Capítulo 9: Fantasmas del pasado.
Aún en semipenumbra, Harry se preguntó cuántas horas llevaba observando dormir a la dueña de su corazón. Ginny descansaba junto a él, sus labios curvados en una dulce sonrisa que no había abandonado en ningún momento, al menos desde que él había comenzado a observarla. El moreno adoró una vez más aquellos labios tiernos y perfectos, aquellos pómulos firmes y suaves, aquella nariz respingona, marcada apenas, graciosamente, por unas divinas arrugas de expresión; al igual que aquellos hermosos y resueltos ojos del color del chocolate que a él más le gustaba. Suspiró, satisfecho de volverla a tener junto a él. ¿Qué importaba cuántas horas llevase extasiándose con aquella divina belleza? Pensó que siempre serían pocas, demasiado escasas, para saciar la sed que su corazón sentía constantemente de ella.
Así que, con la cabeza apoyada cómodamente en su brazo, que descansaba en la almohada, continuó contemplándola, maravillado. No le cabía en la cabeza cómo había sido capaz de alejar de su lado a aquel ángel perfecto, lleno de dulzura, de ternura, y de carácter… exactamente tal y como a él siempre lo había deseado. ¿Cómo había estado tan loco? ¿Cómo no había luchado por ella? Con inmensa pena, y aún lleno de dolor, recordó porqué: su corazón estaba destrozado; Lilith había muerto. Muerto. Presa de uno de sus propios compañeros, víctima de un loco… violador. Y ella no había estado con él para compartir su pena. Ni siquiera se había enterado.
De pronto, una corazonada golpeó su mente con inmensa fuerza, desviándole de sus pensamientos sobre Ginny, y haciendo que su rostro mostrara una sorpresa absoluta. ¿Sería posible? ¿Podía ser que Lilith hubiese sido la primera víctima de Blacksoul? ¡Pero no! ¡Ella fue violada y asesinada por Patterman hacía más de un año! Negó con la cabeza, frustrado; estaba seguro de que algo se le acababa de escapar en aquella reflexión; algo en su corazón se lo gritaba. Por ello, intentó tranquilizarse, dejó la mente en blanco, tratando de conseguir un nuevo enfoque que le ayudase a hallar el eslabón perdido, de lo que en aquel momento comprendió por fin era toda una cadena. ¿Y si Lilith no hubiese sido su primera víctima, sino el desencadenante de sus actos? ¿La causa? ¿Pero qué pintaba ese tipo en todo aquello? Turbado, tuvo la certeza de que la clave la obtendría cuando hallase la conexión entre ambos casos. No podía ser de ningún otro modo.
No se había dado cuenta de que el dolor causado por los recuerdos removidos desde lo más oculto de su alma, había hecho que una solitaria lágrima surcase su mejilla; y tampoco que, desde hacía poco, Ginny lo estaba observando, preocupada.
- Harry…
El sobresalto consiguió que, inmediatamente, su mente regresase junto a ella.
- Buenos días, mi vida – le sonrió, enamorado.
- ¿Qué pasa, Harry? – suavemente, ella retiró con su mano la lágrima perdida.
Sorprendido, él intentó observarse la cara; no deseaba hacerla entristecer con aquellos recuerdos, y mucho menos culparla por lo que sucedió en el pasado. No había rencor en él. Relajó su semblante, al darse cuenta de que no quedaban más lágrimas que retirar.
- Nada, amor. Vuelve a dormirte. Apenas ha amanecido.
- ¿Cómo crees que voy a poder dormir después de cómo te he descubierto? Tu cara mostraba un sufrimiento inmenso, desesperado. Y estabas casi llorando.
- Ginny, yo no…
- ¡Por lo que más quieras, Harry! ¡Dime qué está pasando! ¿Es por nosotros? ¿Te arrepientes de haber vuelto a mi lado? – preguntó, enfrentando su mirada en busca de respuestas.
