Capítulo 18: Secuestro.

El martes, nada más amanecer, Harry se marchó al Ministerio de Magia con urgencia. Ginny trató por todos los medios de acompañarle, pero él hizo valer todo su carácter para obligarla a quedarse en casa. La tarde anterior, Hermione se había ofrecido para acompañarla durante todo el día siguiente - aprovechando que se había tomado un par de días libres por las vacaciones que aún le debía el Ministerio de Magia pertenecientes al año anterior – al verla tan pálida y enferma, y Harry no lo dudó ni un segundo. Así que Ginny prácticamente se vio obligada a quedarse en casa, algo que en el fondo agradeció, pues sus vómitos matutinos la habían golpeado con fuerza aquella mañana. Hermione llegó a la casa una hora más tarde, y la halló tumbada en la cama, con un mareo que no la abandonaba.

En el Ministerio, a primera hora, Harry recibió a los dos aurores que se habían encargado de vigilar el domicilio de Benjamín Blacksoul durante toda la noche anterior. Ambos se hallaban muertos de sueño, pero su obligación era dar parte de su trabajo antes de marcharse a dormir, tal y como todos hacían cuando acababa su turno de vigilancia en la vieja casa del que era el mayor sospechoso de las violaciones y crímenes que se llevaban sometiendo desde hace semanas.

- Nada, Jefe, absolutamente nada – se lamentó Aroa Lockhart, abatida – E.J. no ha aparecido por esa casa, y nadie la ha visto desde que se marchó de aquí, ayer a medio día.

Harry miró a ambos con desesperación, pero permaneció en silencio, meditativo, mientras ello se dirigían el uno al otro una mirada de complicidad, que al Jefe no le pasó desapercibida.

- Jefe, si me permites, los dos pensamos que la chica ha conseguido entrar, no podríamos decirte cómo, pero algo nos dice que ella está dentro – Harry centró toda su atención el él, inquisitivo – No tenemos motivos fundados para decirte esto, pero lo sentimos dentro; conocemos a E.J. lo suficiente como para temer un acto semejante por su parte. Y además, las luces de la casa no se han apagado durante toda la noche, como si Black hubiese tenido compañía… o como si estuviese preparando algo que le hubiera mantenido demasiado ocupado…

- Es cierto que, durante todo el tiempo que ha durado la vigilancia de esa casa, casi nunca se le ve entrar o salir – añadió Aroa – y que, en teoría, cuando se han cometido todas las violaciones y asesinatos él siempre ha permanecido en casa, pero si estamos seguros de que él es el culpable, es obvio que ha salido, y pienso que es por donde él sale, por donde ella ha entrado allí – argumentó.

- Dios mío, condenada chiquilla… - Harry musitó, preocupado – Por todo lo que me habéis contado, tanto vosotros como vuestros compañeros destinados a la vigilancia de Blacksoul, ese tipo está preparando algo grande, y ese algo sucederá pronto. Ya había tomado una decisión, y vosotros no habéis hecho más que afianzarme en ella. Skood, sé que no has dormido y siento pedirte esto ahora, pero quiero que reúnas a todos los aurores disponibles y que no os mováis de aquí a no ser que sea estrictamente necesario; en cuanto Ron vuelva de la misión que le he encomendado, quiero que le pongas al día y todos vengáis a mi despacho. Mañana asaltaremos esa casa, no podemos esperar más – concluyó con firmeza.

- ¡Sí, Jefe! – el hombre se puso en pie y se apresuró a cumplir su cometido.

- Aroa, tú quédate un momento – el moreno pidió a su subordinada.

- ¿Qué pasa, Jefe? – ella lo miró a la expectativa.

- No lo tomes a mal, Aroa, pero he notado cómo Skood te mira cuando cree que yo no puedo verlo, y también que a ti no parece incomodarte tanta atención por su parte – por un momento, ella enrojeció, sorprendida y avergonzada por igual, pero pronto regresó a su rostro su expresión segura de sí misma - ¿Qué sucede entre vosotros? Quiero la verdad.

