Epílogo : 18 años después. Parte I.
Ginny no había descansado bien últimamente, y era consciente de que él lo sabía. Un año más; dieciocho años ya de casados, recordó la bella pelirroja; dieciocho años que él le había regalado, llenos de felicidad, de amor y de ternura, a su lado. Pero aún sentía miedo de perderlo, sobre todo cada año por aquellas fechas. Desde su primer aniversario de casados, cada año sucedía lo mismo: horrendas pesadillas por las noches, donde él yacía muerto en sus brazos, donde ella intentaba morir también de todos los modos posibles para compartir su aciago destino, pero no podía, no podía seguirle, atrapada en una vida que ya no tenía sentido sin él. Ella gritaba en sus sueños, pedía a quien fuera que gobernase en el universo que la llevase con él, y siempre la voz de Harry resonaba en su alma: "No, no, no…"
Sabía que en el fondo aún se sentía culpable. Él, hubiese muerto o continuase vivo, había cumplido su promesa: lo había dado todo por ella; su vida, su muerte, su alma… Y aunque le había dicho una y mil veces, con esa voz profunda que guardaba para ocasiones solemnes, y que ella tanto amaba: "Tuviste el valor de seguir viva por mí, eso es lo único que yo deseaba, y por lo único que regresé al mundo de los vivos", ella hubiese querido poner también en sus manos su vida, su esencia, todo lo que era; pertenecerle más allá de la vida, y de la muerte. Para siempre.
Y allí estaba, en el desván del hogar de la familia Potter, de su hogar, contemplando una vez más aquella hermosa y desgastada foto del día de su boda, que guardaba como su más preciado tesoro, llorando; como cada año, como siempre. Sabía también que, cuando esa época del año llegaba, Harry tenía la delicadeza de respetar su soledad, de aceptar sus sentimientos, por mucho que él no los compartiera. Y durante ese tiempo la mimaba con una vocación desmesurada, con una dedicación completa… también aquel año, en que él sufría la inmensa presión del Ministerio de Magia y del Wicengamot, para que se convirtiese en el próximo Ministro de Magia tras la inminente retirada de Kingsley; algo que en absoluto deseaba, pero que se sentía forzado a aceptar, pues había muchas, muchas almas que confiaban en sus decisiones, que ponían su seguridad y la de sus familias en sus manos, y que nunca dejarían de hacerlo. No sabía si finalmente él aceptaría el cargo, aunque conociéndolo, seguramente la responsabilidad se impondría al bienestar personal.
Así era Harry, su Harry, y cada noche rogaba para que lo mantuviese junto a ella para siempre.
Pero aquel año era especial, por parecerse demasiado en algunos aspectos al momento en que ambos decidieron unir sus vidas para siempre; y aquello la hacía sentir todavía más emocionada, más sensible y de lágrima más fácil. Debía hablarlo con él, aquel mismo día, el día exacto de su aniversario; pues para ella era una señal. ¿Cómo lo tomaría él? Se moría por comprobarlo, ilusionada.
Abstraída en sus pensamientos y en la contemplación de aquella foto tan especial, cuyo recuerdo siempre la acompañaba en lo más hondo de su corazón, no se dio cuenta de que un adolescente de dieciséis años, extraordinariamente parecido a su padre, la observaba preocupado desde el hueco de la puerta. Intentando aparentar la mayor normalidad posible, sonrió.
- Estaba aprovechando que Lily está en casa de los abuelos para hacer un poco de limpieza en el desván, y el polvo se me ha metido en los ojos – dijo a su segundo hijo, manteniéndole la mirada con una dulce sonrisa.
- Claro, mamá - Albus respondió, fingiendo también que había caído en el burdo engaño que su madre había improvisado. - ¿Quieres que te ayude con la limpieza? – le ofreció, solícito.
- No, cariño, ya casi he terminado. ¿Papá está aún en su despacho? – cambió de tema rápidamente, impidiendo al chico hacer más preguntas.
- Creo que sí. Kingsley se ha marchado ya, y ahora está solo – fue a añadir algo más, pero lo pensó mejor y se dispuso a marcharse.
- ¿Qué ibas a decir? – en cambio su madre lo animó a hablar, cariñosa.
Él se tomó su tiempo para elegir las palabras correctas.
