Antes de que leais este capítulo, quiero deciros que esta misma tarde responderé a los reviews del capítulo anterior. Desde hace tres semanas, paso catorce horas seguidas fuera de casa, en el trabajo, y cuando regreso por las noches, no tengo ganas ni de conectar el ordenador. Os prometo que he leído todos los reviews, y varias veces (jeje) pero no tenía la cabeza como para ponerme a escribir algo coherente. He escrito este capítulo en dos ratos libres que he tenido en el trabajo, y acabo de terminarlo esta misma mañana.
Espero que lo disfrutéis. Es muy intenso.
Saludos.
Rose.
Capítulo 15: Weasley contra Weasley.
La madrugada del domingo, Ginny observaba a Harry dormir, tumbada a su lado en la cama de matrimonio y apoyada en un codo, con una mirada que por fin comenzaba a serenarse. Nunca se lo diría a él, pero aquella noche ella casi no había dormido; lo escuchaba respirar lentamente, con dificultad, sin duda debido al intenso dolor que le producían las fracturas. A pesar de que el joven había tomado regularmente las pociones que le había recomendado Madame Pomfrey contra el dolor y para acelerar su sanación - que le habían atenuado las molestias en gran parte y que lo sumían en un tranquilo sopor - cada vez que el efecto de estas comenzaba a remitir, su respiración se convertía en más ligera, superficial y dolorosa. Él se esforzaba por mostrarse sereno y tranquilo ante ella, lo que al menos no empeoraba su dolencia; pero en absoluto servía para disminuir su preocupación. Aunque después de estarlo velando y vigilando durante más de medio día, la chica comenzaba a familiarizarse con los síntomas, y ya no se alarmaba cada vez que a él se le escapaba una mueca de dolor o que respiraba de un modo extraño – había descubierto que era de un modo "cuidadoso" más bien - , así que estaba segura de que la próxima noche no tendría problemas para dormir ella también, si todo evolucionaba al ritmo que ya conocía.
Aprovechó aquel momento tranquilo, consciente de que pronto él despertaría necesitado de las pociones, para observarlo como aún no lo había hecho desde que ambos se habían reencontrado: con total impunidad. Miró sus ojos, ahora cerrados, recordando que fueron lo primero de él que la atrapó para siempre al conocerlo cuando ambos tan sólo eran unos niños, no por ser bellos, que lo eran a rabiar, sino por tanta responsabilidad y honestidad que entonces ya transmitían al mirar, y que lo harían siempre; observó aquella cicatriz de su frente que jamás desaparecería, por mucho que la amenaza que la creó sí lo hubiese hecho – sin darse cuenta acarició el colgante que llevaba al cuello y del que jamás se separaría –; bajó su vista hacia aquella nariz perfecta y aquellos pómulos que a ella le parecían tan masculinos y sexys… y se encontró con sus labios, expresivos, sensuales e insinuantes incluso cuando dormía, prometiéndole eterna dulzura. Suspiró, satisfecha, constatando una vez más que estaba loca de amor por aquel hombre perfecto para ella.
Instintivamente le acarició el cabello con ternura, y algo en aquel gesto transportó su mente a otro lugar y a otro momento, muy especiales.
"
Harry, Ron, Hermione y Ginny regresaron aquella tarde de su primera salida a Hogsmeade del curso. Era el sexto año en Hogwarts para los tres amigos mayores, y el quinto para la pelirroja, y extrañamente, desde el principio de aquel curso, era frecuente ver a Ginny acompañando a su hermano y sus inseparables amigos. Los cuatro solían sentirse muy cómodos juntos, cada vez más.
Aún riendo por un gesto gracioso que había hecho Ron cuando Hermione lo regañó por ser un descuidado con sus libros de texto, entraron en la sala común de Gryffindor, en busca del calor de la vieja chimenea, alrededor de la cual se acomodaron, acercando a ella varios sillones; excepto Ginny, que se sentó en el suelo con la espalda apoyada en las piernas de Harry, quien comenzó a acariciarle el caballo distraídamente con la mirada perdida en el vacío. A pesar de seguir estando en otoño, las tardes comenzaban a acortar, y el frío de la noche calaba hasta los huesos. En tranquilo silencio, se tomaron su tiempo para entrar en calor.
