Hola a todos.
No esperaba actualizar tan pronto, pero he tenido oportunidad de terminar este capítulo y no la he desaprovechado :)
Como veréis, en él se va a resolver alguna duda que os estabais planteando. Os lanzo una pregunta para cuando terminéis: después de haber leído este capítulo, ¿cual creéis que ha sido mi escena favorita? Hay una con la que he disfrutado como una enana. Ahí queda eso, espero vuestras respuestas, jeje.
Lo dedico a todos los que me habéis dejado reviews al capitulo anterior: julscullenmasen, Cirze, Susy snape, Asuka Potter, zafiro potter, Krisy Weasley, papicubano, K.J. Expelliarmus y J0r.
Algunos sois nuevos dejándome reviews, y otros lleváis acompañándome desde que empecé en Fanfiction con mis locuras. Pero a todos vosotros: ¡GRACIAS! ¡SOIS LOS MEJORES!
Besos.
Rose.
Capítulo 11: Una triste historia.
Cuando Harry y Ginny llegaron la mañana siguiente al Ministerio de Magia, cogidos de la mano como ya empezaba a ser costumbre en ellos, Ginny todavía flotaba entre algodones. Cuando, la noche anterior, Harry y ella volvieron a casa, la pelirroja le había contado una media verdad: que tendría un vestido preparado para la boda, un vestido que a ella le encantaba y que estaba segura de que a él le entusiasmaría. Aunque no le comentó absolutamente nada de lo que había sucedido en el pequeño cuarto de costura de Madam Orts, a pesar de que se moría por hacerlo. Se sentía liviana, entusiasmada, y caminaba como si realmente su cuerpo fuese de fino y ligero algodón. Al entrar en el Cuartel General de Aurores, saludó al todo el mundo con una sonrisa radiante, que cautivó a todos los hombres y creó envidia en las mujeres.
Harry también mostró una sonrisa distendida, al pensar que su compromiso había sentado a ambos tan bien; cosquillas de impaciencia le mordían el estómago. Un día, sólo quedaba un día para unirse en cuerpo y alma a la mujer de su vida. Aún no lo podía creer.
Ya estaban apunto de separarse con un dulce beso en la mejilla para ir cada cual a su puesto de trabajo, cuando fueron interceptados por Ron, que los saludó con semblante preocupado. Inmediatamente, Harry mudó también la expresión de su rostro, recordando sus responsabilidades.
- Me voy a hacer las gestiones que acordamos ayer – anunció el pelirrojo, entendiéndose con el Jefe a través de la mirada. El otro asintió, conforme – Hola, Ginny – besó a su hermana en la mejilla.
- Ron, ¿tienes un momento? – Ginny preguntó a su hermano. De pronto, parecía agobiada por algún problema.
- Que sea rápido. ¿Qué necesitas? – respondió él, dándose cuenta de que la chica quería comentarle algo importante; si no lo hubiese sido, le habría dicho que ya hablarían en otro momento.
- ¿Puede ser en privado? – Harry enarcó una ceja, pero no dijo nada, y el otro también se sorprendió.
E.J., que acababa de sumarse al grupo al verlos llegar, no dudó en aprovechar la oportunidad.
- Jefe, podríamos aprovechar para tener una charla privada nosotros también – pidió a Harry, casi con timidez – Me gustaría poder convencerte de que me des una oportunidad para ayudaros. Haré lo que sea – se ofreció.
- Por ahora no, E.J., esta vez no. Ya tendrás tu oportunidad – negó el chico amablemente, aunque ella no le creyó.
- No, si ya me ha advertido Benjamin que no tengo futuro aquí, después de lo que pasó el lunes – se lamentó ella con resignación.
Al escuchar aquel nombre saliendo de los labios de la joven, Harry y Ron abrieron los ojos de forma desmesurada, mirándose llenos de alarma, pues inmediatamente ambos habían pensado lo mismo: acababan de encontrar al topo. Pero un topo muy especial: ni siquiera la chica era consciente de lo que estaba haciendo; si no, no les habría dado semejante información con tanta naturalidad.
