Capítulo 12: Noche de tormenta.
Durante todo el día del viernes, Harry y Ginny prácticamente no pudieron verse, hasta final de aquella tarde. Harry y Ron parecían desquiciados: todos notaban que sucedía algo, o más bien no sucedía, que los llevaba de cabeza. Era como si ambos esperasen un suceso, una noticia, que no acababa de llegar. Y todo el mundo en el Departamento sabía que un nuevo fin de semana se abalanzaba sobre ellos, sin haber puesto fin a la maldita amenaza que los atormentaba. Desde que las violaciones comenzaron, Harry pasaba todas las mañanas de los sábados en el trabajo, y también muchas tardes, e incluso algunos domingos, junto con los aurores que estaban de guardia. Pero desde que Ginny volvió a entrar en su vida, sus subordinados se las habían arreglado disimuladamente para conseguir que él no apareciese por el Ministerio de Magia nada más que los sábados por la mañana. No sólo necesitaban su fuerza de espíritu, su guía, su apoyo y su consejo, también necesitaban saber que él era feliz, porque siempre, desde que entró a formar parte del Cuartel General de Aurores como un novato, él lo había dado todo por sus compañeros, y lo continuaba haciendo; y eso jamás lo podrían olvidar. Por ello, cuando aquella tarde él les hizo saber que el próximo fin de semana no podría acompañarles, pero que estaría localizable a todas horas por si surgía cualquier emergencia, sus hombres le empujaron fuera del Ministerio con una amplia y pícara sonrisa.
Ginny se excusó ante E.J. por la mañana, y regresó a Godric´s Hollow para ultimar los detalles de su boda. Aún no podía creer que estaba preparando su unión con el hombre que la había traído de cabeza desde que lo conoció con tan sólo diez años. No sólo siempre lo había querido, sino que lo admiraba profundamente; algo en él la atraía como una droga, una dulce y agradable droga de la que jamás se podría liberar, ni tampoco lo deseaba. Harry lo era todo para ella, y saber que ella lo era todo para él, hacía que la felicidad no le cupiese en el pecho. Pero a pesar de todo, no podía dejar de darle vueltas en la cabeza a la confesión que le había hecho su hermano Ron el día anterior. Sentía que si Harry no confiaba en ella para contarle lo que pasó, ese secreto crearía una barrera permanente entre ellos que enturbiaría su matrimonio, su vida en común. Pensaba y pensaba, sin saber cómo haría para facilitar que él le confesase algo que ni siquiera Hermione sabía. Pero ella no era Hermione, iba a convertirse en su esposa, su mujer, no podía existir ese tipo de secretos entre ellos, y más si, en cierto modo, concernía a ambos.
A última hora de la tarde, Ginny se trasladó a La Madriguera a través de la red flu para esperar allí a su prometido, tal y como ambos habían acordado. Últimamente se estaba convirtiendo en una agradable costumbre que Ron, Hermione, George, Angelina, Harry y ella se reuniesen por las tardes con los señores Weasley, para pasar un rato agradable antes de cenar. En ocasiones incluso todos daban cuenta de una buena cena allí, cosa que a Arthur y Molly encantaba. Cuando llegó a casa de sus padres, Ron, Hermione y Harry todavía no lo habían hecho, pero no tuvo que aguardar más de dos minutos para reunirse de nuevo con ellos.
Cuando aparecieron por la chimenea, Ron y Harry se mostraban agotados, les costaba incluso sonreír. Tras saludar a sus padres y a sus hermanos y cuñada, Ron se dejó caer en un sofá, al lado de Hermione, sintiendo que no podía con su alma. Harry saludó a todos también, pero no le dio tiempo a sentarse, ya que Ginny lo abrazó con cariño, sin dejar de observarle, enamorada.
- ¿Sabes que con esta camisa estás guapísimo? – le dijo, mientras se dedicaba a quitarle la chaqueta y la corbata sensualmente para intentar que él se relajase.
- ¿Lo estoy? – él la miró a los ojos sonriendo con sensualidad, mientras la abrazaba por la cintura.
