Capítulo 19: Reflejo de amor.
Ginny abrió los ojos lentamente, los párpados le pesaban de una forma extraña, y en un principio se vio tentada a seguir durmiendo, como había creído estarlo haciendo, en su propia cama, nada más hubo despertado. Pero poco a poco, la espesa niebla que revoloteaba en su mente se fue aclarando, y la imagen de Harry atacándola se perfiló claramente en sus más inmediatos recuerdos. Nada más recordar lo sucedido supo que su mente le engañaba, que aquel hombre que la había inmovilizado con tanta crueldad no era Harry. Él jamás la habría tratado de aquel modo, nunca. Hasta el momento, había mantenido la mirada desenfocada, intentando mitigar el dolor de cabeza que la atenazaba, y por un instante temió volver a enfocarla; sabía que no se hallaría en su casa cuando lo hiciera, y quizá tampoco encontraría su cuerpo en el mejor de los estados.
Imaginaba, intuía, sabía quién la había secuestrado, y sabía también qué destino aguardaba a todas las mujeres que la habían precedido. Por un momento, un terror casi insoportable se adueñó de su mente y de su pecho, pero ella misma se obligó a mantener a raya aquel maldito miedo que tan sólo la arrastraba hacia el desastre, y que tan poco útil le resultaría para salir bien parada de aquella desesperada situación.
Intentó moverse, y el hecho de no poder conseguirlo no hizo más que acrecentar su temor a haber sido agredida. Se vio obligada a recordarse que, si así había sido, ya no había vuelta atrás; así que se armó de valor y dirigió una temerosa mirada hacia su propio cuerpo, en busca de indicios de lo que fuese que le hubiese sucedido. En contra de lo que esperaba, su inmovilidad no se debía aparentemente a lesión alguna, sino a que había sido fuertemente atada de pies y manos a lo que parecía un recio pilar, que al atreverse a mirar a su alrededor, pudo identificar como perteneciente a una amplia, vieja y descuidada estancia, sin lugar a dudas parte de una igualmente solariega vivienda, que por supuesto no era la suya. Sintió la boca seca y estropajosa, e intentó pasarse la lengua por los labios para humedecerlos, pero tampoco pudo: lo que parecía una mordaza improvisada retenía su voz, sin duda para impedirle gritar, y también le secaba la garganta. Trató de sondear mentalmente todo su cuerpo, en busca de algún dolor fuerte y extraño, sobre todo en ciertas partes del mismo, las que a "él" más le gustaban; pero no halló indicio alguno de daño. Al parecer, no había sido violada; sintió ánimos, aquello era un buen comienzo.
Inmediatamente después pensó en Harry, en el verdadero Harry, su marido. ¿Y qué había sido de Hermione? Miró a su alrededor, desesperada, en busca de su cuñada, pero no pudo verla por ningún lado. Rogó desde lo más hondo de su corazón que al regresar a casa, Harry la hubiese hallado tan sólo desmayada, y no algo peor. Intentó convencerse de que, sin duda, él ya estaría organizando su recate, basándose en las palabras que le hubiese contado la chica; sabía que al joven auror nada le detendría, absolutamente nada; por ello decidió que debía liberarse de su cautiverio con la mayor rapidez posible. No podía permitir que Harry arriesgase su vida por ella, y menos en su estado de salud actual, y tampoco que lo hiciese su hermano Ron, ni nadie.
Observó a su alrededor con mayor detenimiento, en busca de algo que la pudiese ayudar en su tarea de liberarse de sus ataduras, y fue entonces cuando se topó de frente con unos ojos que la observaban fijamente, sin parpadear. Por un segundo se asustó, pero pronto algo en aquella vacua mirada le dijo que no era a ella a quien los sorprendidos ojos enfocaban sin ver; de hecho, aquellos orbes vidriosos no miraban a nadie, ni a nada. Sin duda no la reconocían, pero ella sí los había reconocido a ellos: eran los ojos de Eugeene Joyce los que la observaban desde su fláccido cuerpo, abandonado descuidadamente en un sofá, como si de una muñeca rota se tratase. El corazón le dio un vuelco e instintivamente intentó dar un paso atrás por el susto; las ataduras se ciñeron aún más a sus manos y pies, constriñéndole la circulación de la sangre.