- Ha estado bien la salida de hoy – dijo Ron, manteniendo aún su cómica sonrisa.
- Sí, ha estado bien. ¿Verdad, Harry? – preguntó Hermione a su mejor amigo, observándolo con una mirada extraña, preocupada.
- Ajá – él sólo contestó, con voz ausente.
La castaña dudó si realmente había escuchado su pregunta o había respondido por pura inercia.
Cuando el otro chico lo miró, inmediatamente se le borró la sonrisa de la cara.
- ¿Qué narices estás haciéndole a mi hermana? – preguntó a su amigo con cara de pocos amigos, mientras miraba a Ginny con reproche.
Su hermana iba a contestarle de malos modos, cuando Harry se lo impidió.
- ¿Qué crees que estoy haciendo? – preguntó él a su vez - ¡Por favor, Ron! ¿De qué vas? No tengo ningún tipo de intenciones con tu hermana. Ella lo sabe, y tú también.
- Más te vale…
- ¿Y qué, si las tuviera? – se defendió el moreno, más que harto de la actitud excesivamente posesiva y protectora que Ron mostraba con su hermana – Ginny sabe tan bien como tú o como yo qué quiere hacer con su vida, y con quién – la chica se giró para mirarle con sorpresa, agradecida, y se cruzó de brazos frente a Ron para reafirmar su postura.
- Ya basta, Ron – intercedió Hermione, cortando al pelirrojo la réplica que ya tenía en los labios, y que se convirtió en un bufido por lo bajo, ofendido.
Hermione se había dado cuenta de que Ginny no había dejado de observar a Harry desde que habían vuelto, hasta que se sentó apoyada en sus rodillas, y también cómo él la observaba a ella de tanto en tanto de un modo muy particular, cuando ni él mismo se daba cuenta de estarlo haciendo. Frunció el ceño, atribulada. El estar segura de qué había estado pasando por la mente de Harry durante todo aquel día, no la hacía sentir mejor. Se le ocurrió que quizá él necesitase estar solo; a ella misma no le vendría nada mal descansar un poco de la compañía de Ron – la enfurecía que él no se diese ni la más mínima cuenta de lo que sucedía en su corazón – y de la de todos, al fin y al cabo. Así que decidió hacer mutis por el foro.
- Me voy a estudiar a la Biblioteca. Ya he tenido suficiente descanso por un día – anunció, decidida a marcharse cuanto antes.
- ¿Hoy? ¿En sábado? – se escandalizó Ron, pensando que la chica se había vuelto loca.
- Cualquier día es bueno para culturizarse, Ron. Aunque ya sé que tú no tienes ni idea de lo que eso significa – le respondió, quizá con mayor acidez de la necesaria – Os veo durante la cena – y se marchó sin decir nada más.
Pasados unos minutos, y dado que tanto Harry como Ginny parecían sumidos en sus propios pensamientos y no le hacían ni el menor caso, Ron hizo ademán de marcharse también, con el carácter agriado.
- Me voy a ver si encuentro a alguien que quiera desafiarme a una partida de ajedrez mágico. En este momento sois los más aburridos y desagradables que debe haber en Hogwarts, si excluimos a Snape, claro – se rió de su propio chiste - ¡Pero cuidado con lo que haces con mi hermana! – volvió a amenazar a Harry, quien negó con la cabeza, agobiado. Finalmente se marchó hacia las habitaciones de los chicos.
La sala había quedado a solas, exceptuando a Harry y Ginny que seguían sentados, en silencio. Pero de pronto ella se puso en pie y se sentó en el sillón, al lado del chico; lo miró a los ojos con decisión.
- ¿Deseas volver con ella?- le preguntó sin más, refiriéndose a Cho Chang, sin dejar de observarle.
