Capítulo 21 : A vida o muerte.
- ¡Harry! ¡Harry! – Ginny gritó, histérica, forcejeando con sus ataduras sin importarle si estas se le clavaban en la carne, haciéndola sangrar - ¡Harry!
Ya Ron había llegado junto a su mejor amigo y estudiaba cómo levantarlo para llevarlo a San Mungo sin hacerle más daño.
- ¡Espera! – Skood lo detuvo - ¡No sabemos si podemos moverlo! ¡Puedes agravar sus lesiones si lo haces!
- ¡Y una mierda! ¡Morirá si no lo hago! – Ron tomó a Harry en brazos con mimo, mientras intentaba ver a través de las lágrimas que enturbiaban su vista – Skood, lleva a Beatrice al Ministerio y enciérrala – el aludido asintió y se puso en marcha – Aroa, custodia a E.J. hasta San Mungo. Que la revisen y la sanen, pero no la pierdas de vista en ningún momento. Y que no reciba visitas. Desde este instante, ella queda bajo custodia del Cuartel General de Aurores – ordenó a su compañera, quien por un momento lo miró llena de pena, pero se aprestó a cumplir su cometido – Papá, acompáñanos con Hermione; cuando ella despierte, querrá estar junto a Harry – se vio obligado a interrumpirse para sorber por la nariz, la congestión producida por el silencioso llanto casi le impedía respirar - Y mamá, tú acompaña a Ginny, que los sanadores la revisen y…
- ¡Ni lo sueñes! ¡Olvídate de mí ahora! – su hermana lo cortó con un grito seco, mientras se deshacía de las ataduras que su madre acababa de retirarle con un hechizo y corría a su lado - ¡Yo iré donde vaya mi marido! – apartó con ternura un mechón del flequillo de Harry y le acarició el rostro, desesperada.
- ¡Pero en tu estado…!
- ¡Déjate de tonterías, Ron! ¡Yo acompañaré a Harry! ¡Y punto! – el chico se dio cuenta de que ella estaba apunto de perder los nervios, y asintió con decisión.
- ¡Los que venís conmigo a San Mungo! ¡Agarraos al traslador! – ordenó una vez más, mientras extraía de su bolsillo con sumo cuidado un gorro de lana raído y desgastado, para no desestabilizar a Harry en sus brazos.
Aroa obligó a E.J. a asirse a la prenda y esta no se resistió; parecía como si la chica, una vez cumplida su venganza, se hubiese retirado a un mundo que sólo ella podía contemplar. Todos se agarraron con fuerza al traslador, y cuando Ron se hubo cerciorado de que estaban preparados para partir, gritó con voz firme y decidida.
- ¡A San Mungo!
Inmediatamente, la casa que había sido oscuro escenario de aquel drama, volvió a sumirse en la más absoluta soledad.
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- ¡Por Merlín! ¿Qué es todo esto? – un sanador se interpuso en el camino de todos ellos con cara de amenaza ante lo que parecía casi un asalto, nada más aparecerse allí.
- ¡Traigo al Jefe del Departamento de Seguridad Mágica! – Ron gritó sin contemplaciones, consciente de que la fama y el rango de Harry les abriría todas las puertas sin más preguntas - ¡Está herido y necesita ayuda inmediata!
- ¡Oh! – Por un momento, el hombre lo miró, estupefacto, desviando su vista inmediatamente después al cuerpo que el pelirrojo cargaba en sus brazos con delicadeza, para intentar cerciorarse si aquel chico le estaba o no diciendo la verdad. Al ver la cicatriz que surcaba la frente del herido, no le cupo duda alguna - ¡Rápido! – gritó hacia una ayudante que pasaba a su lado - ¡Preparen la sala principal de sanación! ¡Y hagan aparecer aquí una de las camillas! ¡Por amor de Dios!
La mujer hizo aparecer inmediatamente una camilla, donde Ron acomodó a Harry lo mejor que pudo, y al hacerlo, se dio cuenta de que la respiración de su mejor amigo desde la infancia era tenue y superficial. Una gruesa lágrima se derramó de su rostro en el rostro de Harry, y se apresuró a retirársela, mirándolo con todo el cariño de un hermano.