- Tranquila, aún no ha muerto – escuchó una voz masculina y profunda, que le había hablado con inequívocos tintes de diversión, e intentó localizarla con la mirada. Pero el origen de la voz se hallaba a su espalda, donde esta no llegaba, amarrada como estaba. Así que se limitó a esperar a que la voz decidiese pronunciarse de nuevo, cosa que no tardó en suceder – Tan sólo se halla algo… traspuesta. Había comenzado a resultar molesta. Y puesto que tú te hallas aquí, ya no sirve a mis propósitos – el hombre rió, aparentemente por una broma que la pelirroja no había conseguido entender.
Ginny intentó liberarse de nuevo, pero no consiguió más que aumentar la presión de las cadenas que la retenían, y tras un par de infructuosos intentos desistió, presa de un intenso dolor que comenzó a lacerar sus muñecas.
- Yo de ti no lo haría, o cuando llegue Potter te hallará en un lamentable estado de salud – tanta amabilidad alertó aún más todos sus sentidos.
Esta vez escuchó la voz mucho más cerca, diría que pegada a ella; contuvo la respiración, intentando reducir las pulsaciones de su desbocado corazón a una cadencia razonable, para que las sienes dejasen de martillearle. Y mientras lo hacía, el dueño de la voz que le había hablado con suma tranquilidad no se hizo de rogar, y cumplió sus deseos. Ante ella, apareció Harry, mirándola con una lujuria extraña, ella diría que mezclada con un infinito desprecio; pero esta vez se hallaba preparada y no se dejó impresionar. Devolvió al impostor una mirada plagada de ira y asco.
- Oh, ya veo que mi "curioso" disfraz ya no te impresiona – la languidez de una ladina sonrisa se perfiló en aquel bello rostro, ahora deformado por malvadas expresiones que no eran las suyas - ¿No te apetece fingir que no te has dado cuenta, y pasar conmigo un rato entretenido? – el hombre se pegó a su cuerpo con descaro, y acarició su mejilla con una mano torpe y nerviosa.
Entonces Ginny supo que la aparente calma y control que aquel extraño intentaba demostrar, era toda fachada. Echó la cabeza hacia atrás rápidamente, intentando huir de aquél ponzoñoso contacto, y al hacerlo su cabeza chocó duramente contra el pilar al que aún permanecía atada. Una punzada de dolor atravesó su cuerpo desde la cabeza a los pies, que nubló su mente durante un momento. Al sentir su explícito rechazo, el rostro del hombre se llenó de furia, hasta el punto de que ella creyó que inmediatamente después sería golpeada, pero nada sucedió.
- No te impacientes, palomita, me reservo la diversión para más tarde, cuando llegue mi público. Sin Potter para presenciarlo y lamentarlo, esto no tiene ninguna gracia – al mirarlo de nuevo a la cara, ella vio que el arrebato de ira había pasado, y se supo a salvo; al menos por el momento.
Pero sintió que no debía dejar pasar más tiempo, Harry no podía hace su aparición, debía protegerlo. Su cerebro se puso a funcionar a marchas forzadas.
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Un fogonazo anunció al entrada en tromba de Harry en su casa de Godric´s Hollow. Nada más llegar, miró a su alrededor, en busca de las dos chicas. Encontró las luces del comedor encendidas, pero ni rastro había de Ginny, ni de Hermione. Inmediatamente después hicieron acto de presencia Ron, Arthur y Molly, que se vieron obligados a apartarse rápidamente de la chimenea para no obstaculizarse la entrada unos a otros.
- ¡Ginny! – Harry comenzó a gritar con todas sus fuerzas, haciendo caso omiso del punzante dolor que laceraba su pecho con cada exhalación - ¡Ginny! ¡Hermione! ¡Ginny!