Por un momento, él abrió los ojos de forma desmesurada, sorprendido de que su mente fuera tan transparente para ella; pero después decidió responder con naturalidad, ya que su "secreto" había dejado de existir.
- No lo tengo claro, pero creo que sí – afirmó, poco convencido.
Ella lo miró con tristeza.
- A veces, los deseos de las personas son curiosos, y también caprichosos.
- ¿Por qué lo dices?- él enarcó una ceja, sin comprender.
- Porque en este caso, si tú consigues cumplir tu deseo, jamás se cumplirá el mío. Aunque extrañamente, yo seré feliz porque tú lo serás también.
Ahora realmente él la miró con los ojos como platos. Por muy negado que fuera con las chicas, por muy lento que se mostrase para comprenderlas, la afirmación de Ginny había quedado bien clara para él. Quedó paralizado, sin saber qué responder. Sabía que ella lo había querido de niña, pero hasta aquel mismo momento no había tenido ni la más mínima idea de que aún lo continuara queriendo.
Ella le ofreció una sonrisa tranquilizadora, mientras se acercaba a él peligrosamente.
- Aunque bueno… nadie podrá quitarme esto jamás.
Cubrió muy despacio los escasos centímetros que la separaban del chico sin dejar de mirarle a los ojos, y lo besó en los labios con dulzura. Después se puso en pie.
- Adiós, Harry – dijo con una voz que luchó por hacerse un hueco en la bloqueada mente del adolescente y que sonó realmente a despedida.
Y también ella se marchó.
Al quedarse completamente solo, Harry se llevó los dedos a los labios; el cálido, suave y dulce contacto que la chica había dejado en ellos latía en su piel, sobre su pulso desbocado. Y él supo que jamás, nunca, había sentido lo que acababa de sentir con la que hasta entonces había visto como a su pequeña hermana.
"
Ginny sacudió la cabeza levemente, regresando al presente como quien despierta de un dulce sueño. Se dio cuenta de que Harry acababa de secar una lágrima solitaria que se había derramado hacia su barbilla. Le sonrió, enamorada.
- No llores, Ginny – pidió él, preocupado.
- No estoy llorando, Potter – negó, haciendo valer su firme carácter. Él sonrió, melancólico.
- Casi nunca lloras ante los demás, pero sí lo haces ante mí. Yo soy el único imbécil capaz de provocar tu llanto una y otra vez. Pero estoy contento de que lo hagas – ella lo miró con suspicacia, sin comprender qué quería decir con ello - Cuando lloras, significa que lo que sea que me está pasando, no es grave – él comenzó a explicar - Cuando realmente piensas que mi vida está en peligro, te aguantas las lágrimas, ni una sola de ellas sale de tus ojos, y luchas con uñas y dientes por mí. Lo tengo más que comprobado.
Ella no pudo evitar sorprenderse por aquellas palabras que definían tan bien sus propios actos.
- Se puede llorar de alegría, ¿sabes? – objetó, no queriendo dar su brazo a torcer.
- Cierto, se puede. Pero no creo que hoy este sea tu caso. Ayer te hice sufrir, y lo siento. Primero fue mi actitud desconsiderada y egoísta al poner mi vida en peligro, esa vida que hacía nada acababa de entregarte, y que ya no es sólo mía. Y después por el desafortunado accidente.
- Eso es exactamente lo que hiciste – se sintió feliz de que él se hubiese dado cuenta de su error y que lo hubiese admitido, sabiendo que las palabras del chico llevaban implícita una promesa de no repetir su acto alocado del día anterior durante el partido; lo besó suavemente en los labios - Pero te equivocas. Si hubiese tenido que llorar, ahora mismo lo habría hecho porque te tengo a mi lado, vivo, sano y salvo; bueno, más o menos - al decirlo, sonrió con acidez -, porque estamos felizmente casados… porque mis mejores sueños se han hecho realidad – suspiró, ya más relajada -. Estaba recordando aquél día en que te besé, cuando tú aún dudabas sobre tus sentimientos por Cho. Creí que ese sería el único momento de mi vida en que yo podría sentirte de ese modo.
