Capítulo 24 : Un gran día.
En La Madriguera, en una habitación bien alejada de la que estaban usando los chicos para acompañar a Ron, las chicas daban un último retoque de glamour a Hermione, que permanecía de pie como una estatua, mientras Fleur le colocaba con mimo el tocado que iba a lucir en el pelo, a juego con el magnífico vestido de novia que realzaba su joven belleza.
- Ya está – anunció Fleur, solemne – mígate al espejo.
La chica se asomó al cristal tímidamente, y al verse tan hermosa, se tapó la boca con las manos, emocionada. Audrey – la nueva novia de Percy – Angelina, Fleur y Ginny soltaron risitas alegres y cómplices, orgullosas del resultado.
- Gracias, chicas. Sois las mejores amigas que una mujer puede desear; mi familia.
- Ey, Ey… Nada de lagrimones – ordenó Angelina – Con lo que le ha costado a Audrey maquillarte, lo último que hace falta es que ahora tú lo estropees y le toque volver a empezar.
Todas rieron, divertidas, incluida Hermione, que usó toda su concentración en intentar relajarse, pero sentía que las piernas le temblaban como flanes.
- ¿Es normal que me sienta así? – preguntó a las casadas, entre risas.
- ¿Cómo si fuega el día más especial y a la vez el más estresante de tu vida? ¡Oh, sí! – afirmó Fleur, sonriente. Ginny asintió con firmeza, apoyando a su cuñada.
Hermione se abrazó a todas ellas. El cariño y la gratitud que sentía por todas en aquel instante, era impagable.
Molly entró en el cuarto y contempló a Hermione con orgullo.
- Estás radiante – afirmó, rotunda. Ambas se dieron un beso – Bueno, jovencita, prepárate, porque falta muy poco para que llegue el momento de que hagas tu aparición triunfal ante tu prometido y ante todos los invitados que te aguardan.
La chica hizo un ademán nervioso y sonrió.
- Nosotras estaremos muy cerca de ti – afirmó Angelina – No en vano somos tus damas de honor – intentó tranquilizarla.
Aprovechando la distracción, Ginny tomó del brazo a su madre y la apartó a un lado con discreción.
- Mamá, ¿has visto a Harry? – le preguntó, esperando su respuesta con semblante preocupado.
Su madre rió, divertida.
- Cariño, deja a Harry tranquilo por un rato. Estará con los chicos, no quieras monopolizarlo para ti sola en un día como hoy.
- No está con los chicos, ya lo he comprobado; y hace media hora que no lo encuentro por ninguna parte – se frotó los brazos para intentar entrar en calor – Qué frío tengo… He olvidado el chal en casa - dijo distraídamente - Ya sabes que él aún no está restablecido del todo; no puedo evitar inquietarme.
- No le des más vueltas, cariño. Estará ayudando a Arthur con los preparativos de la carpa, o andará distraído por ahí haciendo de anfitrión con los invitados. Ya sabes lo solicitado que está. Anda, vamos a mi habitación y eliges uno de los míos. Ambas caminaron fuera del cuarto.
- Qué fastidio. Ese chal combina a la perfección con este vestido – miró a su madre, pensativa, mientras recorrían el pasillo hacia la habitación del matrimonio Weasley - No sé, mamá, hay algo que…
La mujer se detuvo, dedicándose a observar a su hija con mirada escrutadora.
- ¿Qué pasa, hija? ¿Qué sucede? Hay algo más que no quieres contarme; tanta inquietud por tu parte no es normal, por mucho que te preocupe controlar la convalecencia de Harry.
Ginny no pudo responder, ya que repentinamente, el mismo Harry interrumpió la conversación, llegando por el pasillo, muy serio, y portando en una mano el chal que su esposa había dejado olvidado en casa. Sin decir palabra, caminó hasta Ginny, la rodeó tranquilamente, y colocó la prenda sobre sus hombros con cuidado.
- Aquí tienes – anunció; le dio un fugaz beso en la mejilla y se volvió por donde había venido.
Molly observó la escena con suspicacia, preocupada.
- Harry… - la chica llamó la atención de su marido con voz suplicante, los ojos repentinamente humedecidos.