- Papá me preocupa – respondió con timidez. – Trabaja demasiado. No es justo que todos quieran que él siempre se encargue de todo – confesó, enfadado - ¿Es que no se dan cuenta de que no hacen más que causarle daño? – Como si de un niño pequeño se tratase, corrió a refugiarse en los brazos de su madre - ¡No soportaría que a papá le suceda nada malo! – casi gritó, abrazándola con fuerza.
- Sé cómo te sientes, hijo – acarició su negro cabello con ternura; – sé cómo te sientes.
Ambos permanecieron abrazados por unos momentos. Después, Albus recuperó la compostura y sonrió a su madre, intentando tranquilizarla.
- Perdona que te haya molestado con mis tonterías. A papá nunca va a pasarle nada malo; él puede con todo – trató de convencerla, pero en el fondo intentaba convencerse a sí mismo.
Ella volvió a sonreír, observando en él los mismos ojos del hombre que tanto amaba.
- Con todo… - repitió, suavemente.
- Bueno. Me voy a ver qué está tramando James esta vez – Albus intentó hacerla reír. – Ha-hasta luego.
Y salió rápidamente del cuarto, para culparse en solitario por haberse mostrado débil ante su madre, cuando sentía que ella necesitaba ser reconfortada y consolada más que nunca.
Si le hubiese preguntado, habría sabido que Ginny ya no sentía ganas de llorar. Ser consciente de las tres vidas únicas, tan especiales y maravillosas, que Harry y ella habían traído al mundo, la reconfortaba como tan sólo una persona en el universo podía hacerlo: Harry.
~~ooo00O00ooo~~
Ted entró en casa de sus padres con paso vacilante. Había repasado mentalmente una y mil veces cómo daría la noticia a su padre, aunque no temía que él le reprochase nada en absoluto; sabía que una inmensa sonrisa iba a adueñarse de todo su rostro, esa misma sonrisa que siempre tenía para él. Pero también sabía que la sorpresa iba a resultar tan grande, y le daba tanta vergüenza confesar lo que venía a decirle, que enrojecía tan sólo de pensarlo.
Quedó en la entrada durante un momento, repasando para sus adentros una vez más palabra a palabra lo que iba a decirle, y rogando con todas sus fuerzas que su padre pudiese darle una idea de cómo enfocar el tema ante la otra parte implicada: su tío Bill y su tía Fleur. Por ello, no escuchó los pasos de Albus, que bajaba por las escaleras. Su hermano menor, al reparar en su presencia y verle tan preocupado, caminó hasta él y apoyó su mano en el brazo del chico.
Ted se agitó por la sorpresa, quedando sus ojos fijos en Albus, y mirándolo como si este fuese una aparición.
- ¿Qué pasa? –el menor preguntó, con voz amable.
- Nada, enano – sonrió. Al fijarse mejor en el rostro de su hermano, se dio cuenta de que también algo lo preocupaba a él, algo importante, a juzgar por las arrugas de expresión que se acentuaban en sus adolescentes ojos - ¿Y a ti qué te pasa? ¿Qué te ha hecho James esta vez?
Albus negó tristemente con la cabeza.
- Es mamá. Otra vez la he pillado llorando. Ya sabes en qué fechas estamos, ¿no?
Ted suspiró. Cogió a su hermano por los hombros con firmeza, e hizo que él encarase también su dura mirada.
- Os he dicho mil veces, a James y a ti, que no os preocupéis por eso. Dejad a mamá que viva sus recuerdos como quiera.
- ¡Pero…! – Albus intentó protestar, pero su hermano lo silenció con un seco ademán.
- No, Al. En esta ocasión no tenéis derecho a intervenir. Hacedme caso y dejadla en paz.
- Tú sabes lo que pasó y te niegas a contárnoslo – el moreno lo acusó, enfadado.
- Porque y no soy quién para contaros nada de lo que pasó, si ellos no lo desean. Si algún día mamá y papá quieren que lo sepáis, ellos mismos se encargarán de hacerlo – afirmó con tranquilidad, sin dejarse impresionar por el arrebato de su hermano.
- Traidor – Albus masculló entre dientes, con rabia, y dio la espalda a su hermano, para marcharse hacia la cocina.
Ted negó con la cabeza, con tristeza, pero no añadió nada más. Su decisión en aquel asunto era firme, siempre lo había sido, y no iba a cambiarla ahora. Recordó para qué había ido a la casa, respiró hondo, caminó hacia el despacho de su padre y abrió la puerta sin llamar, pues siempre había sido decisión de Harry que ninguno de sus hijos pidiese permiso para entrar en él; jamás le había molestado ser interrumpido por ellos, en cualquier momento.