- ¿De qué modo? – preguntó él, a pesar de saber perfectamente a lo que ella se refería, pero sentía la necesidad de escucharlo de sus labios una vez más.
- El único momento en que yo podría sentirte mío – le acarició el cabello como él se lo había hecho a ella aquella vez.
Él colocó su mano suavemente en la de la chica, para sentir de nuevo aquel calor que llenó su corazón de ternura para siempre.
- Eres una bruja muy poderosa, ¿sabes? A través de aquel beso me robaste el corazón, el alma entera. La pequeña Weasley me hizo sentir que desde entonces, mi mundo giraría siempre en torno a ella… Pero después decidiste castigarme saliendo con Dean – refunfuñó con fastidio.
- Yo no quise castigarte – negó ella, rotunda - Es sólo que jamás creí que tú pudieras llegar a quererme – sintió pena al recordar sus pensamientos de aquel día - Ese beso que te di fue mi despedida, Harry. En aquel momento, decidí no volver a esperarte nunca más.
- Fui un idiota al no darme cuenta antes de lo que sentía por ti – su voz fue realmente triste - Entonces llegó mi turno de creer que te había perdido para siempre, y te juro que me sentí morir.
- Es curioso. El creer ambos que nos habíamos perdido el uno al otro nos acercó mucho más como amigos, y de ahí a estar juntos, sólo hubo un paso. Oh, Dios… El día en que tú me besaste de aquel modo ante todo el mundo, creí que yo me había dado un mal golpe en la cabeza durante el partido de quidditch y que estaba soñando en mi inconsciencia. En aquel momento fui la mujer más feliz de este mundo.
- Pues sí que me correspondiste, sí… - se burló, bromeando - Yo causo ese efecto.
- ¿Sabes que en ocasiones eres un arrogante? – puso un dedo en la nariz de él, pícaramente.
- Eso me han dicho alguna vez. Pero ten por seguro que jamás otro hombre te amará como yo te amo. Simplemente, es imposible – hizo ademán de abrazarla, pero se vio obligado a desistir cuando el dolor de sus costillas le pasó factura. Así que fue ella quien, delicadamente, lo abrazó.
- ¿Cómo te sientes? – quiso saber, inquieta.
- Como si fuera el dueño del mundo, por tenerte a mi lado. Es curioso, pero desde que nos hemos casado, no dejo de pensar en Voldemort.
- ¿Por qué? – se alarmó la chica, angustiada.
- Porque él hizo lo posible y lo imposible por adueñarse del mundo, excepto lo único que habría puesto todo lo importante a su disposición: amar a una mujer – declaró, atrayéndola hacia él con una mano para buscar sus besos.
- ¡Tonto! – lo llenó de besos por toda la cara.
- Lo digo muy en serio, mi vida.
- Harry, eres el hombre más especial del universo – afirmó, mirándolo de nuevo, enamorada.
- Así me siento, por tenerte para mí.
- Yo también. ¡Pero basta ya de desviar la conversación! ¡Ahora mismo vas a decirme cómo te encuentras! – le ordenó, intentando parecer seria para conseguir que él le hiciese caso de una vez.
- Si he de serte sincero, estas pociones me están facilitando mucho la tarea de respirar. Ayer casi no podía pronunciar dos palabras seguidas sin sentir que me faltaba el resuello y morirme de dolor, y hoy soy capaz de llevar una conversación normal. Me duele a ratos, a veces más y otras menos, pero si sigo así, es seguro que mañana podré volver a trabajar.
- ¿Será posible? En vez de pensar en cuidarte, lo único que piensas es en el trabajo. ¡Eres incorregible! – lo acusó.
- El Departamento me necesita, mi amor, ahora más que nunca. Mis compañeros me necesitan – afirmó con seriedad - Además, sólo de pensar que podríais ser tú, o Hermione, las próximas víctimas, me siento desfallecer. Ahora más que nunca todos hemos de estar unidos para impedir de una vez y para siempre que se cometan más violaciones y asesinatos.
