Epílogo : 18 años después. Parte II.

James y Albus espiaban a su madre, escondidos a un lado de la puerta del desván, para ver qué ánimo mostraba ella. No querían causarle un pesar más, así que si la hubiesen hallado nuevamente llorando, o sumamente triste, habrían elegido otro momento para abordarla. Pero ese no parecía ser el caso. Al parecer, Ginny se estaba dedicando a extraer de varias cajas, aquellos recuerdos que durante cada aniversario de su boda, observaba durante horas, limpiaba con mimo y con sumo cuidado, y después volvía a guardar, cual si fuesen un frágil y delicado cristal; mas no lloraba.

Los dos chicos se dedicaron una mirada cómplice y asintieron, decididos; James fue el primero en entrar. Al reparar en su presencia, Ginny les sonrió con cariño, y continuó realizando su repetitiva tarea.

- Mamá, queremos hablarte – el mayor dijo, plantándose ante ella, decidido. Albus se situó a su lado, un poco más inseguro; aún no tenía claro que aquello estuviese bien, realmente, pero seguía pensando que había que hacerlo.

- Ajá – ella respondió, manteniendo su sonrisa.

Era curioso, pero en aquel momento, Ginny tenía entre las manos la única foto de Eugeene Joyce que Harry aún conservaba, a pesar de que, después de lo que pasó hace dieciocho años, ambos jamás volvieron a encontrarse, al menos no conscientemente por parte de la chica, pues Harry había velado por ella en la distancia, tal y como prometió.

- ¿Es por ella? – James preguntó a su madre, señalando a la joven de la foto de forma vehemente, y habiendo sacado su propia conclusión sobre el asunto - ¿Es por su culpa por quien lloras cada año, cuando crees que nadie puede verte? ¿Fue con ella con quien papá te engañó? – la acusó con la seguridad que sólo da la juventud e inexperiencia, repentinamente furioso.

Albus tiró de su manga para que callase, sorprendido e indignado por igual, pero su hermano no le hizo ningún caso.

- Responde, mamá. ¿Es por ella? – insistió, arrogante.

Por un momento, Ginny los contempló a ambos con ojos desorbitados; en el fondo siempre había sabido que ellos conocían lo que hacía allí cada año, aunque se había negado a aceptarlo, pensando que no le darían importancia, deseándolo, más bien; pero aquella acusación hacia Harry, eso era más de lo que ella estaba dispuesta a tolerar, y menos de sus hijos. Cuando fue capaz de salir de su estupor, sus ojos reflejaron en ellos una mirada indignada, ofendida, y furiosa hasta el extremo.

- Vuestro padre es el último hombre en este mundo que merece ser acusado con tanta injusticia y crueldad – ella respondió con voz gélida, intentando contener una furia que amenazaba con explotar en cualquier momento – Debería daros vergüenza llamaros hijos suyos siquiera, después de lo que acabáis de decir.

- Te lo dije – Albus susurró, dando un codazo a su hermano, quien ahora miraba de hito en hito a su madre y a su hermano menor, confundido. – Mamá, por favor, cuéntanos la verdad – rogó a su madre con voz suave, intentando calmar los ánimos – Por favor… ya no podemos aguantar más verte llorar con tanta tristeza, un año sí y otro también.

Al escuchar sus últimas palabras, Ginny suspiró, dándose cuenta de que la mayor culpable de que sus hijos se mostrasen tan confusos, era ella misma.

- Tenéis razón. Venid, sentaos a mi lado. Es hora de que escuchéis una historia, nuestra historia – comenzó, ya más calmada, mientras ellos acercaban hacia ella sendas cajas, las más resistentes del desván, y se sentaban a su lado, más que dispuestos a escucharla.

Ginny se tomó su tiempo para relatarles con pelos y señales la historia completa de su noviazgo con Harry, con todo lujo de detalles – desde su primer noviazgo en Hogwarts hasta el mismo momento en que James nació - sin dejarse ningún pasaje que ella consideró importante para que finalmente comprendiesen cómo y porqué sucedieron los acontecimientos que pasaron, y el modo en que ocurrieron.

Sus hijos escucharon en silencio, encantados porque jamás habían oído el relato completo, y por el tono tan dulce y enamorado que su madre empleó una y otra vez al hablar de su padre, incluso al relatar su abandono por motivos tan dolorosos, y el año en que ambos estuvieron separados. Al principio les pareció una bella historia de amor, de superación… parecía casi un bello cuento viniendo de sus labios, que narraba las gestas de un héroe legendario y de su bella dama, que además eran sus propios padres. Conocían a través de la asignatura "Historia de la magia" y por las propias narraciones de sus padres, tíos y abuelos, todo lo sucedido durantela SegundaGuerra, pero jamás se cansaban de escucharlo de nuevo.

