Capítulo 17: En pie de guerra.

El lunes siguiente, Harry llevaba un humor de perros. Entre el sueño casi irresistible que le causaban las pociones, y las atenciones constantes a las que se veía sometido en el Ministerio, se sentía como un inválido, algo que le enervaba. Para colmo, la inmensa preocupación que tenía por el malestar de Ginny no hacía más que añadir una buena dosis de frustración a su ánimo exaltado. Aquella mañana, nada más despertarse, la pelirroja había ido corriendo de nuevo a vomitar, y aunque se había empeñado en acompañar a Harry al Ministerio de Magia, saliéndose finalmente con la suya, se notaba a las claras que no se encontraba bien.

Así que Harry se veía atado de pies y manos. Deseaba cuidar a Ginny pero no podía, por un lado por su propia situación, y por otro porque el asunto del violador le restaba todo el tiempo que tenía para dedicar a nada ajeno a ese problema. Y ella continuaba resistiéndose tozudamente a que la revisasen en San Mungo, haciéndolo enfurecer pero viéndose obligado a disimularlo para no hacerla sentir peor.

A pesar de las palabras pronunciadas el día anterior, era él quien continuaba al frente del Departamento, en todas sus funciones. Le resultaba demasiado complicado delegar en Ron, y mucho menos en aquella situación, algo que, por otro lado, el pelirrojo agradecía en lo más hondo de su alma, ya que en ningún momento había deseado el puesto de su cuñado y mejor amigo, ni siquiera en sueños; le parecía excesivamente intrincado y agobiante.

A primera hora, Harry se hallaba sentado en el sillón de su despacho, hablando con Ron.

- Gracias a todos los poderes que Blacksoul no ha cometido ninguna atrocidad este fin de semana – comenzó Ron – Aunque por otro lado, lo tenemos tan controlado que sería muy difícil que lo hubiese hecho.

- No creas. Él sabe que lo estamos acechando. Un hombre como él tan inteligente y escurridizo, debe haberse dado cuenta hace tiempo que está siendo perseguido – Harry objetó – Sin embargo, se comporta con una tranquilidad alarmante, y está claro que no va a abandonar sus planes por estar siendo controlado por nosotros. Temo que el saber que le hemos descubierto, ha añadido una dosis de emoción a sus planes; está preparando algo, Ron, algo gordo. Su golpe maestro, quizá.

- Oh, Dios… ¿Y qué vamos a hacer? No podemos apresarle si no lo pillamos con las manos en la masa. Sólo tenemos conjeturas y más conjeturas. ¡Maldita sea! – Se lamentó, lleno de frustración – Todo encaja, pero no podemos demostrarlo.

- Por lo pronto, vamos a alertar a E.J. de la situación – Ron lo miró, sorprendido, y Harry continuó – No podemos exponerla al peligro de esta manera, sospechando lo que sospechamos y teniendo la práctica certeza de que tenemos razón. Este fin de semana le he dado muchas vueltas al asunto, y creo que él la está utilizando para obtener información del Departamento de Seguridad Mágica, pero que no la quiere. Y ahora que ya no le hace falta porque hemos descubierto su juego, puede intentar deshacerse de ella en cualquier momento. Al fin y al cabo, ella es una mujer relacionada con nosotros, y demasiado relacionada, en este caso.

- ¡Ese asesino no puede querer a nadie, por Merlín!

- Exactamente. Por eso debemos hablar con E.J. y contarle la verdad. Sé que será un duro golpe para ella, y que al principio no querrá creernos, pero debemos hacerlo, e impedir que le vaya a él con el cuento después, para que no intente agredirla. Ron, si le pasase algo… - no pudo terminar la frase, tenía la garganta agarrotada por el dolor.

- Tranquilo, Harry, por favor. No volverá a pasar, por mi vida que no pasará – le aseguró – Por millonésima vez, lo que sucedió a Lilith no fue tu culpa, y lo que está pasando ahora tampoco.

- Eres el mejor hombre que he conocido – le agradeció, mirándolo con cariño.

