Hola a todos. Aquí estoy con un nuevo capítulo, como os prometí. Acabo de terminarlo ahora mismo, domingo por la noche, casi apunto de irme a la camita. Lo he repasado un par de veces y he corregido todo los errores que he visto. Pero si os encontráis alguno -que aún quedarán :) - os ruego que no lo tengáis demasiado en cuenta. Es que, si no subo el capítulo hoy, probablemente ya no pueda hacerlo hasta el próximo fin de semana. Y ya que lo tengo terminado, no veía justo tardar tanto en publicarlo.

Os agradezco en el alama todos los reviews recibidos hasta ahora. Intento responderlos todos, con todo mi cariño y agradecimiento, pero si he dejado alguno por responder - porque tengo memoria de pez y voy súper liada - por favor, perdonadme y daos por respondidos y agradecidos desde aquí. Ya sé que me repito más que los ajos cuando hablo de lo agradecida e ilusionada que estoy al recibir todos vuestros reviews, pero es que es así, y siempre lo será. Todos los que escribís reviews a mis historias, y las añadís a vuestras favoritas, sois quienes me dais ánimo y fuerzas para seguir escribiendo. Y sois mi mejor inspiración. Así que os doy las gracias, y lo haré una y mil veces, siempre.

Y ahora, a leer. Ya no os entretengo más.

Un abrazo muy fuerte.

Rose.


Capítulo 7: Cásate conmigo.

Aquella mañana, Ginny bajó las escaleras sintiéndose extraña. Una y otra vez, durante toda la noche, había soñado que ella era la protagonista de un hermoso cuento de hadas, con final triste. Su adorado príncipe la amaba, la adoraba, la tenía entre sus brazos, para acabar siempre marchándose con un último y solitario adiós. Y así era como ella se sentía: en brazos de un maravilloso príncipe perfecto, que dentro de nada se marcharía de su vida otra vez. ¿Por qué la había estrechado pegada a su cuerpo la pasada noche? ¿Por qué la había besado? – se llevó los dedos a los labios, enamorada - ¿Sería que él todavía sentía algo por ella? ¿O quizá todo había formado parte de uno de sus sueños, y nada más? Pensó que si lo que estaba viviendo en aquella casa tan sólo era un sueño, deseaba con toda su alma que jamás se terminase.

Caminó hacia la cocina, aún turbada, y al llegar a ella la encontró extrañamente vacía. Ya era tarde, y lo normal es que hubiese encontrado a Harry terminando de desayunar, para que luego ambos se marchasen al Ministerio de Magia. Pero allí no había restos de ningún desayuno, y tampoco indicios de que alguien lo hubiese preparado en ningún momento. Preocupada, recorrió el pasillo de la planta baja en pos del despacho de Harry. La puerta estaba entreabierta y se atrevió a mirar dentro. Allí estaba él, rodeado de montones de papeles que aparecían esparcidos por toda la mesa de forma desordenada, mientras el chico leía uno de ellos, totalmente absorto en su contenido. La pelirroja decidió tocar a la puerta para hacerse notar, e inmediatamente después, el joven levantó su mirada del documento, para dirigirle una cálida aunque cansada sonrisa.

- Buenos días, princesa – la saludó él.

Otra vez la había llamado princesa. Ginny sintió que no era justo que aquel hombre al que tanto amaba construyera todo un mundo de fantasía a su alrededor para luego derrumbarlo tranquilamente cuando él considerase que ya no era necesario protegerla, o cuando ya no existiese un reportaje que escribir. Pero no osó protestar, pues sintió que daría cualquier cosa por oír de sus labios aquella palabra una vez más.

- Buenos días, Harry. ¡No me digas que no te has acostado en toda la noche! – lo reprendió, preocupada.

- Sí me he acostado. Pero hace un par de horas que ya no he podido dormir, y he preferido continuar trabajando a quedarme en la cama dando vueltas. ¿Qué hora es?