Su madre sabía cómo mantener su atención, haciendo el relato ameno, bello cuando debía serlo, crudo y descarnado como la cruel realidad cuando tocaba. Contó cómo él se había convertido, de forma exitosa, en el Director del Departamento de Seguridad Mágica más joven de la historia de todos los magos; cómo ella recibió el ladino encargo de entrevistarle, dado por el dueño de El Profeta en aquellos momentos; con qué picardía él la había reconquistado; con las dramáticas violaciones y muertes de mujeres relacionadas de algún modo con miembros del Departamento de Seguridad Mágica como telón de fondo. Les relató su boda secreta, tan especial, y cómo su padre sufrió la lesión por culpa de la bludger mal guardada después de aquel fatídico partido, sin omitir el enfado e indignación que la traspasó al darse cuenta de lo que él había hecho como buscador – los dos rieron, divertidos -, cómo inmediatamente después él retomó su trabajo, cabezota; cómo intuyó, ayudado por Neville, la nueva vida que ambos habían gestado con tanto amor, tanta ilusión y esperanza.

Al llegar a ese punto calló, intentando hallar fuerzas para continuar. Entonces ambos supieron que estaban apunto de escuchar la verdad que tanto habían anhelado y perseguido, y un temor inesperado les hizo un nudo en la garganta.

Por fin, Ginny les relató todo lo sucedido en la casa de los Soulblack, durante aquella noche tan aciaga; cómo Harry ofreció su vida a cambio de la suya, la impotencia que ella sintió en aquellos horrorosos momentos, temiendo que la vida lo abandonase de un instante a otro; cómo después de haber vencido a aquel maldito loco, Harry se derrumbó en la inconsciencia, cuando el mundo pareció que se acababa para él… y para ella. Ambos hermanos lloraron en silencio, al igual que Ginny llevaba haciendo desde que prácticamente había comenzado a contar aquel pasaje de su historia.

Cuando el relato alcanzó su final, James y Albus se sentían tan orgullosos de su padre, tanto de ser sus hijos, y tan culpables por haberse planteado siquiera la duda sobre su fidelidad y honestidad, que los dos rompieron a llorar, ya abiertamente, y se abrazaron a su madre, desconsolados.

Ella los recibió en su regazo, sonriéndoles con dulzura, mientras las lágrimas resbalaban aún por su bello rostro.

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Era ya casi la hora de comer, y debía ir pensando en ir a recoger a Lily a casa de los abuelos Weasley, se dijo Harry. No quería que permaneciese demasiado tiempo sin su firme control, ya que temía, más que sabía, que sus abuelos eran demasiado permisivos con ella; y no era bueno que una joven de quince años tan inquieta como lo era Lily disfrutase de demasiada "libertad". Por un momento, recordó cómo era él con esa edad, y se sintió culpable: él siempre había hallado el modo de hacer lo que le venía en gana, quisieran los demás o no; pero él era él, intentó autoconvencerse, sin conseguirlo demasiado. Él había sido siempre sumamente responsable, - aunque sabía que otros no lo consideraban de aquel modo, ni mucho menos; que se lo preguntasen a los profesores, cuando lo descubrían metiendo las narices donde en apariencia nadie le había llamado - y ella… Suspiró, atribulado. ¿Quizá estaba llegando el momento de confiar más en el criterio de su hija menor? Pero por otro lado, Lily era demasiado impetuosa, justo igual que su adorable madre. ¿Y no era cierto que su adorable madre era la mujer más responsable del mundo, eso sí, cuando ella quería, que solía ser casi siempre? Rió para sí mismo durante un momento, reconociendo que estaba profundamente enamorado de las dos pelirrojas de su vida.

Pensó en cambiarse de ropa antes de marchar, sustituyendo el traje de trabajo que llevaba por algo más cómodo, ya que, por aquel sábado, consideraba que ya había trabajado suficiente, aunque fuese desde su propio hogar. Además, el intenso acaloramiento que sentía gracias a la noticia de que iba a ser "abuelo", no le habría abandonado ni aunque se hubiese dado una ducha helada.