Pero él alzó una mano a modo de despedida y no se detuvo, ni se giró para mirarla.
- Estaré con Ron, si me necesitas.
Y se alejó.
Ginny se arrebujó en la prenda con la que Harry tan galantemente la había arropado, y emitió un fuerte suspiro de frustración.
- Ha vuelto a casa adrede para traerme el chal – dijo a su madre, enamorada y sintiéndose la mujer más culpable del mundo. Molly la miró fijamente y se cruzó de brazos, esperando una explicación a todo aquello – Ayer le dije que me agobia con tantas atenciones – la joven confesó por fin, arrepentida.
- ¡Pero hija! ¿Cómo has podido decirle algo así? – la mayor se escandalizó – Él no merece eso, se desvive por ti.
- Ya lo sé. Desde que se enteró de que estoy embarazada, no pasa un minuto en que no me pregunte cómo me encuentro, si me hace falta algo, si puede ayudarme con cualquier tarea… Se ha mostrado tan atento, tan solícito, que he llegado a sentirme asfixiada – volvió a suspirar, hundida – Desde que se lo hice notar, su actitud se ha vuelto fría y distante. Sigue atento a mis necesidades, como siempre, pero en la distancia; se muestra amable, pero no cariñoso. Se nota a la legua que está dolido conmigo – hizo una pausa con tristeza - Mamá… ya no sé qué hacer… Antes me sentía agobiada, y ahora me siento abandonada. Soy una caprichosa, lo sé…
Su madre rió, divertida, mientras Ginny le mostraba su mayor cara de reproche. La mujer acunó a su hija entre sus brazos.
- Mira, pequeña, lo mejor de estar embarazada es poder sentirse la persona más especial del universo. Mientras Harry sienta la necesidad de protegerte contra el mundo entero debido a tu embarazo, de mimarte más allá de lo "razonable", de complacerte como jamás lo había hecho antes a pesar de amarte tanto como él te ama… tú serás el centro de su mundo, algo que no va a ser tan fácil que vuelva a repetirse – ella observó a su madre con mirada interrogadora - ¿Acaso crees que cuando nazca el niño él va a estar siempre pendiente de ti? – sonrió con condescendencia – El bebé será el centro de vuestras vidas, de ambos, os exigirá para él las veinticuatro horas del día, un día tras otro, sin excepción. Y tú has decidido dedicarte tan sólo a cuidarlo, al menos por el momento, pero Harry además deberá compaginar su trabajo con la familia. ¿En serio crees que, cuando regrese cada tarde, agotado del Ministerio de Magia, y el niño comience a llorar noche tras noche, a exigir todo su cariño y atención, tú vas a ser su princesita mimada como lo eres ahora? – Ginny la observó, sorprendida; no había pensado en ello en absoluto - Mi nena, yo aprovecharía esta situación mientras dure. No imaginas lo privilegiada que eres en este momento. Disfruta de Harry, hazle feliz dejándote mimar y proteger, siendo su princesa. ¿Qué hay de malo en ello?
- Vaya… no lo había pensado de ese modo… - ella respondió, sorprendida – Pero después de todo lo que le he dicho, ya no va a ser tan fácil conseguirlo – afirmó con tristeza.
- ¿Que no? Despliega tus armas de mujer, cariño. ¿O acaso no has sido tú por quién él siempre ha suspirado, desde que erais adolescentes, y no todas esas mujeres que una y otra vez se lo han estado disputando? Sé tú misma, hija; sabes que tienes todas las de ganar.
- Gracias, mamá – abrazó a su madre con todo su cariño.
- De nada. Todavía puedes aprender unas cuantas cositas de tu vieja y anticuada madre, si quieres – le guiñó un ojo con picardía -. Sientes frío, ¿no?
- No… ya no. Con el chal, yo…
- ¡Chssssssst! Aún sientes frío – aseguró – y necesitas que tu marido haga algo al respecto. ¿No es así?
- Por supuesto.
Ambas sonrieron con complicidad.
ooo00O00ooo
En la habitación de Ron reinaba una alegre algarabía. El chico recorría el cuarto caminando, rígido y nervioso, mientras Harry, Neville y sus hermanos lo observaban sin dejar de reír y bromear.