- Es casi la hora de ir a trabajar – caminó hasta él y le acarició el rostro, sonriéndole con la mirada; luego lo tomó de la mano y le hizo levantar– Ven, vamos a desayunar.

Él la acompañó, encantado. Cuando ambos entraron en la cocina, Ginny lo hizo acomodar en una de las sillas que rodeaban la cómoda mesa y comenzó a preparar un delicioso desayuno para ambos.

- Por cierto… – dijo como quien no quiere la cosa.

-¿Sí? – la animó él a continuar.

- Aféitate. Esa barba tuya se convierte en papel de lija en tan sólo un día.

Él la miró sorprendido, llevándose una mano a la cara, sin dejar de observarla. Efectivamente, su barba había hecho aparición de forma bastante evidente. Sonrió, divertido, mientras se levantaba tranquilamente y caminaba hasta donde ella se encontraba. Descarado, la cogió suavemente por la cintura, abrazándola por detrás, y depositó un cuidadoso beso en su cuello.

- Tus deseos son órdenes para mí – susurró a su oído, y luego ser marchó para afeitarse sin añadir nada más.

Ginny quedó estupefacta, sintiendo cómo una oleada de felicidad la recorría de arriba abajo. Aquellos días junto a Harry estaban resultando maravillosos e inolvidables, y supo que, pasase lo que pasase después, ella nunca volvería a ser la misma. Pero la sombra de la duda planeó sobre su ánimo nuevamente como un cuervo agorero. Por ello, tomó la determinación de interrogar al chico aquel mismo día sobre el significado que tenía para él todo lo que estaba sucediendo. Si él aún la amaba, debía saberlo, y si tan sólo la estaba protegiendo contra la amenaza del violador, también. Porque, aunque el moreno no se lo hubiese dicho claramente, ella no era tonta, y sabía perfectamente porqué él se había empeñado en que ella se quedase en su casa a vivir durante aquella semana: quería protegerla. Y quizá fue Ron quien se lo había pedido, ya que ni él ni sus otros hermanos habían conseguido hacerla entrar en razón, para que se marchase a pasar unos días en La Madriguera o con alguno de ellos hasta que la amenaza cesara. Definitivamente, si Harry estaba haciendo un favor a su mejor amigo, ella debía saberlo. Porque ya nada podía impedir que su corazón se rompiese en pedazos de nuevo. Su amor por él se había avivado con la mayor intensidad que ella había sentido nunca, y sólo él podía salvarla del desastre. Jamás dejaría de amarlo; jamás. Aceptar lo inevitable hizo desaparecer todos sus miedos.

ooo00O00ooo

El día resultó ser del mismo tipo que el anterior. Harry permaneció encerrado en su despacho, reunido de vez en cuando con alguno de sus hombres; Ron pasó gran parte de la mañana fuera, por lo que a la hora de la comida tan sólo las dos chicas y el Jefe se reunieron para comer. Ciertamente, la comida fue muy agradable, y Harry no evitó mostrarse solícito y amable con Ginny en ningún momento, algo que a Hermione no pasó en absoluto desapercibido.

A principios de la tarde, E.J. y Ginny pudieron observar cómo Ron, junto con algunos de los demás aurores, entraban y salían varias veces del despacho del Jefe. La pelirroja se dio cuenta de que E.J. observaba aquellas reuniones con creciente nerviosismo, y temió que la chica cometiese alguna imprudencia, como de hecho pasó.

Después de uno más de aquellos cónclaves a puerta cerrada, y cuando tan sólo Ron permanecía dentro del despacho de Harry, E.J. caminó hasta él con decisión e hizo sonar sus nudillos contra la puerta, aunque no esperó respuesta alguna. Inmediatamente, se coló en el despacho, seguida por Ginny, que no quiso dejarla sola ante el lío en el que presentía que iba a meterse la chica.