Pero antes, debía comunicar a Ginny la decisión que acababa de tomar. Y de paso no estaría de más retenerla entre sus brazos durante un momento; llevaba demasiado tiempo sin hacerlo, concretamente, unas tres horas, se dijo con picardía.

Ni corto ni perezoso, caminó escaleras arriba, hacia donde, por ser la fecha que era, sabía que hallaría a su encantadora esposa. Deseó en lo más profundo de su alma no encontrarla de nuevo llorando; no sabía durante cuánto tiempo más podría soportar aquella situación, que se repetía año a año y que parecía ser para toda la vida. Había pensado que la misma Ginny acabaría con ella con el paso del tiempo, pero parecía ser que se equivocaba, y aquello lo estaba matando por dentro.

Al llegar al final de la escalera, la puerta abierta del desván le hizo tranquilizarse un poco.

"Esa es buena señal", se dijo. Y caminó con decisión para entrar en el cuarto. Pero al hacerlo, lo que vio lo dejó completamente anonadado: no sólo Ginny estaba llorando, sino también James, y Albus, ambos abrazados a su madre como si la vida les fuera en ello. Una inmensa furia embargó su corazón, pero no con ellos, sino consigo mismo. Aquello iba a terminar, sí, de una vez y para siempre, o él dejaría de llamarse Harry James Potter.

- ¡Papá! – sus dos hijos gritaron al unísono, nada más verlo, y corrieron a abrazarse a él, sin dejar de llorar; parecían sentirse culpables por algo, y él sabía bien porqué.

El alma se le rompió en pedazos, pero no era momento para mostrarlo.

- Vamos a ver, pareja de vándalos – les revolvió el cabello a los dos, sonriente, mientras ellos lo abrazaban con todas sus fuerzas, incapaces de mirarle a la cara - ¿Qué habéis hecho esta vez? – al darse cuenta de que no iban a responderle, de que no iba a ser tan fácil esta vez, puso en marcha otra estrategia - ¿No iréis a decirme que también vosotros vais a hacerme abuelo, no? – dejó caer, con voz jocosa.

- ¿Abuelo? – Ginny preguntó, mirándolo fijamente, anonadada - ¿Quién va a hacerte abuelo?

Los dos chicos parecieron olvidar por un instante su sufrimiento y miraron también a su padre, alucinados.

- No sólo a mí, pequeña. También a ti van a hacerte abuela. ¿O qué pensabas? – ofreció a Ginny una sonrisa torcida, pícara y a la vez burlona.

- ¿Cómo voy a hacerte abuelo, si hasta las chicas de mi edad están locas por ti? – James dijo a su padre con cierto tono de reproche, y fue Harry quien observó a su hijo, cogido con la guardia baja - ¿Sabes qué me dijo Anabel Hopkins en Hogwarts antes de vacaciones, cuando le pedí salir? "Preferiría que fueras tu padre; él sí que está bueno de verdad" – imitó la voz exageradamente remilgada de la chica. – Por supuesto, la mandé a hacer puñetas. Pero ella no es la única que lo piensa, ni mucho menos. ¿Por qué tienes que estar tan bueno para las chicas, papá? – le acusó, con cara de fastidio.

Harry lo miró con la boca abierta, sin saber qué responder, mientras Ginny rompía a reír, divertida.

- Bueno, yo… - Al se inmiscuyó con timidez – Yo sí que tengo novia – anunció, pensando que no hallaría mejor momento para dar la noticia. – Pero Nohelle y yo no pensamos haceros abuelos en mucho tiempo. Te doy mi palabra.

El pobre Harry no salía de su asombro, parecía apunto de entrar en shock.

- ¿Nohelle Longbottom, la hija de Neville? – Ginny preguntó por él, encantada. Y Albus asintió, enrojeciendo hasta las puntas del cabello.

- Para que te fíes de los "mosquita muerta"… - rezongó James entre dientes.

- A mí me lo dirás. Que tu padre te cuente algún día cómo me conquistó a mí – su madre añadió, guiñando un ojo a su hijo mayor.

– Ted ha venido a decirnos que Victoire está embarazada – Harry anunció por fin, pensando que, por aquel día, ya había recibido suficientes sorpresas, y que era mejor comenzar a darlas.

Sin saber cómo, de pronto se vio abrazado con fuerza por su esposa, quien lo besó con tanta ternura y pasión a la vez, que se vio incapaz de reaccionar. Sólo enrojeció como un colegial.

- ¡Oh, cariño! ¡Eso es magnífico! ¡Magnífico! – Ginny gritó una y otra vez, cuando dejó de besarlo. - ¡Y más en este momento!