Ginny asintió, mientras le devolvía una sonrisa de adoración.
- ¿Y tú sabes que me vuelves loco, princesa? Eres una diosa.
Molly y Arthur intentaban disimular, pero no podían evitar mirarlos de reojo con ojos de búho, pues jamás los habían visto comportarse ante ellos con semejante naturalidad. Durante su anterior noviazgo, siempre se habían comportado con cautela, intentando no llamar demasiado la atención de los hermanos de Ginny, que disfrutaban siempre que podían haciéndoles pasar un mal rato si los encontraban en una actitud demasiado… cariñosa. Y Harry siempre se había mostrado muy comedido ante los señores Weasley.
Pero aquel día se estaban demostrando su amor sin vergüenza alguna, con total tranquilidad, siendo ellos mismos ante los demás y sintiéndose cómodos con ello.
Para los jóvenes varones Weasley fue toda una sorpresa. Pero sus padres intuyeron que bajo aquella actitud había algo más, y más profundo, era como si estuviesen contemplando a un matrimonio bien avenido. Presintieron que algo importante sucedía entre la pareja, pero no quisieron preguntar.
- Ve a la cocina a por una cerveza de mantequilla, cariño, y relájate. Hoy has tenido un día duro – le sugirió Ginny, acariciándole la mejilla con ternura.
- No existen los días duros cuando tú estás conmigo – respondió él, besándola con dulzura – Pero acepto esa cerveza. La verdad es que me vendrá bien.
La atrajo hacia sí, posesivo, y la abrazó. Después volvió a besarla y se marchó hacia la cocina.
- ¿Alguien quiere una cerveza de mantequilla? – ofreció a los demás, mientras caminaba en busca de la suya.
- Yo quiero una – aceptó George con la misma tranquilidad con que el moreno se la había ofrecido.
- Vale – Harry sonrió alegremente y desapareció tras la puerta de la cocina.
Ron, más lento de reacciones, continuó observando el lugar donde hacía un momento la pareja se había saludado.
- Le ha dado igual – comentó a Hermione por lo bajo refiriéndose a su mejor amigo, aunque no pudo evitar que todos los demás escuchasen sus palabras.
- ¿Y eso te molesta?
- A mí no – se inmiscuyó George, ofreciéndoles una gran sonrisa – Reconozco que ya no será tan divertido chincharle, pero ya era hora de que se comportase como parte de la familia que es.
- Y a mí, tampoco – opinó Ron, pensativo – Pero creía que le conozco bien, y a veces no deja de sorprenderme.
- Eso es bueno, hijo, muy bueno – le dijo su padre con voz cariñosa.
- En este caso, eso es genial, papá – después habló a su hermana con admiración – Tú haces milagros con él, nunca lo olvides.
- No lo haré – Ginny le guiñó un ojo de forma cómplice. En aquel momento decidió que, si realmente era capaz de hacer milagros, aquella noche conseguiría que Harry le abriese su corazón de par en par.
Y así lo hizo. Cuando, un par de horas más tarde la pareja regresó a su hogar, Ginny tomó a Harry de la mano y lo condujo hasta su habitación sin decir palabra, con una sonrisa cariñosa. Bajo la sorprendida y encantada mirada de él, se encargó de desvestirle, dejándole tan sólo con unos cómodos boxer, y lo tumbó en la cama. Después ella misma se cambió de ropa con tranquilidad, disfrutando de la lujuria que provocaba en él, empapándose de ella; se vistió con un cómodo pero insinuante camisón y se tumbó a su lado, apoyando su cabeza en su fornido pecho, para sentir aquella respiración que tanto amaba.
De pronto, el fogonazo de un relámpago se coló por la ventana, seguido por el estruendo de un trueno. Fuera se fraguaba una fuerte tormenta.
Harry le acarició el cabello suavemente, exhalando un suspiro de satisfacción, y cerró los ojos, dejándose llevar. No concebía en el mundo un lugar mejor que aquel, ni un momento más mágico ni maravilloso. Sintió cómo la respiración de Ginny se iba acompasando con la suya, suave y lentamente, y aprovechó para deslizar con mimo la mano hacia su espalda, sintiéndose en el cielo cuando ella ronroneó de placer por su contacto.