Caminó por todas las estancias de la planta baja, hasta salir al pasillo principal y alcanzar la puerta: estaba abierta de par en par. Hizo ademán de correr hacia el piso superior, pero Ron, que le pisaba los talones, lo detuvo por un brazo, indicándole que él mismo lo haría. Ni cortos ni perezosos, Ron y Arthur corrieron escaleras arriba, continuando con los gritos que Harry había comenzado. No se escuchó respuesta alguna. Con la mirada perdida en un temor que lo ahogaba, Harry regresó al comedor por donde todos habían entrado, cogido del brazo por Molly, que no dejaba de temblar temiendo lo peor.
- No hay nadie en la casa – Ron anunció minutos después, cuando su padre y él se reunieron con los otros dos – Ni hay indicios de lucha por ningún lado. Es como si las dos hubiesen desaparecido, sin más. ¿Seguro que no se habrán marchado a nuestra casa por algún tema de última hora? – preguntó a Harry esperanzado. Pero en el fondo de su corazón sabía tan bien como su mejor amigo cual era la única verdad.
- ¿Dejando la casa abierta y las luces encendidas? – el moreno lo traspasó con una mirada de reproche, mientras se llevaba las manos al rostro con desaliento.
- Ha-Harry… - Ron palideció, obligado a asumir la realidad.
- Lo sé – el chico murmuró; sentía que, en cualquier momento, las piernas dejarían de sostenerle.
Arthur y Molly se abrazaron con fuerza.
- Hay que hacer algo – Arthur declaró.
- ¡Matar a ese hijo de puta! – Harry escupió las palabras, lleno de furia.
De pronto, una inmensa y terrosa lechuza se coló en la casa con total impunidad, aprovechando que aún se hallaba abierta la puerta de la calle. Totalmente indiferente a la tragedia que allí se estaba viviendo, voló tranquilamente hasta alcanzar a Harry, y dejó caer en sus manos un bulto, que el chico se apresuró a coger. Sin parar siquiera para tomar aliento, la lechuza emprendió su huída ante las atónitas miradas de todos ellos.
- Es una carta vociferadora, – Molly anunció – las conozco bien.
En cualquier otro momento, sus palabras habrían sido coreadas por las risas de todos los hombres de la familia, que por uno u otro motivo, habían sido presa de una de aquellas cartas enviadas por su madre o esposa. Pero en aquel preciso instante nadie sonrió siquiera, ni ella había pretendido que lo hiciesen.
Con manos temblorosas, Harry despegó el lacre que permitiría que la carta entregase su mensaje, y una voz profunda y arrogante no se hizo esperar más:
"Potter, Potter, Potter… - se oyó una risa burlona, y un silencio, tras el cual la voz falsamente condescendiente de Benjamin Blacksoul volvió a resonar por la estancia como una pesadilla – Tengo enjauladas a tus dos palomitas. Ven a mí: muere por tu propia voluntad y haz que vivan. Ya sabes dónde encontrarme – hubo una breve pausa teatral – Ah, y que el pelirrojo no se atreva a asomarse por aquí, o ambas morirán. Que disfrutes una buena noche."
La voz enmudeció, sin más, y el peso de la desesperación se precipitó sobre los cuatro corazones que la habían estado escuchando. Molly se dejó caer en uno de los sofás como un peso muerto, Arthur estaba paralizado, las palabras del maldito asesino aún resonando en su cabeza como el redoble de un agorero tambor; a Ron le saltaban las lágrimas de rabia y frustración. Harry se agarró con fuerza al respaldo de una silla y por un momento, enterró la cabeza en su pecho; después se recompuso y los miró a todos con decisión.
- Me voy a su encuentro – Harry anunció, resuelto.
- ¿Estás loco? – Ron le gritó, entreviéndole de forma borrosa entre las lágrimas que aún se derramaban por su rostro, y tomándole por un brazo con fuerza; pero su mejor amigo se zafó de su presión con un fuerte empellón que después le costó una mueca de dolor – ¡Si vas, irás a que te mate! ¡Eso es lo único que ese tipo quiere, matarte! – volvió a gritar, desesperado - ¡Mi mujer también está ahí! ¡Por amor de Merlín! ¡Y mi hermana! ¡Pero se trata de salvarlas, no de perderte a ti también!