- Vaya… parece que la noticia te ha hecho sentir menos vieja a ti que a mí – él refunfuñó, intentando disimular.

- Tonto… - Ginny volvió a besarlo, exageradamente cariñosa, mientras Harry no dejaba de sorprenderse.

- ¡Vamos a ser tíos! – James y Albus comenzaron a escandalizar, encantados.

Con suavidad, pero firmemente, Harry separó a Ginny de su lado, y los miró a todos de un modo extraño.

- Bueno. Ya os sentís mejor, ¿no? – Harry preguntó a Ginny y a sus hijos, con un tono deliberadamente serio, que ellos ya no esperaban.

Los tres lo miraron cogidos por sorpresa, y luego asintieron, en silencio, temiendo malas noticias, pues Harry todavía no les había contado exactamente para qué se había reunido con ellos, aparte de haberles comunicado la noticia de la próxima paternidad de Ted y de Victoire.

- Bien, porque ese tipo de reunión que habéis mantenido a mis espaldas, y todas las visitas a este cuarto que tengan un motivo similar, las haga quien las haga, terminan hoy, aquí y ahora – anunció con voz autoritaria. – Sé que les has contado lo que sucedió cuando nos casamos, Ginny, y sé que vosotros dos ahora os sentís culpables por haber pensado que mamá cada año sufre por mi culpa.

Su esposa y sus hijos no cabían en sí de la sorpresa, sobre todo los dos jóvenes, quienes creían que su padre en aquella ocasión no estaba enterado de lo que sucedía en la casa; aunque esa habría sido la primera vez que hubiese sucedido algo semejante.

- Sí, soy culpable; - continuó - culpable de haber permitido que esto se repita año tras año, por no haberle puesto fin. Sabéis que no soy un hombre con facilidad de expresar sus sentimientos – se explicó - Por eso he permitido, año tras año, que mamá sufriese durante los cuatro o cinco días de rigor, engañándome al pensar que eso le hacía bien para tener paz; en vez de hacerle ver que, la única forma de hacerlo, era admitiendo que se estaba equivocando, asumiendo la verdad.

Ginny intentó contradecirle, pero él se lo impidió con un ademán de la mano.

– Ya que estáis los tres aquí reunidos, voy a dejaros algo muy claro: Yo no soy un héroe romántico, que busca la muerte como un modo sublime de demostrar el amor a la mujer que ama, a sus hijos, a sus amigos, o a nadie. Nunca lo he sido y nunca lo seré. Así que no me idealicéis, la primera tú, Ginny.

- Papá, no regañes a mamá – Albus se inmiscuyó, enfrentándose a su padre, temeroso, pero firme.

- No la estoy regañando, hijo, ni a vosotros tampoco – suavizó el tono de su voz y les sonrió – Pero no voy a seguir permitiendo que nadie en esta casa se culpe por cosas que no tienen sentido. Debéis entender que yo amo a vuestra madre con toda mi alma, en la vida y en la muerte, y que nadie más, nunca, podrá ocupar mi corazón de ese modo, porque simplemente, no queda hueco que ella no haya llenado ya. Sí, moriría por ella, mataría por ella, pero si fuese necesario, no por gusto. Yo jamás he deseado morir, y tampoco entonces lo quise. Sólo hice lo que tenía que hacer, nada más – estudió sus miradas de una en una, en busca de comprensión. - ¿Acaso creéis que quería morir, sabiendo que dejaba sola a la mujer que amo, y aún más, estando embarazada de mi hijo? ¡Lo único que quería era vivir con ella para siempre! ¡Por todos los dementores! – alzó la voz, se estaba emocionando, y tuvo que detenerse durante un momento para poder continuar; Ginny se abrazó a él con todas sus fuerzas, también emocionada, apoyando la cabeza en su pecho. Harry dejó de mirar a sus hijos, la tomó a ella por ambos brazos e hizo que sus miradas se encontrasen – Pero si eso no era posible, si amargamente tenía que elegir entre tu vida y la mía, tenía bien clara la decisión.

- Harry…

Él la besó suavemente, enamorado.