- Te amo – salió del fondo de su alma, aunque fueron sus labios quienes se encargaron de anunciarlo. Y era cierto, jamás había amado a nadie, y mucho menos como la amaba a ella. Nunca existiría ninguna otra mujer para él porque, simplemente, era imposible. Su corazón sería suyo de por vida, y también su alma.
- Yo también te amo – Ginny suspiró.
Lentamente, ella se incorporó, buscando sus ojos, y él la abrazó, enamorado.
- Harry, ¿por qué me dejaste? – preguntó con suavidad, atrayendo dulcemente hacia sí el rostro masculino para obligarle a mirarla.
- Ya sabes porqué te dejé – él evadió la pregunta, sorprendido y más molesto de lo que intentaba demostrar, no quería hablar del tema.
Pero ella no estaba dispuesta a conformarse sin recibir su respuesta, sabía que la necesitaba, tanto como creía que Harry necesitaba desahogarse.
- Sé cómo yo me comporté para que tú pensases en dejarme. ¿Pero qué fue exactamente lo que hizo que tú tomases esa decisión? Porque tú la habías tomado mucho antes de aquella noche. Lo que pasó entonces sólo fue el detonante. Quiero saber cómo te sentiste en lo más hondo – insistió.
- Cómo me sentí… - evadió su mirada, entristecido.
- Sí. Quiero hablar de todos esos meses que realmente no compartimos. Deseo compartirlos contigo ahora.
- Eso es inútil, Ginny – volvió a mirarla fijamente, negando lentamente con la cabeza - El pasado no puede regresar. ¿Por qué tenemos que hablar de eso ahora?
- Pero quizá nunca se ha marchado realmente, y hay que permitirle que lo haga. ¿No tienes ningún reproche que hacerme? ¿Nada de lo que culparme?
- No – negó Harry, tajante. Aquella conversación, que no tenía ni idea de cómo demonios había comenzado ni porqué, le estaba haciendo aflorar un profundo dolor que lo irritaba - ¿Y tú a mí? – preguntó a su vez, a la defensiva.
Ella se revolvió para deshacerse de su abrazo, y se sentó al lado de él, taladrándole con una mirada acusadora y frustrada que no pudo ocultar. Él se sentó también, molesto por los gestos de la chica, y por sus palabras.
- ¿Por qué te encierras en ti mismo de esa manera? ¡No puede ser que te sientas como si nunca hubiera pasado! – casi le gritó, sintiendo que estaba dándose de cabeza contra un muro.
Pero era él quien comenzaba a perder la paciencia, sintiéndose acosado. Sentía que ella lo había llevado al cielo para dejarle caer de él de cabeza, precipitándolo hacia un lugar de su alma que no estaba dispuesto a mostrar.
- Vamos a ver, ¿Qué demonios estás buscando que te reproche? ¿Por dónde quieres que empiece? – bufó, cada vez más enfadado.
- Ese ha sido un buen comienzo, la verdad – sus ojos se entristecieron, algo que a él le partió el corazón. La tomó por la barbilla y suavizó el tono de su voz, intentando sonreírle.
- Por favor, Ginny, quiero que vivamos el presente. Necesito hacerte feliz – respiró hondo, intentando conseguir calmarse - No te reprocho nada, porque sé que tú no quisiste dañarme. ¿Quieres saber si aún me duele lo que pasó? Sí, me duele. Pero ese dolor no puede enturbiar lo que tenemos ahora. No tiene sentido que lo haga. Yo también me comporté contigo como un imbécil, pero entonces no podía hacer nada más. Igual que tú.
- Ya, pero yo no supe hacerte feliz por un trabajo al que no quise dar su lugar exacto en mi vida. ¿Y tú? ¿Por qué no pudiste? Eso es lo que necesito saber – Ginny volvió a la carga, necesitaba locamente escuchar la verdad de sus propios labios.