- ¿Cómo va a ser por nosotros? – la abrazó con desesperación – Volver a tu lado, es lo mejor que me ha pasado en esta vida – besó su rostro, su cabello…
- Entonces, ¿qué es? – Ginny susurró, pegando su cuerpo desnudo al de Harry, bajo las sábanas, y besándolo con ternura.
- Recordaba lo que sucedió a una compañera… a Lilith. Tú no la conociste. Gin, no quiero hablar de ello ahora – la apretó aún más contra su cuerpo, mientras le rogaba con la mirada que no hiciese más preguntas.
- Está bien. Tranquilízate – aunque ella, para nada se había serenado con su respuesta.
Ambos se besaron con pasión, una vez más, como habían hecho cientos de veces aquella noche.
- ¿Cuándo piensas convertirme en la señora Potter? – ella cambió de tema, acomodándose entre sus brazos.
- He pensado mucho en ello. Este sábado, en Hogwarts.
Ahora fue el turno de la pelirroja de mostrar infinita sorpresa.
- Tú y yo solos, con Mc Gonagall y Neville como únicos testigos.
Un brillo especial apareció en el rostro de la chica, que pronto fue enturbiado por la duda.
- ¿Y mis padres? ¿Y mis hermanos? ¿Ron, y Hermione…?
- Me llamarás loco, pero yo deseo una boda secreta, completamente íntima, que no trascienda a la prensa hasta que haya transcurrido el tiempo suficiente como para que ya casi no quede nada que contar.
- Estoy de acuerdo. Pero Harry, son mi familia. Ellos no van a filtrar la noticia. Lo sabes perfectamente – le reprochó, molesta.
- No se trata de eso – ella le miró sin comprender - ¿Por qué anoche tú no revelaste a Hermione ni a tu hermano que tú y yo nos hemos comprometido? – preguntó con sencillez.
- Porque sentí que, si lo hacía, el nuestro robaría protagonismo a su propio compromiso. Y de ningún modo deseo hacer eso. Lo merecen; y se les ve tan ilusionados…
- Exactamente. Yo pensé lo mismo – besó su rostro suavemente, su frente, sus ojos, sus mejillas y nariz, su barbilla…, y luego fijó su mirada llena de amor en aquellos bellos ojos – Pero aún así, me muero por casarme contigo ahora mismo. Es un deseo loco, desesperado. Necesito hacerte mía de todos los modos posibles, y entregarme a ti con la misma necesidad.
- Y si hacemos a mi familia partícipe de nuestra boda, no habrá modo de impedir que el maravilloso momento que Ron y Hermione están viviendo, quede eclipsado – ella terminó el razonamiento.
Él asintió con tristeza.
- No lo había pensado…- parecía contrariada – Pero yo me siento exactamente igual que tú. ¡Me muero por casarme contigo! – él rió, feliz – Nos casaremos este sábado, en Hogwarts, si la profesora y Neville pueden acompañarnos, y conseguimos un druida que oficie la ceremonia.
- Eso déjamelo a mí – afirmó Harry, aún riendo.
- ¿Y mi vestido? ¿Y las prendas de juramento?
- Tú y yo los conseguiremos juntos. Estarán para el sábado, te lo prometo.
- ¡No puedo creerlo! – gritó, entusiasmada - Oye… ¿Este sábado no pensabas darme una sorpresa? Si nos casamos, no…
- Oh, sí. Tendrás tu sorpresa – él prometió pícaramente.
La chica lo miró con suspicacia, pero calló, a sabiendas de que no iba a obtener nada más de sus labios. Sabía lo cabezota que podía llegar a ser cuando se lo proponía.
- En fin… Ya hallaremos el modo de dar la noticia de nuestro matrimonio a los demás, cuando la boda de mi hermano y Hermione haya pasado – suspiró.
- Eso espero, aunque entonces, tú y yo vamos a tener que dar muuuuuchas explicaciones – añadió él, con cara de circunstancias al imaginar la escena.
- Bueno, por lo pronto, vayamos esta tarde a La Madriguera, a contar a mis padres que volvemos a ser novios y que estamos viviendo juntos, antes de que se enteren por El Profeta – rió, revolviéndose para colocarse tumbada sobre el cuerpo del chico.