- ¡Por Merlín! ¡Ron, pareces un pingüino! – le soltó Harry, sonriente.
Su mejor amigo dejó de caminar, se miró el traje de arriba abajo para después mirar al moreno, sintiéndose ridículo.
- Es por el traje, ¿verdad? A mí no me queda bien tanta parafernalia – afirmó, abatido, y comenzó a caminar de nuevo.
- No, es por tu forma de andar. Pareces encorsetado. Tío, relájate.
Los demás soltaron una sonora carcajada; George se dobló por la risa, mientras Ron asesinaba a Harry con una mirada de reproche.
- Mira quién fue a hablar – Neville dejó caer como quien no quiere la cosa.
George cogió a Neville por los hombros amistosamente y le sonrió, conspirador.
- Me parece que tú tienes muchas cosas interesantes que contar…
El otro le devolvió la sonrisa de forma beatífica, mientras Harry sonreía enigmáticamente, a sabiendas de que su amigo jamás revelaría algo que supiera que él no deseaba contar.
- ¡Ey! ¡Vamos a relajarle un poco los nervios! – gritó Charlie - ¿Qué tal si lo manteamos?
El pequeño de los Weasley contempló a su hermano, aterrado.
- Mamá nos matará – Percy objetó, dubitativo, no viendo claro el asunto.
- Vamos, tan sólo lo justo y necesario para que se relaje – añadió Bill, con voz convincente.
- Ah, bueno, si es así… - Neville se sumó a la propuesta, sin dejar su pose beatífica - ¿Tú qué dices, Harry?
Ron rogó a su amigo con la mirada que se apiadase de él, pues era su única esperanza, pero el moreno fingió estarlo dudando durante unos segundos, y con voz ceremonial, respondió:
- Yo digo que le hará bien.
- ¡Traidor! – el pelirrojo le gritó con todas sus fuerzas, lo que no hizo más que el resto volviese a desternillarse de risa.
Rápidamente, y sin darle tiempo a escapar, Bill y Charlie cogieron a su hermano, cada uno por una pierna, y los demás lo tomaron por los brazos y la espalda. Harry iba a ocupar también su posición para comenzar con la broma, cuando la voz de Ginny lo alertó de la presencia de la chica en la habitación.
- Harry…
- ¡Fuera de aquí! – le gritó George fingiendo indignación - ¡Hoy está prohibido que entren las mujeres en este cuarto! – pero ella lo ignoró y continuó a la espera de la respuesta de su marido.
- Dime – él respondió serenamente, sin acercarse a su encuentro.
Ginny caminó hacia el chico con cara de niña desvalida, le acarició la mejilla con ternura y lo tomó dulcemente de la mano, tirando de él para que la siguiera.
- Harry… - volvió a llamar su atención, mimosa, haciendo que comenzase a caminar fuera de la habitación.
Él la observó con sorpresa, alzando una ceja, mientras se dejaba llevar.
- ¡Pero tío! ¡No puedes abandonarnos ahora! – se quejó Bill, mientras todos seguían acosando a Ron con la inminencia del manteo.
El moreno no respondió, ni siquiera pareció haberse enterado de que ellos le estuviesen hablando. Simplemente se dejó arrastrar por su esposa y se marchó con ella. Charlie bufó, diciendo que era un rajado, y George, que era un calzonazos, pero siguieron con la juerga y pronto olvidaron la intromisión de su hermana pequeña.
Al llegar al antiguo cuarto de Ginny, que seguía intacto para ella y ahora también para su esposo, la chica se abrazó a él, apoyó la cabeza en su pecho, y emitió un largo suspiro de satisfacción.
- ¿Qué te pasa? – él preguntó, a medias sorprendido y preocupado.
- Abrázame – ella pidió, apretándose aún más contra su cuerpo.
Harry la abrazó con mimo, sonriendo cariñosamente; la alzó en brazos con cuidado y se sentó encima de la cama con ella sobre sus rodillas; la vio tan bella, que no puedo más que abstraerse en su contemplación.
