¡Hola! ¿Que tal todos? Pues yo aqui, pegandome con el ordenador de mi marido, ahora que el esta trabajando y que se lo he podido usurpar un ratito. Como vereis, en este saludo paso de las tildes, pero es que este endemoniado PC las pone dobles, y no se como solucionarlo. Y eso que a partir del lunes, va a ser mi ordenador. Porque si, mi ordenador murio hace mas de una semana (se estropeo la placa base). ¡Larga vida a mi ordenador! :) Hemos comprado uno nuevo para mi marido, y yo voy a heredar el suyo, que tanto me odia :- . Durante toda la semana, al llegar a casa, todos los dias encontraba a mi marido jugando al WoW, haciendo mazmorras, matando bichos... y yo apenas he podido mirar mi correo, y mucho menos escribir el fic ni responder reviews o mensajes. Si he podido escribir un nuevo capitulo para este finde, ha sido porque en el trabajo todo el mundo esta de vacaciones, y la faena ha bajado considerablemente, que si no... Siento no haber podido responder a muchos de vuestros reviews y mensajes, pero no me ha sido posible. Y esta mañana he de dedicar el tiempo a tereas domesticas (y por la tarde estara Carlos jugando el WoW, jeje), asi que tampoco podre hacerlo. Pero tened por seguro que he leido todos vuestros mensajes y que los respondere en cuanto este bicho pase a ser totalmente mio. ¡Que ganas tengo...! Y tambien tengo un monton de actualizaciones de vuestros fics por leer. ¡Que llegue pronto el luneeeeees!

Tampoco he podido entretenerme demasiado escribiendo el capitulo, asi que os ruego lo tengais en cuenta al encontrar faltas de ortografia, gramatica, o poca imaginacion :) Eso si, le he puesto mucho cariño, eso os lo puedo jurar.

Espero que disfruteis, y os deseo a todos un fin de semana genial. Y los que esteis de vacaciones... ¡Aprovechadlas a tope!

Saludos y abrazos.

Rose.


Capítulo 8: Cena en familia.

Harry giraba y gritaba, con Ginny en brazos, presa de una risa loca y maravillosa; y ella reía con él, abrazada a su cuello, contemplándolo con adoración.

- ¡Para! ¡Por favor! – pidió la chica, aún riendo, y sintiendo que comenzaba a marearse.

Él la obedeció inmediatamente, para depositarla en el suelo con cuidado, pero la mantuvo firmemente pegada a su cuerpo.

- Harry… Repítemelo…

- Cásate conmigo – le pidió con dulzura.

- Eso también… pero lo otro… - le rogó ella, mimosa, acariciándole el rostro suavemente, sin dejar de contemplar sus verdes ojos.

Él sonrió con picardía, y acercando su rostro lentamente al de ella, le besó la nariz.

- Te amo. Te amo: más que a mi vida, más que al aire que respiro, con toda mi alma, en esta vida y en cualquier otra, por toda la eternidad.

- OH, Merlín…- tan sólo pudo decir ella, emocionada y aún sorprendida.

- Merlín no tiene nada que ver en esto – afirmó él, seductor – Tú eres mía, mía… y jamás volverás a alejarte de mí.

- Y tú eres mío, Harry James Potter, y no permitiré que vuelvas a olvidarlo nunca.

- Nunca lo he olvidado – susurró, loco por ella.

Sin apenas ser conscientes de lo que estaba sucediendo, sus labios se encontraron en un largo y profundo beso, tan profundo como los sentimientos que ardían en sus almas y corazones, tan bello y puro. No deseaban separarse; no querían que aquel momento terminara jamás, pero habían olvidado que no estaban solos en la casa, y no pasó mucho tiempo antes de verse obligados a recordarlo.

Inesperadamente, la puerta del despacho se abrió con fuerza y se vieron sorprendidos por Ron, quien irrumpió en el cuarto temiendo lo peor.