- Aún nada, Harry, pero si te soy sincera, me gustaría que algún día sucediera – sonrió con naturalidad – Hace tiempo que sé que él siente algo por mí, y yo también lo siento por él. Pero creo que él no se atreve a decirme nada al respecto debido a los años que nos separan. Yo apenas tengo tu edad, y él me aventaja en casi quince años… - él escuchó en absoluto silencio – No me separes de él, te lo ruego, hacemos un buen equipo, hemos aprendido a adaptarnos el uno al otro a la perfección, algo que nos hace más eficientes.

- ¿Y vulnerables? – Harry fijó su mirada en los ojos de la chica.

- ¿Quién no se muestra vulnerable, cuando alguien ataca su punto débil? La única diferencia es que mi punto débil está junto a mí, y no fuera. Pero te juro que pase lo que pase, incluso aunque lo nuestro jamás llegue a nada, o si después de hacerlo no funcionara, ni él ni yo perderemos nuestra profesionalidad, eso te lo juro por mi vida. Sabes que yo no soy como mi tío Gilderoy, no vendo humo, Harry, lo sabes.

Ahora fue ella quien lo observó con seriedad, esperando su respuesta. Harry se acarició la barbilla, pensativo, y tomó una decisión.

- Por supuesto que lo sé. Y voy a decirte algo. Desgraciadamente, tú no conociste a los padres de mi ahijado: Remus Lupin y Nymphadora Tonks. Él no fue auror, pero ella sí, una de las mejores que podré conocer jamás – ella alzó una ceja, sin comprender a dónde el chico estaba intentando llegar – Lo que quiero decirte, es que él tenía la edad que debería haber tenido mi padre de estar vivo, cuando ambos se casaron, y ella me sacaba a mí unos pocos años, nada más. Se llevaban trece años, pero eso no impidió que se amasen con todo su corazón, hasta el mismo momento de su muerte – por un momento se interrumpió, acongojado al recordarlos - Si crees que él vale la pena, hazselo saber, no permitas que el tiempo pase sin que estéis juntos, porque día que pasa, día que ya no regresa.

La mirada de Aroa chispeó, radiante y agradecida.

- Sé que no debo abrazarte, al menos aquí, pero si algún día nos encontramos fuera de servicio, quizá lo haga – afirmó con picardía – Gracias, Jefe, gracias.

- Gracias a vosotros – el joven dijo sin más. - Otra cosa, ya que los dos mantenéis la teoría de que la casa de Soulblack debe tener una entrada oculta, a Skood y a ti os encomiendo hallarla. Tenéis sólo el día de hoy. Si la encontráis, la usaremos para asaltarla, y si no, lo haremos al modo convencional. ¿Entendido?

- Entendido. Voy a echar una mano reuniendo a los compañeros, y enseguida Skood y yo nos marcharemos de nuevo – se ofreció, e hizo ademán de irse.

- No esperaba menos de ti. Nos vemos luego.

- Siempre a tus órdenes – ella respondió, y salió del despacho con fuerzas renovadas.

Sin darse cuenta, Harry se abstrajo en los recuerdos de otra época, difícil, triste y trágica, pero en la que al menos tuvo a su lado a personas a las que ahora echaba tanto de menos…

- ¿Se puede? – escuchó ante la puerta, que había quedado entreabierta al marcharse Aroa Lockhart. Enfocó la mirada hacia el origen de la voz, e inmediatamente el rostro se le iluminó con una sonrisa.

- ¡Phineas Argorus! ¡Qué grata sorpresa!

- La necesitabas, jovencito, no puedes imaginar la cara de palo que estabas mostrando cuando he llegado – Harry recuperó su semblante triste, aunque volvió a sonreír con amabilidad – Ya estoy al tanto de lo que está pasando aquí, y quiero que sepas que el Wicengamot y yo apoyaremos al cien por cien cualquier decisión que tomes.

- Gracias, quiero que sepa que soy consciente del valor de lo que acaba de decirme.