Ron estaba de pie al lado de Harry quien, sentado en su sillón, sostenía con ambas manos algún tipo de pergamino, que ambos estudiaban con inmenso interés. Al darse cuenta de que alguien había irrumpido en el despacho, los dos chicos alzaron la vista al unísono, encontrándose con la resuelta faz de la auror mirándolos de forma retadora. Ginny había quedado en un segundo plano, tras ella.

- ¿Qué significa todo esto? – la interrogó Harry, clavando sus verdes ojos en los de la chica, que por un momento se amedrentó, pero rápidamente recuperó la compostura.

- Sé lo que aquí se cuece y quiero participar. No permitiré que me dejes al margen de nuevo – afirmó con un tono de voz que no admitía réplica.

El moreno la fulminó con la mirada, pero contrariamente a lo que la joven había esperado, su voz sonó serena y sosegada al responderle. Mientras, Ron la observaba también, ella habría jurado que con semblante divertido.

- Ajá… sabes lo que aquí se cuece… Y… ¿qué se cuece? – la interrogó con demasiada tranquilidad para el gusto de la morena.

- Sé que estáis preparando una trampa al violador, y quiero participar – afirmó una vez más, comenzando a elevar el tono de su voz, debido a los nervios que la devoraban por dentro.

- Comprendo… ¿Y tienes alguna idea interesante que ofrecer al respecto?

- ¡Claro que sí! – gritó, perdiendo los nervios definitivamente - ¡Yo me ofrezco como cebo! ¡Sabes que si llego a tenerlo cerca, puedo ganarle! ¡Sea quien sea! – explicó de forma apasionada - ¡Soy una de los mejores aurores que tienes! ¡Pero tú tienes la mente tan obtusa que no eres capaz de darte cuenta de ello! ¡O quizá temes que llegue a quitarte el puesto si me das una oportunidad!

Ron, disimuladamente, hizo un ademán con la mano a la joven auror para indicarle que las palabras que acababa de pronunciar acababan de sentenciarla. Le indicó que se disculpase lo antes posible, pero ella hizo caso omiso y continuó desafiando a Harry con la mirada, cruzándose de brazos.

- Tú misma acabas de decidir tu futuro, Joyce. Te comunico oficialmente que ni hoy, ni nunca, participarás en una misión – dijo él fríamente – Puedes retirarte.

- ¿Qué? ¡No lo puedo creer! – dio una patada impetuosa a la mesa - ¡El puesto se te ha subido a la cabeza, Harry! ¿Qué ha sido de mi mejor maestro? ¿De aquel que me enseñó todo lo que sabía para que yo un día le hiciese sentirse orgulloso? ¿Qué ha sido de aquel que me trataba como a un igual? ¡Ya no te acuerdas de quién fuiste! – lo acusó, llena de rencor.

- ¡Basta! – rugió Harry - ¡Sal de mi despacho inmediatamente, si no quieres que ordene que te arresten ahora mismo por insubordinación!

Ginny se interpuso de pronto entre la chica y Harry, sintiendo que debía defenderla.

- ¡Ah, no! ¡Eso sí que no voy a consentirlo! – gritó con vehemencia - ¡No le has dado ni siquiera una oportunidad para que demuestre lo que vale! ¡Ni una sola! ¡Y esperas que ella se marche con la cabeza gacha sintiendo que eres el jefe más injusto con el que se topará jamás pero aceptándolo sin más! ¿Quién te crees que eres, Potter? ¡Te creerás muy machito! ¡Pero eres un machista! ¡Estás intentando hacer con ella lo mismo que estás haciendo conmigo! ¡Quieres protegerla porque la ves débil, porque no confías en ella! ¡Exactamente igual a como estás actuando conmigo! ¿Acaso creías que yo no me había dado cuenta de tus intenciones? ¡Pues siento comunicarte que ni E.J. ni yo somos niñas tontas e indefensas! ¿Te queda claro?