- Perdóname – la joven lo miró a los ojos, arrepentida.
Él amplió su sonrisa, enamorado.
- Nunca he pretendido agobiarte, Ginny. Es sólo que todo me parece tan maravilloso, tan nuevo y especial… No sé si te habrás dado cuenta, pero nunca he estado apunto de ser padre en una ocasión anterior – le acarició la nariz con un gesto cariñoso – y junto a la mujer de mi vida.
- Amor…- ella besó su mano, enternecida.
- No tengo ni idea de cómo debo comportarme, ni de lo que tú esperas de mí, de lo que necesitas; así que hasta ahora me he dedicado a dejarme llevar por todo lo que siento por ti y por el bebé – sonrió con sinceridad - Dame pistas, yo haré lo que tú me pidas.
- Olvida totalmente lo que te dije – estrechó su abrazo, adorándolo con todo su ser - Quiero que te comportes exactamente como lo has hecho hasta ahora – volvió a apoyar la cabeza en el pecho de él y ronroneó de placer, aspirando el aroma masculino que tanto amaba – No quiero que cambie nada en ti, absolutamente nada.
- ¿Es eso lo que realmente deseas? – tomó la barbilla de la chica con cuidado, obligándola a mirarlo a los ojos, poco convencido.
- Eso es exactamente – sonrió, encantada.
- Mira que puedo ser muy insistente y muy pesado con mis atenciones…
- No espero menos de ti – besó sus labios con sensualidad.
- Y muy agobiante…
- Tonterías – volvió a besarlo, haciéndole callar - ¿Sabes?
- ¿Qué? – él preguntó suavemente, mientras hacía que los labios de ambos se rozasen en una caricia juguetona.
- No pudimos celebrar nuestra boda como es debido. En cuanto te vi antes de casarnos, sentí un deseo loco de despojarte de aquel traje tan elegante y hacerte mío una y otra vez - él rió, divertido – Este traje que vistes hoy es tan sensual… - recorrió con un dedo los labios del chico, y su mentón - Se parece tanto a aquél que no te pude quitar… - continuó hasta su pecho con deliberada lentitud, haciéndole estremecer - Y yo tengo tantas ganas de ver cumplido mi deseo… - comenzó a deshacerle el nudo de la corbata, para seguir desabrochándole los primeros botones de la camisa, traviesa, sin dejar lanzarle miradas provocadoras.
- Mi amor… vamos a llegar tarde… - la besó de nuevo, más y más excitado por momentos, intentando controlarse.
- ¿A dónde? - fingió no recordar nada más que lo que ahora ocupaba a ambos, e hizo presión sobre su pecho para hacerlo caer tumbado sobre la cama, con ella encima.
- Eres mi perdición, pelirroja – besó su cuello con avidez, y ella le desabrochó la camisa por completo, pasando sus manos por su desnudo torso con ardiente deseo.
- ¿Será posible? – escucharon una voz indignada desde la puerta - ¡Harry y Ginny, todos os están buscando desesperados! ¡Por Merlín! ¡La boda está apunto de comenzar! ¡Y vosotros sois los padrinos! – Molly los regañó.
El chico dio un salto, enrojeciendo como un tomate, y Ginny se giró hacia su madre con cara de fastidio, aunque avergonzada. Los dos se pusieron en pie.
- Lo-lo siento – él se disculpó, mirando a su suegra con el rostro como la grana. Con manos nerviosas, volvió a abrocharse la camisa y a anudarse de nuevo la corbata.
- Pues yo, no – Ginny dio un último y sensual beso a su esposo, mientras le daba una pícara palmada en el culo, que a él sobresaltó de vergüenza e hizo que se apresurase hacia la puerta, tras la que desapareció como una exhalación.
Molly negó con la cabeza, acusando a su hija con la mirada, aunque no pudo evitar una sonrisa radiante.
- Ya sabes lo tímido que es para algunas cosas; cuánto le haces sufrir…
- ¿Tú crees? Yo creo que él lo ha disfrutado tanto como yo… - sonrió con deleite, al recordar el culito respingón de su marido.
- Eres imposible – Molly sentenció, rindiéndose ante su hija.