Inmediatamente después, dos sanadores se encargaron de llevarse al moreno hacia la sala de sanación, mientras el sanador indicaba a todos los demás una sala de espera donde aguardar noticias. Ginny intentó marcharse con ellos, pero su padre - quien ya había dejado a Hermione al cuidado de otro sanador - la retuvo, abrazándola con fuerza. Manteniendo la compostura como mejor pudo, Ron puso al día del caso especial de E.J. al sanador que les había atendido en un primer momento, para que se hiciesen cargo de sus heridas y le asignasen un cuarto, que a partir de entonces sería vigilado por Aroa.
- Tranquilo, Sr. Weasley – dijo el hombre, quien ya había reconocido al auror como el mejor amigo de Harry – su prometida recuperará la consciencia en pocos minutos; la hemos acomodado en una de las habitaciones, al fondo del pasillo que hay frente a esta sala, y estaría bien que alguno de ustedes la acompañase al despertar, para que no se alarme. Y en cuanto a la otra joven, se hará como usted disponga. Cuando tenga noticias sobre el Sr. Potter, se las haré llegar.
- Gracias – Ron respondió con voz cansada y llena de angustia, y se dejó caer en una de las sillas de la sala de espera, mientras enterraba el rostro entre las manos y rompía a llorar ya sin contenerse.
El sanador se marchó a cumplir con su trabajo, dejándolos a todos sumidos en la más absoluta desesperación.
Olvidándose de todo lo que hacía tan sólo dos días había sucedido entre ellas, Ginny se abrazó a su madre con todas sus fuerzas, enterrando su rostro en el hombro de la mujer, y comenzó a llorar, desconsolada. Molly abrazó a su hija con ternura mientras le acariciaba el cabello suavemente, intentando serenarla; pero también ella estaba sintiendo que su corazón yacía en su pecho hecho pedazos.
Arthur caminó hasta su hijo y se sentó a su lado, poniendo una mano en el hombro de este con cariño.
- Hijo, ¿No vas junto a Hermione? – le preguntó, pero el chico hizo caso omiso de sus palabras – Hijo…
- Ve tú – Ron respondió con voz cortante.
- Pero debes ser tú quien esté a su lado cuando ella despierte. Si me ve a mí, se asustará – el hombre mayor insistió, con voz conciliadora.
- ¿Se sentirá más asustada de lo que yo me siento ahora? – Ron gritó, alzando hacia su padre una mirada llena de desesperación. Él le devolvió otra silenciosa mirada de reproche.
- Hijo, por favor…
Lentamente, el pelirrojo colocó su mano encima de la que su padre tenía apoyada en su hombro, y la apretó con cariño. El hombre sonrió tristemente.
- Tienes razón, papá – se puso en pie – Voy a acompañar a Hermione hasta que despierte. En cuanto se sepa algo de Harry, por favor, hacédmelo saber. Ella y yo nos reuniremos con vosotros nada más ella se haya recuperado – y caminó fuera de la sala con ademán abatido.
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Ron no tuvo pérdida al entrar en el cuarto donde su novia descansaba, tendida en una cama y cubierta cuidadosamente con una fina manta para que no cogiese frío. Por un momento se quedó en el hueco de la puerta, observándola lleno de preocupación y abatimiento; al andar por el pasillo se había secado las lágrimas bruscamente con el dorso de la mano, intentando serenarse para que al despertar, Hermione no le viese llorando y se preocupase; pero al verla allí, tumbada e inconsciente por su culpa, tuvo que hacer un esfuerzo casi sobrehumano para no comenzar a derramarlas de nuevo.
En aquel momento se sentía el hombre más solo y desgraciado del universo; dos de las personas más importantes en su vida y por las que lo daría absolutamente todo sin pensar en las consecuencias, sus dos mejores amigos, yacían inconscientes en aquel mismo hospital, y él no había sido capaz de hacer nada por evitarlo, más bien todo lo contrario – se culpó para sus adentros - . Cierto era que la vida de Hermione no corría peligro alguno y que pronto la chica despertaría completamente sana y salva, y no le importaba en absoluto que ella desease asesinarle, por poder estrecharla de nuevo entre sus brazos; pero las lesiones que Harry estaba sufriendo en aquel mismo momento lo tenían aterrorizado: si lo perdía, una de las partes más importantes y mejores de sí mismo se habría marchado con él. Un negro vacío lo sumía en el desastre con sólo imaginarlo.