- ¿Qué demonios está pasando aquí? ¡Hace nada os oíamos gritar como posesos, y ahora…! –Enmudeció, consciente de lo que estaba presenciando – Y ahora ya veo, ya…

Harry y Ginny separaron sus labios con desgana, sin dejar de abrazarse, para mirarlo con sonrisas radiantes.

- Seguid, seguid… no os cortéis – les instó el pelirrojo, con un ademán de la mano – Me voy con Herms a preparar la cena. Ya os avisaremos cuando esté lista.

La pareja se miró con incredulidad, sin poder creer aquello que acababan de escuchar. Rápidamente, ambos caminaron hasta Ron y, colocándose uno a cada lado de él, Ginny le puso el dorso de la mano en la frente, y Harry le buscó el pulso.

- Pues no tiene fiebre, no – afirmó ella, extrañada.

- Ni un ataque de ansiedad – añadió Harry con voz seria.

- ¡Seréis payasos! ¡Alejaos de mí! – les gritó Ron, sintiéndose ofendido - ¿No tengo derecho a sentirme feliz, después de haber estado deseando volver a veros juntos durante todo un año? ¿Creéis que nos gustaba veros sufrir, par de cabezas duras?

- Ron…- su mejor amigo intentó tranquilizarlo, sintiéndose culpable.

- ¡Ni Ron, ni leches! ¿Acaso creéis que erais los únicos que estabais sufriendo con esta situación?

- Ron, por favor… - le pidió Ginny.

- Seguid besándoos, y dejadme en paz – salió del cuarto, dando un portazo tras él.

Harry, abatido, negó con la cabeza, mientras Ginny se abrazaba a él.

- No te preocupes, se le pasará.

- Lo sé, pero en parte tiene razón. Tú y yo nos hemos comportado como si nuestros actos sólo afectasen a nosotros mismos, y no es así.

- Entiendo lo que quieres decir… Pero nuestra vida es sólo nuestra, y por mucho que les duela, nadie tiene derecho a decirnos qué hacer con ella – respondió Ginny, a la defensiva.

- Eso también lo sé, demasiado que lo sé. ¿Crees que soy hombre de acatar órdenes? – abrazó a la chica de forma posesiva, mientras ella sonreía con picardía.

- No. Por eso las das.

- ¡No me refiero al trabajo! ¡Por Merlín! ¡Cuando he tenido que obedecer, siempre he sabido cómo hacerlo! – protestó él con enfado.

- ¿Siempre…? – ella le guiñó un ojo, divertida.

- ¡Está bien! ¡También me costó lo mío aprender a no hacer siempre las cosas a mi manera!

- No me grites, señorito enfadón – volvió a besarle suavemente, de forma provocativa – Recuerda que, dentro de poco, podré enviarte a dormir al sofá.

- Siempre que vengas conmigo…- aceptó él, devolviéndole cada beso con un alarde de seducción.- Deberíamos salir. No está bien dejar solos a Hermione y a Ron en nuestra casa.

- Nuestra casa… - fantaseó la pelirroja, ilusionada – No puedes imaginar cuántas veces he soñado con oírte decir eso.

- Tantas como yo he deseado que lo escuchases. Vamos, princesa, luego continuaremos hablando toda la noche, si te apetece. Pero ahora tenemos invitados que atender. ¿O acaso no fue tuya la idea de hacerles venir? – rió, divertido.

- No. Fue de Hermione – respondió ella, sacándole la lengua.

- Debí haberlo imaginado. Herms nunca cambiará: se cree en la obligación de arreglar la vida a aquellos a quienes quiere.

- Entonces, como uno que yo me sé – le pellizcó cariñosamente el moflete como si de un niño travieso se tratase.

Salieron cogidos de la mano, sonrientes, sintiendo que una nueva vida estaba apunto de comenzar para ellos.

Encontraron a Hermione en la cocina, rodeada de un montón de platos y bandejas a rebosar de comida, que Harry no tenía ni idea de dónde había salido. Estaba aliñando una gran fuente de ensalada. Ron no se veía por ninguna parte. Al escuchar ruido tras ella, se giró con una sonrisa.