- Lo sé, mi vida, lo sé… Pero es que temo que tu salud empeore si haces esfuerzos.
- Tranquila, intentaré tomármelo con calma. Además, tengo a Ron velando siempre por mí – ella sonrió, satisfecha y orgullosa de su hermano mayor - Él cree que no me doy cuenta, pero siempre está vigilándome. Parece mi ángel de la guarda. Eso me recuerda que aunque él sabe que es mi mejor amigo y que lo quiero a rabiar y daría cualquier cosa por él, ya va siendo hora de que se lo agradezca también con palabras. Hace siglos que no le he dicho cuánto significa su amistad para mí.
- Quizá este es un buen momento para hacerlo. No veas cuánto está sufriendo porque siente que ha traicionado tu confianza al revelarme tu secreto, y también porque no puede confesarle a Hermione lo sucedido. Sabes que ellos se lo cuentan todo.
- Lo sé. No olvides que Hermione es mi mejor amiga – quedó pensativo durante un momento – Sí, ha llegado la hora de acabar con los secretos. No le oculté a ella lo sucedido por no querer contárselo, sino porque en aquel momento no deseaba hablar de ello absolutamente con nadie. Seguramente no hice bien, pero sentí demasiada presión, demasiado dolor. Fueron dos golpes demasiado fuertes para mí – dijo sin ningún tipo de rencor o acusación, y ella lo tomó con total naturalidad.
- No reprocharás a Ron que te haya traicionado…
- No, mi amor, en absoluto. Creo que él ha sido capaz de ver más lejos que yo, cuando yo no he podido hacerlo. Y aunque se hubiese equivocado, precisamente yo no soy "don perfecto". Ya sabes que tengo un carácter endemoniado, en ocasiones, y él es quien lo ha sufrido a mi lado en la mayoría de ellas. Y también Hermione. Y tú. Los tres lo sois todo para mí.
- Pues alégrate, porque hoy van a venir a comer las otras dos partes del todo, jeje. Y también mis padres, y Bill, Fleur, George y Angelina. Anoche les envié una lechuza relatándoles tu accidente, y todos se han empeñado en venir a visitarte hoy, ya que nosotros no podremos ir a comer a La Madriguera.
- ¿Por qué los has preocupado? Esto es una tontería…
- Pues permite que quienes más te quieren compartan esa tontería contigo, y deja de preocuparte.
- Al menos hasta que les contemos lo que hemos hecho con nuestra boda – objetó él, con cierta ironía en la voz.
- Eso ya lo hablamos tú y yo en su momento. No irás a arrepentirte a hora de cómo lo hemos hecho.
- Jamás. Pero no sé si ellos comprenderán nuestro punto de vista, y no puedo evitar que eso me preocupe.
- Recuerda que eso también tú y yo lo estuvimos hablando, y acordamos asumir el riesgo.
- Realmente no es si pueden comprendernos a no lo que me preocupa, sino si serán capaces de aceptar nuestra decisión.
- Si nos quieren bien, lo harán, porque deben respetarla.
- Eso pienso yo también.
- Pues estamos de acuerdo. ¿A que no sabes a quién le toca tomarse las pocioneeeees? – preguntó como si estuviese hablando a un niño pequeño.
- Oh, no, pociones no – negó con fastidio – Al menos no la que calma el dolor. En cuanto la tome, caeré frito de nuevo. No deseo pasar el día durmiendo.
- Ah, ah… Esa es la más importante, y lo sabes – se levantó de la cama y cogió la poción de una de las mesitas de noche, abriéndola con cuidado – Anda, hazme feliz – se la ofreció al chico, sonriente.
- Chantajista – él respondió con un mohín, pero la tomó de un solo trago.
- Conquistador – le ofreció otra y lo miró con cara adorable. Él la tomó sin rechistar.