- Mi vida, - él continuó, adorándola con la mirada – sé que si tú hubieses estado en mi lugar, y si no lo estuviste fue porque yo no te dejé, no porque no lo deseases con toda tu alma, aunque parece ser que te niegas a recordar esa parte; pero yo sí recuerdo cómo te enfrentaste a ese maldito, soltándole puya tras puya intentando desviar su atención de mí, tratando de ganar tiempo para conseguir salvarme. Repito, si hubieses estado en mi lugar, sé que habrías hecho por mí exactamente lo que yo hice por ti. Ese es el verdadero amor, el verdadero valor, Ginny, saber que tú y yo podríamos morir el uno por el otro si fuese necesario, pero no desear hacerlo; no sufrir por no haber hallado el momento de vernos obligados a hacerlo, sino rogar porque ese momento no llegue nunca – suspiró, acongojado - ¿Quieres demostrarme tu amor? Sigue viviendo por mí, y deja de martirizarte.

Con el corazón en un puño debido a la emoción, Harry pegó a Ginny contra su cuerpo con vehemencia y desesperación; la tuvo abrazada de ese modo hasta que consiguió calmarse. Entonces, la separó de él con suavidad y le ofreció una dulce sonrisa, al igual que a sus hijos, quienes lo miraban de nuevo con lágrimas desbordadas recorriendo su rostro.

- Me voy a recoger a Lily a casa de los abuelos – dijo con la voz más firme que pudo reunir, e intentando no llorar él también. – Nos vemos cuando regrese.

Les dio la espalda sin más palabras, y abandonó el desván, volviendo a dejarlos solos.

Ginny, James y Albus lo contemplaron partir, entre lágrimas. Se sentían tan conmocionados, que permanecieron en aquella postura Merlín sabe cuánto tiempo, sin atreverse a moverse siquiera, o a pronunciar palabra.

- Ese es vuestro padre – Ginny afirmó, orgullosa, cuando se vio capaz de hablar; - ese es el hombre que amo.

La bella pelirroja abrazó a sus hijos con cariño, y abandonó el cuarto también. Sobraban más palabras.

~~ooo00O00ooo~~

Aquella tarde, y aprovechando que Harry había salido a practicar deporte como solía hacer la mayoría de los sábados a aquella hora, la familia Potter al completo se reunió en la casa familiar.

- ¿Estás segura de que papá y tú no preferís pasar esta noche solos? – Ted preguntó a su madre, mientras disponía la mesa del comedor para la cena.

- Para nada, cariño. Esta noche, todos tenemos mucho que celebrar – ella afirmó, sonriendo de forma misteriosa, mientras daba un beso en la frente al más mayor de sus hijos. – Además, te aseguro que habrá tiempo para todo – concluyó con picardía.

Él le devolvió la sonrisa, intuyendo que su madre ocultaba algo más de lo que ya todos sabían, pero decidió mantener a raya su curiosidad, al menos hasta después de la cena.

- Papá va a disfrutar muchísimo con esta sorpresa, ya verás – se giró para volver a la cocina, donde Lily estaba dando los últimos toques a la cena, supervisada por Victoire, pero lo pensó mejor, y se volvió de nuevo hacia Ted, para acariciarle el joven rostro con ternura – Hoy has hecho muy feliz a tu padre, cariño, y también a mí.

El chico sonrió dulcemente, embobado con su madre, y ella se marchó, tarareando una alegre canción.

- ¿Va todo bien por aquí? – Ginny preguntó jovialmente, al entrar en la cocina.

- Lo siento, tía, pero el olor de casi todos los alimentos me provoca náuseas - respondió Victoire, sentada en una silla y mirándola de forma lastimera, intentando disculparse.

- ¿Y qué haces aquí todavía? – Ginny regañó a su sobrina de forma cariñosa – Anda, siéntate en el comedor, y dale charla a tu maridito, que aún se siente más nervioso que tú. Si no fuera porque él siempre ha sido blanquito de piel, juraría que esta tarde se ha reunido con un par de dementores, en vez de con tus padres – bromeó.

Lily Luna rió por lo bajo, mientras controlaba el mágico girar de un cucharón dentro de una gran olla de sabrosa sopa.

- Aún no nos hemos casado – protestó la joven, enrojeciendo.

- Yo diría que sí, a todos los efectos – Ginny objetó de forma pícara, señalando su aún plana barriguita.

Lily volvió a reír, y la chica no pudo aguantar más la vergüenza, así que se puso en pie, dispuesta a cumplir el deseo de su tía. Pero ella la detuvo, le dio un dulce beso en la mejilla y la abrazó de forma maternal. Ambas sonrieron, y Victoire salió del cuarto, ya más tranquila.

- ¿Y tú de qué te ríes? – la pelirroja preguntó a su hija, haciéndole cosquillas, consciente de que ella saltaría enseguida, pues tenía demasiadas.

