¡Hola! Siento mucho la tardanza y demás. No sé que pasó con el anterior capítulo que se cortó, pero voy a ver de seguirlo, así que no estoy muy segura de cómo quedará éste capítulo. De todas formas, pronto terminará así que n.n.

Bueno, no os torturo más y les dejo con el capi n.n.


Caminó a grandes pasos através de el largo pasillo, vaciando la lata que descansaba en su mano con tranquilidad. Nikel interrumpio su caminar, alzando el mentón y sujetándolo de la camiseta. Sin permiso, besó sus labios, mordiéndole. Se apartó, asqueado y frotó sus labios molesto.

-¿Qué demonios?- Gruñó

Nikel rio, acariciando su pecho divertida.

-Eres muy inteligente, Ryoma Echizen- susurró- Vas a librarte de tu padre, pero no permitiré que hundas a tu hermano. Lo necesito.

Alzó una ceja y se encogio de hombros. Volvio a caminar, pero el brazo de Nikel le interrumpio de nuevo.

-Creo que no me has entendido, Echizen.

El guardaespaldas de la mujer aparecio, sonriente y con una cámara en mano.

-He tomado una foto cuando nos besábamos. Si no quieres que te joda tu vida familiar, no toques a Ryoga.

Con una risa espeluznante, se alejó. Fruncio las cejas y se frotó el ceño con los dedos, para sonreir. Ya había tenido suficiente. No era un perro al que golpearían una y otra vez hasta artarse. Pero ya se encargaría más tarde de Nikel. Tenía cosas más importantes que exigir. El estúpido de su padre no podía quedar impune de todo. Después, se encargaría de su hermano. Le había estado utilizando durante ese tiempo. Le había hecho parecer estúpido y nadie hacía eso en Ryoma Echizen. Volvio a retormar su caminar y se detuvo ante la puerta de el despacho de Nanjiro Echizen. Sin llamar, se adentró.

-¿Ya has regresado?- Preguntó Nanjiro mirándole através de los grandes ventanales-. Se te ve cansado.

Ignorándolo, buscó dentro de su bolsillo. Extendio el papel sobre la mesa y nada más leerlo, su padre se incorporó, golpeando la mesa asustado.

-¿¡Está... viva!?

-Sí.

-¿Dónde está? Dímelo.

-No.

-Ya te ha comprado...- suspiró el castaño tirándose sobre la silla- ¿Qué te ha contado?

Se encogio de hombros y caminó hasta la puerta.

-Ryoma...

Se detuvo y buscó la mirada de su progenitor, no encontrándola. Los ojos de Nanjiro Echizen volvían a estar clavados en los ventanales, mientras él observaba su nuca.

-Yo... me alegro de que nacieras... aunque no te lo creas.

Cerró la puerta tras él y apretó los puños a la vez que sus labios.

-Entonces..., ¿Por qué me abandonaste?


Pestañeo asombrada, sentanda en el centro de el taxi y algo mareada. Momoshiro y Ann casi la habían secuestrado para descubrir dónde vivía Riku. No estab tranquila. El moretón en la mejilla y ojo derecho de Momoshiro asustaba y la palideza de Ann igual. El móvil sonó en su bolsillo y lo cogio rápidamente.

-¿Sí?... Oh, Ryoma... no... ¡Ah!

-Echizen.

Momoshiro le había arrancado el teléfono movil de las manos y se habí encogido sobre sí mismo, susurrando para que ninguna de la dos mujeres lograra escucharle. Cuando le devolvio el teléfono, Ryoma había colgado. Suspiró. Hubiera deseado hablar algo más con él, pero entre que Echizen apenas hablaba y Momoshiro los había interrumpido, no pudo.

-Lo siento...- se disculpó Ann sin mirarla- Estamos algo nerviosos.

-No... no importa... Pero... ¿Qué es tan importante de Riku?

-Buscamos a Kaidoh, no a Riku- respondio Momoshiro crujiendo los nudillos- ese loco puede hacer cualquier cosa.

Sakuno alzó las cejas en sorpresa. Al parecer, algo fuerte había sucedido y tanto ellos como Kaidoh, estaban implicados. Se preguntó si Riku conocería lo que pasaba. Si era así, la morena era capaz de hacer cualquier cosa. Se abrazó el vientre con cuidado y suspiró.

-¿Estás embarazada al final?- Preguntó Momoshiro observándola de reojo.

