Capítulo 23 : Una dura decisión.

Ginny caminaba por los pasillos de San Mungo con un humor alegre y relajado. La salud de Harry estaba evolucionando rápidamente, tanto, que era muy probable que dentro de un día, o dos como máximo, el chico fuese enviado a casa para continuar descansando allí. Y las nuevas pruebas a las que a ella la habían sometido para comprobar la salud de su bebé y la correcta evolución de su embarazo, habían salido perfectas. Así que por fin, la felicidad reinaba en la familia Potter. Se moría de ganas por regresar a Godric´s Hollow, por volver a compartir su maravilloso hogar junto a Harry, para cuidarlo y dedicarle su vida por entero hasta que él se recuperase totalmente. No podía imaginar mayor felicidad que hacerlo feliz a él.

Entró en el cuarto - donde se suponía que el joven moreno debería estar reposando -, radiante, pero lo que vio la hizo enfadar inmediatamente. Harry se hallaba de pie, caminando de aquí para allá de forma desenfadada y haciendo ejercicios corporales para desentumecer sus aún agotados músculos; cuando los sanadores le habían prohibido expresamente levantarse de la cama, al menos durante un día más.

- ¡Harry James Potter! – Ginny llamó su atención con enfado.

- Evans – él añadió, sonriente, girándose a mirarla.

- No tomes a broma tus lesiones – lo regañó - ¿Qué hubiese pasado si te hubieses caído sin estar nadie aquí para ayudarte?

No tuvo tiempo de esperar respuesta, pues las rodillas del joven fallaron, y se precipitó hacia el suelo sin poder evitarlo. Ginny corrió desesperada para tratar de sostenerlo y evitarle el golpe, pero al rodearlo con sus brazos intentando servirle de apoyo, fue ella la que se vio rodeada por los fuertes brazos de Harry, que la pegó a su cuerpo con firmeza mientras se erguía de nuevo y le sonreía pícaramente.

- ¿Qué tiene que hacer un hombre para que le besen, en este hospital? – el chico preguntó de forma seductora, acercando sus labios a los de ella con premeditada lentitud.

- Harry…- susurró encandilada. Había olvidado totalmente el enfado que verlo de pie le había hecho sentir.

- ¿Sí…? – él preguntó dulcemente, rozando sus labios con los de la chica.

- Harry… - Ginny repitió, absorta en aquel maravilloso contacto.

- Cállate y bésame.

Paseó sus anhelantes labios por los de la pelirroja, suavemente al principio, deleitándose con aquel calor y aquel contacto que jamás se cansaba de sentir; el deseo de sus recias manos recorrió la espalda de su esposa con imparable avidez, mientras un chispeante escalofrío recorría toda su espina dorsal, desde el cuello – donde ella lo estaba acariciando con dulce maestría – hasta el final de su espalda. Los besos se hicieron más fieros y desesperados, y sus jadeantes respiraciones se acompasaron en una sensual oda al deseo y la pasión.

- Te amo – Harry susurró.

- Te amo.

Sus frentes se unieron, acercando las tiernas miradas de ambos.

- Yo también os amo, pareja de pelmazos – oyeron la voz de Ron, saludando desde la puerta – Mejor me voy a pedir a un sanador que baje la intensidad del hechizo que mantiene caliente el hospital. Aquí sobra temperatura – les sonrió con alegre burla.

- Ah, pues si lo haces, habrá que subirla como sea. No puedo permitir que mi bella esposa pase frío – Harry afirmó, guiñando un ojo a Ginny con complicidad - ¿Qué te parece, princesa? ¿Nos ponemos a la tarea? – Hizo ademán de volver a besarla, pero un fuerte bufido de su flamante cuñado se lo impidió.

La pareja rió, encantada.

- Harry, mi vida, vuelve a la cama, por favor – Ginny rogó al chico, preocupada – Hazme caso, tan sólo por una vez.

- No te angusties – Harry se tumbó de nuevo, tan sólo para hacerla feliz – Ron, ¿te ha dicho el director cuándo narices va a dejarme salir de aquí? – preguntó a su cuñado, molesto.

- Me ha asegurado que podrás asistir a nuestra boda, el próximo sábado. Así que si pensabas que ibas a escaquearte, la tienes clara – el pelirrojo respondió. Su mejor amigo le sonrió con burla – Eso sí, has conseguido que estas arpías no hayan disfrutado finalmente de su streaper – añadió, jocoso - Ahora en serio, seguramente mañana o pasado puedas marcharte a casa, si te portas bien, algo que dudo visto lo visto – volvió a la carga.

