Epílogo.
Las luces finalmente se apagaron y sus ojos comenzaron a almodarse a la oscuridad. Bebio agua rápidamente y se adentró tras el telón, seguido por los demás participantes. Aún entonces y disfrutaba de un buen concierto. El extasis corría por sus venas y se excitaba con tan solo pensar en el próximo y lo mismo podía leer en el rostro de los demás. No era dificil de comprender. Aquel era su concierto de regreso a Japón. Ansiaba pisar su tierra. Perderse entre caras conocidas. Ni siquiera el viaje en avión le resultaba pesado. Tenía una razón de peso para regresar.
Y nada más pisar Japón, la halló.
-Bienvenido a casa, Ryoma-kun.
La sonrisa sincera. El rostro avergonzado y esperanzado por algo que igualmente él ansiaba. Besarla, enredar sus dedos entre las largas hebras. Acariciar la desnuda piel y sentirla gemir entre sus brazos. Llevaban cinco años juntos y cada día que pasaba, deseaba hacerle más el amor. Acaricio la largura de el cuello femenino, atrayéndola levemente hasta él y un beso fugaz, fue lo único que llegó a dejar. Sakuno sonreía complaciente. Le conocía lo bastante como para comprender que él siempre dejaba lo mejor, para los momentos a solas, especialmente, lo pasional.
Dos pequeñas manos apresaron su pantalón y agachó su rostro, hasta encontrar a la joven niña que estiraba de su ropa. Alargó las manos y la alzó sin el menor de los esfuerzos. Dos ojos de el mismo toque que él, le devolvía la mirada, pero las mejillas rojizas, los labios curvados en una sonrisa tímida y los cobrizos castaños, le hizo besar la mejilla sonrosada.
-Bienvenido, papá.
Sakuno sonrio y comprendio que la niña había terminado heredando la ternura de su madre, aunque su mirada fuera tan afilada como la suya propia. Apresó, con su mano libre la cintura de su mujer y caminó hasta los demás, reunidos con sus respectivas parejas. Ann se lanzó contra él para arrebatarle a la niña y esta gruñó ante el gesto. Alzó las cejas confuso.
-Narumi heredó el caracter de el padre con los demás- se jactó Sakuno indicándole con la cabeza a la niña que accediera- intentaré cambiarselo.
-Hn...- murmuró, mirando a su retoño y ahogó una sonrisa sastifecha.
-¡Narumi!
La infantil voz rompio las risas que se había formado alrededor de él. Todos se volvieron hacia esta y un joven de ojos azulados oscuros y alilados cabellos, corrio hasta ellos, seguidos por su azorada madre. Nanako intentaba por todos los medios calmar a su pequeño, pero este se movia enérgico entre sus brazos, dispuesto a saltar de éstos, para correr hasta su pequeña. Alzó las cejas y antes de que el niño hiciera su tarea, dos fuertes manos lo alzaron.
-¿Dónde vas, Taka?- Preguntó Tezuka con seriedad- Deberias de comportarte.
-Mira quien habla- exclamó en voz alta Nanako, colocando sus manos sobre su hinchado vientre- El que no me ha llamado en todo este tiempo, ni estando embarazada. Vergüenza debería de darte.
Las mejillas de Tezuka enrojecieron y subio sus gafas con nerviosismo, dejando a su hijo en el suelo.
-Nanako- bufó en voz baja- sí te llamé. Muchas veces.
-Sí, sí-afirmó esta divertida- hasta tuvimos sexo por teléfono. Fue divertido- añadio acercándose hasta las mujeres- Ya sabeis que durante el embarazo, se puede tener demasiados antojos... sexuales- susurró-. Y tener un marido que cada dos por tres viaja... no es gran sastifacción.
De nuevo, Tezuka enrojecio. Unas felinas risotadas llegaron desde atrás. Eiji no podía parar de reir. Hasta que recibio un codazo por parte de Kaolah. El neko de el grupo, se retorcio sobre sus pies y palmeo el trasero de su esposa, para recibir un mordisco en la misma mano y risas por parte de los demás. Nanako pestañeo, observándoles.
-¿Desde cuando Eiji es más calmado? Generalmente, por lo que lo ví, se lanzaría sobre su mujer hasta axfisiarla.
-Es que Kaolah esta embarazada también- informó tímidamente Sakuno.
-¿¡En serio!?- Exclamó Nanako.
Y se perdieron en cuentas y millones de habladurias maternas, que no le interesaban para nada. Con vivirlas, ya tuvo suficiente. Sakuno también sufrio los diferentes antojos y los sexuales, eran la carta de el día. Además de comidas de lo más raras. Pero, fue lo mejor de el mundo al final.
Flas back.
La comadrona sonrio al verle llegar, con las ropas totalmente revueltas, arañazos por culpa de las muchas fans que no habían aceptado que abandonara el palcro sin terminar la canción. O mejor dicho: Que todo el grupo abandonara el escenario. Porque todos viajaron hasta japón, para ver a la recien nacida. Arrancó la cobarta negra de su cuello y no tardó en adentrarse. Riku sonrio al verle y dejó libertad para que todos se adentraran. Una agotada Sakuno descansaba sobre la cama, con el rostro cansado y una sonrisa. Nada más verle, mostró sus brazos hacia él, para llorar en su pecho.
-Fue una niña...- había susurrado ella con ternura- una niña preciosa.
-¿Está bien?- Preguntó- ¿¡Tiene algo!?
La risotada de Riku le hizo sentirse realmente imbécil, pero era la verdad. Estaba preocupado. La niña no se encontraba en la habitación y Sakuno parecía querer dormir entre sus brazos. Debio de ser un parto largo y duro para ella... y no estuvo a su lado. Besó los humedos cabellos que caían lacios a cada lado de el delgado cuerpo. Frágil. Tanto, que hasta retuvo su fuerza con miedo a romperla.
-Con permiso- anuncio una voz femenina- aquí llega la más importante.
Se tensó y alzó. Sakuno parpadeo ante la liberación de su cuerpo y buscó con la mirada la pequeña cuna. Ryoma se abrio paso entre los presentes silenciosos, extraño realmente para un alborotado Eiji que momentos antes no paraba de felicitarle y colgarse en su cuello, impidiendo que corriera. Pero una simple amenaza de Tezuka bastó para que lo dejara de molestar y agradecio sinceramente aquel gesto, complice de el anterior parto de Nanako.
Ahora, frente a él, en aquella diminuta cajita de plástico, un pequeño bebé se removia lentamente. Movia sus puños con energía y alguna que otra patadita removio la pequeña sábana que cubría su diminuto cuerpecito. Leves motitas negras de cabello revolvían en su cabeza y unos diminutos ojos dejaron ver leves toques dorados con oscuras motitas oscuras. Se frotó los ojos cansadamente e inclinó sobre el pesebre. Sus labios rozaron la suave y delicada piel y apresó una de las pequeñas manitas entre sus dedos, que quedaron presas de el agarre minúsculo y un grutural sonido de llamada escapó de los pequeños y rosados labios.
-Tiene hambre- informó Inui sonriente- Es preciosa, Ryoma. Preciosa.
-Y es tu hija- añadio Riku, empujando a varios hacia el exterior- vamos, vamos, déjemoslos solos.
La puerta se cerró tras ellos y ambos quedaron en silencio. Con delicadeza, tomó en brazos al recien nacido. Volvio sobre sus pasos, lentamente y entregó el bebé a la joven madre, ansiosa por tocarla, por besarla, por ver que no había nada malo en el ser que anteriormente había resguardado en su interior. A la hija de el hombre que más amaba.
-Ryoma- susurró- es... maravillosa.