- Buenos días, papá. ¿Estás muy ocupado? – Ted preguntó, asomándose dentro del despacho y mirando a su padre con preocupación. Sentía que sus mejillas comenzaban a ponerse del color de los tomates.
- Nunca estoy ocupado para ti, hijo – Harry, que hasta el momento había permanecido observando a través de la ventana situada detrás de su mesa, pensativo, se puso en pie, caminó hasta su hijo mayor y le dio un efusivo abrazo. – Siéntate.
El moreno volvió a acomodarse en su sillón de despacho y contempló al hombre de ventiséis años que veía frente a él: tenía el rostro de su padre, y los ojos vivaces de su madre; de sus verdaderos padres. Mientras el joven lo observaba dubitativo, sin decidirse a hablar, su mente vagó a otro momento, que conservaba en su corazón como uno de sus mayores tesoros:
"
- ¿Qué quieres que te regale por tu mayoría de edad – Harry preguntó a Ted, alegremente, el día de su diecisiete cumpleaños, tras abrazarlo con fuerza.
El chico no lo pensó dos veces.
- Quiero llamarte papá, y que tú me llames hijo – el joven respondió sin más, mirándole con firmeza y decisión. – No me malinterpretes, - añadió, antes de que el hombre pudiese articular palabra siquiera – no pretendo que me adoptes.
- Ted…
- Mira, quieras tú o no lo quieras, yo tan sólo he conocido a un padre, mi único padre: tú. Tú me has abrazado, has jugado conmigo, me has velado en la enfermedad, has recibido las cartas, con noticias buenas o malas, procedentes de Hogwarts; a ti, y sólo a ti, estoy dando la lata con las comidas de cabeza de mi primer amor… - Harry soltó una risa divertida, al escucharle; aunque una lágrima recorrió su mejilla – y tú me has mantenido. Sí, sé desde hace años que tú nos has mantenido a Andrómea y a mí, cuando se nos terminó el dinero de papá y mamá y a ella se le acabó también el dinero que el abuelo le había dejado. – Harry lo miró, sorprendido, no esperaba que él lo supiera - Tú eres mi padre, y Ginny es mi madre. Y más ahora, en que la abuela Andrómeda ya ha fallecido. Yo sé que mis padres, los que me dieron la vida, están totalmente de acuerdo conmigo con lo que te pido, y que se enfadarán mucho si no me lo concedes. Quiero ser tu hijo, Harry, no en ningún papel, sino en el corazón. Tengo diecisiete años, soy mayor de edad, y eso es lo que quiero; nada más.
Harry lo abrazó con todas sus fuerzas, completamente emocionado.
- Siempre has sido mi hijo, y tú lo sabes – consiguió articular, con voz rota.
- Entonces no será un esfuerzo para ti llamarme así, ¿no te parece?
- No, no lo será, nunca lo ha sido. Pero me sentiría un traidor a Remus y a Tonks, a quienes tanto quiero.
- Papá, por favor… ya te he dicho lo que pienso sobre eso. Y en el fondo sabes que tengo razón.
Las lágrimas se desbordaron por el rostro de Harry al escucharle cómo le llamaba "papá".
- Tienes razón, hijo, tienes razón.
Al aflojar el abrazo y separarse de Ted, Harry se encontró con el rostro lloroso y emocionado de su hijo."
Jamás olvidaría ese momento, jamás, por ser uno de los mejores momentos de su vida.
Rió para sus adentros, pues al final el regalo de cumpleaños de su hijo fue la acogedora casita que ya le había comprado para que viviese cerca de su madre y de él, cuando decidiese independizarse, y en la que ahora residía.
- ¿Qué es lo que pasa, hijo? – preguntó, volviendo a la realidad y dándose cuenta de que Ted lo seguía observando sin decidirse a hablar.
- Papá, yo… quiero pedirte… - mierda, acababa de olvidar todo el guión que con tanto afán había ensayado. Un sudor frío recorrió su espalda, haciéndole sentir peor todavía.
- Maldita sea – su padre le cortó con voz autoritaria – No pienso enviarte a la misión de Turquía. Es demasiado peligrosa para ti. Serás uno de mis mejores hombres en el Cuartel General de Aurores, pero en muchos sentidos, aún eres un novato. Esa es mi decisión, y no se hable más.