- Me encanta ver lo vergonzosos que Ted y Victoire se han vuelto de pronto – la pequeña afirmó entre risas.

- Ya veremos cuando te toque el turno a ti – su madre respondió, riendo también.

- Yo no tendré ese problema; cuando consigo lo que quiero, no me avergüenzo de haberlo hecho – le dijo a su madre, segura de sí misma.

- Claro… Ya imagino lo tranquila que te sentirás, cuando presentes tu novio a tu padre – Lily la miró con ojos desorbitados – después cuando le anuncies que vas a casarte – Lily amplió más su estupor, si eso era posible, pero Ginny fingió no haberse dado cuenta – y aún mas cuando le digas que estás embarazada…

- ¡Calla, mamá! ¡Por favor! – la adolescente gritó, enrojeciendo como la grana, sólo de pensarlo - ¡Ya sabes cómo se pone papá sólo porque un chico me mire cuando vamos por la calle!

- Papá es mucho más comprensivo de lo que tú imaginas – su madre aseguró, mientras le daba un beso cariñoso en la mejilla - ¿Y dónde están tus otros hermanos? – preguntó después, cambiando de tema para no incomodar más a su hija.

- Ah, James y Albus se están arreglando; no paran de decir que van a dar a papá la mejor sorpresa de su vida. Estaban tan entusiasmados y tan serios cuando me lo han contado, que ni siquiera parecían ellos mismos – la chica explicó, extrañada.

- Ni siquiera imaginan cuánto – Ginny respondió, con una radiante sonrisa.

- ¿Cómo dices?

- Nada, cariño. Continúa con la sopa; te está saliendo magnífica. Yo voy a cambiarme también.

Lily observó cómo su madre salía de la cocina, suspicaz, pero pronto se dedicó a controlar de nuevo la gran cuchara, que había comenzado a girar en la olla de forma demasiado rápida.

~~ooo00O00ooo~~

Apenas unos escasos metros separaban a Harry de su hogar, los cuales el apuesto auror recorrió tranquilamente, aún corriendo. Como cada sábado por la tarde, había corrido varios kilómetros, por un camino que circundaba Godric´s Hollow, y que discurría en parte por uno de los parajes más bellos del lugar: un pequeño lago de aguas cristalinas, rodeado de inmensos y magníficos árboles de hoja perenne.

La carrera le servía para mantenerse en forma, pero también para relajarse, y aquello último lo había necesitado desesperadamente; así que recorrer el tranquilo camino le había venido de perlas en aquella ocasión.

Esperaba hallar en casa una apetitosa y agradable cena; después mandaría a los chicos a su cuarto cuanto antes, argumentando lo que fuese – ya se lo ocurriría alguna excusa lo suficientemente razonable – y Ginny y él celebrarían su aniversario de un modo muy… especial; del único modo en que había que celebrar las fiestas, y de ningún otro, se dijo, recordando aún a Ginny y a sus hijos llorando en el desván, algo que de nuevo consiguió que le hirviese la sangre en las venas.

Se detuvo frente a la puerta de la casa y respiró hondo, dispuesto a que nada enturbiase su idílica velada; abrió la puerta y entró.

- ¡Feliz aniversario! – de pronto se vio rodeado por una algarabía de gritos y abrazos. Sorprendido, sonrió alegremente.

- Esperad todos, esperad… Estoy empapado en sudor… - intentó detenerles, pero fue en vano. Los abrazos no cesaron, ni tampoco las alegres sonrisas.

- ¡Qué más da! – James respondió, contento. - ¡Corre cuanto quieras! ¡Y que le den morcilla a todas las Anabel del mundo! – Ted, Victoire y Lily, por un momento lo miraron sin comprender, pero a él no le importó; su madre y Albus rieron, divertidos.

Harry les devolvió el abrazo, encantado. En verdad, qué más daba algo así, cuando se trataba de la familia…

- Anda, dejad que vuestro padre se de una ducha y se cambie de ropa – Ginny pidió a sus hijos con un tono convincente, pero cuando ellos se hubieron marchado de vuelta al comedor, ella se adueñó por completo del cuerpo de su esposo, abarcándolo con su dulce abrazo.

- ¿Qué es todo esto, señorita? – él besó su nariz pícaramente, arrastrándola en su camino hacia la ducha.

- Me encanta cuando me llamas así – ella respondió, mimosa.

- ¿Piensas ducharte conmigo? – el moreno enarcó una ceja, sugerente.