- Será porque me paso el día al lado del mejor hombre que he conocido yo – el pelirrojo intentó parecer serio, fingiendo no haberse emocionado por las palabras de su mejor amigo.- Esa chiquilla es un imán de problemas – afirmó Ron, refiriéndose a E.J. y cambiando de tema para disimular; pero su preocupación era sincera.

- Lo sé, y lo temo. Anda, ve en su busca y hazla venir. Después de hablar con ella reuniremos a todos los demás aurores y les pondremos en antecedentes de todo el asunto. Ahora que sabemos dónde estaba la fuga de información, ya no tiene sentido que les sigamos ocultando lo que pasa. Debemos poner fin a esta locura de una vez y para siempre.

Ron asintió, totalmente de acuerdo con él, y se marchó de la oficina sin más dilación.

Al saberse solo, por un momento Harry aprovechó para cerrar los ojos, intentando relajarse lo justo para poder pensar con claridad. Sabía que el dolor y la preocupación que le causaban las violaciones y muertes que Blacksoul había cometido, y el temor por las que estuviesen aún por suceder, era en gran parte lo que le mantenía despierto, atenuando el efecto de las pociones que no había podido dejar de tomar; así que hizo un arma de la rabia que sentía por ello y se concentró en ejercer su trabajo como si su cuerpo estuviese a pleno rendimiento.

Súbitamente, sintió que alguien comenzaba a masajear sus hombros con habilidad. Por un momento se alarmó, ya que no había notado que nadie hubiese entrado en el despacho, cuando él normalmente podía detectar cualquier movimiento dentro de él sólo presintiéndolo, por mínimo que fuera. Pero lo achacó a su particular estado de salud y pensó que sólo Ginny podía ser la persona que osase irrumpir en su santuario de aquel modo, así que se relajó, contento de ver que su joven esposa ya se encontraba mejor.

- Hum…tienes unas manos prodigiosas… - él ronroneó, satisfecho, aún con los ojos cerrados. Sintió un dulce beso en el cuello, que le hizo estremecer de placer.

- Ya iba siendo hora de que te dieses cuenta – sonó una voz femenina, melosa; pero que en absoluto era la de Ginny.

Harry dio un salto en su sillón. Intentó revolverse como una fiera, zafarse de aquellas manos que lo retenían de forma traicionera. Al hacerlo, su pecho fue lacerado por un dolor punzante que le dejó sin resuello, y comenzó a respirar de forma entrecortada, jadeante, con ambas manos pegadas a él como si la vida le fuese en ello. La mujer, que no esperaba aquella reacción, lo soltó inmediatamente y salió corriendo del despacho, en busca de ayuda.

- ¡Por favor! ¡Que alguien me ayude! – comenzó a gritar, desesperada - ¡Harry!

Al escuchar el nombre del Jefe, todos los aurores se apresuraron a correr hacia el despacho, incluido Ron, que se abrió paso entre los demás, desesperado. Ginny y E. J., al oír jaleo fuera del cuarto de archivo, donde habían estado ordenando expedientes por orden de Harry, volvieron a la sala para ver qué estaba sucediendo. Al ver que todos se apresuraban a entrar en el despacho de su esposo, a Ginny le dio un vuelco el corazón, y corrió a alcanzarles como alma que lleva el diablo.

- ¡Harry! ¿Qué ha pasado? ¿Qué tienes? – Ron gritó, arrodillándose frente a su amigo y mirándolo lleno de alarma. Al ver que el chico no podía responder, se asustó todavía más - ¡Ayudadme a llevarlo a San Mungo!

- No – el moreno negó, más con la cabeza que con palabras, y cogió a Ron fuertemente por un brazo – Maldita sea, dejadme respirar – casi susurró, con voz ronca.

Ron hizo un fuerte ademán a los demás para que se apartasen y no agobiasen a su jefe. Beatrice se resistía a alejarse del lado de Harry, donde había vuelto, a pesar de que él no desviaba la mirada de sus ojos, traspasándolos con furia; pero el pelirrojo la tomó por un brazo de forma impetuosa y la apartó él mismo, sospechando que ella había tenido gran parte de culpa en lo que fuese que había sucedido allí. Mientras, Ginny había entrado corriendo hasta alcanzar a su esposo, que nada más verla intentó sonreír para tranquilizarla.