- ¿Y qué quieres que haga? – el moreno gritó a su vez, encarándose con el chico -¿Permitir que ese mal nacido haga con ellas lo que quiera? – apretó los puños con todas sus fuerzas, frustrado.
- ¡Por supuesto que no! ¡Yo iré en tu lugar! ¡Tú estás lesionado! – se ofreció.
- ¡El mensaje ha sido bien claro! ¡Me quiere a mí, Ron, no a ti! ¡Si te encuentra en mi lugar, no dudará en acabar con ellas! ¡Jamás las recuperaremos!
- ¡Mierda! ¿Y pretendes que me quede de brazos cruzados, mientras tú te diriges de cabeza hacia la muerte? ¡Incluso si tú das pie a sus locuras y te reúnes con él, nada nos garantiza que cumpla su palabra e intercambie a las chicas por ti!
- ¡Lo sé! ¡Maldita sea! ¡Por eso yo voy a ganar tiempo con él! ¡Es a ti a quien toca rescatarlas! ¿Crees que no sé que no voy a poder hacer prácticamente nada en la situación en la que me encuentro? ¡Pero sí puedo daros tiempo a Arthur, a Molly y a ti para encontrar el modo de sacarlas de esa condenada casa de locos! ¿Es que no lo comprendes?
- ¡No! ¡No lo comprendo! ¡Me haré pasar por ti tomando una poción multijugos! ¡Funcionará! – Ron le ofreció de nuevo, decidido.
- ¡No seas imbécil! ¿Cómo crees que él se las ha podido llevar? - ahora los tres miraron a Harry con la sorpresa reflejada en sus semblantes, dándose cuenta de lo que el chico intentaba decirles - ¡No funcionará! ¡Él mejor que nadie sabe a quién está imitando!
Ron tomó a Harry por los hombros, apretándoselos con fuerza, y puso la vista en blanco, derrotado.
- Oh, Merlín, sabes perfectamente lo que haces, vas a sacrificarte conscientemente… - encaró su mirada, esperando ver una negativa en ella, que no llegó.
- Déjate de mierdas, Ron. Voy a hacer lo único que puedo hacer. Y punto. Y tú harás lo que tengas que hacer. – Después se dirigió a todos los presentes – Componéoslas como podáis, pero entrad en esa casa y rescatad a Ginny y a Hermione. Intentaré daros una hora de tiempo, sea como sea. Después, seguramente ya nada podré hacer por vosotros, ni por ellas.
Caminó con paso decidido hacia su despacho, y escasos minutos después regresó con algo entre las manos.
- Esto son orejas extensibles fabricadas por George –ofreció una a Ron y se quedó con otra exactamente igual, que deslizó hacia el fondo de uno de los bolsillos de su chaqueta – Tu ya las conoces. Como veis,- explicó a sus suegros - han desaparecido los cables que las unen. Ahora la distancia que las separa no supone impedimento alguno para que ambas puedan estar conectadas, por muy grande que esta sea. En cuanto yo entre en esa casa, sabréis que está sucediendo en ella en todo momento – aseguró – Actuad en consecuencia.
- Hijo, no… - Molly se levantó, derrotada, y se abrazó al chico llena de desesperación. – Debe haber otra manera…
Arthur los rodeó a ambos con un amplio abrazo.
- Tranquila, todo irá bien – él les aseguró, intentando mentirles lo mejor posible, pues ni él mismo creía semejante patraña. Besó a Molly en la frente y, por un momento, apoyó su mano en el brazo de Arthur, mientras las miradas de ambos hombres se encontraban para decírselo todo sin palabras. – Una hora – repitió, y desapareció, dejando en todos los corazones un agujero de negrura.
- ¡En marcha! – Ron gritó a sus padres, sacando fuerzas de flaqueza – Habíamos elaborado un plan para entrar en esa casa. Está concebido para ser llevado a cabo por mucha más gente pero no nos queda tiempo para avisar a nadie más; así que servirá, porque es lo único que tenemos. Ha de servir – les aseguró.
