Capítulo 22 : Fuerza de carácter.
Ginny no podía más con su propio cuerpo; llevaba cuatro horas, cuatro angustiosas y desesperadas horas en la sala de sanación, junto a Harry, contemplándole debatirse entre la vida y la muerte, preso de un dolor que lo desgarraba por dentro; sufriendo en su alma cada convulsión que lo azotaba sin rastro de piedad, cada mueca de sufrimiento que deformaba su agotado rostro, cada grito que no había dejado de proferir a pesar de su agónica inconsciencia; hablándole, susurrándole, a veces con una risa histérica, otras entre lágrimas frustradas y temerosas; jurándole su amor eterno una y mil veces, confesándole cómo la había hecho sentir desde el primer día en que lo conoció en el Andén 9 ¾: feliz, eufórica, completa; tan completa, que ya nunca había vuelto a estarlo desde entonces, si no estaba con él.
No perdía la esperanza, pues si lo hiciera, ya nada en su vida tendría sentido; él tenía que vivir, por él mismo, por ella, porque el mundo no sería el mismo sin su presencia, nada sería igual de bueno, igual de puro, igual de justo, ni la palabra alegría tendría el mismo sentido. Pero sentía que, si el proceso de sanación continuaba durante mucho más tiempo, sería ella quien le fallase a él, no al contrario. Intentó no pensar en nada, mantenerse firme como un junco que se cimbrea a merced de la tempestad, pero que nunca se parte en dos. ¿Hasta cuándo? No lo sabía. ¿Pero hasta cuándo él iba a poder soportar tanto dolor? Esa respuesta era la que ella más temía.
Súbitamente, y tendido aún boca arriba en aquella triste y austera cama de hospital, Harry abrió los ojos, enfocándolos al vacío, al tiempo que profería una profunda exhalación y todo su cuerpo se convulsionaba con ella, como si acabase de regresar de un mundo muy lejano. Ginny, que lo tenía cogido fuertemente de la mano, enfocó su vacua mirada, desolada, sintiendo una angustia que iba más allá de ella misma, de su propia mente y cuerpo. Las convulsiones del joven se tornaron tan fuertes, tan terribles, que su cuerpo habría podido desarmarse con cualquiera de ellas; mas seguía resistiendo; pero sin previo aviso, tal y como habían comenzado, cesaron, sin más, dejándolo completamente fláccido, cual muñeco de trapo; parecía como si al marcharse, se hubiesen llevado con ellas toda la vida que había habitado en aquellos ojos, que ahora miraban fijamente al techo sin parpadear, sin ver.
- ¡Sanador! – Ginny gritó con voz desgarrada al Sr. Brown, que acababa de regresar a la sala, después de haberse marchado durante unos minutos a resolver unas gestiones, dejando a cargo del proceso a sus subordinados de mayor confianza, pues este estaba durando demasiado y había otros pacientes a quienes atender - ¡Sanador! ¡Sálvelo, por lo que más quiera! ¡Ha dejado de respirar!
El hombre corrió a reunirse con su paciente; tomó el pulso en su cuello, le palmeó con fuerza una mejilla para comprobar si la piel aún enrojecía, acercó su mano a la boca y la nariz del chico, sin notar más que una nada absoluta.
- ¡Háblele, Sra. Potter! ¡Acaríciele! ¡Háblele! ¡Por amor de Dios! ¡Dígale lo que se le ocurra! ¡Lo que sea! – pidió a la mujer de forma desesperada, mientras él palpaba el cuerpo de Harry allí donde se encontraban sus costillas para comprobar en qué fase del proceso de reconstrucción se encontraban estas. Al notar que ya prácticamente se habían curado, y que su pulmón lo había hecho por completo, no lo dudó ni un segundo, y comenzó una arriesgada maniobra de reanimación cardiopulmonar.