- Harry, por favor, vamos a San Mungo – le rogó ella, con voz suplicante.

- Está bien, vamos. Pero no para mí, sino para ti – él respondió, decidido, manteniéndole la mirada.

- Ahora no es momento para tonterías, Harry. Si tu dolor ha empeorado, es hora de que te traten los mejores profesionales – insistió ella con más ímpetu, frustrada.

- No ha empeorado, ha sido culpa mía – su respiración volvía a la normalidad de forma evidente con cada inhalación, algo que hizo que todos los allí reunidos se tranquilizasen y comenzasen a interesarse por los detalles del suceso.

- ¿Cómo que ha sido culpa tuya? ¿Qué demonios ha pasado aquí? – Ron quiso saber.

- Me he exaltado, nada más. Estas puñeteras costillas han hecho el resto. Ron – ordenó a su segundo con voz autoritaria – por favor, comunica al departamento correspondiente el cese inmediato en sus funciones de la señorita Blacksoul. A Kingsley, yo se lo diré.

Los demás se sorprendieron, pero Ron lo miró con los ojos como platos. Escuchar aquello en la situación en la que se encontraban, era lo último que esperaba oír.

- ¡Eso es imposible! – gritó la chica nada más escucharle, Ron intentó retenerla, pero no pudo evitar que se colocase frente a Harry e intentase cogerle de la mano; aunque no hizo falta, la gélida mirada que él le dirigió fue suficiente para hacerla detener en el acto.

- Se lo advertí, señorita. Le dejé bien claro que su próxima subida de tono en este Ministerio supondría su despido inmediato – él respondió fríamente. – Si no se lo tolero a nadie, no veo porqué se lo voy a permitir a usted.

- ¡Por favor, Harry! ¡Deja que te explique! – le rogó ella.

- No hay nada que explique su indecorosa actitud. Hágase un favor a sí misma y márchese, antes de que consiga ponerse en evidencia ante todo el Departamento.

- ¿En evidencia? – bufó, indignada, dejando de fingir candidez - ¡Seguro que si te lo hubiese hecho ella, todo estaría bien! ¡La esperabas a ella!

- ¿Hacerte el qué? – Ron preguntó, cada vez más intrigado.

Todos asintieron, apoyándolo.

- Olvidar su papel en el Ministerio. Y por ello, inmediatamente, se va.

- ¿Y por qué ella no se va también? – insistió la otra, a la defensiva, señalando a Ginny con un dedo acusador y desdeñoso.

- Porque "ella", como usted la llama, a pesar de no trabajar para el Ministerio, cuando está en él, echando una mano no por mí, sino por todas las personas que están sufriendo – lo dijo de forma intencionada, refiriéndose a los actos despiadados cometidos por su hermano - sabe comportarse como es debido. Para empezar. Y porque si Ginny, mi esposa, como yo prefiero llamarla – remarcó estas últimas palabras, harto ya de tonterías, mientras la pelirroja lo miraba llena de amor - hiciese lo que ha hecho usted, está en su derecho de hacerlo. Yo mismo se lo di. ¿Le queda claro? No es el acto que usted ha cometido lo que está mal, sino dónde y a quién se lo ha hecho. Usted tiene un compromiso con el Ministerio, que últimamente se empeña en olvidar.

- ¿Esposa? – el rostro de Beatrice Blacksoul, quien parecía haber escuchado tan sólo aquella palabra, de todo lo que le había dicho el Jefe, pasó de una palidez extrema a un rojo intenso en cuestión de segundos, mientras los aurores observaban a Harry y a Ginny, atónitos.

- No pienso repetirlo. Recoja sus pertenencias y abandone el edificio inmediatamente. Dentro de media hora ya no será grata en este Ministerio.

- Te arrepentirás de esto, y esa arpía, aún más – ella le prometió, casi escupiendo las palabras.