- ¿Benjamin? – Ron la cogió fuertemente por los hombros, casi sacudiéndola de forma perentoria - ¿Benjamin qué? ¡Por Merlín! ¡Respóndeme!
Ella lo miró, desconcertada.
- Benjamin Black, mi novio. ¿Por qué quieres saberlo? Llevamos saliendo ya varios meses. ¿Pero eso a ti qué te importa?
- ¡Oh, Dios! ¡Oh, Dios! ¡Oh, Dios! – se lamentó Harry por lo bajo, consciente del alcance de la revelación de la morena. Su mente se puso en marcha con rapidez. – E.J., olvida la pregunta. Y tú, Ron, continúa con el plan original. Quiero respuestas, ¿entendido?
- ¡Sí! – asintió el auror, comprendiendo que Harry no contaría nada a la chica hasta que no tuviese pruebas fehacientes del bombazo que le iba a soltar; ya que, si no jugaban bien sus cartas, en cuanto le diesen la noticia de lo que sospechaban que estaba sucediendo, ella no haría más que enfadarse y correr a contárselo al otro.
- ¿Cómo que la olvide? – interrumpió E.J., suspicaz – Estáis de un raro hoy…
- Tú hazme caso – le ordenó el Jefe con dureza – Y otra cosa. Hoy quiero que Ginny y tú me localicéis en el archivo todos los expedientes antiguos de casos que hayan acabado con muerte de los culpables en Azkabán – les ordenó; fue lo primero que se le ocurrió para asegurarse de que E.J. no tendría oportunidad de hablar con su "novio" al menos durante la mayor parte del día. Por un momento, la pelirroja vio súplica en los ojos de su prometido, y asintió sin poner ninguna objeción – Sé que no estás aquí para eso – dijo a Ginny, pero necesito urgentemente vuestra ayuda. Todos mis hombres están ocupados.
- Tranquilo, Harry, no tienes porqué darme explicaciones – le aseguró ella, dándose cuenta de que aquello era muy importante para él – Pero Ron, necesito hablar contigo, es muy importante – volvió a la carga con su hermano.
Ron la tomó del brazo, impaciente, y la apartó unos metros de los demás.
- Ahora no tengo cabeza para nada que no sea el trabajo, Ginny – le explicó, intentando calmar su impaciencia - ¿Por qué no me lo cuentas a la hora de comer?
- Está bien, pero tenemos que hablar a solas – insistió.
Él la miró con extrañeza, pero asintió.
- Pues entonces, invéntate una excusa, y a la hora de comer pasaré a recogerte.
- ¡Gracias! – le dio un beso cariñoso y ambos volvieron con los otros dos.
Ginny temía que Harry la acosase a preguntas, pero contrariamente a lo que esperaba, el chico no hizo mención alguna sobre su rara actitud, algo que ella aprovechó para marcharse rápidamente hacia el archivo, llevándose a E.J. casi a rastras.
ooo00O00ooo
A medio día, Harry y Hermione compartían una agradable comida en su restaurante habitual. Aunque muy preocupado por el tema que le robaba prácticamente todo su tiempo en el Cuartel General de Aurores, Harry mostraba sin cesar una sonrisa feliz, radiante, que Hermione no pudo pasar por alto.
- Cualquiera diría que te han echado una maldición de parálisis facial – dijo la chica, mirándolo mientras sonreía con suspicacia – Tienes una cara de adolescente enamorado…
Al escucharla, él amplió su sonrisa aún más.
- Ella es perfecta, Hermione; perfecta para mí, en todos los sentidos – dijo encantado – Creía recordar lo que es sentirse el hombre más feliz del mundo a su lado. Pero al sentirlo de nuevo… Esa mujer me trae loco.