-Sí...
Los rojizos ojos se posaron sobre su rostro, brillantes en lágrimas y una sonrisa sastifecha se mostró en el rostro femenino.
-Te amo, Ryoma- confesó- Gracias, por darme esto.
-No- negó apretando los labios.
¿Cómo podría explicarle a Sakuno, que realmente había sido ella la que le había dado algo maravilloso? Ahora, más que nunca, la amaba. Y lo comprendía con gran fuerza. Y lo único que creyó capaz de mostrarle, fue el amor que sentía. Sakuno ya se había aconstumbrado a su muestras de afecto prontas y pasionales, por eso, el mismo beso que le mostró, bastó para terminar de hacerla llorar. La pequeña movio sus manitas contra ella y Sakuno lo apartó rápidamente, para entregarle el seno izquierdo a la niña. Ryoma gruñó y acaricio la mejillita que se alternaba en succiones.
-Ey, te la dejo solo por un tiempo. Esas son mias.
-¡Ry... Ryoma!- Exclamó Sakuno incrédula- Son mias, no tuyas ni de ella. Además...- Le apretó la mejilla con su mano libre- no seas celoso de tu propia hija.
-¡Duele, eso duele!- Protestó.
Sakuno rio y le besó el cuello, dejando descansar su rostro entre éste y su hombro. Acaricio la sudada frente y la besó, mientras tan solo, las lentas succiones de su hija, inundaban el lugar.
Fin de el flas back.
No se arrepentía de haber creado a esa pequeña niña. Ni mucho menos, que Sakuno fuera la madre. Ann, había dejado en el suelo a la niña ante las demandas de Taka por querer acercarse a ella, pero ahora el niño sufría las consecuencias de la indiferencia de la pequeña por el sexo masculino. Y hasta, cuando el niño quiso besarla en la mejilla, arrugó la boca en molestia, para bufar y mirarle de forma superior.
-Mada mada dane, Taka-chan.
Ahogó una carcajada y acaricio los cabellos castaños cuando la jovencita se refugio en sus brazos, para después, abandonarlo por la piruleta que mostraba Momoshiro tras él. Taka, defraudado por la respuesta a su beso y herido por unas palabras que ni siquiera entendía por qué dolían, caminó con la cabeza gacha hasta él, para mirarle con los ojos medio llorosos.
-¿Por qué no me quiere?- Preguntó con total seriedad. Ryoma humedecio su labio- yo la quiero mucho y cuando crezca... Le haré las mismas cosas que mi papá le hace a mi mamá.
-Por encima de mi cadaver- se escuchó decir a sí mismo.
Y se golpeo mentalmente por discutir con un crio sobre las pasiones futuras de su hija, la cual se entretenía ya con la piruleta, mientras que Momoshiro rascaba su mejilla dolorida, por un pellisco dado por su mujer. Ann no soportaba los chantajes, menos, si se trataba de niños pequeños y seguramente, aquello le llevó a recibir tal golpe. Cuando volvio la vista hacia Taka, éste había desaparecido para refugiarse entre los brazos de su padre.
-Cuidado. La virginidad de tu hija corre peligro.
Se volvio hacia la voz. Riku no había cambiado su atuendo. Su rostro parecía tan jovial como siempre y la sonrisa altanera no desaparecía de sus labios. Los cortos pesqueros remarcaban su delgadez y la ancha camiseta no ayudaba. Guio la mano hasta el colgico que pendía de el collar de puas y se lamio los labios, buscando el cierre de este, hasta encontrarlo y arrebatárselo.
-Ey- gruñó ella- que me costó caro.
-No importa- respondio guardándoselo en el bolsillo.
Riku le golpeo con el hombro en broma y miró a su alrededor. Cualquiera que pasara, confundiría las cosas. El rodel estaba realmente animado, mientras que ellos dos, guardaban el mayor de los silencios, hasta que ella lo rompio en un suspiro.
-Supongo que tendré que saludar.
-Supones- la picó.
Riku sonrio y mostró sus manos ante él. Una brillante ponta hizo aparición. La aferró entre sus manos y la miró alzando una ceja. Antes de que dijera nada, Riku llevó sus dedos hasta sus labios y negó con la cabeza.
Iré- aseguró ella afirmando.
La observó alejarse. Se le notaba. No podía esconderlo. Ella había confiado en Kaidoh. Le había amado y entregado todo lo que pudo, pero su relación se torcio y rompieron. En la actualidad, ninguno se hablaba. Ambos eran demasiado orgullosos como para estar juntos en el mismo lugar. Por esa misma razón, estaba seguro de que Kaidoh se había ido con la excusa de que no soportaba el barullo. Era mentira.
La primera vez que volvio a verla, tras su ruptura, tres meses después, se sorprendio de la enorme delgadez que la había recubierto y según contó Momoshiro, había sentido deseos de hacerla comer hasta rebentar y volver a verla hermosa y fuerte. Sakuno había estado a su lado. Demostrándole el mismo apoyo que tiempo atrás, la castaña recibio de ella. Finalmente, los titulares anunciaron la relación de la morena con algún famoso que ni recuerda el nombre, pero jamás estaba con ella cuando se reunían. Riku había negado aquella relación y hasta había denunciado las falsas noticias, llevándola a más problemas judiciales que no tuvo problemas en resolver.
-Sigue más delgada- gruñó una voz a su lado.
-Sempai- murmuró asombrado.
Kaidoh se había posicionado tras él, con los brazos cruzados y apoyado en la pared cercana. Ryoma sonrio contra la lata. No había podido agüantarse las ganas de verla. Como muchas otras veces. La indiferencia que hacía notar, se estaba volviendo a protección a escondidas. Cuando le mostraron sin querer la revista en que anunciaban el noviazgo falso de la chica con aquel supuesto famoso, Kaidoh tuvo que ser detenido por Momoshiro, Fuji y Tezuka.
-De nuevo escondiéndote.
-Fuji- Suspiró Kaidoh- ¿Tengo que darte una lección de nuevo?
-Tu ya estás casado- espetó Kaoru frunciendo el ceño. Era tan fácil hacerle mostrar los celos.
-Sí, pero mi niña no es tan celosa como parece- murmuró divertido- No me importa alimentar a Riku.
La mirada azulada se guio hasta la cintura propia y Kaidoh apretó los puños, recogiendo su maleta y dispuesto a alejarse.
-Cobarde- bramó Fuji- abandonar a la mujer que amas, por miedo a tus deseos. Es lo más cobarde de el mundo.
Kaidoh apretó la quijada con fuerza y se alejó. Fuji suspiró y rozó sus cabellos molesto. Orgulloso por haber recuperado en totalidad su noviazgo, y finalmente, casarse con la gemela, Fuji se había impuesto el trabajo de unir a las dos personas que más complicaron su boda. Desde el principio se divirtio con ellos, hasta optar por prometerse ser su padrino en todo. Fuji llegó a confesar que realmente le hubiera gustado tener algo con Riku y si la hubiera conocido mucho antes que a las gemelas, no podría prometer ser fiel a su amigo.
Suspiró. Tampoco le gustaba nada aquella absurda pelea y hasta una vez perdio los nervios y le habló claramente a Kaidoh. Riku había sido su primera novia, su amiga, le gustara o no. Era la mejor amiga de su mujer y Sakuno la amaba con locura. Hasta Narumi la adoraba. Rodó sobre sus pies, dejando la lata en las manos de un sorprendido Fuji. Estaba arto. La delgadez, la pérdida de humor, la mayoría de problemas que tenía Riku, eran por su culpa.
-Kaidoh-sempai- llamó alcanzándolo.