- Las amenazas no hacen más que agravar su situación – respondió Harry, sin inmutarse.

La mujer, casi apunto de explotar, giró el rostro hacia todos lados, buscando en los aurores un apoyo que no halló en ningún rostro y, humillada, abandonó el despacho a la carrera.

- Merlín… Está visto que no es posible mantener nuestro matrimonio en secreto – Harry suspiró – Con que no trascienda a la prensa todavía, me conformo. – Después se dirigió a los demás – Ruego que disculpéis lo que habéis tenido que presenciar. Estoy abochornado. Todos sois conscientes de la escenita que me montó el otro día, algo que hoy se ha repetido. Todos tenemos aquí una gran responsabilidad, por eso no soy partidario de que ningún miembro de este Departamento os relacionéis de forma "personal" entre vosotros. Si sucede, lo entenderé, mientras no afecte a vuestro rendimiento en el trabajo, pero a largo plazo no hace más que traer problemas –explicó – Yo en ningún momento le he dado pie a ella para que se equivoque conmigo – dejo claro – pero ha sucedido, y lo lamento.

- No te preocupes, Jefe – lo tranquilizó Skood – no tienes porqué explicarnos nada. Esa mujer siempre se ha comportado como si todo el mundo debiese complacerla. Se daba unos aires de importancia, que no veas.

Los demás asintieron.

- Ha llegado el momento de que os cuente toda la verdad. Si no lo he hecho antes, es porque creíamos tener un topo en el Departamento, pero ese asunto ya está solucionado.

Sus subordinados se miraron entre ellos, sorprendidos e incrédulos.

- Aún no tenemos pruebas con las que condenar al violador y asesino de las mujeres relacionadas de algún modo con todos nosotros, pero ya hemos puesto rostro y nombre al maldito psicópata. Es, ni más ni menos, que Benjamín Blacksoul, el hermano de Beatrice.

La cara de sorpresa de todos ellos fue mayúscula, pero la de E. J. no lo fue tanto, sino más de incredulidad e indignación. Harry esperaba su reacción, y la silenció inmediatamente con voz imperativa.

- Ni una palabra. Tú y yo hablaremos luego.

E. J., a pesar de pensar que las sospechas de Harry eran ofensivas para su novio y para ella, no era tonta, y al darse cuenta del tono de advertencia que había en la voz de su jefe, guardó silencio. La mayoría de sus compañeros centraron toda su atención en ella, pero Harry fingió no haberse dado cuenta y continuó hablando.

- Por si no os suena, lo conoceréis por varios apellidos: Blacksoul, su apellido original, el que él mismo usa, orgulloso de sus orígenes humildes; Black, como se hace llamar el resto de su familia, intentando ocultar esos orígenes al hacerse pasar por parientes lejanos de los auténticos Black, todos sabéis a quiénes me refiero; y Soulblack, como los llama la gente del antiguo barrio donde vivían, que se burla de ellos, por renegar de lo que son.

- Claro… conozco a ese tipo… - asintió Skood - ¿No es el que no para de causarse problemas de toda índole? – Harry asintió.

- Hemos estado apunto de arrestarlo en varias ocasiones, por desorden público, amenazas y agresiones. Pero al final todas sus víctimas acaban retirando las acusaciones y el tipo sale impune. Creemos que les somete a algún tipo de extorsión – Ron explicó – Algunos de vosotros ya lo estáis investigando, y llevamos días controlando todos sus actos. Ahora puedo deciros porqué.

- ¿Y por qué creéis que él es el asesino? – preguntó Aroa Lockhart, una de las aurores más jóvenes.

- En parte por su comportamiento. Porque algunas de las acusaciones que sufrió hace tiempo, y por las que finalmente no pudimos llevarle a Azkabán, fueron intentos de violación. Creemos que estaba "practicando" para lo que vendría después – continuó Harry – y porque si él es quien desea vengarse contra el Departamento, tiene un poderoso motivo: la muerte de quien durante un tiempo fue su novia, y que lo abandonó para hacerse novia de un auror: Lilith Cosgrove.