- ¡Harry! ¡Harry! ¡Mi vida! – ella empezó a gritar, desesperada, apretándole la mano con todas sus fuerzas y acariciándole el rostro - ¡No puedes dejarme ahora! ¡Maldito imbécil! ¡No voy a permitir que me abandones de nuevo! – temblaba como una hoja - ¿Sabes cuántas noches estuve llorando por ti? ¡Trescientas setenta y seis noches! ¡Ininterrumpidas! ¡Ni una más ni una menos! – le gritó, furiosa -¡Así que me lo debes! ¡No se te ocurra dejarme, o te juro que te seguiré a donde vayas! ¡No te librarás de mí, Potter! ¡No lo harás! – un llanto desgarrador se derramó desde el rostro de la joven hasta el de su amado, empapándolo sin miramiento - ¡Harry!
- Señora Potter – una voz tenue comenzó a penetrar su ofuscado entendimiento, pero ella hizo caso omiso de todo a su alrededor, y continuó gritando a su marido y llorando como una posesa - ¡Señora Potter! ¡Deténgase! – la voz le reclamó, mientras unas fuertes manos la tomaban por los hombros y la separaban de él sin contemplaciones; ella se debatió como una loca para impedirlo, luchando con toda su rabia.
- ¡Señora Potter! ¡Ginevra! ¡Basta! ¡Harry está a salvo! – Brown la zarandeó con suavidad, tomándola después por el rostro para obligarla a que lo mirase a los ojos - ¡Harry vuelve a respirar con normalidad! ¡Se ha salvado, Ginevra! ¡Se ha salvado! – gruesos lagrimones de alegría se deslizaban por el rostro del hombre, mientras sonreía como si acabase de ser bendecido por un milagro.
- Harry… - ella balbució, aún sin asimilar lo que el sanador le estaba tratando de explicar.
- Harry, sí, su esposo… Se ha salvado, Ginevra, definitivamente, se ha salvado – volvió a sonreír – El paro cardíaco que él ha sufrido, ha sido fruto del punto final del proceso de sanación. ¡Y lo ha superado, Ginevra! ¡Lo ha superado!
Al escucharlo, Ginny se abrazó al hombre con todas sus fuerzas y un llanto sereno se desbordó desde sus bellos ojos.
- Gracias, gracias, gracias – no paró de repetir.
Mas de pronto, sus piernas flaquearon y estuvo a punto de caer. Johan Brown la sostuvo con firmeza, pues había permanecido alerta, esperando aquella reacción, dado el estado de la mujer.
- Sra. Potter, debe descansar; en su estado ya ha hecho más que suficiente por su esposo. Ahora debe pensar en usted misma y en el bebé – el hombre pidió suavemente.
- No entiendo, doctor. ¿Bebé? ¿Qué estado? Blacksoul no me ha hecho absolutamente nada, yo estoy bien – ella respondió, sin comprender.
- Entonces, ¿usted no está embarazada? – Ginny lo miró con ojos como platos – Su hermano Ronald acaba de decirme hace un momento que lo está – respondió, extrañado – Él me ha abordado en el pasillo para preguntarme por la evolución de su esposo, y por el estado de usted, temiendo que pudiese sucederle algo malo debido a su embarazo.
- ¡Oh, Dios…! – ella se llevó las manos al vientre con mimo, incrédula - ¿Harry lo sabe?
- Parece ser que sí. De hecho, su hermano me ha comentado que ha sido él quien ha comenzado a sospecharlo.
- No estoy segura, Sr. Brown, no se me había pasado por la cabeza que fuese eso lo que me está sucediendo. Llevo días sintiéndome enferma, pero no había querido venir aquí para no ser una carga más que aumentar al peso que Harry lleva ya sobre sus espaldas.
- Entonces, ¿qué le parece si lo averiguamos? ¿Me acompaña a que le realice unas sencillas pruebas? Tendremos el resultado en el mismo momento de hacerlas – él sonrió, comprensivo, y tiró suavemente de ella tomándola por un brazo.
- No voy a abandonar a Harry – ella negó con firmeza.