- Porque quise ser Dios y no pude.
- ¿Qué? – lo miró atónita. Aquella respuesta la había descolocado totalmente.
- Déjalo, Ginny, por favor – él se puso en pie, comenzando a vestirse.
- ¿Cómo que lo deje? ¿Pretendes casarte conmigo mañana y no eres capaz de abrirme tu corazón? ¿Y encima quieres que te acepte? – le reprochó, sintiéndose ofendida.
- Esa decisión es sólo tuya – no había querido entrar al trapo de la provocación. No estaba dispuesto a discutir con ella. No aquella noche.
- ¿Cómo que mía? – la indignación de ella comenzó a multiplicarse por segundos - ¡En esto somos dos, Harry! ¡Tú y yo! ¿Quieres saber cómo yo me sentí? – él la miró con dureza, pero no respondió - ¡Me sentí desolada, muerta en vida! ¡Me sentí a la vez traidora y traicionada! ¡Perdida! ¡Moribunda! ¡El cielo se me cayó encima y tú ya no estabas a mi lado para ayudarme a sostenerlo con tu ternura, tus miradas, tu consuelo, ni siquiera con tu mal humor! ¡Te perdí! ¡Me quedé vacía y desorientada! ¡No había querido verlo venir! ¡Egoístamente pensé que nuestro amor podía con todo y con todos, pasara lo que pasara! ¡Y me olvidé de cuidarlo y valorarlo! – finalmente se desahogó, cada vez más enfadada por el persistente silencio de Harry - ¿Pensabas aceptarme mañana sin preguntarme antes siquiera qué opino ahora de todo esto? ¿Y sin decirme lo que sientes tú? ¿Y querías construir algo firme sobre el pantano que te niegas a explorar? ¡Y una mierda! – le gritó - ¿O acaso eres tan egoísta como para creer que sólo tú sufriste? ¿Es eso? ¿Piensas que yo no sufrí, o que no lo hago ahora al ver que te niegas a compartir conmigo tu sufrimiento? ¿Qué clase de pareja somos? ¡Estamos viviendo una maldita mentira!
Al escuchar sus últimas palabras, él se inclinó hacia ella, apoyándose en la cama. Su rostro destilaba furia y dolor, y al hablarle, sus palabras fueron hierros candentes.
- ¿Eso crees, que te miento?
- ¡No, pero me estás ocultando la puta verdad! – le acusó sin amedrentarse.
- ¡Quizá no estoy preparado para contártela! – como impulsado por un resorte, se puso en pie y al dar un paso atrás lleno de furia, tropezó con una silla que había al lado de la cama y le lanzó una patada con todas sus fuerzas, estrellándola contra la pared.
- ¡Pues ven a casarte conmigo cuando lo estés!
Harry le dirigió una última mirada que condensaba toda la rabia que él sentía en aquel momento, y se marchó de la habitación dando un bestial portazo. Ginny quedó paralizada, no daba crédito a lo que acababa de suceder ante sus ojos. Se puso en pie tan rápidamente como pudo y corrió en pos de él, llamándose imbécil con todas sus fuerzas por no haber previsto lo que iba a suceder, al ver cómo Harry se había estado vistiendo como si se preparase para salir. No se molestó en buscarle por la casa, y bajó las escaleras como alma que lleva el diablo, presintiendo que él iba a marcharse; corrió hacia la puerta, saliendo por ella justo para verle desaparecer tras un raudo y hábil movimiento de su mano. En aquel mismo momento, el estallido de un trueno dio paso a una lluvia torrencial.
Ginny regresó corriendo a la casa. Caminó, perdida, hasta alcanzar el comedor y acercarse a uno de los grandes ventanales que lo circundaban. La lluvia había comenzado a golpear la tierra con toda su fuerza, poderosos relámpagos se sucedían cada vez con más frecuencia, en todas direcciones; rayos y truenos la azotaban sin piedad, ansiosos de sembrar por doquier miedo y destrucción. Era tanto el fragor de la tormenta que, por un momento, ahogó incluso sus propios pensamientos, anuló su mente. Ella no podía dejar de contemplarla, desesperada, pues en aquel mismo momento, el hombre de su vida luchaba contra ella; pero no sabía dónde.