- Por supuesto que servirá – Molly le apoyó, resuelta – Dinos lo que tenemos que hacer, hijo.
Arthur asintió con la misma decisión que su mujer. Ron iba a comenzar a contarles el plan de forma apresurada, cuando unos fuertes golpes resonaron con fuerza en la puerta de entrada, sobresaltándolos a todos. El joven pelirrojo caminó sigilosamente hacia el pasillo, y oteó la entrada con cuidado de no ser descubierto. Al darse cuenta de quiénes se asomaban por el hueco de la puerta llenos de curiosidad, corrió hacia ellos, sorprendido y esperanzado por igual. Los rostros triunfales de Aroa y Skood lo aguardaban expectantes.
- ¿Qué-qué hacéis vosotros aquí? – casi tartamudeó por los nervios.
- ¡Traemos noticias importantes! – Aroa comenzó, excitada por la emoción, aunque pronto fue interrumpida por su compañero, también alterado.
- ¡Hemos descubierto cómo Blacksoul entra y sale de su casa sin ser visto! ¡Y seguramente podremos usar esa misma entrada para sorprenderlo y asaltarlo en su propia guarida! – añadió el hombre de forma apresurada.
- ¡Alabado sea Merlín! – Ron gritó, mientras tiraba de ambos con ímpetu para que lo siguieran dentro de la casa - ¡Desembuchad, rápido! ¡Nos vamos a casa de Blacksoul ahora mismo!
- ¿A-ahora? – los aurores lo miraron con la boca abierta por la sorpresa.
- ¡Ahora! ¡Maldita sea! ¡Ya os lo contaré todo por el camino! ¡Y hablad ya, que nos queda menos de una hora!
Los dos se miraron sin comprender, pero no preguntaron más, conscientes de la urgencia que movía a Ron a través de sus palabras. Ya Arthur y Molly se habían reunido con ellos en el hall de la casa, así que rápidamente, contaron a los tres todo lo que habían descubierto aquella tarde.
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Harry no hizo sonar el timbre de la puerta de entrada de la casa de los Blacksoul; sabía perfectamente que esa puerta se hallaría abierta para él cuando intentase franquearla, así como era perfectamente consciente de que, al hacerlo, la misma puerta supondría una barrera infranqueable para todo aquél no que no fuera él mismo o quien había tan diestramente la había encantado. Así que, serenamente, tomó el pomo, que resultó gélido en su mano, y lo hizo girar, como suponía, sin traba alguna. Dentro, al final de un estrecho e interminable pasillo, una tenue luz le anunció su destino, y con paso pausado pero firme, caminó hacia él, resuelto. Ya no había vuelta atrás.
Tampoco esperó sorprender al hombre que lo aguardaba en aquella estancia, así que no aparentó sentirse sorprendido de que este lo mirase con total naturalidad, al ser localizado al fondo de la misma. El horror a su semblante, llegó al descubrir, tras una rápida pero concienzuda mirada por toda la habitación, el cuerpo de Eugeen torpemente abandonado en un amplio sofá, y cubierto de con un mínimo pudor por rasgadas vestiduras.
Aún menos tardó en localizar a Ginny. Su esposa le miraba con ojos asustados, de pie,amordazada y amarrada con diversas ataduras a un vacío y sucio pilar elegido estratégicamente, entre su raptor y el mismo Harry; en contra de lo que hubiese podido esperar dado el estado en que había hallado a E.J., Ginny no parecía haber sufrido agresión alguna. Al buscar la verdad en sus ojos, supo que aquel miedo que ella mostraba con tanta fuerza no era por ella misma, sino por él, y una titánica furia se liberó desde lo más hondo de su alma.
Pero inmediatamente se obligó a autocontrolarse, pues haría un flaco favor a su mujer si actuaba de forma irreflexiva. En cambio, clavó en el hombre una mirada con entrañas de letal cuchillo, que le rajó el alma en un solo instante.