Kaidoh se detuvo, para mirarle de reojo. Hacía tiempo que lo tenía, pero nunca se lo había entregado. Sakuno se lo mostró tiempo atrás y le hize prometer que cuando él creyera que las cosas estaban muy mal, se la haría entregar a Kaidoh. Buscó dentro de su maleta de mano y extendio el sobre blanco. Kaidoh parpadeo y lo abrio, tensando la mandíbula al instante.
-Esto es mentira- sentencio abrumado.
-No- negó con seriedad.
Se volvio sobre sus pasos, para acercarse hasta el grupo, pues su adorable Narumi lo comenzó a empujar para que fuera, demandado comida. Tuvo que soportar las bromas de Momoshiro entonces. Diciéndole que era tan agarrado que era incapaz de darle de comer a su hija. Pero el ojos lilas no espero que fuera Sakuno quien respondiera y mucho menos, él.
-Narumi está bien alimentada, Momo-sempai- dijo- y yo, también. En ambos sentidos.
La rojez inundó las mejillas de la mujer y sonrio para sus adentros. Estaba deseando librarse de todos y llevarla a su casa, para hacerle el amor. Cada noche que tenía que dormir solo durante las jiras, era algo realmente angustioso. Tras salir excitado de un concierto, lo que más ansiaba era tenerla a ella a su lado y degustar cada parte de su cuerpo. Al principio sí fue así. Le acompañaba en los tours, pero tuvo que dejarlo cuando el embarazo comenzó a más y una vez que tuvo a Narumi, se negó a viajar excepto en vacaciones. Sakuno tenía claramente que no quería que su hija viajara más de lo necesario y que se quedara en japón. No se lo negó. Pero la añoraba en las noches.
Claro está, él nunca confesaría algo tan vergonzoso y aquello solo quedaría oculto tras su fria coraza.
-Será mejor que nos vayamos a casa- Opinó Fuji mirando el reloj- Llamaremos mucho la atención.
-¿Cuándo no?- Preguntó Riku inclinándose como despedida.
-Riku- Llamó Sakuno- ¿Quieres venir a comer con nosotros?
-Ni loca- exclamó ésta levantando una mano- Nos vemos.
Comenzó a alejarse y Sakuno suspiró, tomando en brazos a Narumi.
-¿La tita no viene?- Preguntó esta asegurándose un lugar entre su cuello y hombro- siempre está sola.
Sakuno le miró angustiada y él simplemente le acaricio la cabeza a la pequeña.
-A veces...- murmuró Sakuno besando la mejilla de la niña- Las personas están demasiado solas. Tanto, que no pueden ni respirar, hasta que encuentran algo realmente importante- Sonrio al ver la confusión en los ojos de Narumi- A mi me pasó. Y papá me sacó de ella.
Los ojos de Narumi brillaron para posarse sobre él. Como si de un super héroe se tratara. Sakuno sonrio y tras despedirse de todos, se marcharon. Ante las demandas de su adorada hija, tuvieron que degustar de un mac'donals. Ahora comprendía porqué los antojos de Sakuno solían ser hamburgesas o comida rápida. Y finalmente, la hora de la siesta vencio a la dormilona niña. Sakuno sonrio, arropándola con su chaqueta.
-Es idéntica a ti, Ryoma-kun. Siempre durmiendo.
-Hn- bufó indiferente- lleva mis genes.
Sakuno se recargó en el asiento de el acompañante y suspiró.
-Ryoma...
-¿Nh?
-Ayer... Llamó Ryoga a casa... De nuevo... necesita dinero.
-Que se lo dé mi padre- sentencio.
Odiaba aquello. Desde hacía tiempo, tras lograr hundirle, Ryoga le llamaba para pedirle dinero cuando Echizen Nanjiro se lo negaba. Le ayudó varias veces. Él mismo comprendía lo que era estar sin dinero, hasta le dio un puesto de trabajo, pero Ryoga, aconstumbrado a gastar y malgastar, no aprendía. Definitivamente, decidio dejarlo fuera. No tenía por qué preocuparse de él.
-¿Seguro?- Preguntó Sakuno preocupada.
-Sí- afirmó.
Detuvo el coche en la antigüa mansión Ryuzaki y observó el gran caserio. Sakuno le imito, perdida en sus pensamientos. Justamente, tres meses antes de que Narumi naciera, la vieja Ryuzaki les dejó. Sakuno cayó en depresión, pero nada más tener a la niña, aquello se fue. Decidieron vivir allí, simplemente, porque Sakuno se quejó. No quería irse, de el lugar donde lo conocio.
-Tengo muchas cosas que agradecerle a esta casa- había dicho mientras acariciaba su vientre con su bebé dentro- Y la primera, es conocerte a ti.
Y él había ahogado una cursileria entre sus labios, incapaz de decir que él pensaba lo mismo. Fue ahí donde la conocio. Donde decidio quedarse con ella. Y ahora, veía crecer a su hija. Descendieron de el coche y Sakuno le rogó que llevara a la niña hasta el dormitorio, mientras se encargaba de revisar las órdenes de los mayordomos y servidumbre al completo. Ryoma bufó, pero aceptó. Aquel cuerpecillo parecía tan frágil entre sus brazos, que podría perderse varias horas observándola dormir. Era realmente agradable.
La acostó sobre una pequeña cama que tarde o temprano, tendría que ser revelada por muchas más grandes a medida que creciera y el solo pensarlo, le dolía el pecho. Y pensar que su niña ya tenía más pretendientes de los que necesitaba y solo era una cosa diminuta dentro de aquella cama. Acaricio los cabellos heredados de su madre y los besó. Buscó la radio cercana a la mesilla y la encendio. Desde que era pequeña, Narumi disfrutaba durmiendo mientras le cantaba alguna que otra canción y tuvo que aprenderse algunas de cuna, porque definitivamente, las que él cantaba, no eran para niños menores de trece años. Sakuno tenía realmente mano con ello, pese a no ser cantante y por no perder contra ella, las aprendio.
-Pensé que cantabas tu de verdad.
-Es el radio- respondio señalándolo.
Sakuno sonrio, acercándose hasta él y rodeándole la cintura con sus delgados brazos. El perfume no tardó en golpearle y el aroma a jabón atravesó hasta las fibras de la ropa. Un beso furtivo en su hombro y un susurro hacia su hija. Sakuno era una estupenda madre y no tardó en asegurarse que su hija estuviera totalmente cubierta y sin peligro alguno de caerse. Besó la frente de su pequeña y como siempre, susurró palabras de cariño que jamás, a ninguno de los dos dijeron sus progenitores.
-Narumi-chan- susurró Sakuno levantándose- Gracias por nacer.
Sonriente, le tomó de la mano, para abandonar la habitación, rodeada por el mismo eco de su voz que salia de los pequeños altavoces. Ella suspiró y le miró, sonriente, ladeando el rostro en interrogación por su mirada. No lo soportó. Demasiado tiempo lejos. Demasiado deseo apagado. La sujetó de el cuello y en un tirón, la obligó a besarle. Jadeo contra la boca femenina y rozó sus caderas contra ella, estremeciéndola. Buscó a tientas la pared cercana y sin dejar de apoderarse de sus labios, la usó como peldaño, para alzarla entre sus brazos y obligarla a sentirle más.
-Ah... Ryoma- jadeo contra su boca. Sonrio- No... no me tortures...