- ¡Por Merlín! – Skood gritó - ¿Cómo se me ha pasado por alto esa conexión? ¡Pero si es cierto!

- No solo a ti se te ha pasado – lo tranquilizó Harry – sino a todos nosotros. La muerte de Lilith sucedió hace bastante tiempo, y Soulblack no estuvo relacionado con ella de forma directa. Pero algo me dice que hay mucho más de lo que nosotros conocemos. Cuanto más investigamos sobre este tipo, su personalidad se vuelve más oscura y tenebrosa. No sé cuántas atrocidades habrá cometido, de las que ni siquiera tenemos constancia.

Desde hace tiempo, E. J. observaba pálida a su jefe, con las piernas temblorosas. Se resistía a creer todo lo que estaba escuchando, pero algo en su interior le decía que no hiciese oídos sordos, que lo tomase en serio. Se revolvía entre la rabia contra aquella situación, la furia contra Black y contra sí misma – por amar tanto a un hombre que al parecer la estaba utilizando, y por no haberse dado cuenta de estarlo siendo -, y el deseo de que no fuese cierto. Se sentía desbordaba por aquella situación, deseaba salir corriendo, pero su alma de auror le impedía hacerlo. Sintió que aquello era lo más difícil a lo que se había enfrentado en toda su vida, y no encontraba fuerzas para hacerle frente. Si era cierto todo lo que estaba escuchando, se había convertido en la novia de un violador asesino, nada más y nada menos, y sin duda en el topo al que Harry se había referido al principio. Y tenía una duda que parecía una tontería, pero que era indicio de que en todo lo que Harry acababa de contar había algo de verdad: ¿Por qué, si Benjamin se presentaba ante todo el mundo con su apellido Soulblack, ante ella lo había hecho sólo como Black, el apellido que había adoptado el resto de su familia, y que él tanto despreciaba? Había muchas preguntas que responder en todo aquello, y no estaba dispuesta a quedarse sin respuestas, no después de haber sido utilizada por él de forma deliberada, tal y como parecía haber sucedido. Tomó la decisión de ir en busca de Benjamin cuando antes para dejar las cosas claras. No le hablaría de la investigación, ni del Ministerio, sino de ella y de él, de verdades y mentiras. Pero decidió disimular hasta la hora de comer, momento en que se escabulliría del Cuartel General de Aurores y haría su voluntad sin que nadie intentase impedirlo o cuestionar sus métodos. Pensó que Harry tenía razón: ella debía trabajar en equipo; pero no en este caso. Ahora era un tema personal y nadie tenía derecho a decirle cómo resolverlo. Así que escucharía a su jefe con paciencia y respeto, y después haría lo que había decidido. En aquel momento se sentía utilizada, por él y por sus compañeros, que estaba segura querrían aprovechar la situación para tender una trampa a Benjamin a través de ella; así que todos le debían algo, se lo debían. Intentando convencerse de que en realidad sabía lo que hacía, se tranquilizó.

- Debemos tenderle una trampa para atraparle y acabar con esto – Skood afirmó con pasión, y los demás estuvieron de acuerdo con él.

- Lo haremos – Harry les aseguró, algo que no hizo más que afianzar la decisión tomada por E.J., segura de que también él la acabaría utilizando – Por el momento, reuníos con Ron y él os pondrá a todos al día de cómo van las investigaciones. Y después, quienes no tengáis otros casos urgentes que resolver, quedaréis asignados a este y os reuniréis conmigo para trazar nuestro plan definitivo. Vamos a acabar con esto de una vez por todas, eso os lo juro.

- ¡Sí! – gritaron todos, enardecidos.

- Una cosa – interrumpió Skood, quien se había erigido nuevamente como portavoz de todos los demás – Jefe, señora del Jefe – miró a Harry y a Ginny con cariño – En nombre de todo el personal de Cuartel General de Aurores: felicidades por vuestro repentino, inesperado, pero no por ello menos deseado por todos nosotros, matrimonio. Sabed que nuestras bocas están selladas.