- Bueno, muchacho, fuera esa cara agria por un momento. He venido a traerte esto – le alargó un sobre envejecido color manila, que Harry tomó de sus manos intuyendo lo que iba a encontrar dentro de él.

El joven abrió el sobre con impaciencia, y extrajo su contenido: las fotos de su boda con Ginny. Había varias copias de cada una, aquel hombre había pensado en todo. Las pasó una a una varias veces, emocionado; en una de ellas, salía el retrato de Albus Dumbledore colgado en la pared; el viejo director sonreía alegremente. Se puso en pie y caminó hacia Phineas, a quien abrazó con cariño.

- Gracias, gracias, son maravillosas.

- Tú y la joven Ginny también lo sois – el hombre sonrió de forma paternal – Bueno, tengo que irme a una reunión del Wicengamot. Aún llego a ellas con la esperanza de conseguir quitar tanta seriedad a esas caras arrugadas, ¿sabes? ¡Me estoy haciendo viejo por su culpa! ¡Ellos me lo pegan! ¡Yo estoy hecho un chaval! – protestó con vehemencia, alzando un huesudo dedo frente al rostro de Harry.

- Lo sé, lo sé. Algo habrá que hacer con eso, está claro – el otro le apoyó con una amplia sonrisa.

- Dale una copia a Minerva, que no se te olvide – le pidió antes de marcharse.

- Ah, Ah… A usted le gusta la directora Mcgonagall, ¿a que sí? ¡Le tengo calado! – se vengó por los nervios que el otro le había hecho pasar durante el día de su boda.

- ¡No digas tonterías, jovenzuelo! – Phineas lo amonestó, enrojeciendo hasta la punta de las orejas - ¡Ya hablaremos! ¡Me voy, que llego tarde! – y se marchó como una exhalación, dejando a Harry riendo para sus adentros.

ooo00O00ooo

El día transcurrió como Harry lo había planeado. En cuanto Ron regresó de su misión, el Cuartel en pleno se reunió en el despacho del Jefe, y se ultimaron los planes para el asalto a la casa de Soulblack. Skood y Aroa no regresaron durante todo el día, por lo que Harry decidió cerrar los planes tan sólo teniendo en cuenta los accesos conocidos a la vieja casa.

A última hora y apunto de marcharse, Harry se reunió a solas con su cuñado.

- ¿Tienes prisa? – le preguntó.

- No, si de todas formas, Hermione está en tu casa, así que he de volver contigo. ¿Por qué?

- Porque antes de volver, quiero que me acompañes a un lugar.

- ¿A dónde? – Ron miró a su mejor amigo, intrigado.

- A Hogwarts – Harry alargó al chico el sobre que Phineas le había entregado. Ron lo cogió con cautela, esperando hallar allí algo relacionado con el caso Blacksoul. Al sacar las fotos, las contempló con sorpresa, y pronto su cara adoptó una expresión alegre - ¿Qué dices, te vienes? Sé que la directora Mcgonagall se alegrará mucho de verte, y también Neville.

- ¡Por supuesto que voy! ¡Tío, estáis guapísimos! ¡Y a Ginny se la ve tan contenta!

- ¡Ah! ¿Y a mí no?

- ¡Calla, idiota! ¡Ya sabes lo que quiero decir!

- Sé lo que quieres decir – sonrió alegremente – Bueno, ¿nos vamos? Cógete fuerte de mi brazo, que voy a transportarnos al Castillo.

- Oh, Merlín, otra desaparición. Ya sabes cuánto las odio – se quejó el pelirrojo.

- Vamos, no refunfuñes. Tú agárrate fuerte y no pasará nada. No podemos perder tiempo llegando allí por medios menos rápidos. Quiero volver a casa cuanto antes, me preocupa Ginny.

- Si no hay más remedio, vamos allá.

Ron se agarró del brazo de Harry con todas sus fuerzas, y los dos hombres se transportaron al Gran Castillo. Al aparecerse en el despacho del director del Colegio, único lugar donde unos pocos privilegiados podían hacer valer el arte de la aparición en los dominios de Hogwarts, McGonagall y Neville, que por casualidad se hallaban reunidos en el mismo, dieron un respingo.