- Deja de refunfuñar, Ron, y cuéntame qué está pasando – pidió con voz dulce, creyendo que era su prometido quien acababa de entrar.

Pero pronto se dio cuenta de su error, y también de lo agarraditos que Harry y Ginny habían llegado. Su cara fue la pura imagen de la alegría en aquel momento.

- ¡OH! – se tapó la boca con las manos, emocionada – Así que por eso Ron sólo es capaz de mascullar por lo bajo frases que suenan como "Groanfroarurgle argondualleorg", y cosas así – los tres rieron a carcajadas.

- Le hemos tomado un poco el pelo y no le ha sentado nada bien – se disculpó Harry, aún riendo.

- Ron ha sufrido mucho con todo esto – le explicó la castaña – Quizá el que más, después de vosotros dos.

- Lo sé, y no puedes imaginar cuánto lo siento.

- Un poco sí que puedo – se acercó a él y le acarició el rostro con cariño – no en vano soy tu mejor amiga – ambos se abrazaron con ternura – Sé feliz, Harry, sé feliz y haznos felices a todos. Y tú también, Ginny – miró a su amiga, llena de esperanza - Sed felices de una vez y para siempre.

Ginny la abrazó también.

- ¿Y toda esta comida? – quiso saber el moreno, sorprendido.

- La hemos traído de nuestra casa. No creerás que todos somos tan poco previsores como tú – le guiñó un ojo, divertida – Ron debe estar en el comedor, disponiendo la mesa para la cena. Yo de vosotros le dejaría solo un rato más, para que se le pase el arrebato.

Él asintió, completamente de acuerdo.

- Así que por fin volvéis a ser novios…

Los dos se interrogaron levemente con la mirada, comprendiéndose inmediatamente a la perfección: sin necesidad de palabras, ambos habían decidido mantener en secreto su compromiso de boda.

- Creo que en el fondo nunca dejamos de serlo – afirmó Ginny, convencida – Al menos yo nunca he dejado de pensar en ti, y durante este año no he salido absolutamente con nadie – confesó a Harry con naturalidad.

- Yo tampoco – respondió él, sonriendo.

- ¿Y la rubia del Ministerio…, "Casanova"?

- ¡Demonios! ¿Tú también vas a empezar con eso? – protestó el chico con fastidio.

Las dos chicas rieron por la expresión de mártir que había mostrado Harry.

- Me muero por ver la cara que se le pondrá mañana cuando corra por todo el Ministerio de Magia la noticia de que el Jefe vuelve a tener novia – Hermione se deleitó imaginando la escena – Pagaría por verlo.

- Herms, no la provoques, te lo ruego – Harry había tomado de la mano a su mejor amiga, y su voz había sonado demasiado seria y preocupada – Y tú tampoco, Ginny.

- ¿Por qué, Harry? ¿Qué pasa con ella? Sabes que yo no la he provocado nunca, es ella quien viene a mí con ganas de pelea.

- Sea como sea, Hermione, ignórala.

- Pero, ¿por qué?

- Porque, como tú bien dijiste después de la cena en La Madriguera, esa chica no es sólo lo que parece ser. Por favor, hacedme caso; las dos. Por ahora, no puedo deciros nada más.

Ellas se miraron, contagiándose de su preocupación, y asintieron.

- Pasaremos de ella, Harry, te lo prometemos – afirmó la castaña. Ginny asintió de nuevo.

- Entonces… ¿podré continuar con mi trabajo en el Ministerio? – Le preguntó Ginny, sorprendida - ¿No habías dicho que el reportaje se había terminado?