Un leve gemido interrumpió sus más hondos pensamientos, y le hizo apresurarse en llegar al lado de su novia. Hermione acababa de abrir los ojos, y seguramente un fuerte dolor de cabeza la acosaba en aquel mismo momento, por eso se había quejado. Él la tomó dulcemente de la mano y le acarició la mejilla, mirándola embelesado, mientras ella parpadeaba varias veces seguidas para fijar después su vista en el rostro de él.
- Perdóname, por favor – el chico le pidió sin más preámbulos, avergonzado.
- ¿Perdonarte? ¿Por qué? – ella, aún aturdida, hizo una mueca de ignorancia.
- He sido yo quien te ha lanzado el Desmaius – Ron confesó con apenas un hilo de voz.
- ¡Ronald Bilius Weasley! – la primera reacción de la castaña fue gritar, pero inmediatamente después, algo la hizo recapacitar, además del terrible dolor de cabeza que taladró sus sienes con aquel grito – Yo tampoco te he reconocido… te habría atacado si tú no hubieses sido más rápido que yo… - reflexionó – Yo iba tan corriendo… Había escuchado gritar a Harry de un modo que… ¡Dios mío! ¡Harry! – volvió a gritar, esta vez sin importarle el punzante dolor que laceró sus sienes justo después de haberlo hecho - ¿Qué ha pasado con él? ¿Y dónde estamos?
- Mi amor, todos hemos venido a San Mungo: Ginny… E.J.… y Harry. Pero él…
- Ron, dime lo que sea – él tuvo que leer sus labios para poder entenderla, pues la voz no había fluído de su garganta. En cambio pudo ver cómo sus ojos empequeñecían, aterrados.
- Harry está muy grave – por fin explicó; la chica palideció y agarró con fuerza la mano con que él aún tenía tomada la suya – Los sanadores se lo han llevado nada más llegar aquí, y todavía no sabemos nada de qué está pasando. Pero no necesitamos que ellos nos lo cuenten para saber que su estado es muy grave. No sé exactamente lo que ha pasado entre él y Blacksoul, pero sí que él se las ha compuesto para que todos los ataques de ese loco no alcanzasen a Ginny.
- ¿Crees que él ha usado el mismo hechizo que…? – no pudo terminar, pero su novio la había entendido a la perfección.
- Bueno… De tal palo, tal astilla – él dijo sin más.
- Pero él estaba herido…
- ¿Y qué otra cosa podía hacer, cuando la mujer a la que ama y su hijo aún no nacido estaban apunto de morir? Yo habría hecho exactamente lo mismo.
Hermione le acarició el rostro, adorándolo con la mirada, mientras otro pensamiento se abría camino en su mente.
- ¿Su hijo? ¿Ginny está embarazada? ¿Eso es lo que le pasa? – volvió a preguntar, atónita.
- Eso es lo que Harry y yo creemos – sonrió tristemente.
- Oh… Merlín… Ayúdame a ponerme en pie. Tenemos que ir junto a Ginny, ella nos necesita más que nunca – intentó levantarse, pero tuvo que agarrarse a la cama, pues su vista había comenzado a nublarse y una fuerte sensación de mareo subió a su garganta desde el estómago. Ron la sostuvo con fuerza, rodeándola con sus brazos.
- ¿Seguro que podrás caminar? Ya sabes que los efectos secundarios de este hechizo son bastante molestos.
- Podré caminar si tú me ayudas – lo intentó de nuevo, esta vez tomándoselo con más calma, y al conseguirlo se abrazó al chico.
Ambos enfilaron el camino de regreso a la sala de espera, donde todos los demás aguardaban unas noticias que no acababan de llegar.
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Transcurrió media hora sin que nada sucediera. Todos estaban comenzando a desesperarse. Ginny, que se había sentado junto a su madre, se puso en pie y comenzó a caminar por toda la sala, mordiéndose los labios para intentar no dejarse vencer por un ataque de ansiedad. Los demás la observaban en silencio, con caras de funeral.
Unos segundos después, el sanador que se había hecho cargo del caso de Harry entró en la sala y buscó sus miradas de forma inquisitiva.
- ¿Quién es el amigo más cercano del Sr. Potter? – preguntó, buscando a Ron con la mirada al pensar que él se responsabilizaría de la situación, ya que todos los magos sabían perfectamente que Harry no tenía familia alguna a la que recurrir.
Rápidamente, Ginny dio un paso al frente, encarando el rostro del sanador con decisión.