Ron observó cómo Harry apretó los puños con fuerza, y le puso una mano en el hombro intentando calmarle, pero ya era demasiado tarde. El joven se puso de pie y lanzó la silla lejos de él, de un fuerte empujón; caminó hacia Ginny y la asesinó con la mirada, pero pasó de largo ante ella, para encararse con Eugeene, quien temió que en cualquier momento él le lanzaría un Avada Kedravra, o algo peor si pudiese existir, segura de que si esto existía, Harry lo conocía a la perfección.

- ¡Quieres saber porqué me niego a darte una oportunidad! ¡Bien, te lo diré! ¡Por que tengo miedo! – gritó él, fuera de sí - ¡Pero no tengo miedo de que te suceda algo malo a ti, no! ¡Sino de que, por tu culpa, suceda algo malo a alguno de tus compañeros! – la otra abrió los ojos como platos - ¿Tú te has escuchado alguna vez, niñata mimada? ¡Escúchate por gusto! ¡Y oirás un montón de "yo por aquí" "yo por allá", "yo haré esto" "yo haré lo otro…"! ¡Yo, yo, yo! ¡Siempre yo! ¿Y qué hay de tus compañeros? ¡No sabes trabajar en equipo, Joyce!

- Jefe, yo… - ella trató de interrumpirle, pero él alzó una mano, haciéndola callar inmediatamente.

- ¡Silencio, he dicho! ¡Yo te enseñé todo lo que sé! ¡Pero fue un pésimo maestro en humildad y colaboración! ¿Qué quieres? ¿Que te mande con tus compañeros a atrapar al violador y que alguno de ellos resulte muerto por tu causa? ¿Porque tú has decidido por tu cuenta desobedecer las órdenes de tu superior y hacer las cosas a tu manera? ¿Es eso lo que quieres? ¡Porque sé que eso es lo que sucederá mientras continúes con esa actitud prepotente y egocéntrica!

- Jefe, yo no me había dado cuenta… - se disculpó, arrepentida.

- ¡Ah, no te habías dado cuenta! ¡Pero en cambio sí que pensabas que yo me había convertido en un imbécil con aires de grandeza! – todo el peso de su mirada acusadora cayó sobre la chica, que ya no supo hacia dónde mirar - ¡Es cierto! ¡Tú puedes llegar a ser mejor que yo! ¡Y si ese día llega, yo mismo te propondré para que me releves en el cargo! ¡Pero mientras no aprendas a acatar órdenes sin rechistar, no habrá misiones para ti! ¿Me he expresado con suficiente claridad?

No esperó respuesta. Dio la espalda a la morena y regresó a su escritorio; recogió la silla del suelo y la puso en pie con malos modos, para sentarse en ella, aún furioso. Entonces Ginny supo que había llegado el momento de la segunda parte, y se preparó para recibir el varapalo, que no tardó en llegar. Si hubiese podido revivir aquel momento, la joven periodista habría mantenido la bocaza bien cerrada, pero aquello ya no podía ser, así que intentó sostener la mirada del Jefe con estoicismo, aunque comenzaba a resultar cada vez más difícil, dada la ira con que estaba siendo observada por él.

- ¡Y tú, Weasley! – volvió a gritar Harry, golpeándola con toda la furia de sus palabras - ¡Sí! ¡Quiero protegerte! ¿Qué demonios hay de malo en que quiera proteger a la mujer que amo? – la retó con ímpetu a que le respondiese, pero ella no hizo más que observarlo con ojos desorbitados - ¡La próxima vez que vuelvas a meter las narices en mi trabajo, espero que al menos tengas la delicadeza de escuchar mi versión de los hechos, antes de abalanzarte sobre mi cuello como una acromántula sanguinaria! ¡Se acabó el maldito reportaje! ¿Me has oído bien? ¡Se acabó! ¡Y cuando salgas de este despacho, ni se te ocurra salir a la calle sola porque te sientes furiosa conmigo! ¡Porque, como te pongas en peligro, no te lo perdonaré! ¿Está claro? – se puso en pie otra vez con vehemencia; por un momento, Ginny pudo contemplar cómo la cicatriz en forma de rayo que él aún conservaba en su frente había enrojecido por la furia que estaba sintiendo - ¡Y ahora, fuera de mi vista! ¡Las dos!