-Sí...- respondio avergonzada.

-Felicidades.

-Gra... gracias...

-Ryoma, ¿lo sabe?

-¡Takeshi!- Exclamó Ann alarmada.

-Disculpa...

Momoshiro frotó su sien y Sakuno lamio su labio. No hacía falta ser demasiado lista para comprender algo así. El rostro de Takeshi mostraba claramente la angustía. Él no había sido querido. Su madre debio de ocultar su embarazo hasta que no se pudo más. Miró su vientre con tristeza. Ella había estado apunto de hacer lo mismo, pero Ryoma había sido demasiado listo como para poder engañarle. Además, de que algo dentro de ella, le decía que fue culpa de Ryoma su embarazo, descontando que se necesitaban sus espermatozoides, claro.

Pero ella no tendría que escondérselo a Ryoma. Porque él quería a su hijo. Había aceptado que no quisiera casarse y que tuviera al hijo. Definitivamente, lo amaba. Y estaba convencida de que sería un buen padre. Ninguno de los dos había conocido el cariño paterno, pero ambos habían salvados. Ella por Kintaro y él por su abuela.

-Hemos llegado- Avisó Ann.

Takeshi pagó el taxi y los siguió lentamente por los largos pasillos de el edificio. Las piernas todavía le dolían y nada más cruzar el portal, el hambre le había llegado. Ann la miró curiosa y sonrio.

-Tengo hambre... bueno, tenemos hambre.

-¿Qué piso?- preguntó el impaciente Takeshi.

-Quinto.

-Vosotras id por el ascensor- Ordenó el ojos lilas subiendo por las escaleras- ahora nos vemos.

Momoshiro terminó por desaparecer antes de que Ann dijera nada. Ellas optaron por el ascensor. Sakuno se sintio aliviada por ello. Quizás, si por la mañana no hubiera cedido a los placeres carnales, sus piernas no estarían tan doloridas. Ryoma aveces podría llegar a ser demasiado posesivo y necesitado. Se lamio el labio inferior y abanicó su rostro con la mano. De tan solo pensar las cosas que le había hecho, sentía su vientre arder y la necesidad de pegar sus muslos.

-¿Te encuentras bien, Sakuno?- Preguntó Ann preocupada- ¿Quieres que bajemos?

-¡No!- exclamó avergonzada- Estoy... estoy bien. Tranquila.

Ann aceptó, liberándole el brazo que había sujetado al verla.

-Siento... haberte molestado. Justo ahora que habías regresado...

-No, tranquila... no pasa nada.

-No, sí que sucede...- murmuró la castaña- pero... se me escapa de las manos...

-¿Ann?

-Momoshiro y Kaidoh. Ellos dos... al parecer estan atados por sus padres. No son libres.


El sonido sonó martilleante entre ambos. Riku se frotó los ojos, avergonzada. Había estado llorando durante largo rato, acomodada en el torso de su amante. Kaidoh la cubrio y la empujó hasta la habitación, mientras que él se enrolló la manta cercana a las caderas. Nada más abrir, las manos de Momoshiro se posaron sobre sus desnudos hombros.

-¿Qué haces aquí?- Exigio.

-Buscándote- respondio el chico jadeante- Creí que harías una locura.

-No seas imbécil...- gruñó dejándole entrar- ahora... no estoy solo. ¿Te ha vuelto a golpear?

-Todavía se cree que tengo quince años- escupio el ojos lilas- Aunque... no se la he podido devolver... Joder, estaba en shock...

-¿Por qué le han dejado libre?- Preguntó Riku acercándose- ¿¡Por qué han dejado libre a tu padre!?

Kaidoh la sujetó de la cintura, antes de que dañara al visitante. Ann y Sakuno llegaron justo al instante. Sin pensarlo dos veces, Ann se interpuso entre ella y Momoshiro, impidiendo que Riku la golpeara. Sakuno intentó acercarse a Riku, para impedir que continuara tan agitada.

-¡Riku!- Gritó- ¡Quieta!

-¡Ese estúpido hombre! ¿Por qué? ¿¡Por qué dejais salir a un violador!?

-¡A mi también me violaron, Riku!

Riku se detuvo, asombrada. Takeshi apretó los labios y apartó el puño que había estampado contra la pared cercana y se liberó de las manos de Ann. Se frotó el rostro y tragó saliva. Ann jadeo ante él, volviéndose. Momoshiro tragó saliva y dio un paso atrás.