- Por supuesto que no. Usted es la mujer más valiente, más entera y abnegada que he conocido jamás – le apretó el brazo con cariño – No puede imaginar cuánto envidio al Sr. Potter en este momento, por tener a alguien a su lado que lo ama del modo en que usted lo hace.
- Él lo merece todo, y mucho más.
- No lo he dudado ni por un segundo – sus ojos mostraban una amable sinceridad – Pero no va a abandonarlo, sólo va a dejarle que descanse sin usted durante diez minutos a lo sumo, no más, vigilado por mis mejores ayudantes. De todos modos, no piense que voy a permitirle que siga haciendo lo que ha hecho esta noche, si las sospechas de su esposo y de su hermano se confirman.
- Pues lo siento por usted – la chica respondió con acidez.
El sanador suspiró, mientras negaba con la cabeza, pero no quiso insistir por el momento. Finalmente, y cuando Ginny se hubo convencido por completo de que la vida de Harry ya no corría peligro alguno – comprobó su respiración, ahora serena, lo observó durante varios minutos, para cerciorarse de que ninguna convulsión volvía a azotar su cuerpo maltratado; miró su rostro desde todos los ángulos habidos y por haber, inexpresivo pero tranquilo, y lo besó suavemente, emocionada – ambos se marcharon a la consulta del hombre, en busca de respuestas.
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Hermione dormitaba apoyada en las piernas de Ron, vencida por un sueño provocado por la poción que una enfermera le había suministrado, con el fin de paliar la mayoría de los efectos secundarios del Desmaius. Mientras, Ron permanecía sentado en una silla de la sala de espera, estático, con la mirada fija en la pared blanca que tenía enfrente; los rítmicos parpadeos de sus ojos eran lo único que le hacía parecer vivo, ya que se había visto obligado a contener los nerviosos temblores de sus piernas para que su novia no despertase. Molly intentaba descansar también en brazos de Arthur, pero no dormía; sólo permanecía abrazada a él, acurrucada en su pecho para compartir los latidos de ambos corazones; aquello la serenaba. Por su parte, Arthur suspiraba de vez en cuando, para liberar parte de la ansiedad provocada por la larga y silenciosa espera. Skood se había unido al grupo hacía más de una hora, tras haber dejado a buen recaudo a Beatrice Blacksoul, en el Ministerio de Magia; pensaba en Harry, en todo lo sucedido, en los Blacksoul, en Ron y Ginny, en Aroa…deseaba abandonarse al llanto, pero ya no recordaba cómo hacerlo; hacía años que no había llorado, cuando se juró tras la muerte de su esposa, sucedida al final de una larga y lenta enfermedad, que jamás volvería a hacerlo; pero en gran parte se sentía como entonces, como aquel fatídico día, cuando esperó y esperó en aquel mismo hospital, a que los sanadores librasen a su esposa una vez más de los brazos de la muerte; aunque aquello nunca sucedió. Por ello mismo, se había obligado a no volver a enamorarse, a negarse a sí mismo la posibilidad de intentar de nuevo compartir su vida con nadie, no quería sufrir una vez más. Sonrió levemente con sarcasmo, dándose cuenta de que, mira tú por dónde, existen infinitas formas de amar, y no se puede escapar a ellas, y hasta aquel mismo momento, ni siquiera se había dado cuenta. Aroa continuaba a cargo de la seguridad de E.J.; la chica parecía estarse recuperando de sus lesiones físicas, que no eran graves, pero no había pronunciado palabra desde el momento en que su Avada Kedavra había detenido el corazón de Blacksoul.