Pero había tenido razón, apenas transcurrido un cuarto de hora desde la ingesta de las pociones, Harry yacía dormido de nuevo, ahora tumbado en el cómodo sofá del comedor. El chico había decidido darse una ducha rápida y vestirse para recibir a las visitas, pero el intenso sopor que le producían las pociones había sido más fuerte que él, y después de hacerlo, no había sido capaz de mantenerse despierto. Ginny lo había cubierto con una manta para que no cogiese frío y lo había dejado dormir tranquilamente para dedicarse a prepararlo todo para recibir a los invitados.
Todos ellos llegaron juntos a Godric´s Hollow desde La Madriguera, el hogar que seguía y seguiría siendo el punto de reunión de los Weasley mientras Arthur y Molly viviesen, a pesar de que todos sus hijos vivían desperdigados por el país o el extranjero. Ginny los recibió con una sonrisa radiante; Molly y Arthur dieron un beso cariñoso a su hija, Fleur y Angelina le dieron un abrazo emocionado, contentísimas porque ella se hubiese reconciliado con Harry tal y como ellas deseaban. Bill y George la besaron también, con pícaras sonrisas, y Ron y Hermione la saludaron con cariño, dejando el protagonismo a los demás.
- ¿Dónde está el herido? – quiso saber Molly, mirando hacia todos lados para localizarlo – Quizá yo pueda hacer algo más por él. Conozco montones de remedios caseros que lo curan casi todo.
- No dejes que lo envenene, hemanita, como hacía con nosotros cuando éramos pequeños – George advirtió a su hermana mientras le guiñaba un ojo.
- Cuidado con lo que dices, pequeño – lo amenazó su madre, poniéndole en le pecho un largo y ágil dedo – Todavía puedo ponerte en tu lugar.
- No lo dudo – le ofreció una amplia sonrisa mientras levantaba ambos brazos en señal de rendición.
Arthur y Bill rieron alegremente.
- Bueno, ¿dónde está? – repitió Molly con un gesto de impaciencia.
- Se ha dormido en el sofá – les explicó Ginny mientras los conducía al comedor – Las pociones le producen un sopor constante.
La familia se detuvo ante Harry, quien seguía descansando apaciblemente ajeno a todo. Ginny se sentó junto a él y se inclinó para besarle dulcemente, mientras le acariciaba el rostro. Al hacerlo, el colgante en forma de rayo que pendía de su cuello desde la tarde anterior, se reveló ante todos ellos, al aparecer por el cuello abierto de la camisa. Molly, que jamás se perdía detalle alguno de lo que pasaba a su alrededor, reparó en él inmediatamente, y no tardó en reconocer qué representaba. La cicatriz en forma de rayo que el joven llevaba en la frente prácticamente desde su nacimiento, y que ella tan bien conocía por haberlo tratado como a un hijo desde que cumplió once años, se reveló claramente en aquel colgante. En la mente de la mujer se dispararon todas las alarmas, pues un regalo de ese tipo, con tantas implicaciones personales para quien lo había ofrecido y a la vez para quien lo recibía, tenía muy pocos significados entre los magos, el más importante de ellos: boda.
- Mi amor… cariño… - la joven pelirroja lo llamó, sin dejar de acariciarle el rostro.
- Hum… ¿sí…? – una voz profunda le salió del pecho, y a ella se le partió el corazón por tener que despertarle, pues sin duda él había conseguido descansar.
- Mi vida, despierta. Tenemos visita.
Él abrió los ojos lentamente y parpadeó varias veces, intentando ubicarse. Miró a su esposa, lleno de amor, y luego giró la cabeza hacia los demás, intentando hacerse una idea de lo que ella estaba diciendo.
- Oh, Merlín… Otra vez me he dormido como un tronco. Lo siento. ¿Cómo estáis? – preguntó al resto de la familia con naturalidad.
- Eso dínoslo tú, patoso – le pidió George, acercándose también y estrechándole la mano con cuidado – Mira que ser arrollado por una bludger como un principiante, cuando el partido ya había terminado…
Harry intentó encogerse de hombros con una sonrisa, pero inmediatamente desistió, sintiendo que ciertos movimientos le causaban demasiadas molestias. Así que sólo sonrió con candidez.