Rio sin poder evitarlo. Le encantaba jugar con ella. Hacerle el amor lentamente, hasta que sentía que no podría más y explotaría, pero ese día, sí estaba por explotar. La guio hasta el dormitorio, arrancando las muchas prendas que el invierno obligaban a la joven madre a cubrirse. Cuando finalmente la tuvo desnuda, alterada, con la rojez y el deseo pintando en su rostro, acaricio la largura de piel suave y perfumada, estremeciéndola al contacto de sus dedos. Su sexo palpitó con angustia y deliberación al placer. Besó los hinchados labios y urgó con sus manos dentro de el expuesto sexo, guiando el suyo propia para acoplarse en perfección, dentro de las suaves paredes interiores. Las delgadas piernas lo atraparon y hundieron con más afán su sexo dentro de la deliciosa cueva.
-Ahn... Ryoma-kun... está tan dentro...- gimio ella sastifecha- Por favor...- rogó acariciándole- quiero sentirte... moverte dentro de mi...
La besó y en ahogados gemidos, se movio. Delicioso, palpitante. Gratificante y realmente necesario. Sakuno se volvia totalmente líquida entre sus brazos, dulcemente dominada por la pasión y el gozar de el sexo. Sucumbía ante él, maravillándolo y excitándolo hasta tal punto, que no podía contenerse y terminaba cayendo en el más dulce de los gozes.
-Te amo, Ryoma-kun- susurraba ella después entre sus brazos.
Y él callaba. La besaba y aplastaba entre sus brazos, para caer rendido a su lado. A esperar un nueva oportunidad de amarla, o, como muchas otras veces, que Narumi se uniera a la cama con ellos, para dormir tras una pesadilla que nadie lograba entender. Jamás expulsaría a su hija de su vida. No la abandonaría en un orfanato. Mucho menos la maldeciría por haber nacido. No la dejaría conocer esa terrible soledad que siempre, hasta ahora, le había invadido. No dejaría que Sakuno huyera y se tuviera que esconder. Se aseguraría, qué, si venía otro ocupante más en la familia, que Narumi no le odiara y usara para fines pocos ilógicos.
Por qué el no era su padre. Porque amaba su familia.
-Sakuno- murmuró soñoliento- dejaré de cantar.
-¿¡Eh!?- Exclamó ella sorprendiendo, alzándose a la vez que una cascada de cabellos caía sobre su hombro diestro- ¿Por qué?
-Uhn...- murmuró, acariciando tentadoramente uno de los senos- Porque sí.
-Pero... Ryoma-kun ama cantar. Le gusta la música... eh...- Tapó sus labios con los suyos y ocultó ambos cuerpos bajo la sábana- ¿de verdad...?
-Sí- afirmó, poseyéndola de nuevo.
Sakuno le acaricio la garganta suavemente y la besó con ternura, sollozando y gimiendo debajo de su cuerpo. La besó.
-Dame una razón... por favor, Ryoma.
Guardó silencio, detendiendo sus suaves embestidas. Una razón lógica que explicara de forma indiferente lo que le llevaba a ese gesto. Lo que quería. Y sobretodo, ocultar la verdad.
-Mi familia- respondio finalmente.
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Buscó entre los muchos uniformes de enfermera, hasta hallarla finalmente. Kurumi movio la mano en señal de que la esperase y se dejó caer sobre la silla más cercana. Aún le golpeaba en la sien las palabras que dias antes le había dicho Echizen, con la idea de abandonar el grupo. No. Dejar la canción. Era claro que nadie se opondría, pero aquello llevaba a dos cosas: Uno: Olvidarse de el grupo. Dos: Encontrar otro cantante, lo cual, era improbable que aceptaran todos. Él mismo se negaba.
Observó la figura de su mujer, deslizarse sobre aquellos zuecos blanquecinos por todo el hospital. Atendiendo a niños, adultos y demás sin perder la sonrisa. La amaba. Había luchado por ella. Lo peor que pudo ocurrir fue enfrentarse a Narumi, pero, finalmente, hasta ésta aceptó su idilio y lograron casarse. Kurumi se había negado hacerlo, si no optenía permiso por parte de sus familiares, especialmente, su hermana gemela. Si no la hubiera amado tanto...
Pero ahora era suya y no importaba lo demás.
-Cariño- llamó ella corriendo hasta él y plantándole un sonoro beso en la mejilla. La locura no la perdía ni con el paso de los años- Ten, lo que me pediste. Suerte que el médico es mi amigo. Mostrar algo de otro paciente, está realmente prohibido.
-Gracias.
Sonrio y buscó entre los papeles lo que tanto le preocupaba. Fruncio las cejas y la miró interrogante. Kurumi afirmó entristecida.
-Lo siento, cariño- se disculpó- pero...
-Entiendo- interrumpio entregándole de nuevo el informe- no importa.
-¿Qué harás?- Preguntó Kurumi sentándose a su lado y aferrando su mano.
-¿Qué quieres tu que haga?- Preguntó interesado.
-Uhm...-murmuró pensativa- quedarte conmigo.
Era una confesión jamás dicha. La misma lógica que lo llevó a pelearse con la otra hermana. Kurumi no soportaba tenerle lejos. Los millones de anuncios sobre noviazgos falsos. Amantes irreales. La abrazó y estrechó con cuidado.
-Está bien- afirmó- yo cumpliré ahora mi parte- declaró- pero... tendrás que aceptar una condición.
-¿Cuál?- Preguntó Kurumi temblando. Le daba miedo sus condiciones.
-Que tendrás que aceptar un nuevo juego en la cama.
Bingo. Kurumi le golpeo, alejándose avergonzada, pero Fuji sabía perfectamente, que Narumi era tan juguetona como él en el lecho y en esos instantes, estaba deseando que fuera la noche y ocuparse de los fragantes placeres de el matrimonio.
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¡Nyaaa! Finalmente en casa.
Kaolah lo miró suspirando y hipó nada más entrar.
-¿¡Una contracción!?- Exclamó Eiji sujetándola de la mano.
-Eiji...- murmuró suspirando abatida- es imposible que tenga una contracción estando tan solo de un mes. Solo he irutado.
Un suspiro de alivio escapó de los labios masculinos y la esperanzadora madre, los besó. Eiji la abrazó con suavidad y acaricio su espalda.
-Si seguimos, tendré antojo de sexo- susurró Kaolah avergonzada- anda, mira el correo haber. Yo iré a comer algo.
-Si acabamos de comer- murmuró el pelirojo asombrado- ¿cómo puedes tener ya hambre? Te crecerá la barriga demasiado.
-Tu hijo o hija, come demasiado- se defendio.
Eiji sonrio, besándole el mentón y dejándola que se alejara hasta la cocina. Estaba realmente feliz. Tras su boda apurada y sencilla por tal de que la prensa no los atosigara, la relación no dificultó. El ramo de novia, Kaolah se afanó por llevarlo a su hermana y él dejó el corte de su cobarta a la suya. Su madre, había presenciado la boda y en esos momentos, cuidaba de su padre, que, tras sufrir un grabe acidente de coche, estaba lisiado.
-No puede ser...- exclamó apresando entre sus manos la carta.
-¿Qué ofurre?- Preguntó Kaolah asustada mientras engullía un trozo de queso.
-Esto... es... para un casting- susurró abriendo la carta.
-Supongo, qué, después de participar en la novela, todos os hicisteis famosos.
-Nadie más la ha recibido. Ni siquiera Oishi. Me lo hubiera dicho.
Kaolah lo miró arrugando el ceño, para arrebatarle la carta y atragantarse con el queso de nuevo.
-¡Eiji!- Exclamó- ¡Es para participar en una película!
-Lo sé... y choca con el horario de la nueva gira.
Eiji frotó sus cabellos pensativo.
-Eiji...- susurró la joven abrazándole- ¿Qué deseas? Ya has degustado la música y el cine te gustó.
-Pero ellos cuentan conmigo.