- Eso déjamelo a mí – los dos rieron con complicidad, mientras Ginny negaba con la cabeza, divertida.

De pronto, Ron se puso serio, y miró a Harry.

- Tío, cuánto miedo me has hecho pasar. Si tú… si yo… Ya sabes lo que intento decirte.

- Claro que lo sé. No lo pienses más, Ron. Todo ha acabado bien, y eso es lo único que importa.

El otro sonrió, pero la preocupación era patente en su rostro.

- Harry… Lo último que deseo es molestarte en tu convalecencia, pero E.J. está apunto de recibir el alta médica y necesito saber…

- Llevadla a Azkabán – el moreno sentenció sin titubear ni por un segundo - Esa es mi decisión.

- Sabíamos que esa sería tu respuesta; comprendemos que no podía ser otra, y cuánto te duele haber tomado esa decisión. Por eso yo te pido, en nombre de todos, que la reconsideres.

- No voy a hacerlo, Ron. E.J. se ha dejado llevar por la ira y la venganza y ha matado a un hombre sin justificación posible.

- ¡Pero qué hombre! – el pelirrojo protestó enérgicamente.

- ¡Un hombre, Ron! ¿Crees que yo no tengo sentimientos encontrados? ¿Crees que yo no desearía olvidar quién soy y qué represento y alegrarme por lo que ha hecho? ¡Pero no puedo! ¡Y aunque así fuera, tampoco lo haría! ¡Él era un asesino vil, cruel y despiadado, pero lo que ella ha hecho también está mal, porque en absoluto era necesario! ¡Y lo sabes perfectamente! ¡Todos lo sabéis!

- ¿Me dirías lo mismo si fuese tu mujer a quien hubiera violado ese maldito, o a quien hubiera matado? – le reprochó, indignado, mirándole fijamente a los ojos.

- ¡Te diría lo mismo! ¡Maldita sea! ¡Y sería yo quien lo habría matado, no ella! – apretó los puños, lleno de ira - ¡Y después de haberlo hecho, me entregaría yo mismo al Wicengamot para que me encarcelara de por vida!

- Harry, por favor…- Ginny le rogó, llena de angustia al escucharle hablar de aquel modo. Pero él no le hizo caso alguno.

- ¡Eso si la hubiera violado! ¡Porque si la hubiera matado, yo me habría suicidado después de asesinarlo a él del modo más cruel que se me hubiese podido pasar por la cabeza! – gritó - ¿Te ha quedado claro?

- ¡Ya basta! ¡Los dos! ¡Estoy harta de oír hablar de muerte y de tragedia! ¡Harta! – los fulminó con la mirada.

La ira de Harry se evaporó, nada más escuchar el sufrimiento de su mujer.

- Lo siento mi amor, perdóname.

- Sí, Ginny. Perdóname a mí también – ambos la miraron, compungidos.

- Buscad entre los dos una solución para E.J., por lo que más queráis. ¿No ha sufrido ya suficiente?

- Está bien – el Jefe aceptó - Ron, voy a meditarlo de nuevo y hoy mismo os daré la respuesta. Pero sea la que sea, tendréis que aceptarla. Todos. Házselo saber a los demás.

- Gracias, Harry. Sólo te pedimos eso, que vuelvas a pensarlo – añadió, avergonzado – Bueno. Me voy al Ministerio de Magia a recoger a Hermione; ultimaremos unos cuantos temas de la boda y regresaremos con vosotros. ¡Ella está loca por volver a veros! ¡Pasaría todo el día aquí si pudiera!

- Ve tranquilo, Ron. Tendrás tu respuesta cuando regreses.

- Hasta luego, amigo; y enana – besó a su hermana en la mejilla.

- Hasta luego – ambos respondieron con cariño.

Pero una vez se hubieron quedado solos de nuevo, Ginny se enfrentó a Harry, enfadada.

- ¡Esto es increíble! ¡Has convertido la habitación de un hospital en tu despacho particular! ¡Ya basta, Sr. Potter! ¡No voy a permitir ni una visita de trabajo más!

- No seas malvada, princesa. Se trata de tu hermano…

- ¡Ni una más, Harry! – lo amenazó – Mi hermano entrará aquí cuando se presente en calidad de amigo, no de auror.