- ¡Por Merlín, Harry! ¡Algún día vas a acabar con mi corazón! – le reprendió la directora, una vez repuesta del gran susto.

- Lo siento, directora, intento no usar este método de transporte cuando vengo aquí, pero es que hoy Ron y yo llevamos mucha prisa, y no podíamos venir de otro modo – el moreno se disculpó.

- ¡Ey, tío! ¡Qué alegría verte! – Neville se apresuró a estrechar la mano del pelirrojo y a abrazarlo - ¡Cuánto tiempo!

- ¿Qué vocabulario es ese, profesor Longbottom? – lo reprendió la directora.

- Lo siento – se disculpó el joven. Los tres amigos se miraron con complicidad, medio riendo.

- He venido a traeros esto – Harry ofreció una copia de las fotos a cada uno, y ambos profesores centraron toda su atención en ellas.

- ¡Oh, son unas fotos preciosas! – Neville fue el primero en reaccionar.

- Son magníficas – se sumó Minerva.

- A Hannah le encantarán… Estoy seguro de que en cuanto se las enseñe, les buscará un lugar destacado en nuestra casa.

Harry asintió con seriedad, con la mirada fija en él.

- Harry, ¿qué te pasa? – Neville preguntó, estudiándolo con la mirada – Algo te preocupa, es evidente. Tú no has venido aquí sólo a traernos estas fotos, ¿verdad?

- No, Nev, tienes razón.

- Vamos, ¿qué es? Cualquier cosa que necesites…

McGonagall asintió, desviando toda su atención hacia el moreno. Ron lo miró con sorpresa.

- Se trata de Ginny. Lleva desde el domingo enferma, vomitando a todas horas, pálida como la cera – se explicó - En cuanto se levanta por las mañanas, lo primero que hace es vomitar. Después va sintiéndose mejor, pero eso no quita que siga enferma. La comida le molesta, cualquier olor le molesta… La muy cabezota se empeña en no ir a San Mungo a que la revisen, y yo voy a volverme loco porque no me deja ayudarla – tomó aliento, frustrado - Nev, sé que no eres sanador, pero tú tienes muy buena mano para detectar dolencias y sanarlas a través de la herbología. Estoy desesperado, no sé qué hacer…

McGonagall y el joven profesor se miraron de una forma que a Harry le pareció extraña, tras lo cual, su amigo comenzó a reír a carcajadas; Ron y Harry lo escrutaron fijamente, atónitos.

- ¡Por Merlín! ¿Acaso es cómico lo que te estoy contando? – Harry le gritó, airado; inmediatamente se vio obligado a sentarse en una de las sillas por la fuerte punzada que sintió en las costillas.

- Perdona, amigo. No es cómico, evidentemente, sino maravilloso – Neville respondió, todavía entre risas.

- Se te va el caldero – Ron afirmó, mirándole de forma amenazadora – Con perdón por la expresión, profesora – concluyó, dirigiéndose a la profesora y sintiendo la misma vergüenza que si todavía fuera un adolescente alumno de Hogwarts.

- No, chicos, no se me va - el más alto afirmó, ya más sereno - ¿Acaso no os dais cuenta de lo que está pasando? – miró a ambos de hito en hito, como si lo que intentaba decirles estuviese tan claro, que ellos dos fueran un par de tontos por no verlo – Ah, es verdad, ninguno de los dos tenéis hijos todavía…

- Ni tú, listillo, - Harry contraatacó rápidamente - que Hanna esté embarazada no significa…- calló de súbito, abriendo los ojos como platos, mientras clavaba sus ojos en Neville como si acabase de conocerle - ¡Oh, Dios! – exclamó - ¿Es posible?

- Eso, tú me lo dirás – Neville asintió con una amplia sonrisa, dándose cuenta de que el otro por fin había comprendido. También la sonrisa de Harry se amplió de forma desmesurada, aunque su semblante palideció como la cera.