Hacía casi cinco horas que Harry se debatía entre al vida y la muerte. Brown, en una de sus primeras salidas de la sala de sanación, les había explicado rápidamente el intrincado y arriesgadísimo proceso por el que el joven estaba atravesando, y también les había puesto al corriente de las pocas probabilidades que tenía de superarlo con éxito. Al principio, todos ellos habían tenido clarísimo que Harry podría con aquello, y con cualquier problema que le pusieran por delante. Pero con el transcurso de las horas, sus esperanzas comenzaban a desvanecerse cual bruma matinal con la salida del ardiente sol. Había pasado demasiado tiempo, demasiado, incluso para un espíritu tan fuerte como el de Harry. Nadie se atrevía a confesarlo, pero estaban comenzando a plantearse lo peor, por mucho que se prohibiesen a sí mismos poder pensarlo siquiera.
Johan Brown entró en la sala con paso lento, pausado y tranquilo, exactamente al contrario de cómo se sentían las personas que lo observaron con impaciencia. Instintivamente, Ron se puso en pie para ir a su encuentro, y Hermione se despertó con un sobresalto, pero a ella no le importó en absoluto, muy al contrario: siguió a su novio en cuanto pudo despejarse mínimamente. También Arthur y Molly se levantaron de sus asientos, pero no quisieron agobiar al sanador plantándose también ante él de forma impetuosa. Skood quedó en un discreto segundo plano, pues sabía que, a pesar de él sentía que su dolor era equiparable al que estaban sintiendo cualquiera de ellos, él no era familia de Harry, y su cometido no era pedir explicaciones; ya habría tiempo para ello.
- ¿Cómo está, sanador? – Ron interrogó al hombre con voz urgente.
- Tranquilo, Sr. Weasley, todos pueden estar tranquilos. El Sr. Potter ha superado el proceso de sanación, y ahora reposa en una de las habitaciones de la Planta de Lesiones Graves – el hombre afirmó, con una enorme sonrisa.
Ron y Hermione se abrazaron con fuerza, y la chica rompió a llorar, llena de alegría. También Arthur y Molly demostraron su dicha con un abrazo y una profunda exhalación de Molly. Skood no pudo evitar lanzar un grito de triunfo.
- ¡Gracias a Dios! – Ron gritó - ¡Y gracias a usted! ¡Y a todos! – dio un efusivo abrazo al hombre, que este aceptó, comprensivo.
- ¿Y Ginny? – Molly le preguntó adelantándose hacia él, preocupada.
- Su hija es toda una heroína. Le juro por lo más sagrado para mí, que lo que ella ha soportado esta noche, tanto a nivel anímico como físico, no lo soporta cualquiera, ni muchísimo menos. Y menos aún después de haber vivido un secuestro, del que acababa de ser rescatada. Es increíble el modo en que ella ama a su esposo – Molly sonrió, llena de orgullo, pero siguió mirando al hombre a la espera de su respuesta. – Ella está perfectamente, pero ha preferido continuar acompañando al Sr. Potter; es prácticamente imposible separarla de su lado, ni siquiera un solo minuto. Me ha pedido que les confirme su embarazo, y también a eso he venido.
- ¡Oh, Merlín! – Molly estaba tan emocionada, que casi no podía hablar.
- Alertado por su hermano de esa posibilidad, he tenido que convencerla con toda mi mejor artillería, para que accediese a separarse de él durante el tiempo justo para hacerse los test de embarazo. ¡Es la mujer más obcecada que conozco! ¡Por Merlín! – el hombre explicó alegremente – Pero ahora necesito la colaboración de todos ustedes: convénzanla para que se marche a casa y descanse, aunque tan sólo sea por unas horas. El Sr. Potter tardará en despertar todo un día, o quizá dos, cuando su cuerpo comience a superar la debilidad que la poción le ha dejado a cambio de su recuperación; y ella no puede pasar todo ese tiempo aquí, sin haber descansado como debiera, tras lo que ha vivido.
- Lo intentaremos, Sr. Brown, pero ya sé lo que va a suceder; así que mejor yo le ruego a usted que mantenga vigilada su salud, por lo que pueda ser – Arthur respondió, rindiéndose a la evidencia. - Y que pase lo que tenga que pasar.