- Con lo hermético que sueles ser para hablar de tus sentimientos, con lo que normalmente me cuesta sonsacarte, y cuando quieres, al hablar de ella te sobran palabras – la castaña rió levemente, cariñosa – Jamás te he visto tan feliz, a no ser que Ginny tuviese algo que ver en ello. Y pensar que ambos habéis estado apunto de perderos el uno al otro… A veces, la vida es muy complicada.
- No. No lo es. Somos nosotros los que nos la complicamos.
Su mejor amiga lo miró con los ojos como platos.
- No puedo creerlo… ¿Desde cuándo Harry James Potter es un hombre tan positivo y optimista?
- Ella me enseña día a día – le aseguró – Ginny es tan espontánea, tan sencilla a veces… No estoy diciendo que sea simple, sino sencilla. Para ella todo es tan natural… Yo me como la cabeza una y otra vez con las cosas más tontas, y ella actúa, sólo actúa, sin más.
- En eso os parecéis, tú también eres un hombre de acción, siempre lo has sido. ¿Cuándo te has quedado al margen de un problema, cuando podías lanzarte a él de cabeza para intentar resolverlo?
- Creo que nunca – sonrió a la chica con todo su cariño – Pero antes de hacerlo, siempre he dado mil vueltas al asunto, preocupado, cargado de responsabilidad, temiendo no ser capaz de conseguir lo que quería y dañar a alguien con ello. Sin embargo, ella hace las cosas porque le salen del alma.
- Y a ti, ¿de dónde te salen cuando las haces? Pero si tú eres el hombre más pasional que conozco…
- Dicho así, suena fatal – el moreno se quejó, mientras ella hacía una mueca divertida.
- De verdad, yo no veo tanta diferencia entre vosotros. Es cierto que un signo distintivo de tu carácter, es la responsabilidad; y otro el inmenso afán de protección. Quizá sean estas dos cosas lo que más os diferencia. Tú eres más controlador, ella más espontánea. ¿No te parece?
- Lo que me parece, es que tú eres divina – ella le dio una palmada cariñosa en el brazo, complacida.
- Oye… ¿No te ha resultado un poco raro que Ron y Ginny se hayan marchado hoy a comer a La Madriguera, y que hayan insistido tanto en que no hacía falta que fuésemos nosotros? No cuela que hayan ido a ver cómo está Molly, después de que ella haya sufrido un pequeño accidente doméstico. Si fuese así, no habrían intentado por todos los medios que tú y yo no les acompañásemos – razonó la chica, preocupada.
- Bueno… Está claro que no son unos figuras inventando excusas – le guiñó un ojo.
- ¿Entonces piensas que ha sido una excusa? – se sorprendió Hermione.
- ¿Y tú no, después de lo que acabas de decirme? Tranquila. Está claro que necesitaban una charla de hermanos, a solas, y no han sabido cómo decírnoslo. No tiene nada de especial. Ten en cuenta que, últimamente, siempre que ellos se encuentran, estamos tú y yo de por medio. Tendrán cosas que contarse, nada más – concluyó él, muy tranquilo.
- Sí, supongo que sí…
- ¡Vamos, Herms! ¿Es que hoy no te basta con mi compañía? – bromeó.
- ¡No es eso! – ella respondió rápidamente – Es sólo que estoy demasiado acostumbrada a que Ron comparta conmigo todo lo que le pasa.
- Oh, por eso no te preocupes, esta noche te lo contará, entre las sábanas – la picó el chico, divertido.
- ¡Cómo eres, Potter! – lo traspasó con la mirada, enrojeciendo.
- ¿Quéeee? ¿Es así o no es así? ¡Ya no somos unos críos, como para andar con falsa vergüenza!
- Ya, pero hacía tanto que tú y yo no hablábamos de estas cosas…
- Porque yo estaba amargado. Siento haberte intentado echar de mi vida en ciertos aspectos – acarició su mejilla con ternura –En serio, tranquilízate. Estoy seguro de que no sucede nada malo. Si así fuera, habríamos sido los primeros en saberlo.