E.J. permaneció inmóvil ante él, como si el joven la hubiese sometido a un Petrificus Totalus, y Ginny no dejaba de mirarlo con mezcla de sorpresa, culpabilidad, enfado y temor. Tan sólo Ron fue capaz de enfrentarse a su mejor amigo.

- Harry, tranquilízate… - intentó calmarlo; pero el otro no le dirigió la mirada siquiera.

- ¡He dicho, fuera! – extendió el brazo para señalar la puerta con su dedo índice.

Cuando las dos chicas fueron capaces de reaccionar, ambas se miraron con vergüenza y la auror se marchó en silencio. E.J. se mostró arrepentida, pero Ginny, a pesar de que sentía una inmensa culpabilidad por cómo había juzgado a Harry sin razón, y de que el corazón amenazaba con salírsele del pecho por la alegría de haber escuchado de sus propios labios que la amaba, miró a los dos hombres con altivez antes de dignarse a salir del cuarto dando un fuerte portazo tras ella.

Al quedarse solos de nuevo, Ron ocupó tranquilamente una silla frente a Harry, y sólo entonces el otro le prestó atención.

- Antes de que digas nada. Elige bien las palabras, porque no estoy de humor – le amenazó el moreno, todavía furioso.

- A mí no vas a intimidarme como a ese par – comentó el otro con jocosidad – Pero tranquilo, se lo han merecido. Ambas. Lo que pasa es que, a pesar de los hechizos de insonorización que pesan sobre este despacho, estoy seguro de que tus gritos se han escuchado hasta en el Departamento de Misterios.

El Jefe asintió con la cabeza, con fastidio.

- Dios las cría y ellas se juntan – se lamentó, intentando tranquilizarse – Las dos son igual de cabezas duras, osadas e impetuosas – Tenía la esperanza de que E.J. se diese cuenta por sí misma de que era su propia actitud, y no yo, quien se interponía entre ella y las misiones. Pero me equivoqué.

- Ella es sólo una adolescente, Harry. ¿Qué tiene, veinte años?

- Diecinueve – le corrigió el otro, sonriendo para sus adentros.

- ¿Ya no recuerdas cómo éramos tú y yo con esa edad? ¿Cuántas veces deseó Kingsley enviarnos al demonio? – rió al recordarlo - ¿Recuerdas aquella vez, cuando todos nuestros compañeros acabaron bañados en aquel tipo de baba azul imposible de quitar, sólo porque tú y yo pensamos que sería mejor experimentar con aquel maldito mejunje anti quintapeds?

- ¡No me lo recuerdes! – se contagió él también de la risa de su mejor amigo - ¡No había nada que eliminase los efectos de aquella cosa! ¡Más de cuatro tuvieron que ir por la calle totalmente camuflados porque, allí donde les había tocado la poción, la piel mostraba un color azul brillante y chillón!

- Ahora que se ha dado cuenta de la verdad, E.J. cambiará de actitud. Te lo aseguro – afirmó Ron, aún sonriendo.

- Eso espero, porque realmente, ella es una de los mejores aurores que tenemos. Y yo la quiero mucho. Ya lo sabes.

- Lo sé – lo tranquilizó el otro – Sobre Ginny…

- ¡No me la nombres ahora! ¡Te juro que no sé qué le haría! – gritó Harry, recuperando su enfado.

- Está bien, está bien…

Los dos hombres retomaron su trabajo sin volver a hablar del tema.

ooo00O00ooo

Ginny corrió como alma que lleva el diablo hasta el Comité de Regulación de Criaturas Mágicas, donde Hermione trabajaba. Al llegar a él, la buscó con la mirada, reanudó su carrera hasta ella y la cogió por ambas manos, intentando recuperar el aliento.

- ¿Qué pasa, Ginny? ¿Qué ha sucedido? – la castaña la miró preocupada.

- Harry… - sólo pudo contestar la otra, respirando con dificultad.