Llevó una mano hasta su mentón, pensativo. Y Kaolah se asustó.
-Eiji pensando demiasado. Malo.
-¡Ey!- Exclamó molesto- Solo intento pensar... qué hacer.
El sonido de la puerta rompio sus pensamientos. La abrio para encontrarse con los verdosos ojos de Oishi, que se disculpó enseguida por encontrarse ahí.
-Fuji acaba de llamarme- dijo con la voz trabada- Creo... que el grupo se romperá, Eiji- informó- Echizen nos dejará seguro.
-¿Por qué?- Preguntó preocupado el pelirojo, para ahogar la pregunta- entiendo... ya sé por qué...
-Entonces- atisbó a decir Kaolah sonriente- Podrás actuar en la película.
-¿Perdón?- Preguntó Oishi asustado- ¿Eiji?
Eiji fruncio las cejas con seriedad.
-Oishi, si el pequeño no canta con nosotros, yo no tocaré. Dejaré el grupo- mostró la carta- Prefiero actuar. Sin Ryoma, no actuaré en ningún concierto.
Oishi sonrio sinceramente.
-Yo tampoco, Eiji. Así que... esto se terminó- declaró alzándose- Se un buen actor.
-¿Qué harás tu?- Preguntó Kaolah.
-¿Yo?- Inquirio divertido- He ahorrado lo suficiente, como para poder vivir tranquilamente y casarme. El espectáculo me ha ahogado y he decidido terminar con él. Pero- añadio- si LSS se reune como el original que es... Ahí estaré.
Eiji y Oishi cruzaron sus manos y sonrieron orgullosos al hablar al compás.
-Siempre.
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-¡Taka!- Exclamó Nanako agarrándolo de la mano- Ten cuidado cariño.
Frotó las heridas rodillas de el pequeño, que por suerte, no habían sido heridas más grave de lo normal. Tezuka dejó la maleta a un lado y alzó al pequeño, para recoger de nuevo el macuto y adentrarse en el portal. Nanako le siguio despacio, frotándose los riñones dolorida. Quedaba solo unas semanas para que saliera de cuentas y la espalda la estaba matando. Era su segundo hijo y esta vez, estaba más feliz que nunca. El hijo de Tezuka. Amaba a Taka con locura y nunca renegaría de él y era el mismo deseo que tenía por el que venía. Pero le dolía. Taka había salido a su padre de aspecto físico y cada vez que lo miraba, se lo recordaba.
-¿Qué haces aquí?- Preguntó Tezuka deteniéndose.
Miró por encima de el hombro de alto hombre y humedecio sus labios al ver la arrogante figura que descansaba junto a la puerta de su apartamento. Taka saltó de los brazos de Tezuka y se agarró a la larga pierna masculina, mientras los ojos de el visitante lo miraba con molestia.
-¿Cuantas veces te he de decir que no te agarres que me harás caer?
-Pero... papá...
-Taka- llamó Nanako dulcemente- ven.
Taka obedecio y esta vez, se agarró a la pierna de Tezuka, el cual, acaricio amablemente su cabeza.
-Por favor, esperad ambos dentro- rogó mirando furtivamente a su esposo.
Tezuka afirmó y tomando en brazos de nuevo al pequeño, se adentró en el piso. Nanako se dejo sujetar por la gruesa puerta y acaricio su vientre al sentir movimiento de el pequeño varón que guardaba dentro.
-¿Para qué has venido?- Preguntó molesta- No es día para que vengas a ver a Taka. Solo los fines de semana pue...
-Nanako, calla- ordenó él burlón- ambos sabemos por qué has ganado. Si esa estúpida de Kikamura y el metomentodo de Echizen no se hubieran involucrado, tu no tendrías la custodia de Taka. Ni mucho menos estarías casada con Tezuka.
-Eso no responde mi pregunta- interrumpio frunciendo las cejas- mira... -se frotó los largos cabellos- tengo hambre, estoy molida. Me duele la espalda y el niño está inquieto. Quiro dormir con mi marido y besar al hijo que me creastes. Es lo único bueno que hiciste, así que, dime que quieres y lárgate. No te aconsejo cabrear a una embarazada.
Atobe rio fuertemente y buscó dentro de su pantalón, extendiendo una pequeña misiva.
-¿Qué es esto?
-Es una orden firmada por el juez, para llevarme a Taka durante las vacaciones- Informó-. Si no estás de acuerdo, ya sabes qué hacer.
-¿Cuándo?- Preguntó angustiada.
-Mañana, a las doce vendrá una limusina a buscarlo- respondio alejándose- espero que no seas injusta.
-Espera- detuvo mirando el papel- Aqui pone que si Taka niega ir, no irá. No puedes obligarle.
-Quizás, si vienes tu- preguntó meloso.
-No- negó rápidamente y apartando la mano que intentaba llevar hasta su rostro- ya hablamos de eso. Nunca estaré contigo.
Atobe suspiró, derrotado. Pasó una mano por su espesa cabellera con galantería y Nanako apartó el rostro, asqueada por el intento de seducción.
-Supongo que ahora, solo me queda preguntarle a mi hijo si desea venir.
-Sí- afirmó ella entreabriendo la puerta- Taka, ven.
Taka saltó de las rodillas de Tezuka, el cual también se acercó, rodeándola con un solo brazo los doloridos hombros. Taka miró a su madre preocupado.
-¿Qué ocurre, mamá?
-Papá quiere llevarte de vacaciones fuera- explicó, con voz dolorida- ¿Deseas ir con él?
-Pero...- Taka arrugó la boca pensativo, hasta que finalmente, sus ojos brillaron- ¿Narumi puede venir?- Preguntó esperanzado.
Nanako rio divertida y Tezuka se frotó la sien, mientras que Atobe se agachó ante la figura de su hijo.
-¿Quién es Narumi?- Preguntó.
-La hija de Echizen- Respondio Tezuka.
-Te gustan las cosas raras, ¿eh?- Exclamó Atobe alzándose- definitibamente, ella no vendrá.
Nanako rio para sus adentros, pero abrazó a su pequeño cuando se lanzó contra ellos para llorar. Taka adoraba a esa niña y no aseguraba que en un futuro, la hija de Echizen no cayera en sus manos. Pero que Atobe la odiara tenía sus razónes. Atobe se mostró realmente insultante con Sakuno durante un encuentro de hacía pocos meses y cuando la pequeña lo vio, despertó instintivamente la mala sangre de protección de su padre y alzó su lindo piececito sobre las partes nobles de el hombre.
-Entonces no voy- lloró Taka con fuerza y soltándose de el agarre de su madre, se adentró en la casa.
-Ey, Taka, vienes si o sí- sentencio Atobe intentando entrar- Tezuka...
-No entrarás en mi casa- espetó éste sujetándole de el brazo- el niño dijo que no y no irá. Si hace falta, ya sabes lo que tengo- amenazó.
Atobe apretó los puños.
-Tezuka, no eres su padre- recordó con molestia- Lo soy yo.
-Tu renegastes de él- interrumpio Nanako- Atobe. Vete. No tengo ganas de llamar a la policia.
Atobe se rindio. Extrañamente en él, pero lo hizo. Tezuka suspiró y abrazó a la temblorosa mujer, que rozaba su vientre hinchado con miedo.
-Nanako- Llamó- mírame.