- No esperaba menos – Harry respondió, sonriendo, mientras estrechaba la mano a todos sus compañeros, que también besaron a Ginny cariñosamente.

- Bueno, ya les contarás los detalles en otro momento – Ron interrumpió – Aquí también hay mujeres deseosas de "detalles" – añadió, jocoso, guiñando un ojo a su cuñado, y la broma quedó sólo entre ambos, ya que los demás no pudieron entenderla. Harry lo miró con fingida amenaza – Todos conmigo – ordenó a sus compañeros. Tenemos mucho trabajo que hacer.

El despacho quedó vacío, excepto por E.J., Ginny y Harry.

Ginny se inclinó ante el rostro de su esposo, hasta alcanzar sus labios y depositar un dulce beso en ellos.

- Me vuelvo al archivo. Nos queda mucha tarea por hacer – lo besó de nuevo – Ya me contarás qué te ha hecho esa arpía – susurró a su oído con malicia. Después le guiñó un ojo, y se marchó, sabiendo que Harry y E.J. necesitaban quedarse a solas para mantener la conversación que tenían pendiente.

Harry hizo sentar a E.J. en una de las sillas que había frente a su mesa de despacho, y le contó con todo lujo de detalle lo sucedido a Lilith Cosgrove, comenzando por decir que ella había sido la anterior novia de Benjamin hasta que lo dejó para intentar conquistarle a él mismo. Le relató cómo murió después y quién la mató. También le hizo partícipe del amplio y conflictivo expediente policial que Benjamin poseía en el Ministerio. Y finalmente le argumentó porqué Ron y él estaban convencidos de que él era el violador y asesino de todas las mujeres relacionadas de algún modo con personal del Departamento de Seguridad Mágica. Le dio fechas, datos y situaciones concretas, para que ella no pudiese escudarse en ninguna excusa para disculparlo.

Ella escuchó atentamente, sin perderse ni una palabra de lo que él decía, al principio con el escepticismo reflejado en el semblante. Pero poco a poco tuvo que reconocer que la argumentación de Harry era intachable, y se vio obligada a aceptar la evidencia: Benjamin era el hombre que buscaban, y por tanto, ella había sido engañada y traicionada por él para ser usada como marioneta. Aunque tener esa certeza aumentó sus ansias de preguntar al que aún era su novio por qué la había utilizado; necesitaba escuchar de sus propios labios que jamás la había querido y que nunca lo haría, a pesar de que ella ya no podría estar a su lado nunca más por las atrocidades que había cometido.

La chica se armó de valor y respiró hondo, tratando de no salir corriendo del despacho en busca de aquel mal nacido.

- Y claro, ahora vas a pedirme que sirva de cebo para atraparlo, cuando realmente no confías en mis capacidades para llevar a cabo una misión con éxito –acusó a Harry, rencorosa.

- ¿Estás loca? ¡Lo que tienes que hacer es alejarte de él lo máximo posible! – respondió el Jefe, sorprendido e indignado por igual. - ¡Bajo ningún concepto permitiré que te inmiscuyas en este caso! ¡Estás demasiado implicada con ese tipo como para que puedas pensar con objetividad! Te he prometido que tendrás tu oportunidad, si aprendes a acatar mis órdenes sin rechistar y la tendrás, pero no en esta ocasión. ¿Entendido?

- Entendido – ella aceptó inmediatamente, con demasiada sumisión para lo impetuosa que era, según Harry, algo que le hizo enarcar una ceja, poniéndose alerta.

- Eugeene Joyce, no se te ocurra tramar nada a mis espaldas, porque en esta ocasión no sólo te costará tu puesto como auror en este cuartel, sino quizá tu vida. Blacksoul no se anda con bromas; si se entera de que estás enterada de sus andanzas, no dudará en quitarte de en medio – Harry le advirtió, preocupado.

- Eso será si puede – masculló ella por lo bajo.