- Sí, será lo mejor – el moreno se acarició la cicatriz de la frente de forma distraída, tal y como solía hacer siempre que algo especialmente preocupante le rondaba por la cabeza.
- No imaginas cuánto he echado de menos verte hacer eso – susurró ella, enamorada.
- ¿El qué? – Harry la miró sin comprender, hasta darse cuenta de qué estaba haciendo con su mano derecha, y sonrió – Será mejor que nos levantemos cuanto antes. Como pase más tiempo contigo en mis brazos, no sé quién será capaz de conseguir hacerme ir a trabajar – la besó con picardía.
- Eres demasiado importante como para poder permitirte tomarte un día de vacaciones sin avisar previamente – se abrazó a su cuello, rozando deliberadamente ambos cuerpos, algo que sabía el ardiente efecto que iba a provocar en él.
- Y tú eres deliciosamente malvada – sus dedos recorrieron la espalda de ella, desde su cuello hasta justo el lugar donde esta perdía su nombre – Tú lo has querido – susurró, con malvado deleite, mientras la hacía presa de sus caricias, haciéndola enloquecer.
Lentamente, las sábanas que los cubrían resbalaron hacia el suelo.
Aquella mañana, nada más llegar al Ministerio de Magia, Harry y Ginny caminaron cogidos de la mano hacia el despacho de Kingsley. Normalmente, el moreno odiaba con toda su alma ser el centro de atención de las miradas de la gente, pero en cambio, no le importó que todos y cada uno de los empleados del Ministerio con los que ambos se cruzaron, se quedasen mirándolos con descaro, llenos de sorpresa. Muy al contrario, disfrutó como un travieso gnomo de jardín viendo cómo respondían avergonzados a su amable saludo de "buenos días". Al llegar a la antesala del despacho del Ministro de Magia, Harry saludó también a Beatrice, pero la chica no fue capaz de responderle; observaba a la pareja con ojos desorbitados por al sorpresa.
- ¿Está reunido? – preguntó Harry, señalando con un ademán al despacho del Ministro, que permanecía con la puerta cerrada.
- N-no – acertó a decir ella por fin, desviando la vista una y otra vez del rostro del chico a la mano que tenía cogida de la pelirroja, para traspasarla a ella después con una mirada de profundo odio.
- Perfecto – él hizo caso omiso de su actitud, y tiró suavemente de Ginny para que lo acompañara, caminando hacia el despacho.
Beatrice los vio marchar, mordiéndose los labios en un arrebato de rabia.
El Jefe hizo sonar alegremente sus nudillos contra la puerta, y sin esperar respuesta, la abrió y se asomó dentro.
- Buenos días… - sonrió a Kingsley, que le observaba sentado desde detrás de su mesa de despacho.
- Eso espero – deseó el otro en voz alta, sin contagiarse de la aparente alegría de su amigo y compañero - ¿Qué tienen de buenos, Harry? ¿Habéis atrapado al demente que tiene en jaque a vuestro Departamento?
- Aún no. Pero ahora mismo voy a poner a toda mi gente a seguir una pista que nos conducirá hasta él en cuestión de horas; de pocos días, a lo sumo – aseguró con esperanza – Pero antes, deseo que seas el primero en conocer oficialmente la noticia.
- ¿Qué noticia? – enarcó las cejas, extrañado.
- Vuelvo a ser un hombre prometido.
- ¿No me digas que…? – el Ministro abrió los párpados de forma desmesurada, sonriendo.
- Te lo digo: Ginny y yo volvemos a ser novios – le aseguró, eufórico, mientras hacía que la chica entrase en el cuarto junto a él.
- Buenos días, Kingsley – lo saludó ella con una sonrisa – Me alegro de verte.