- Le entiendo perfectamente, y le aseguro que así será. Pero bueno, hay que intentarlo…
Los dos hombres se comprendieron con sólo mirarse a los ojos.
- ¿He oído Sra. Potter y embarazo? – una voz descarada y estridente los interrumpió a sus espaldas.
Todos se giraron, sorprendidos, para reparar en la figura de un insolente hombre que, pegado a una libreta y un vuelapluma, los miraba de hito en hito, con vivaces ojos que recordaban los de un roedor, ávidos de noticias.
Inmediatamente, Ron se precipitó sobre el hombre cual un ave de presa, lo tomó por las solapas de la gastada chaqueta de tweed que llevaba puesta, y lo acercó a su propio rostro de un fuerte tirón.
- ¿Quieres pasar esta noche en las mazmorras del Ministerio de Magia, Abott? – el pelirrojo lo amenazó – Seguro que encuentras allí gente de tu calaña, con la que compartir buenos momentos.
- ¡Esto es un atentado contra la libre expresión! – el hombre protestó con voz chillona, agravada por el susto que acababa de llevarse - ¡Como director del periódico para magos más imparcial y prestigioso del país, exijo que se me permita realizar mi trabajo sin coacción alguna!
- ¿Qué coacción, rata? – comenzó a zarandearlo sin piedad - ¡Yo sólo te estoy abrazando como un buen amigo! – se burló en su propia cara - ¿No es así como tú das las noticias, manipulándolas a tu antojo? ¿No es así como tú has intentado manipular a mi hermana y a Harry? ¡Sabías que de un modo u otro obtendrías tu noticia! ¿Verdad, sabandija?
- ¡Esto es un atropello! ¡Una tropelía! ¡Exigiré al Wicengamot que pagues por ello, Weasley!
- Hijo, déjalo estar – su padre le pidió – Este tipo no vale la pena, lo sabes tan bien como todos los que estamos aquí.
- ¡Un momento! – gritó el director de El Profeta, pues no era otro sino él, quien se debatía torpemente para zafarse del agarrón del pelirrojo - ¿Es Ginny? ¿Ginny Weasley se ha casado con Harry Potter? – los miró de uno en uno, alucinando, pero ninguno de ellos pronunció palabra alguna, aunque no le hacía falta para saber que había dado justo en el centro de la noticia - ¡Y están esperando un hijo! ¡Esta noticia va a otorgarme el premio del año al mejor periodista! – afirmó sin dejar de gritar, entusiasmado.
- ¿Premio? ¡Lo único que vas a llevarte de aquí es un ojo a la funerala! – Ron hizo ademán de darle un puñetazo en pleno rostro, pero Brown lo detuvo, tomándolo con fuerza por el brazo, justo a tiempo.
- ¡Usted! ¡Salga ahora mismo de este hospital o haré que lo echen por desorden y escándalo público! ¡Estoy harto de verlo revolotear por aquí cada vez que huele un oscuro chisme que publicar en su indecoroso periódico!
- ¡Usted no puede hacer eso! ¡Tengo derecho a…!
- ¿Que no? ¡Auror Weasley, por favor! ¡Desaloje formalmente a este agitador! – el sanador pidió a Ron – Y mañana el Hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas interpondrá una demanda formal contra él y su periódico.
- ¡A la orden, señor! – el chico respondió, ceremonioso. E intentó llevarse al hombre, casi a rastras, para echarlo fuera del lugar, pero Skood se interpuso en su camino.
- Yo lo haré, jefe – se ofreció alegremente. Tomó al hombre por la chaqueta y lo arrastró fuera, sin hacer el más mínimo caso de los gritos que profería, intentando evitarlo.