¿Cómo habían llegado a aquello? De pronto, todo se había descontrolado a su alrededor. Había creído que, fuera como fuera, sería capaz de tomar de Harry aquello que había creído que ambos necesitaban, pero lo único que había conseguido de él era que se alejase de su lado poseído por una furia desatada. Sintió que había sido egoísta, es más, se había mostrado arrogante. Había intentado desnudar su alma con una arrogancia insultante. ¿Y qué había estado dispuesta a ofrecerle ella a cambio? ¿Cuál era el dolor que había estado dispuesta a compartir con él? Tuvo que reconocer que ninguno. Hasta entonces, ni siquiera había sido capaz de ser honesta consigo misma y aceptar que ella también conservaba obcecadamente una oscura verdad: no había sido capaz de reconocer ante Harry su parte de culpa, no como él se merecía; jamás le había pedido perdón por lo que pasó, cuando él sí lo había hecho. ¿Qué iba a hacer ahora? ¿Cómo explicárselo todo, si ni siquiera sabía dónde encontrarle? Tan sólo le quedaba esperar, con el corazón en un puño, a su regreso. Esperar, y confiar con todas sus fuerzas en que no le sucediese nada bajo aquella tempestad. No pudo llorar, se sentía demasiado asustada y desesperada como para hacerlo.
La tormenta que azotaba la mayor parte del Reino Unido aquella noche, cual el más horrendo y omnipotente dementor que una cruel mente pudiese imaginar, parecía concebida por los mismos demonios que danzaban en pie de guerra en el corazón de Harry. Fulminantes rayos quebraban sin piedad la negrura de la noche, algunos traspasando cruelmente el encabritado océano que Harry contemplaba fijamente, a cincuenta metros bajo el acantilado que había elegido como mudo y único testigo de su dolor; otros cayendo a su alrededor; mientras los tempestuosos truenos le retaban en cruel duelo, sabiéndose de antemano vencedores. La lluvia lo había calado por entero, con finísimas y heladas agujas que lo hacían estremecer de arriba abajo.
Cualquier otro hombre en sus cabales habría corrido despavorido a esconderse en lo más profundo de su casa, de aquella orgía de poder y destrucción. Pero Harry no era cualquier hombre, y menos aquella noche, en que su ira habría desafiado en cruenta batalla al peor de los diablos, y habría vencido.
El agua corría ágil por su pétreo rostro, arrastrando en su rauda carrera aquellas lágrimas que, por saberse ausentes de ojos humanos que las descubrieran, veíanse libres para desbordarse. El ímpetu del viento azotaba su cuerpo, la helada lluvia cegaba sus ojos, pero él seguía allí, en aquel maldito acantilado, fundiéndose en uno solo con la recia e indiferente roca que lo sostenía, en una pose que bien podría haber sido eterna.
Se maldijo una y otra vez por haber creído que todo sería tan fácil, que Ginny y él tan sólo necesitaban desearlo con todas sus fuerzas, para que su separación quedase en un simple mal sueño, que jamás volvería a planear sobre sus renacidos corazones. Podía comprender la necesidad de ella de saber, también él se moría por conocer cómo la chica había afrontado aquel horrible año: si lo había odiado, echado de menos, si lo había necesitado tanto como él la había necesitado a ella. Pero aquel modo de acorralarlo, de exigirle que desnudase su alma hasta lo más profundo en aquel mismo momento… sin darle tiempo para prepararse, sin darle tregua… ¿Por qué no podía confiar en él? ¿Por qué no podía simplemente decirle que esperaría a que él se sintiese preparado para hacerlo?
"Porque si ella no te presiona, quizá nunca lo estés", sorprendió a su conciencia susurrándole al oído.