- ¿Se puede saber de qué vais? – Ron interrogó a ambos, alarmado - ¿Qué le pasa a mi hermana? ¡Vamos, hablad! ¡No os quedéis ahí, mirándoos como idiotas!

Harry desvió su mirada hacia su mejor amigo, e intentó hablarle, pero tan sólo pudo boquear como un pez agónico, algo que consiguió alarmar a Ron todavía más.

- ¡Por Merlín, Harry! – la mujer le reprochó, exasperada – Ronald, lo que tu mejor amigo intenta decirte con tan poco éxito, es que muy probablemente, tú vayas a convertirte en tío muy pronto.

- ¿En tío? – por un momento, el pelirrojo miró a ambos de hito en hito, sin comprender - ¿En tío de quién?

- Esto es divertidísimo – Neville afirmó con un brillo jocoso en los ojos – Vamos a ver, Ron. ¿De quién estábamos hablando?

Ron se fijó en él, aún pensativo.

- De Ginny…

- ¿Y entonces?

Finalmente, Ron sonrió con condescendencia, como si su joven amigo se hubiese vuelto loco.

- Tan pronto, eso no puede ser… - objetó, convencido. Se dirigió a Harry, quien le devolvió la mirada seriamente, y asintió.

- Sí puede ser – el moreno balbuceó, aún blanco como la cera – Y yo no sé qué es tener un padre, no tengo ni idea de cómo se educa a un niño… Oh, Merlín, voy a ser un desastre como padre – se lamentó, mientras Ron lo observaba con ojos desorbitados por la sorpresa.

- ¿Pero qué tontería es esa? – Minerva le encaró – Es cierto que no pudiste disfrutar de tu padre, pero siempre has tenido a tu lado a grandes hombres, como Arthur Weasley, Albus Dumbledore, Sirius Black, Remus Lupin… ¿quieres que continúe? – Harry la miró, poco convencido - ¿Acaso tú no has resultado ser un hombre de provecho, de éxito, a quienes muchos admiran? ¿Jamás has aprendido nada que desees enseñar a tu hijo?

Al escucharla, Harry la miró con alegría, alejando de sí el miedo que, por un momento, le había dominado.

- Hay tantas, tantas cosas, que desearía enseñarle a un hijo mío… Pero lo que más deseo es darle todo el cariño de un padre, algo que yo tanto necesité.

- Ahí lo tienes – ella se reafirmó con un potente ademán – Y además, Ginny y tú nunca estaréis solos. Tenéis a vuestra familia para apoyaros y aconsejaros, nos tenéis a nosotros… Y no olvidemos que tú ya eres "padre" de un pequeño que te adora, y con el que estás haciendo un trabajo magnífico, debo decir. ¿No es así?

- Mi pequeño Teddy… - se le iluminó el rostro al recordar al niño.

Como impulsado por un resorte, se levantó de la silla donde había permanecido sentado y tomó a un catatónico Ron por el brazo, tirando de él. El joven salió de su asombro el tiempo justo para mirarle y afirmar.

- Dios mío, vas a ser padre, y yo voy a ser tío de nuevo.

McGonagall y Neville rieron, encantados.

- En marcha, tío Ron – le instó Harry - Vamos a pasar por la Madriguera antes de regresar a Godric´s Hollow. Hay algo que he de resolver allí – anunció, mientras seguía tirando de él con insistencia – Gracias por todo, Neville, profesora – soltó al pelirrojo únicamente para estrechar la mano de su amigo y abrazar y besar en la mejilla a la profesora, quien enrojeció sin poder evitarlo.

- ¿Vas a desaparecer? – la mujer preguntó a su antiguo alumno, aún avergonzada.

- Por supuesto, así hemos venido – Harry respondió con una radiante sonrisa – Agárrate a mi brazo con fuerza, Ron. ¡Nos vamos!

Un instante después ambos hombres se habían marchado.