- Tira al suelo tu varita, Potter – Blacksoul ordenó, sin perder tiempo en saludos innecesarios – No, espera, - lo detuvo con una mano - lánzamela, no quiero arriesgarme a ser víctima de una de tus tretas.
Serenamente, Harry hizo como el otro le pedía y lanzó su varita, haciéndola caer a los pies de su adversario, quien la recogió con cuidado y, por un momento, se dedicó a observarla con sumo placer.
- Perfecto… - sonrió, encantado – El gran Potter indefenso ante mí… Pronto yacerás postrado a mis pies – afirmó, mirándolo con una lástima burlona que mostraba la más grande de las satisfacciones.
Pero Harry hizo caso omiso de su provocación. En cambio, alzó ambas manos en señal de rendición.
Al tiempo de lanzar su varita, Harry había clavado su vista en Ginny de un modo extraño, como si pudiese alcanzarla con ella; y había murmurado algo. La muchacha creyó haber leído en sus labios las palabras "te amo", y sintió que el corazón iba a detenérsele en el pecho, presintiendo que él había ido a por ella dispuesto a ponerse en el mayor de los peligros para salvarla. Intentó gritar para disuadirlo de que hiciera lo que fuese que había planeado, pero no consiguió que su voz saliese de su garganta. Desesperada, forcejeó como una posesa intentando liberarse una vez más del hechizo encadenador que la tenía retenida, impidiéndole tratar de desatarse, pero tan sólo consiguió que, al darse cuenta de sus intenciones, Benjamín rompiese a reír con estruendosas carcajadas. Ginny sólo podía mirar a Harry, tenía sus ojos fijos en él, leyendo en los del chico que la suerte estaba echada, mientras le suplicaba con los suyos una y otra vez que parase, que desistiese. No era el hechizo de inmovilidad lo que amenazaba con ahogarla, ni la mordaza que silenciaba su boca, o el estar comenzando a perder la circulación de la sangre en las muñecas debido a la constricción de sus ataduras; ni siquiera era la amenaza de ser violada y asesinada, o esclavizada para siempre por aquel repulsivo hombre lo que le hacía sentir que la vida se le escapaba de las manos. Era saber que Harry había ido allí dispuesto a morir por ella, y que ella no podía hacer nada para evitarlo. Lloró en silencio lágrimas de desesperación.
- Quiero ver a Hermione – el auror dijo sin más, con voz que no admitía réplica. Pero el otro no se impresionó.
Al escucharle, los ojos de Ginny se ensancharon por el terror, al darse cuenta de que su amiga también había sido secuestrada por aquel demente.
- No estás en disposición de pedir nada – Benjamin respondió con desdén, - y menos de ordenarlo.
- Cumple mi deseo, o te juro que lo pagarás muy caro – Harry era completamente consciente de que se estaba marcando un inmenso farol, pero si quería ganar tiempo, no podía mostrar su debilidad.
- ¿Y qué piensas hacerme? ¿Matarme de asco por tener que soportar una vez más tu despreciable rostro? – lanzó una risotada – ¿O quizá darme un abrazo y clavarme una de tus costillas hechas astillas? Si no he muerto al verme obligado a adoptar tu asquerosa apariencia, mucho menos voy a hacerlo ahora, que estoy apunto de lograr lo que más deseo: verte sufrir un infierno antes de que desaparezcas del mapa.
- Arrepiéntete de tus actos, Blacksoul, y pediré al Wicengamot clemencia para ti.
De pronto, una llamarada de fuego surgió de la varita de Benjamin, y pasó a escasos centímetros de Harry, para finalmente acabar estrellándose en la pared del fondo con un horroroso estruendo que fue ahogado por las estridentes carcajadas del hombre. El Jefe del Cuartel General de Aurores ni se inmutó.
- ¿Arrepentirme? ¿Acaso tú te has arrepentido alguna vez de haber causado la locura y la muerte de la persona a quien yo más amaba? – rugió, tras dejar de reír de forma abrupta.
- Todos y cada uno de los días que han pasado desde la muerte de Lilith me he arrepentido de no haber sido capaz de impedirla – le aseguró Harry, mostrando su dolor.