- ¿Qué pasa con Harry? ¿Está bien? ¿Ron está bien? – Hermione la hizo sentar en una silla, mientras casi la zarandeaba para que le diese una rápida respuesta.

- Ellos están perfectamente. Hermione; he discutido con Harry, y él me ha asegurado que ya no habrá reportaje. Ya no hay nada que me una a él. Esto ha terminado – resumió, derrotada.

- ¿Que no habrá reportaje? ¿Y cómo que todo ha terminado? Ven, acompáñame a mi despacho. Este no es lugar para hablar sobre un tema que afecte a Harry.

Ambas se marcharon de la sala principal del Departamento, observadas por varios compañeros de Hermione, quien al escuchar el nombre del Jefe del Departamento de Seguridad Mágica, ya habían empezado a interesarse por el tema de un modo que pretendía ser disimulado, pero con poco éxito. Al entrar al despacho de la chica y cerrar la puerta tras ellas, Hermione volvió a coger de la mano a Ginny y ambas se sentaron en dos sillas que había ante la mesa de la castaña.

- Cuéntamelo todo, Ginny. Desde el principio – pidió ella, mirando fijamente a su amiga.

La otra hizo como esta le pedía y le relató todo lo que había sucedido dentro del despacho de Harry, mientras Hermione la escuchaba, llena de incredulidad.

- ¿Pero cómo has podido comportarte así? ¡Has puesto en entredicho el trabajo de Harry sin tener ni idea sobre lo que estabas hablando! – le reprochó Hermione, cuando la chica hubo terminado.

- Lo sé… Pero para mí estaba tan claro… ¡Es la actitud que Harry muestra conmigo lo que me llena de dudas y extraños pensamientos! ¡Creí que él estaba intentando protegernos a ambas, y resulta que…! Que…

- Que sí os está protegiendo, pero no del modo en que tú creías, ni por los motivos que tú pensabas.

- Sí…

- Debes hablar claramente con él, Ginny. Ya no podéis mantener esta farsa durante más tiempo– le aseguró Hermione, totalmente convencida.

- Ahora ya todo da igual. Cuando volvamos a su casa esta noche, seguramente él me pedirá que me marche a casa de mis padres, o de alguno de mis hermanos. Y ya no habrá nada de qué hablar – se lamentó la pelirroja, con el ánimo por los suelos.

- ¿Pero tú estás tonta? ¿Harry no acaba de decirte que te ama? – casi la zarandeó, indignada.

- Sí, pero seguramente no querrá perdonarme por lo que he hecho. Además, también me aseguró que me amaba cuando la otra vez me dejó. Pero aún así, lo hizo.

- ¡Arrrrrrg! ¡Estoy harta de tanta tontería! – se puso en pie y caminó por la sala durante unos momentos. Después regresó al lado de su amiga y la cogió por los hombros con decisión – Esta noche, Harry y tú vais a invitarnos a Ron y a mí a cenar en vuestra casa. Así que ya estás escribiendo una nota para enviarla a los cabezotas de mi novio y de su amigo, diciéndoles que después del trabajo, nos veremos allí.

- Pero Hermione…

- Ni Hermione, ni Merlín. Haz lo que te digo. Y lo demás, déjamelo a mí.

Ginny la miró con escepticismo, pero accedió a su petición.

ooo00O00ooo

Eran casi las nueve de la noche. Ron y Harry, que estaban esperando a las chicas en casa del moreno desde antes de las ocho, se estaban preparando para marcharse en su busca. Dada la hora que era, los dos habían comenzado a temer lo peor, y sus nervios les advertían a cada momento que ya no podían esperarlas más. Habían decidido comenzar a buscarlas por los alrededores del Ministerio de Magia, pero sabían perfectamente que, sin ninguna referencia de adónde habían marchado ellas, intentar hallarlas era como buscar una aguja en un pajar. Aún así debían hacerlo, y no estaban dispuestos a seguir aguardando de brazos cruzados.