-Es... ¿Es cierto?- preguntó Ann en un susurro. Afirmó con la cabeza y su voz sonó ahogada.

-El... padre de Kaidoh... y... mi padre a él... nos vendieron... Su padre me compró y el mio a él...- confesó- mi padre... juró matar a Kaidoh, pero el padre de éste se interpuso...

-¿Y...?- Preguntó Riku mirándole.

-Murio- respondio Kaoru apretando los dientes- No es plato de gusto, pero...

-Se lo merecía- gruñó Momoshiro.

Un sonoro golpe inundó el lugar. Sakuno cubrio su boca con ambas manos y Riku se encogio aún más entre los brazos de Kaidoh. Ann se frotó la mano dolorida, mientras que Momoshiro la miraba con atención. Ni siquiera frotó el dolorido golpe.

-Te dije... que me odiarias...

-No te odio- Interrumpio ella- Estoy realmente... cabreada... por tu falta de confianza...

-Si te hubiera dejado quedarte... él...

-¿Me habría pegado?- Preguntó ella burlona- Takeshi... he pasado por peores cosas. ¡Maldita sea! ¡No estás solo!

Lo abrazó con fuerza entre sus delgados brazos y por primera vez en mucho tiempo, Takeshi lloró, entre los brazos de su novia. Unos pasos tras ellos mostró la altiva figura de Echizen. Sakuno se acercó hasta él, agarrándose de su camiseta y recibio un leve roce en su cabeza. Extendio la mano y golpeo los hombros de su mayor, el cual sonrio, limpiándose las lágrimas rápidamente y fingiendo que algo se había colado en su oido.

-Riku- Llamó con voz seca- ¿Tienes un momento para hacer negocios?

La morena arqueo una ceja y afirmó al ver la seriedad en el rostro masculino. En un instante, todos se adentraron en el interior de el piso, más calmados.

-¿Qué es lo que quieres?- Preguntó Riku.

-Un trato interesante.

Riku recogio los documentos y en silencio, los observó. Tras un minuto, miró sonriente al peliverde.

-¿Atobe lo sabe?

-No.

-Bien. Jodámosle. En cuanto a lo de vuestro padre...

-Riku- interrumpio Kaidoh preocupado.

-Basta. Tiene que pagar. Además... ya he llamado.

-¿A quién has llamado?- Se interesó Ann.

Kikamura sonrio y se froto el codo pensativa.

-Tengo mis trucos. Así como también sé que Nanjiro Echizen te amenazó, Ryoma, con mandarme al cuerno, pero sabías perfectamente que no lo conseguiría...- Ryoma la miró curioso, para sonreir maléficamente- Sí, tengo mis contactos. Me he alterado para nada, maldita sea.

-Creo que vas a tener que darme un poco de tu lista- se burló Ann- es muy interesante.

-Ni te lo imaginas- corovoró Riku- En fin. A lo que importa ahora mismo y lo que Ryoma y yo hemos pactado ahora mismo ante vuestros ojos- explicó- es sobre LSS.

-¿LSS?- Preguntó Sakuno perdida.

-Los sexys seigaku- contestó Riku-. Para acortarlo. El caso es que... Atobe y Ryoga Echizen están compinchados para hundiros. Por eso, os ha ido pisando los talones y apareciendo en situaciones en las que era imposible que conociera. Ryoma me lo explicó y lo pusimos a prueba...

Flash back.

Caminó con las manos escondidas en los bolsillos y la bufanda enrrollada a su garganta, con caras molestias por no haberle dejado dormir. Acavaba de dormirse entre los brazos de Sakuno y que le llamara tras una sesión de sexo, le cabreaba profundamente. Pero era lo que habían decido. Si no hubiera escuchado aquella absurda conversación, no se habría enterado nunca de lo que sucedía ante sus ojos. Ryoga quería destruir el grupo, y para ello, se había unido al rey de los monos, catalogado así por él. Atobe Keigo.

Cuando Ryoga lo vio, se apresuró a presentarle su acompañante, una deslumbrante peliroja de ojos azules y piel blanquecina, de sinuosas curvas y excitantes senos.

-Tengo algo que contarte, hermanito- comenzó- mañana será la fiesta de cumpleaños de Naiala y le prometí que tocarías ahí.

-No- Ryoga arqueo una ceja por su desobediencia. Era claramente una orden, no un pedido- Mañana tocamos en la sala dos de el salón de el manga. Tenían pagados dos días.