- ¡Chiquilla! – no pudo evitar gritar. Se levantó de su sillón y corrió a darle un abrazo, que ella le devolvió cariñosamente. Después abrazó también a Harry, emocionado - ¡No podéis imaginar qué peso me quitáis de encima! ¡Me sentía culpable por estar haciéndoos pasar por un mal trago! ¡Lo sentía tanto!
- Sé cómo me puse al conocer tu decisión. Vengo a agradecerte lo que has hecho por nosotros – dijo Harry con sinceridad.
- Ay, muchacho… Si hubiese sabido que ese reportaje serviría para uniros otra vez, yo mismo habría ido al Profeta para proponerlo. No tenía esperanza de volver a veros juntos; más bien al contrario: creí que de todo esto saldría una batalla campal. Así que no me debéis nada en absoluto.
- Sea como sea, te lo agradecemos – insistió Ginny dulcemente.
- Y yo agradezco que estéis juntos de nuevo, y que hayáis venido a contármelo. Realmente, el día ha empezado bien. Ahora vuelvo a tener esperanza de que pueda continuar del mismo modo.
- Haré todo lo que esté en mi mano para que así sea – prometió Harry – Ahora debemos ponernos en marcha. Espero poderte dar más buenas noticias esta misma tarde. ¿Te parece que nos reunamos tú y yo sobre las seis?
- ¡Claro! ¡Te esperaré con impaciencia!
- Hasta entonces – estrechó su mano con fuerza y la pareja se marchó hacia el Departamento de Seguridad Mágica.
Al pasar nuevamente ante la secretaria, y si la hubiesen observado, habrían notado que esta mantenía cerrados los puños con una expresión furiosa, y el rostro enrojecido. Había contemplado toda la escena a través de la puerta abierta del despacho del Ministro, y no era capaz de asimilarla. Parecía como si estuviese apunto de entrar en shock. Aunque Harry sí se dio cuenta de su extraño modo de actuar, y tomó nota mental de ello.
Cuando llegaron al Cuartel General de Aurores, ya la noticia había corrido como el agua y llegado hasta allí, y todos los subordinados del Jefe los estaban esperando con expectación.
- ¿Tenemos doxys en la cara? – preguntó Harry, con un ademán fingidamente severo.
- Precisamente en la cara… No habréis sido víctimas de un hechizo de pegamento… - preguntó Skood, uno de los aurores más veteranos, sonriendo con falsa inocencia al señalar las manos de la pareja, aún entrelazadas – Estábamos esperando para ayudaros a deshacerlo, por si nos necesitáis.
- Tranquilo, no os necesitamos – afirmó él, casi sin poder evitar sonreír también. Todos los demás lo miraron con alegría.
- En ese caso, felicidades; a ambos – el portavoz les dijo de corazón.
- Gracias. ¡Y ahora, a trabajar! ¡No sois la elite del Ministerio por pasar el día chismeando como abuelas!
- ¡Sí, Jefe! – corearon todos al unísono. Y cada cual regresó a su quehacer, con una gran sonrisa reflejada en el rostro.
- Gin, hazme el favor y busca a E.J. Seguramente estará en el archivo. Hazle saber los cambios que va a sufrir tu investigación para el reportaje y dile que sigue estando al cargo de guiarte y ayudarte en todo lo que necesites – bajó la voz - Y como quien no quiere la cosa, tranquilízala – añadió - No deseo que tome a broma mis palabras, pero tampoco que se vea hundida por ellas. Anímala un poco. Tú ya sabes a qué me refiero.
- ¿No deberías ser tú quien lo haga? – objetó ella, dubitativa.
- No por ahora. Es ella quien debe esforzarse en este momento. Ayer, yo ya dejé bien clara mi postura, que será definitiva.
- Metimos la pata bien metida, ¿verdad?
El chico asintió con ademán amable.
- No te preocupes más por eso. Quizá sirva para hacerla cambiar de actitud. Nos vemos luego, princesa – acarició su rostro con ternura, y dio media vuelta para ir a su despacho. Pero en el último momento recordó algo, y desandó sus pasos hasta volver junto a ella – Y no dejes que esta panda de impresentables te acosen a preguntas indiscretas – casi gritó, para que todos los demás captasen el mensaje.