Los dos jóvenes caminaron hacia la chimenea para marcharse, decididos, cuando un estruendo proveniente de esta, seguido de una densa humareda verde, los detuvo. Inmediatamente después aparecieron ante ellos Hermione y Ginny, sonriéndoles a modo de disculpa.

- Lo sentimos, chicos. Se nos ha hecho demasiado tarde – les dijo Hermione, dándoles un beso a ambos en la mejilla para intentar suavizar la situación.

Pero ninguno de ellos dio muestras de olvidar la indignación que acababa de embargarles.

- ¡Por Merlín! ¿Estáis locas? ¿Dónde habéis estado? – las abordó Harry, echando chispas por los ojos.

Hacía mucho que Hermione no lo veía tan preocupado, al igual que a Ron, y le dolió en el alma no haber podido llegar antes.

- ¡Eso! ¿Dónde habéis estado? – lo apoyó Ron, con cara de reproche, una vez comprobó que ambas estaban sanas y salvas.

- Hemos ido a la peluquería, nada más. Nos apetecía un cambio de look. ¿Acaso no os gusta? – respondió Hermione con candidez.

- ¡Esa no es la cuestión! ¿Os dais cuenta del susto que nos habéis dado? ¡Ya estábamos apunto de salir a buscaros, desesperados! – Harry casi gritó. Realmente se mostraba desesperado, mirando sobre todo a Ginny como si ella hubiese cometido el peor delito del mundo.

La chica se mantuvo en silencio.

- Se nos ha hecho un poquito tarde. Lo sentimos, pensábamos que llegaríamos antes de que lo hicieseis vosotros y os daríamos una sorpresa…

- ¡Por supuesto que nos habéis dado una sorpresa! ¡Y menuda sorpresa! – bufó Harry - ¿No habéis planeado vosotras esta cena? ¡Pues pedid comida a domicilio o haced lo que se os ocurra! ¡No hay nada en la nevera! - y se marchó a su despacho, hecho una furia.

- Sé lo que pretendéis, pero quizá esta cena no sea tan buena idea en este momento – les dijo Ron, con una sonrisa amable. Hermione se abrazó a su novio, preocupada, mientras este le acariciaba el pelo, aunque seguía enfadado.

Sintiendo que todo su mundo se rompía en pedazos, Ginny los miró a ambos, quizá esperando una palabra de aliento, o de consuelo. Pero ni su hermano ni su cuñada añadieron nada más, sólo la contemplaron con tristeza, algo que la desquició.

- ¡Arrrrg! – gritó con todas sus fuerzas, y salió en pos de Harry.

Como siempre, encontró al moreno en su despacho, en su santuario, como parecía ser aquel cuarto para él. El chico estaba de pie ante la ventana, con ambas manos apoyadas en la parte superior del marco de la misma, y con la mirada perdida en algún punto muy lejano. Ginny caminó hasta él, pero no se atrevió a tocarlo. Tan sólo esperó a que él diese señales de haber notado su presencia. Pero el chico no pareció hacerlo. Transcurrieron varios minutos en que ambos permanecieron inmóviles y en silencio.

- ¿Qué te he hecho, Ginny? ¿Por qué te empeñas hoy en hacerme daño una y otra vez? – él tan sólo habló, pero no se giró para mirarla.

- ¡Por Merlín, Harry! ¡En ningún momento he querido dañarte! – se defendió ella, frustrada y dolida.

- Pues no imagino el día en que desees hacerlo – cuando se volvió hacia la pelirroja, sus ojos estaban llenos de amarga ironía - ¿Qué es lo que pasa? ¿Quieres marcharte, deshacerte de mí y no sabes cómo hacerlo? ¡Pues simplemente dímelo! ¡Y no te preocupes por lo que piense tu hermano, ni por lo que pueda pensar yo! ¡Hazlo y punto! ¡Acaba con todo esto! ¡Como tú bien dijiste, dispones de información suficiente como para sacar adelante ese maldito reportaje sin mí! ¿No quieres que te proteja? ¡Puedes estar tranquila, que no lo haré!