Se maldijo por tener que hablar tanto y dar tanta explicación, pero si querían saber la razón de que Atobe les siguiera a todos lados, tenía que hacerlo. Ryoga había alzado las cejas y parecía repetir el lugar dentro de su mente. Apretó los labios y los puños dentro de su abrigo.

-¿Ocurre algo?- Preguntó Naiala a su lado- Pareces insastifecho, Ryoga. No te preocupes tanto por eso... ya lo celebraré sin ellos.

-¿Realmente quedarás sastifecha?

-Por supuesto.

Fin de el flash back.

-Aquella mujer trabajaba para Ryoga y Atobe. Era su contacto, por así decirlo. Al día siguiente-, continuo la joven-, Atobe se presentó en el lugar. Perdio el tiempo, puesto que nosotros regresamos a Japón.

-El topo.

-Así es, Momoshiro- afirmó Riku-. Sumire Ryuzaki no os puede proteger más. No es que no tenga dinero, es que su contrato conmigo termina y la clausala vigente dice que, al menos, durante un año, ustedes no podrán actuar hasta que el patrocinador os vuelva a adoptar. La licencia a caido y Ryoma, ocupará su lugar ya mismo.

-¿De donde demonios vas a sacar el dinero?- Preguntó Momoshiro, con claras señas en su rostro de lo que todavía continuaba ocurriendo en aquella sala.

-De mi bolsillo- respondio Echizen.

Kaidoh ladeo el labio y ocultó su sonrisa bajo su mano diestra, con el puño centrado.

-¿Cómo?- Se interesó Takeshi iróncio- ¿Te vas a pagar a ti mismo? No tienes suficiente dinero.

-Creéme que lo tiene- sentendio Riku alzándose- Es más rico que su padre y Ryoga juntos. Confiad en él.

-¿Qué ha dicho Tezuka de todo esto?- Preguntó Kaidoh.

Echizen se encogio de hombros, indicando que lo desconocía. El silencio volvio a reinar, sumándose en los pensamientos de todos, hasta que el sonido de un estómago hambriento, los hizo volver a la realidad.

-Lo... lo siento...

Sakuno enrojecio, apresando entre sus manos su vientre y riendo avergonzada. No era su intención interrumpir, pero tenía hambre. Ambos tenían hambre. Lo que menos necesitaba era saltarse una comida. Ryoma lo comprendio al recibir una de sus entristecidas miradas y se alzó, saludando con la cabeza. Takeshi lo retuvo de el brazo, apretando el suyo fuertemente.

-Ryoma... no se lo digas a nadie.

Momentos después, Momoshiro se arrepentía de aquella innecesaria amenaza. Echizen, el joven de pocas palabras no iba a contar nada. Lentamente, la panda se fue marchando. Riku suspiró y antes de que dijera una sola palabra, los negros ojos de Kaoru la escultaron con atención.

-¿Qué has hecho?- Preguntó con tono rudo el joven.

-Vengarme. Simplemente.

La cara de seriedad de la chica bastó para que comprendiera que no estaba mintiendo. Enviarla al cuarto para que se vistiera, había sido erroneo. Riku no era de las mujeres que dejan que todo pase y listo. Sabía vengarse. Y era capaz de crear el plan más extraño y de aspecto poco triunfador posible. Pero todos terminaban saliendo tal y como ella lo deseaba. No le cabía duda de aquello. Si había decidido vengarse de el padre de Takeshi, lo haría aunque tuviera que... matarlo. No podría perdonarle.

-¿Sabes? Takeshi a dejado algo en el tintero- farfulló entre murmullos- Mi padre... murio asesinado por el suyo, pero... por protegerme... el día que decidio matarme, mi padre me había pedido perdón por todo el daño que me hizo... por venderme... por hacer que otro hombre me violara... Que te viole una mujer no es tan grave a que lo haga un hombre... especialmente... si tu también eres hombre. Desde entonces, y tras el entierro de mi padre... me centré en la música. Mi madre me repudio y la madre de Takeshi se encargó de nosotros. Murio el año pasado mientras dormía y Fuji, se ocupó de Takeshi. Yo... me fui por mi propio pie, en soledad aún más... profunda.