- Tienes razón. Además, esto me ha permitido disfrutar de ti a solas durante un rato. Tienes muchas cosas que contarme, señor conquistador.
- Realmente, no sé si he sido yo quien la ha reconquistado o ha sido ella quien se ha dejado reconquistar y me ha hecho creer lo contrario. Eso sí, he usado mis mejores armas, te lo juro – aseguró, aún sorprendido – Ha sido todo tan natural, tan bonito…
- Eso es porque los dos deseabais lo mismo, y con las mismas ganas. Si Ron te escuchase hablar así, se reiría de ti y te diría que eres toda una nenaza – se burló, sacándole la lengua.
- Sí, ya me gustaría verle a él por un agujerito, cuando te tiene en sus brazos; seguro que es mucho peor que yo lo estoy siendo ahora. No hay más que fijarse en sus ojos cuando te mira. ¡Es todo un corderito! – imitó la cara de su amigo, lo que hizo que la chica rompiera a reír.
- Es maravilloso que Ron y yo estemos juntos y los tres sigamos siendo tan amigos como siempre. ¿Qué habría pasado si los dos os hubierais enamorado de mí? – preguntó con arrogancia, aunque en broma, pero Harry tomó en serio sus palabras.
- Lo he pensado alguna vez – la castaña lo miró, sorprendida; no esperaba aquellas palabras, aunque él la miró con naturalidad – Yo te adoro, Hermione, te quiero, mucho más que como amiga, aunque no como pareja. Ron sabe comprender eso, y lo acepta. ¿No te has dado cuenta de que yo soy el único que puede acercarse a ti sin sentir constantemente en su cogote la presencia de una mirada asesina? – sonrió con calidez.
- Sí, tú eres el único, mi otro príncipe azul – asintió con dulzura – Yo siento exactamente lo mismo por ti.
- Pues no pienses en lo que pudo ser y no fue, sino el lo que tenemos, que siempre existirá.
- Me sentiría morir, si te perdiera – susurró, emocionada.
- Yo desearía hacerlo si eso pasara – le aseguró él, sin atisbo de estar bromeando.
Ninguno de los dos añadió nada más. Durante un bueno rato, comieron en silencio, perdidos en sus propios pensamientos.
ooo00O00ooo
No muy lejos de allí, en un pequeño e íntimo restaurante, Ron miraba fijamente a los ojos de su hermana.
- Vamos a ver, Ginny. ¿Qué es eso tan importante que no puede esperar, y que no puedes compartir con Harry?
La pequeña de los Weasley le devolvió una mirada de sorpresa; no esperaba que él se hubiese dado cuenta de que Harry estaba implicado en el asunto; para ello se había inventado aquella burda mentira. Pensó en lo tonta que había sido al creer que ni él ni Harry habían notado algo tan evidente. Fue un punto para Harry que él hubiese decidido mantenerse al margen, pues sintió que confiaba en ella y respetaba sus decisiones.
- Necesito que me cuentes qué pasó entre Lilith y Harry, y no aceptaré un no por respuesta, ni que me des largas sobre el asunto. Necesito saberlo, ahora – concluyó con postura firme.
Ahora el sorprendido fue Ron; aún en silencio, no dejó de observarla con mezcla de sorpresa y suspicacia, sintiéndose acorralado.
- ¿De dónde has sacado ese nombre?
- De Harry… y de ti. Tú mismo la nombraste ayer. Y la cara que pusisteis los dos no tuvo desperdicio. Anteanoche, Harry me habló de ella en pasado, cuando lo encontré casi llorando. Dime qué pasó.
- ¿Harry… lloraba? – él preguntó con tristeza.
- ¡Por favor, Ron! ¡Cuéntamelo de una vez!
- Oh, está bien – se rindió, preocupado por su mejor amigo – Ya va siendo hora de que Harry asuma que no tuvo ninguna culpa en lo que pasó. Aunque creo sinceramente que, lo que más le duele, es aquello que no pasó.