Uno a uno, se acercaron a él y le besaron en la mejilla o le estrecharon la mano con cariño. Excepto Molly, que permaneció en su lugar, como si hubiese sido hechizada por un "Petrificus totalus". Pero eso sí, no dejó de observar a la pareja con el ceño fruncido.
- No sé qué haré mañana, cuando tenga que volver a trabajar, para no irme durmiendo por los rincones. Algo se nos ocurrirá – dijo Harry, besando a Ginny con la mirada.
- Supongo que sí – respondió ella, suspirando.
- ¿No hay forma de que alguien te sustituya al frente del Departamento de Seguridad Mágica durante unos días? – quiso saber Bill, preocupado.
- Oh, sí. Si es necesario, Ron lo hará. Él no me necesita en absoluto para poner firme al Departamento, y todos lo saben – su mejor amigo lo miró con ojos desorbitados. Jamás antes Harry había confesado abiertamente que confiaba en él de semejante forma – Pero ya me conocéis, soy un metomentodo y no podría descansar en casa sin hacer nada. Lo más probable es que yo sea la cabeza visible del Departamento durante los próximos días, y él asuma el mando operativo. O quizá al final me quede en casa… Al fin y al cabo, no suena tan mal – guiñó un ojo a Ginny de forma cómplice.
- ¡Por Dios, no! – se alarmó Ron - ¡Sabes que yo no valgo para aguantar presiones políticas ni zarandajas! ¡Yo soy un hombre de acción y haré por ti lo que sea, pero el que manda eres tú!
- Tranquilo, era broma. Pero tendrás que sujetarme la cabeza si se me va cayendo – se burló.
- Eso está hecho.
Casi todos rieron, divertidos.
- Dejaros todos de tonterías – les interrumpió Molly con voz enfadada - ¿Qué es eso que llevas colgando al cuello? – señaló con un dedo el colgante de Ginny, que todavía asomaba sobre su camisa.
Inmediatamente, todas las miradas convergieron en la joya, que Ginny escondió en su mano inmediatamente, alarmada, pues no se había percatado de que había quedado al descubierto. Harry la miró también, serio y preocupado. No deseaba entrar en polémica y tener que dar explicaciones, no en aquel momento.
- ¿Es lo que creo que es? – insistió la Señora Weasley, con un tono rayano en lo ofensivo, que consiguió que su hija levantara las defensas inmediatamente.
- Depende de lo que creas que es, mamá – respondió ella del mismo modo.
Los demás las observaron a ambas, sin comprender nada de lo que había comenzado a suceder, pero temiendo lo peor por los tonos de voz que las dos estaban empleando.
- A mí no me vengas con tretas, jovencita. ¿Harry y tú os habéis casado? – preguntó a bocajarro, estrechando los ojos apenas en meras rendijas que se clavaron en su hija sin piedad.
Tanto su marido como sus hijos y nueras abrieron los ojos como platos, atónitos, centrando toda su atención en la reacción de Harry y Ginny.
- Molly, deje que… - Harry intentó calmar los ánimos, comenzando a incorporarse, pero su suegra se lo impidió, traspasándole con voz cortante.
- A ti no te he preguntado. Respóndeme, Ginevra Molly Weasley – ordenó a su hija.
- Molly, cariño… - trató de terciar Arthur, temiendo una mala reacción de su hija. No en vano la conocía lo suficiente como para saber que si Ginny se sentía ofendida, no estaría dispuesta a ofrecer tregua, fuese a quien fuese. En ese aspecto, había heredado el carácter de su madre. Tomó a su esposa de la mano, pero esta desechó el gesto con un brusco ademán.
- Ginevra Molly Potter Weasley, si no te importa – aclaró la chica con firmeza, plantándose ante su madre con los brazos en jarras.
La impresión de los presentes fue monumental. Ron y Hermione abrieron la boca de forma desmesurada, en silencio.
- Ginny, Molly, por favor, este no es modo de… - Harry trató de nuevo de serenar la situación, pero ambas mujeres no estaban por la labor de atender a razones.