Escuchar aquella voz, siempre dura y gruñona, con un toque de melancolía, ejercía bibraciones dolorosas en el pecho de la joven. Se había estado apoyando en un hombre que realmente necesitaba más que ella. Kaidoh había perdido la noción de conocer el amor, de querer enamorarse, pero al parecer, su mundo se desmoronó cuando ambos se conocieron. Estaba segura, que aquel incidente durante su limusina, aquella mirada comprensiva y decidida a ayudarla, era más que un simple apoyo.

-Te... te usé- Y ahí estaba lo que realmente sabía desde el principio- Te usé para olvidar mi dolor... pensé que si te salvaba y sacaba de la angustía que sentías dentro de ti... me sentiría bien. Pero... me enamoré de ti...

Kaidoh agachó la cabeza. Cubierto entre las paredes de aquel piso, nadie vería su deshonra ante la mujer que ahora amaba. Riku se humedecio los labios, se alzó y lo sujetó de el mentón, alzando las cejas.

-¿Acaso quieres que te golpee por eso?- él afirmó, cerrando los ojos sumiso- Pues no lo haré. No lo necesito, Kaidoh, porque lo sabía desde el principio- El arqueo las cejas en sorpresa y soportó el apresamiento de su mentón entre los delgados dedos- Eres un idiota... pero... maldita sea... ¿Por qué tengo que decirlo?...

Kaidoh la sorprendio, aferrándola entre sus brazos y escondiendo su rostro dentro de sus senos.

-Dilo- rogó.

-Te amo.


Degustó la hamburgesa sastifecha, siendo observada por un asombrado futuro padre. Ryoma tragó alarmado y golpeo su espalda para evitar que se ahogara con un simple trozo de queso. Le miró sastifecha y se limpio la boca.

-Tenía hambre- murmuró frotándose el vientre- teníamos.

Una sonrisa orgullosa se mostró en el rostro de el Echizen, por supuesto, Sakuno no lo vio. Estaba sastifecho con lo sucedido. Riku y él tenían la custodia de LSS y su padre no podría volver a mangonearle. De su hermano ya tendría tiempo de encargarse y lo hundiría junto a Atobe Keigo. Luego estaba la fotografía de Nikel. Bien. Podría hacer con ella lo que deseara, que no le interesaba. Por otro lado, el pasado de Momoshiro. Este le había avisado por teléfono que se habían llevado con ellos a Sakuno y les esperaban en casa de Kikamura. Llegó al momento en que todo era contado por su mayor. Aquello había sido repentino para él. No conocía el pasado de sus mayores y fue un shock apagado rápidamente. Seguramente, si no hubiera interrumpido y cambiado la conversación, aquello parecería un funeral.

-¿Estás seguro... Ryoma?- Preguntó Sakuno a su lado- Comprar... el grupo es mucho...

-No- negó encogiéndose de hombros- Habrá más.

-¿Vas a comprar... más grupos?

-Sí.

Aquella idea sabía que era la correcta. Sumire Ryuzaki solo se había centrado en ellos, pero Sumire lo había hecho por su ya larga edad. Él lo había comprendido con los años. Pero él tan solo tenía ahora dieciocho años, mucha vida por delante y futuro padre. Quería demostrarle a su padre, que podría cuidar a su hijo, amar a su mujer y seguir con su trabajo. Por nada de el mundo le permitiría huir a Sakuno. Habia aceptado que ella no deseara casarse. Realmente era algo que no le atraía. Jurar ante un cura cosas que él prefería susurrarle en la cama y entre sus dulces piernas mientras le hacía el amor. No hablar. Eso sería como golpearle doblemente en el orgullo.

-Ryoma...

-¿Qué?- Preguntó mirándola de reojo.

-Tu...- tragó saliva con miedo- ¿te importa si quiero... que el niño nazca... en japón?

La miró interrogante. ¿Qué si le importaba? Claro que no. ¿Cómo le iba a importar aquello? Ella era la madre y el momento oportuno en que naciera su hijo, sería el lugar de nacimiento. No podía eleguir algo así. De todas formas, prefería que fuera japones. Tras conocer a su madre, descubrió que también era mestizo y Sakuno por igual. Su hijo llevaría sangre de japonés y también extranjero, al menos, que naciera en Japón.

-Japones- Respondio finalmente ante la mirada preocupada de Sakuno.