- Cuánto me recuerda al director Dumbledore – ella susurró, melancólica – Y tiene su talento.

Neville asintió, orgulloso de su amigo.

- Hizo bien en mantener su privilegio de ser una de las pocas personas con permiso para aparecerse dentro del Castillo. Ya no sólo por cuánto se lo ha ganado a lo largo de los años, sino también por el puesto de responsabilidad que ocupa en la actualidad. No existe nadie en el mundo que lo merezca más que él – afirmó el chico, convencido.

- Me tomarás por loca, joven Longbottom, pero en cierto modo, yo echo de menos la época en que todos vosotros erais alumnos de Hogwarts, y Albus Dumbledore aún estaba vivo. De alguna forma, fueron buenos tiempos – miró al chico como si este fuera a regañarla, pero en cambio, el profesor sonrió, comprensivo.

- Sé perfectamente lo que quiere decirme, y estoy totalmente de acuerdo con usted – tomó a la mujer del brazo con ternura - ¿Qué tal si vamos al Gran Comedor? Como cada noche, los alumnos esperan contar con su maravillosa presencia para la cena.

- Eres un adulador, joven – le dijo, tomándole por el brazo ella también y sonriendo encantada.

Y ambos caminaron tranquilamente fuera del despacho.

ooo00O00ooo

Como Ron había temido desde que escuchó a Harry decirlo, ambos chicos se aparecieron a las puertas de La Madriguera. Antes de llamar a la puerta, los dos se miraron con temor, pues era la primera vez que iban a encontrarse con la señora Weasley, después de la escena que se montó el domingo pasado en Godric´s Hollow. Harry respiró hondo, he hizo sonar sus nudillos contra la puerta; habrían podido entrar sin más, ya que aquella casa jamás permanecía cerrada, pero no lo vieron oportuno. Pronto la figura de una mujer pelirroja entrada en años se perfiló ante ellos.

- ¿Qué haces aquí? – Molly preguntó a Harry con cara de pocos amigos - ¿No me habéis echado de vuestra casa? Pues tampoco yo os quiero en la mía – le dijo con voz cortante – Y tú, ya que eres su cómplice, márchate también – ordenó al otro chico.

- ¡Mamá…! – le reprochó su hijo menor, pero su padre le interrumpió, apareciendo tras su esposa y adelantándose hacia ambos con rapidez.

- No le hagáis caso, hijos. Nos alegramos de veros – afirmó Arthur, apoyando su mano en el hombro de aquel al que consideraba como a uno más de sus hijos desde hacía tantos años.

- Hemos venido a traerles esto.

Harry ofreció un pequeño paquete hacia Molly, sonriéndole con tranquilidad para intentar poner paz, pero ella no hizo ademán de cogerlo. En cambio, Arthur lo tomó rápidamente de manos del chico y lo desenvolvió con soltura. Dentro había varias fotos, una de los novios rodeados por todos los testigos, y otras de Ginny y Harry a solas, mirando a la cámara, abrazados y sonrientes. Lágrimas de emoción se deslizaron por el rostro del hombre mayor.

- Gracias, hijo; es un hermoso regalo – ambos hombres se abrazaron con cuidado, llenos de cariño.

Al separarse, Harry caminó hasta la mujer y se plantó frente a ella, sin hacer caso del gesto de desdén con el que fue recibido.

- Molly, lo crea o no, Ginny y yo no nos casamos en secreto para hacerle daño a usted, ni a ninguno de la familia, a la que tanto amamos.

- Ya veo cómo lo hacéis, ya…

Al escucharla, Harry suspiró, pero continuó hablando.

- Sólo le diré esto: Ginny no la ha echado de nuestra casa, y yo tampoco, y jamás lo haremos. Sus palabras fueron dichas con ira, y le ruego que no se las tome en cuenta. Ella es fuerte e impetuosa, como usted, por eso sé que usted comprende perfectamente lo que intento decirle – por primera vez desde que él había comenzado a hablar, su suegra le miró, de forma acusadora, pero no pronunció palabra – Ella adora a su madre, la adora a usted, y a partir de ahora va a necesitarla más que nunca, porque si mis sospechas son correctas, Ginny, su hija, está esperando un bebé.