Todos lo miraron de reojo riendo, maquinadores.
- ¿A quién llamas "panda"? – oyó a su espalda.
Ron acababa de llegar, apunto para escuchar la última frase de su amigo. Harry le dirigió una sonrisa socarrona.
- Buenos días, enana – el pelirrojo besó a su hermana en la mejilla, jovial. – Harry, tengo algo importantísimo que comentar contigo. No sé porqué, pero anoche, algo de lo que hablamos durante la cena, me hizo recordar a Lilith, a lo que sucedió – explicó, inquieto por la reacción que temía del otro cuando le escuchase.
- ¿Tú también? – se asombró el moreno – Ahora mismo iba a buscarte. Necesito que averigües unas cuantas cosas sobre ese suceso. Sé que, de algún modo, está relacionado con lo que está pasando ahora. No perdamos más tiempo. Vamos a mi despacho. Besó a Ginny en la mejilla – Hasta luego, princesa – y se marchó con su cuñado.
Ginny sintió una desazón abrasadora. Otra vez aquel nombre se inmiscuía en su vida: Lilith. Y en ese caso, de los labios de su hermano. No le había pasado desapercibido el temor de Ron a la reacción que esperaba de su mejor amigo al hablarle sobre el tema. El tema… Un tema que ella no conocía, pero que temía hubiese afectado a Harry y a ella como pareja en el pasado, y quizá también lo hiciese en el presente. Decidió que en cuanto tuviese la menor oportunidad, interrogaría a su hermano sobre ello. Inquieta, se marchó en busca de E.J.
La mañana fue ajetreada: apenas media hora después de que Harry y Ron se hubiesen reunido en el despacho, este último marchó como alma que lleva el diablo, y no regresó hasta la hora de la comida, durante la cual evitó hacer mención, ante Hermione y su hermana, de a dónde había ido o qué había estado haciendo. Tampoco Harry soltó prenda, después de haber pasado la mayor parte del tiempo enviando mensajes urgentes, que no habían parado de revolotear entrando o saliendo de su despacho. Varios aurores se habían encerrado con él a lo largo de las horas, y el resto rebullían en sus mesas, inquietos, presintiendo que algo muy grande se estaba preparando. Hasta el momento, el secreto era impenetrable, y de ese modo debieron aceptarlo las novias de ambos aurores.
La comida transcurrió rápidamente, y pronto los dos hombres se marcharon de nuevo al Ministerio de Magia, con caras de funeral. Al quedarse solas, Ginny tuvo una idea.
- Hermione, ¿qué puedes decirme sobre una tal Lilith? – preguntó a su cuñada con impaciencia.
- Lilith… Lilith… ¿De qué me suena ese nombre? – caviló la castaña - ¡Espera! ¡Lilith! ¡Ese es el nombre de la compañera de Harry y de Ron que murió hace poco más de un año! ¡Sí! ¡Un par de meses antes de que Harry te dejara! – terminó con excitación.
- ¿Cómo? – Ginny estaba totalmente sorprendida – Yo no sé nada de eso. ¿Cómo es posible?
- No sé qué decirte. Tampoco yo sé mucho más sobre el tema, no creas. Ron jamás ha querido contarme qué pasó, y Harry no quiere ni oír hablar del asunto. Mira: desde hace un año, en la vida de Harry ha habido dos nombres tabú: hasta ahora, Ginny ha sido uno de ellos. Y el otro ha sido Lilith. ¿Por qué me preguntas sobre eso? ¿Dónde lo has escuchado?