Y era cierto. Había pasado tanto tiempo intentando ganarle terreno al dolor, en una absurda carrera, que huir se había convertido en un acto reflejo para él. Pero no siempre fue así, se recordó como un viejo maestro recuerda a un sabiondo alumno que, si ahora puede correr, es gracias a que en un lejano y olvidado día aprendió a caminar. Él intentó afrontar el dolor, quiso confiar en ella, necesitó contarle todo aquello que ahora ella se atrevía a reclamarle, culpándole de su propia dejadez.
Sí, él había pretendido pasar página, sin más.
"¿Pero cómo pasar página, cuando la actual y la siguiente están absolutamente pegadas la una a la otra?", se inmiscuyó su molesta conciencia, burlona. "Tendrás que hacer algo para despegarlas si quieres seguir leyendo, ¿no te parece?"
¡Maldita sea! ¿Por qué aquella condenada metomentodo nunca se tomaba vacaciones? Se rió de sí mismo, sintiendo que quizá comenzaba a desvariar.
No se había dado cuenta de cuánto hacía que la lluvia había cesado. Las embravecidas olas seguían rompiendo con fuerza contra la recia base del acantilado, y su sonido era el único que ahora podía escuchar. Cada vez más lejanos relámpagos, ya sólo al frente, seguían clavando a tientas sus mortíferas lanzas, en busca de incautas víctimas que atrapar. Pero para él, la tormenta había pasado.
Pensó en Ginny; más bien pensó en su hogar, seguramente vacío, que aguardaba su regreso. El suspiro de sus labios no alivió su corazón maltrecho, pero de nuevo el aire se escapó entre ellos, y con él el bello sueño que había vivido durante aquellas dos semanas. Y sintió un vacío que ya nunca podría llenar. La otra vez se había obligado a sí mismo a creerse resignado; ya nunca se podría resignar. Cansado, se transportó de vuelta a Godric´s Hollow: cuanto antes lo golpease con toda su fuerza la cruda realidad, antes podría asimilarla.
Tal y como había esperado, la casa se hallaba en penumbra, algo que en el fondo agradeció. No habría podido enfrentarse a su completa soledad, no cuando aún podía deleitarse en cada estancia con el suave aroma de ella. Iba a volverse loco. No precisó de luz para alcanzar el comedor – se lo sabía de memoria – y dejarse caer pesadamente en un sofá, para enterrar la cabeza entre sus manos, pegadas a sus rodillas.
De pronto, sintió que algo se movía a un lado de la estancia, junto a una de las ventanas. Hasta entonces no se había dado cuenta de que estaba siendo observado por unos ojos llenos de alivio.
- Harry… - escuchó tan quedamente que incluso pudo haberlo imaginado – Harry… - el quedo susurro se repitió cerca de él cual un canto de sirena.
Levantó la cabeza para dirigir su melancolía hacia el origen de aquella voz.
- Oh, Dios – apenas salió de sus labios – Creí que no te hallaría aquí al regresar.
- ¿Y a dónde podía haber ido, si es sólo aquí donde yo deseo estar?
Hubo en la voz tanto amor, tanta ternura, que él sintió cómo todo su ser se rompía en pedazos y después volvía a respirar.
Ginny corrió a su encuentro y se lanzó sobre él para abrazarlo con todas sus fuerzas, desesperada, sin importarle que todo su cuerpo aún continuase empapado. En aquel mismo momento, Harry sintió haber sido salvado, rescatado, para volver a vivir. La pegó a su cuerpo con fuerza, y la mantuvo allí, sólo Merlín supo durante cuanto tiempo, sintiendo los latidos del único corazón que conseguía que el suyo galopase desbocado, sintiendo el calor de aquel cuerpo que llenaba de calidez su propio corazón.
- Temía que hubieses sufrido un accidente, a merced de la tormenta – la voz de ella sonó aliviada, pero trémula - ¿Dónde has estado?
- Buscándome a mí mismo. Pero vaya donde vaya, y busque donde busque, al encontrarme siempre me hallo junto a ti – besó el pelirrojo y sedoso cabello con ternura – Otra vez lo he hecho, ¿verdad? He huido. Soy capaz de enfrentarme a Voldemort, pero no a mis propios demonios – se lamentó amargamente.