- Tú, cállate. ¿Cómo has podido traicionarnos de esta manera, tú, a quien queremos como a un hijo? – lo acusó Molly sin piedad, clavándole una mirada ofendida y dolida.
A Ginny se le inflamaron los ojos al escucharla.
- ¿Cómo te atreves a hablarle así a MI marido?
La sorpresa de los demás alcanzó cotas insospechadas.
- Le hablo como quiero, y a ti también. Para eso soy vuestra madre. Y vosotros os habéis comportado como hijos desagradecidos.
- No, no le hablarás como quieras, y mucho menos delante de mí. No tienes derecho a ofenderle, y a mí tampoco.
- ¡El derecho a ofenderos me lo habéis dado vosotros, al ofenderme a mí, a tu padre, a tus hermanos y cuñadas… excluyéndonos de vuestra boda! ¿Eso es lo que significamos para vosotros, absolutamente nada?
- Mamá, por favor… - Bill intentó interponerse entre ambas mujeres, comenzando a desesperarse.
- ¡Ah! ¿Tú también lo sabías? ¿O tú, Arthur? – buscó la mirada de su marido de forma acusadora - ¿Acaso soy la única ingenua que ha quedado al margen de esta maquinación?
- No, mamá, no lo sabía, y papá tampoco. Pero por favor, tranquilízate.
- ¿Quién te crees que eres para decirme lo que tengo que hacer? – gritó a su hijo sin contemplaciones - ¡Serás mi hijo mayor, pero eres otro inconsciente si los apoyas!
Bill mostró a su madre una mirada dolida.
- ¡Se acabó! – Ginny gritó, perdiendo los nervios - ¡Es nuestra vida, y son nuestras decisiones! ¡O aprendes a aceptarlas o no habrá lugar para ti en nuestra casa! ¡Y mucho menos si vienes aquí a ofender a aquellos a quienes más quiero!
Molly abrió los ojos de forma desmesurada, y quedó sin palabras. Un pesado silencio, que nadie se atrevió a interrumpir, se adueñó de la sala. Sin darse cuenta, George y Angelina se habían abrazado, y también Ron y Hermione, buscando su mutuo consuelo. Fleur fue en busca de Bill para hacerlo también.
- Sea – la mujer mayor dijo sin más. Seguidamente, sacó con una mano nerviosa una cajita de polvos flu de uno de los bolsillos de su chaqueta, caminó hacia la chimenea del comedor con paso digno, y desapareció dentro.
Los que quedaron tras ella se miraron unos a otros, acongojados, sin saber qué hacer o qué decir.
Pasado el primer momento de tensión, el Señor Weasley caminó hasta su hija y la abrazó con inmenso cariño de padre. Reticente al principio, la chica se dejó hacer, y se abandonó a los brazos del hombre, desconsolada. Él buscó los ojos de su pequeña y la miró con infinito amor.
- Felicidades, hijos.
Estrechó la mano de Harry, emocionado.
- Gracias – respondió el joven, también emocionado.
- Tengo que marcharme. No quiero dejarla sola en este momento – dijo él señalando a la chimenea con una mano cansada, y mirando a todos los presentes de forma cariñosa; y a modo de disculpa, se marchó también.
- Perdonadme – pidió Ginny a sus hermanos y cuñadas. Y corrió hacia el cuarto de aseo de la planta baja, donde al llegar le vino justo para arrodillarse ante la taza del water y vomitar.
Comentarios de la autora:
¿Con que como máximo diez capítulo, eh? Eso dije en el primero, cuando os presenté esta historia. Está visto que no soy capaz de escribir algo medianamente corto. Incluso mis viñetas acaban siendo fics cortos. ¡Soy lo peor! Pero bueno, espero que la historia os esté gustando de todos modos. Ya no adelanto cuantos capítulos tendrá. ¿Para qué? :P
Cirze: hay una frase dicha por Harry, escrita inspirándome en el review que me dejaste en el capítulo anterior. Imagina cuál :) ¡Gracias!
E infinitas gracias a todos por estar ahí. Os adoro.
Abrazos a discreción.
Rose.