Sakuno sonrio, pero quedó atrapada entre sus brazos, al momento en que el sonido de un disparo llegó hasta ellos. La gente comenzó a gritar, nerviosa. Buscó con la mirada el exterior, donde un hombre de mediana edad permanecía extendido en el suelo, sobre una gran mancha de sangre. Sakuno se pegó a él, sujetándole de la camisa y cubriendo su rostro con la mano, para evitar la náusea que comenzó a recorrerle por completo. Asqueada por la situación.

-¿De quien se trata?- Preguntó alguien a voz en grito desde la puerta- Está muerto, al menos mirar quien es.

Siguio la mirada de aquel personaje y buscó a la persona que permanecía arrodillada cerca de el cadaver. La cartera de el hombre quedó expuesta a sus manos y fruncio el ceño al escuchar el nombre.

-Mamoru Momoshiro- Respondio el sujeto- Lo pone en el permiso que le concedieron. Era un presidiario. Al parecer, le concedieron una semana de libertad por buena conducta. Parece ser que no debía de salir de la cárcel.

Ryoma apretó los labios y tapó la boca de Sakuno, que había empalidecido y estaba seguro que diría algo. Unos negros ojos se posaron sobre ellos y tragó saliva al ver la pistola bajo la chaqueta negra de aquel traje cuidadosamente colocado en el portador. El hombre sonrio y acercándose a grandes pasos, se detuvo a su lado.

-Dígale a nuestra señora que el plan terminó correctamente.

-¿Kikamura?- Preguntó sin mirarle.

-Así es. Que tengan un buen día.

Sonrio altanero. Riku cuando hablaba y amenazaba, no lo hacía en vano. Había hecho bien en conocerla y no darla de lado. Dejar a Sakuno con ella, no era una mala idea. Definitivamente.

-¿Ryoma?- Preguntó Sakuno libre de el agarre- ¿dónde... vamos?

-A casa, Sakuno. A casa.


Se dejó caer sobre el sofá y cubrio sus ojos con su brazo. Ann se sentó a su lado y le rozó la rodilla, en busca de su mirada. Le dolía mirarla. Había desconfiado de lo que sentía por él. Buscó su pequeña mano y la escondio entre las suya, resguardándola.

-Ann...

-Shuuu- susurró está acallándolo- Está bien. No te preocupes. Ahora... tan solo seguiremos adelante... tu cantarás y yo... te amaré. Te esperaré siempre. Hasta que seas capaz de abrir por completo tu corazón y explicarlo todo. Espérare. A tu lado.

La extrechó entre sus brazos, fuertemente. Definitivamente, encontrar a Ann fue un regalo de el cielo. Siempre había necesitado a alguien a su lado y por más que quisiera darle las gracias a sus mayores por entrar en aquel resturante, no podría. Fue gracias a ellos que la descubrio. Y la amaba. Y por mucho que quisiera alejarla, protegerla de su pasado y de su padre, no conseguiría hacerla huir. Porque la amaba con todo su ser.

-Ann...- susurró en su oido- No... no me dejes nunca.


La cara de Tezuka era un mapa abierto. Estaba totalmente sorprendido con la noticia. Arqueo una ceja y subio sus gafas impertinentes en su descenso.

-¿Has dicho que... tu serás nuestro mánager y cantante?

-Sí- respondio Echizen encogiéndose de hombros.

Sumire afirmó al sentir la mirada de el lider sobre su rostro.

-¿Piensas dejar de cantar?- Preguntó Fuji.

-No. Continuaré.

-Entonces... ¿Actuarás ahora con nosotros?- Preguntó Eiji arreglándose el cabello ante el espejo.

-Sí.

-¡Bien!- Gritó el Neko- ¿Qué esperamos para ir a actuar?

Con sonrisas dibujadas en sus rostros, tras amarguras y tristezas, amores conocidos y terminados, situaciones extrañas y venganzas crueles, el grupo subio al escenario. Vestido con su ropas Punks, divisó la mirada de la mujer de largas trenzas, con las manos en su vientre, sonriente amplia y ojos carmín. Apartada de el bullicio, sabía que ella y su hijo escucharían perfectamente sus canciones, en aquel, que no sería su último concierto.

-Kombawa... Los sexy's Seigaku.


Notas autora:

Bueno, pues aquí está lo que faltaba de aquel capítulo n.n. Espero que ahora sí se cuelge y no se corte.

Disculpar las molestias n.n.

En fin, el próximo creo que ya es el último de todos.

Epílogo, creo.

Tengo que pensarlo y ver como ibaxD.

¡Os dejo hasta prontooo!!