Ella sintió cómo un acceso de ira recorría todo su cuerpo, azotándola con crueldad. Así que recorrió los escasos pasos que la separaban de él, y lo cogió por el cuello de la camisa sin miramiento.

- ¡Eres el hombre más idiota con el que me he topado jamás, Potter! ¡Yo no quiero marcharme! ¡No me marcharía nunca! – gritó también, indignada.

- ¡Pues no tienes porqué hacerlo, si no quieres! – él la cogió por ambas manos, apretándolas con fuerza, mientras enfrentaba su mirada lleno de dolor.

- ¿Ah, no? ¿Acaso me has dicho que me quieres aquí? ¿O simplemente que me quieres? ¡No lo has hecho, Potter! ¡Te limitas a ser amable! ¡A confundirme! ¡Pero ni una palabra sale de tus labios!

- ¿Acaso alguna palabra ha salido de los tuyos? ¡Por Dios! ¡Sabes que te amo, Ginevra Molly Weasley! ¡Te juré que te amaría durante toda mi vida, y yo siempre cumplo mi palabra! – los labios de ambos casi se rozaron, pero ella se separó de Harry con brusquedad, alejándose de él.

- ¡Esto no se trata de ser fiel a una palabra dada! ¡No estamos en el maldito Ministerio de Magia, ni nadie a quien debas impresionar puede escucharte ahora! ¡Se trata de amor, Harry! ¡De sentimientos!

- ¿Acabas de decirme que mis sentimientos no tienen valor alguno para ti? – la enfrentó de nuevo, lleno de ira.

- ¡No! ¡Te estoy diciendo que no me debes nada! ¡Que te quiero, Harry! ¡Pero que tú no tienes porqué corresponderme debido a una tonta promesa hecha hace un año! ¡Digo que yo ya no puedo aguantar más esta situación! ¡Que me estoy muriendo por dentro! – gritó ella, acercándose a su lado nuevamente, para encarar de cerca su furiosa mirada.

- ¡Perfecto! ¡Cásate conmigo, entonces!

- ¿Q-qué? – ella lo observó como si no hubiese sido capaz de entender sus palabras, totalmente petrificada.

- Que no tienes porqué marcharte nunca más de esta casa, si no quieres, porque esta es tu casa. Este es tu hogar, Ginny, si así lo deseas. Siempre lo ha sido – La tomó por la cintura dulcemente – Si me quieres, cásate conmigo. Este año ha sido una muerte en vida para mí. Cometí el mayor error de mi existencia al alejarte de mi lado. Te amo con locura, pelirroja cabezota. Te lo ruego, perdóname, y cásate conmigo – le suplicó.

Por un momento, ella se sintió incapaz de pronunciar palabra. Estaba tan emocionada que sintió que caería redonda al suelo, si los fuertes brazos de él no la estuviesen sujetando. Harry la miraba casi sin pestañear, esperando una respuesta que ella se moría por pronunciar, pero que no encontraba cómo hacerlo. El shock había sido demasiado grande.

- Comprendo… no puedes perdonarme – él se separó de ella, pero notó cómo la chica dio un traspiés y apunto estuvo de caer. Inmediatamente, la rodeó con sus brazos de nuevo, temeroso de que ella acabase en el suelo - ¡Ginny! ¿Te encuentras bien? ¡Por favor, Ginny! ¡Di algo! ¡Lo que sea! – le pidió, sintiendo que el miedo le atenazaba la garganta.

- Sí – apenas susurró ella, mirándolo enamorada.

- ¿Qué?

- ¡Que sí! ¡Que me caso contigo! ¡Por supuesto que sí! – se abrazó a su cuello con todas sus fuerzas - ¡Mañana mismo, si quieres! ¡Que te quiero! ¡Te amo! ¡Te adoro!

Él le sonrió con cara de tonto; la levantó en brazos y comenzó a girar con ella, loco de alegría.