- Yo soy su esposa. Lo que tenga que decir, háblelo conmigo.
- ¿Su… esposa? – el hombre desvió su vista hacia ella, atónito.
- Sí, Ginevra Molly Potter Weasley – afirmó ella, llena de orgullo – ¡Vamos, hable! ¡No se quede ahí con cara de pasmado! – lo urgió.
- Por supuesto, Sra. Potter – dijo el hombre, ya repuesto de su sorpresa - Acompáñeme, por favor – tomó a la mujer del brazo y se la llevó con urgencia. Ella se dejó hacer, temiendo lo peor.
Los demás quedaron en la sala, mirándose unos a otros, con el corazón en un puño. Aún no se acostumbraban a que Ginny se mostrase como la esposa de Harry, ni siquiera ante ellos, y la sorpresa les había impedido reaccionar a tiempo para pedir una mínima explicación del estado en que este se encontraba. Así que se vieron obligados a seguir esperando.
El sanador, de aspecto maduro y que respondía al nombre de Johan Brown, acompañó a Ginny a un pequeño y austero despacho, donde la hizo acomodar en una silla frente a una mesa de escritorio, y él se sentó nerviosamente en otra silla, del otro lado.
- Sra. Potter, voy a ser franco con usted – comenzó sin perder tiempo, mirándola fijamente a los ojos - Esta es la situación: su esposo sufre una grave lesión de costillas; su pulmón izquierdo ha sido perforado por una de ellas, al parecer debido a un fuerte golpe recibido, y su vida corre grave peligro – hizo una pausa para asegurarse de que la mujer comprendía realmente la magnitud de lo que acababa de escuchar. Esperaba que ella se echase a llorar, o que incluso se desmayase, pero en cambio la joven tan sólo se tapó la boca con ambas manos, para no morderse los labios con tanta fuerza que estos comenzasen a sangrar.
Con una mirada urgente, Ginny le animó a continuar.
- Debemos sanar su pulmón y sus costillas sin perder un solo minuto, ya que el riesgo que corre su vida se agrava por momentos. El problema es que el modo más efectivo de que su esposo tenga una posibilidad de salvarse, es administrándole una poción que restaurará ambos en cuestión de horas. Y le digo el problema, porque la mala noticia es que la probabilidad de que el Sr. Potter sobreviva a los efectos secundarios de esta poción es prácticamente nula – hizo otra pausa, incrédulo con la estoica reacción de la mujer que tenía enfrente. - En sus manos está tomar la decisión: ¿le administramos la poción? – la tomó por una mano, apretándosela con urgencia para que ella le diese una respuesta.
- ¿Qué sucederá si no lo hacen? – la voz de la pelirroja sonó apenas trémula, temerosa de la contestación que iba a recibir, pero que en el fondo esperaba.
- Muy probablemente, morirá – él anunció sin ambages.
- Entonces, ¿qué opciones tengo en realidad? – preguntó, llena de amargo sarcasmo - ¡Adminístresela, por amor de Merlín!
- Señora Potter… - él insistió – Desde que esta poción fue inventada, tan sólo dos personas que la han tomado han sido capaces de superar sus efectos secundarios. El dolor que el paciente sufre durante las horas en que las costillas tardan en regresar a su estructura habitual es tan intenso, que en la mayoría de los casos este muere por colapso nervioso, incluso antes de que el proceso haya llegado a la mitad. Y eso en el más esperanzador de los casos. Él, en su estado y con el agravante de su lesión de pulmón, no podrá…
- Él, en su estado, sigue siendo el hombre con más valor y fuerza que he conocido jamás – ella lo interrumpió, clavando en sus ojos toda la determinación que sentía - Y esa es la opción que él elegiría si pudiera. ¿A qué espera? ¡Hágalo! – le ordenó con vehemencia - ¡No será Harry James Potter quien abandone esta vida sin luchar! ¡Ni su mujer quien lo permita!
- Pero no podremos administrarle ningún tipo de poción que calme su dolor, eso inhibiría la capacidad de reacción de su cuerpo, impidiéndole colaborar en la sanción – argumentó una vez más, en contra de la propuesta que él mismo había hecho; estaba claro que el hombre no esperaba que Harry saliese vivo de aquel proceso.
Ginny se puso en pie y acercó su rostro con vehemencia a escasos centímetros del rostro de Brown.