- No, Harry. Yo he provocado esto, porque no he sido honesta, ni contigo ni conmigo misma. He intentado por todos los medios a mi alcance que tú me desnudases tu alma, sin antes aceptar la gran verdad de la mía: fui yo quien te abandoné primero, no tú quien me dejaste a mí.
- Ambos lo hicimos.
- Tienes razón, pero tú has reconocido tu error. En cambio, yo nunca te he pedido perdón – buscó el masculino rostro con la mirada, suplicante – Perdóname, por favor.
- Hace tiempo que creía haberte perdonado. Pero si quedaba algo de rencor en mí, esta noche se ha ido con la tormenta. ¿Realmente tú me has perdonado? – aspiró su dulce aroma, la apretó con fuerza, desesperado.
- Sí, lo he hecho. Y también a mí misma, por primera vez.
Él la tomó de la mano y la llevó suavemente ante la gran chimenea. Mediante un hechizo Lacarnum inflamarae, encendió un cálido y acogedor fuego, e hizo que la chica se sentase en el suelo frente a ella, donde él se acomodó también.
- ¿Aún deseas casarte conmigo? – le preguntó, fijando sus verdes ojos, en los suyos.
- Es lo que más deseo en este mundo – acarició el rostro de él, devolviéndole una resuelta mirada.
- Entonces tienes una historia que escuchar.
- Harry, no es necesario. No he debido presionarte de ese modo. Esperaré a que tú desees contármelo.
- Sí lo es. Tú tenías razón. Vamos a construir una vida juntos, una familia. Los cimientos deben ser fuertes, y adecuados, para que nada ni nadie pueda minarlos jamás. La otra noche me escuchaste nombrar a Lilith, una antigua compañera.
- Antes de que sigas. Harry, debo confesarte que ayer sonsaqué a mi hermano lo que sucedió – ella confesó, avergonzada.
Él abrió los ojos como platos, completamente golpeado por la noticia. Calló durante un momento.
- Ahora puedo entender porqué tanta insistencia por tu parte: no intuías que yo guardaba un oscuro secreto, lo sabías.
- Sí, y debo decirte que tú no tuviste ninguna culpa de lo que sucedió. Fui yo quien la tuvo por no ser capaz de darme cuenta de que estabas sufriendo, y consolarte.
- Si conoces toda la historia, sólo te diré que soy consciente de que no soy culpable, pero me culpo porque no supe transmitirle la confianza en sí misma que necesitaba, no supe conseguir que se valorase, no pude ayudarla… no supe.
- Has dicho "no pude".
- No supe…
- No, Harry, has dicho "no pude". En el fondo sabes perfectamente que era sólo tarea suya encontrarse a sí misma en lo más hondo de todo aquel error que fueron los últimos meses de su vida. Tú intentaste guiarla, pero ella no se dejó. Sabes que hiciste todo lo que pudiste, y que no funcionó.
- Debí haber hecho algo más por ella, lo que fuera – insistió.
- ¿Cómo? – lo interrogó con firmeza.
- No lo sé…
- Ni tú, ni nadie. Ella misma se condenó. Tú hiciste mucho más por ella de lo que la mayoría de la gente habría hecho en tu situación. Acéptalo, Harry.
- No puedo – la besó con ternura, sintiéndose completamente desarmado frente a aquellos ojos color chocolate.
- Tranquilo, yo te ayudaré. Entonces no me tuviste a tu lado, pero ahora me tienes. Y nunca más me alejaré de ti. Estaré aquí, para que compartas conmigo tu dolor, para ayudarte a que aprendas a alejarlo de tu corazón. Y si finalmente no pudieses hacerlo, estaré aquí para compartir el peso de tu carga. Jamás volverás a sentirte solo, jamás, mientras yo viva.
- Entonces espero morir antes que tú – él sonrió.
- ¡Eso ni en broma! ¡No vuelvas a hablarme de muerte! – le gritó, acongojada.