- Pero los chicos me necesitan…

- ¿Y tú qué necesitas? ¡Necesitas descansar! ¡Has estado al borde de la muerte! ¡Por amor de Merlín!

- Ya estoy completamente recuperado – le rebatió.

- Sabes que no es cierto. Aún te sientes muy débil, y el director Brown ha dicho que sólo te enviará a casa si descansas allí al menos durante una semana más.

- Yo descansaré todo lo que tú quieras, dos semanas, incluso, si me permites seguirles dirigiendo desde casa – la miró fijamente, con una sonrisa embelesada, algo que a ella descolocó, y no pudo replicar.

- ¿Qué miras? – preguntó por fin, sintiéndose como una colegiala observada por el chico que le gusta.

- Eres la embarazada más bella que he visto jamás.

- Y tú el futuro papá más atractivo, sexy y descarado que yo he visto nunca. No desvíes la conversación, Harry.

- Ni por un instante la he desviado de aquello que más me importa y me interesa: tú.

- Mi amor…

- Ahora sí que estás diciendo palabras que me gustan – le hizo una pícara señal con el dedo para que se sentase en la cama, a su lado, y cuando ella lo hizo, volvió a besarla, apasionado.

ooo00O00ooo

Un día y medio después, Harry se hallaba terminando de vestirse, sólo en la habitación del hospital. Acababan de darle el alta, y no estaba dispuesto a permanecer allí ni un minuto más. Ginny se había adelantado a su marcha, yendo a Godric´s Hollow para disponerlo todo ante su inminente regreso, y él había quedado muy bien acompañado por Hermione, Molly y Ron, que se habían comprometido a llevárselo a la pelirroja sano y salvo.

El chico se abrochó los botones de las mangas de la camisa, pensativo. Había algo que debía hacer allí todavía, antes de su partida definitiva; algo que le encogía el corazón y que a la vez le llenaba de esperanza. Deseaba con todas sus fuerzas que las cosas resultasen como él había previsto, pues si no, Azkabán sería la única alternativa que él estaba dispuesto a ofrecer; y aquello le encogía el alma de tristeza.

Inesperadamente, el repicar de unos nudillos contra la puerta del cuarto lo sacó de sus pensamientos.

- ¡Adelante! – dijo sin más, mientras se colocaba la chaqueta del elegante traje informal que Ginny le había elegido para la ocasión.

El rostro de Molly se asomó tímidamente dentro del cuarto.

- ¿Se puede? – la mujer preguntó, mirando al chico con vergüenza.

- Claro que se puede, Molly. ¿Cuándo ha tenido usted que hacerme esa pregunta? – él sonrió, divertido.

Ella sonrió también, agradecida; caminó unos pasos hasta casi alcanzar al chico y se detuvo, sin dejar de mirarlo, mostrando en sus ojos una tímida esperanza.

- Hijo… quería hablar contigo, ahora que los chicos están entretenidos conversando con el Sr. Brown. – Tengo algo que decirte, algo que necesito que sepas.

- No es necesario que diga nada, todo está bien entre nosotros – afirmó, intuyendo qué rumbo iba a tomar la conversación.

- Gracias, hijo. Pero necesito decírtelo.

- Está bien, tiene toda mi atención – afirmó con una sonrisa cariñosa.

- Sé que no me porté bien con Ginny y contigo cuando me enteré de vuestra repentina boda, y lo sé porque lo siento así.

- Bueno, y yo sé que nuestra boda no ha sido lo que usted hubiera deseado.

- ¡Por supuesto que lo ha sido! – la mujer replicó, molesta - ¡Tú eres el único hombre que siempre he deseado para Ginny! ¡Y no imaginas cuánto he sufrido por veros separados durante tanto tiempo!

- Me he explicado mal, pero usted me ha entendido a la perfección – le ofreció una sonrisa socarrona, que a ella le hizo sonreír.

- Sí, te he entendido – afirmó, melancólica - ¿Ves? Ese ha sido mi problema, que en el fondo siempre os he entendido, a ti y a Ginny, a todos… pero no sé porqué, en la superficie he demostrado todo lo contrario.

- Molly, no es necesario que interponga una coraza entre usted y ninguno de sus hijos. Sabe que jamás vamos a hacerle daño… Bueno, al menos nunca lo habremos deseado, a pesar de que la vida nos depare lo que tenga que venir – la abrazó con dulzura y la mujer se dejó hacer, emocionada.