- Mamá, le amo tanto… - dijo con ojos soñadores.
- Tanto como él te ama a ti. Anda, vamos – la tomó del brazo y ambas se encaminaron hacia la carpa donde iba a celebrarse el enlace.
ooo00O00ooo
Phineas Argorus ofició una ceremonia muy emotiva y sencilla, donde los padrinos entregaron a los novios con voces firmes y resueltas, y estos se intercambiaron sus votos y prendas de juramento, emocionados. Ron entregó a Hermine un anillo con tres aros de oro entrelazados en intrincadas uniones inquebrantables, y la chica ofreció a su prometido una cadena de oro, de la que pendía una pequeña plaquita con tres iniciales: las de sus padres y la suya propia.
Los invitados, - que tan sólo fueron los familiares y amigos más allegados, y los compañeros de trabajo de Ron y Hermione - rieron por lo bajo, enternecidos, cuando fue Ron quien soltó una peña lagrimita de emoción, y no Hermione, quien no paraba de contemplarlo con ojos de mujer profundamente enamorada y satisfecha.
Tras la boda, hubo montones de abrazos y de fotos. Todos los presentes solicitaban fotos con la pareja y con la familia, querían dejar constancia de que habían participado de aquel día de inmensa alegría.
Casi terminado el banquete, y cuando ya licores muy diversos corrían a raudales por las mesas de los invitados, estos comenzaron a solicitar la intervención de los padrinos.
- ¡Que hable la madrina! – alguien pidió a gritos.
- ¡Sí! ¡Que hable! – otra persona se unió a la petición, jovial.
- No, no, yo no valgo para eso – Ginny negó, riendo - . De verdad.
- ¡Pues que hable el padrino!
- ¡Que hable! ¡Que hable! – varias voces corearon al unísono.
- Tú sí que no te escapas – Arthur dijo a Harry, sonriente – El discurso del padrino es todo un clásico; todos lo están aguardando.
Harry, que conocía la tradición perfectamente, y ya estaba preparado para aquella petición, se puso en pie con lentitud, y apaciguó, con ambas manos, los ánimos de aquellos que seguían gritando.
- Os advierto que, en esta boda, no hay libro de reclamaciones – declaró, jovial.
Se escucharon varias risas, mientras todos los invitados aplaudían para animarle a hablar. Él no se hizo de rogar.
- Recuerdo como si fuera hoy mismo – comenzó - el día en que conocí a "esa petulante y repelente sabihondilla", palabras textuales de un indignado Ron de once años – Hermione se giró hacia el pelirrojo, sorprendida – y a "ese buenazo e ignorante simplón", palabras textuales de una frustrada Hermione de doce años – Ron respondió a su flamante esposa con una mirada no menos atónita, mientras Harry los contemplaba a ambos, divertido – en el expreso de Hogwarts que nos uniría para siempre. No quiero ni pensar qué dijeron entonces los dos sobre mí…
Hizo una pausa de efecto, durante la que los presentes volvieron a reír, encantados.
- Entonces, poco imaginamos ninguno de los tres, que las vidas de ambos, con el tiempo, iban a entrelazarse de una forma tan maravillosa y especial. Podría deciros que no sé qué han podido ver el uno en el otro, – la gente rió de nuevo, mientras el chico les guiñaba un ojo con complicidad, para un momento después adoptar una seriedad casi solemne - pero mentiría. Yo veo en ellos infinita bondad y generosidad, una fidelidad a toda prueba, unos corazones tan grandes que mi imaginación no será jamás capaz de abarcarlos en su totalidad, y eso que yo puedo llegar a ser muy imaginativo – se vio obligado a detenerse, emocionado – Ron, Hermione, mis amigos, mis hermanos… que el futuro os bendiga con la dicha más grande que jamás haya existido.
- Y tú que la disfrutes a nuestro lado – Ron le deseó, poniéndose en pie y abrazándolo lleno de emoción.
También Hermione se levantó y abrazó a Harry con todas sus fuerzas, besándole en la mejilla.
Todos los presentes aplaudieron a rabiar; aquí y allá se escuchó sorber por la nariz.