- No me provoques, pelirroja, que todavía estoy enfadado contigo – él contradijo sus propias palabras abrazándola por la cintura y pegándola a su cuerpo. – Realmente creo que ese reportaje puede contribuir a mejorar la imagen del Departamento de Defensa Mágica, si se enfoca de forma adecuada y no se centra en mí. Yo no soy interesante. Me gustaría que conozcas a las personas que trabajan en él, que hables con ellos, que escuches sus puntos de vista y sus opiniones… Te aseguro que todos son gente que adora su trabajo, que se esfuerza por hacerlo bien. Si les escuchas, te aseguro que saldrá un reportaje magnífico de ello.

- Pero mi jefe dijo…

- Tu jefe puede decir misa, si le apetece, que para lo que va a servir… Si cuando le presentes el reportaje, él no desea publicarlo, otro lo hará. El Quisquilloso, por ejemplo. Yo te apoyaré hasta el final, y sé que Kingsley también lo hará. Si deseas ser una buena periodista, haz un buen reportaje, tal y como tú lo concibes, no como lo haga él. ¿Qué te parece?

- Es una idea magnífica... – se inmiscuyó Hermione, sin poder evitarlo.

- Realmente lo es – se sumó Ginny – Eso es lo que yo deseaba hacer. Ahora sí que siento que va a gustarme mi trabajo.

- Ah, con que en el fondo yo te interesaba un pepino… – le reprochó él, bromeando.

- Tanto como un pepino… Bueno, va, dos – respondió la chica, burlona.

Harry enarcó una ceja, suspicaz. Pero enseguida ella lo besó con ternura, acariciándole una mejilla y adorándolo con los ojos.

- Con una cosa no estoy de acuerdo – replicó Hermione – Creo que el reportaje sí debe incluir a Harry. Como cabeza visible y real del Departamento que es, su cometido es quizá el más importante de todos, ya que de sus decisiones depende todo el trabajo de los demás.

- Es cierto. Sin Harry, el reportaje no tiene sentido – añadió Ginny, de acuerdo con su amiga.

- Está bien. Está bien… Veo que no voy a poder librarme de esto… Sabéis que a mí no me gusta conceder entrevistas a la prensa. Bastante aparezco en sus publicaciones ya sin mi consentimiento, como para hacerlo también por gusto. Pero en este caso haré una excepción. Y todo sea por el Departamento. Se lo prometí a Kingsley y cumpliré mi palabra. Pero dejaremos mi vida personal al margen.

- ¡Ja! ¿Crees que vas a poder hacer eso? – La voz de Ron les sobresaltó desde la puerta de la cocina; el pelirrojo había llegado sin hacerse notar - ¡En cuanto se sepa que Ginny y tú volvéis a ser novios, esa noticia será la única que importará a la prensa, y sobre la única que todos los magos y brujas desearán leer! – añadió, burlón.

- Quizá sea mejor que lean sobre eso a que cunda la alarma porque alguien del Cuartel General de Aurores, ha filtrado a los periódicos el asunto del violador – razonó Harry, mirando a su amigo con fijeza – No me importa que hablen de mí, siempre que me dejen hacer mi trabajo en paz. Si en este momento la prensa se hace eco de las violaciones y de este asesinato, el maldito asesino se sabrá el centro de atención de todos los magos, y estoy seguro de que se cerrará en banda. Se ocultará hasta que el asunto se olvide, y después deberemos volver a empezar de cero para atraparle, Merlín sabe con cuántas vidas o violaciones más de por medio. No estando en peligro la integridad de nadie ajeno al Departamento de Seguridad Mágica, no lo puedo consentir.

- ¿Por qué piensas eso? – preguntó Ginny, curiosa.

- Porque sus actos tienen toda la pinta de venganza, no de reclamo para obtener popularidad – le explicó su novio – Y no de una venganza cualquiera. Por como actúa, tengo la corazonada de que quiere dañar a alguien muy concreto en el Departamento. Y con todas las miradas pendientes de él, le va a resultar muy difícil conseguirlo. Preferirá retirarse hasta volver a estar seguro de tener el camino libre.

- No entiendo. ¿Cómo va a poder dañar a alguien muy concreto, violando y matando a las novias y esposas de los demás? ¿A cuántos en concreto desea dañar? – se extrañó Hermione.