- ¿En serio tú te sientes como uno de mis hijos? – le preguntó, repentinamente mimosa.

- Por supuesto, un hijo que la adora y que la guarda como un preciado tesoro en un lugar muy especial de su corazón, junto a su otra madre – la abrazó con fuerza.

- ¿Debo ponerme celoso? – la alegre voz de Arthur se escuchó desde la puerta, y ambos se giraron hacia él, sonrientes.

- ¿Cómo usted por aquí? – Harry preguntó, encantado de verle.

- Bueno, cuando he dicho en el Ministerio de Magia que iba a acompañar a mi querido yerno de vuelta a casa, casi me han echado de allí, preguntándome qué demonios hacía todavía en mi despacho. Así que no me ha quedado otro remedio que venirme corriendo.

Los tres rieron.

- Arthur, Molly, gracias por ser mi familia, la única que yo siempre he conocido y la única que siempre llevaré en el corazón, junto a mis padres.

- Te lo has ganado a pulso, muchacho – el hombre afirmó de forma paternal.

- ¿Serán tan amables de esperarme unos minutos más? Hay algo que debo resolver antes de marcharnos – dijo, recuperando su seriedad.

- ¿Ya has decidido qué vas a hacer con respecto a ella? – Arthur preguntó, preocupado.

- Es ella quien debe decidirlo en última instancia. Pero sea como sea, este asunto se zanja hoy.

¿No vas a pedir a Ron que te acompañe? – Molly preguntó amablemente.

- No. Esto debo hacerlo solo.

- Entonces, si te parece bien, te esperaremos junto a él y a Hermione.

Él asintió, y sin decir nada más, salió del cuarto con paso firme y decidido.

ooo00O00ooo

El joven recorrió varios pasillos del hospital con una dirección muy concreta. Al cruzarse con algunos de los sanadores y enfermeros que lo habían atendido durante su convalecencia, saludó a todos con una amable sonrisa y un escueto "hola". Habría deseado pararse con cada uno de ellos para conversar, pero ni ellos podían permitírselo – ya que estaban trabajando – ni él tampoco.

Al llegar a su destino, halló a Skood custodiando la estancia donde aún reposaba E.J. - ya no por sus lesiones físicas, sino por la aparente depresión que se había adueñado de la chica, y que la mantenía postrada en la cama cual un desahuciado que espera con paciencia su inminente final.

- ¡Jefe! ¡Qué alegría verte recuperado! – el hombre saludó, encantado de verle llegar.

- Gracias por todo, compañero – el moreno abrazó al hombre mayor, quien le devolvió el saludo del mismo modo, sorprendido y emocionado por igual.

- N-no ha sido nada.

- ¿Cómo está? – señaló dentro del cuarto para hacerse entender.

- Sigue igual – Skood anunció con tristeza.

Harry asintió, y no demoró más su visita. Entró en el cuarto con cautela, intentando no sobresaltar a su ocupante. La mujer que yacía en la cama situada frente a él, lo miró con rostro melancólico y ausente, pero no habló ni se movió. Aunque él habría jurado que mostró un atisbo de alegría al reconocerlo.

- Hola, E.J. – Harry saludó, ceremonial – ella le mantuvo la mirada fijamente, pero fue firme en su silencio – ¿Cómo estás?

- Vacía. No encuentro un motivo para seguir viviendo – dijo, sin ningún tipo de tono en su voz.

- Pues deberás encontrarlo. No has hecho lo que has hecho para rendirte ahora.

La chica le ofreció una insustancial sonrisa.

- ¿Qué he hecho, Harry? Sólo arruinarme la vida; pero eso él ya lo había conseguido antes – calló durante un momento - Vas a encarcelarme en Azkabán, ¿verdad?

- Sabes que debería hacerlo. Pero tus servicios prestados al Cuartel General de Aurores, en todos los sentidos – remarcó – han de ser útiles en algo. Así que sólo tuya será la decisión.

Por un momento, Harry pudo ver una pequeña chispa en los ojos de la joven. Hubiera deseado abrazarla con todas sus fuerzas, jurarle que siempre estaría a su lado, protegiéndola. Pero sabía que ya no podía ser; más bien, no debía suceder.

- Te escucho.