- ¡Por Merlín! ¡Cuánto deseaba hacer esto! – Johan Brown afirmó, lleno de satisfacción. Todos rieron con complicidad – Ha llegado hace una hora. Alguien le ha filtrado la noticia de que la chica que ha llegado con ustedes, Eugeen Joyce, permanece bajo la custodia de una de sus propios compañeros, en este Hospital. Tan listo e infalible que se cree, hemos podido ocultarle el verdadero bombazo informativo hasta este mismo momento, en que él lo ha descubierto al escuchar por pura casualidad la conversación que ustedes han mantenido. Me temo que mañana, la noticia de que el Sr. Potter se halla ingresado aquí, correrá entre los magos como la pólvora, al igual que su sorpresiva boda y su inminente paternidad. Así que les sugiero a todos ustedes que se vayan preparando para la que se les viene encima – dijo con total naturalidad.
- ¿En serio van a acusarlo? – Hermione preguntó, temiendo que finalmente todo quedaría en puro humo, como solía sucederle a aquel tipo tan desvergonzado y desagradable.
Normalmente, la gente se echaba atrás con el tema de la denuncia, una vez pasado el arrebato inicial de furia, temiendo que El Profeta arremetiese contra ellos o su negocio, causándoles un mal en ocasiones casi irreparable.
- Bueno… eso debe decidirlo el director de este centro. Pero da la casualidad, de que ese tipo soy yo mismo. Y para mí, que lo tengo bastante claro – les guiñó un ojo, divertido, mientras ellos lo observaban, llenos de sorpresa – Me marcho ya. Les avisaré cuando el Sr. Potter pueda recibir visitas, aunque, como he dicho antes, lo más probable es que no sea hasta mañana o pasado cuando despierte. Si lo desean, márchense a descansar, al menos durante unas horas. Les hará bien; a todos.
Dicho esto, salió del cuarto caminando con paso alegre, mientras todos los Weasley lo contemplaban alejarse, aún atónitos.
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La previsión del sanador fue totalmente acertada, y también el vaticinio de Arthur Weasley. Harry permaneció inconsciente durante casi dos días completos, en los que Ginny no se separó de él en ningún momento. Inútiles fueron los ruegos de su madre, el intento de razonar de su padre, o las constantes regañinas de sus hermanos y cuñadas para que se marchase a descansar al menos por unas horas. Por toda respuesta, la joven pelirroja siempre los traspasaba con una mirada firme e indignada, para darles la espalda inmediatamente después, siempre cogida de la mano de su esposo, que tan sólo soltaba para comer, u obligada a ir al baño. Incluso dormía sin soltarla, acomodada a duras penas en una pequeña tumbona que el Sr. Brown le había conseguido, pues en ninguna de las habitaciones unipersonales del Hospital cabía otra cama en condiciones, por mucho que todo el personal del centro desease que en aquel caso en particular, así fuera. Cuando se extendió entre los sanadores y enfermeros la noticia de que Harry James Potter en persona se estaba "alojando" allí junto a su esposa, como uno más de sus huéspedes, todos se deshicieron en visitas y atenciones a la célebre pareja.
Cómo no, El Profeta se encargó de que la misma mañana después del dramático suceso, toda la comunidad mágica se enterase de "lo que había sucedido". El afamado periódico, ofreció la noticia como uno más de los actos heroicos y abnegados del joven salvador, que los había librado una vez más del bla,bla,bla… La mayoría del resto no eran más que puras invenciones provenientes de la calenturienta mente de uno de sus redactores, que hablaban de terribles peligros, montones de adversarios a cual más temible y terrorífico, y bobadas semejantes. Finalmente, los hechos reales quedaron tan sólo en conocimiento de los tristes protagonistas, los miembros del Departamento de Seguridad Mágica, que jamás olvidarían la dolorosa tragedia que azotó a varias de sus familias, y para quienes su célebre y querido Jefe, siempre sería su mayor héroe. Por acuerdo tácito y jamás discutido entre todos ellos, no desmintieron la noticia, tal y como El Profeta la había ofrecido, convencidos de que no había porqué revelar una verdad que sólo traería dolor y tristeza, y quizá un miedo totalmente innecesario, al resto de los magos.