- Esta mañana Harry lo ha pronunciado, antes de venir al trabajo. Y luego ha sido Ron. Y cada vez que lo escucho, ellos están nerviosos, como si hubiese un oscuro secreto tras él. Harry no estaría saliendo con esa chica a mis espaldas…
- ¿Pero qué dices? ¿Estás loca? – se ofendió Hermione – Es cierto que durante la época en que la muerte de su compañera sucedió, Harry se había sentido solo, en cierto modo abandonado. Pero él jamás te traicionaría. Antes rompería su compromiso contigo, como de hecho pasó. Pero ten por seguro que ese no fue el motivo. De hecho, Lilith llevaba ya dos meses muerta cuando él te dejó. ¿Cómo puedes dudar de su honradez? ¡Por Merlín! ¡Es Harry! ¡Nuestro Harry! ¡Tu Harry! ¡No puedo creer que estés dudando después de…! – se interrumpió bruscamente, no queriendo pronunciar lo que siempre había pensado en su interior.
- Después de cómo le traté. Sí, termina, no te cortes. Sé cómo le traté – acabó la frase por su amiga – Me di cuenta de ello cuando le perdí.
- Lo siento, Ginny – abrazó a la chica con cariño – No pretendía culparte de nada. Es sólo que Harry no merece que dudes de él. Es mi mejor amigo, y el hombre más bueno y honrado que conozco, aparte de tu hermano.
- Tienes razón. Soy una imbécil por habérmelo planteado siquiera – aceptó la pelirroja, arrepentida – Pero entonces, ¿qué pasó?
- Sólo Harry puede responder a esa pregunta. O Ron, si consigues hacerle hablar. Yo no puedo ayudarte. Y es la primera vez que no puedo hacerlo, la primera vez que Harry se ha negado a confesarme qué le pasa. Y estoy segura de que Ron calla también por él. Es extraño que, después de tanto tiempo, ese nombre vuelva a aparecer.
Ambas se miraron, preocupadas y llenas de curiosidad.
ooo00O00ooo
Al final de la tarde, Ron y Harry recogieron a las chicas, y los cuatro se encaminaron hacia una de las numerosas chimeneas que servían de enlace a la red flu, para aparecer juntos en La Madriguera.
- Mis padres van a alucinar cuando les deis la noticia – afirmó Ron en tono jocoso - ¡Ya veo la escena! ¡Mamá os llenará a ambos de besos y abrazos, y luego os regañará por lo mucho que les habéis hecho sufrir! ¡Y papá os felicitará con voz amable, intentando disimular lo emocionado que se sentirá! ¡Y George se burlará de ti! ¡Del que dijo que jamás sería pescado! – le dijo a su amigo, encantado.
- No me toques las narices, Ron. Sabes porqué dije eso – se defendió el otro, molesto.
- No lo sé. ¿Por qué? – fingió no haberle comprendido.
- Eso, ¿por qué? – se sumó Hermione a la pregunta, con picardía.
- Sois unos capullos. ¿Qué queréis oír? ¿Que estaba celoso? ¿Dolido? Pues lo estaba. ¿Que me moría por ella? Pues también. ¿Estáis satisfechos?
Sus dos mejores amigos rieron, contentos, mientas Ginny lo miraba con ojos soñadores.
- Y yo pensando que lo habías dicho en serio, y que yo no tenía ninguna posibilidad de recuperarte…- se lamentó, con voz mimosa.
- Te lo dije ayer: nunca me perdiste – rezongó él.
- ¡Ale! ¡Otra vez el empalago! ¡Parecéis aún estudiantes de Hogwarts! ¡Por Merlín, que creía que habríais crecido! – se quejó Ron, con fastidio.
- Tú tampoco has cambiado en absoluto – le reprochó Hermione, divertida - ¿De qué te quejas?
Los tres rieron sin poder evitarlo, mientras el pelirrojo aguantaba la broma con fastidio.
Hermione y Ginny fueron las primeras en marchar, seguidas por Ron. Los tres llegaron a La Madriguera inmediatamente después. Pero no así Harry. Casi toda la familia estaba reunida ya para la cena, y al saber que el chico debería haber llegado tras ellos, se agolparon en torno a la chimenea, preocupados.
- No entiendo qué ha pasado – se extrañó Ron – Voy a volver a buscarlo. Esto no es normal en él.