Nanako alzó su rostro lentamente y sus ojos se abrieron sorprendidos al notar una fuerte presión en sus labios y la inquieta lengua de su amante moverse sobre sus labios, para adentrarla en las delicias de un beso apasionado. Se aferró a los fuertes brazos y gimio en demanda de aire. Tezuka se apartó, con los ojos brillantes y los labios húmedos, lamiéndolos con lentitud. Ya había aprendido que con Taka en casa, no se podía hacer nada. El niño era más avispado de lo que todos creían y casi se muere de la vergüenza cuando prometio a Echizen hacerle las mismas cosas que sus padres hacian, a Narumi. Pero eso no quitaba que sus senos se hubieran tensando y que su sexo palpitara. Se asomó por la puerta y buscó a su enfurruñado niño.
-Taka, cariño, ahora venimos- Declaró.
Tezuka la miró sin comprender y cuando la arrastró hasta la cercana habitación que servía para guardar los contadores de la luz. Buscó los ansiosos labios masculinos de nuevo y guio una de las manos hasta su sexo. Húmedo. Dolorido y palpitante.
-Tócame- rogó- fuerte.
Tezuka obedecio y no tardó en dar cariño a su nervio más sensible, saciándolo hasta que llegara el momento oportuno de acallar sus gemidos con su boca. Nanako ronroneo entre sus brazos y caricias y mostró igual complaciencia de caricias en su hinchado miembro. Aquel lugar no era el idóneo para un momento calenturiento, sobretodo, si la mujer estaba embarazada y no era correcto alzarla.
-Tezuka- Llamó ella sumamente sastifecha- tu... no me abandonarás, ¿verdad?
-No- negó con seriedad y acaricio el hinchado vientre, para besarlo- volvamos a casa.
Y cogidos de la mano, se adentraron en su hogar. Su hijo mayor los esperaba y Tezuka lo alzó en brazos, para besarlo con ternura en las mejillas. Taka adoraba a Tezuka y no era de extrañar, que años después, su padre fuera éste, y no Atobe Keigo, pese a llevar su sangre.
-Mami, mami- Llamó Taka con seriedad aprendida de Tezuka- ¿Cuándo podré casarme con Narumi?
Tezuka suspiró y desvio la mirada hasta la mesilla de noche, recibiendo un codazo por parte de su mujer.
-Ni se te ocurra darle un condón- amenazó.
-Es que... es demasiado precoz y Echizen lo mata a él para después matarme a mi- Susurró dejando al niño en el suelo- ¿Sabes lo loco que está con esa niña?
-Sí- sonrio.
Pero el rostro de Tezuka se ensombrencio ante el recordatorio de Echizen. Se dejó caer sobre el sofá y Nanako lo acompañó.
-¿Qué sucede?
-LSS se disuelve- informó.
-¿¡Qué!?- Exclamó Nanako asombrada- Tezuka... que heredaras el dinero de tu padre...
-Sabes que ese dinero es de los niños- interrumpio, alzando una mano- No. Echizen se va.
-¿En solitario?
-Deja el grupo- aclaró frotando las delgadas piernas de su mujer en deliciosos masajes- Era claro que sucedería... pero no creí que tan pronto. Siendo tan joven. Solo veintitres años.
-No es justo... pero- dudó la joven- ¿Por qué no seguiis vosotros?
Tezuka negó con la cabeza.
-Los chicos no querrán otro cantante y Fuji ya ha dicho que no continuará sin tu primo.
-Kuni...- murmuró deteniendo una de sus manos- Yo quiero saber lo que quieres tu.
Tezuka fruncio los labios y negó con la cabeza.
-Me aconstumbré a su tono de voz.
Nanako rio fuertemente.
-Di que no tocarás con nadie que no sea él. Como todos- apremio- Mi primo... es increible, pero realmente tiene a gente que le quiere, hasta que lo sigue después de su vida como cantante- se recostó sobre el sofá y buscó con los ojos la figura de el pequeño que se concentraba en la televisión- y creo que su hija ha heredado lo mismo. Ese magnetismo clásico de los Echizen.
Ambos padres suspiraron. El futuro de su hijo, no sabían por qué, pero sentían que estaría mezclado al de Narumi Echizen. El destino de ser padres, era algo que recien comenzaba y doblemente, para ellos.
-¿Tu qué harás?- Preguntó.
-Tengo algunas empresas de mi padre. Podré llevarlas hasta que los niños sean más grandes y decidan qué desean.
-¿Y si no quieren?
-Las cerraré- confesó- No seré igual que él.
Nanako sonrio y besó su mejilla tiernamente. Tezuka continuaba resentido con su padre. Nunca le perdonaria el suicidio de su madre y era un estaca clabada, que le había llevado a convertirse en algo realmente maravilloso.
-Eres un buen padre, Tezuka.
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Se dejó caer sobre el sofá, frotando su hinchado vientre. Ann rio a carcajadas al mirarle y terminó de recoger la mesa.
-Comiste demasiado.
-Cocinas demasiado- corrigio él burlón.
Ann arrugó el entrecejo y lanzó el primer objeto que encontró a su alcanze. Momoshiro gruñó y la atrajo desde las caderas, para sentarla entre sus piernas y besar su cuello.
-¿Se puede saber qué haces?- Espetó ella pelliscándole una de las manos- No has comprado condones.
-¿Y cual es el problema?
-El problema aquí lo dan tus bichitos- gruñó, levantándose- y que este- señaló su vientre con ambos índices- puede hincharse en demasia alvergando uno de tus bichitos.
-Repito: ¿y cual es el problema?
Ann bufó, golpeándose ambas caderas a la vez.
-¡Qué me quedaré embarazada, Takeshi!
-Lo sé perfectamente- afirmó, volviendo a acercarla y besarle el vientre- creo... que cinco años dan para mucho. Todos los demás... están haciendo su vida... adoras a Narumi y Taka... yo también quiero un niño o niña...- rogó sin mirarla- ¿no quieres tener hijos conmigo por...?
-Ni se te ocurra terminar esa frase- exclamó, apresándole los mofletes- Takeshi...- susurró- Nunca te he juzgado por lo que te hicieron. Desde que lo sé, no lo he vuelto a pensar. Cuando mataron a tu padre, creí que te derrumbarias, al fin y al cabo, era tu padre. Pero... aunque suene egoista, me alegro profundamente que decidieras llorar a mi lado y que... volvieras a ser tu mismo. Si tu ahora, me das un hijo y ese hijo, te ayuda a vivir más de lo que estás haciendo, te juro por lo que más quiero... y eres tu... que te lo daré. Y lo amaré.
Takeshi sonrio y en un leve impulso, la tumbó sobre el sofá, besándola.
-Nunca le digas esas cosas a un hombre- susurró besando la piel blanquecina- porque... te tomo la palabra.
Aprendio a amarle. La liberó de un bar en el que ejercía de protistuta. Golpe a su hermano y no se alejó como muchos otros hombres hicieron. Se quedó. La amó pese a ver pasado por muchas otras sucias manos y jugó contra su propio compañero de piso. No se comportó como el típico ocupante de un grupo de rock famoso y la dejó por la primera mujer que veía. Demostró ante millones de personas que la amaba y cinco años a su lado, sin serle infiel ni una sola vez... daba para mucho. Le amaba. No podía negarlo. Había ansiado hijos, igual que las demás. Enviaba a Sakuno por su hermosa hija. A Nanako. Y no se atrevía a pedirselo.
En esos instantes, cualquiera se podría hacer una idea, de cuan feliz era ella.
El teléfono sonó y rompio sus besos. Ann alargó la mano y respondio. Antes de que Takeshi apresara uno de sus senos bajo su boca, se lo entregó, divertida, y con picardía, jugó con la leve erección, agradándola en cada una de sus caricias y muriéndose risa por los esfuerzos de Takeshi en evitar sus gemidos. Cuando colgó, Sufrio el mismo castigo.
-¿Quién... era?- Logró preguntar.
-Fuji- respondio- dice que el grupo se rompe.