Pero el notición, el bombazo informativo fue, por supuesto, la reciente y secretísima boda que se había llevado a cabo entre Harry y su bella y flamante esposa, Ginevra Molly Weasley, por todos bien conocida por sus incontables triunfos como jugadora profesional de quidditch; y cómo no, el embarazo de la pelirroja. Ambas noticias estaban en boca de todos en cualquier reunión que pretendiera ser importante, ya fuera en un club selecto o en la cola para comprar en una tienda. Quien no fuese capaz de ofrecer su particular opinión sobre tamaños eventos, o incluso un pequeño detalle de los mismos – casi siempre inventado con mejor o pero intención - no era tomado en serio en ninguna conversación.
Pronto comenzaron a llegar a la habitación donde Harry descansaba, montones de cestas de fruta y de ramos de flores, enviados por magos y brujas que deseaban felicitar a la famosa pareja por su reciente matrimonio y por su próxima paternidad. Así que Ginny se dedicó a repartirlas entre el personal del Hospital, que de vez en cuando se pasaba a visitarlos; eso sí, guardando como un tesoro las tarjetas que las acompañaban, con la firme promesa de responderlas una a una cuando Harry se recuperase.
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Casi anocheciendo ya en un hermoso jueves, Harry abrió los ojos lentamente. Al hacerlo, sintió los párpados pesados y la vista desenfocada; intentó moverse, pero no resultó fácil: sus músculos se resistían a dar respuesta alguna; y parpadeó varias veces, intentando aclarar la mancha borrosa en que se había convertido todo a su alrededor.
- Harry, amor mío – escuchó una voz urgente, pegada a su rostro – Harry, mi vida – parecía sollozar, y estaba seguro de que era una voz que él bien conocía.
Con un gran esfuerzo, por fin consiguió que las imágenes se mostrasen ante sus ojos con la suficiente nitidez como para poder distinguirlas, y al lograrlo, lo primero que vio fue el rostro de Ginny mirándole con un amor desmedido y tanta ternura, que le llenó el alma de una calidez impagable. Mas de pronto, los recuerdos de todo lo vivido dos noches antes lo golpearon con una fuerza arrasadora. Se tomó su tiempo para asimilar dónde estaba y qué había sucedido, y sonrió levemente, notando sus labios resecos.
- Estaba soñando contigo – articuló con torpeza, devolviéndole una tenue sonrisa enamorada.
Al escucharle, Ginny rompió a llorar, mientras le acariciaba el rostro con cautela, como si temiese que este fuese a quebrarse cual frágil cristal. No fue capaz de pronunciar palabra.
- No llores, mi amor, ya todo ha pasado – ella asintió con la cabeza, sin dejar de derramar una lágrima tras otra – Tú estás bien, y el bebé está bien… ¿verdad? – Ginny volvió a asentir con fuerza, mostrándole una amplia sonrisa.
Y él la adoró con la mirada, emocionado, pues acababa de hacerse realidad su mayor deseo.
- ¿Y Hermione?
- Hermione está perfectamente – la pelirroja consiguió articular por fin.
- ¿Y E.J.?
- No te esfuerces, Harry, por favor. Estás muy débil y debes descansar.
- Ginny, ¿qué pasa con E.J.? – volvió a preguntar con más fuerza.
- Harry, ella… - le acarició el rostro de nuevo, temerosa – ella… fue rescatada también, y traída a este hospital. Sus heridas físicas no eran graves…
- ¿Y entonces?
- Fue ella quien finalmente acabó con la vida de Blacksoul, pero ya no hacía falta: Ron y los demás lo tenían desarmado y acorralado.
_ Lo sé, lo recuerdo – entornó los ojos, consciente de lo que su esposa intentaba decirle.
– Está bajo la constante custodia de uno de tus hombres, en una habitación de este mismo hospital.
Él no respondió, ni hizo ademán alguno; tan sólo continuó contemplando a su mujer, en absoluto silencio, con la mirada prendida de su rostro.