- Está claro que al Departamento en general. Nos culpa por algo, y no sé qué es. Pero hay algo más, lo intuyo – se empecinó él.

Por un momento, Ron miró a su mejor amigo fijamente; al escucharle, algo había comenzado a rondarle por la cabeza, pero aún no podía saber qué era. Decidió no intentar averiguarlo hasta que hubiese acabado la velada, para poder compartirla tranquilamente con ellos.

La cena resultó ser amena y tranquila. Hacía mucho tiempo que no habían coincidido los cuatro juntos, y compartir ese momento resultó inolvidable para todos ellos. Ron pronto olvidó el enfado que amenazaba con agriarle la reunión, y disfrutó como un enano viendo a su hermana y a su mejor amigo juntos y felices por fin. Aunque hizo como si realmente no le importase demasiado, bajo la mirada divertida de los otros tres.

- Bueno… Os anuncio que ya podéis ir contratando a la streaper. Las chicas y yo hemos programado mi despedida de soltera para dentro de dos sábados – anunció Hermione tranquilamente, llegados los postres.

Harry y Ron se miraron, llenos de alarma, para luego dirigir su vista hacia ellas, en tono de reproche.

- ¡No va a haber streaper! – Sentenció Harry, categórico - ¡Y vosotras no lo tendréis tampoco!

- ¡Por supuesto que no! – le apoyó Ron con todas sus fuerzas.

- ¿Cómo que no? El mismo Harry nos aseguró que vosotros tendríais una. Nosotras ya lo hemos contratado – dijo Hermione, con candidez.

- ¿Quéeeeeeee? – gritaron ambos al unísono.

- Pues tío, será cuestión de que contratemos una nosotros también – argumentó Ron, pasado el susto inicial, y usando el mismo tono de voz que había empleado su novia.

Harry lo observo con ojos desorbitados, como si no le conociese, y las dos chicas apunto estuvieron de abalanzarse sobre él para hacerle pagar bien caro lo que acababa de decir.

- ¿Pero, no te das cuenta de que estas dos manipuladoras nos están tomando el pelo? – Añadió el pelirrojo, entre risas -¡Apunto he estado de creérmelo! ¡Te lo juro!

- ¡No me j…..! ¡Pues ahora la contrataremos de verdad! ¡Por listas! – gritó Harry.

- Ah, haz lo que quieras. Podrás tener a una chica guapa desnuda frente a ti, pero mientras la mires, será conmigo con quien sueñes, y cuando vuelvas a casa, seré yo a quien no tendrás. ¿Te gustan los sofás? – Ginny le tomó por la barbilla pícaramente, sonriendo, mientras Hermione comenzaba a reír y Ron negaba con la cabeza, apoyando a su amigo.

- ¿Y esta arpía es mi novia? – preguntó Harry, fingiendo incredulidad.

Sin previo aviso, Ginny se abalanzó sobre él y comenzó a hacerle cosquillas. Sorprendido con la guardia baja, el chico se hizo una bola sobre uno de los sofás, donde ella y él se habían sentado, alrededor de una mesa de te. Pero ella conocía demasiado bien sus puntos débiles, y pronto el moreno se encontró riendo a mandíbula batiente, sin poder parar.

- ¡Para! ¡Para! ¡Por favor! ¡No habrá streaper! ¡Te lo juro! ¡Para! – gritó él, casi sin respiración.

- ¿Veis qué fácil es? – ella dijo a su hermano y su cuñada, liberándolo.

- No creas que todo ha terminado, señorita – respondió Harry, una vez recuperada su dignidad – Con los tiempos que corren, no creo conveniente que las chicas salgáis solas de fiesta un sábado por la noche. Tenemos intención de atrapar al violador mucho antes de ese día, pero si por desgracia no lo hemos conseguido para entonces, no deberíais salir sin nosotros.