-Ah... que bien...
silencio. Azul contra lila.
-¿¡Qué!?
-¿No te lo había dicho ya?- Preguntó Takeshi sorprendido- hace tiempo que lo sé, por eso Fuji no me dijo gran cosa, además de que cierta persona me estaba torturando- añadio, mordiéndo uno de sus muslos.
-Takeshi... eso es muy serio- se inquieto- ¿Qué piensas hacer? La guitarra te gusta mucho.
-Sí, lo sé- afirmó, encogiendose de hombros- pero sin Echizen no se hace nada. Y no digas eso poner otro cantante, que se me revuelve el estómago.
-Te estoy preguntando, en qué piensas trabajar- gruñó, apartando la boca de el muslo tan tentador que había agradado al joven.
Takeshi apoyó sus manos a cada lado de el delgado cuerpo y suspiró, negando con la cabeza.
-Abriré una galería de fotografía.
-¿Qué...?- Preguntó dudosa.
-A ti te gusta. Sacas buenas fotos. Las expondremos- explicó imaginándose la situación- quiero que cumplas tu sueño por una vez. Y cuando tengamos un niño o niña, podré dedicarme a su educación totalmente. No viajaré más de lo necesario.
-Take...
La besó con frenesí. Hasta ahora ella le había aceptado tal como era. Le amaba aún con su pasado. Había esperado cinco largos años y ahora, quería hacerla lo más feliz que pudiera. Porque la amaba.
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Suspiró y dejó el movil sobre la mesa, para dirigir la mirada hasta los documentos. El silencio de el piso era reconfortante, pero no podía negar que el minino que dormía sobre la barra de la cocina, no era una agradable compañia. Sonrio.
-Nah... me volví como las típicas viejas que se quedan solteras y con un animal de compañía- suspiró de nuevo y miró el reloj- ¿Ya es hora de cenar?- Arrugó la boca y miró su estómago, para encogerse de hombros- no importa.
Sujetó de nuevo unos documentos y con desinterés, los observó. El timbre la sacó de su trabajo. Sacudio su ropa y caminó hasta la puerta. Nada más abrirla, las hojas que sujetaba en la mano, rodaron hasta el suelo.
-¿Qué... haces aquí?
-Tenemos que hablar.
-Nunca quisistes hablar, Kaidoh- espetó- vete.
Intentó cerrar la puerta, pero él no se lo permitio, adentrándose en la casa y cerrándola tras él.
-Y pensar que la primera vez que nos conocimos, tenías más fuerza que yo- se burló- si comieras, estarías fuerte.
-Olvídame.
-Eso intenté- gruñó mostrándole un sobre.
Riku jadeó, frotándose la frente asustada y masculló entre dientes el nombre de Ryoma y Sakuno.
-Olvídalo- exclamó intentando arrebatarle el sobre.
-¿Por qué no me dijistes que te habías quedado embarazada?- Preguntó él sujetándole las manos- ¿¡Por qué no me has dicho que abortastes!?
-¡No lo digas como si yo quisiera matarlo!- Exclamó angustiada- ¡Fue natural...!
-Lo sé- Susurró- Maldita sea... no soy tan ciego.
La dejó libre y Riku tuvo que buscar la manera de llegar hasta el sofá sin caerse. Aquel recuerdo era un golpe bajo. Sí. Había quedado embarazada. Kaidoh se fue sin saberlo. Y a los pocos meses, tuvo un accidente, perdiendo su hijo. No se había atrevido a contárselo a él. Ya la odiaba bastante como para encima, contarle que había matado a su hijo.
-¿Sabes...?- Murmuró sin mirarle- Dijistes que yo era débil y querías... quitarme la soledad que sentía. Sí... soy débil- admitio- y también cobarde. No te lo dije. Creí que podría criarlo sola y que podrías ser libre para estar con quien quisieras. Nosotros no seriamos una molestia... Pero aborté. Lo siento.
Alzó su rostro, buscando a la persona con la que estaba hablando, pero esta había desaparecido de su vista. Un agradable olor comenzó a llegar hasta su olfato y atraida, se acercó hasta la cocina. Kaidoh se movia por el lugar y en menos tiempo de lo que se podía pensar, mostró un apetitoso plato de tortilla con cebolla. Su estómago gruñó y apartó la mirada para guirar sobre sus pasos. La amplia mano de el moreno retuvo su huida.
-Sientate y come- ordenó.
-No tengo hambre...
Logró liberarse y caminó a rápidos pasos hasta el salón, pero su cintura quedó presa de el brazo de el guitarrista y en menos de lo que creía, estaba sentada sobre la silla, ante el plato de comida.
-No me obliges a dártelo- amenazó serenamente.
-¿Qué te importa si como o no?- Preguntó apartando el rostro.
Kaidoh se mordio el labio enrabiado. La sujetó con fuerza de la nuca y la hizo mirarle. Fue lento, pero ella no se apartó. Ni siquiera cuando sus labios hondearon más profundamente sobre los suyos. Ni cuando se agachó ante ella, para abrazarla con necesidad, alzarla en sus brazos y sentarla sobre la mesa, asegurándose un lugar cómodo entre sus piernas. Sus manos delinearon la delgada figura y se detuvieron en los llenos senos, apresándolos con maestría. Riku gimio contra su boca, abrazándole en sollozos.
-No me hagas esto...- rogó temblando- no me uses y luego me vuelvas a tirar...
Se detuvo, apartándose de ella, jadeante y totalmente sulfurado. Se frotó los cabellos con ambas manos y sus negros ojos se posaron sobre la pequeña cicatriz que sobresalía bajo la camiseta. Riku se afanó en cubrirla y descender de la mesa.
-Comeré, pero si no tienes nada más que decir... vete. Deberías de estar pensando qué harás.
-¿Haré?- Preguntó confuso.
-Todos dejan el grupo- Informó, introduciendo un trozo de la jugosa tortilla en su boca- Echizen no cantará más.
-Ajá- afirmó, quitándose la camiseta.
Riku fruncio las cejas.
-¿Qué haces?
-Desnudarme para ducharme- respondio él indiferente- ¿O es que la gente se baña vestida?
-No- negó alzando una ceja- Pero es mi casa.
-Lo sé- Afirmó, besándola de nuevo.
La morena se alzó, siguiéndolo hasta el baño de cerca.
-Kaidoh, no lo entiendo- murmuró excéptica-. Te digo que te detengas y lo haces y ahora... Dices que te bañas...
Kaoru suspiró y rodó sobre sus descalzos pies, para apresarle el rostro entre sus manos.
-¿Realmente tengo que decirlo?- Preguntó molesto- tan solo... vuelve a amarme.
-Kaidoh...- susurró agarrándose de las manos- Soy una mujer vana. No sirvo para dar hijos. Me... me quitaron...
-Lo sé. Lei el papel al completo.
Apartó el rostro totalmente dolorida.
-No me tengas lástima.
-No te tengo lástima- negó él frunciendo el ceño- no me hagas decirlo.
-Te marchaste porque no podías decirlo- recordó, enfuruñada.
-Pero tu lo sabes- añadio.
-Sí... sé que me amas.
Lentamente, la fue guiando hasta la bañera, alzando sus ropas. Riku, instintivamente, cubrio la cicatriz y él le apartó las manos, para inclinarse y besarla y esconder su rostro en su vientre.
-Lo siento... lo siento tanto...- La miró atentamente.
-Kai... - Tragó saliva y sonrio, acariciándole- Kaoru... no me pidas más perdón... y... ámame.