- Tranquilo, hijo. Seguro que alguien de otro departamento lo ha visto intentando usar la red flu y lo ha entretenido con algún asunto de última hora – lo tranquilizó su padre – Ya sabes cómo es la gente: no recuerdan que necesitan algo de uno, hasta que lo ven apunto de marcharse. Parece que lo hagan adrede.
Ron asintió, poco convencido. Pero no quería alarmar a los demás. Pasaron varios minutos, hasta que ya los ánimos comenzaron a alterarse. La argumentación del señor Weasley iba perdiendo peso a medida que la preocupación los iba venciendo a todos.
- Voy a buscarlo – repitió Ron, decidido.
- Yo te acompaño – lo apoyó su padre, ya temiendo que algo grave hubiese sucedido.
Iban ya a tomar los polvos flu para hacerlos servir en la chimenea, cuando Harry se materializó a través de ella, caminando como un tornado, totalmente furioso.
- ¡Está loca! – gritó el moreno, mientras los demás lo miraban llenos de estupor, e inmediatamente fijaban sus ojos en su rostro, aún más preocupados - ¡Loca! ¡Te juro que he sentido ganas de meterla en Azkabán! – aseguró a Ron, quien no dejaba de observarle con insistencia, de forma extraña - ¿Qué os pasa? – preguntó, al darse cuenta de cómo todos lo miraban.
Ginny se acercó a él y puso su mano suavemente en una de sus mejillas: la que no sangraba. Un corte transversal surcaba completamente su otra mejilla, de la que no dejaba de manar sangre con profusión.
- Estás sangrando – sólo dijo, asustada.
- ¿Qué? – Harry se llevó la mano al rostro, perplejo - ¡Maldita demente! ¡Me lo ha hecho con esa sortija monstruosa que lleva!
- ¿Pero quién? – quiso saber Ron, comenzando a perder la paciencia.
- ¿Qué ha sucedido, hijo? – le preguntó Arthur, haciéndose eco de las palabras que todos estaban deseando pronunciar.
- Estaba en el Ministerio de Magia, apunto de marcharme por una de las chimeneas para seguiros, cuando Beatrice Blacksoul me ha detenido cogiéndome por un brazo. Y ha comenzado a hablar de ella, y de mí, y a despotricar sobre Ginny… ¡Por Merlín! – volvió a gritar, airado - ¡He intentado ser amable con ella, y explicarle que entre ella y yo nunca ha habido nada! ¡Pero la muy loca me ha dado un bofetón con el dorso de la mano! ¡Entonces debe haberme cortado con el pedrusco de su sortija!
- ¡Te lo dije! – le reprochó Hermione - ¡Esa chica está desequilibrada!
- Lo está – aceptó él, ya más calmado – Delante de todos los que estaban esperando para irse, la he sometido a un Petrificus Totalus. No ha podido moverse, pero sí escucharme. Le he dejado bien claro que no voy a permitir ese tipo de actitud en el Ministerio, y que la próxima vez que monte una escena, sea a mí o a quien sea, irá de cabeza a la calle. Yo mismo la despediré. Después le he retirado el hechizo y me he marchado.
- No será una trampa…- especuló Ron, aún más preocupado al escucharle – esa piedra no estará impregnada de veneno, o vete a saber…
Ginny se abrazó a Harry, mientras el chico fulminaba a su mejor amigo con la mirada. Los señores Weasley observaron la escena sin dar crédito a sus ojos, y George y Angelina se miraron entre ellos, entendiéndose sin palabras.
- No ha sido nada. Ni siquiera me había dado cuenta de que ella me ha cortado con esa cosa. Vamos, princesa. No es nada, te lo prometo.
- Vamos a San Mungo para asegurarnos – en cambio ella le pidió, inquieta.
- ¡Mi amor! ¡No voy a ir a San Mungo por esto! – él rió - ¡Pensarán que estoy loco yo también! Cúramelo tú, como hiciste el sábado – la abrazó, cariñoso.