- Mi princesa, siempre tan fuerte, aunque sensible, siempre tan dulce… - volvió a estrecharla entre sus brazos, intentando consolarla – Estaré siempre a tu lado, te lo juro.
- Lo que deseo ahora es que termines lo que habías empezado – él enarcó una ceja, desorientado.
- Deseo sentirme tuya – sensualmente lo obligó a que se tumbase en la alfombra, ella sobre él.
- Siempre has sido mía.
- Sabes lo que quiero – no fue una afirmación, sino una orden.
- Adoro cuando me provocas. No lo dirás dos veces – la aprisionó entre sus brazos y la hizo rodar bajo su cuerpo, adueñándose de la situación – Tus deseos son órdenes, princesa.
Las danzantes llamas se avivaron en la chimenea, juguetonas, contagiadas por la pasión.
COMENTARIOS DE LA AUTORA:
Hola a todos.
He de deciros que este capítulo ha resultado ser todo lo que yo deseaba, pero prácticamente nada de lo que había planeado. En un principio, yo tenía pensado dedicarlo a la boda, para después comenzar desde ahí con la recta final de la historia. Pero como habéis podido comprobar, eso tendrá que esperar hasta el próximo.
La verdad es que la historia me estaba pidiendo una conversación seria entre Harry y Ginny. Estaba genial que se reconciliasen sin más, porque se quieren, y punto. Pero una buena convivencia pide algo más: compartir miedos, luz y oscuridad, dejar atrás viejos reproches; hablar claro, ser honesto, vamos, tanto con uno mismo como con quien se supone que va a ser tu otra mitad. Y de esa necesidad ha surgido este capítulo, en forma de tormenta, es verdad, pero honesto al fin y al cabo.
Esta vez no he tenido duda alguna de a quien dedicarlo: lo dedico por entero a Cirze, porque esto ha sido su culpa (^_^). Querida amiga del alma: cuando tú y yo nos escribimos, nunca me acuerdo de comentarte que gracias a una recomendación tuya, he pasado momentos muy especiales junto a Cian Mc Cionaoith (mi favorito, sin duda alguna, y en quien me he inspirado para escribirlo), su hermano Hoyt, Moira, Glenna, Larkin y Blair. Tú sabes bien de qué te hablo, y sin duda mucha gente lo habrá hecho también. ¿Y adivina de dónde salió el nombre de Lilith? Culpable, eres culpable, y no sabes cuánto te lo agradezco.
Deseo responder también dos reviews de CeliiPotter, que no está registrada en Fanfiction y que por ello no he podido enviarle un mensaje privado de agradecimiento. Me has dejado un poco mosca, porque me comentas que has leído el principio de este fic en otra página. Si es así, ¡ALERTA!, porque alguien me lo ha robado y lo ha hecho pasar como propio, ya que este fic en concreto sólo lo estoy publicando en esta página. Pero creo que te refieres a mi otro fic "Sólo tú eres mi destino", que actualmente sólo actualizo aquí, pero que sí comencé a publicar simultáneamente en otro lugar. Aprovecho para agradecerte en el alma que estés siguiendo esta historia, y espero de todo corazón no decepcionarte. Con respecto a tu mail privado, siento decirte que Fanfiction no publica direcciones de mail, si no las disfrazas para que no las detecte, así que no he podido leer la tuya para poderte responder. Si lo deseas, prueba a enviármela intercalando espacios entre cada palabra. Pero ten en cuenta que si lo haces mediante un review, toda la gente que lo lea la conocerá también. La otra opción es que te registres en Fanfiction y me dejes un mensaje privado. Tú eliges. :)
Os agradezco también a todos los que seguís este fic que lo sigáis leyendo (a los que me habéis dejado comentarios, os lo he agradecido en privado, jeje).
Continuad a mi lado, por favor. Y si tenéis un ratito libre, opinad sobre este capítulo, creo que después de haberlo leído, no os habrá dejado indiferentes.
Un fuerte abrazo y hasta pronto.
Rose.