- ¡Todo el mundo a bailar! – anunció Arthur, alegre.
A una señal suya, la pequeña orquesta empezó a tocar una jovial melodía irlandesa. Hermione se arremangó con glamour la falda del vestido y tiró de Ron hacia el centro de la sala. El chico sólo deseaba que la tierra le tragase en aquel mismo momento, tan patoso como se creía, pero a ella en absoluto le importó, y comenzaron a bailar, aplaudidos por un corro de gente a su alrededor. La castaña reía y reía, mirándolo con tanto amor y ternura, que él pronto olvidó todos sus temores y se dedicó a acompañarla, danzando despreocupado.
Poco a poco, varias parejas los rodearon, comenzando a bailar también; otros volvieron a sentarse en sus mesas, prefiriendo contemplar a los bailarines, o enzarzados en alegres conversaciones.
- Cariño, por favor, tráeme un poquito de ron de grosella, anda… - pidió Ginny a Harry, sintiendo la boca seca.
- Marchando un zumo de calabaza, o una cerveza de mantequilla – anunció el moreno, jovial, poniéndose en pie y besando a su hermosa mujer alegremente.
- Oh, es verdad, el bebé… - ella sonrió, encantada, mientras contemplaba con deleite el cuerpo de su marido, cuando este se alejaba.
Harry caminó sin prisas hacia la mesa donde se encontraban todos los licores, pero algo lo detuvo. A escasos pasos de él, se encontraban Aroa Lockhart y David Skood, conversando sentados a una mesa; ella se mostraba relajada, pero en cambio, el hombre parecía estarse ahogando con la corbata, y no paraba de dar tirones al cuello de la camisa. Harry sonrió, divertido, se acercó al lado de Skood y se inclinó para hablarle al oído; le dijo algo que tan sólo él puedo escuchar, y que hizo que el hombre enrojeciera como la grana, y se marchó tan campante, no sin antes dar a Aroa un cariñoso beso en al mejilla.
- ¿Qué te ha dicho? – la mujer preguntó a su acompañante, sonriendo.
Él la miró a los ojos tímidamente, como si volviese a ser un chiquillo adolescente, y aún enrojeció más todavía, si aquello era posible.
- Que te bese de una vez – el hombre dejó caer, preparándose para el desastre.
- ¿Y por qué no haces caso al Jefe? – preguntó con picardía. Pero no dio tiempo al hombre para responder, pues ella se adelantó, y estampó un dulce beso en los labios del atónito auror, que la contempló con ojos desorbitados.
- Tienes toda la razón. Ya es hora de que vaya haciendo caso al Jefe – dijo sin más; la tomó por el cuello suavemente y tiró de ella hasta que sus labios volvieron a encontrarse, esta vez en un largo y dulce beso.
Camino de vuelta, Harry contempló parte de la escena y asintió, complacido.
- Aquí tienes, zumo de calabaza – ofreció a su esposa, sentándose junto a ella.
La chica bebió un pequeño sorbo e hizo una mueca de disgusto, que él contempló, intrigado.
- ¿No está de tu gusto?
- Oh, sí, pero es demasiado soso, comparado con mi bebida favorita. Prefiero beber la que más me gusta.
- ¿Cuál? – esperó su respuesta, intrigado.
- Beberte a ti a pequeños sorbos.
Él mostró una amplia sonrisa satisfecha, de la que ella se adueñó al comenzar a besar sus labios lentamente, saboreando con pasión cada beso. Harry la tomó por la cintura y la pegó más a él, dedicándose a corresponder sus atenciones como ella merecía.