- Voy a ser franco y directo, y lo que voy a proponerte no es discutible. La alternativa a Azkabán es que pases tres años en este hospital, prestando servicios comunitarios a todos los magos – ella abrió los ojos de forma desmesurada, totalmente tomada por sorpresa – Durante ellos, y si descubres que te interesa cualquier trabajo que aquí se lleva a cabo, podrás cursar estudios para poder llegar a desempeñarlo. Y si no, cuando termines tus servicios aquí, serás completamente libre. – hizo una pausa para que ella fuese asimilando lo que acababa de decirle - Pero jamás regresarás al Departamento de Seguridad Mágica, ni como auror, ni trabajando para él de ningún otro modo. Tú decides.

E.J. lo observó, atónita y sin palabras, mientras Harry aguardaba su respuesta con paciencia, firme y distante con ella.

- Yo… - la chica comenzó a hablar, con voz titubeante.

- Decide bien esta vez, E.J., porque no vas a tener otra oportunidad para enmendar tus errores.

- Yo… Muchísimas gracias, Harry. Jamás olvidaré lo que estás haciendo por mí.

- Dáselas a tus compañeros – él respondió con voz fría – No te engañes. Si decides trabajar aquí, vas a presenciar sufrimiento, miserias y muerte hasta hartarte, mucho más a menudo que alegrías. Habrá días en que te dejarás la piel trabajando doce horas, catorce, incluso más, y nadie reconocerá tu trabajo; días en los que llegarás a desear haber elegido pudrirte en Azkabán, pero en que no podrás volverte atrás, porque no hay vuelta atrás. ¿He de entender que aceptas mi propuesta?

- La acepto – dijo con voz firme y decidida.

- Perfecto. Ahora mismo hablaré con el director Brown para comunicarle tu decisión. Comenzarás tu trabajo en cuanto te den el alta médica – dio media vuelta para marcharse, pero la voz de la joven lo detuvo.

- Harry, te prometo que no te decepcionaré – le aseguró, casi en un susurro.

- Ya es un poco tarde para eso, ¿no crees? – por un instante, la miró con ternura – Si alguna vez necesitas mi ayuda, si la necesitas de verdad, ya sabes dónde encontrarme. Siempre estaré para ti. Adiós – le dio la espalda definitivamente y se marchó.

Al recorrer de nuevo los ahora para él inhóspitos pasillos, pequeñas lágrimas no derramadas brillaron en los ojos de Harry, pero él no se detuvo hasta haberse marchado bien lejos de allí.

- Volvamos a casa – pidió a su familia, cuando se reunió con ellos en la sala, tras haber mantenido una última charla con el director Brown.

Todos los Weasley lo miraron con tristeza, sabiendo cuánto le había costado aquello que acababa de hacer, y asintieron. Uno a uno, usaron la red flu para aparecerse en Godric´s Hollow, donde Ginny los aguardaba con impaciencia.

ooo00O00ooo

Cuando llegaron a Godric´s Hollow, Ginny se apresuró a abrazar a su marido con todas sus fuerzas, encantada de volverlo a tener en casa, sano y salvo.

- Medio Ministerio de Magia nos ha enviado un mensaje preguntando si pueden venir a visitarte – ella contó, jovial – pero he respondido que por ahora debes descansar.

- Te preocupas demasiado, cariño – él dijo, mientras la besaba en la mejilla – si vuelven a preguntar, deja que vengan. Total, no pienso pasarme el día tumbado en la cama, ni creo que tú esperases que lo hiciera – le sonrió con picardía.

- Aún así, deberías tomártelo con calma – Hermione lo reprendió con la misma voz que solía poner cuando les daba lecciones sobre cómo comportarse en Hogwarts.

Harry y Ron se miraron, cómplices, y rompieron a reír.

- ¿Qué he dicho que os hace tanta gracia? – ella los encaró, molesta.

- Nada, preciosa. Sólo nos alegramos de volver a estar todos juntos de nuevo – su prometido se apresuró a explicarle, sin perder una sonrisa que a ella contagió.

- Hijo, Hermione tiene razón. Deberías tomártelo con calma y disfrutar de unos días de vacaciones, sin preocuparte por nada en absoluto – el Sr. Weasley la apoyó.

- Sabe que no puedo hacer eso. Aunque esté de vacaciones, sigo disponible las veinticuatro horas del día para resolver cualquier problema que surja en el Departamento de Seguridad Mágica. Prometo descansar si los chicos no me necesitan para nada importante, pero no más. No voy a haceros promesas que sé que no voy a cumplir.