- N-no es eso… - el chico respondió, sorprendido. – He estado meditándolo, y yo pienso como tú, así que no volveré a pedirte que me envíes.
- ¿Qué es, entonces? – Harry suavizó la voz, ya más tranquilo.
- Papá… tú sabes que Victoire y yo hemos decidido casarnos el próximo otoño…
- Claro, hijo, y no veas lo felices que nos hace a mamá y a mí – le animó a continuar, comenzando a preocuparse.
- Bien. Pues… A ella y a mí nos gustaría adelantar la boda, para que se celebre lo antes posible. Este mismo mes, si puede ser.
Su padre lo observó de forma escrutadora, alzando una ceja, cogido por sorpresa. Pensó en ello durante un momento, en silencio.
- No creo que exista ningún problema – respondió después – Ya sabes que vuestra abuela pondrá el grito en el cielo, pues os ha dicho mil veces que va a encargarse de preparar la boda… - sonrió, recordando otros tiempos – Pero Bill y Fleur se alegrarán, y mamá y yo también. Además, ambos tenéis derecho a hacer lo que os plazca, cuando y como os plazca. ¿Y esa decisión tan repentina?
- Vas a ser abuelo – Ted soltó la bomba de una vez sin pensarlo más, enrojeciendo como la grana, y se preparó para cualquier reacción de su padre, fuese la que fuese.
Pero Harry no reaccionó. Continuó mirándolo fijamente, como si el tiempo no transcurriese, como si hubiese quedado paralizado por un "Petríficus totalus", y el sudor frío de Ted se intensificó de forma alarmante. Pasados unos segundos que al chico parecieron eternos, su padre se llevó la mano al cuello de la camisa, y se aflojó con ansia el nudo de la corbata, desabrochándose los dos primeros botones. Después se puso en pie, se desabotonó las mangas de la camisa y se la arremangó tranquilamente, aún en silencio. Finalmente, se dejó caer de nuevo en el sillón, mientras Ted tragaba con dificultad, esperando que dijese algo, lo que fuera.
- Merlín… - el hombre hablo al fin, alucinado – Si fue ayer cuando tú eras más pequeño que un garbanzo, y hoy ya vas a darnos nietos… - sonrió a su hijo con infinita alegría – ¿Pa-para cuándo?
- Para Navidades, más o menos – Ted respondió tímidamente, sonriendo a su padre también, ya más aliviado – No lo habíamos planeado, pero…
- Abrázame – Harry le pidió sin más; caminó hasta él, lo levantó de la silla con un rápìdo tirón, y lo rodeó con sus fuertes brazos. Ted se abrazó a él con la misma fuerza y emoción.
- No sabía cómo lo tomarías – el joven auror confesó, soltando una risa floja.
- ¿Y cómo iba a tomarlo? ¡Voy a ser abuelo! ¡Por Merlín!
Los dos rieron, se abrazaron y volvieron a abrazarse.
- ¿Ya se lo habéis contado al tío Bill y a la tía Fleur? – Harry preguntó, cuando ambos consiguieron controlar tanta emoción.
- No, y en parte, a eso he venido, a pedirte consejo sobre cómo enfocarlo. No quisiera dejar a mi hijo huérfano antes de nacer – bromeó, pero era cierto que ese tema le causaba muchísima ansiedad.
- Tonterías. Tus tíos se mostrarán tan contentos como nosotros, ya verás. Bill sólo te dará unos cuantos capones, nada serio…
- Papá, por favor, no te burles de mí, y aconséjame.
- Está bien, está bien… Mira, lo primero que has de decirle a tu tío es cuánto amas a Victoire: lo bella e inteligente que es, lo enamorado que te tiene, que harías cualquier cosa por ella, lo que sea – Ted asintió, tomando nota mental como si estuviese en una clase magistral de la Academia de Aurores, y Harry sonrió, divertido – Después le cuentas una vez más que ambos estáis decididos a fundar una familia seria, respetable, con todos los valores morales que eso conlleva y bla bla blá… Y luego le dejas caer la noticia, tal y como lo has hecho conmigo. Mientras esté paralizado por la sorpresa, no podrá matarte – concluyó, mordaz.
- ¿Bla bla blá? ¿Qué es ese bla bla blá?