- En eso no admitiremos réplica – añadió Ron seriamente – Si hay que hacer una fiestas conjunta, se hará. Pero por ningún motivo vamos a arriesgar vuestra seguridad.

- Por supuesto, cariño – aceptó Hermione – Pero no será ni la mitad de divertida.

- ¿Ah, no? ¿Y qué pensabais hacer solas, si se puede saber?

- Ponernos verdes, seguro – dijo Harry, convencido – Las mujeres nacen con un gen experto en hacer eso. Nosotros pasaremos la noche como idiotas enamorados echándolas de menos y contándonos entre nosotros cuánto las queremos, mientras ellas reirán a nuestra costa. Siempre lo hacen.

- Pero qué mono es… - Hermione le dio un beso en la mejilla, enternecida.

- Sí, qué mono… - Ginny lo besó también.

- ¿Qué te decía? Estas tienen más peligro que un centenar de ashwinder en una mansión hecha completamente de madera.

- Va, no os hagáis los inocentes, que vosotros tampoco sois angelitos – le reprochó la castaña.

Ellos la miraron como si no tuviesen la más remota idea de lo que ella intentaba insinuar.

- Bueno. Será cuestión de irse marchando a dormir – dijo Ron, bostezando.

- Ese tema ya no les interesa – Ginny dio un codazo a Hermione, y ambas sonrieron.

- En serio, chicas. No sé a vosotras, pero a nosotros, mañana nos espera un día duro – lo apoyó el moreno – Gracias por venir a cenar. Ha sido una magnífica idea.

Ron y Hermione se dirigieron una mirada cómplice, satisfechos.

- Cuidado con lo que le haces a mi hermana pequeña – escuchó Harry de pronto, mientras las chicas caminaban hacia la chimenea y no podían escucharlo, y observó al pelirrojo con estupor.

- ¿A estas alturas de la vida me vienes con esas?

- Tenía que decirlo – afirmó el otro, con cara de circunstancias.

- Voy a tomarlo como que me estás pidiendo que la trate como a una reina, y no como que te estás intentando inmiscuir en otros temas más… íntimos – sonrió, mirándole con sarcasmo - Y por mi vida, te juro que así será – al llegar ante la chimenea que devolvería a la pareja a su casa, le palmeó la espalda con fuerza, y Ron le devolvió la palmada del mismo modo.

- Hombres – dijo Hermione, al ver lo que ambos acababan de hacer.

- No hace falta que digas más – Ginny añadió, comprensiva – Hasta mañana y… gracias. Ya te contaré.

- Por supuesto que lo harás – ambas sonrieron con complicidad.

Cuando la pareja se hubo marchado, Harry abrazo a Ginny con mimo, y ella se dejo hacer, encantada entre sus brazos.

- ¿Dónde vas a dormir esta noche? – pregunto Harry dulcemente.

Ella fijó su mirada en él, incrédula.

- ¿Qué clase de pregunta es esa, Potter?

- Mi amor, no quiero presionarte para que hagas algo que tú no desees. He pensado que necesitarás tiempo para volver a acostumbrarte a mí, para volver a desear estar conmigo de ese modo.

- Tú… estás…tonto – le aseguró ella, entre beso y beso, mientras le acariciaba el pecho sobre la camisa, llena de deseo.

- Vaya… Gracias por acusarme de querer facilitarte la situación – le reprochó él, molesto. Pero continuó besándola, sin dejar de perderse en su mirada.

- Quizá seas tú quien necesite tiempo…

- ¿Estás loca? – el casi gritó, apasionado.

- Loca… por ti.

Harry la levantó en brazos y la llevó hasta su habitación, aquella estancia íntima y espaciosa, que desde el principio él concibió en su mente para que fuera de ambos, y que para ello fue construida. Al llegar ante el cuarto, besó a la pelirroja con pasión, mientras con una mano, intentaba hacerse con el pomo de la puerta para abrirla. Al conseguirlo, traspasó el umbral rápidamente, y cerró la puerta tras ellos de forma impetuosa, con la noche como único testigo de su amor.