Ginny suspiró, rendida.

- Aún así, siempre puedo dejar a Ron a cargo de todo – dio una palmada en la espalda al pelirrojo, bromeando.

- Si con eso puedo conseguir que descanses de verdad, asumo con gusto esa responsabilidad – el chico anunció, solemne.

Todos lo miraron alucinados, a sabiendas de cuán poco le gustaban al joven los trabajos de dirección.

- Eres el mejor amigo que pueda tener jamás – Harry le agradeció.

- Pues que no se te olvide. Como vuelvas a asumir peligros sin mí, te vas a enterar.

Ambos chicos se abrazaron y los demás sonrieron, enternecidos.

- Bueno, ya va siendo hora de que cada cual vuelva a su hogar. Harry y Ginny deben descansar, y disfrutar de su luna de miel a solas, como dos tortolitos – dijo la Sra. Weasley con picardía.

- Tienes toda la razón – Arthur afirmó – Hijos, mañana vendremos a visitaros - ¿Nos vamos, querida? – abrazó a su esposa por la cintura, tirando de ella hacia sí y mirándola enamorado.

- Vamos, querido – ella sonrió, encantada – Hasta mañana, pequeños.

Los cuatro jóvenes los observaron marcharse con la boca abierta, sin decir palabra.

- Nosotros nos vamos también – dijo Hermione - ¡Por Merlín! ¡Me quedan miles de detalles que cerrar para la boda todavía! ¡No vamos a llegar! – gritó, poniéndose nerviosa sólo de pensarlo.

- Tranquila, yo te ayudaré – Ron le aseguró tranquilamente – Seguro que llegaremos, pero si no lo hiciéramos, ¿qué puede pasar?

Por un momento, ella lo miró con enfado, pero luego se encogió de hombros.

- Pues sí, ¿qué puede pasar? Seguro que quienes nos quieren lo entenderán – sonrió a Harry y Ginny, y ellos le sonrieron también.

- Nos vemos mañana, entonces. Y cuídate – Ron dio un pequeño empujón a Harry, que este devolvió con alegría.

El resto del día pasó de forma tranquila y relajada en el hogar de la pareja. Comieron juntos, charlaron, hicieron la siesta tumbados y abrazaditos en el sofá… fue exactamente como siempre ambos habían imaginado que sería su vida en común, o al menos sus vacaciones en común, pues ambos sabían que cuando Harry regresase al Ministerio, dispondrían de mucho menos tiempo para dedicarse el uno al otro; aunque tenían bien claro que se les ocurriría un modo de compartir juntos el máximo tiempo posible. Ginny había decidido que, hasta que diese a luz, no volvería a trabajar, pero no sabía qué haría una vez el bebé hubiese nacido; ya habría tiempo para pensarlo.

La noche les sorprendió tumbados en la cama, Ginny en brazos de Harry, disfrutando cada segundo de su mutua compañía. Ella le acariciaba el pecho distraídamente y él se dejaba hacer, adormilado.

- Harry…

- Dime – pasó su mano suavemente por el largo y sedoso cabello de la chica.

- Me alegra saber que al final has decidido no encarcelar a E.J. Si yo hubiera sufrido lo que ha sufrido ella, y sin nadie a mi lado que me apoye y me reconforte, creo que con el tiempo, acabaría volviéndome una persona con el corazón gris – él la abrazó con fuerza; nada más pensar en la posibilidad de que a ella le sucediera lo que había vivido E.J. se volvía loco de dolor – Vela por ella, amor, aunque sea en la distancia. Pero no la abandones ahora.

- Siempre velaré por ella, pero sin que se de cuenta. Al menos hasta que ya no me necesite – Harry aseguró - E.J. fue una niña huérfana, como yo. ¿Nunca te lo había contado?

- No, no lo habías hecho. Ahora soy capaz de comprender muchas cosas: cuánto te preocupas siempre por ella, con cuánta insistencia intentas llevarla por el camino correcto, por muchas decepciones que te haya causado.