Tanto Arthur como Molly lo miraron con ojos como platos, y él sonrió cariñosamente.

- Sí, está embarazada. Yo acabo de enterarme, y la amo, me desvivo por ella y haría cualquier cosa para verla feliz. Pero por mucho que me esfuerce, no puedo saber cómo se siente íntimamente en su embarazo, no puedo arroparla ni reconfortarla como puede hacerlo otra mujer que sí ha sido madre, y más si esa mujer es su propia madre – tomó la mano a la atónita Señora Weasley, se la acercó a los labios y depositó en ella un dulce beso – No deseo ver cómo usted y ella se mantienen alejadas, por ningún motivo. Aunque en ciertas ocasiones no puedan comprenderse la una a la otra, siempre podrán amarse. No se nieguen eso, Molly, le ruego que no lo hagan, al igual que se lo he rogado a Ginny; y que tampoco me lo niegue a mí. Yo ya perdí una madre; no podré soportar perder otra – volvió a besar la mano de la mujer con dulzura y se separó de ella.

ooo00O00ooo

Mientras, en Godric´s Hollow, sonó el timbre del hogar de los Potter. Ginny y Hermione se hallaban en la sala de estar, conversando sentadas en un cómodo sofá.

- Tranquila, Ginny, yo saldré a ver quién es. Ya sé que te encuentras mejor – añadió, cortando la inminente réplica de su cuñada – pero si te mueves volverás a sentirte mal, y cuando regrese Harry te obligará a ir a San Mungo. Todavía no sé cómo no lo ha hecho ya.

- Oh, está bien – aceptó la pelirroja con fastidio.

Hermione caminó hacia la puerta; intentó ver quién era por la mirilla, y al encontrar el rostro de Harry sonriéndole desde el otro lado se apresuró a abrir.

- ¿Pero cómo es que llamas a la puerta de tu propia casa? ¿Y cómo vas vestido? – le preguntó, observándolo de arriba abajo con sorpresa.

- Acabo de volver de una misión muy complicada, me han prestado ropa porque la mía estaba hecha girones, me he dejado las llaves en el Ministerio de Magia y… - pero la chica no le dejó terminar.

- ¿Misión? ¿Pero tú estás bien de la cabeza, con las lesiones que estás sufriendo? ¿Y la chimenea? Vamos, no te quedes ahí como un pasmarote y entra, Ginny te necesita – lo reprendió – Dentro nos lo contarás todo con tranquilidad.

Al escuchar sus palabras, una sonrisa malvada desfiguró el bello rostro que tenía ante ella.

- Recuerda que tú has sido quien me ha dejado entrar – él le dijo con malicia.

Hermione lo miró sin comprender, pero no tuvo tiempo a decir nada más, pues inesperadamente, se vio atacada por aquel que había creído era su mejor amigo.

- ¡Petrificus totalus! – el falso Harry gritó apuntándola con su varita, y la chica quedó paralizada inmediatamente, pues de ningún modo había esperado un ataque.

- ¡Hermione! ¿Quién es? – el hombre escuchó desde el fondo de la planta baja; cerró la puerta tras ellos y caminó rápidamente hacia el origen de la voz.

No tardó en hallar a Ginny, que miraba hacia el pasillo con curiosidad.

- ¡Harry! – gritó al verle, llena de alegría - ¿Y Hermione?

- Tranquila, palomita, que vas a reunirte con ella muuuuy pronto. ¡Desmaius! – volvió a gritar, apuntándola a ella ahora, y Ginny cayó fláccida en el sofá.

Regresó por el pasillo en busca de Hermione, a quien levantó como un peso muerto y volviendo a por Ginny con ella al hombro. Después tomó a la otra mujer cargándosela en el otro hombro con facilidad y caminó hacia la chimenea.