- Te lo voy a decir de este modo: tienes diecinueve años, eres una mujer hecha y derecha; por ello, no voy a exigirte ni más ni menos que lo que exijo al resto de tus compañeros, y las consecuencias de una desobediencia serán para ti exactamente iguales que para ellos – le avisó - Te quiero casi como a una hermana, y te ataría a esa silla inmediatamente para protegerte, si fuese a servir de algo. Pero lo que hagas o no con tu vida, es tu propia decisión. Como amigo, te ruego que no arriesgues tu vida por nada de este mundo; y como jefe, te advierto que no voy a encubrirte ni una vez más, como hacía con tus misiones en prácticas.

- Es justo – respondió ella secamente, y se puso en pie, dispuesta a marcharse - ¿Algo más?

- ¡Por Merlín, E.J.! ¡No me hagas esto! – él gritó con frustración.

- ¿Hacerte qué? – la chica preguntó, fingiendo no saber a qué se estaba refiriendo con aquellas palabras. Y se marchó sin mirar atrás.

Harry dio un fuerte puñetazo encima de la mesa, se puso en pie y caminó fuera del despacho. Ron y los demás se habían reunido entorno a la mesa del pelirrojo, y debatían juntos la información aportada por él. Al ver al Jefe acercarse, inmediatamente se giraron hacia él y le prestaron toda su atención.

- No deberías estar caminando, Jefe – le regañó Stanley Apkis, uno de los más veteranos.

- Déjate de tonterías y escuchadme bien. Acabo de hablar con E.J. Todos debéis saber ya que ella era, sin saberlo, novia de ese maldito violador – la mayoría asintió en silencio – Le he puesto en antecedentes de todo el asunto, y aunque parece ser que ha aceptado la verdad, temo que vaya a encararse con él por haberla utilizado.

- ¿La vigilamos? – se ofreció Tanya Lloyd, una morena despampanante de ojos vivarachos.

- No hará falta. Vigiladlo a él, como unos pocos de vosotros ya veníais haciendo, a pesar de no haberos sido revelado el motivo de ese seguimiento. De hecho, dos de vuestros compañeros lo continúan haciendo en este mismo momento. Si descubrís a E.J. acercándose a él o a su casa, retenedla. No importa lo que diga o lo que haga. ¿Entendido?

- Alto y claro – Ron respondió. – Hace unos minutos me he cruzado con Kingsley en uno de los pasillos y he hablado con él sobre lo sucedido con Beatrice. Por supuesto, me ha dejado bien claro que si esa ha sido tu decisión, él está completamente de acuerdo con ella. Ha aprovechado y me ha preguntado por el asunto del violador, y le he prometido que en cuanto tengas un momento, te pasarás por su despacho para ponerle al día sobre la investigación.

- Muchas gracias, Ron. Voy a hablar con él ahora mismo. En cuanto vuelva, os quiero a todos en mi despacho – les ordenó.

El resto del día pasó sumamente rápido para Harry y sus hombres, quienes trazaron un plan sólido para tender una trampa a Soulbkack, y al marchar a casa, todos ellos sintieron una gran esperanza, comenzando a creer por fin que la pesadilla que había sumido su vida y la de sus familias en el dolor estaba tocando a su fin.

Después de cenar, Harry y Ginny se relajaron tumbados en la cama. La pelirroja prohibió a su flamante marido que continuase con el trabajo encerrado en su despacho, y se dedicó a acariciarle el rostro con ternura, mientras él se relajaba y ella lo observaba tranquilamente, sin cansarse nunca de mirarlo con adoración.

- ¿Qué te ha hecho esta mañana esa rubia de bote para causarte tal enfado? – la chica preguntó, llena de curiosidad, intentando camuflar en su voz los pequeños celos que sentía.

- Me ha dado un masaje en los hombros, y después me ha besado en el cuello – él musitó, completamente relajado.

- ¿Que ha hecho qué? – Ginny casi gritó, atónita, dejando de acariciarle - ¿Y tú te has dejado?

Él abrió los ojos y la miró con reproche.

