadie – argumentó Ginny en contra de la chica, tozuda – Además, hemos quedado que nuestra convivencia sólo durará una semana.
- Por algo se empieza. Harry es capaz de decir muchas tonterías cuando se siente molesto por algo. Eso nunca lo olvides. Y estoy segura de que tú has despertado sus demonios.
- No quiero hacerme ilusiones, Hermione. Para que luego pase la semana y vea cómo mi mundo vuelve a romperse en pedazos.
- Anda, vámonos – le pidió su cuñada, terminando de tomar el café que había pedido – Me pone nerviosa tanta tontería por parte de los dos. Parecéis adolescentes.
Pero no les dio tiempo a ponerse en pie para marcharse, ya que en ese mismo instante ambas vieron cómo Harry y Ron entraban en el restaurante para tomar una comida rápida y tardía. También ellos las distinguieron inmediatamente, y caminaron hacia ellas con decisión, para sentarse a su mesa. Ron besó a Hermione dulcemente, mientras Harry sonreía a Ginny con cansancio. Al pasar un camarero ante ellos, el moreno aprovechó para llamar su atención.
- Por favor, Jack, sírvenos dos menús de la casa. Hoy no tenemos tiempo para nada – le pidió con confianza, ya que aquel camarero los conocía desde que habían comenzado a frecuentar el local.
- Claro, Harry. ¡Marchando dos menús de la casa! – gritó el joven a la barra, y se fue rápidamente a continuar con su trabajo.
- ¡Por Merlín! ¡Este dolor de cabeza me está matando! – se quejó Harry, enfadado, mientras apoyaba la frente en una mano.
- ¿Qué es lo que ha sucedido? – Hermione preguntó a los chicos directamente.
Ron miró a su amigo de forma interrogadora, temeroso de revelarles algo que el otro no desease contar.
- No pasa nada, Ron. Ellas deben saberlo. Hemos hallado muerta a la novia de Rex Harris, un funcionario de la Oficina contra el Uso Indebido de la Magia – las dos chicas lo miraron espantadas – Creemos que este ha sido el primer asesinato cometido por el violador. Menos mal que vosotras habéis recibido nuestros mensajes y no os habéis marchado a comer solas. Desde hoy mismo, os pido que no vayáis solas a ningún lugar, hasta que no hayamos atrapado a ese maldito bastardo.
- Hermione sí ha recibido un mensaje de Ron, pero a mí no me ha llegado nada – respondió Ginny, extrañada – Yo me he ido con ella porque ella ha venido a recogerme.
Los dos chicos cruzaron una mirada de alarma.
- Yo mismo te he enviado el mensaje, Ginny. De ahora en adelante, fuera del Ministerio de Magia no te despegarás de mí ni por un momento, si no vas acompañada por alguno de tus hermanos o por Hermione – le ordenó Harry, con un tono que no admitía réplica – Y si las dos vais siempre con alguno de ellos o conmigo, mejor que mejor.
- ¡Pero Harry…! – protestó la pelirroja, quien odiaba que le dijesen qué debía hacer.
- Compláceme, te lo ruego. Necesito centrarme en atrapar a ese tipo para poner fin a esta tragedia, y no podré hacerlo si a todas horas estoy temiendo por tu seguridad. Será por poco tiempo. Eso os lo puedo jurar – sentenció él, decidido a cumplir su palabra. Ginny asintió sin replicar. – Ron, quédate tú y come tranquilo. Yo me vuelvo al Ministerio.
- ¿Pero, y tu comida? – replicó el otro, mientras ya su amigo se ponía en pie, dispuesto a marcharse.
- No puedo comer nada pensando que después voy a darle a Rex semejante noticia. Discúlpame ante Jack, y dile que mañana le pagaré el menú, ya que lo he pedido, aunque finalmente no lo haya tomado. Hasta luego, chicas – dio una palmada de ánimo en la espalda de su amigo y se marchó, nuevamente apretándose las sienes con la mano.
- Esto le va a pasar factura. Va a enfermar – afirmó Ron, preocupado – Lleva días sin comer como debería.
Hermione asintió, de acuerdo con su prometido, mientras Ginny los miraba a ambos llena de angustia.
La tarde acabó en drama para todo el personal del Departamento de Seguridad Mágica. Al conocer la triste noticia por boca del mismo Harry, los miembros de las tres divisiones del Departamento se volcaron en ofrecer consuelo a su compañero Rex, así como en mostrar al Jefe toda su disposición y colaboración para terminar de una vez y para siempre con la amenaza del demente que ya había convertido en una pesadilla la vida de varios de ellos. Harry se mostró firme y contundente, prometiéndoles que pronto les tomaría la palabra para dar fin a aquella locura, y después se encerró en su despacho, para pasar solo el resto de la tarde, dándole miles de vueltas al asunto.
Pasadas las ocho, y cuando ya el Cuartel General de Aurores había quedado prácticamente desierto, Ron fue en busca de su hermana, quien intentaba poner en orden sus notas, sentada en una de las mesas que había libres.
- Llévatelo a casa, Ginny – le pidió, señalando con un ademán la puerta aún cerrada del despacho de Harry.
- ¿Crees que me escuchará? – preguntó ella, dubitativa.