- ¡por Merlín, hijo! ¿Quieres que te acompañe?
- No. Esto debo hacerlo solo – Ted afirmó, rotundo.
- Eso está bien, que empieces asumiendo y afrontando de cara las consecuencias de tus actos. Una cosa, habla a solas con Bill y Fleur. No pongas a Victoire como escudo, aunque luego volváis a decírselo juntos; será más duro para ti, pero te hará ganar muchos puntos ante ellos. ¡Y no te preocupes tanto! – palmeó la espalda de su hijo sin contemplaciones - ¡Estamos hablando de tus tíos, de tu familia! ¡Ellos te adoran!
- Ya lo sé, pero aún así…
- Confía en mí, y no te preocupes. Todo saldrá bien. ¿Qué tal se encuentra la futura máma?
- Oh; maravillosa, ilusionada, hermosa… - respondió con pasión, enamorado – y sin parar de vomitar a cada rato.
- Anda, vuelve con ella, y dale un fuerte abrazo de nuestra parte, y un beso. Y cualquier cosa que necesitéis, cualquier cosa – recalcó – pedídnosla.
- ¿Se lo contarás tú a mamá, entonces?
- Tranquilo, yo se lo contaré. La próxima vez, venid juntos y lo celebraremos, ¿entendido?
- Gracias, papá – volvió a abrazar a su padre, infinitamente agradecido, y salió del despacho como alma que lleva el diablo.
Harry volvió a sentarse en su sillón, y se desabrochó un par de botones más de la camisa. Repentinamente, se sentía acalorado.
~~ooo00O00ooo~~
Mientras, Albus continuaba enfadado con su hermano mayor; muy enfadado, de hecho. No era capaz de entender cómo él se negaba a ayudarles a solucionar el problema que llenaba de tristeza a su madre cada año, haciéndola llorar a escondidas durante días enteros, fuese este el que fuera. Y no sabía cómo, pero estaba dispuesto a averiguar lo que estaba pasando, con su ayuda o sin ella.
Volvió a salir al pasillo y caminó hacia donde su hermano y él acababan de discutir, aunque sabía perfectamente que el otro se hallaba ya conversando con su padre en el despacho de este. De pronto, un pensamiento iluminó su mente: ¿Y si Ted había venido a hablar con su padre de ese tema? No eran tan descabellado pensarlo, ya que su hermano se había mostrado tan preocupado nada más llegar.
Así que, ni corto ni perezoso, se dispuso a espiarlos por el agujero de la cerradura del despacho, sin hacer el menor ruido. Pensó que era una auténtica pena que no le quedase ninguna oreja extensible de las que le había regalado su tío George hacía nada, pero las había empleado todas en Hogwarts, espiando los movimientos de su rubia favorita, para conquistarla, antes de comenzar las vacaciones de verano. Así que decidió que este trabajo iba a hacerlo a la antigua usanza: prestando al asunto su propia oreja.
Súbitamente, una mano lo agarró del hombro, y el chico tuvo que taparse la boca con ambas manos con todas sus fuerzas para no gritar y ser descubierto; se mordió la lengua del susto, y se giró rápidamente, furioso, seguro de quién le había gastado semejante broma. El propietario de la mano rió a sus espaldas.
- ¿Qué haces, enano? – James preguntó a su hermano pequeño, con voz jocosa.
- Tan sólo me llevas un año, imbécil. Enano lo serás tú – Albus respondió de malos modos, apenas en un susurro para que los dos hombres que continuaban reunidos en el despacho no los escuchasen, y haciéndole gestos al otro para que bajase la voz también.
- Ya, ¿pero quién es el mayor de edad aquí? – James mostró una sonrisa arrogante; se divertía molestando a su hermano menor, siempre tan serio y tan digno, pero su mejor compañero de correrías.
Albus negó con la cabeza, dándolo por caso perdido, y volvió a observar por el ojo de la cerradura.
- ¿Qué haces aquí, espiando a papá? Si se entera, ya te veo el resto del día en el invernadero, cuidando de las mandrágoras sin cascos protectores.
- Papá no es un sádico, al contrario que tú – el menor respondió con acidez – Estoy intentando averiguar qué están hablando Ted y él. No puedes imaginar lo serio que ha llegado Ted hace un momento; parecía como si estuviese apunto de palmarla.