- ¿Impedirla? ¡Maldito bastardo! ¡Tú la mataste! ¡La enamoraste, me la arrebataste! ¡Y luego te deshiciste de ella como un juguete roto! ¡Tú la destrozaste! ¡La volviste loca y la llevaste hasta la muerte!
- ¡Eso es mentira! – Harry hizo ademán de abalanzarse sobre el otro, furioso, pero inmediatamente Blacksoul lo apuntó con su varita, obligándolo a detenerse.
Durante unos segundos que a Ginny parecieron eternos, ambos hombres se asesinaron el uno al otro con la mirada, completamente inmóviles. E inesperadamente, Benjamin relajó su postura y bajó la varita, recuperando su actitud altiva, burlona y arrogante.
- Sea como sea, pagarás por haberte cruzado en nuestro camino, al igual que Patterman pagó. – Al escuchar sus últimas palabras, Harry lo miró con ojos desorbitados - ¿Qué creías? ¿Que aquel cobarde tendría el valor para matarse? ¡No veas cuánto disfruté contemplando su cara de espanto cuando le hice tragar aquel veneno que desaparece sin dejar rastro! ¡Y adivina de quién me disfracé para entrar en Azkabán con total impunidad! ¡Fue tan fácil hacerlo parecer un suicidio! – confesó con total naturalidad – Desde que la inocentona de Eugene cayó rendida ante mis encantos, ha sido muy fácil conseguir un montó de tus cabellos para hacerme pasar por ti cuando me ha dado la gana. ¡Siempre lleva montones de ellos pegados a la ropa! ¿También te la beneficias? – provocó al moreno con descaro.
- Eres un asesino – Harry le escupió con desprecio – y un demente. E.J. te ama. ¿Es que eso no significa nada para ti? ¿Acaso ella no merece ningún respeto?
- Nadie en este mundo merece ningún respeto, porque nadie salvó a Lilith de la muerte. Todos, todos sois culpables. Y tú eres el mayor de todos. Por eso será tu rostro el que vea tu mujer cuando mire a su asesino.
- ¿Y tu hermana? ¿Tampoco ella lo merece?
- ¡No me digas que a estas alturas te preocupas por mi hermana! ¡Después de cómo la has tratado! ¡También a ella la has usado y tirado como a un trapo sucio! Y sólo por eso, porque ha sido víctima de tu veneno, a ella le he permitido vivir! – explicó, lleno de rabia - ¡Quizá ella ya haya desobedecido mi orden y haya acabado con tu amiguita Hermione, en el piso de arriba! ¿Sabías que está un poco loca? – terminó con voz soberbia y más arrogante a cada segundo.
Harry sintió que su corazón se ensanchaba de esperanza. Por las palabras de Benjamin, Hermione continuaba viva y bajo custodia de Beatrice, en alguna de las habitaciones del piso superior de aquella casa; esperó fervientemente que Ron hubiese escuchado toda la conversación. Jamás sería capaz de agradecer a George de forma suficiente el haber perfeccionado la oreja extensible del modo en que lo había hecho. En aquel momento supo que su trabajo en aquel drama estaba llegando a su fin, y se permitió dar rienda suelta a todo el desprecio que sentía por aquel ser de mente deforme.
- Le viene de familia – Harry lo acusó implícitamente.
Por toda respuesta y raudo como el rayo, Blacksoul lanzó una maldición Cruciatus que impactó de lleno contra el cuerpo de Ginny. Por un momento, la chica se estremeció y cerró los ojos involuntariamente, dispuesta a soportar estoicamente un dolor que nunca llegó; cuando, tras unos segundos de aterrada espera Ginny abrió los ojos, sorprendida, y buscó a Harry con ellos, la escena le estremeció: él yacía en el suelo, envuelto en dolor, observado por un atónito Benjamin, que los contemplaba a él y a ella de hito en hito, sin comprender lo que acababa de suceder.