Ginny se cruzó de brazos, más que dispuesta a escuchar.
- Sabes que Harry y yo hemos formado equipo prácticamente desde que nos graduamos en la academia – ella asintió en silencio, animándole a continuar – y lo hemos seguido formando hasta que Harry ha sido nombrado Director del Departamento de Seguridad Mágica.
- Hasta ahí llego.
- Bien. Lo que no sabes, es que hace año y medio nos asignaron una compañera recién salida de la academia: Lilith Cosgrove. Teníamos que enseñarle "el oficio", como aquí llamamos a tutelar a un novato. Al principio todo fue genial; la chica aprendía deprisa, era una auténtica esponja que absorbía todas nuestras enseñanzas, y los tres llegamos a sentirnos muy cómodos trabajando juntos. Ella tenía un novio, al que nunca conocimos y del que ni siquiera llegamos a saber el nombre, del que hablaba de vez en cuando. Pero un día todo cambió, en todos los sentidos: ella abandonó a su novio y confesó a Harry que estaba perdidamente enamorada de él. - Ginny abrió los ojos de forma desmesurada, y su hermano comprendió a la perfección su propio temor – Sí, Ginny, en aquel momento tú no parabas en casa, las Hollyhead Harpies estabais apunto de conquistar la liga, y todo el mundo mágico estaba pendiente de vuestros movimientos, menos Harry, que estaba hasta el gorro de toda esa mierda.
Acababa de decir, de forma despiadada, exactamente lo que su hermana pensaba; pero no tenía ganas de maquillarlo porque, en el fondo, aún seguía enfadado con ella por lo que hizo pasar a su mejor amigo, aunque fuese sin pretenderlo.
- No puede ser… Harry no… no puede ser… - ella notó que las lágrimas estaban apunto de saltarle de los ojos.
- ¡Claro que no puede ser! – gritó Ron, enfadado.
- Siento en el alma lo que pasó – se disculpó ante su hermano mayor – No supe darme cuenta hasta que fue demasiado tarde. Lo siento tanto…
- Sé que lo sientes. Perdona, pero es que Harry sufrió mucho, demasiado. Todo se le juntó en el peor momento en que podía suceder – su voz recuperó un tono amable y suspiró, intentando tranquilizarse – A pesar de sentirse inmensamente solo, Harry siempre ha tenido bien claro que tú eres su único amor, y jamás ha traicionado lo que siente por ti, ni cuando estabais juntos, ni cuando dejasteis de estarlo.
- ¿En serio él no ha salido con nadie durante todo este año en que no hemos estado juntos? Él ya no me debía nada…
- Pero se lo debía a sí mismo. Habría traicionado sus propios sentimientos si se hubiese liado con cualquier mujer que no fueses tú. ¿Es que no acabas de escucharme? Hace poco, cuando tú reapareciste en su vida, él me juró que no había estado con nadie. Entonces le creí, y le sigo creyendo. ¿Acaso no has hecho tú lo mismo?
- Sí, claro que sí. Pero entonces, ¿qué pasó?
- Harry la rechazó con la mayor educación, ternura y respeto que pudo tener. En el fondo se sentía enfadado con ella, porque Lilith sabía perfectamente que tú eras su novia, pero no se lo hizo notar. Le dijo que si no te amase con toda su alma, la elegiría a ella como pareja; insistió en lo guapa, inteligente y maravillosa que era, pero que estabas tú, y le aseguró que contra ti, no sólo ella, si no nadie, tenía nada que hacer.
- Vaya…
- Sí, vaya, ese es Harry, tu Harry. El caso es que Lilith no lo pudo soportar; se deprimió y se lanzó en brazos del primero que quiso cortejarla, que no era otro que Fritz Patterman, un auror que hacía poco que se había unido al Cuartel General.