- Otros lo hicieron por mí – sonrió, recordando a Sirius, a Dumbledore, a Remus… sus mentores hace tanto tiempo perdidos, pero jamás olvidados - Desde que nos conocimos, siendo yo su profesor y ella mi alumna, E.J. siempre ha sabido que yo estaba ahí, a su lado, haciéndole de escudo, sirviéndole de red que amortiguaba los saltos mortales que ella se empeñaba en dar una y otra vez – Ginny le acarició la mejilla con ternura, escuchándole atentamente – Ella es perfectamente consciente de la debilidad que yo siento por su particular situación, pero no ha sabido servirse de ello con madurez. Será bueno para su futuro que desde ahora no lo sepa, que piense que nadie va a librarla una vez más de las consecuencias de sus actos alocados e irreflexivos. Tendrá un triste destino si no es capaz de asumir sus propias responsabilidades y las consecuencias de su actitud, sean estas las que sean.

- Al escucharte, veo en ti una madurez más allá de tu edad, Harry. Es como si Dumbledore, o Remus, o incluso Sirius – sonrió, recordando la impetuosa actitud del que fuera su padrino – hablasen a través de tus labios.

- Más quisiera yo. Yo no soy todopoderoso, Ginny, y no seré capaz de amortiguarle siempre el golpe. Si no ha sabido aprenderlo por las buenas, ha llegado el momento de que lo haga por las malas.

- Aún así, has acabado abogando por ella una vez más, por mucho que en un principio te negases en rotundo a hacerlo. No te ofendas, yo misma también te lo pedí, pero no sé si habrías tomado la misma decisión si se hubiese tratado de otra persona, no tan especial para ti.

- Yo tampoco lo sé, y espero no tener jamás que averiguarlo – le acarició el aún plano vientre con ternura.

- ¿Sabes que tu hijo ya comienza a mostrar sus exigencias? – la chica aprovechó para cambiar de conversación. Harry enarcó una ceja, suspicaz – Llevo dos días enteros deseando tarta de chocolate a todas horas – dijo alegremente.

- Eso es fácil de solucionar. ¿Por qué no me lo has dicho antes? Ahora mismo voy a conseguirte la mejor tarta que hayas probado nunca – hizo ademán de levantarse, pero ella lo detuvo, imperiosa.

- De eso, nada. Si tú te marchas, me quedaré sin el dulce más exquisito que he probado jamás, y eso no puedo permitirlo – besó sus labios, seductora. – Este.

Él rugió, desesperado, y ella rió sin poder contenerse.

- Siempre sabes cómo conseguir tenerme a tus pies, princesa, tanto, que ya no soy capaz de imaginar la vida sin ti – la pegó a su cuerpo, anhelante, mientras ella le regalaba una mirada de adoración.

- Yo ya no podría vivir la vida sin ti. Lo descubrí cuando…

- Shhhhhhh… - selló sus labios con un apasionado beso y, suavemente, hizo que ella se tumbase sobre él.


COMENTARIOS DE LA AUTORA:

Bueeeeno. Se ha hecho esperar, pero aquí esta.

Espero que os haya gustado el capítulo, y ojalá haya sabido daros ese "equilibrio" entre drama, alegría y humor que he pretendido dar.

El capítulo lo dedico a: fronfis, J0r, ginalore28, gadi23, Isla de Thera, EmGin, susy snape, Ires, greed212, Cirze y ricitos de menta. Por haberme dejado esos reviews tan maravillosos que tantísimo agradezo.

Y lo dedico en especial a zafiro potter, porque también me ha dejado un review maravilloso, pero que no he podido responder porque no tenía a dónde, jeje. Así que desde aquí le mando un abrazo muy fuerte y todo mi agradecimiento.

Quería puntualizar una cosita sobre el magnífico arte del periodismo. Quizá os habrá parecido que yo no valoro esa profesión, dado cómo he tratado aquí a El Profeta y a su director. Pero no es así. Yo considero que existen buenos y malos periodistas, y entre ellos, de todas clases (más sinceros, menos, más subjetivos u objetivos). Todo depende del tipo de periodismo que a cada cual le guste leer (^_^). Aún así, pienso que es un oficio muy intervenido hoy en día por intereses económicos ajenos que no deberían inmiscuirse y que le restan mucha credibilidad. Lo que he reflejado aquí ha sido una venganza contra El Profeta en particular, por haber aceptado en sus filas a una mala periodista (a mi entender) como lo es, o lo era, Rita Skeeter. Ahí queda eso. Recordad que jamás escribo nada porque sí :)

Hasta el próximo capítulo, y por favor, reviews, reviews (soy como una niña pequeña pidiendo caramelos).

Rose.