Pero ella lo comprendió inmediatamente. Nada más ver a Harry agonizando en su lugar, se dio cuenta de que las palabras que él había murmurado justo al entrar en la casa y antes de abandonar su varita, no habían sido "Te amo" sino "Reflexium Amore". Justo en el momento de lanzar su varita hacia Blacksoul, él había empleado con ella exactamente el mismo hechizo con el que su madre salvó su propia vida hacía veinticinco años. Comprendió que, mientras él viviera, todo el daño dirigido a ella misma sería él quien lo sufriría, y tras su muerte, sería Blacksoul contra quien rebotaría. De un modo u otro, el único hombre al que ella había amado durante toda su vida, al que había creído perder para siempre sintiéndose morir y al que gracias a Merlín había recuperado, acababa de darlo todo por ella.
Deseó cerrar los ojos con fuerza y quedarse inmóvil, a esperar que todo fuese un mal sueño del que cuando despertase, volviese a descubrirse sola y triste, desamparada, muerta en vida por haber perdido el amor de Harry para siempre, pero sabiéndolo sano y salvo; intentó desear con todas sus fuerzas no haber aceptado aquel maldito trabajo de periodista, haber rechazado la invitación de Harry a vivir con él, haber sido fuerte y no haberlo aceptado de nuevo en su mundo… al menos él seguiría a salvo y no se habría sacrificado por ella… pero no pudo; Harry había sido y sería siempre lo mejor que le había pasado en la vida. En cambio comenzó a forcejear como una histérica por librarse de las ataduras que la retenían, luchó y luchó, se revolvió cual una serpiente enloquecida, hasta lograr que sus muñecas sangrasen, pero nada consiguió. Intentó morder la mordaza, destrozarla con toda su rabia, pero esta ni un milímetro se desplazó. Gritó en silencio; gritó a Blacksoul que se apiadase de Harry, que la matase a ella; gritó a Harry que deshiciese el hechizo que la cambiaba por él en tan amarga tortura; se desgarró la garganta gritando sin voz. Todo fue en vano.
Al ver sus desesperados intentos para liberarse, al contemplarla llorar amargamente de rabia e impotencia, Blacksoul clavó sus ojos en los suyos con malicia. Él aún no entendía qué estaba sucediendo, por qué había pasado lo que había pasado, pero encontró la situación extrañamente divertida y excitante, y no perdió la oportunidad de experimentar con ella, en busca de un placer que no había conocido desde que la mujer de su vida había abandonado este mundo. Ni corto ni perezoso, apuntó a Ginny con su varita nuevamente, esta vez directamente al pecho, y un nuevo "Cruciatus" salió rauda y jovialemente de sus labios. Tal y como él esperaba, inmediatamente después Harry profirió un profundo grito, que pronto se vio ahogado por una agónica exhalación, cuando sus pulmones impactaron, al expandirse, con sus maltrechas costillas.
Todo él se contrajo de dolor, apunto de perder la consciencia, pero Ginny, entre lágrimas, pudo ver cómo aún le dirigía una mirada cargada de amor.
Blacksoul volvió a reír, ahora de puro placer; había hallado una forma de venganza jamás imaginada e infinitamente satisfactoria para él. Evidentemente, no pudo decir lo mismo del hombre que luchaba desesperadamente por su vida a sus pies.
COMENARIOS DE LA AUTORA:
Puedo juraros que todavía se me estremece el alma después de terminar de escribir este capítulo. Sé que he dejado el tema en un momento clave, pero no quería alargar más el capítulo y hacerlo tedioso. Prefiero contaros el desenlace de la situación en el próximo, aunque no el fin de la historia, jeje. Al fic todavía le quedan unos pocos capitulejos con los que acompañaros, si vosotros lo deseáis.
A pesar de lo que tenía previsto, hoy no voy poner dedicatorias. ¿El motivo? El trancazo que llevo, llámese súper constipado, que me tiene estornudando, moqueando, y con un dolor de cabeza insoportable. Así que os envío mi mayor agradecimiento a todos, todo mi cariño, y me despido con el inmenso deseo de que os haya gustado lo que acabáis de leer.
Por favor, decidme qué os ha parecido.
Un abrazo muy fuerte.
Rose.