- Si a alguien va a escuchar en este momento, es a ti. Hazme caso, Gin, llévatelo – repitió con voz cansada.
- Está bien – sonrió con cariño a su hermano mayor, besándole en la mejilla, y caminó hasta el despacho para hacer sonar sus nudillos con decisión contra la puerta.
- ¡Pase! – se oyó una voz firme proveniente de dentro.
Y ella se encerró dentro también. Momentos después, Harry y Ginny salieron del despacho y caminaron hacia una de las chimeneas que los llevaría directamente a Godric´s Hollow, mientras Ron los observaba con una sonrisa satisfecha, para marcharse él también inmediatamente después.
ooo00O00ooo
Al aparecer en casa de Harry y sentir que ambos se hallaban ya fuera de peligro, él caminó hacia su despacho con vehemencia, se quitó la corbata con enfado y la lanzó lejos.
- ¡Mierda! – gritó, lleno de frustración.
- Espera, espera… - Ginny, que lo había seguido preocupada por el estado de ánimo del chico, tiró de su mano con insistencia y le hizo sentarse en el sillón. Después, le arremangó la camisa y le desabrochó los dos primeros botones del cuello - ¿Te sientes mejor?
- Gracias – él sonrió amablemente, ya más calmado. Pero ella pudo ver por la mirada perdida del chico, que nada estaba bien.
- ¿Por qué no te das una ducha y te pones ropa cómoda? Yo haré la cena mientras tanto.
- ¿Harías eso por mí?
- Acabo de decírtelo. Anda, ve.
Por fin él posó sus profundos ojos en el rostro de ella, lo rozó con sus dedos por un segundo y se puso en pie para subir a su cuarto. Cuando entró en la cocina media hora después, mostraba un ánimo más sereno. Ambos cenaron en silencio, y nada más terminar, Harry se marchó de nuevo para encerrarse en su despacho. Ginny negó con la cabeza, rendida, y ejecutó un hechizo Fregotego para limpiar los platos y cacharros. Después, decidió marcharse a la cama.
Al salir de la cocina, una suave melodía que iba subiendo de intensidad a medida que ella caminaba por el pasillo, captó toda su atención. Intrigada y extasiada por igual ante aquella música, intentó localizar su origen: para su sorpresa, provenía del interior del despacho de Harry. Dudó por un momento, pero pronto caminó hasta él intentando no hacer ruido, abrió la puerta con cuidado para no interrumpir tanta belleza, y se plantó ante el chico, quien permanecía sentado en su sillón con los ojos cerrados, pero que inmediatamente los abrió al sentir que ya no se encontraba solo.
- ¿Qué es esa música? – preguntó ella, sintiendo que su corazón se emocionaba al escucharla.
- Se llama "vals" – respondió él con sencillez. - En concreto, esta pieza es de un compositor muggle llamado Johann Strauss hijo, quien la compuso en mil ochocientos sesenta y siete, titulándola originalmente en alemán, An der schönen blauen Donau o El Danubio Azul, como nosotros la conocemos.
- Es bellísima…
- Me ayuda a relajarme para poder pensar.
Inesperadamente, él se puso en pie y caminó hasta la chica, tomándola de la mano y tirando de ella suavemente, hasta conducirla al mismo centro de la estancia.
Señorita, ¿me concede este baile? – le pidió, esperando la respuesta con un brillo especial en la mirada.
- Yo no sé…
- Sólo déjate llevar.
Con su mano aún en la de él, con la otra mano la cogió por la cintura, comenzando a guiarla por toda la sala con expertos y gráciles movimientos. Ambos bailaron al ritmo de aquel maravilloso vals, giraron envueltos por la magia de la música; abrazados, sonrientes. Ginny, temerosa al principio, pronto se dejó guiar; sentía que volaba en brazos de Harry, quien en aquel momento parecía haber nacido para bailar aquello, y para nada más. Danzaron en una nube, bailaron y bailaron, giraron y giraron, hasta que, suavemente, la música dejó de sonar. Entonces ambos quedaron el uno frente al otro, aún entrelazados, mirándose a los ojos. Y Harry, sin despegar sus ojos verdes ni por un momento de aquellos chocolate que tanto amaba, acercó lentamente sus labios a los de Ginny, y la besó con dulzura, deleitándose con el calor embriagador y el sabor exquisito de aquellos labios rojos y húmedos, anhelante. Y ella cerró los ojos, dejándose llevar, deseando con toda su alma que aquel mágico momento no acabara nunca. Al separarse, los dos se dieron cuenta de que, no sabían cómo, habían acabado abrazados. Ginny acarició el rostro de Harry, aún hechizada por aquel momento único, y el joven tomó su mano entre las suyas para depositar en ella un tierno beso.
- Buenas noches, princesa – le deseó él, susurrando a su oído.
- Buenas noches, Harry. Que descanses – correspondió la pelirroja, separándose lentamente del cuerpo del moreno, para retomar su camino.
- Gracias; tú también.
Ella le sonrió de nuevo y se marchó, todavía caminando sobre algodones.
El chico volvió a sentarse en su sillón para retomar el trabajo, su rostro iluminado por una radiante sonrisa de felicidad.