Ninguno podría comprender exactamente por qué. Kaidoh había roto sus intenciones de echarle en cara que no le dijera la verdad, pero verla, no poder tocarla, la angustia de desear besarla, pudo más que el enfado. Pensar que otro hombre pudiera ocupar el lugar que él siempre tenía, le angustiaba. Irse, por no poder confesar que también la amaba, era lo peor que pudo hacer. No podía alejarse de esa mujer. Por más que quisiera. Y sabía, que su vida estaba atada a ella.
xXXXXXXXXcinco años despuésXXXXXXXXXXXx
"Conocerse, fue algo que estaba escrito en su destino. Vivir de la música, fue necesario para ellos. Todas y cada una de las experiencias que les llevaron a culminar en las más altas cumbres que jamás pensaban tener, eran merecidas gratificaciones. Aún hoy, puedo sonreir, recordando cuando los conocí. Recordando, cuando todos estaban comenzando en lo más alto y tenían miedo de caer. Los Famosos LSS. Los chicos más codiciados de el mundo musical. Con tantas fans, que era imposible llenar un campo entero de fútbol.
Yo, era una de ellas.
Me enamoré perdidamente de el cantante. Lo amé y lo amo. El antisocial Ryoma Echizen. El padre de mi hija. El mismo que llevó al final al grupo. Su retirada era dura. Amaba realmente cantar. Lo llevaba corriendo por sus venas con tanta fuerza, que si no estallaba, no sería feliz. Su voz había creado grandes esperanzas en jóvenes adolescentes enamoradas. Muchas parejas hacían el amor, excitados por las simples letras. Otros envidiaban la embargadura de su voz y grandeza. Su hija, adoraba quedarse dormida escuchándole.
No era nada indiferente para nadie. Sin embargo... su magia se rompio. No podía cantar más. A duras penas, conserva su voz.
Por esa misma razón, el grupo se dividio totalmente.
Eiji consiguio convertirse en un afamado actor y ahora, junto a su esposa e hija, a la cual llamaron Hana, vive en America. Inui se fue con ellos, alegando que necesitaría un manager, y él era el mejor. Eiji sintio miedo al instante, pero no le debe de ir demasiado mal cuando está triunfando tanto. Oishi decidio no seguirle, ante sus demandas, y prefirio quedarse en japón, ayudando a nuevos cantantes y trabajando para Ryoma. Es divertido verle cuidar de otras jóvenes promesas como si de un padre se tratara.
Fuji, por su parte, decidio obedecer los deseos de Kurumi y quedarse en japón también. Dejó de lado todo lo relacionado con el espectáculo y abrio una tienda, alegando que realmente aquel era su sueño, de productos masoquistas, sexuales y demás. A mi me aterra ir a verle. Prefiero no visitar aquel lugar, aunque el caso, es que tiene verdadera demanda y lo felicito por ello.
Tezuka, emprendio las empresas de su padre con mayor fuerza de lo que Nanako esperaba. Taka, a sus diez años, amaba a Tezuka con gran fuerza y lo adoraba como su padre, al igual que a sus hermanos gemelos, Naru y Mika. Para ambos padres, la preocupación es verdaderamente grave, especialmente, por Taka, el cual, con sus diez años, tiene todavía más claro que antes, que ama profundamente a mi hija. Ryoma odia eso, aunque no lo diga y creo que Taka tendrá que superar un gran pilar, para poder acercarse a Narumi. Además de que esta, año tras año, hereda más el caracter de el padre.
Momoshiro abrio una galería de fotografía, donde exponían fotos de fotógrafos que hasta el momento, nadie conocía. Ann misma era una de ellas y me alegré mucho cuando vi expuestas las fotos de Narumi cuando era pequeña, junto a las de su hija Amy de tres años de edad. Pese a su pasado, Momoshiro era realmente un padrazo. Pero, ¿qué es un pasado, comparado con un futuro? Eso, al menos, es lo que siempre dice Momo.
Riku y Kaidoh adoptaron a un pequeño niño llamado Ken. Narumi realmente sintio celos de eso y hasta rogó porque la adoptaran, lejos de comprender qué significaba ese hecho para su padre y para mi. Pero cuando lo comprendio, no tardó en pedirnos perdón, mientras nosotros ahogábamos risas en nuestro interior. El pequeño Ken, poco a poco, va heredando el caracter de su padre adoptivo, aunque los gustos de su madre por ropa y accesorios, se le ha pegado en gran demasia.
Rinko, después de estos largos años, decidio regresar a Japón. Estuvo con nosotros, conociendo a Narumi. Pero la verdadera razón por la que vino, sorprendio profundamente a Ryoma. Ver a Nanjiro. Ryoma intentó detenerla, pues no eran las mejores condiciones de el hombre, pero Rinko se negó, aclarando, que realmente ansiaba verlo, tal y como era al principio, antes de ser tan afamado y querido falsamente por otras mujeres. No volví a verla. Mi resentimiento por abandonar a su hijo, me lo seguía impidiendo, pero... una cosa sí tenía que agradecerlo por toda la vida: Haber dado a luz a Ryoma, para que yo le amara.
Kintaro y Tomoka, decidieron darse oportunidades y estas, eran más frecuentes de lo que todos creían. Su relación era un torbellino aún siendo adultos. Pero lo comprendo. Sus caracter terminan chocando cada dos por tres y terminan, o teniendo una buena racha de cama, o peleándose a gritos que ni ellos mismos entenderían. Todavía... tengo que agradecerle muchas cosas a Tooyama. Muchas, que espero algún día agradecerle como se debe y Tomoka, aprendio a ser fiel a sus sentimientos, dejando de lado a los novios de las demás. Especialmente, a Kaidoh.
Ryoga se casó con Nikel hace un año. Nikel heredó cierta fortuna y abandonaron Japón. No hemos vuelto a saber nada de ellos y Ryoma no tiene ni ganas de avergüar de su paradero. Igual sucedio con Atobe. Nanako se sintio realmente aliviada, cuando se enteró que la orden de el juez era falsa y que las claras intenciones de Atobe, era llevarse lejos a Taka. Tal era su intención, que no volvimos a verle nunca más. Ni siquiera como cantante. Taka no le hecha de menos y Nanako, está demasiado enamorada como para pensar de nuevo en él.
Para todos, nuestros dias juntos, los cuales seguirán hasta que la aparatosa muerte nos secuestre, esta vida, se convirtio en un ritual de lágrimas, injustia y demás, que finalmente, nos terminó por dejar, un agridulce sabor a música. La cual, jamás desaparecerá de nuestras vidas, especialmente, de Ryoma Echizen y su familia".
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Notas finales.
Bueno, no dije nada al principio, pero como ven, este es el último capítulo de sabor a música.
Es triste, pero realmente no me gusta como quedó.
Fue largo y creo que quedó claro qué pasó con cada uno en sus vidas y la razón por la que se separan n.n
El caso es que es una cosa rara, porque hize un fic lleno de niños pequeños al finalXD.
Muy raro en mi OoO... estaré enfermaXD.
Bueno... ya nos despedimos de este fic...
Aunque no abandono las ideas de artistas, es más, pronto subiré otro (cuando se pueda), algo parecido a este XD.
No digo más...
Tan solo:
¡¡Muchas gracias a todas las personas que me apoyaron y me han seguido hasta éste final!!
Gracias a:
Jacky: Por escucharme y ayudarme con las canciones. Por seguirme tanto n.n
Arihdni: Por darme su apoyo y prometer no matarme con ametralladorasXD.
Dany-chan: Por muchas cosas que no puedo escribir aquí n.n
¡A todos los que me dejaron rw!
Porque gracias a vosotros pude seguir.
Nos vemos...
Chia.
30-5-08 finalizado.
Chia-Uchiha o pertver-chan