- No – ella rió – Aún es demasiado pronto para disfrutar del postre – afirmó del mismo modo.

- Pues deja que me marche, o voy a acabar tomando el postre ahora mismo – besó su cuello de un modo arrebatador, y ella se vio obligada a soltarlo inmediatamente, si no quería cumplir ella misma su amenaza.

Ginny besó a Harry, apasionada, le quitó la sudadera lentamente, de forma deliberada, y luego le dio la espalda.

- No tardes – le pidió.

- ¿Quién podría? – él afirmó, emitiendo un quedo rugido, que a ella hizo estremecer.

~~ooo00O00ooo~~

La cena resultó perfecta; la comida que Lily había cocinado bajo la atenta supervisión de su madre fue todo un éxito. Mientras cenaban, todos se dedicaron a mantener una conversación alegre, amena y distendida, que sobre todo giró en torno al próximo bebé que iba a nacer. Victoire fue quien más preguntas tuvo que responder, paciente y encantada, sobre todo a sus primos, quienes parecía que jamás saciarían su ávida curiosidad: que si cuándo lo supiste, que qué cara puso Ted cuando se enteró, que qué cara pusiste tú…

Durante toda la cena, Harry dejó que todos ellos hablasen, prefiriendo escuchar la mayoría del tiempo. Pero una vez hubieron acabado el postre, decidió que era el momento para darles su noticia de una vez por todas.

- Tengo algo que decirlos – se puso en pie, y reclamó la atención de todos ellos, quienes callaron inmediatamente y lo observaron, dispuestos a escucharle – Todos sabéis que Kingsley y el Wicengamot están empeñados en que yo me convierta en el próximo Ministro de Magia – comenzó, serio – Pues bien, he tomado una decisión, y va a ser irrevocable.

Todos se miraron unos a otros, temiendo lo que iba a contarles, pues en el fondo ninguno de ellos lo deseaba, por mucha responsabilidad que conllevase aquella decisión.

- Le he dicho a Kingsley, y se lo repetiré el próximo lunes al Wicengamot con estas mismas palabras, que se vayan buscando a un sucesor; porque yo, paso del cargo – Ginny, al igual que sus hijos, lo miraron con ojos desorbitados por la sorpresa, no era esa la respuesta que esperaban – Si no puedo decepcionar a todos aquellos que confían en mí, aún menos puedo decepcionar a mi propia familia – continuó – y si no os dedico el tiempo y la atención que merecéis, como acabaría sucediendo si acepto ese cargo, me estaré traicionando a mí mismo, además de a todos vosotros. Eso es lo que pienso y eso es lo que siento. Ya va siendo hora de que aprendan a sacarse las castañas del fuego sin mí; yo ya tengo más que suficiente con el Departamento de Seguridad Mágica.

- ¡Guau, papá! ¡Eres un tío grande! – James no pudo evitar expresar con palabras sus pensamientos más profundos.

- ¡Muy grande! – Albus apoyó a su hermano, totalmente convencido.

- Desde luego, el más grande – Ted se sumó a la afirmación, orgulloso de su padre.

- Vaya, ya veo que no me he equivocado al tomar mi decisión – Harry rió, divertido – Ese es mi regalo para ti especialmente, preciosa – dijo a Ginny dulcemente, desviando su mirada hacia ella – Creo que a estas alturas te gustan más este tipo de regalos, que cualquier presente material que pueda darte.

- Y tanto – ella respondió, decidida – Este es el mejor regalo que podías darme. Por eso, mi regalo para ti es del mismo tipo – él enarcó una ceja, como siempre hacía cuando no esperaba una determinada respuesta.

Harry había esperado un "tampoco yo no te he comprado nada", y su respuesta habría sido "tenerte es el mayor regalo que podías darme"; pero ahora se vio obligado a escuchar, antes de poder decidir qué responder.

- Harry, mi vida… vas a ser papá – la pelirroja afirmó suavemente, mirando a su marido con dulzura.

- Abuelo, dirás – él respondió, creyendo haber escuchado mal.

- No cariño, "papá" – ella repitió, enamorada – Y quizá en esta ocasión sean gemelos; ya sabes que hay antecedentes de ello en mi familia – explicó con picardía.

Todos sus hijos fijaron la vista en ella, anonadados e incrédulos, y luego en él, para contemplar su reacción.

- Oh, Merlín… - Harry solo puedo articular, intentando asimilar la noticia.

- Sí, Merlín… - Ginny repitió, radiante, dispuesta a darle todo el tiempo del mundo para hacerlo, pero no fue necesario.