- ¿Ted está aquí y no ha venido a verme? – intentó parecer abatido - Cada día Victoire lo tiene más atontado. Vamos a tener que hacer algo para que entre en razón.
- Él no la va a cambiar por ti, tú no eres su tipo – Albus afirmó, burlón.
- Ja, ja – James rió sin gracia – Bueno, ¿te has enterado de algo o estamos aquí, haciendo el gilipollas, sólo por gusto?
- No, no he podido enterarme de nada – respondió seriamente.
Repentinamente, Albus tomó a su hermano por el brazo y lo arrastró con él lejos de allí, sin soltarlo hasta que halló un lugar razonablemente "tranquilo" como para poder hablar con él sin temor a ser escuchado. James se dejó llevar, sorprendido, aunque cuando entraron en el cuarto de las escobas se soltó del agarrón de su hermano de un fuerte tirón, y lo observó, molesto, en busca de explicaciones.
- Esta mañana he vuelto a sorprender a mamá llorando desconsolada en el desván – Albus anunció, solemne, y a James le cambió la cara de repente, mostrándose serio y preocupado.
- Desde que la descubrimos hace cinco años llorando a escondidas en la fecha del aniversario de su matrimonio con papá, no ha habido año en que se no repita ese maldito ritual – James recordó, indignado – Y ante papá, siempre se comporta como si esos días fueran los más felices del año.
- Lo sé… Quiero que se acabe, James, no podría soportarlo un año más – Albus deseó con voz lastimera – Ella está sufriendo, no sé porqué, pero sufre, y eso me desespera.
El otro encaró con firmeza la mirada de su hermano, y se decidió a decir por fin lo que llevaba tiempo rondándole por la cabeza.
- Albus… creo que papá le hizo daño de algún modo, justo cuando se casaron: le puso los cuernos, o algo, y ella todavía sufre por lo que pasó. Por eso trata de ocultárselo.
El otro lo miró con ojos desorbitados, incrédulo.
- ¿Pero qué dices? – gritó, indignado - ¿Tú has visto a papá cómo la adora, cómo se desvive por ella? ¡Se dejaría matar antes que hacerle daño! - afirmó con pasión – Además, papá es el hombre más honesto, más fiel y más correcto que conozco, en todo lo que hace; tiene un sistema de valores que impresiona. ¿Cómo puedes siquiera imaginarlo?
- Y entonces, ¿por qué llora mamá cada vez que se acerca su aniversario de boda? – el otro rebatió, a la defensiva - ¡No me digas que es de alegría! – bufó, sarcástico.
- ¡No lo sé! ¡Maldita sea!
Por un momento, James rió, sin poder evitarlo.
- ¿De qué te ríes? – Albus lo contempló, molesto.
- Blasfemas igual que papá – el otro dijo, ya más sereno – A veces alucino de cuánto te pareces a él.
Su hermano gruñó por lo bajo.
- Yo también adoro a papá, Al, - intentó poner paz - y no me cabe en la cabeza que haya sido capaz de hacer una cosa así. Pero llevo tiempo dando vueltas al asunto sin parar, y no se me ocurre otro motivo por el que mamá esté así durante cuatro o cinco días, siempre por las mismas fechas, a sus espaldas.
Los dos se miraron con tristeza.
- ¿Pero tú crees que mamá se habría casado con papá si él le hubiese puesto los cuernos? – rebatió Albus, reticente a aceptar la idea.
- ¿Y si se enteró una vez que se hubieron casado?
Albus lo pensó por un momento.
- Mamá vive para papá – sentenció. – Por mucho que lo ame, sé que ella no sería capaz de estar con él si eso hubiera pasado.
- Si lo ama tanto como dices, es lógico que ese amor lo perdone todo, o casi todo. Quizá ella lo perdonó, pero no ha podido olvidar lo que pasó, y por eso cada año vuelve su pena – bajó la cabeza, abatido, y luego la sacudió con fuerza. – No, me niego a creer que papá le haya hecho a mamá una cosa así; sólo necesitaba hablarlo con alguien para quitarme esa idea descabellada de la cabeza. Mira, Al, lo mejor será que vayamos directamente a mamá y se lo preguntemos.
- ¡Pero no podemos hacer eso! ¡Ella no sabe que nosotros hemos descubierto lo que hace! ¡Cree que me la ha colado una vez más cuando yo he fingido no haberme dado cuenta! – se escandalizó Albus. – Además, Ted insiste en que no lo hagamos; dice que no nos incumbe.
