¡Hola!

Aquí colgando otro capi n.n

No tengo mucho más que decir que se preparen.

Kaidoh y Momo no tienen un pasado demasiado tierno T.T

Ya me conocen...


Concierto 22: El pasado que persigue.

Riku...yo...

-Mientes...-. Susurró la morena desconcertada-. ¡Kaidoh, eso es mentira!

-Ojalá lo fuera.

Caminó a tientas hasta el sillón y cubrió su cuerpo desnudo con la manta que ellos mismos había usado para cubrirse tras una mera noche de sexo. Kaoru la siguió de cerca y ocupó un lugar frente a ella, sentándose sobre la mesa cercana. La sujetó de los hombros y negó con la cabeza.

-¿Acaso crees que a mi me gusta?

-Es horrible-. Escupio-. Demasiado cruel... ¿Por qué lo hizo si eras su hijo?

-No lo sé... no tengo ni idea. Tan solo espero no tener que volver a verle.


La llegada fue breve. Nada más aterrizar, Ryoma la llevó hasta el hogar Ryuzaki, dejándola sola junto a su abuela. No le dijo que pensaba hacer, pero algo se olía. Ahora que Ryoma tenía dinero y suficiente fuerza para respaldarse las espaldas, no se contendría de nada. Ryuzaki Sumire la apresó entre sus brazos cuando la vio y besó su sonrosada mejilla al instante.

-¿Cómo ha ido, Sakuno?

-Bien... más o menos-. Explicó sentándose cansada en un sofá-. Me duelen las piernas...

-Y también estás más gordita-. Murmuró Sumire sentándose a su lado-. Supongo que es lo que les pasa a todas las mujeres embarazadas.

Sakuno la miró desconcertada, mientras que la vieja mujer se encogio de hombros, apartándole un castaño mechón de su rostro.

-Sakuno, he aprendido que necesitas a Ryoma y que él te necesita a ti. No puedo separaros. Nunca más me interpondré entre vosotros-. Confesó-. Pero eso sí. Se feliz. Porque te lo mereces más que nadie.

-Abuela...

Sakuno encorvó los hombros y abrazó a la mujer, llorando en su pecho. Las hormonas causaban cierto desvarío en su cuerpo y era visible para cualquier persona. Se limpio las lágrimas una vez más tranquila y buscó con la mirada.

-Karupin está arriba-. Respondió Sumire.

-No, no busco a Karupin-. Negó Sakuno riendo-. A menos que Tomoka se haya vuelto medio minina.

-Oh, ella-. Rió la mujer-. Se marchó de nuevo a America y Kintaro se ofrecio a acompañarla. Me parece a mi que el pelirojo se ha rendido contigo y ha decidido ir a por Osakada.

Sakuno sonrio tristemente y afirmó con la cabeza.

-Es mejor que Kintaro se centre en otra cosa... que en mi. Yo nunca... nunca podría estar con él... Quiero a Ryoma y tendré su hijo. Es lo único que he decidido.

-¿Y dónde piensas tener a esa pequeña cosa?-. Preguntó Sumire interesada-. ¿Quieres que sea japonés como su padre o Americana como tu?

-Umm...-. Dudó-. Ryoma es mestizo también, abuela. Rinko es mitad Americana. Supongo que nuestro hijo también llevará nuestras dos raices, pero quiero que nazca en Japón. No es fácil nacer fuera de tu nacionalidad. Espero que Ryoma lo acepte.

-Seguro que lo hará-. Accedió Sumire-. Es más... Sakuno, Ryoma no lo pasó nada fácil de pequeño y me apuesto lo que desees a que tu hijo será demasiado feliz. Él no soportaría que su hijo pase lo mismo que él. Yo creo que no te negará nada. Quiere que le protegas y él se encargará de protegeros a ambos. Confia en Ryoma.


Llevaba horas encerrada. La voz de Momoshiro, de gritar, había pasado a ser nula por completo. Aún diciéndose a sí misma que soportaría los gritos que le diera, abrió la puerta. Se sorprendio al ver la entrada abierta y casi gritó al ver la figura sentada en el frio suelo, con la sábana reliada en su cintura, la cabeza escondida entre sus brazos y piernas. Encendio la luz y se arrodilló junto a él, alzándole el rostro.

-¡Dios, Takeshi!-. Exclamó-. ¿Quién te ha golpeado?

-Ann-. Susurró-. Dame mi móvil, por favor.

Afirmó. En una carrera, volvió con el movil y cuando creyó que él querría intimidad, la aferró con fuerza de sus caderas, apresándola contra su cuerpo.

-Kaidoh... escucha... mi padre... está libre.

Sintio como cada músculo de el cuerpo masculina se tensaba de golpe y lanzó el movil contra la pared, destrozándolo.

-Takeshi... tendrías que curarte la herida...

-Ese cerdo... me ha golpeado-. Gruñó entre dientes-. Y ahora... ¿Dónde vive Riku?-. Exclamó apartándola-. Claro... tu no lo debes de saber...

-Pero Ryuzaki sí-. Afirmó Ann alzándose-. Vamos, entra. La llamaré y se lo preguntaré. Pero antes, quiero curarte.


Miró desconcertado el movil y apresó el aparato entre sus manos con deseos de romperlo. Riku sujetó sus manos entre las suyas y la miró asustada.

-Kaidoh... ¿qué sucede?-. Preguntó.

-Él... está libre... le han soltado.

-¿Al padre de Momoshiro?

-Sí-. Afirmó mirándola.

Riku se alzó, dejando que la tela resbalara por su cuerpo, abrazándolo. Jamás desde que lo conocía, había visto esa mirada de terror en él. Lo abrazó con fuerza y le obligó a abrazarla. Temblaba y no era para menos.

-Ese cerdo-. Masculló-. Me las pagará...

-No-. Negó él apartándola-. No te... ¿Riku?... ¿Desde cuando demonios lloras?

Riku escondio su rostro entre los negros cabellos y su cuerpo se estremecio.

-¿Por qué?... ¿Por qué os hicieron eso...? Erais tan solo unos niños... ¿Qué diversión hay en vender a tu propio hijo a tu mejor amigo?... no lo entiendo... ¿¡Qué tiene de divertido

-Ri... ¡Riku!-. Exclamó aferrándola entre sus brazos-. Cá... cálmate...