- ¡Eso es magnífico! – él gritó de pronto; se puso en pie rápidamente, tomó a Ginny entre sus brazos y comenzó a girar con ella, como un adolescente enamorado, riendo y riendo sin parar.

Ginny también rió, encantada. Mientras, los demás no paraban de observarlos con la boca abierta. Victoire comenzó a llorar, emocionada, y se abrazó a Ted, quien aún no salía de su asombro.

- Un nuevo enano en la familia – James dijo, alucinado.

- O dos – Al añadió, mostrando la misma cara de tonto que su hermano.

Los dos se miraron por un momento, y corrieron a abrazar a sus padres, contagiados de su maravillosa risa.

Pronto Harry y Ginny se vieron rodeados por todos, y abrazados, besados, y abrazados otra vez…

- Realmente, este ha sido uno de los mejores días de mi vida – Harry admitió, emocionado – Gracias a todos, gracias.

- Gracias a ti – Ted afirmó, haciéndose eco del sentimiento de toda la familia.

Todos rieron con entusiasmo, mientras Ted hacía fluir el zumo de calabaza en sus vasos para brindar, pues ya no había una dama que no podía beber alcohol, sino dos.

~~ooo0000ooo~~

Horas más tarde, y solos en su habitación, Ginny descansaba en brazos de Harry, la desnudez de ambos cubierta por una delicada sábana de seda, después de haber disfrutado de su merecido "postre".

Harry permanecía con los ojos cerrados, pero no dormía; se dejaba acariciar el pecho por los suaves dedos de su esposa, mientras él recorría con ternura el costado de ella, con la mano que la tenía abrazada a su cuerpo. En cambio Ginny lo observaba, resplandeciente de felicidad.

- Harry…- Ginny llamó la atención de su esposo, mimosa.

- ¿Hummm….? – con su mano libre, él le acarició el pelo de forma relajada, todavía con los ojos cerrados.

- ¿Cómo te sientes con la noticia? – ella preguntó, refiriéndose a su próxima paternidad.

Por toda respuesta, él abrió los ojos lentamente, los fijó en ella de forma seductora, y afirmó:

- Loco por ti.

- Oh, no… - ella gimió, reconociendo esa mirada, y a sabiendas de qué iba a suceder justo después.

Con cuidado, Harry hizo que ella se tumbase sobre él, y comenzó a besarle el cuello, mientras le mordisqueaba una oreja de forma juguetona. Ella sintió cómo su cuerpo se sumergía en una ola de deseo desatado.

- Oh, sí – él aseguró, posesivo, e hizo que las sábanas que los cubrían resbalasen hacia el suelo.


COMENTARIOS DE LA AUTORA:

Pues sí, acabo de escribir este capítulo hoy mismo, completito. Me moría de ganas por hacerlo, y como he tenido la oportunidad y a las musas de mi parte, aquí lo tenéis. Espero que se vea bien, pues estoy teniendo problemas para subirlo, y no tengo muchos medios, ya que no lo hago desde mi casa (mejor no confesar dónde estoy :) ). Lo repasaré estas noche si tengo un rato; no obstante, si detectáis algún corte extraño, si sentís que falta algún párrafo o que algo es incoherente, avisadme, e intentaré arreglarlo lo antes posible.

Sentía que ya va siendo hora de dar el fic por terminado, y que no era justo manteneros a la espera, dado que yo no he podido esperar, jeje.

Si he de decicar el capítulo a alguien, os lo dedico a todos los que habéis llegado conmigo hasta el final. No sería justo dar nombres esta vez.

Y mi agradecimiento, de todo corazón, desde mi alma, es para todos vosotros también, que sois maravillosos como nadie.

Esto no es un adiós, es un hasta muy pronto, ya que desde ahora voy a dedicarme de lleno a mis otros fics, con " El secreto" por bandera. Así que os mando un abrazo muy fuerte, esta vez sin lagrimitas (seguramente ya llegarán esta noche, cuando sea realmente consciente de lo que significa lo que acabo de hacer ahora). (^_^)

Vuestra por siempre.

Rose.

Nota: Gracias por haberme hecho notar que había unos cuantos errores con el nombre de Albus. No sé porqué, suelo confundirlo con Sirius. Supongo que de forma inconsciente, se me va la mente al padre de Harry y a Sirius Black, dos amigos inseparables, como lo son estos dos hermanos: James y Albus. Ya está corregido el error. Un abrazo.