- Magnífico, esto es magnífico – se felicitó Benjamín Blacksoul, sonriendo de forma ladina – Dos palomitas al precio de una. Esta vez Potter lo va a pagar, antes de morir como la rata que es, lo va a pagar, y de qué modo.

Sacó polvos flu de uno de los bolsillos de su horrenda chaqueta y los lanzó dentro, pronunciando un nombre con un grito estridente. Pronto, la acogedora casa quedó en la más absoluta soledad.

ooo00O00ooo

– Ron, ¿nos vamos? – Harry pidió a su mejor amigo, comenzando a caminar hacia la chimenea que haría llegar a ambos a Godric´s Hollow en cuestión de segundos. El pelirrojo asintió, en silencio – Sentimos que la visita dure tan poco hoy, pero no queremos dejar a las chicas solas al anochecer durante mucho tiempo. Aunque nuestro hogar cuenta con los conjuros de defensa más poderosos que conozco, no es un buen momento para hacerlo.

- Harry… - Arthur lo detuvo tomándolo por el brazo – Harry, hijo… - su voz sonó quebrada por la emoción, y no pudo continuar, pero tampoco tuvo oportunidad, ya que súbitamente, el rostro del moreno adoptó una palidez cadavérica y se llevó la mano al corazón con rapidez y desesperación, como si el aire le faltase.

- ¡Ron, tenemos que irnos! ¡Algo pasa en Godric´s Hollow! – Harry gritó con urgencia.

- ¿Pero qué dices? – su amigo se plantó frente a él en dos zancadas, sorprendido.

- ¡No preguntes! ¡Algo malo ha sucedido! ¡Lo presiento!

Sin perder tiempo, echó los polvos flu a la chimenea y gritó su destino claramente, desapareciendo de inmediato. Ron miró a sus padres, preocupado, y lo siguió como una exhalación. Arthur y Molly los contemplaron marcharse, con el corazón en un puño.

- Voy a seguirlos, Molly – afirmó el hombre, resuelto, una vez se vio capaz de pensar con claridad.

- Yo también voy – la mujer respondió del mismo modo – He de saber qué está pasando. Se trata de mis hijos.

Él asintió con un ademán de cabeza y, decidido, se lanzó a la chimenea, seguido por su esposa un segundo después.


COMENTARIOS DE LA AUTORA:

¡Hola a todos! ¡Feliz 2.011!

Sí, soy una mala persona por no haberos ofrecido un capítulo nuevo de este fic desde hace tropecientos mil días, pero perdonadme, hoy es el día de Reyes y he sido una buena chica, por fin he hecho mis deberes, jeje.

Os deseo que este nuevo año que estamos empezando venga cargado de salud, alegrías y grandes proyectos para todos, de todo corazón.

He podido actualizar el fic aprovechando unos pocos días de vacaciones que me han dado en la empresa, y como veréis, este capítulo ha dejado las cosas chungas, pero muy chungas. Intentaré subir el próximo capítulo lo antes posible para que no teneros en la incertidumbre durante mucho tiempo.

Dedicatorias, pues permitidme que lo dedicque a todos aquellos que me han arropado con sus reviews en el capítulo anterior:

Julscullenmasen, Jor, zafiro potter, Snitch-bcn, mimig2, , Bita, susy snape, Cirze, Ires y Dama de sombras (por orden cronológico, jeje)

Si algún review no lo he respondido, perdonadme, pero es que no sé dónde tengo la cabeza con todo el lío que llevo en el trabajo. Lo que os puedo asegurar es que siempre los leo todos, pues cada mañana al levantarme de la cama, lo primero que hago es ir al ordenador para ver si me han dejado algún mensaje, con esos dos minutos que tengo antes de verme obligada a ducharme y desayunar corriendo para irme a trabajar.

También quiero dedicarlo a todos los que habéis añadido este fic a vuestros favoritos. ¡Ya son cuarenta y ocho! Me siento inmensamente feliz y agradecida por ello.

Os mando un abrazo muy fuerte a todos, y todo mi agradecimiento.

Hasta muy pronto.

Rose.