- Ya no somos niños, Al, ni tú ni yo, como para que nos dejen al margen de lo que pasa en esta familia. Tenemos derecho a saber qué es lo que está sucediendo. O preguntamos a mamá, o vamos a papá y le contamos lo que sabemos para que él le ponga fin. Si mamá ha conseguido ocultárselo a él, a nosotros, no. Y ya va siendo hora de que él también lo sepa y tome cartas en el asunto.
- Mierda… Esto me huele a bronca mínimo. Nos la vamos a ganar… Pero hay que hacer lo que hay que hacer – Albus asintió, conforme.
- Así me gusta.
Los dos salieron del pequeño cuarto y caminaron decididos hacia el desván, en busca de su madre.
COMENTARIOS DE LA AUTORA:
Hola a todos. ¡Cuánto tiempo! :)
Os prometí que todavía nos encontraríamos en este fic una última vez, y en cierto modo mentí, pues va a ser que aún vamos a vernos dos veces, jeje. Sí, no he sido capaz de hacer el epílogo corto, ni siquiera un epílogo... ¡Por Merlín! :) Así que os lo voy a ofrecer en dos partes, de las cuales esta es la primera.
La verdad es que estoy disfrutando como una enana al escribir este epílogo. Nunca me había enfrascado en la tarea de escribir cómo sería la vida de Harry y Ginny varios años después de casados, y me vienen a la cabeza tantas ideas, que no doy a basto. Así que he elegido las que más me gustan (algunas imaginadas ya desde prácticamente el día en que empecé el fic), con la esperanza de que os guste mi visión sobre su vida 18 años después.
Lo dedico a todos los que me dejásteis reviews en el capítulo 24: fronfis, lizlovegood12, gadi23, alexiel21, susy snape, greed212, zafiro potter, Isla de Thera, ALEX, Johan Kira Expelliarmus, ricitos de menta, Majoc18, Cirze, SMagicRose, ginalore28 y EmGin.
Y también a todos los que habéis añadido este fic a vuestros favoritos desde la publicación del anterior capítulo: maaca, Amonett, javy7991, Adriana Potter Weasley, Noche2892 y harryandale.
Creo que este es un buen momento para contaros porqué decidí escribir este fic, algo muy sencillo, en realidad. Lo hice porque últimamente, sólo encontraba fics donde se mostraba a un Harry amargado, libertino, vengativo... donde Ginny estaba casada con otro y le ponía los cuernos con él... en resumen, donde encontraba bien poco los valores que Rowling nos quiso transmitir con sus maravillosos libros, al menos lo valores que yo creo que intentó transmitirnos. No entendía porqué triunfaban tanto los fics llenos de traiciones, odios, amargura y resentimiento, cuernos... Aparte de que sean buenos o malos, o estén bien o mal narrados; no estoy poniendo su calidad en estredicho, sino su argumento; y que conste que muchos de ellos los he leído, y me han encantado, y que proceden de plumas de verdaderos maestros. Pero me sentía cansada de todo eso, la verdad. Así que intenté demostrar, a mí misma y a quien quisiera seguirme, que no hacía falta crear tramas súper complicadas, llenas de dudosos valores morales, para ofrecer a los lectores una historia bella, sencilla, pero atractiva e interesante. Quise demostrar que hablar de amor es muy fácil, tan sólo de amor, de la parte sencilla, bella y cotidiana. Y debo deciros que, gracias a vosotros, a todos vosotros, que hasta el momento me habéis dejado 264 reviews y añadido este fic a vuestros favoritos en 70 ocasiones, lo he logrado. Así que os lo agradezco en el alma, desde lo más profundo de mi ser.
Para quien no le guste mi modo de pensar o no esté de acuerdo conmigo, pues lo respeto totalmente. Pero eso no hará que yo cambie de opinión.
Así que, para quien piense como yo y haya disfrutado el fic (y vaya a disfrutarlo hasta el final, pues aún nos queda la segunda parte del epílogo), que sepa que siempre le llevaré en el corazón, le conozca o no le conozca, sepa que ha estado ahí, conmigo, o no lo sepa (de algún modo he podido sentirlo).
PARA TODOS VOSOTROS, ¡GRACIAS!
Un abrazo muy fuerte y hasta muy pronto.
Rose.