- Usted no conoce a Harry, yo sí – afirmó con orgullo - y sé que si no hago todo lo posible por que él luche por su vida, si me rindo en su nombre, cuando algún día él y yo nos reunamos tras la muerte, sea cuando sea y donde sea, una infinita decepción será lo primero que yo pueda ver en sus ojos. Él no merece esa traición, y no la tendrá, no de mí – concluyó con tanta convicción, tanta seguridad, que el hombre no tuvo más remedio que aceptar sus palabras sin abrir la boca ni una vez más.
El sanador asintió con la cabeza, contagiado de la fuerza y esperanza de aquella mujer que llevaba a su esposo tan adentro de su alma, que parecía estar hablando por boca de él, y no por la suya propia.
- ¿Usted será capaz de acompañarle durante todo el proceso? Su esposo necesita un gran motivo para luchar contra el dolor que va a desgarrar su cuerpo durante lo que va a parecerle toda una eternidad – la interrogó, a aquellas alturas intuyendo la respuesta.
- Por supuesto. Estaré con él hasta el final.
- ¿Vea lo que vea y dure lo que dure?
- Lo estaré – afirmó una vez más.
- Le anticipo que si en algún momento él recupera la consciencia, se desmayará pronto de nuevo, pero le garantizo que su mente la seguirá escuchando, al igual que seguirá sintiendo todo el dolor. Pero si la fuerza del amor que ambos se tienen es tan increíble como parece, sus palabras seguirán llegando a su mente y a su corazón, y servirán de revulsivo contra todo lo demás. Eso se lo prometo.
Ahora fue el turno de Ginny de escrutar el rostro de aquel hombre como total sorpresa.
- Normalmente, poca gente recuerda que el amor mueve montañas – el hombre trató de explicarse – Con el trabajo que tengo, si yo no lo tuviera presente siempre que puedo, ya me habría vuelto loco, o me habría rendido. Y no puedo permitirme ni lo uno ni lo otro. Además, con los años he visto prodigios que jamás hubiera podido imaginar – le devolvió la mirada con renovada esperanza - Estoy con usted, Sra. Potter… y con él. Comencemos cuanto antes.
- Gracias – le apretó con fuerza la mano.
Una pequeña lágrima se derramó tímidamente por el rostro de Ginny, y ambos entraron en el cuarto donde el maltrecho cuerpo semidesnudo de Harry yacía en una cama, inerte en la inconsciencia, custodiado por dos ayudantes del sanador, que aguardaban las órdenes de este.
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Harry no sabía cómo, pero sentía que aquella situación ya la había vivido alguna vez, aunque en absoluto le importó. Estaba eufórico, se había decidido, acababa de besar a la chica que lo llevaba por la calle de la amargura desde que había comenzado aquel sexto curso en Hogwarts, que había despertado y enfurecido a la bestia que hasta entonces había descansado aletargada en su corazón, y que ahora se moría por poseer a aquella pelirroja decidida, impetuosa y vehemente. ¡Sí! ¡La había besado con toda su desesperación! ¡Con todo el deseo que abrasaba su cuerpo y su mente, amenazándolo con hacerle perder la cordura! ¡Y ella le había devuelto el beso con tanta pasión, que aún se veía incapaz de respirar! Sonrió, triunfal.
Inesperadamente, Ginny se separó de su cuerpo, lo miró a los ojos, furiosa, y tiró con fuerza de su mano, arrastrándolo con paso firme fuera de la sala común de Gryffindor, mientras alejaba de ambos con miradas amenazadoras a todo aquel alumno que por osadía o por azar se cruzase en su camino. Y él se dejó llevar en silencio, mirándola sorprendido y receloso. Ella lo arrastró fuera del Castillo sin mirarle a los ojos ni una sola vez, sin detenerse, y al salir al jardín, lo acorraló con toda su rabia contra una de las paredes.
- ¿Por qué me has besado, Harry? – le preguntó a gritos, furiosa.
- ¿Por qué te he besado? – él la miró a los ojos, muy serio y aún más sorprendido, y respondió con la misma pregunta, contagiándose de su furia - ¡Ah! ¡Y tú no me has correspondido al beso! – continuó con sarcasmo - ¿Será porque te quiero? ¿Por qué tú me besaste antes, para luego echarte en brazos de Dean? ¿O porque miras a todos los alumnos de Hogwarts excepto a mí? – le reprochó, más nervioso y airado por momentos.