- Trescientos setenta y seis días… Para mí también fueron una constante agonía – afirmó de pronto, rompiendo su serio mutismo.
- ¡Dios mío! ¡Harry! ¡Lo escuchaste todo! – La sorpresa de la chica fue mayúscula. Cierto que el director Brown le había asegurado que así sería, y ella lo había creído a pies juntillas; pero más porque no podía permitirse dudarlo – la vida de la persona a quien más amaba pendía del hilo más fino del mundo - no porque pensase que fuese posible en realidad.
- Absolutamente – él sonrió con picardía.
- Harry, perdóname. No quise llamarte imbécil. Es sólo que… - su rostro enrojeció, y fue incapaz de continuar.
- ¿Perdonarte? – volvió a sonreír, contento – Tu voz fue lo único que me salvó, lo único que me hizo seguir adelante, cuando el dolor me hacía desear como un loco que la muerte me llevase con ella, librándome de él de una vez y para siempre; el único nexo que mantuve con este mundo durante Dios sabe cuánto tiempo. Adoro cuando me llamas imbécil, y sí, soy un imbécil por haberte causado tanto sufrimiento – afirmó.
- ¡No! ¡Eres un imbécil por haberte puesto en mi lugar! – ella gritó, recordando toda la angustia que había vivido debido a ello.
- Lamento que pienses eso, porque volveré a hacerlo una y mil veces, y un millón, si es necesario.
- ¡No! ¡No lo harás! – le prohibió, con todas sus fuerzas.
- ¡Oh, sí! ¡Lo haré! – él intentó gritarle también, pero su voz tan sólo fue un firme susurro.
- ¡Esto es maravilloso! – una voz jovial los interrumpió desde la puerta - ¡Es magnífico poder presenciar su primera pelea de enamorados, después del reencuentro! Me alegra verle despierto, Sr. Potter.
Ambos desviaron sus miradas hacia el origen de la voz, con mezcla de vergüenza y enfado. Pero Johan Brown les sonrió amablemente, con sencillez.
- No hace falta que me presente, supongo – el sanador dijo a Harry, mientras se situaba junto a él y comenzaba examinándole las pupilas, para después comprobar su pulso y sus reflejos.
El joven Jefe del Departamento de Seguridad Mágica le devolvió la sonrisa del mismo modo.
- Sé perfectamente con quién estoy hablando. No olvide que saberlo forma parte de mi trabajo – le tendió una mano, mostrando aún debilidad – Gracias, director Brown, jamás podré agradecerle suficientemente ni la mitad de lo que usted ha hecho por mí.
- Yo no he hecho nada en absoluto – el hombre estrechó su mano efusivamente – Agradézcaselo a su propia fuerza de espíritu, y a la de su esposa.
- Y a usted – él afirmó una vez más, con total convicción.
- Como quiera. Voy a ordenar que le preparen una comida ligera, y volveré más tarde para hacerle unas cuantas pruebas rutinarias – se dio media vuelta para marcharse, satisfecho con el diagnóstico de su paciente – Sra. Potter – se giró hacia ella en el último momento, antes de salir – Recuerde que ahora son tres en la familia, no dos. Ya sabe a lo que me refiero – y se alejó tranquilamente, tarareando por lo bajo una alegre melodía.
COMENTARIOS DE LA AUTORA:
Aquí tenéis el nuevo capítulo. Creo que este habrá resuelto la mayoría de vuestras dudas y temores y espero que os haya gustado.
Dejo las dedicatorias para el próximo capítulo, ya que ahora estoy subiendo este desde un ordenador prestado, y no puedo usarlo durante mucho tiempo. Pero siempre tengo tiempo para agradeceros infinitamente y de todo corazón todos los reviews que me habéis enviado, y a quienes habéis añadio este fic a vuestros favoritos.
Según mis "cáculos", queda uno o dos capítulos más, y un bonito epílogo, jeje.
Espero que sigáis disfrutando con el fic.
Un abrazo muy fuerte.
Rose.