- Recuerdo ese nombre… Patterman… ¿Ese no fue el que se suicidó en Azkabán hará cosa de medio año? El Profeta estuvo casi una semana contando su vida.
- El mismo. No pudo soportar los remordimientos por lo que había hecho, y halló el modo de acabar con su propia vida. Si leíste los artículos de El Profeta, recordarás que Patterman fue encarcelado en Azkaban por el mismo Harry.
- Es verdad, ahora lo recuerdo… - asintió ella, pensativa.
- Bien, pues fue debido al asesinato de Lilith – ella lo miró, sorprendida - Ella y él empezaron a salir, él estaba muy entusiasmado; todos pensábamos que era un compañero poco de fiar, no parecía muy terminado de la azotea, creo que me entiendes, por eso le advertimos contra él; incluso ella lo había pensado también hasta entonces; pero Lilith había cambiado de forma radical, no nos hizo el menor caso; no se le veía demasiado contenta, pero sea como sea, se hicieron pareja. Poco más de un mes después, Lilith apareció violada y muerta en casa de Fritz, quien confesó haberla violado y después golpeado, al negarse ella a hacer el amor con él, con tan mala fortuna para Lilith, que al intentar escapar de su agresión, fue a darse en la cabeza con la esquina de una mesita de noche que había en el cuarto. Murió en el acto.
- Dios mío, qué tragedia – se espantó Ginny.
- Si a ti te parece una tragedia, imagina cómo se sintió Harry. Desde entonces, él siente que, de algún modo, es culpable de su muerte, ya que si él no la hubiese rechazado, ella no se habría entregado a los brazos de aquel desequilibrado.
- Pero eso no es así – protestó – si ella no se quería a sí misma lo suficiente como para valorarse y no abandonarse a los brazos del primero que pasara, tarde o temprano habría tenido algún susto. Lo que pasó fue extremadamente trágico, pero en ningún modo Harry tuvo la culpa de nada.
- Anda, díselo tú… - bufó, rendido - ¡No, no se lo digas! ¡Era una frase retórica! – gritó, alarmado.
- Tranquilo, me he dado cuenta – sonrió.
- No, tú no lo entiendes. Después de la muerte de Lilith, durante un par de meses Harry intentó contártelo todo. Necesitaba tu apoyo, tu comprensión, tu cariño… Pero tú no estuviste a su lado para podérselo dar. Él fue paciente, esperando que en cualquier momento, tú tuvieses un día, un solo día completo para podérselo dedicar. Pero cada vez que te veía, que fue muy de vez en cuando, tú no estabas con él más de un rato, un par de horas a lo sumo, y él no quiso malgastar esos momentos preciosos entristeciéndote con sus problemas. Y mientras, él se consumía por dentro, conmigo como único apoyo. Jamás ha querido que nadie se enterase de lo sucedido, ni siquiera Hermione; enterró todo el asunto en lo más profundo de su alma, junto con lo que sentía por ti. Y hace un año te dejó; a partir de ahí, el nombre de Lilith y el tuyo se convirtieron en tabú para él, de la noche a la mañana. Sólo yo sé toda la verdad, y ahora tú.
Ginny no pudo decir nada, tenía un inmenso nudo en la garganta que le impedía hablar; las lágrimas que se derramaban por su bello y juvenil rostro eran inmensas, pero silenciosas. En cambio, Ron sintió que se había liberado, que por fin compartía con alguien más aquel secreto que lo atormentaba, alguien querido, capaz de comprender la situación, y quizá de ponerle fin… algún día. Ambos se abrazaron, y Ginny lloró y lloró, no supo bien durante cuánto tiempo, en el que su hermano jamás la soltó.
- No podré volver a mirarle a la cara sin sentirme la persona más miserable del mundo – ella susurró, por fin.
- ¿Pero qué estás diciendo? – Ron se apartó de su lado para mirarla, preocupado – Te lo he contado para que seas capaz de comprender a Harry, sólo para eso, no para que seas tú quien tome el relevo de la culpa y se amargue también, amargándolo a él doblemente.