- ¿Cómo crees que voy a dejarme? ¡Por Merlín, Ginny! ¡No la he oído llegar, en ese momento yo tenía los ojos cerrados, intentaba tranquilizarme, y he creído que eras tú! ¿Cómo iba a imaginar que ella se atrevería a hacerme semejante cosa? ¡Soy su jefe! ¡Por favor! Bueno, lo era.

Continuó mirándola, molesto, y de pronto ella comenzó a reír.

- ¿De qué demonios te ríes ahora?

- No he podido evitar imaginar la cara que habrás puesto cuando te haya dado cuenta de tu error – ella le explicó, entre risas.

- Sí, sí, ríete ahora – bufó - Pero no me negarás que en el fondo, te has puesto celosa.

- Sí… muy celosa, y por eso voy a tener que recordarte cómo beso yo, para que jamás vuelvas a caer en la trampa de ninguna pérfida mujer – susurró, provocativa.

Hizo ademán de besarlo, pero cuando casi los labios del chico iban a recibirla con avidez, ella se separó de ellos, y acercó los suyos lentamente al cuello de él, deteniéndose a escasos milímetros de su palpitante piel, para hacerle sentir su calor, para que desease su contacto como un adicto al que han privado de su droga durante demasiado tiempo; y después apenas lo rozó con ellos, una y otra vez, dulce y suavemente. Harry sintió una descarga de adrenalina desde la cabeza a los pies, y gimió de placer sin apenas darse cuenta.

- Detente, por lo que más quieras – le suplicó - Sabes que no puedo responderte como deseo, en estas condiciones. Voy a volverme loco.

- ¿Cómo que no? Tú sólo relájate, Potter, y déjame hacer a mí. Te vas a enterar.

- Pero yo no puedo…

- Shhhhh… - lo acalló, besando sus labios de forma sensual y tentadora, mientras se sentaba con suavidad a horcajadas sobre su abdomen.

Por toda respuesta, él le acarició los muslos desnudos, lleno de deseo.

A varios kilómetros de Godric´s Hollow, y en el viejo salón de una casa más vieja aún situada en un olvidado barrio de Londres, una rubia mujer ordenaba con furia a un hombre cuyo rostro se parecía demasiado al de ella:

- ¡Mátala! ¡Acaba con ella! ¡Pero antes, haz que sufra! ¡Que sufra! – se tiró del pelo, casi histérica - ¡Que sufra los infiernos!

- ¿Por qué? – preguntó él hombre, estudiando todos sus movimientos y reacciones con mirada gélida.

- ¡Tú hazlo! ¡Mátala! – gritó forzando la voz, lo que le provocó una tos ronca que no pudo contener.

- Será un auténtico placer – él aceptó por fin, con una sonrisa ladina, que la mujer interpretó como de placer, pero que ocultaba mucho más.


Comentarios de la autora:

Hola a todos.

Este capítulo me ha costado poco tiempo de escribir. Lo que me ha costado mucho es encontrar ese tiempo para hacerlo; por eso se me ha retrasado más de una semana.

Ha sido bastante intenso, y presagia un final movidito, jeje. Y lo que está por venir...

Creo haber respondido a todos vuestros reviews, pero si me dejé alguno por responder, creedme que lo siento y que agradezco de corazon todos y cada uno de vuestros mensajes, pero de todo corazón. Eso jamás lo dudéis. Escribo a ratos, respondo reviews a ratos... Quiero decir que al tener que interrumpir mis acciones tan a menudo, acabo no sabiendo qué he hecho y qué no. Al final todo resulta un poco caótico, pero si no lo hiciese así, ni siquiera podría escribir o publicar.

Por cierto, ¿habéis visto las fotos de la premiere de Londres de HP7? ¡Daniel Radcliffe está más guapo cada día que pasa! ¡No imagino a otro siendo Harry que no sea él! Sé que algunas no estaréis de acuerdo conmigo, pero tenéis que saber que cuando imagino a Harry, es la cara de Daniel la que veo y en la que me inspiro. Eso es lo que hay, jeje.

Os mando un abrazo muy fuerte a todos los que seguís este relato, y como siempre, espero con ansia vuestras opiniones.

Hasta muy pronto.

Rose.