- Estoy con ella, Harry – la apoyó su hermano – Deberías ir a San Mungo para que analicen ese corte. Siendo Beatrice hermana de quien es, sabe Merlín qué puede pasar por su cabeza.
- ¿Qué significa eso? – preguntó Fred, suspicaz, pero Harry fingió no haberle escuchado.
- Ron, déjalo ya. No voy a ir al hospital por esto, ni por mucho más. ¿Eres consciente del revuelo que se montaría si lo hiciese?
- Lo soy, pero hay que hacer lo que hay que hacer.
- No será necesario ir a San Mungo – les interrumpió Hermione – Yo prepararé una poción detectora de veneno. Sólo irás en caso de que, efectivamente, ella te haya envenenado con esa sortija. George, acompáñame a la cocina. Tú solías ser bueno en estas cosas – mientras hablaba, cogió su bolso y extrajo de él un pequeño libro de pociones, que siempre llevaba con ella.
- Yo os acompaño – se ofreció Angelina – creo que sé qué poción pretendes preparar. Yo obtuve un Éxtasis en Pociones.
- ¡Genial! ¡Vamos, pues! ¡Y Harry, no se te ocurra volverte a tocar la herida mientras tanto!
Los tres desaparecieron tras la puerta de la cocina.
Ginny continuó abrazada a Harry con fuerza, mientras él le acariciaba el cabello, intentando tranquilizarla. Arthur y Molly aún no salían de su asombro.
- Con razón he pasado el día recibiendo apretones de manos – murmuró Arthur. Su mujer lo miró, alucinada.
- Me da la sensación de que vosotros dos tenéis algo que contarnos – afirmó la señora Weasley, sin despegar de ambos su mirada inquisidora.
Ginny no le hizo caso. Sólo podía pensar en Harry, en la posibilidad de que él hubiese sido envenenado y su vida corriese peligro. Pero el joven sonrió a sus suegros con dulzura.
- Ginny y yo estamos viviendo juntos – confesó, decidido a no dar más rodeos con el tema – Desde que ella y yo nos reencontramos hace más de una semana, ha sido todo muy… natural. Sé que al decir esto no me estoy explicando, pero… Nos queremos. ¿Qué más puedo decir?
- ¿Sería mucho pedir que nos contéis cómo ha pasado? – refunfuñó ella.
- ¿Qué más da cómo ha pasado? Lo principal ahora es saber si Harry ha sido o no envenenado por esa chica – razonó su marido – Hijo, ¿por qué Ron y tú pensáis que ella puede haberte herido para envenenarte?
- Porque durante todo el día se ha estado comportando como una histérica – respondió él, omitiendo la parte de la verdad que le interesaba ocultar – No le ha sentado nada bien que Ginny y yo volvamos a ser novios. Yo nunca alenté sus esperanzas, pero ella solita se bastó para hacerlo. Hoy se notaba que se siente más que decepcionada: está ofendida.
El señor Weasley asintió, haciéndose cargo de la situación.
Comentarios de la autora:
¡Hola a todos! ¿Qué tal? Yo, contenta. Ya tengo ordenador nuevo para disfrutar. Y esta semana he vuelto a tener tiempo para escribir. Si en Valencia no estuviésemos a cuarenta y tres grados de calor y no estuviésemos sufriendo un viento de poniente que abrasa los pulmones, esto sería genial. Las nuevas fotos promocionales de HP7 son geniales. ¡Es que no puedo esperar para ver la primera parte! Según parece, está recibiendo muy buenas críticas en los pases previos. ¡Arrrrrg! ¡Ya queda menos! Por cierto. Daniel Radcliffe está guapísimo, pero guapísimo, en las fotos.
¿Qué os ha parecido el capítulo? Yo creo que estamos apunto de pasar la mitad del fic. Incluso quizá ya la hemos superado. Estoy disfrutando como una enana escribiéndolo.
Como siempre, infinitas gracias por vuestros reviews. Sé que me repito más que un ajo diciéndolo, pero es que me emociono tanto al recibirlos...
Un abrazo muy fuerte. Y hasta pronto.
Rose.