Ella lo miró con ojos desorbitados.
- ¿Y tú, qué? ¿ Que las llevas a todas de calle? ¿Que no paras de liarte con unas y con otras por los rincones?
- ¿Con quién? ¡Vamos a ver! ¡Dime! ¿Con quién demonios me he liado yo?
- ¡Con Cho!
- ¡Sabes perfectamente que no he vuelto con ella! ¿Y con quién más? – gritó, retándola a que continuase.
- ¡Con… con…! – ella gritó a la desesperada.
Él la agarró por la cintura y la pegó a su cuerpo con vehemencia.
- ¿Con…? – la retó una vez más, traspasándola con una mirada furiosa - ¿Qué pasa con Dean, Ginny?
- Yo no, no… - sintió que todo su enfado se desinflaba como un globo pinchado, y miró al chico, altiva – No he podido, Harry, no he sido capaz de seguirme mintiendo a mí misma; hace ya tiempo que le he confesado la verdad y he roto nuestra relación. Yo te quiero a ti, y a nadie más. Pero creía que tú no sentías lo mismo por mí.
- ¿Que no siento lo mismo por ti? – giró los ojos, incrédulo - ¡Me vuelves loco! ¿Qué tengo que hacer para que te des cuenta, si para una vez que me decido a besarte me montas esta escena?
Ella se abrazó a él con todas sus fuerzas y enterró su rostro en su pecho.
- Perdóname, es que no he sido capaz de creer que hayas podido besarme porque tú también me quieres, por mucho que tu beso me haya sabido a…
- ¿A qué? – la obligó a mirarlo, a la defensiva.
- A gloria – ella susurró, avergonzada.
- Pues te quiero – afirmó secamente, aún enfadado.
Acercó su rostro al de ella lentamente, y volvió a besarla con suavidad, saboreando una vez más aquel cálido y húmedo contacto que le hacía perder la razón. Y Ginny se abrazó aún más a su cuerpo, devolviéndole el beso con una dulzura y una entrega que él no había imaginado ni siquiera en sus más osados sueños.
Pero de pronto, una fuerza invisible e inconmensurable comenzó a tirar de él, alejándolo de su amada sin piedad.
- ¡No! – oyó gritar a Ginny, aterrorizada - ¡Harry, resiste! ¡No te marches de mi lado! ¡Noooooo! – mas aquella extraña fuerza pudo más que él; cerró los ojos con ímpetu, intentando resistirse a aquella atracción fatal; finalmente, agotado, hubo de rendirse a la evidencia: estaba siendo arrastrado sin remedio.
COMENTARIOS DE LA AUTORA:
Hola a todos.
Lo prometido es deuda, y al menos esta semana, yo he podido pagar la mía :) Os prometí que este fin de semana actualizaría el fic con un nuevo capítulo, y aquí lo tenéis.
Como os habréis dado cuenta, es un capítulo de transición, y poco resuelve de la situación que Harry está viviendo, pero era necesario para el desarrollo de la historia, no podía meterme de lleno con el final sin irlo preparando, sin iros calentando los motores, jeje. Pero os prometo que el próximo capítulo sí tendrá novedades. Aún así, este capítulo incluye momentos muy especiales para mí; sin duda, mi preferido es el flashback que Harry tiene mientras está inconsciente luchando por su vida, y que cierra el capítulo.
Lo dedico a las dos nuevas personas que han añadido este fic a sus favoritos: adictaapoter y AndreaM21.
También a todos aquellos que habéis dejado un review al capítulo anterior (por orden cronológico): Cirze, fronfis, Ires, gadi23, zafiro potter, Isla de Thera, ginalore28, Em. Gin, xMariana Radcliffex, ginnypottermaisen, greed212, susy snape, ricitos de menta, adicttaapotter y Anastasia Anne Potter. Si no he respondido alguno de los reviews, por favor, perdonadme. He intentado responderlos todos, pero si no lo hago en el momento de leerlos (y esto casi nunca puede ser porque últimamente siempre voy corriendo a todos lados) luego me armo un lío con los que he respondido y los que no. No imagináis la felicidad que siento por haberlos recibido, y todo lo agradecida que os estoy.
Os mando un abrazo muy fuerte, y espero poder ofreceros un nuevo capítulo muy pronto.
Rose.