- Pero yo soy culpable de mucho de su sufrimiento, Ron. ¿No te das cuenta? – gritó ella, nerviosa. Casi temblaba.
- Lo fuiste, Ginny; no lo eres. ¿Tú le has visto bien? ¡Si ha vuelto a ser capaz de hacer que sus sonrisas salgan de su alma, y no de su estómago, es gracias a ti! ¿Tú has visto cómo te mira? ¿Cómo te ama? ¡Tú le estás dando todo aquello que entonces le negaste! ¡Por lo que más quieras, no se lo arrebates ahora! – acarició su rostro con ternura, secando las lágrimas que lo surcaban - ¿Quieres expiar tu culpa? ¡Pues maldita sea! ¡Hazle feliz! ¡Y no me vengas con gilipolleces tú también!- gritó, perdiendo los nervios.
- Para ti es muy fácil decirlo, tú nunca le has fallado – le reprochó.
- ¿Eso piensas? – sonrió con amargura – Ginny, no hay día en que no recuerde los días en que lo abandoné, a él y a Hermione, a mi mejor amigo y a la mujer que amo. Me marché cabreado, indignado, y los dejé solos, a su suerte, esa suerte que mi orgullo no quiso compartir – sus ojos se empañaron, llenos de dolor - Y me fui a El Refugio con el rabo entre las piernas, al calor del fuego, a la seguridad de los brazos de mi hermano y mi cuñada, mientras ellos vagaban sin rumbo fijo y sufrían a solas toda la responsabilidad de encontrar el modo de derrotar a Voldemort. Durante mucho tiempo, durante años, creí que jamás podría perdonármelo. Pero luego me di cuenta de que, si ellos me habían perdonado, si a sus ojos merecía su perdón, ¿por qué yo no podía hacerlo también? Nunca olvidaré lo que pasó, nunca, por muchos años que transcurran, por muy viejo que me haga. Pero he de seguir adelante por ellos, porque los quiero, y tengo bien claro que jamás les volveré a fallar. Tengo la responsabilidad de hacerles felices, al igual que tu amor por Harry te convierte en responsable de hacerle feliz. Tú decides, hermanita.
- Deseo hacerle feliz – afirmó, desesperada.
- Pues hazlo, sólo hazlo. Tú sabes perfectamente cómo conseguirlo. Creo que con el tiempo, él se abrirá totalmente a ti y te confesará lo que yo te he contado hoy. Y entonces sabrás que realmente lo ha superado. Hasta ese día, tu trabajo es facilitarle ese doloroso proceso, no entorpecerlo.
La chica asintió levemente, comprendiendo sus palabras.
- No me había dado cuenta de que te habías vuelto tan profundo – confesó, admirada.
- Siempre lo he sido. Quizá tú nunca has tenido la suficiente curiosidad como para averiguarlo, y yo nunca he tenido la suficiente delicadeza como para hacértelo entrever.
- Los dos hemos descubierto mucho en esta charla, entonces – él volvió a sonreír, más sereno.
- Sé fuerte por Harry; además, me tienes a mí para ayudarte.
- ¿Y no sería mejor que se lo contases también a Hermione? No creo que sea bueno que ella permanezca al margen de este secreto, cuando los otros tres lo conocemos.
- Al contártelo, me he pasado por el forro la confianza que Harry depositó en mí. Si se lo cuento a Hermione sin su permiso, será la segunda vez que lo haga. Por un lado, siento que no he debido abrir mi bocaza. Pero por otro, creo que lo he hecho para bien. Déjame que piense sobre ello, ¿vale?
- Claro. Tu secreto está a salvo conmigo, aunque no sé cómo reaccionaré cuando vuelva a ver a Harry. Me dará la impresión de que va a notármelo en la cara.
- Un secreto sobre un secreto… Esto no me gusta, no, para nada. No me gusta.
Ambos se miraron, pensativos.