De pie a un lado de la improvisada sala de celebraciones, Arthur y Molly deplazaban sus satisfechas miradas por todos los presentes. Por un momento, detuvieron su vista en Bill, que junto con Fleur, intentaban convencer a la pequeña Victoire de que se marchase a dormir; esta se abrazaba a su padre, negando dulcemente con la cabeza; también vieron a Charlie, que estaba dando toda una clase magistral sobre dragones a varios invitados, quienes lo escuchaban con la boca abierta; sonrieron encantados. Le llegó el turno a Percy, quien parecía cómodo y relajado junto con la chica que les había presentado hacía nada como su novia: Audrey McNode; parecía que por fin el joven comenzaba a sentar la cabeza definitivamente. Rieron sin poder evitarlo, cuando vieron a George bailar junto a Angelina, ambos dando saltos desenfadados; aquellos dos nunca cambiarían, y así lo deseaban ellos. Ron y Hermione se habían retirado a una mesa discreta, desde donde contemplaban, agotados pero radiantes, el devenir de la fiesta. Habían comenzado la inspección con Ginny y Harry, a quienes habían dejado que se besasen con tranquilidad, pero al regresar su vista sobre ellos, la escena no había cambiado en absoluto: ambos se dedicaban besitos, abrazos, caricias en el rostro, palabras dulces… El matrimonio mayor negó con la cabeza, sonrientes, dándolos por casos perdidos, y con el corazón henchido de dicha.
- Definitivamente, hoy ha sido un gran día – Molly anunció, abrazando a su marido, cariñosa.
- Así es – Arthur tan sólo respondió, emitiendo un profundo suspiro de satisfacción mientras la abrazaba con mimo.
Ambos se miraron a los ojos, comprendiéndose sin palabras, y volvieron a perderse entre la gente.
*** FINITE INCANTATEM ***
COMENTARIOS DE LA AUTORA:
¡Diox! ¡Casi estoy llorando!
Os confieso que, en el fondo, no deseaba acabar esta historia. Son tantos los buenísimos momentos que me ha dado escribiéndola, tantos los mensajes de cariño y apoyo que he recibido por vuestra parte, que me siento tentada de no acabarla nunca :) Pero una buena historia no lo sería sin un buen final (espero que este lo sea) y que llegue a tiempo. Así que el relato mismo me estaba pidiendo a gritos ese capítulo que yo tanto me resistía a escribir. Y aquí lo tenéis.
Queda un epílogo, que sucederá dieciocho años después y que narrará una escena "familiar" de los Potter. No creo que aparezca ningún personaje aparte de Harry, Ginny y sus hijos, porque así lo he concebido casi desde el principio. Así que para el resto de personajes, el relato ha terminado.
Dedico el capítulo a las tres personas que han añadido este fic a sus favoritos durante el capítulo anterior: Majoc18, alexiel21 y lizlovegood12
También lo dedico a todos los que habéis seguido el fic, acompañándome con esos reviews tan maravillosos y que tantos ánimos me han dado siempre. Iba a decir que os echaré mucho de menos, pero pienso esforzarme a tope con mis otros fics para que me sigáis acompañando, jeje. Así que espero que sigamos en contacto.
Quiero aclarar un par de cosas sobre este capítulo:
- Audrey Mcnode, la novia de Percy, es un personaje al que Rowling hizo referencia en una de sus entrevistas. El apellido McNode lo he inventado yo, ya que, según tengo entendido, ella tan sólo desveló el nombre: Audrey.
- El significado del anillo que Ron entrega a Hermione creo que estaba claro, pero por si alguien se ha perdido, representa la unión inquebrantable entre Hermione, Harry y él, algo sagrado para el chico y que ha creído estar apunto de perder cuando Harry estuvo al borde de la muerte.
- Siento que Teddy no haya aparecido en este día tan especial. Estuve barajando la posibilidad de incluirlo en alguna escena, pero al final he preferido no hacerlo, en favor del romance entre mi pareja favorita. Imaginad que el niño estuvo en la boda, en brazos de su padrino y su madrina, que lo adoran, y que durante el banquete ya se había marchado a la cama. Yo lo he imaginado así.
- Y para los fans incondicionales de la pareja RonxHermione, siento no haberme extendido más con detalles de la boda, pero ya os dije a todos que este fic es para Harry y Ginny, y que así sería hasta el final. Quizá algún día me anime a escribir uno para esta pareja, quién sabe si seré capaz.
Por hoy me despido ya. Como os he adelantado, aún nos encontraremos en este fic una última vez, y guardo unas cuantas cosas que contaros para ese momento.
Un abrazo fortísimo a todos, y hasta muy pronto.
Rose.
